Gastar mucho o gastar bien ¿Es el gasto el único indicador de evaluación de las políticas públicas en España?

El pasado 24 de Febrero el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, compareció en el Congreso de los Diputados para defender la política social realizada por el Partido Socialista en los últimos años. Bajo el lema de “El Gobierno socialista, siempre con las políticas sociales”, Zapatero desgranó, dato a dato, el avance en las políticas sociales en el período 2004 a 2011.|

Sin duda, su discurso y su presentación son un perfecto reflejo de los males que aquejan a España, y los males que nos han llevado a la actual situación de crisis económica e incierto futuro. El discurso se centró en repasar los avances en política social realizada bajo el período de gobierno socialista, desde las pensiones, a la ley de dependencia, pasando por la educación o la sanidad. Todo ello sobre una única línea argumental… la evolución del gasto. La gráfica de evolución del gasto es el centro y el pivote del discurso del Presidente, en el que no deja de mostrar un sentimiento de orgullo por los datos, que no duda en calificar de “concluyentes”.

 Haber incrementado el gasto en una cantidad sin duda muy significativa, se vende como un gran logro. Sin duda, de logro en logro, y de incremento, en incremento hemos llegado a la situación actual. Antes de recibir una avalancha de improperios por criticar los avances en la política social y malinterpretar el objeto de este post, quiero aclarar que la crítica no viene de estos avances, sino de la sorpresa que produce que en todo el discurso, no aparece ni una palabra sobre la evaluación y el diagnóstico de este gasto. Ni una referencia al diagnóstico y a a la evaluación de unos objetivos que toda política pública debería perseguir. Parece que el gasto es bueno de “por sí”, independientemente de si se han producido los resultados esperados, o si habría sido posible hacer lo mismo con un menor gasto. La “evaluación” y el “diagnóstico” parecen palabras ajenas a la política española, y la comparecencia del presidente Zapatero en el Congreso es un digno colofón a esta forma de hacer política, que ha llevado a este país a una situación de fuerte endeudamiento y futuro incierto.

No importa si el gasto ha sido útil … quizás podríamos recordar en este punto el Plan E, para el estímulo de la economía y el empleo, destinado a los ayuntamientos españoles.  No importa si los destinatarios de ese gasto están contentos… podríamos encargar una encuesta sobre el gran avance del gasto en educación, y el tremendo retroceso en la calidad. No importa si ese gasto era realmente necesario, o si realmente había una forma más eficiente de hacerlo. Lo que importa es gastar.

Presumir de haber incrementado el gasto en educación un 86% respecto a la cifra gastada en el año 2004 sería sin duda un motivo de orgullo, si el informe PISA, no se encargase de recordarnos periódicamente que ese gasto no parece que haya sido demasiado efectivo, sino más bien al contrario, podría calificarse de auténtico fiasco si tuviéramos que atenernos a los resultados obtenidos. No parece que esta valoración haya encontrado hueco en el discurso del Presidente. El avance en el gasto en pensiones debe ser sin duda un motivo de orgullo, si viniera acompañado de una muestra de la evolución demográfica, y algún diagnóstico de cómo podrá sostenerse este gasto en el futuro.

Algunos ciudadanos aún estamos esperando la evaluación de un Plan tan anunciado como el Plan E, donde sin duda merecen especial comentario aquellos proyectos, no escasos, donde el cartel que publicitaba el proyecto, a mayor gloria del gobierno, había costado más que el propio gasto del proyecto en no pocos municipios españoles. Villaespasa  en Burgos, Valtablado del Río en Guadalajara, Villarmentero de Campos en Palencia o Aldehuela de Periáñez en Soria podrían hablarnos del tremendo beneficio que sin duda ha supuesto el cartel publicitario que anunciaba el gasto realizado en esos municipios. Gasto sin duda imprescindible en medio de la situación de crisis que asolaba a nuestro país. Sin duda, un gasto efectivo y eficiente que habrá redundado en los “hoy evidentes avances en la competitividad del país”, o en el abundante abono de los “hoy evidentes brotes verdes”.

