La Unión Europea: ¿el fracaso de un proyecto ilusionante?

Recién finalizada la 2ª Guerra Mundial, los políticos europeos con Jean Monnet y Robert Schuman a la cabeza decidieron que, para evitar nuevos enfrentamientos bélicos en un futuro, era necesario crear intereses económicos transfronterizos y organizaciones supranacionales que facilitasen el contacto entre los políticos, empresarios y ciudadanos de los distintos países europeos, en especial, Francia y Alemania.

En el año 1949 se constituyó el Consejo de Europa, organización sin capacidad resolutiva pero que serviría de foro de encuentro y discusión para los políticos europeos.

El paso siguiente se produjo en el año 1951 con la firma del Tratado de París, en el que se creaba la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) para facilitar el comercio de estas dos materias primas tan importantes en esos momentos en los que Europa se encontraba en fase de reconstrucción como consecuencia de la pasada guerra.

Se siguió avanzando en esa dirección y el 25 de marzo de 1957 se firmaba el Tratado de Roma mediante el cual se constituían dos nuevas organizaciones:

* La Comunidad Económica Europea (CEE)

* La Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM)

Este Tratado lo suscribieron seis países (Alemania, Francia, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo) y su objetivo era crear un Mercado Común en el que existiesen las cuatro libertades de circulación que caracteriza este tipo de mercados, es decir, personas, servicios, capitales y mercancías.

En estos cincuenta años transcurridos se han producido importantes crisis en el seno de CEE como, por ejemplo, la conocida bajo la denominación de “La silla vacía” que tuvo a las instituciones comunitarias paralizadas durante varios meses y que fue provocada por el veto del general De Gaulle a la entrada del Reino Unido en la CEE que no pudo resolverse hasta el año 1971 en el que el general se vio obligado a dimitir por los sucesos de “mayo del 68”.

La tesis defendida por De Gaulle era la “Europa de las patrias”, es decir, todos los países trabajarían juntos pero sin que las naciones perdiesen su identidad, que con el paso de los años es la que se ha impuesto.

La primera gran modificación del Tratado de Roma tiene lugar en el año 1986 con la aprobación del ACTA ÚNICA EUROPEA en la que se modifican diversos aspectos relacionados con el funcionamiento interno de las instituciones comunitarias y se marca el año 1992 como fecha para la implantación del “Mercado Interior”. Este cambio de denominación de Mercado Común por Mercado Interior se debe a un reconocimiento implícito del fracaso que había supuesto el intento anterior, pues de las cuatro libertades, antes mencionadas, solamente la correspondiente a las mercancías era la que funcionaba con relativa normalidad ya que las restantes presentaban serias restricciones para su aplicación en varios países.

La segunda revisión importante es el TRATADO DE MAASTRICHT que potencia las competencias del Parlamento Europeo; integra la CEE, la CECA y el EURATOM en la Unión Europea; decide la creación de la Unión Económica y Monetaria y, como en el caso anterior, para disimular el fracaso, acuerda cambiar la denominación CEE por la de Unión Europea.

La Unión Económica y Monetaria fue un rotundo fracaso por su forma de implantación. Cuando se acuerda crear una moneda única, el euro, que pueda competir con el dólar y el yen en los mercados internacionales, se establecen unos requisitos mínimos que deberían cumplir todos los países que pretendan integrarse en la zona euro. Entre ellos merecen destacarse, por su importancia, que el déficit público sea inferior al 3% del PIB y que el volumen de la deuda externa sea inferior al 60% del PIB. Los países aspirantes presentaron sus datos que fueron aceptados por las autoridades comunitarias sin realizar exámenes y auditorías detalladas sobre los mismos. Da la impresión de que existía un interés político para que entrase en funcionamiento rápidamente. Con el paso del tiempo y a la vista de lo sucedido, me permito afirmar que países como: Portugal, Grecia, Irlanda y probablemente España e Italia no cumplían con los requisitos exigidos; es más, en la actualidad, ningún país de la zona euro cumple esas condiciones lo que es una de las causas de la actual crisis económica que asola Europa. Otro de los graves errores en este punto fue no haber designado un Ministro de Finanzas europeo con competencias plenas en este campo y que llevase a cabo la armonización fiscal.

Posteriormente, se aprobaron el TRATADO DE AMSTERDAM (1997) y el TRATADO DE NIZA (2001) que, en mi opinión, vienen a complicar el funcionamiento interno de las instituciones, ralentizando todavía más el proceso legislativo comunitario.

Finalmente, se firmó el TRATADO DE LISBOA (2007) en el que se propone un nuevo texto constitucional mediante la inclusión de enmiendas en los Tratados fundacionales, lo que creo va a ser de difícil aplicación, ya que un texto similar fue rechazado por Francia y Holanda en 2004.

Todas estas modificaciones han intentado corregir los problemas existentes en la Unión Europea e incrementar su estructura burocrática.

¿En qué me baso para afirmar que la Unión Europea ha sido un fracaso? Pues sencillamente en los siguientes puntos:

1º.- En sus cincuenta años de existencia no se ha conseguido el objetivo inicial que era la implantación de un mercado común en el que las personas, los servicios, el capital y las mercancías circulasen libremente. Todos sabemos que solamente las mercancías gozan de este privilegio.

2º.- La Unión Económica y Monetaria fracasó debido a su planteamiento inicial erróneo; a la urgencia por su entrada en vigor; a la ausencia de seguimientos exhaustivos de la economía de estos países y a la falta de un Superministro de Finanzas.

3º.- Lamentablemente, y a pesar del tiempo transcurrido, se ha impuesto la tesis de la “Europa de las patrias” con los nacionalismos en pleno auge, lo que supone un serio revés al proceso de integración europea.

4º.- Se ha creado una burocracia mastodóntica que soportamos todos los europeos y que entorpece el funcionamiento de las instituciones. Para aprobar una Directiva o un Reglamento se necesita un plazo mínimo de quince meses, con lo que cuando la disposición legal entra en vigor, en muchos casos, ya ha quedado obsoleta.

5º.- Así como los Reglamentos son de aplicación directa a los Estados miembros, las Directivas deben ser transpuestas al derecho interno de esos países que cuando las consideran perjudiciales para sus intereses suelen demorarse varios años en su transposición, sin que les apliquen sanción alguna.

6º.- A fin de democratizar las instituciones se ha dotado al Parlamento de unos poderes y un número de parlamentarios excesivo con lo que la disputa política entorpece la toma de decisiones económicas que deben ser urgentes y eran la base de la Unión Europea.

7º.- Se ha efectuado una ampliación acelerada de la UE para la admisión de nuevos Estados sin haberse consolidado el funcionamiento interno de las instituciones. En un periodo de ocho años se ha pasado de 15 a 27 Estados miembros, lo que va a representar un serio problema.

8º.- Conscientes de la realidad y a la vista de los sucesivos fracasos, el Consejo ha ido modificando las denominaciones de una misma institución para “despistar” a los ciudadanos y hacerles ver que se trataba de una nueva iniciativa.

Mercado Común → Mercado Interior → Mercado Único

Comunidad Económica Europea → Comunidades Europeas → Unión Europea

9º.- Mi experiencia personal me permite afirmar que en las reuniones de los Grupos de Trabajo de la Comisión y en las preparatorias del Consejo los representantes de cada Estado, actúan como auténticos mercaderes, donde para hacer una concesión tienen que obtener una contrapartida. Como caso excepcional en los anales de la UE figura el del Sr. Rodríguez Zapatero que en la reunión del Consejo en la que se aprobó la supresión de fondos comunitarios para España a partir del 2013, mostró su sonrisa habitual y no pidió nada a cambio ante el asombro de sus colegas europeos.

Redactado el presente post se han producido dos hechos que por su importancia considero debo recogerlos para que el lector pueda tener una visión más completa de la situación.

Por un lado, la intervención de Ángela Merkel en el Bundestag en la que manifiesta el compromiso formal de Alemania para la resolución de los problemas, afirmando que la quiebra de Grecia supondría el fracaso de la Unión Europea y por tanto de Alemania a la que considera indisolublemente unida a Europa. