Guerra y Derecho

(Con Rodrigo Tena) 

Reconocemos que el título del post es un poco chocante. Y probablemente muchos lectores de este blog se desconcierten un poco, pero a  los editores de ¿Hay Derecho? nos parece importante realizar una pequeña aportación, en parte jurídica y en parte política, sobre lo que está ocurriendo en Libia. Avisamos de entrada que la postura personal de los dos editores firmantes es favorable a la intervención occidental e intentaremos explicar por qué, aunque nos excedamos un poco de la longitud habitual de nuestros posts, y que nos perdonen los colaboradores a los que perseguimos con el manual de estilo y, por supuesto, los lectores.|

Sujetar la guerra (expresión máxima de la violencia y de la fuerza) al Derecho, parece, al menos a primera vista, un contrasentido. Si el Derecho representa precisamente un instrumento para sujetar el poder y la fuerza a determinadas reglas, buscando fines como la justicia, la libertad y la seguridad,  parece que la guerra queda excluida de su ámbito. Más bien, la guerra debería entenderse como el fracaso del Derecho, ya que supone la reaparición de la fuerza desnuda y la vuelta al estado de naturaleza.

Y, sin embargo, esto no es exactamente así. En primer lugar, porque detrás de un Estado de Derecho está también la fuerza, aunque sea la fuerza “domesticada”, es decir la fuerza del Estado sometida a determinadas normas. Bienes jurídicos como la vida, la libertad, la seguridad y la integridad físicas, la propiedad, etc., se garantizan en último término porque el Estado puede imponerlos por la fuerza, aunque sea una fuerza sometida a las leyes (Parlamento, Tribunales, policía, fuerzas y cuerpos de seguridad). En segundo lugar, porque aunque sea de forma muy rudimentaria, existe una institución internacional, la ONU, con unas fuerzas y cuerpos de seguridad propios o “prestados” por la comunidad internacional que permite, siempre muy precariamente, una cierta sujeción de la fuerza o de la guerra a normas internacionales, y existe también un Tribunal Penal Internacional.  Y no lo olvidemos, lo que nos parece muy relevante especialmente en el caso de Libia, existe cada vez más una “opinión pública internacional”, configurada de forma importantísima a través de Internet y de las redes sociales, aunque también por medios más tradicionales, como la televisión y la radio. Y en tercer lugar, porque  el progreso de la civilización en las sociedades occidentales –pese a la terrible historia europea del siglo XX o quizá por eso- ha llevado al deseo de sujetar la guerra al Derecho, al menos en la medida de lo posible.

Esa sujeción de la guerra al Derecho se ha articulado por una doble vía. La primera, sujetando la guerra a unas normas internacionales básicas que tienden a minimizar el sufrimiento injustificado tanto de la población civil como de los propios combatientes. Las famosas cuatro Convenciones de Ginebra son el principal ejemplo. La segunda, proscribiendo la guerra de agresión, (un crimen estipulado en el Derecho internacional consuetudinario, contemplado en el artículo 5º del Estatuto de Roma que crea la Corte Penal Internacional y cuyo fundamento político está establecido en el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas), lo que implica exigir que toda declaración de guerra esté justificada.

A nadie se le escapa la indefinición de estos conceptos, la dificultad para imponerlos y garantizarlos y la problemática que encierran, así como la falta de una regulación positiva clara. Pero el que esto fuese así no impidió los Juicios de Nuremberg. Y lo cierto es que, por muchas críticas que tales procesos merecieron, algunas muy justificadas, no cabe negar que fueron un paso fundamental para sujetar la guerra al Derecho y, en esa medida, un gran paso para la civilización, especialmente necesario después de la debacle moral que supuso la II Guerra Mundial.

Es evidente que nuestras instituciones internacionales son igualmente criticables por insuficientes, pero son las únicas que tenemos. Ya sabemos que el Consejo de Seguridad de la ONU consagra la relación de fuerzas derivada de una guerra terminada hace más de medio siglo, que atribuye un poder excesivo a determinadas potencias victoriosas, incluidas algunas que no tienen “en casa” un auténtico Estado de Derecho y que, gracias a su derecho de veto, tienen manos libres para tratar sus patios traseros o delanteros como les venga en gana (Chechenia y Tibet, por ejemplo) y sin desconocer que algunos Estados de Derecho muy sólidos tienen sus propios patios particulares, o incluso cuidan de los de otros (Palestina). Además gracias a ese derecho de veto estas potencias pueden evitar actuaciones bélicas “justas” por la simple razón de que no les conviene a sus intereses particulares.

Pero este argumento no es convincente, por lo menos no lo es para un jurista. Sería tanto como invocar que, dado que muchos delincuentes no son perseguidos o condenados, lo justo es no perseguir a ninguno. La negativa a aceptar ese argumento falaz permitió celebrar los procesos de Nuremberg, juicios plenamente legítimos, pese a que no se sentaron en el banquillo ni los soviéticos ni tampoco algún que otro aliado occidental que lo hubiera merecido. Y efectivamente, se condenó a los nazis por, entre otras cosas, comenzar una guerra de agresión, pese a que los soviéticos lo hubieran hecho en Polonia sin consecuencias legales, y por las atrocidades cometidas en los campos de concentración nazis, pese a las cometidas en los campos de concentración soviéticos que no fueron juzgadas ni condenadas.  

En fín, por muchas que sean sus carencias, la legitimidad de la ONU es la única disponible por el momento. Es sin duda mejorable, pero esa mejora es mucho más previsible si se opta por no despreciarla y si se insiste en que es la única instancia que puede decidir si una guerra es “legal” es decir, si está sujeta al Derecho internacional, todo esto con  la esperanza de que con el tiempo pueda ir perfeccionándose hasta que consigamos que las guerras justas y las legales según la ONU coincidan.

Y para finalizar este post larguísimo sin acabar con la paciencia de los lectores: todo lo anterior nos sirve para considerar que, sin duda, la de Libia es una guerra legal (ver resolución) o por lo menos todo lo legal que es posible en el actual estado de desarrollo de nuestra civilización. Y al margen de la mayor o menor justicia o bondad de las normas, de los acuerdos y de las sentencias, la legalidad y la forma jurídica cuentan, y mucho, para el Derecho con mayúsculas.

Rodrigo Tena y Elisa de la Nuez

17 comentarios
  1. José Manuel Sánchez Tapia
    José Manuel Sánchez Tapia Dice:

    Si el sistema (ONU) es tan imperfecto, la “legalidad” otorgada por sus resoluciones tiene o puede tener un valor variable en función de diversos factores. Si bien como exponéis, peor es nada, es poco fiable y desconcertante, lo que en ocasiones conduce a la desconfianza e incluso a la indignación. Enhorabuena a ambos por este post al alimón.

  2. Pepe Conillas
    Pepe Conillas Dice:

    Enhorabuena por este interesantísimo blog de Derecho que a tantos no entusiasma. Permitídme que descrea de una legalidad internacional dependiente de los intereses geopolíticos de dos potencias, Rusia y China, no garantes precisamente de los Derechos Humanos. Glosaría, y les animo a ello, sobre el principio de Injerencia Humanitaria que podría subsanar las servidumbres del Consejo de Seguridad. Cuando se intervino militarmente en Kosovo, a fines de los noventa, sin la cobertura de la ONU, ¿representaba un ilícito internacional perseguible en las instancias correspondientes, o el principio de Injerencia Humanitaria legitimaba las operaciones militares? En esta aventura bélica contra Libia, si los propios promotores reconocen públicamente -nuestro Presidente en sede Parlamentaria-que derrocar a Gadafi no es el objetivo de la operación, ¿qué sentido tendría esta intervención militar si se mantuviera el dictador en el poder, peligro real y amenaza constante para su pueblo?.

