El móvil perpetuo (y no es un teléfono)

En el año 1775, la Real Academia de Ciencias de Francia resolvió que dejaría de analizar propuestas relacionadas con el movimiento perpetuo, ya que éste es imposible de conseguir y su investigación es muy cara y consume tiempo y recursos de mentes brillantes que podrían ser empleadas en mejores empresas.

Hasta esa fecha, un sinfín de científicos e investigadores, incluyendo a figuras como  Leonardo da Vinci, Boyle, Pascal o Bernoulli, había tratado de construir ingenios mecánicos capaces de mantenerse en movimiento por toda la eternidad sin requerir un aporte constante de energía. Sin embargo, antes o después, todos ellos se detenían y dejaban de funcionar a menos que se les proporcionase un nuevo impulso. Finalmente, los académicos decidieron que la idea de un móvil perpetuo era contraria a las Leyes de la Física, y que resultaba estéril perseguir tal inalcanzable objetivo.

En la década de los 90, Galbraith publicó A Short History of Financial Euphoria, obra en la que relataba como, de forma recurrente, los mercados financieros se convencen a si mismos de que los árboles pueden crecer hasta el cielo, y de que las valoraciones de determinados activos, sean estos tulipanes holandeses, bonos basura, acciones de empresas, tierras baldías, o montañas de ladrillo y cemento colocadas en Seseña o en cualquier otro lugar, pueden crecer indefinidamente, justificando por tanto la inversión en ellos, endeudándose cuanto sea preciso, porque siempre seguirán aumentando de valor y por tanto podremos no solo devolver las deudas contraídas para comprarlos, sino además obtener pingües beneficios de su venta futura. Todo ello nos lleva a una sucesión de burbujas, sean estas inmobiliarias, de las empresas de Internet, o de los tulipanes en la Holanda del siglo XVII. En todas ellas la perspectiva de revalorización perpetua de determinados activos justifica un apalancamiento sin fin para adquirirlos. El desenlace es siempre el mismo: se pincha la burbuja del activo y lo que nos queda es la deuda, que hay que devolver…

Igual que no es posible construir un móvil perpetuo, parece claro a estas alturas que tampoco existen los activos de revalorización perpetua, aunque hasta no hace mucho teníamos que oir aquello de que “los pisos nunca bajan de precio”. Pero sí que bajan. Claro que bajan. Igual que el mejor construido de los móviles perpetuos termina por pararse.

Y yo me pregunto, desde la atrevida ignorancia del lego. ¿No podría alguna Academia proclamar una norma para inversores, asesores financieros, gobernantes, empleados de banca y, sobre todo, ciudadanos de a pie, que rezase algo así como “Igual que no es posible construir un móvil perpetuo, igual que los árboles no pueden crecer hasta el cielo, no existe ningún activo, ya se trate de inmobiliario, de valores, de sellos, de materias primas o de cualquier otra cosa, del que se pueda decir que su precio siempre seguirá subiendo”?

Claro que esto tendría la desventaja de que no podríamos indignarnos y poner cara de sorpresa, buscar responsables en “los mercados financieros”, en “los bancos”, o en cualquier otro contubernio que se nos ponga a mano, y tendríamos que enfrentarnos a la responsabilidad de nuestras propias decisiones financieras, por habernos atrevido a especular en contra de las Leyes de la Física y a emplear nuestro dinero, o el que hayamos pedido prestado, en invertir en sellos, en yenes, en huertos solares o en cualquier otra cosa. Igualmente, los osados académicos que se hubiesen atrevido a enunciar la Ley (porque las Leyes de la Física, contrariamente a las que aparecen en el BOE, no se elaboran, solo se enuncian, ya que siempre han estado ahí, formando parte de la Naturaleza, y es inútil tratar de introducir enmiendas o negociar sus preceptos) serían acusados de comprometer el crecimiento económico, de impedir la creación de empleo y riqueza, y sobre todo de dar al traste con algunos negocios muy lucrativos. En fin, como se ve, hay poderosas razones para que ninguna Academia haya enunciado la Ley, y para que ninguna lo haga jamás. Así que cuando la economía se desapalanque, y salgamos por fin de esta crisis, sea el año que viene o dentro de diez, nos adentraremos alegremente en la siguiente burbuja, convencidos de que, por fin, habremos encontrado un móvil perpetuo.

