El Estado sin territorio: el nuevo libro de Francisco Sosa Wagner y Mercedes Fuertes

En esta situación de zozobra en que nos encontramos, da la impresión de que de nuevo la clase política parece querer ocultarse a la opinión pública la gravedad de los diagnósticos que permitirían afrontar verdaderas soluciones. En relación con el del problema de la inviabilidad de nuestra organización territorial, tan solo ha surgido la cuestión de las Diputaciones, que ya ha tratado Elisa de la Nuez aquí, sin plantearse el ir en serio a la raíz. Por eso, en esta ceremonia de la confusión, tenemos que agradecer las reflexiones que encontramos en el nuevo libro del profesor Francisco Sosa Wagner, escrito en colaboración con Mercedes Fuertes, “El Estado Sin Territorio, cuatro relatos de la España autonómica”, publicado por Marcial Pons este mismo año.
En un primer capítulo, llamado “nuevo feudalismo e improvisación”, los autores nos ofrecen unas reflexiones generales que nos aparecen como plenamente justificadas cuando, a continuación, nos exponen en forma de relatos, cuatro ejemplos salidos de polémicas cotidianas que desde hace tiempo están en los titulares de los medios informativos: el problema del almacenamiento de los residuos nucleares (el relato del cementerio), el de la instalación de redes de alta tensión (el relato de la luz), el de los espacios naturales protegidos, que como consecuencia otra desgraciada jurisprudencia del Tribunal Constitucional han pasado a las Comunidades Autónomas aun cuando se extiendan sobre varias de éstas (el relato de los bosques), y el de la gestión de los ríos (el relato del agua). No cabe duda de que cada una de esas cuestiones daría para varios posts.
La gravedad de lo expuesto a lo largo del libro no es sin embargo obstáculo para que, como en otros relatos de Sosa Wagner, el humor tenga su debida cabida. De hecho, el sarcasmo inteligente que, a partir de situaciones realmente esperpénticas, sazona toda la obra no sólo hace de ella una lectura amena y divertida, propia incluso para las vacaciones de quien aún pueda disfrutarlas, sino que incluso nos ayuda a desentrañar claves esenciales de los problemas que se exponen.
Para los autores, la nobleza feudal parece haberse reencarnado en la clase política autonómica y municipal actual, embarcada “en un proceso de apartamiento particularista e insolidario de la estructura común del estado”. Y frente a ello el Estado parece abocado a una situación de parálisis que le incapacita para un cumplimiento efectivo de sus funciones. Los autores señalan varios factores, alguno de los cuales puedo aquí apuntar con el deseo de incitar la debida curiosidad de los lectores potenciales.
La distribución de constitucional de competencias entre el Estado y las Comunidades Autónomas es extremadamente defectuosa. No se siguió el modelo de los Estados federales, con una lista federal de competencias correspondiendo el resto a los estados miembros. Ni tampoco el sistema de los Estados regionalistas, con una lista de competencias regionales y entendiéndose las restantes como propias del Estado. Se prefirió un sistema tan original como complejo, “con competencias exclusivas del Estado y de las Comunidades, competencias compartidas, con unas “bases” que en teoría corresponden al Estado pero que nadie sabe ni hasta dónde llegan ni quién es el encargado de formularlas, y a un concepto de “ejecución” al que damos vueltas y más vueltas”.
Como ni los ulteriores desarrollos estatutarios ni la jurisprudencia constitucional (en especial la Sentencia 31/2010 sobre el Estatuto de Cataluña) han contribuido a la claridad, nos encontramos con un “embrollo que ha conducido a situaciones extravagantes”. Como ejemplo, el del pretendido Sistema Nacional de Salud, que tiende a configurarse como un sistema desarticulado y de creciente heterogeneidad, en evolución hacia diecisiete sistemas sanitarios, y que incluso está “haciendo nacer una nueva modalidad de turismo para obtener una determinada prestación”.
Además, permitir que a partir de 2004 cada Comunidad Autónoma procediera a aquellas modificaciones de su texto estatutario que considerara pertinentes “sin existir un acuerdo previo de conjunto acerca de cuestiones fundamentales como las competencias, la financiación, las relaciones institucionales etc., es algo peor que una imprudencia: es un desatino que carece de parentesco alguno con los modelos descentralizadores conocidos”. “Pero es que además, y como guinda del despropósito, este irreflexivo proceso de reforma de los Estatutos se puso en marcha sin preguntarse previamente nadie qué estaba funcionando bien y qué mal en nuestros servicios públicos, dando por buenas siempre las pretensiones de los gobernantes regionales…”. Y ello a pesar de las serias señales que desde instancias foráneas se vienen recibiendo sobre el deterioro de muchos de esos servicios descentralizados. “Los informes PISA sobre nuestra realidad educativa descentralizada son demoledores; por su parte, nuestras Universidades, tan autónomas y democráticas, ni por casualidad aparecen en lugares destacados cuando de su valoración mundial se trata. Y hasta el Parlamento europeo ha atizado una buena resplandina a las autoridades urbanísticas españolas poniendo en cuestión el modelo sobre el que se asientael desarrollo de ciudades y costas, todo él descentralizado…”
