Entre el optimismo y el pesimismo

Los jóvenes y no tan jóvenes de edad, aunque sí de sentimientos, que estos días salen a la calle reivindicando una “democracia real ya” en nuestro país, son –y no es poca cosa- el exponente más actual de una disidencia cada vez más profunda respecto a las pautas que marcan el funcionamiento cotidiano de nuestra sociedad. Sería un error creer que esa disidencia o protesta va dirigida exclusivamente contra la llamada “clase política”  y sus formas de actuación. El hecho de que los políticos (y los banqueros) se conformen prioritariamente como blanco del reproche social que se manifiesta estos días, no es más que la consecuencia de la necesidad que tiene todo movimiento de opinión de buscar un referente al que imputar de manera simplista y sin mayores consideraciones de razón los males que según ese estado de opinión afectan genéricamente a la sociedad en su conjunto. Desde este punto de vista, las miles de personas que hoy se sienten indignadas en España se conforman como un claro ejemplo en favor del optimismo revolucionario. Por fin, se dirá, el pueblo ha despertado después de tantos años de letargo y empieza a exigir algo tan elemental y vital para la propia saludad del sistema democrático como es la exigencia de una conexión más directa, abierta y transparente con sus representantes políticos.

 El lema “democracia real ya”, al menos de momento, no pone en cuestión el sistema de democracia representativa, sino más bien, el anquilosamiento e incluso desvalorización de muchos de los instrumentos de participación política propios del sistema democrático. No es suficiente con ejercer el derecho de voto cada cuatro años; es preciso además que elijamos a nuestros representantes mediante listas abiertas,  o que exijamos que el funcionamiento interno de los Partidos políticos  se rija por reglas democráticas. El lema guerrista de que “el que se mueva no sale en la foto”, no es más que una manifestación paradigmática de los aires totalitarios que rigen la vida partidaria y que, sin duda, trascienden luego a la vida política ordinaria  en todos los órdenes (disciplina férrea de nuestros representantes a las consignas del Partido y no a las demandas fundadas de los representados o a los fines de las instituciones). Y no es que se propugne la conveniencia de un mandato imperativo para nuestros representantes políticos, pero sí al menos que estos no actúen como auténticos mandatarios de determinados grupos de poder que en su actuación defienden muchas veces prerrogativas contrarias al interés general.

En definitiva, en el movimiento de los indignados/as hay motivos para el optimismo en cuanto dicho movimiento puede suponer una reconsideración de muchas de las prácticas malsanas que hoy afligen a nuestro sistema democrático.

Sin embargo, también hay motivos para el más negro pesimismo. Y no tanto porque las reivindicaciones que hoy se plantean se queden en humo por la pesada carga que siempre supone renunciar a los privilegios alcanzados, como por el hecho de que en nuestra sociedad está muy enraizada desde el punto de vista cultural la falta de respeto al espíritu de la ley. Por citar un ejemplo significativo, cuando se afirma que nuestro Tribunal Constitucional no es independiente porque sus miembros son elegidos por los Partidos políticos, se ignora o se prefiere ocultar la verdad, que no es otra,  en mi opinión,  que la de aceptar que la independencia la exige la ley pero la da la naturaleza, la educación y el ejemplo reiterado de actuación de las personas sobre la base de la libertad. El problema, por consiguiente, no está tanto en quien elija a los magistrados, sino en si estos son auténticamente independientes en su actuación frente al cualquier poder, quedando exclusivamente sometidos a la ley y al Derecho.

 Empezando por los funcionarios docentes universitarios en sus prácticas de cooptación de nuevos funcionarios, y terminando por los que cobran la prestación por desempleo mientras realizan un trabajo en la llamada economía sumergida,  el panorama  que se nos presenta es demoledor. Son pocas las expectativas para el optimismo. Y mucho me temo que el futuro inmediato no va a ir por la vía de la regeneración de algunos valores hoy claramente pervertidos, sino más bien, por la afirmación de que una cosa es lo que dice la ley y otra bien distinta cómo se aplique. Y así nos va…

5 comentarios
  1. Fernando Gomá Lanzón
    Fernando Gomá Lanzón Dice:

