La insufrible sed de (falsa) justicia

Tratemos de ser justos. Y lo primero de todo para ello será que actuemos guiados por la razón. Porque no hay justicia si no es bajo la perspectiva de la racionalidad, y si me apuran, de la frialdad que la razón comporta, que es requisito imprescindible para que la razón pueda estar alejada de la mente calenturienta y de los sentimientos del corazón que tan nefastas consecuencias suelen deparar en el ámbito de la justicia cuando se actúa guiados exclusivamente por ellos.  No cabe otra, pues si así no fuere, lo que habrá en todo caso será venganza, linchamiento moral o físico y condena sin derecho a la defensa legítima, es decir, pura y dura injusticia. Es uno de los pilares del Derecho, que no puede ser tal en cuanto a legitimidad de origen si no está fundamentado, entre otros,  en la presunción de inocencia de cualquier ser humano por el simple hecho de serlo. Así que denostemos a los justicieros y condenémosles sin juicio previo al ostracismo marginal que sociológicamente se merecen en una sociedad democrática, pero también, exijamos que estos presuntos desalmados sean juzgados por jueces independientes que, actuando con la razón y la justicia, pongan de una vez de manifiesto que la honorabilidad de las personas acusadas merece el máximo respeto,  sobre todo, por parte del Poder encargado de garantizar el cumplimiento de las leyes y de los principios en los que estas se fundamentan.

Está muy extendida hoy en España la opinión de que nuestros políticos son, en general,  aparte de unos mediocres oportunistas, unos auténticos delincuentes en potencia. Es una opinión muy peligrosa para el funcionamiento del sistema de convivencia que libremente nos hemos dado. Y lo es por dos razones fundamentales: de un lado, porque siendo esa la opinión dominante, las personas honradas y con aptitudes para representarnos en las instituciones se abstienen de hacerlo ante el fundado temor de ser tildados no ya de oportunistas, sino de auténticos corruptos en potencia. El riesgo que supone para una persona honrada ser judicialmente calificada como imputada ante la denuncia presentada por cualquier grupo o sujeto indignado, no compensa en absoluto con que la misma dedique su tiempo a la actividad política. De otro lado, porque es de tal intensidad la desprotección social y legal en la que se halla el responsable público, que ante la disyuntiva de verse vilipendiado, atacado, insultado y condenado sin juicio previo y de manera pública  por algunos medios de comunicación, es lógico que se decida por dejar los asuntos públicos en manos de auténticos valientes o de oportunistas del tres al cuarto a los que les resulta indiferente el cuestionamiento de su propia honorabilidad. Se establece de esta forma un círculo vicioso que lleva directamente no al desprestigio de los que acusan bajo el simple presupuesto de la sospecha, sino al desprestigio de la Política y de los políticos en su conjunto. Es un mecanismo infalible: cuando el acusador conecta –y es realmente fácil hacerlo- con el ánimo justiciero de la masa a la que previamente se le ha alimentado de manera conveniente,  lo de menos será la búsqueda de la verdad, pues lo que se impondrá  será la acusación sin pruebas, la presuposición de la actuación deshonesta, el rumor malintencionado, la desconfianza y la mala fe, y todo ello con la consecuencia consiguiente  del deterioro de la convivencia.

Por supuesto que algunos políticos contribuyen de manera fehaciente al desprestigio de la Política, y que la falta contundente de reacción frente a los mismos por parte de los partidos en los que estos se encuadran,  así como la ausencia de respuestas judiciales que se eternizan en el tiempo a la hora de establecer la verdad, es causa de desasosiego y desmoralización para la mayoría de políticos y ciudadanos que actúan seriamente como tales. Pero la exigencia redoblada de comportamientos éticos a los políticos,  no puede servir a su vez de pretexto para consentir que los mismos puedan ser objeto de acusaciones generalizadas sin fundamento alguno que pongan en cuestión de manera permanente el debido respeto a la presunción de inocencia y a la honorabilidad de las personas. Cuando esto último es lo que prevalece socialmente, nuestra innata sed de justicia no se verá en absoluto colmada, pues lo que se extenderá, irremediablemente, será el reino de la más insufrible injusticia.

 

9 comentarios
  1. Luis
    Luis Dice:

    Muchas veces los intelectuales españoles han sido excesivamente críticos con nuestras sucesivas democracias: Baste recordar durante la Segunda República la actitud de algunos de ellos.

    Está bien la crítica, pero no lo derribemos todo.

    Como dice el refrán, a veces lo mejor es enemigo de lo bueno.

  2. Juan
    Juan Dice:

    Sin duda pasarse en la crítica puede poner en riesgo el sistema democrático, pero lo cierto es que llevamos demasiados años de complacencia ante el deterioro de nuestras instituciones y de nuestra clase política.

    Demasiados años en los que ante cualquier abuso, corrupción, o escándalo, la respuesta siempre ha sido, que “no se debe generalizar”, que “son sólo unas pocas manzanas podridas”, que la “mayoría del sistema está limpio”. Yo ya no lo creo. Y desde luego no creo que vaya a mejorar por sí solo sin cambiar nada. La espiral donde a la política solo se arriman los oportunistas ya es difícil que se pare si no ponemos algo más de nuestra parte. Y no creo que lo que tengamos que poner sea la creencia en la bondad de la mayoría de la clase política.

    Creo que iniciativas como las que abundan en los países anglosajones ligadas al gobierno abierto, a la transparencia, y a la necesidad de que los poderes públicos y los cargos públicos rindan cuentas de sus actos ante los ciudadanos de forma frecuente, clara, accesible, y obligatoria, es mucho más efectiva. Y da muchas más oportunidades a los políticos honestos frente a los corruptos y oportunistas de salir adelante.

