Deuda pública, gasto público y responsabilidad de los gobiernos

Dos cuestiones han concitado la atención de los actores y observadores de la economía mundial durante el pasado mes de julio, generando una gran inquietud en los mercados internacionales. Por una parte, la crisis de la deuda soberana europea, singularmente griega. Por otra, las negociaciones entre demócratas y republicanos acerca de la elevación del techo de deuda en Estados Unidos.

Ambos asuntos se han resuelto de una manera aparentemente satisfactoria -uno, en la cumbre de la Eurozona, celebrada los días 21 y 22 de julio; el segundo, con el acuerdo logrado in extremis en USA el día 31 de julio- pero, más allá de esos éxitos aparentes, la tormenta financiera de estos días pone de manifiesto la persistencia de los problemas subyacentes en uno y otro caso.

De hecho, días después de la cumbre europea y antes de la tormenta que vivimos ahora, la inquietud se apoderó de los mercados tras las declaraciones del ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, quien afirmó algo tan sensato como que los problemas no se solucionan “con una cumbre” y que la crisis de deuda no había acabado con la cumbre de la semana previa. Una reflexión tan realista y tan evidente hizo temblar a los mercados, que casi siempre reaccionan en exceso, sea ante noticias positivas o negativas.

En cuanto a USA, el desacuerdo primero y el acuerdo posterior sobre la elevación del techo de deuda, obtenido en el último momento, tienen mucho de teatro: tanto lo uno como lo otro era esperado por los analistas más prestigiosos. En España, economistas de la categoría de Luis de Guindos y algunos otros ya habían afirmado, semanas antes, que forma parte del juego político apurar los plazos hasta el final, pero que el acuerdo se lograría. En el mismo sentido, se habían manifestado inversores legendarios como Soros, Faber o Rogers. Todos ellos habían vaticinado que se llegaría al acuerdo en el último momento, como efectivamente ha sucedido; que la escenificación de tanta polémica previa era una “farsa” (“charade”, dijo Jim Rogers) y que, tras el acuerdo, los problemas seguirían sin resolverse. No olvidemos que en 2012 hay elecciones presidenciales en USA, por lo que los republicanos tratan de desgastar al máximo a Obama quien, a su vez, no se atreverá a aplicar medidas verdaderamente restrictivas en materia de gasto público que le harían perder popularidad, por lo que aquéllas se diferirán en el tiempo.

Lo cierto es que, tanto en USA como en varios países de la periferia europea, existe un problema no resuelto de exceso de deuda pública y de falta de control del déficit. Existen notables diferencias entre USA y los países europeos en crisis, y las comparaciones no serían procedentes. Pero, desde una perspectiva más general, sí cabe afirmar que los países, como las familias, no pueden mantener artificialmente, recurriendo al endeudamiento, un nivel de vida irreal, es decir, un nivel de gasto que no se corresponde con la capacidad real de generar ingresos estables. Esa situación artificial no puede prolongarse indefinidamente. Y por eso, antes o después, llegará el ajuste y la vuelta a la realidad. Hay que poder pagar a los acreedores sin recurrrir a nuevos préstamos o a nuevas emisiones de deuda cada vez que llega un nuevo vencimiento. Esa dinámica resulta peligrosa y puede llegar un momento en el que los acreedores no quieran seguir con un juego así, al ver que la bola de nieve se ha hecho ya demasiado grande.

Es preciso recortar el gasto público de manera creíble y seria, y aumentar los ingresos. Y no engañarse recortando el gasto de manera solo aparente para calmar momentáneamente a los mercados, y vuelta luego a las andadas. En ese sentido, apuntan las declaraciones antes citadas del ministro alemán de Finanzas, sobre la necesidad de una verdadera disciplina fiscal en los países europeos en crisis. Y en ese sentido apuntan también otras reflexiones sobre la economía USA de estos últimos días.

