La floresta autonómica, ¿tiene solución? (y II)

Escribí en mi primera entrega, a modo de introducción, que el infantilismo político se ha adueñado desde la Transición, de los distintos actores políticos.|

Los bandos en disputa en este singular juego político son a mi juicio “Madrid”, “Provincias”, “Cataluña” y “País Vasco”. Hay “Provincias” como “Navarra”, “Canarias” y “Galicia” que a los efectos de este artículo “son” País Vasco, las dos primeras y Cataluña la última, en algunas cuestiones, aunque el sentimiento nacional antiespañol es allí muy reducido o tiene un alcance político muy limitado. Con independencia del juicio crítico que a cada uno pueda merecer, nuestra realidad política territorial, muy resumidamente podría describirse del siguiente modo:

a) Existe una Constitución muy imperfecta (no sólo) en el diseño del poder territorial, al establecer un modelo abierto, contradictorio, centrífugo y centrípeto al tiempo, de manera que no es la Carta Magna sino las tendencias políticas coyunturales las que marcan la configuración y reparto del poder entre los organismos centrales, autonómicos y locales y las consiguientes líneas de fondo del sistema.

No existiendo unos límites constitucionales claros, son los partidos con vocación estatal, en todos los sentidos, los depositarios tan indebidos como reales de la soberanía popular, en vez de las instituciones, que se convierten en meras correas de transmisión de aquellos.

b) El juego político de los actores territoriales impone un bipartidismo imperfecto. Lo malo del sistema de partidos español no es el bipartidismo ni que sea imperfecto, sino sus peculiaridades. No hay un tercer o incluso un cuarto partido de ámbito nacional que hagan de bisagras, sino que son los partidos nacionalistas “vascos” y “catalanes” (incluyendo los gallegos, canarios y navarros, en mucha menor medida) los que al final con su apoyo u oposición permiten u obstaculizan la labor de gobierno central, de manera que con independencia del signo de éste, su representación –aunque menguada- adquiere un elevadísimo valor marginal, por cuanto es la que otorga la mayoría parlamentaria. Nótese que una eventual reforma del régimen electoral –de la que soy firme partidario por otros motivos- poco solucionaría, por cuanto aunque en el caso límite fuera uno sólo el escaño nacionalista el que decantara la mayoría, su valor político y ¡ay! económico, sería potencialmente ilimitado.

Los partidos nacionalistas alcanzan así la posibilidad de actuar como lobbistas del sistema, no sólo en cuestiones de índole territorial, de la que obtienen pingües beneficios.

c) La legitimidad política del poder deriva en un sistema democrático, tanto de la elección en un sistema de sufragio universal de todos los integrantes del pueblo español, titular de la soberanía, como de su ejercicio con arreglo a unas normas consensuadas por unos representantes especialmente cualificados y elegidos especialmente para la ocasión. Esto es, ejercicio del poder por unos gobernantes elegidos democráticamente (legitimidad de origen) con arreglo a las normas que otros representantes (constituyentes y legislador ordinario) fijaron en la Carta Magna (legitimidad de ejercicio).

A pesar del enfático pronunciamiento del art. 2 de la Constitución, de facto, la soberanía nacional española se encuentra parcelada en al menos tres partes: Cataluña, País Vasco y el resto de España. Uno de los “padres” de la Constitución, Herrero de Miñón, llegó a hablar que estos dos sujetos políticos, en cuanto titulares de “derechos históricos” reconocidos constitucionalmente, son mucho más que regiones y aún nacionalidades, son “fragmentos de estado” y, como tales, titulares de parcelas de la soberanía nacional que el ordenamiento jurídico se encarga de ir concretando en cada caso. Esta tesis le hizo merecedor del premio Sabino Arana, concedido por la fundación del mismo nombre, vinculada al PNV.

