El coste del mal gobierno

Zygmunt Bauman (en su libro Modernidad y ambivalencia, ed. Anthropos, Barcelona, 2005, págs. 35 y siguientes), reciente premio Príncipe de Asturias, ofrece algunos ejemplos concretos de malas decisiones públicas como consecuencia de la falta de una estrategia adecuada para enfrentarse a la complejidad, donde soluciones parciales en principio acertadas acaban por generar problemas mayores o añadidos al originario al no haberse tenido en cuenta los posibles efectos secundarios en otros sectores a corto, medio y largo plazo (por ejemplo, el incremento de cultivo agrícolas conseguido a través del empleo de nitratos que acaba por contaminar los acuíferos necesarios para mantener dichos cultivos).| De esta manera, los problemas vendrían creados por la resolución de otros problemas, con lo que cada gobierno debe dedicar gran parte de su tiempo a resolver los problemas que él mismo o el anterior ha creado. Y es que la primera obligación del dirigente político es prevenir y resolver problemas, al tiempo que no los crea nuevos. Sólo si cumple esa condición puede plantearse introducir nuevas áreas y medidas de mejora.

F. Longo por su parte pone, como ejemplo reciente de “baja calidad de nuestros modos de hacer política”, el caso del cementerio de residuos nucleares (“Almacén nuclear: el acuerdo imposible”, El Periódico, 24 de septiembre de 2010). Llama la atención que no uno sino varios gobiernos españoles hayan sido incapaces (a diferencia de otros gobiernos europeos) de construir un cementerio nuclear, aplazando permanentemente la decisión, y que hoy se mire con curiosa y generalizada resignación que haya llegado el 1 de enero de 2011 y comencemos a pagar a Francia 60.000 euros de multa diaria, y todo ello en pleno apogeo de la deuda y el déficit públicos.  Curiosamente la prensa ha dejado de hablar de ello, y por tanto, es un coste (perfectamente evitable) de la energía nuclear del que no se habla en nuestro país. Parece que deberemos esperar a las próximas elecciones autonómicas y locales, con suerte, lo que supone sin embargo convertir a la democracia en un obstáculo a la buena gestión de políticas públicas. Como s i a los ciudadanos no les importara haber pagado 8 millones y medio de multa (más el pago del depósito provisional de residuos durante años) paca cuando lleguen las elecciones.

Sorprende en efecto que estos aspectos no formen ni vayan a formar parte de la campaña electoral, y que precisamente cuando más difícil resulta gobernar (mundo globalizado, complejo y cambiante) menos atención se preste a preparar adecuadamente a sus gobernantes para hacerlo. Y es que toda sociedad se merece aspirar a tener un buen gobierno, pero parece mirar a otro lado cuando casos como los aquí descritos se producen.

2 comentarios
  1. Kuzushi
    Kuzushi Dice:

    Creo, amigo Alberto, que habría que patrocinar la idea de que la creación de una acción de reponsabilidad paralela a la de las sociedades mercantiles, de manera que se pueda exigir a lo “administradores” el pago de su propio bolsillo del mal causado por acción u omisión. Esto mejoraría las cosas, porque no hay nada peor que un político irresponsable en el sentido jurídico del término.

  2. Jaime de Nicolás
    Jaime de Nicolás Dice:

    El problema es que no es sorprendente que cuestiones que serían tema fundamental por ejemplo en EEUU, como es cómo se gestiona el dinero público, y por qué hay que pagar una multa por la inacción de los políticos, en España carezcan de interés. Yo creo que en parte es porque los políticos están blindados electoralmente frente al ciudadano, hay listas cerradas y son tantos los temas y tan pocas las variantes partidistas, que prácticamente o votas A o votas B, y dentro de cada partido no hay varios líderes con personalidad, como ocurre en Francia, sino que está uno, y muchas veces, como es el caso actual, muy mediocre en los dos grandes partidos.

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