Los autores se hacen una pregunta esencial: “la época que estamos viviendo ¿cuenta de verdad con un modelo de gestión pública? ¿O simplemente se va haciendo esto o aquello en función de la coyuntura o de las vigilias propiciadas por los votos en tal o cual ocasión parlamentaria?”… “De momento lo que tenemos es el navío averiado de una Administración ineficaz y cara, de un Estado cada vez más inerme, rebajado al deslucido papel de coordinador de territorios que ganan músculo, fuerza y potencia. Un Estado fragmentado y esqueletizado” lo que se agrava “por el hecho de que la misma fragmentación que afecta al Estado se advierte claramente ya en los partidos políticos… que gobiernan España”.
Buena prueba de lo certero del diagnóstico han sido los efectos demoledores de la crisis, que deberían servir para meditar acerca del tipo de Estado que estamos construyendo. “¿No es suficientemente serio el deterioro económico y el despilfarro como para extraer alguna conclusión apta para revisar viejos postulados? Pues no ha sido así; antes al contrario, nos hemos empeñado en continuar avanzando por la senda de la descentralización… fervorosos de este nuevo dogma teológico que surge en este tiempo sin dogmas”.
En cada uno de los relatos se nos ponen los pelos de punta al descubrir cómo en ese ecosistema se comportan gran parte de nuestros responsables políticos. Su frivolidad e irresponsabilidad, su incapacidad para tomar decisiones, por necesarias que sean, cuando puede tener un coste de opinión pública, la subordinación de cualquier política efectiva y resolutiva a cuestiones casi cosméticas de imagen, y a devociones particularistas. Y todo ello, mucho nos tememos, desde hace tiempo no ha hecho sino ir a más.
Concluyo transcribiendo otra reflexión de calado de los autores que no puede dejarnos indiferente. “A todo ciudadano consciente deberían preocuparle las patologías de la res pública aun sabiendo que extirparlas no es tarea fácil, pues se cuenta con obstáculos poderosos: de un lado, la animadversión de una buena parte de la clase política que, por ser muy conservadora, rechaza hablar de enfermedades y de medicinas; de otro, la indiferencia de una población que se limita a contemplar el tiovivo –entre carnavalesco y religioso- de los procesos electorales y a descalificar sin matices a sus protagonistas”.
De nuevo, muchas gracias a los autores.
FRP.
PD: Con motivo de la reciente reforma constitucional, que se ha comentado en extenso en este blog, los nacionalistas han puesto el grito en el cielo y, en concreto, CiU acusa a los partidos mayoritarios de quebrar el consenso constitucional. Un consenso que, obviamente, sin que se les pueda ello reprochar, siempre han interpretado a su favor.
No me voy a detener aquí, ya lo ha hecho gran parte de la prensa escrita, en apuntar las veces que los nacionalistas han atentado de verdad contra la Constitución. La cual, por otra parte, tampoco debe ser considerada sagrada e intocable, como si fuera la verdad revelada.
Como bien os ha explicado Elisa aquí, en realidad la reforma en sí tampoco es tan importante: pocas nueces. Lo realmente importante es que, por primera vez, los partidos mayoritarios se han puesto de acuerdo para una reforma, sin dejarse amilanar por las amenazas de nuestros particulares particularistas. Y lo que de verdad temen estos es que ese acuerdo, tan necesario como escaso hasta ahora, pueda extenderse a otras reformas que sí son de verdad necesarias, como las dirigidas a construir un orden territorial más racional y eficaz.
Como los autores nos dicen respecto a los procesos de reforma estatutaria, en España se ha vivido “en la peligrosa inopia de considerar a nuestro país como un país integrado, armónico, en el que las partes que lo conforman creen en el todo que las aglutina. Desgraciadamente, éste no es el caso”. De haber confiado a esas fuerzas disgregadoras la estabilidad de políticas y gobiernos ante la incapacidad de las dos fuerzas absolutamente mayoritarias de establecer consensos básicos entre ellas, son éstas las mayores responsables. Y la consecuencia de la sobredimensionada fuerza de arrastre de aquéllas explica una parte importante de los problemas que nos cuentan los autores. Yo quiero tener esperanzas de que el temor de los nacionalistas no sea infundado, y los acuerdos entre las fuerzas políticas que creen en el Estado vayan a continuar.