No es de extrañar que el principal indicador de la eficiencia en la administración pública española sea el nivel de gasto. Si un departamento ha conseguido ejecutar el 100% de su presupuesto se le considera un departamento modelo. Si se ha quedado en un 80% significa que sus funcionarios no han “trabajado adecuadamente”. Las políticas de evaluación de si ese gasto ha producido algún resultado útil, si ha servido para algo, si se han alcanzado los objetivos planteados, o simplemente se ha malgastado el dinero de los sufridos contribuyentes no tienen cabida en la actual administración, sea cual sea su color, su territorio, o su tamaño. Ni siquiera nos atrevemos a plantear la posibilidad de comparar políticas para valorar cuál es la forma más eficiente de alcanzar los objetivos perseguidos, no ya entre administraciones de diferentes países, sino más modestamente entre diferentes autonomías, o ayuntamientos españoles.

Mientras el gasto sea el indicador que mide el éxito de una política pública, mientras la evaluación de la eficiencia, la eficacia y la calidad no tengan cabida en la política española, poco podemos esperar del aprovechamiento del dinero de nuestros impuestos, y poco podemos esperar de la transparencia en la política española. Si la comparecencia de Zapatero pretendía transmitir un mensaje de compromiso con la sociedad y el estado del bienestar, una evaluación con un mínimo rigor, solo puedo sacar una conclusión… despilfarro y escaso interés sobre los resultados alcanzados.

El año en que el presidente de nuestro gobierno se presente ante el parlamento para presentar sus políticas sociales y su discurso no se centre en el gasto, sino en los resultados, y en la eficacia de las políticas aplicadas, y sus datos no muestran una tendencia desbocada en la evolución del gasto, sino una comparativa de cómo los niveles de eficiencia y eficacia alcanzados con el dinero empleado pueden compararse con los mejores del mundo, ese día querrá decir que este país y sus políticos realmente han cambiado. Pero no parece que ese día se encuentre próximo. Quizás si algo podemos encontrar de positivo en una situación de crisis como la que vive nuestro país es que una nueva generación de políticos que surja de esta crisis tendrá que explicar a los ciudadanos españoles con mayor cuidado en qué emplea el dinero público, y no resulte ya suficiente con mostrar unos datos en que ese dinero, cada vez más escaso, se ha gastado, sin una mínima evaluación y diagnóstico de los resultados obtenidos.

3 comentarios
  1. elisadelanuez
    elisadelanuez Dice:

    Juan Luis, enhorabuena por el post y bienvenido al blog. El tema que planteas me parece de un enorme interés, y aunque no sea estrictamente jurídico (este blog cada vez es más amplio) está muy estrechamente ligado a una de las preocupaciones que tenemos como editores, que es la evaluación de las políticas públicas en general y la utilización del dinero de los contribuyentes en particular.

  2. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    Extraordinario post, enhorabuena a José Luis. Me llama la atención que los americanos cuantifican el gasto de todo, por ejemplo el del viaje del presidente a dar un mitin, incluyendo su seguridad. Como todo lo público en ninguna parte existe un paradigma de ahorro y contención, sino todo lo contrario, pero al menos allí tienen que taparse un poquito.

    ¡Qué tiempos aquéllos del santo temor al déficit!

    Por cierto, que Zapatero estará orgulloso de su política social. Pero quien la paga no es él. Soy yo, eres tú, es él, somos todos quienes la pagamos y algunos quienes la reciben. Así que no estaría de más fijarse más en la eficiencia no sólo económica sino también “social”, para que no se diga, de las políticas de gasto público.

  3. José Manuel Sánchez Tapia
    José Manuel Sánchez Tapia Dice:

    Interesantísimo análisis Juan Luis. Es verdad que en más de una ocasión nos conformamos con el dato del aumento de gasto en determinada partida y puede resultar engañoso. No obstante, tal y como tenemos el patio, si tenemos en cuenta que fallan los propios mecanismos de control del gasto, no veo la manera de articular unos buenos mecanismos de control de la eficacia. Parece una utopía en esta España nuestra.

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