Legitimidad para aplicar los recortes necesarios

En abril del año 1977 España vivía también momentos convulsos. La segunda crisis energética había generado una situación económica crítica en nuestro país. El IPC crecía a tasas de doble dígito, rozando el 44% y el desempleo aumentaba sin parar hasta alcanzar la entonces cifra récord de 900.000 personas, la enorme mayoría de los cuales no cobraba subsidio de desempleo. Adolfo Suárez, en su recién constituido gobierno, había nombrado ministro de Economía a Enrique Fuentes Quintana. A los pocos días de su nombramiento, Fuentes Quintana pronunció un discurso de 16 minutos ante las cámaras de TVE. Es posible que muchos de los lectores de este blog ya hayan visto alguna vez el video de su intervención, pero volverlo a ver, nunca defrauda. Las gafas de pasta negra, la entonación que recuerda los documentales del “nodo”, y la puesta en escena que nos retrotrae a épocas que nos parecen muy lejanas, no desmerecen un discurso que atrajo la atención de millones de personas ante el televisor, personas que escucharon, y muchas entendieron, por qué España atravesaba una situación crítica, y por qué había que actuar sobre ella.

Si traigo a colación este discurso, no es tanto por recordar las recetas económicas aplicadas, que se fraguaron en los Pactos de la Moncloa firmados pocos meses después, sino por reflexionar un poco sobre las diferentes formas de afrontar una crisis, desde el poder político.

Probablemente la situación económica del 77 nada tiene que ver con la que ahora afronta España en el 2011, y que brillantemente se describió hace pocos días en este post. No puedo afirmar que el ministro Fuentes Quintana diera aquél día en su intervención televisada una lección de economía, pero lo que sí puede afirmarse es que dio toda una lección de lo que se requiere en política para poder afrontar situaciones complejas: legitimidad. Fuentes Quintana explica en su intervención cuál era la situación, reconoce la realidad y solicita el apoyo de todos para salir adelante, y, lo que es quizás más importante garantiza a los ciudadanos que explicará con transparencia la verdad de la situación. El discurso llama al sentido común, al esfuerzo, al sacrificio, pero sobre todo destaca la conexión honesta desde la política con la sociedad. En un momento del discurso Fuentes Quintana pronuncia esta frase: “que la información del Gobierno sea la misma que la que recibe el ciudadano. Para que cada uno forme su juicio personal y defina libremente su actitud y conducta. Ustedes comprenden estos problemas sin necesidad de que yo venga aquí a decírselo porque la economía es cuestión de experiencia y sentido común y ustedes poseen ambas cosas en abundancia”, que puede servir de muestra del tono de su discurso.

Es algo deprimente contrastar esta actitud con la que ha presidido la política española en los últimos años, y la que continúa en nuestros días. Políticos que niegan lo evidente, y que procuran solo decir aquello que a la gente le gusta oír. Políticos que nunca se enfrentan a los ciudadanos para contar la verdad y con ello explicar las decisiones que tendrán que tomar. Políticos que prometen lo que no podrán cumplir, políticos que se empeñan en tratar a los ciudadanos, no estoy seguro si como niños o como ignorantes. Yo tengo la convicción de que la época de estos políticos ya ha pasado.

Parece que todos nos vamos resignando a asumir que se avecinan importantes recortes en los servicios básicos de educación, sanidad y políticas sociales que se han construido en las dos últimas décadas. Las promesas de que la crisis se superará sin recortes en estos servicios suenan ya poco creíbles. Pero si algo debería aprender la clase política es que para tomar determinadas decisiones, y que los ciudadanos puedan asumirlas y entenderlas, aunque sea con resignación, hay que hacer acopio de algo que hoy escasea en la clase política: legitimidad.

Como explicamos en este post publicado tras las elecciones autonómicas del 22 de Mayo, antes de abordar los recortes en los servicios esenciales, es necesario eliminar los gastos prescindibles. Y no nos referimos únicamente a reducir los gastos corrientes, sino a suprimir los muchos organismos, entidades y florituras creadas en el fervor de la bonanza, especialmente autonómica. Para la gente resulta difícil asimilar que se cierren consultorios de salud, mientras se mantienen abiertas embajadas autonómicas en el extranjero, se siguen inyectando subvenciones en los canales autonómicos, o se mantienen abiertos aeropuertos ruinosos (Girona, Lleida, Castellón, Ciudad Real,…) sumideros de recursos y bonito epitafio de una época de despilfarro y despropósito en el gasto público.

La legitimidad se consigue primero adoptando las medidas que afectan a los servicios perfectamente prescindibles, y después explicando con rigor y sinceridad las que afectan a los servicios esenciales.