8 comentarios
  1. IÑIGO ROMERO DE BUSTILLO
    IÑIGO ROMERO DE BUSTILLO Dice:

    Desde luego el  libro de F.Sosa Wagner y de M.Fuentes es contundente: Lo que tenemos hoy como “Estado”(no hablo  ni siquiera de “España”) es un auténtico disparate donde los haya y por el bien de todos los que  habitamos en esta parte de  la península,incluidos los nacionalistas, se impone una Pacto Constitucional Integral que nos lleve a un II Estado democrático – federal o no  y con derecho de autodeterminación o no – pero un Estado “real” que funcione en todos sus ámbitos.- Esto no hay quién lo entienda y desde luego puede que si no se coge ahora el toro por los cuernos será  demasiado tarde cuando se intente.- Los defectos del I Estado nacido de la Constitucion de 1978 nacen  en raíz: no haber enfrentado con valentía y decisión los nacionalismos y haberlos intentado diluir en un “café para todos”,una gangrena constante y corrosiva que está convirtiendo a nuestra vieja Patria en un ente deformado y humillado y a sus propios ciudadanos también,crisis ecónomica aparte.-

  2. Elisadelanuez
    Elisadelanuez Dice:

    Interesante post y muy recomendable lectura para conocer de primera mano en que tipo de Estado en descomposicion vivimos. No me extraña que los acreedores se asusten, y ya no te digo nada como se traduzca el libro al ingles o al aleman…no lo quiero ni pensar, Claro que el desorden, el capricho, los intereses de las castas locales cuan:do no la pura y simpke improvisacion es una manera muy española de organizar un Estado, lo llamemos plural, cuasifederal, federal de segunda generacion, confederal o lo que se nos ocurra. El problema es que no funciona y no digamos ya en epocas de Prueben ustedes a explicar a un extranjero temas como el turismo sanitario interno, por poner un ejemplo cualquiera, y vean la cara que ponen.