    Efectivamente, como con mucha razón dice el autor, al que doy la bienvenida al blog, la independencia es a fin de cuentas un problema de educación cívica y de ética, si en un cargo concreto la ley te ofrece independencia para desarrollar tu actuación, y tú aceptas las presiones y te sometes a los dictados de otros, aparte de la responsabilidad de los que presionan está sobre todo la tuya propia, nadie te pone una pistola para que decidas en su sentido determinado (eso sí, puede que pierdas futuras prebendas en forma de otros cargos apetecibles, pero es que tu obligación es hacer lo que tienes que hacer según las exigencias de tu cargo, no hacer carrera personal). Y ejemplos evidentes en negativo hay muchos en el Tribunal Constitucional o el CGPJ.

  2. elisadelanuez
    elisadelanuez Dice:

    Guillermo, bienvenido al blog y enhorabuena por tu primera contribución. Creo que tienes toda la razón al poner de relieve que hechos como el que los Magistrados del TC sean elegidos en la práctica por cuotas de los partidos políticos no sería obstáculo para que estos, conforme a la legalidad, ejerzan su cargo con independencia y en conciencia. El caso del sr. Aragón Reyes lo confirma, lo triste es que sea la excepción y no la regla general. Los magistrados del TC son un ejemplo perfecto porque el resistirse a las presiones no les supone merma alguna ni de retribuciones, ni de permanencia en el cargo, ni de prebendas, ni siquiera coste de imagen, sería más bien todo lo contrario. Vamos, ser independientes no les costaría nada, más que la incomodidad de decirle a los que les han nombrado que no.  No se llegar  más alto en la escala de nuestro sistema judicial y aún así lresulta que tenemos magistrados que se ven obligados a hacer favores. O a lo mejor los hacen porque les es más cómodo…Como bien dices esta forma de proceder se ha instalado en grandes sectores de nuestra sociedad que simplemente se ha acomodado a una forma de actuar realmente vergonzosa.    

  3. Ferinal
    Ferinal Dice:

    Creo que al final del artículo, el autor indica acertadamente que el problema es que lo que pasa en las esferas politico-económicas de nuestra sociedad no es más que el reflejo de lo que pasa en la base.

    – El 80% de la gente quiere ser funcionario, pero no por vocación de servicio público, sino porque uno tiene un trabajo de por vida, trabaje y haga falta, o no. (El Estado debería ver que si saca 20 plazas y se presentan 20.000 personas, es porque está dando demasiado buenas condiciones – que encima luego con el tiempo no se lo parecen al que obtiene la plaza, que no la deja, pero se siente justificado para bajar su rendimiento todo lo que quiera).

    – España (como Grecia) tiene un altísimo fraude fiscal. Nuestro Ministerio de Trabajo ha hablado de más del 20% de economía sumergida – si se tiene en cuenta que ese problema no afecta a entidades públicas y grandes corporaciones, supone un altísimo porcentaje del resto de la economía. Más del 60% de los contribuyentes declara ganar menos de 1.000 € al mes… y toda esa gente que no paga (“porque para lo que van a hacer con ello…”) se siente sin embargo completamente legitimada no solo a usar los servicios públicos, sino a quejarse y exigir que sean mucho mejores…

    – La deuda pública y privada (particulares y empresas) en España es altísima. En el sector público, todas las CCAA, todos los municipios, todos los ciudadanos quieren más AVE, autopistas, universidades, hospitales, parques, subvenciones varias… que de verdad que en países más competitivos que nosotros no existen. En el sector privado, los bancos han tenido una actuación lamentable, pero no hay que olvidar que sus préstamos han ido a parar a personas adultas que se han permitido excesos que no podían asumir, y que eran impensables hace una generación. Los beneficiarios de los préstamos daban por cierto que invirtiendo en ciertos mercados como el inmobiliario iban a ganar siempre un dinero fácil que no ganaban los que se abstuvieron de correr esos riesgos – y ahora piden que también se socialice su pérdida…