  3. abel veiga
    abel veiga Dice:

    Excelente artículo Elisa y Rodrigo. Participo por primera vez en los comentarios. Habéis escrito un artículo objetivo, comprometido y con grandes reflexiones. Me atrevo a mandaros una pequeña reflexión que he mandado también a la prensa. Guerra Justa.
    ¿Qué queda hoy de aquella insoluble paradoja? La guerra es el triunfo de la sinrazón, pero ¿puede ser justa?, sin duda es un concepto jurídico que ha hecho suyo el derecho internacional. ¿Por qué y cómo unas guerras sí son justas y otras no, por qué y quién las califica y les dota de esa aparente legitimidad y legalidad? Vieja doctrina escolástica, viejo dilema del cristianismo medieval. Santo Tomás de Aquino, los dominicos Francisco de Vitoria y Domingo de Soto, o los jesuitas Luis Molina y Francisco Suárez. Encumbraron un concepto con tintes teológicos, morales y jurídicos. Aquella Escuela de Salamanca que reformuló el concepto del derecho natural y que estaba enmarcada en el esplendor de un Siglo de Oro único e irrepetible en la cultura y conocimiento español.
    La inutilidad de la guerra es sin embargo útil para los hacedores de la misma. Unas ocupan la atención pública internacional, otras en cambio pasan desapercibidas para la diplomacia de candelabros elitistas e intereses mezquinos. Hoy Libia acapara toda la atención, también todo intento de justificación. Pero por qué Libia sí y otros países no, como es el caso de otro conflicto olvidado en el golfo de Guinea, el que arrasa y ensangrienta Costa de Marfil. Y al lado de ese concepto otro que sirve de arquitrabe y justificación, el derecho humanitario, los crímenes de lesa humanidad, genocidio, etc., argamasas necesarias de todo un derecho internacional penal y humanitario.
    Para Francisco de Vitoria la causa justa, la única causa justa de guerra, respetando el principio de proporcionalidad de los medios, es la injuria recibida. Y su anclaje procedía de la filosofía agustiniana, aquella que señalaba que las guerras justas suelen definirse diciendo que son aquellas en que se toma satisfacción de las injurias, si ha de castigarse a una ciudad o a una nación que no se ocupa en reparar el daño causado por sus súbditos ni de devolver lo quitado injustamente. Hugo Grotius lo develó también en su De iure belli ac pacis. Kant prefirió apostar por su paz perpetua a partir de una asociación de estados libres. Pero la paz es un ensueño, una balada triste, tal vez como la propia justicia y la ley de la que tantas reservas y escepticismo esgrime Alejandro Nieto.
    Occidente hace expiación de su propia conciencia, la que blande argumentos y justificaciones cuando de repente camina hacia la guerra pero es incapaz de llamarla por su nombre. La que aflige una conciencia que hasta minutos antes de las revueltas en el mundo árabe apoyaba ciegamente a dictadores y sátrapas que habían y han condenado a sus ciudadanos sin derechos a la miseria, la ignorancia y la resignación. Tal vez ni siquiera ninguna guerra merezca ese calificativo de justa o no, porque en el fondo siempre la injusticia, la ira, el rencor, el odio, la fuerza, el robo, la usurpación, han provocado la guerra. Necesitamos sin embargo ahormar nuestras adormecidas y cínicas conciencias, las mismas que nos envuelven en una amnesia de insolidaridad y mentira, ceguera y miopisma. Cuántas guerras hay o ha habido en los últimos años, las que no salen en los medios y que eufemísticamente se llaman de baja intensidad. Cuanto terrorismo o estados canallas han hecho y hacen la guerra. Pero sobre todo, quién les vende las armas y fomenta esas guerras. No, definitivamente no hay guerras justas, las guerras siempre encarnan injusticias, sólo hay que querer verlas.

  4. Triboniano
    Triboniano Dice:

    Enhorabuena por el post. Especialmente oportuno en un momento en que hay mucha confusión interesada en nuestro país. Algunos pretenden ligar de una manera más o menos implicita esta intervención con la desafortunada de Irak, pese a que las diferencias son abismales. Si algo ha demostrado la “primavera árabe” es precisamente que cuando un pueblo está decidido a liberarse toma siempre la iniciativa, sin perjuicio de que en casos extremos, como el que representa Gadafi, la ayuda exterior sea imprescindible para evitar una masacre y la perpetuación de la dictadura. Cuando se llega a esta situación surge espontáneamente en la opinión pública de los demás países la idea de ayudar a esa liberación, y los líderes políticos asumen la iniciativa si tal ayuda es factible y no supone asumir costes excesivos, lo cual es normal. El último paso es la aprobación por el único órgano de legitimidad internacional del que disponemos, el Consejo de Seguridad de la ONU. Todo eso faltó de manera total en el caso de Irak. Ni guerra interna de liberación, ni opinión pública, ni legitimidad internacional, ni nada. La decisión de intervenir estuvo motivada por las ideas (en el mejor de los casos) o por lo intereses (en el peor) de unos cuantos iluminados, y apoyada en mentiras de todo tipo (las famosas armas de destrucción masiva). Eso sí que fue una guerra colonial al estilo de las que la precedieron. No esta.