 

6 comentarios
  1. Serafin Casamayor
    Serafin Casamayor Dice:

    Francisco Javier, tu acertada reflexión, da pie a muchas más. Gracias por ello, pues introduces un elemento muy interesante de debate. Entre las muchas reflexiones a las que das pie, mencionaré aquí sólo una, pues no es intención de este que suscribe aburrir a los seguidores del blog con agotadoras especulaciones en plena canícula estival. La reflexión a la que me llevas es que Hume está más vivo que nunca, lo cual me alegra. En efecto, mi admirado Hume afirmaba que la validez de las leyes universales no residía en que hubiera el especial empeño de un misterioso demiurgo en que siempre se cumplieran. Su validez radicaba en que siempre, siempre, se asociaban a los mismos efectos, las mismas causas, y viceversa. Pero si un día esta relación no se diera, la ley universal perdería validez. En el caso del móvil perpetuo que comentas, de acuerdo, no existe. Pero a decir de Hume, tendriamos que se puede interpretar tanto por el hecho de que hay una ley física universal, o bien, porque no ha habido físico alguno que habiendo construido ingenio de este tipo, a lo largo de su vida no lo haya tenido que reimpulsar varias veces. Del mismo modo ocurre con las claves criptográficas, ninguna se declara inviolable, en cambio, se dice de ellas que son de un elevado grado de seguridad, ya que con la tecnología actual, existen pocas posibilidades de ser “reventadas” en un tiempo “humano”. Entonces, ¿qué tiene que ver todo esto con los ciclos económicos y los fenómenos especulativos y de burbuja? Pues que como muy bien dices, todos tienen una limitación tangible, a modo de ley universal, pero el período en el que estos fenómenos se dan y conocen su existencia…me temo que coincide con el período en el que la memoria se hace débil, y más con incentivos para su debilidad como es la obtención de pingües ganancias en muchas ocasiones. La sabiduría de nuestro Derecho civil hace que para no confundir valor y precio, se inscriban en el Registro de la Propiedad respecto de un inmueble diversos valores: de compra-venta, de subasta en ejecución, de ciertas garantías, etc.  Así, en muchos mercados sujetos a la humana e inevitable confusión de valor y precio, y afectados también por la humana e inevitable debilidad de la memoria, los profesionales que median en dichos mercados (agentes, fedatarios, Entidades financieras, tasadores, etc.), podrían sugerir cierta perspectiva a las partes, perspectiva que muchas veces se pierde, y que ayude a distinguir claramente lo que es valor de uso (quien compra el piso de su vida sin intención de vendar), el valor de cambio (quien simplemente desea especular), o el valor de depósito (para los ahorradores), etc. Esta perspectiva perdida, es la memoria fallida, y la que aparentemente hace que no existan, como muy bien dices, leyes de validez universal, infalibles, en el mundo de la economía. Y se esté pensando siempre en el móvil perpetuo como algo factible. Y por ende, tropezando siempre en la misma piedra. debemos volver siempre a empezar.

  2. robespierre
    robespierre Dice:

    Un post muy elegante por la comparación de los crecimientos burbujiles con la idea del  móvil perpetuo. Lástima que la realidad sea tan tozuda y que las burbujas acaben por pincharse. Pero !resulta tan tentador creer lo contrario!   

  3. elisadelanuez
    elisadelanuez Dice:

    Menos mercados y más política de altos vuelos nos vendría muy bien, especialmente en la UE. Como dice mi coeditor Fernando Gomá en una expresión que le tomo prestada hay que ver qué políticas de “vuelo bajo” tenemos en estos días, tanto en casa como en la Unión Europea. Lo último, el esperpento de la dimisión de Camps, que parece más un episodio del Ruedo Ibérico  Si Don Ramón María levantara la cabeza se iba a poner las botas.