    Los jóvenes que protestan defendían al principio lo que llaman “democracia real” – ahora se van politizando y defienden que no se recorte nada, que lo paguen los banqueros. Denuncian con razón los escandalosos privilegios de ese pequeño colectivo irresponsable que ha causado daños enormes, y que ha privatizado beneficios y socializar las pérdidas – pero señalar acertadamente esos problemas no basta, la ley de los grandes números hace que la solución real de los problemas no venga de recortar gastos de los diputados o de perseguir a los banqueros – eso es un problema de justicia y moralidad colectiva, que desde luego es importante, pero el exceso de endeudamiento y la pérdida de competitividad solo  se arreglará con recortes y sacrificios que no se quieren asumir, acercándonos a todos de forma irresponsable al abismo, y convirtiéndose en parte del problema, no de la solución…

  4. Guillermo Núñez Pérez
    Guillermo Núñez Pérez Dice:

    Muchas gracias por los comentarios, pues los mismos, cualquiera que sea su sentido, sirven al autor para contrastar ideas ajenas en torno al tema objeto de opinión. He de confesar que mi estado de ánimo, en general, es proclive al optimismo, pero el paso de los años y mis propias experiencias vitales han determinado que se instale en mi visión de la sociedad cierto grado de pesimismo en cuanto a la capacidad de los seres humanos para luchar contra los comportamientos que, siendo erráticos o perniciosos para los demás (o para los intereses generales), despliegan sin embargo efectos beneficiosos para uno mismo. La experiencia me ha enseñado que cada día es más difícil “ir contra corriente”, es decir, manifestar abiertamente la oposición a prácticas o corruptelas que se suceden a diario en la vida cotidiana, pues tal actitud puede dar lugar a situaciones que desemboquen en el aislamiento social o en ser investido con el sambenito de ser un tipo raro o algo similar. Precisamente por ello, la actitud vital ante los problemas deja de ser de rebelión para pasar a ser de simple refugio en uno mismo y tratar de hacer las cosas lo mejor que se pueda, “pasando” de todo lo demás que no tenga una incidencia directa en la vida propia. A partir de aquí, fenómenos como el del movimiento del 11 de mayo, o la presencia de políticos que excepcionalmente hablen claro y asuman abiertamente la necesidad de llevar adelante cambios necesarios para fortalecer nuestro sistema de convivencia, o la actuación auténticamente independiente de jueces y magistrados del TC que asumen con todas las consecuencias sus deberes como tales,  constituyen un balón de oxigeno para muchos y muchas de los que estamos pasando por una etapa vital de descreimiento, pesimismo y hasta hartazgo ante tanta estupidez suicida y ausencia de líderes políticos o sociales que denuncien el actual estado de estancamiento de la gran ilusión que supuso la instauración de la Democracia en España.

  5. Postamac
    Postamac Dice:

    Que la cuestión de la independencia personal es un problema personal es obvio. Como lo es también que los problemas que pueda plantear la independencia personal a la casta política ya se encargará ésta de prevenirlos eligiendo a las personas adecuadas (siempre se puede encontrar a alguien con suficiente ambición o fidelidad al Partido). No creo que exista la solución perfecta, pero sí estoy convencido de que el sistema actual es muy mejorable.

    En cuanto a los culpables de la crisis, veamos: los empleados de Banca cumplían los objetivos que les marcaban, y muchos cobraban un extra a fin de mes; los tasadores cobraban sus generosas tasaciones; los clientes se compraban su casa con el dinero prestado, y de paso un coche, y de paso se pagaban un viajecito; los políticos tenían grandes cantidades de dinero vía impuestos para sus ocurrencias y para vendernos sus medidas “sociales” a cambio de nuestro voto (además de una buena cantidad en financiación “oscura”); muchos de los que ahora se manifiestan lo tenían más fácil para seguir viviendo de sus padres o de trabajillos eventuales que requerían poca preparación; notarios y registradores vivían mejor que nunca, etc… Aquí TODOS estábamos de fiesta, no sólo los “banqueros”.

    Y mientras tanto, los organismos de control que pagamos todos, en manos de los políticos (izquierdas, derechas, da igual) y haciendo la vista gorda.

    Si a la crisis económica sumamos la de las instituciones políticas, la del modelo autonómico, la de la educación, la de las relaciones familiares, … se puede decir que estamos tocando fondo.

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