  5. elisadelanuez
    elisadelanuez Dice:

    Hola a todos. Gracias por los comentarios y por el debate, es lo que pretendíamos en un tema que claramente no es fácil, dado que el Derecho internacional está en mantillas. Con respecto al tema que apunta Pepe Conillas, la posibilidad de que aún sin aval de la ONU sea legítima una “injerencia humanitaria” creo que es un tema muy interesante, máxime si tenemos en cuenta la razón por la que se vetan este tipo de intervenciones. Estaríamos ante una intervención que podría resultar legítima o justa pero que no sería legal si nos atenemos al concepto de legalidad que aquí manejamos, y aún siendo muy conscientes de que en el ámbito internacional este concepto es muy distinto del propio de los Estados de Derecho nacionales y consolidados. Yo particularmente sí estuve en favor de la intervención en Kosovo y también creo que la operación en Libia debería acabar con el derrocamiento de Gadafi para que se cumplieran realmente los objetivos, pero soy consciente de que en estos temas nos adentramos en el terreno de lo que sería deseable o justo, pero que resulta más problemático desde el punto de vista de la legalidad internacional. En cuanto a lo que dice Triboniano, me parece que efectivamente el desgraciado precedente de la guerra de Irak ha introducido mucha confusión en este debate.

  6. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Estos asuntos son demasiado poliédricos y de insospechadas consecuencias. Por ello no me atrevo a dar una opinión sobre lo que está sucediendo en Oriente Medio y en el norte de África. Sería una larguísima historia con muchas ramificaciones, pero sí quiero poner sobre el tapete algunas observaciones.

    Creo que Gadafi debiera haber sido retirado del mapa cuando Reagan bombardeó su Jaima tras lo de Lockerbie. Sobre lo que ahora sucede ninguno se iba a sorprender si fuese algo distinto de lo que parece.
    Este es uno de los muchos vídeos que comienzan a salir a la luz. Es de hace un par de meses. http://www.youtube.com/watch?v=ZG8QvEoFKwg
    Otros pequeños detalles:

    1. La inusitada implicación directa de OBAMA con la cantidad de frentes graves, irresueltos y empeorando que tiene abiertos.
    2. Sus maniobras para tirar la piedra y esconder la mano. Ya ha pasado la patata caliente a la OTAN y, nada menos, a Canadá. No se habla una palabra en los medios sobre las presiones a Europa para que construyamos nuestra parte del escudo antimisiles.
    3. Desde la perspectiva económica, este tipo de Guerra es de la categoría “Keynes Cinco Estrellas”. Genera fuertes estímulos de demanda industrial y no requiere expansión permanente de la masa monetaria porque, en último análisis, la propia guerra y la Reconstrucción serán financiadas por recursos ajenos. Mejor imposible.
    4. La crisis de 1929, no terminó hasta que hubo que dedicarse a reconstruir Europa, Japón y Rusia. A veces olvidamos que en 1941 el desempleo USA era del 21%. Cada vez que vemos la secuencia de pequeños pero carísimos conflictos postcoloniales (Iraq, Afganistán, Libia, Líbano, Siria, Franja de Gaza y otros más) hemos de tener en cuenta el lado económico o perdemos de vista casi lo más importante.
    5. Y, casualidad, los que estamos empantanados en ellos somos todas las antiguas potencias coloniales, el bloque que ha perdido la mayor parte de su capacidad industrial. Países “ex-ricos” cuyas poblaciones no se han dado cuenta todavía de su predicamento real.