Se comparta o no esta tesis, lo cierto es que aquellas dos comunidades “históricas” son sujetos políticos privilegiados cuyo consenso y concurso en la gobernabilidad del país se busca permanentemente por el sujeto político “Madrid”, de manera que en la práctica, si no se ha obtenido la aprobación de los partidos nacionalistas, aun estando en la oposición en sus respectivas comunidades, la legislación de las Cortes Generales es percibida con un defecto grave de legitimidad política. Nótese que las Cortes y el Gobierno no son percibidos, no ya dentro, sino ni siquiera fuera de las “comunidades históricas” como órganos institucionales del sujeto político “España”, sino de “Madrid”.

d) La reacción permanente del sujeto político “Provincias” ante este estado de cosas ha sido claramente miope y cortoplacista. Lejos de tratar de coaligarse entre sí y con “Madrid” fortaleciendo el “fragmento de estado” compartido por ambos actores políticos, cosa que tampoco a “Madrid” parecía interesar lo más mínimo, dicho sea de paso, han tratado de agrandar de forma artificial las diferencias entre ambos y entre sí, en un inútil intento de conseguir los “privilegios” de “Cataluña” y “País Vasco”, convirtiéndose unos pequeños actores políticos secundarios con ínfulas de grandeza y un mensaje de ser “en Madrid” lo mismo de “Cataluña” y “País Vasco”.

El resultado es un sistema inestable, caro e ineficiente, burocratizado hasta el extremo, macerado y sumergido en la corrupción permanente y en el que en lo  único que se ponen de acuerdo sus actores es que su financiación es insuficiente y que hacen falta más recursos. Que, obviamente, sólo pueden salir de los sufridos ciudadanos que contemplan tan atónitos como impotentes, el espectáculo.

Dando por sentado que en esta situación política y ante la imposibilidad de que los grandes beneficiados, las castas políticas de los partidos, se pongan de acuerdo en abordar una reforma racional de la Constitución y que es urgentísimo racionalizar el sistema en el actual contexto de crisis total, no sólo económica, no queda otra que hacer una faena de aliño con los bueyes de que disponemos.

Y en este sentido, mis propuestas serían las siguientes:

1ª.- Una “federación política voluntaria” desde la “recíproca igualdad” entre “Madrid” y “Provincias”, abierta a “Cataluña” y “País Vasco”. Por supuesto, no se trataría de una federación jurídica, prohibida expresamente por la Constitución, sino de un acuerdo político estable y duradero según el cual, todas las CC.AA. no nacionalistas se constituirían en una suerte de sujeto político informal, actuando de facto, como “una sola comunidad autónoma” que armonizarían su política y legislación con “Madrid”. Al modo de la Unión Europea, las coordinarían entre sí y con el Gobierno central y las Cortes Generales, buscando una legislación uniforme de ámbito cuasi estatal, sin debates estériles acerca de la titularidad de las competencias.

La novedad estribaría en que no se trataría de una legislación “impuesta por Madrid”, sino “pactada” por “Madrid” y las “Provincias”. Probablemente una dinámica política de este estilo contribuiría a que las “Provincias” superaran su complejo de inferioridad frente a “Madrid” y los demás “fragmentos de estado”, haciéndose copartícipes y corresponsables de las políticas generales y poco a poco fueran perdiendo la “necesidad de ser diferentes” para que su voz fuera escuchada. El objetivo sería obtener un derecho y unas reglas de juego económicas uniformes nacidas desde abajo y no desde arriba, que blindaran al conjunto frente a los privilegios territoriales y reforzaran la unidad de mercado. Quizás esa propia dinámica centrípeta, acabaría atrayendo a “Cataluña” y “País Vasco” que, por más que quisieran mantener formalmente su “independencia normativa”, verían ventajas en establecer regulaciones sustancialmente idénticas a la común.

2ª.- Racionalización y potenciación de la administración local como contrapoder político de la autonómica. 8.000 municipios son a todas luces “insostenibles” y por otra parte tenemos 50 instituciones provinciales e intraprovinciales prácticamente desprovistas de contenido o muy desdibujadas. La supresión de las Diputaciones provinciales, fuera de las CC.AA. uniprovinciales probablemente requeriría reformar la Constitución pues ni siquiera los Estatutos de Autonomía de última generación, se han atrevido a ello.

Quizás en vez de suprimirlas sería más interesante disolver en ellas todos los Ayuntamientos de menos de 15.000 habitantes, atribuyendo sus competencias a las Diputaciones, cabildos y consejos insulares, estableciendo que sus miembros fueran elegidos por sufragio universal directo. Bastaría una reforma de la Ley de Régimen Local para establecer su estructura básica de forma completa pero flexible para que se pudiera adaptar a las distintas necesidades.

Ello permitiría profesionalizar la gestión de las entidades locales, reducir sustancialmente sus gastos de funcionamiento, conseguir economías de escala en la gestión de los servicios públicos, racionalizar toda esa otra floresta de “mancomunidades” y otros entes de prestación de servicios públicos supramunicipales y, con una adecuada autonomía financiera, permitirles ser un contrapoder real de las CC.AA.