Peter Schiff, un importante economista e inversor que predijo la crisis de 2008, comentaba estos días que durante los últimos cincuenta años, USA ha elevado más de setenta veces su techo de deuda, por lo que “no existe techo en absoluto”, concluía. Es decir, que más allá de los titulares de prensa sobre el éxito de las negociaciones en torno al techo de deuda en USA, el problema de la deuda sigue sin resolverse: no existe voluntad real en USA de recortar la deuda ni el déficit. Y no la ha habido desde hace décadas. ¿Recuerdan la Grace Commission? ¿Recuerdan la Gramm-Rudman-Hollings Balanced Budget Act? La Gramm-Rudman Act decía, hace 26 años, que los Estados Unidos no podían tener déficit público. Desde entonces hasta ahora, tanto el déficit como la deuda pública no han hecho más que aumentar.

En el mismo sentido, el famoso inversor suizo Marc Faber, anticipaba hace pocos días el acuerdo entre demócratas y republicanos, pero con absoluto escepticismo sobre sus consecuencias: “I’m sure there will be an agreement, but it doesn’t solve the fundamental problem of excessive debt and of further, very substantial deficits. They’ll iron out something with lots of compromises and with spending cuts that are backloaded, in other words they won’t happen immediately. As we go along, say in three or five years’ time, when these spending cuts should occur and when the tax increases should occur, nothing will happen in my opinion.”

Y ya conocido el acuerdo entre demócratas y republicanos, el Nobel de Economía, Paul Krugman, se muestra igualmente escéptico: “It will damage an already depressed economy; it will probably make America’s long-run deficit problem worse, not better; and most important, by demonstrating that raw extortion works and carries no political cost, it will take America a long way down the road to banana-republic status”.

En definitiva, el exceso de deuda constituye un freno al crecimiento. El crecimiento de las economías no se improvisa ni se puede elevar con cumbres aisladas de gobernantes europeos, ni con acuerdos in extremis de políticos americanos. Engañarse con efectos mediáticos no soluciona los problemas de fondo. Son necesarias políticas de austeridad en el gasto, inteligentes y sostenidas en el tiempo. Y todo eso está por llegar todavía. Prueba de lo cual es que, pese al aparente éxito de la cumbre europea del 21 de julio o al reciente acuerdo sobre el techo de deuda en USA, los activos refugio -el oro, el franco suizo, el bund, el T-Bond- están rozando o superando máximos históricos. Los mercados desconfían, y hay analistas prestigiosos como John Taylor, Rogers, Sprott, PIMCO o el banco J.P.Morgan que vaticinan aún mayores ascensos para el oro, entre otras razones, porque muy probablemente USA pondrá en marcha, en pocos meses, un nuevo plan de estímulos monetarios para una economía que se está ralentizando. Más deuda, en suma.

 

 

7 comentarios
  1. Robespierre
    Robespierre Dice:

    Muy buen analisis aunque algo descorazonador. Especialmente por lo que supone en terminos de disfuncion de la gobernanza, por usar un palabro de moda, en las democracias occidentales. Vulgo, la incapacidad de la clase politica para alcanzar unos acuerdos minimamente razonables pensando en el medio o largo plazo.

  2. Triboniano
    Triboniano Dice:

    Muy cierto lo que comenta el autor del post y tambien robespierre. Pero no se si es mas culpa de unos politicos cortoplacistas incapaces de decir la verdad a su electorado cuando resulta minimamente desagradable o del propio electorado que no parece dispuesto a soportar nada que suene a recortes, copagos o sencillamente a apretarse el cinturon. Y si no, fijense en la campaña electoral que nos espera, a punto del rescate nadie se atreve a decir a los ciudadanos como y donde se va a recortar. No vaya a ser que se enfaden y no les voten. Luego, gane quien gane, llega el llanto y el crujir de dientes…en el mejor de los casos, porque tambien pueden llegar iluminados tipo Barreda que no se arrepienten de quebrar su autonomia y lo volverian a hacer si les dan la oportunidad.

  3. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Buenos días y gracias, Juan José, por un sencillo y oportuno resumen de la situación más inmediata.
    Resumen que por otra parte deja en evidencia una de las fallas de la estructura de nuestro sistema de gobierno que lo hace insostenible dentro de la racionalidad económica. Todos los incentivos sobre los gobiernos favorecen la existencia de los déficits y por ello existen casi como norma.
    Como consecuencia surge la expansión del crédito, de la masa monetaria, de la inflación y la pérdida de competitividad y empleo. Un círculo aterrador que lleva 30 años entre nosotros.
    Es decir, para un político en este sistema, el coste del “No déficit”  no es normalmente es una opción porque le supone la no elección. Es decir, la pena de muerte política y psíquica.
    Creo que las personas medianamente informadas (millones en este momento) ya nos hemos dado cuenta de esta gravísima limitación que proviene no sólo de la forma de elección de gobiernos (esencialmente un elaborado sistema de compra de votos contra presupuestos siempre insuficientes) sino de la propia naturaleza de nuestro sistema monetario y de los mecanismos circenses de producción de la masa monetaria.
    Ambos son creaciones políticas a lo largo del siglo XX para que los gobiernos tengan progresivamente menos restricciones al ejercicio de su “poder”. Supongo que Rodrigo puede explicarnos las fuentes en Hegel y en el concepto de estado sacralizado que surge de la Revolución francesa y del Sturm & Drang.
    Es decir, ya se va llegando a un diagnóstico razonablemente preciso de la situación que nos planta directamente en territorio ignoto porque sabemos que.
    1. Nuestros economistas más ortodoxos (los que ayudan a los gobiernos)  por no tener no tienen ni una unidad de medida constante. Cómo sin una unidad de medida podemos siquiera plantearnos la adquisición científica de conocimiento es un enigma.
    2. No forma parte del debate público la posibilidad de sistemas alternativos (coeficientes del 100% sobre depósitos a la vista y/o monedas con algún respaldo metálico, etc)
    3. El sistema ha generado ya una red de dependencias económicas del poder político que afecta a la inmensa mayoría de la población.
    Este hecho es nuevo en la historia comparado simplemente con hace cincuenta o sesenta años.
    Basta sumar guarderías, escolares, universitarios, acogidos al sistema sanitario público, pensionistas, parados y dependientes, funcionarios y empleados públicos a muchos niveles así como todos los empleados de los oligopolios  que en realidad son proveedores “privados” de servicios públicos, etc. para ver que es muy pequeño el porcentaje de la población que podría plantearse vivir siquiera un mes de su vida de modo semi-autónomo.
    Esto no era así ni siquiera en el sistema económico soviético.
     
    En paralelo millones de personas ya han visto la radical incompetencia de los gobiernos occidentales para manejar una situación que viene en buena medida marcada por diseños de muy atrás y que las cúpulas políticas ni siquiera están capacitadas para comprender.
     
    Es una muy mala situación porque lo que se ve en los gobiernos son las conductas propias del miedo, la incomprensión, la negación de la realidad y la fuga nerviosa. La conducta de una manada que está comenzando a estar muy asustada.
    Saludos

  4. Elisadelanuez
    Elisadelanuez Dice:

    Me temo que el comentario de manu oquendo es muy certero. En cuanto al comportamiento de los politicos poco que añadir a los comentarios anteriores pero quiza yo destacaria la ignorancia y la negacion de la realidad, junto con el pensamiento magico como principales caracteristicas de sus reacciones frente a la Crisis. A estas alturas yo creo que la sociedad española ya ha alcanzado un grado de madurez y de comprension de la que nos espera muy superior a la de sua supuestos lideres, que siguen discutiendo de nimiedades o de ficciones, como siempre.

  5. Juan José González
    Juan José González Dice:

    Gracias por vuestros comentarios.

    La rebaja de la calificación de la deuda USA, conocida anoche, no es más que la confirmación de una noticia anunciada, que muchos de los grandes inversores habían anticipado hace ya meses.

    Si alguien se endeuda más de lo debido, y gasta más de lo debido, ¿qué hay de extraño en que su solvencia se resienta? Lo raro sería que con niveles de deuda y déficit astronómicos la solvencia permaneciera intacta.

    Nada de esto tuvieron en cuenta demócratas y republicanos al elevar el techo de deuda. Controlar la deuda y el gasto puede generar tensiones a corto plazo, pero es el camino de la solución en el medio y largo plazo. Los políticos solo piensan en el cortísimo plazo, en la encuesta y en el titular de prensa. Y esta vez, en USA, ni siquiera les ha salido bien esas estrategia cortoplacista. Los mercados les van a forzar a hacer lo que el lunes se resistían a hacer. Eso sí que es miopía política.

