¿Es tan importante debatir ahora acerca de la edad de jubilación?

Uno de los debates que está polarizando la opinión pública a la hora de abordar la inminente reforma de nuestro sistema de pensiones se centra en si extender o no la edad en la que puede comenzar a percibirse la pensión de jubilación ordinaria. De hecho, la Comisión de Seguimiento del Pacto de Toledo, en sus recomendaciones de reforma no ha podido ser muy precisa en su posición respecto de la edad de jubilación, como consecuencia de la dificultad de alcanzar un consenso sobre una propuesta concreta y, por su parte, los sindicatos y algunos partidos políticos se han proclamado de forma rotunda en este punto.

Lo cierto, es que la esperanza de vida se ha incrementado en España en los últimos años y, la calidad y el estado físico de nuestros mayores de 65 años, en la mayoría de los casos, permiten que realicen de manera productiva una actividad laboral. Esa es una realidad que no se puede desconocer. Sé que es impopular afirmar lo siguiente, pero los sistemas de Seguridad Social no fueron diseñados para garantizar unas vacaciones indefinidas y pagadas a los ciudadanos durante las últimas décadas de sus vidas, sino para subvertir situaciones de necesidad derivadas de una incapacidad para el trabajo motivada por la edad. Si una persona con más de 65 años está en condiciones de trabajar en su profesión habitual debería poder seguir haciéndolo.

Por otra parte, la evolución de la pirámide de población condicionara en un futuro relativamente próximo el poder asumir, en los términos actuales, el coste de satisfacer las pensiones de un número tan grande de pasivos con esperanzas de vida largas en un entorno (ya sea por razones demográficas, económicas o por ambas) de disminución de cotizantes, aunque es también verdad que estos datos demográficos deben tomarse en consideración junto con otros como la actividad económica, la incidencia de la inmigración o de la emigración y la mayor o menor dimensión de la economía informal que pueden variar de manera inesperada con el tiempo.

En cualquier caso, lo cierto es que hoy por hoy, la edad legal de jubilación no es un elemento determinante de la viabilidad presente del Sistema. En primer lugar porque la edad media de jubilación es, en realidad, inferior a la edad legal, por lo que no por el hecho de prolongar ésta última, va a cambiarse la edad media real. En segundo término, pues el Sistema, a día de hoy, sigue dando un balance económico positivo, por lo que las reformas que han de afrontarse deben centrarse en aquellos aspectos que tengan su repercusión en un futuro a medio plazo.

En consecuencia, dentro de la necesidad estratégica de reformar el sistema de pensiones, la fijación de una edad de jubilación, al no ser esencial en el día de hoy (otra cosa será en unos años), se convierte en un elemento táctico frente al que los partidos políticos, ahora, pueden posicionarse según les convenga bien en la tesis de si es imprescindible hacer esta reforma ahora, o si bien, podemos dejarlo para dentro de algunos años y, en el caso de que se considere algo imprescindible, si la edad de jubilación deberán ser los 67, 68, 69 o 70 años (teniendo en cuanta, como horizonte, que en la judicatura y en la enseñanza universitaria el tope actual, con carácter voluntario, está en los 72 años).

Con independencia de lo anterior, resultará inevitable, tarde o temprano, que se imponga la tendencia de ir elevando progresivamente la edad de jubilación, empezando por retrasarla hasta los 67 años, aunque garantizando que, según la naturaleza de la profesión habitual o de las propias circunstancias de salud de cada persona, puedan establecerse jubilaciones en edades anteriores a la fijada como mínima o ampliarse los supuestos de incapacidad permanente total. Esta edad mínima irá revisándose cada cierto tiempo a medida que se actualice el Pacto de Toledo, bien para mantenerla, bien para continuar retrasándola en función de cómo evolucione la esperanza de vida de los españoles y las circunstancias económicas o demográficas en las que ha de desenvolverse el sistema.

Sin embargo, existen otros aspectos más importantes que debatir a la hora de replantear nuestro sistema de pensiones, como son, sobre todo, la necesidad de establecer instrumentos que permitan minimizar los riesgos que subyacen tras el modelo de reparto vigente y, por otra parte, mantener un equilibrio entre el coste que tanto para empresarios como para particulares tiene el actual modelo, con las indudables ventajas de todo orden que sistema social proyecta sobre la sociedad en su conjunto. De ellos iremos hablando.