    Seguro que también hay otros factores. Dentro de unos meses tendremos mejor perspectiva para entender qué papel juega cada uno de ellos. Pero esto no es ni de lejos lo que parece.
    De hecho, todos los que ahora bendecimos el ataque al tirano hemos financiado indirectamente el Muro de 2700 kilómetros del Sahara ex-español que requiere 100,000 soldados marroquíes y 5 millones de minas anti persona para impedir el paso de los refugiados saharauis de un lado de su tierra a otro. De esto, ni una palabra y eso que tras la Gran muralla China es la mayor estructura del planeta.
    ¿Por un lado subvencionamos un crimen y por otro parece que luchamos contra otro crimen? Seguro que esto no es así. ¿O, sí?
    ¿Hay derecho? Es posible, pero hay que entornar mucho la vista.

  7. Pepe Conillas
    Pepe Conillas Dice:

    La guerra de Irak habrá que contextualizarla como una derivada de los atentados del 11 – S contra EEUU y su significado en el mundo occidental. Habría que trascender a una lectura maniqueísta de aquel panorama internacional. Sería conveniente analizar las Resoluciones que sobre Irak dictó la ONU, tanto antes de la guerra como para la posguerra -momento en el que intervinieron tropas españoles- y no habría tantas diferencias. Entre la famosa foto de las Azores -con Bush, Blair, Aznar, Barroso- en los prolegómenos del ataque a Sadam Hussein y la foto de París con Zapatero, Sarkozy, Berlusconi, etc. cabe un mundo de hipocresía. El PSOE arremetía entonces contra Aznar y la izquierda utilizaba a través de la algarada callejera el conflicto irakí para acusar al Gobierno de Aznar de cómplice de asesinato masivo. Numerosas ciudades españolas se convertían en un clamor contra el Gobierno y los más osados se permitían el lujo de decir que la democracia no estaba en el Congreso, sino en la calle. Ciertamente entre el ayer y el hoy, cabe, también, un mundo de matices, porque las circunstancias no fueron exactamente las mismas. Pero estos días no hay gritos ni pancartas pintadas de rojo simulando la sangre derramada de las víctimas, y las calles de España presentan un calmo y plácido aspecto primaveral que debería hacer reflexionar sobre los límites del cinismo político. Sadam era un probado genocida que tenía sometido a su pueblo, lo mismo que Gadafi. Dos caras de una misma moneda y dos fotos, la de las Azores y la de París, para que conste en acta que el destino desnuda la mentira con la misma facilidad con que Zapatero es capaz de pasar del pacifismo por conveniencia a la guerra por necesidad. La libertad se defiende desde el valor de las convicciones, no con la retórica interesada. Aquí, en Irak o en Libia. Esta versión edulcorada del “Sí a la Guerra” también produce daños colaterales en la población civil, ¿a quiénes se les imputará? La opinión pública es tan voluble que ante unas imágenes que Gadafi mostrara de víctimas infantiles de este operativo militar, modificaría la valoración de esta guerra.

  8. Rodrigo Tena
    Rodrigo Tena Dice:

    Hola Pepe: Muchas gracias por los comentarios, pero hay una cosa en la que no puedo estar de acuerdo. Afirmas que “Sería conveniente analizar las Resoluciones que sobre Irak dictó la ONU, tanto antes de la guerra como para la posguerra -momento en el que intervinieron tropas españoles- y no habría tantas diferencias”. En mi opinión las diferencias son sustanciales. Pero no sólo en la mía, también en opinión de la Administración Bush, que luchó encarnizadamente por conseguir una resolución expresa que le permitiese la intervención, y si al final no presentó la propuesta fue por la amenaza de veto, entre otros, de la mismísima Francia. Al no conseguirla es cuando se empezó a forjar esa idea de que las anteriores eran suficientes… un mito semejante al de las armas de destrucción masiva.