3ª.- Adecuación del Senado como Cámara Alta y de representación territorial. Como Cámara Alta sería partidario de relajar las incompatibilidades, separándolas nítidamente respecto de las de los diputados, de manera que tuviera un perfil más técnico que político, recuperando su tradicional función de pulir los excesos normativos populistas del Congreso y del propio Gobierno. De hecho, es esa prácticamente su única razón de ser, de ahí que si mañana fuera suprimido nadie, salvo los senadores y sus familias, lloraría por su desaparición.

Y como Cámara de representación territorial debería ser el marco institucional adecuado en el que los distintos actores políticos debatieran y acordaran todos los aspectos que se han venido señalando y se visualizaran las políticas concertadas de “Madrid” y “Provincias”.

6 comentarios
  1. Robespierre
    Robespierre Dice:

    Enhoranuema al autor por decir alto y claro lo que es ya una conversacion de cafe habitual incluso entre la clase politica. De este sistema demencial, caro, ineficiente, corrupto y chantajista salen beneficiados solo unos, partidos y castas politicas regionales y salimos perdiendo los ciudadanos y sufridos contribuyentes. Que paren este modelo autonomico que me quiero bajar. O lo hacemos nosotros con elegancia, no se si como propone el autor o de otra manera,o nos van a bajar a golpe de silbato del FMi como dice un comentarista de este blog.

  2. elisadelanuez
    elisadelanuez Dice:

    Javier, muchas gracias por tus reflexiones sobre el modelo autonómico y posibles soluciones. Ya nos gustaría haber oído u oír algo en los próximos días sobre la racionalización de las estructuras autonómicas y locales, aunque no sea tan rompedor como lo que propones, pero simplemente algo que tenga que ver con las preocupaciones de los ciudadanos, cada vez más conscientes de que este modelo es un despropósito desde todos los puntos de vista. Pero no caerá esa breva, porque los políticos no lo quieren ver sencillamente porque no les interesa verlo.
    Es díficil ver algo cuando tu interés consiste en que no lo veas, parafraseando a algún político americano cuyo nombre no recuerdo ahora. Por eso nos toca a nosotros, sufridos contribuyentes y ciudadanos intentar en la medida de nuestros medios exigir que abra este debate. Como sabes, es una de las líneas editoriales básicas de este blog y en particular de la serie “La floresta” que comi dice un coeditor cada vez se parece más a una selva en todos los sentidos. Estoy por cambiar el nombre.

  3. F. Javier Oñate Cuadros
    F. Javier Oñate Cuadros Dice:

    Elisa, intentaré profundizar más en este asunto, aunque veo que otros colaboradores del blog también lo están haciendo. Coincido contigo en quede los políticos no se puede esperar otra cosa que no sea el mantenimiento y reforzamiento de un estatus que les favorece, no sólo en términos económicos, sino lo que es más importante, en términos de poder. En mi opinión, el problema más importante no es que el poder político esté fragmentado territorialmente de forma poco clara, sino que el poder de los políticos es excesivo, cualquiera que sea la forma en que se lo repartan. Pero claro, en España la forma del reparto del poder es kafkiana.

  4. F. Javier Oñate Cuadros
    F. Javier Oñate Cuadros Dice:

    Por cierto, elisa, no cambies el nombre de la floresta. En Brasil a la selva la llaman “Floresta Amazônica”. ¿Qué tal si buscamos algún símil con la proliferación bacteriana en las infecciones?

  5. Fernando Gomá
    Fernando Gomá Dice:

    Parte de los problemas que señala Javier se solucionarían con Pactos de Estado entre PP y PSOE, que evitaran ser rehenes de partidos nacionalistas en muchos temas esenciales para la nación. Los dos partidos mayoritarios, aunque jurídicamente son iguales al resto, desde el punto de vista ético tienen una responsabilidad muy superior al resto en cuanto a mantener la calidad de la democracia, tienen una posición dominante. Las procvincias, o autonomías, son regidas por estos partidos, lo que ocurre es que abdican completamente de lo que antes se llamaba patriotismo en el buen sentido de la palabra, y habitualmente actúan de manera cortoplacista y roma ¿qué político español de uno de esos partidos actual tiene un verdadero sentido de Estado, que hiciera estar dispuesto a hacer lo que hay que hacer y decir lo que hay que decir para el bien común, aunque eso no dé votos o incluso le perjudique en su carrera?.

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