Overbooking

Hace ya mucho tiempo que asumí que es muy alto el precio que hay que pagar por algo tan maravilloso y antinatural, para mi limitado entendimiento, como volar por los aires y cruzar en pocas horas los océanos. Y ese precio no solo consiste en algo lógico como la ignorancia técnica, puesto que hace mucho que renuncié a entender por qué vuelan los aviones, o la confianza ciega, al menos en pilotos y mecánicos, sino también en la renuncia.

Tengo claro que en el momento en que cruzo las puertas de un aeropuerto entro en un mundo distinto en el que no solo tengo que despojarme de la razón y de la lógica, de mis supuestos derechos como ciudadano y consumidor y de mi dignidad y sentido del ridículo (imprescindible para pasar algunos controles) sino también renunciar a mi condición de jurista.

Sé que tengo que aceptar todo lo que pase con paciencia, humildad y resignación y que en ningún caso y bajo ningún concepto debo intentar analizar nada de lo que me ocurra aplicando mis supuestos conocimientos jurídicos y, mucho menos, intentar explicar mis razonamientos legales a nadie con uniforme. La seguridad del tráfico aéreo, el peligro del terrorismo y el bajo coste de mi billete son argumentos superiores que deben bastar para, por ejemplo, aceptar que el motivo por el que un avión sale con retraso es que ha llegado con retraso (y además hay que dar las gracias a la compañía aérea por su política de información y transparencia).

Pero, sin embargo, movido por una tozudez insuperable, no cejo en el empeño de entender eso del overbooking. Sí, ya sé, me lo han explicado mil veces, que es una práctica legal consagrada, habitual y consuetudinaria, basada en complicados cálculos estadísticos, que se remonta a los orígenes de la aviación civil, que es beneficiosa para todas las partes y para la economía en general, que permite garantizar que los aviones vuelen completos, que evita que alguien se quede sin volar cuando hay asientos libres y que proporciona libertad y flexibilidad al viajero.

Todo esto está muy bien pero yo, dentro de mi ignorancia y aferrado a caducos principios jurídicos, como el de que la validez y el cumplimiento de los contratos no puede quedar al arbitrio de un de las partes, cuando me dicen, al presentarme, en el mostrador adecuado y con la debida antelación, que mi plaza, reservada y pagada, ha sido asignada a otro pasajero y que es la contraprestación que tengo que pagar por la posibilidad de anular el billete, cambiar la fecha de viaje o simplemente no presentarme al embarque cuando lo que yo he contratado, y pagado, es un billete ¡que no admite cambios ni anulaciones y que me van a cobrar me presente o no al embarque! no puedo dejar de pensar que hay algo que se me escapa.
¿Me lo podría alguien explicar?

4 comentarios
  1. Curro Arriola
    Curro Arriola Dice:

    Hola Alfonso.
    ¡Jo, va de aviones, qué bien!
    Yo te lo explico, hombre, si es muy sencillo…; los aviones vuelan por el llamado “efecto Venturi”. Venturi descubrió que si un fluído discurre por un sitio, cuando más deprisa pasa más presión ejerce sobre ese sitio… ¿o era al revés? Yo soy de letras.
    El caso es que las alas tienen una forma especial, habrás visto que no son planas; por arriba si las miras desde un lado  tienen como joroba; por debajo sí que son casi planas.
    Entonces, el aire pasa por debajo más deprisa que por arriba (o al revés, no lo sé bien) , y por el rollo ese de Venturi, por diferencia de presiones, el avión es empujado para arriba. Se hace como una succión sobre las alas. Cacho de succión digo yo que será, para levantar un Jumbo. Y por eso vuela. Y por eso si se queda quieto, o incluso si va muy despacio, pues no vuela y se cae. “Entra en pérdida” dicen. La pérdida es divertida porque da barriguilla como en las norias. Si es voluntaria; si es por accidente, no es tan divertida.
    Sobre la confianza ciega en los pilotos, no tengas tanta… hace poco un avión de pasajeros se estrelló creo que en USA, y se mataron todos; resulta que una de los pilotos esa noche había dormido en los asientos del aeopuerto, y comer comía habitualmente en Mcdonalds; porque el sueldo que cobraba era de miseria. Trabajaba porque de no hacerlo perdía su licencia de vuelo, al no acumular las horas anuales necesarias. Y claro, la compañía, en un entorno de libre mercado y libre competencia, si hay quien vuele por dos dólares, para que va a pagar cinco…
    En España (¡viva la libre competencia!) este asunto de los salarios está pasando también, lo sé muy requetebien; no en Iberia, pero sí en alguna otra compañía de cierto nombre y billetes baratitos. En la que, por supuesto, yo jamás vuelo; porque quiero que me lleve un piloto descansado, bien comido, y contento con su profesión.
    Y NO te creas todo eso de que “Aviación Civil, con sus esmerados y rígidos controles , no permite que…” bla, bla y bla. Eso era antes. Ahora anda por el estilo todo, también esto de la aviación. Un cachondeo, hombre. No se mata más gente porque Dios no quiere.
    Mira, hace ya años, despegando de Londres para Las Palmas, un avión de Air Oasis en el que iba yo de pasajero. Empezamosa oir un ruido de aúpa, algo que golpeaba en el fuselaje, pero no veas cómo. A lo bestia. Nos dicen que no pasa nada, que es un pequeño fallo técnico. Ya, ya… cuando aterrizamos, la rampa esa hinchable de evacuar pasajeros se había soltado, y había estado dando golpes todo el rato. No sé de qué estarán hechas para aguantar eso. Estaba colgando justo delante de uno de los dos motores del avión; si se rompe se mete dentro y adiós motor. Y adiós avion, de paso, que iba lleno, tú creéte eso de que “vuelan con un motor” y demás, ya…
    El piloto no volvió a Londres, se hizo todo el vuelo con la rampa colgando. ¿Por qué? Porque si vuelve seguramente le echan de la compañía.
    Me agarré el lógico cabreo y lo denuncié ante Aviación Civil. Y hasta hoy estoy esperando a que me contesten. 
    Me alegro que salga el tema porque las mentiras conque en general nos engañan a los ciudadanos, en este ámbito ya son una pasada. Pej la última huelga de controladores…qué pérfidos, qué señoritos, que chulos y todo eso, ¿no?  vaya, vaya… un detallito: en ese mundo se tiene por costumbre registrar cuidadosamente todas las conversaciones y órdenes, por radio y por teléfono. Bueno, pues las del día de la huelga, a mí me gustaria poderlas consultar. Porque me han dicho varios pajaritos que FUERON BORRADAS AL DIA SIGUIENTE POR ORDEN DE LA AUTORIDAD. Mirá qué bien. ¿Qué pasaría en realidad ese día? ¿No fueron a currar ? ¿Todos? ¿O hubo BASTANTES que si que fueron y no les dejaban entrar?
    Eso sí, al poquísimo se decide privatizar AENA, y la gente aplaude encantada porque “ahora se van a enterar esos controladores”.
    España.
    ¡Anda ! Se me olvidaba el overbooking…  pero eso es tema jurídico; yo en cuestiones juridicas no me gusta entrar proque el “Derecho” actual no lo entiendo.
    Espero haber resuelto tus otras dudas.  😉
    ¡Un abrazo!

  2. Jaime de Nicolás
    Jaime de Nicolás Dice:

    Alguien dijo que un aeropuerto es un no-sitio. Es lógico que en no-sitios las reglas sean otras. Es un poco como internarse a través del espejo con Alicia, en el país de las Maravillas.

  3. Ignacio Gomá Lanzón
    Ignacio Gomá Lanzón Dice:

    Me da la impresión que últimamente se da menos esta práctica, creo que porque de alguna manera se han estandarizado las indemnizaciones, por lo que quizá le resulta menos rentable a las compañías. En relación a lo que dice Arriola, no es incompatible la seguridad aérea (yo mismo publiqué un artículo que ponía en relación esta cuesión con otras: “Vuelos de bajo coste y accidentes jurídicos” http://www.elnotario.com/egest/noticia.php?id=151&seccion_ver=0) con la defensa del contrato o de los consumidores, me parece. Las compañías deben ser seguras y si se puede, baratas, y rentables. Pero lo que no pueden es abusar.

Los comentarios están desactivados.