  9. José Mª Pérez
    José Mª Pérez Dice:

    Sobre la cuestión de comparar la misión contra Irak con la de Libia me gustaría precisar que, con independencia de que hubiera un apoyo político expreso a las actuaciones militares de EE.UU. y del Reino Unido, en realidad, el despliegue escalonado de fuerzas españolas en Irak comenzó el 12 de julio de 2003, después de que entra en vigor la Resolución 1483 (2003) Aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU en su 4761ª sesión, celebrada el 22 de mayo de 2003 que entre otras cosas se dice lo siguiente:

    “Observando complacido además que hay Estados Miembros dispuestos a contribuir a la estabilidad y seguridad en el Iraq mediante la aportación de personal, equipo y otros recursos en el marco de la Autoridad, (…)”

    Actuando en virtud del Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas:
    1. Hace un llamamiento a los Estados Miembros y las oganizaciones interesadas para que ayuden al pueblo del Iraq en la labor de reformar sus instituciones y reconstruir su país y contribuyan a que existan en el Iraq condiciones de estabilidad y seguridad de conformidad con la presente resolución;
    2. Insta a todos los Estados Miembros que estén en condiciones de hacerlo a que respondan inmediatamente a los llamamientos humanitarios de las Naciones Unidas y de otras organizaciones internacionales en favor del Iraq y para ayudar a satisfacer las necesidades humanitarias y de otra índole del pueblo iraquí proporcionándole alimentos, suministros médicos y los recursos necesarios para la reconstrucción y rehabilitación de la infraestructura económica del país;
    (…)”
    El enlace para quien quiera consultarlo es el siguiente:
    http://daccess-dds-ny.un.org/doc/UNDOC/GEN/N03/368/56/PDF/N0336856.pdf?OpenElement

    Por lo tanto, desde un punto de vista jurídico, la actuación española estuvo entonces tan cubierta por el derecho internacional como ahora. Otra cosa son los debates políticos acerca de si nos gusta más una intervención que otra.

  10. Rodrigo Tena
    Rodrigo Tena Dice:

    José María, creo que es muy dificil, especialmente en el ámbito internacional, hacer ese deslinde entre lo político y lo jurídico que tu propones en tu comentario. Comienzas diciendo “con independencia de que hubiera un apoyo político expreso a las actuaciones militares de EE.UU. y del Reino Unido…”. Es que yo no veo la independencia por ningún lado. España apoyó expresamente una intervención ilegal, pero no envió tropas de combate, sino que cuando comenzó el caos y el desastre humanitario que había ayudado políticamente a desencadenar, envió tropas para paliarlo. Que quieres que te diga, puestos a elegir me quedo con la postura de EEUU y UK.

  11. jj
    jj Dice:

    Estoy con el Sr. Tena. Al margen de disquisiciones teóricas, ideales, tan necesarias para delimitar conceptos, ¿qué cosa son las relaciones internacionales, Derecho Internacional incluido, sino política? Una cosa son los grandes principios, y otra la realidad. Y si hay un Derecho que se basa como ningún otro en el realismo político, es decir, en el interés y el pragmatismo por encima del ideal de justicia o de certeza, es precisamente el Dº Internacional.

  12. Pepe Conillas
    Pepe Conillas Dice:

    Vaya por delante mi agredecimiento a Rodrigo Tena y a Elisa de la Nuez por darnos esta oportunidad para el debate. Es innegable que la Guerra de Irak ha sido de las intervenciones más impopulares del último medio siglo. La Guerra fue corta, del 19 de marzo hasta el 9 de abril en que la estatua de S. Husein fue derribada en el centro de Bagdag. El mayor problema vino en la posguerra, mal diseñada y peor ejecutada, con muchos errores y excesos. Las armas de destrucción masiva no fue un invento: Sadam Husein las había usado en el pasado, contra los iraníes y contra los kurdos. La mayor parte de los servicios de inteligencia del mundo creían que existían; el propio Bill Clinton lo afirmó poco antes de dejar la Casa Blanca. Chirac o Mubarak -opuestos a la guerra-, pensaban que Sadam no se había deshecho de ellas. Las discusiones en la ONU versaban sobre si se intervenía o se proseguían las inspecciones. Europa se había partido en dos: por un lado, estaban Francia, Alemania, Suecia, Bélgica; en el otro, el Reino Unido, España, Italia, Portugal. Creo que la Resolución 1441 daba una base legal -probablemente insuficiente según la doctrina mayoritaria- mucho más sólida que la de Kosobo o la guerra de Bosnia anterior. Había unas 14 resoluciones del Consejo acusando a Sadam de incumplir los mandatos de la ONU. Dicha resolución establece en el párrafo 13 que “Irak se expondría a graves consecuencias si continua faltando a sus obligaciones”. En términos diplomáticos, “graves consecuencias” ¿significa una intervención militar o la posibilidad de ella? La respuesta social ante dos intervenciones bélicas, aceptemos que al margen de la ONU (aunque pueda discrepar sobre la cobertura de Irak) fue antagónica. Ante Kosovo, la opinión pública aplaude o se calla; ante Irak, se levanta airada y violenta. Ante otras tragedias internacionales con un número espantoso de muertos, pocos se mueven o permanecen indiferentes. Me acuerdo de las 800.000 personas asesinadas en 100 días en Ruanda o del interminable drama de Darfur. Para finalizar, la retirada de las tropas españolas de Irak obedeció a un compromiso político, electoral de Zapatero, no porque su presencia allí fuera ilegal, como bien acredita José Mª. Pérez.