  6. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    Nuestros bisabuelos vivían bajo el “santo temor al déficit”. Nuestros hijos bajo el santo temor a no tener los mil euros necesarios para vivir despreocupadamente en casa de papá que junto con el otro papá, el papá-estado, se ocupará de que no falte nada de lo necesario para vivir a lo que “tenemos derecho”.

    Y mientras, papás y mamás, trabajando de lo lindo para poder sostener al papá estado y al hijo ni-ni.

    ¿Qué ocurrirá cuándo la generación ni-ni deba asumir su responsabilidad de liderazgo? ¿Será capaz de asumirla? ¿No pasará desapercibida entre la generación de sus padres, que ya han pasado por otras crisis y las de sus hijos, que serán los paganos del gasto desenfrenado de sus padres?

    El problema es bien fácil de identificar: Se han eliminado uno por uno los controles que ataban a los gobernantes y les impedían los excesos. Se pensó que eran antigüallas y ahora nos encontramos con que el sufragio bendice todo y cuanto más gastador, mejor “gestor” es un político para la gran masa de votantes.

    Hay que volver a restablecer controles: Patrón-oro o cualquier otro similar que impida la emisión de dinero y la concesión de crédito sin respaldo de ahorro real. Fijación del precio del dinero por los mercados y no por las autoridades monetarias de forma discrecional. Prohibición de presupuestos no equilibrados. Presupuestos especiales separados para la financiación de infraestructuras. Contabilidad analítica en la administración. Fomento de la competitividad y la productividad en la prestación de servicios públicos. Desregulación y sometimiento de los poderes públicos a las mismas reglas económicas que los sujetos privados. Está todo por hacer.

  7. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Asociados a la deuda pública existen numerosos debates que se abren ex profeso para ser atizados con denuedo en la sociedad.
    Es frecuente escuchar durante estos días críticas con distintos grados de merecimiento sobre las agencias de calificación de riesgos.
    En general estos no son debates sinceros ni transparentes. Suelen encerrar un recurso a la crítica fácil y superficial, a lo aparente más que a lo sustancial e importante.
    Si de algo se puede acusar a dichas agencias es de lo mismo que a mucha gente: Excesiva tolerancia. Hasta Greenspan lo concedió (no sé muy bien si de corazón o tongue in cheek).
    Hemos visto premios Nobel sugerir burbujas inmobiliarias como remedio a situaciones recesivas (Nota 1) y hemos visto a la parte más responsable de la propia profesión cuestionarse su papel social estos últimos treinta o cuarenta años desde una perspectiva ética.
     ¿De qué nos sirve un premio Nobel que se calla ante auténticas irresponsabilidades cuya única base es la conveniencia electoral simplemente porque se trata de un buen cliente o de un sponsor generoso?
    Recordemos que estas agencias de calificación eran hace unas décadas, tres o cuatro, parte de grupos editoriales y que sus Calificaciones, sus “ratings” los pagaba el inversor.
    Igual que si quieremos una evaluación profesional de un edificio o del casco y cuadernas de un barco de madera.
     
    Y un día, hace unos treinta años, –como quien no quiere la cosa–, alguien decidió y se le aceptó por agencias de protección del consumidor, reguladores, supervisores y bancos centrales que ese trabajo lo iban a pagar el Generador del Activo financiero, el distribuidor del producto o el revendedor del Bien.
    Un bien destinado a ser “vendido” e integrado inevitablemente en el pequeño fondo de inversión o de pensiones de la ciudadanía debidamente aconsejada por el habitual coro de sabios y gestores bien pensantes y prestos a ayudar a quien creen que deben.
     Parece que va llegando la hora de dejar de distraernos con los instrumentos, –todos tienen más fallos de los que soñábamos–, y que es el momento de preguntarnos por la mano que mece la cuna.
     
    Saludos
     
    (1) http://www.nytimes.com/2002/08/02/opinion/dubya-s-double-dip.html?pagewanted=1
     

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