    Creo que la etapa del “buenismo” ya ha pasado, y creo que esa “justicia” que propone el autor nos suena demasiado utópica y lejana para poder solucionar los problemas que este país tiene que afrontar, y por tanto compartiendo los riesgos que expone el autor del post, no puedo compartir el fondo. Claro que hace falta hacer algo. La podredumbre en este país está muy extendida, no es algo puntual, y para un político honesto no es nada sencillo salir adelante, independientemente ya de lo que pueda pensar la gente. Algo hay que cambiar ya en esta dinámica.

    • Luis
      Luis Dice:

      No creo que los paises anglosajones sean ejemplo de transparencia.

      Lo que ocurre es que allí el tema es mucho más sofisticado y en otras magnitudes económicas. Desde luego no es la corrupción de los veinte pesos del policía mejicano.

      En Estados Unidos ha habido corrupción, pero a lo grande. Las empresas auditoras, desde el caso Enron; las entidades de crédito con las hipotecas subprime, Madoff y Lheman, y ahoras también bajo investigación las empresas de rating; las empresas farmaceúticas y las epidemias recurrentes;

      En El Reino Unido, la cosa está parecida. Las entidades de crédito, mejor no estudiarlas.

      Fuera de los paises anglosajones, también tenemos un buen muestrario.

      En Francia, con Mitterand, Giscard y Chirac, éste como alcalde de París. Tuvieron que dictar una Ley de “amnistía”

      En Italia. ¡Qué vamos a decir del amigo Berlusconi! Aquí además con niñas.

      En Rusia…

      Quizás los más serios sean los alemanes. Pero, es posible que Angela Merkel se esté pasando con el rigor germano.

      En fin, un bonito panorama.
       

  3. veedor
    veedor Dice:

    Como artículo laudatorio del buen nombre del político no está mal, lo que sucede es que si lo contrasto con la realidad diaria queda más en evidencia.
    Siguiendo el dicho popular “en todos los sitios cuecen habas”, me niego por principio a admitir que en España haya, o los españoles seamos, más corruptos y menos diligentes que en otro país o nacionalidad, creo que la gran diferencia no está en el talante del político (el poder corrompe y el absoluto absolutamente) sino en las consecuencias que conlleva la infracción.
    Vemos que en otros países por mucho menos de sucesos que acaecen en España, se dimite o se inician investigaciones objetivas en busca de la verdad material, ¿podemos decir lo mismo de España?, la coletilla preferida es “y tú más” y con tal argumentación se termina el asunto.
    La esperanza es lo último que se pierde, pero me gustaría ver a esos políticos tan ofendidos de ser tildados de arribistas hacer algo más que vivir acuerpo de rey; en eso quiero confiar

  4. Curro Arriola
    Curro Arriola Dice:

    ¿Alguien conoce estadísticas -fiables a ser posible- de lo que pasa en China? ¿La corrupción campa a sus anchas como en Occidente, o es cosa rara?
    Tendría gracia que los únicos con poquita corrupción fueran precisamente los comunistas.
    Esos que aplican el sistema de la bala en la nuca para político al que pillan robando.
    ¿Será tan triste como que la única forma de asegurar la honradez de los políticos sea esa?
    Por favor, decidme que estoy equivocado…

  5. Elisadelanuez
    Elisadelanuez Dice:

    Coincido con Juan totalmente, aunque evidentemente la bajisima calidad de la clase politica, a mi juicio por debajo de la media de los profesionales españoles, no sea un problema privativo de España sino de todaz o la mayoria de las democraciaa, al menos de las mas cercanaa. Y claro que la corrupciom se da en todaa partea, pero creo que lo interesante no es esto, sino como se reacciona ante ella. Y aqui si que creo que tenemos mucho que aprender, y especialmente de los paises anglosajones donde hay consecuenciaa y graves. Aqui es que se reelige a los corruptos, ya me contaran que incentivos tienen los politicos o, en general, cualquiera para no caer en la tentaciom. Y hablo de casos como el de la CAM y la generalitat de Valencia, cuyo funcionamiento recuerda a un chiringuito montado entre 4 listos con la connivencia de los politicos y a la que hemos rescatado con nuestro dinero. Ya veremos si alguien responde por esto, tiene pinta de que no. .
    curro, ni idea de lo que pasa en China respecto a la corrupcion, pero seguro que en Nada es gratis te pueden iluatrar y recomendar lecturas.

    • Luis
      Luis Dice:

      No sé si la verdadera corrupción en España es la que denuncia o la que se produce entre algún banquero que tenía unos ahorrillos del abuelo en el extranjero, que además pagaba los cursos de un juez en USA; o los de otros importantes que han logrado que la principal empresa energética española haya pasado a manos italianas, dejando frondosas semillas en el camino; o la de otro dedicado al deporte que ha perdido, según el diario electrónico elconfidencial. com, 2.000 millones de euros, en su asalto a la otra empresa energética española,  y que solo puede salirse del lío mediante su venta a una empresa francesa. Todo esto, evidentemente es pura ficción y cualquier coincidencia con la realidad es pura casualidad (por si acaso).

      Quizá lo que usted dice, siendo grave, no sea más que un señuelo de distracción, por lo que no debemos dejarnos engañar.  

    • Luis
      Luis Dice:

      Perdone. Se me había olvidado decirle que la principal máquina de blanqueo de Capitales se encuentra en Las Vegas (Nevada), ciudad creada por los mafiosos para blanquear todo su dinerito. Construyeron TODA una ciudad en la mitad de un desierto. Pero eso sí, las autoridades norteamericanas no sabían de donde provenía el dinero. Todo con sus sellos, permisos y licencias-

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