  13. Lorena Moreno
    Lorena Moreno Dice:

    “La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que si se conocen pero que no se masacran” -Paul Valéry-. Era, es y seguirá siendo así…

  14. Rodrigo Tena
    Rodrigo Tena Dice:

    Pepe, gracias a tí por participar en el debate. No estoy de acuerdo en lo que dices respecto de la guerra de Irak, pero no creo que proceda retomar ahora una discusión que consumió mucha tinta hace ya demasiados años. Sin embargo, planteas además un tema que me parece muy importante: la diferente sensibilidad pública ante la intervención en Irak y en Kosovo, pese a que en ambos faltase la autorización de la ONU (al menos la expresa). Pienso que eso demuestra que la gente, en el ámbito internacional, no se indigna tanto por la falta de una autorización legal para intervenir militarmente, como porque la iniciativa no esté suficientemente justificada desde el punto de vista político o moral. Si considera que lo está, pese a que falte un mandato, lo apoya. Lo que demuestra, en definitiva, que el Derecho Internacional está en mantillas y que no hay suficiente conciencia de la importancia de sujetarse a sus formas. Pero en este blog luchamos por eso, por ayudar a difundir la importancia del Estado de Derecho, no sólo a nivel nacional, sino también internacional

  15. Ramon Palacio
    Ramon Palacio Dice:

    Mi enhorabuena, Rodrigo y Elisa, por la claridad jurídica, no reñida con la claridad ética. Si la democracia es el menos malo de los sistema políticos, las NU son el menos malo (hoy por hoy) de los sistema de gobierno supranacional. Desde luego mejor que el gobierno de las agencias de rating, los fondos de pensiones y el resto del capital financiero.
    Un abrazo, Ramon

  16. jj
    jj Dice:

    No sé si serán exactos estos datos, pero tengo un art. de Emilio Lamo de Espinosa de Abril 2004 en el que dice que hasta 2002/2003 el Pte. de la Comisión Antiterrorista del Consejo de Seguridad de la ONU era el respresentante de LIBIA!!! Y el Pte de la Comisión Antidesarme, a principios de 2000, era el representante de IRAK!!!

  17. Luis Muñoz
    Luis Muñoz Dice:

    La ONU es un organismo diseñado para facilitar equilibrios políticos y legitimidades en el entorno internacional. Sus resoluciones, al tener este carácter político, tienen una fuerza limitada. Sorprende ver la cantidad de resoluciones que no han tenido efecto alguno, pese al aval del Consejo, y aquellas otras que, con escaso apoyo, han sido impuestas por la fuerza.

    El aval de la ONU, o su ausencia, son herramientas políticas que se utilizan por los estados en beneficio propio, y no del bien común. La diplomacia internacional es el destilado de una hipocresía social carente de principios éticos; necesaria para imponer los intereses propios en este mundo, pero lejana al conjunto de ideales y principios que se invocan como fundamento de la misma.

    Irak, Libia, Kosovo, Darfur, Ruanda, Korea del Norte, China, y tantos otros ejemplos: juegos de intereses disfrazados.

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