  4. Curro Arriola
    Curro Arriola Dice:

    “Menos mercados”, dice Elisa… ¡Pues claro!
    Lo que hace falta es un INID y un BHD.
    Es decir:
    Un Insittuto Nacional de Industria Democrático y un Banco Hipotecario Democrático.
    Lo de Democrático es para que no me llamen facha.
    Las empresas que- por diversos conceptos- sean vitales para los intereses nacionales NO deben estar en manos privadas.
    Telefónica, Campsa, Iberia… NO deben ser privadas.
    Las hipotecas para la adquisición de algo tan necesario como la vivienda NO deben ser “un producto financiero más”.
    Naturalmente, esto se da de narices con el Capitalismo y con la Economía de Mercado.
    Conviene recordar que ni el uno ni la otra son dioses. Son meras creaciones humanas, que se justifican -se justificaban- por mejorar la calidad de vida de las personas.
    Si los hechos demuestran que hacen justo lo contrario… al diablo con ellas, aunque les duela a unos poquísimos; y que resucite el Estado fuerte y convencido de su dignidad.
    Lo cual conlleva otras reformas, no económicas, sino jurídicas, especialmente en el Derecho Penal, en la rama “penas y su ejecución”, incluso resucitando figuras hoy desparecidas…
    Vamos, que va a ser que no. Me voy un rato a ver Gran Hermano y Sálvame, que es lo que me cualifica como ciudadano ejemplar de esta España.

  5. José Luis Villar Ezcurra
    José Luis Villar Ezcurra Dice:

    Curro, no estoy muy de acuerdo con lo que dices respecto a la publificación de empresas en los denominados “sectores estratégicos” por la sencilla razón de que ni podemos ni debemos dar ese paso atrás. Paso atrás porque hace ya tiempo que la propia UE nos impuso la liberalización de estos sectores que mencionas, poniendo fin a la situación de monopolio tanto de Telefónica, como de CAMPSA o de IBERIA. Ahora, todas estas empresas (en manos privadas) se desenvuelven en el entorno de mercados en libre competencia, aunque la situación real de algunas de ellas (es el caso de Telefónica) se encuentre muy cercana al monopolio de hecho. Pero para vigilar estas situaciones de abuso existen Agencias Reguladoras y lo que habría que reformar, sin duda alguna, es la independencia de estas Agencias siguiendo el modelo de EEUU. Pero es que aunque la liberalización de estos sectores no hubiese venido impuesta por la UE no creo, en absoluto, que en manos públicas funcionasen mejor ejerciendo, además, posiciones de monopolio “de iure”. O sea que no me gusta un pelo que los políticos controlen empresas, y como muestra ahí están las Cajas de Ahorro cuya dirección errática por parte de los políticos de turno ha conducido a lo que ahora estamos viendo (el caso de la CAM no es el único por desgracia).
    Pero sí que estoy de acuerdo en “revivir” el antiguo Banco Hipotecario, de cuya asesoría jurídica formé parte durante doce años, porque fue una institución bastante modélica, gracias a la cual se pudo desarrollar en España toda la política de Vivienda (en lo cual tomé  parte muy activa con el primer Plan Cuatrienal de VPO). Si se concibe la estructura de un Banco semejante con un poco de sentido común, haciendo que sea el ICO quien le nutra de fondos o emitiendo títulos en el mercado hipotecario, la cosa podría funcionar. En fin, que recelo mucho de las empresas públicas y creo más en la iniciativa privada, en un marco de libertad controlada por auténticas Agencias independientes porque el contexto de economía global en el que nos encontramos no permite la vuelta atrás ni volver a revivir el INI. Eso tuvo sentido en el pasado (y fue muy eficaz) pero me temo que ahora se encontraría fuera de contexto. Un cordial saludo desde la discrepancia respetuosa que siempre es sana…

  6. Luis
    Luis Dice:

    Hoy publica la prenssa que KPMG no detectó en 20 años las irregularidades de la CAM (Caja de Ahorros del Mediterráneo), intervenida la semana pasada por el Banco de España, y que el año pasado le cobró 1,3 millones de euros. ¿De verdad sirven para algo estas auditorías o por el contrario son una bisagra más del problema financiero? ¿no debieran ser las empresas auditoras independientes, económicamente, de las empresas que auditan?

    Por cierto, ¿no es una vergüenza que un gran Banco español oferte asistencia jurídica por 90 euros al año? La Banca se ha convertido en nuestro “gran hermano” que todo supervisa y controla.

    Quizás estas divagaciones las hago porque estoy de vacaciones.      

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