6 comentarios
  1. Fernando R. Prieto
    Fernando R. Prieto Dice:

    Pero tal vez la reforma sea ya urgente, si sólo los ingresos financieros, los intereses del capital, han impedido que la Seguridad Social entre en déficit el año pasado. Y también hay que considerar a inversores y socios internacionales, que claman ya por ver reformas reales antes que palabras.

  2. jj
    jj Dice:

    Hombre, conociendo la agilidad de PP y PSOE para coger el toro por los cuernos y hacer en tiempo y forma las reformas necesarias, mejor que se haga ya. Más vale una vez colorao que ciento amarillo. Si no, se pospondrá, y luego se volverá a estudiar, y no se terminará de hacer. A la parálisis por el análisis!!!! ¿Vio usted cómo los Sres. Garicano y Fdez.Villaverde pusieron a Rajoy, hace pocas semanas, por decir que no había que subir ahora la edad de jubilación? Totalmente en contra de Rajoy!! Y son expertos económicos de primer nivel, que no creo que voten precisamente a ZP!!

  3. Jose Mª
    Jose Mª Dice:

    La reforma es urgente, es cierto, pero tiene que ser una reforma de mayor calado y esa es la que no se llega a abordar con el proyecto de reforma que ahora se plantea. Nos distráen con la edad de jubilación, pero ese es solo un aspecto, ni el más importante ni el más urgente.

  4. elisa de la nuez
    elisa de la nuez Dice:

    Me parece que el post aclara muy bien los términos del debate y la situación de las pensiones en general,con independencia de que coincido con Fernando RP que yo si que entiendo que corre prisa, más que nada porque es un tema que electoralmente tiene un coste que nadie quiere asumir, con independencia de que la jubilación sea a los 67 o a los 69 o en función de las profesiones.A nadie le apetece que le recorten sus expectativas de “descansar” después de una vida activa. De ahí que sea interesante el que la presión externa sobre la deuda sea la que acelere o provoque un debate que si no se dejaría “ad calendas graecas” por aquello de que ningún partido le interesa provocarlo. Enhorabuena Jose María.

  5. Fran Ramírez
    Fran Ramírez Dice:

    Entiendo que la reforma mas temprano que tarde es conveniente llevarla a efecto, aún a pesar de no ser facil el consenso entre los diferentes estamentos implicados.
    Ahora bien, señores dificilmente se le puede explicar a un ciudadano de a pie que lleva años esperando la llegada de sus sesenta y cinco años para disfrutar un poco de la vida, cotizando durante al menos treinta y cinco años, que ese momento tardará un tiempo mas en llegar, cuando la “ejemplar clase política española” acomodada y estancada, (aunque es imprudente generalizar) la basta con jurar el cargo y perpetuarse durante siete años en su puesto, para cobrar la pensión máxima.
    Demos ejemplo señores!

  6. JAVIER TRILLO
    JAVIER TRILLO Dice:

    Parece lógico pensar que la edad de jubilación siempre debería adaptarse y correr paralela a la esperanza media de vida de una determinada sociedad, de modo que, a mayor esperanza de vida, más tardía la edad de jubilación. El incremento que aquella ha experimentado en España (y en los países “sanitariamente” desarrollados) en los últimos años, necesariamente se corresponde con una mayor calidad de vida y bienestar en el trabajo, motivada fundamentalmente por los avances de la medicina, la mejora y socialización de la asistencia sanitaria (a través del propio sistema al que contribuimos), la sensible mejora de las condiciones de trabajo (políticas de prevención de riesgos laborales) y una mayor cultura y responsabilidad personal y colectiva en el cuidado de nuestra salud (campañas institucionales de prevención de enfermedades cardiovasculares, tabaco, etc.). También la edad de trabajar comienza más tarde al ampliarse el periodo de formación y hacerse obligatoria hasta un determinado grado. Y no digamos la de casarse y tener hijos….Los americanos dicen que los “cincuenta” de hoy son “los nuevos cuarenta” y es evidente que nuestra condición física ¿y mental? y en consecuencia nuestra aptitud para el trabajo persiste más allá que la de nuestros padres. Por lo tanto, no se trata de una necesidad impuesta por la actual coyuntura, sino de algo que viene dictado por el más elemental sentido común.

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