Un caso particularmente interesante de la situación que se vive cuando los recortes no se abordan desde la legitimidad puede encontrarse en lo que está sucediendo en la educación en la Comunidad de Madrid en estas semanas. Por hacer corta la explicación para aquellos que no estén siguiendo el tema, la Comunidad ha adoptado una medida, que básicamente consiste en incrementar las horas que imparten los profesores de las 18 actuales a 20, con lo que se conseguirán importantes ahorros, al reducir el número de profesores interinos que se contratarán para el curso escolar 2011-2012. El debate iniciado promete un inicio de curso conflictivo, pero visto con tranquilidad (desde luego si no eres uno de los profesores interinos afectados), y sin entrar en el siempre difícil debate del impacto en la calidad de la enseñanza, parece una medida muy razonable, teniendo en cuenta que lo que recoge la ley como límite legal para las horas que imparte un profesor son 21, y que debe afrontarse un período en el que simplemente no hay dinero para financiar los servicios en la forma como se venía haciendo y debe optarse, bien por subir los impuestos, o bien por recortar los gastos, y con ellos los servicios.

Lo difícil es adoptar esta medida, que afecta a un servicio básico, sin la necesaria transparencia, sin una explicación honesta y clara a los ciudadanos, y sin antes haber hecho los necesarios deberes que incluyen la supresión de los muchos gastos prescindibles que se mantienen en la Comunidad de Madrid. Gastos que van mucho más allá de la reducción de altos cargos y gastos corrientes, gastos como son los de la Televisión autonómica, el Consejo Económico y Social, la Agencia de Protección de Datos, el Consejo Consultivo, el defensor del menor, el Tribunal de defensa de la competencia, etc., ….

Quizás cuando veamos a un gobierno autonómico echar el cierre a una televisión autonómica, a un aeropuerto que casi no tiene pasajeros, o a un Consejo consultivo lleno de amigos, y veamos a sus políticos dirigirse a sus ciudadanos en un lenguaje de personas adultas, contando la verdad de la situación y las acciones que deben tomarse, podremos empezar a valorar de una forma distinta las medidas que se tomen que afecten a los servicios. Legitimidad es la palabra que los políticos deberían buscar en el diccionario antes de adoptar medidas que aunque todos podemos intuir que habrá que tomar, al menos querríamos que se nos expliquen como ciudadanos adultos.

8 comentarios
  1. Elisadelanuez
    Elisadelanuez Dice:

    Me parece que el post es muy acertado cuando señala que uno de los problemas basicos es la falta de legitimidad de los gobernantes para hacer recortes que en el mejor de los casos no se entienden porque, por ejemplo, no se explica que hemos conseguido reducir la jornada laboral o ser tan permisivos con las bajas o directamente con el absentismo de muchos funcionarios y trabajadores publicos que en muchos ambitos de los servicios publicos hay que acudir continuamente a personal sustituto o interino. Y eso cuesta dinero. Cualquuera que trabaje o tenga contacto con servicios como la enseñanza, la sanidad o la administracion de justicia, todos ellos basicos y muy intensivos en personal, sabe de lo que estoy hablando.

    • Luisa
      Luisa Dice:

      Dada la candente situación de la educación pública madrileña, leo en estos días, todo lo relacionado con ella. Esta vez, en concreto, relacionado con el absentismo laboral que refleja en su post, quería decirle, que debería considerarse personal de riesgo al profesorado, que es lo que conozco. Supongo que en las profesiones con un intenso trato con el público eso ocurre. Entre usted a diario en aulas con niños y/o adolescentes varias horas al día, a lo largo de un curso: o tiene una salud de hierro, o aún vacunándose, será raro que no pille usted nada en el curso. También tenemos hijos que llevar al médico, generalmente por la misma razón que acabo de exponer, y tenemos que hacerlo alternándonos con alguien en los años de escolarización, para que no resulte gravosa nuestra ausencia. También hemos tenido, si nuestra economía no lo permitía, que enviar a nuestros hijos medicados al cole, y, cuando no habia más remedio, faltar un par de días hasta la recuperación de la salud. Un docente a medio gas es bastante difícil que rinda medianamente bien y que lleve la clase con un mínimo de eficacia. Si no lo cree, pida que le dejen hacer una prueba en un cole o un IES, comenzará a empatizar con los docentes, a los que se les reprocha, más que absentismo, sus laaaargas vacaciones.

  2. Fernando R. Prieto
    Fernando R. Prieto Dice:

    De nuevo Juan Luis apunta certeramente carencias esenciales de nuestros dirigentes que están en la base de nuestra particular crisis. Hay que recordar que, por ejemplo, un estadista de verdad como Churchill lideró a su país con éxito en una etapa dificilísima confesando a los británicos que sólo podía prometerles sangre, sudor y lágrimas. Ellos lo comprendieron.  Comparen ustedes con lo que nos toca, y comparen también los resultados.

  3. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Buena reflexión que probablemente no tendrá el efecto que desearíamos dado que una cosa es influenciar la opinión –importante, sin duda– y otra tener capacidad de hacer y de resolver antes de que te lo hagan a tí en contra de tus intereses.

    En estos momentos asistimos a miles de pequeñas iniciativas impositivas de los nuevos ayuntamientos que van a agravar la situación económica general con un trasvase de recursos importantísimo desde la ciudadanía a las arcas municipales.
    Y todos asistimos a ello impotentes y frustrados. Tengo –tenemos– IBIs que han subido el 80% en tres años y tasas novedosas que surgen como hongos en una razzia veraniega como las de los mejores veranos de las correrías taifeñas de nuestra historia. 
    Del mismo modo, tras casi cuatro años del “no hay crisis”, seguimos sin un diagnóstico fiable, mínimamente cierto.

    Pero no nos preocupemos.
    Esta tarde pasé la siesta ojeando un breve trabajo del profesor Terreros sobre diversas interpretaciones de la crisis del 1929 y el fenecido Gold Standard.
    No se sorprendan: dice que es muy pronto para que emerja el consenso. Todavía no hay acuerdo y eso que el estudio de Terreros incluye a todos, desde Fisher y Strong hasta Friedman y Bernanke pasando por Cristina Romer. 

    Por lo tanto no nos debemos preocupar si hoy seguimos dando palos de ciego como los de Berlusconi en Italia aplaudidos por lo “decisive”.
    Estoy comenzando a pensar que añorar a Churchill o a Fuentes Quintana es lógico. Pero todo apunta a que no van a venir si no vamos nosotros con algo más que nuestros escritos.
    Vamos a tener que hacer algo más.
    Me temo.

    Un saludo cordial.

  4. Juan Luis Redondo
    Juan Luis Redondo Dice:

    No es muy alentador lo que comentas Manu, pero sin duda no te falta razón. No parece que las decisiones políticas vayan encaminadas a racionalizar la estructura administrativa, y parece que antes veremos recortes en servicios esenciales y subidas de impuestos. Claramente no será suficiente con escribir sobre ello …
    Y sobre los economistas, si siempre se les dio mejor “predecir” el pasado que el futuro, lo que cuentas explica muy bien por qué ahora mismo están tan perdidos con el futuro …
     

  5. José
    José Dice:

    No cabe duda que no solo la legitimidad sino que la aplicación sensata y prudente del sentido común benefician la buena dirección gubernativa. Pero ello requiere capacidad y preparación y sobre todo la responsabilidad del servidor publico como depositario de la confianza y desarrollo futuro del país, cosa que en la política nacional parece escasear de forma cada vez mas alarmante.

  6. Paz Soler
    Paz Soler Dice:

    Estoy de acuerdo en que hay que recortar en gastos superfluos. Lo que ocurre es que los políticos que gobiernan la Comunidad de Madrid entienden como gastos superfluos recortar en profesores. He oído hasta la saciedad que para cambiar el modelo productivo hay que invertir en educación. Trabajar más para los profesores no es un problema si con ello atendemos mejor a nuestros alumnos. Las famosas 18 horas son de docencia directa, no es el horario completo de un profesor. Nuestro horario son más de 37,5 horas semanales y en ese horario se contemplan guardias, atención a padres, preparación de clases, corrección de exámenes, evaluaciones y un largo etc. La Comunidad de Madrid con esa medida está desatendiendo la diversidad puesto que habrá menos profesores para atender más alumnos. A mí no me parece una medida  razonable porque atender a un alumno no es trabajar con un objeto, se necesita tiempo y dedicación. Muchos profesores hemos trabajado 20 horas de docencia directa con el alumno y eso no ha servido para reducir la plantilla de un centro (recuerdo que los institutos de Madrid van a perder una media de 10 profesores), al contrario, cuantos más profesores mejor atención. Las medidas de la Comunidad de Madrid son un ERE encubierto. Yo no tengo problema en trabajar más pero no quiero que se despida a 3000 profesionales. Los resultados de los recortes lo sufrirán las familias y los alumnos porque no habrá desdobles, ni ninguna media de atención a la diversidad porque los profesionales de la educación no tendrán tiempo material para llevarlos a cabo. ¿Es eso invertir en un nuevo modelo productivo?

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