  3. Javier Oñate
    Javier Oñate Dice:

    En mi opinión, aunque Sosa se acerca a la raíz del problema, no llega a ella. Me explico. No se trata de que España tenga una organización territorial disparatada, sino que esa organización es consecuencia del abandono de la idea de que España es una nación y como tal, el sujeto político preferente al que han de subordinarse todos los demás: “Madrid”, “Cataluña”, “País Vasco” y las “Provincias”. Aquí los elementos se consideran naciones igual que las partes y nadie asume la labor política de contrarestar el desatino.
    Quizás tenga razón nuestro compañero López Burniol, cuando aboga por la conseción del derecho de autodeterminación a las “naciones” para que así la pelota esté en su tejado y dejen de estar amenazando constantemente al resto. Opinión que no comparto en absoluto, por cierto.
    Mientras tanto asistimos al espectáculo de una Constitución reformable en 20 días frente a unos estatutos de ciertas CC.AA. que no se pueden tocar en una sola coma sin el referendum correspondiente en la Comunidad -y sólo en la Comunidad- afectada, sin que el resto de la nación pueda pronunciarse en ningún sentido.
    Es un círculo vicioso: La falta de una idea de nación, incluso el descrédito de esta mera idea siempre que sea referida a España “concepto discutido y discutible” pero no referido a cualquier otra entidad política genera inevitablemente tensiones disgregadoras y centrífugas y en consecuencia, el estado autonómico de que “disfrutamos”, en el que es más fácil estudiar o trabajar en el extranjero, aun fuera de la UE, que en otra C.A. de tu propio país. A su vez, las estructuras pseudofeudales de este estado inviable aceleran la tendencia sin fin y sin otro límite que el presupuestario, hasta ahora inexistente.
    Bienvenida sea, aunque lo haya sido mediante un procedimiento innoble, la introducción -insuficiente a todas luces- de mecanismos de estabilidad presupuestaria bajo supervisión del estado central, verdadero motivo de la oposición de los nacionalistas.
    Quizás la crisis sirva de aldabonazo para despertar la conciencia nacional dormida, si es que no está muerta, pero sin ella, no habrá nada que hacer.
     

  4. Javier Oñate
    Javier Oñate Dice:

    Fe de erratas:
    Quería decir que “quí los elementos se consideran naciones igual que el todo”

  5. Fernando Rodríguez Prieto
    Fernando Rodríguez Prieto Dice:

    Para Javier Oñate. Respecto a tu crítica, tengo que decir que los autores sí re refieren en cierto sentido a lo que apuntas, aunque no sea en tus términos. Se refieren con añoranza a “sistemas claros y que acogen sin melindres el principio según el cual las partes se subordinan al todo, tal el caso alemán”. Y aunque no se refieran directamente a la conciencia de nación, en alguna ocasión, como cuando hablan de un servicio público que debería ser vertebrador, como la educación, lamentan que esté en estado de fragmentación agravado por la cuestión lingüística.

    Efectivamente, como bien nos dice Juan José González en sus comentarios al post de Elisa, en los líderes nacionalistas y en gran parte de población de las regiones donde el nacionalismo es hegemónico, falta “concordia”, afectio societatis o voluntad de adhesión (con el imprescindible componente emocional) a un proyecto común compartido. Eso pesa como una losa a la hora de organizarnos, y es un problema que no sé si tiene solución. Por eso me disgusta cada vez menos la idea de animarles a decidirse por estar dentro o fuera. Pero no a estar dentro dificultando y amenazando, por rentable que hasta ahora les haya salido, a ellos y no a los demás, esa política.

  6. IÑIGO ROMERO DE BUSTILLO
    IÑIGO ROMERO DE BUSTILLO Dice:

    Está claro o por lo menos debe quedar claro que no soy un disgregador aunque reconozco muchos motivos – fundados e infundados-para los  nacionalistas.-Pero,a pesar de ello, “España” solo exige valentía y clarividencia en sus elementos:No hay que fijarse  en otros países porque los “padanos” siempre están…en el norte de … o en el sur ,da igual.-
    Quiero apuntalar y e intentar exponer,sin alegatos – en este foro – y desde mi creencia en el “Estado” y en “España” que es posible quitarnos de encima los complejos del separatismo y sus”cosas”,como en otras. Es posible una quietud con los nacionalistas inconformes más o menos dispuestos a ser “mirandianos” y “luego bolivarianos”.-Cuestión aparte la terrorista o violencia y exclusión social en la que el Estado -“real y efectivo “- debe actuar sin miedos ni dobleces.-  Y en todo caso siempre de acuerdo con La Unión Europea y la República  Francesa,al menos.-

  7. Curro Arriola
    Curro Arriola Dice:

    El cancer de las “nacionalidades” se introdujo muchísimo antes de la Constitución; en el llamado por el franquismo “contubernio de Munich”.
    Allí se acordó por dónde irían los tiros, una vez se muriese Franco.
    Luego en 1978 se USURPO la Soberanía Nacional para que unos Cortes NO constituyentes, unas Cortes ORDINARIAS, no elegidas por el pueblo para  hacer una Constitución nueva, osaran hacerla.
    Cierto que LUEGO se sometió a referendum. Pero es que a toro pasado el pueblo iba a votar SI en cualquier caso, faltaría más. Dijera lo que dijera la Constitución. Se salía del franquismo, que había eliminado toda conciencia política; se trataba de un pueblo acostumbrado a obedecer; y por si algo fallaba, ahí estaba el inmenso aparato del Movimiento, montón de burócratas a los que Suárez supo uitlizar convenientemente.
    ¿Cómo iba a ganar un “no”?
    Si en vez de eso se hubiese actuado democráticamente, con un proceso limpio de ejercicio de la Soberanía Nacional; si se hubieran convocado CORTES CONSTITUYENTES; si se le hubiese preguntado al pueblo ANTES cómo quería la Constitución; si los candidatos hubieran llevado en sus programas unos las CCAA y otros no… ¿estaríamos así?
    Las CCAA -de existir- tendrían competencias, probablemente, en las ferias de artesanía y en los coros y danzas de la Sección Femenina; y poco más.
    Como en el cáncer, o se extirpa el tumor, es decir, las CCAA, o la muerte del enefermo (España) es segura.
    Hay incluso medios LEGALES para erradicar las CCAA; la Constitución lo permite y todos lo sabemos.
    ¿Cuál sería el resultado del necesario Referendum? “¿Quiere Ud la supresión de las CCAA, SI o NO?”
    Antes o después, el problema se planteará con su inmensa gravedad. No es posible otra cosa. España seguirá o desaparecerá, y en algún momento habrá que elegir, nos guste o no ns guste.
    Ojalá que sea a través de los cauces legales. Sería muy interesante; porque históricamente -en España al menos- los cambios políticos de sustancia NUNCA han sido a través de los cauces legales preexistentes.

  8. Fernando R. Prieto
    Fernando R. Prieto Dice:

    Curro. Como otras veces he expuesto, no participo del extendido entusiasmo por nuestro texto constitucional, o al menos por esa tendencia a deificarla como si fuera Palabra revelada, y de paso congelar sus posibles reformas. Cuestiones que debieron haber sido resueltas en ese nivel, como la configuración territorial, sólo quedaron en la Constitución esbozadas. La evolución política posterior, la incapacidad de los dos grandes partidos para ponerse de acuerdo, dando así una sobredimensionada influencia a los partidos regionales, y el entusaiasmo infantil de una parte de la izquierda por todo lo que sonada a descentralización nos han llevado a donde estamos.
    Es verdad que las cosas hubieran podido evolucionar de otra manera, pero aquí es donde ahora estamos.
    También hay motivos para la esperanza. Es cierto que, como dices, una gran parte de la población en muchas regiones, al contemplar el actual espectáculo, está dejando atrás la simpatía autonomista que las élites políticas y mediáticas les inocularon. Y desde luego, el peso de la realidad y las presiones ejerercidas desde Europa no van a jugar en favor del mantenimiento (o profundización) del modelo presente. La necesidad de su racionalización se siente cada vez más. Incluso entre quienes disciplinadamente votaron en favor del nuevo Estatuto catalán no hace tanto.
    Pero todo puede y debe hacerse desde la Ley. Incluso desde la Ley suprema…

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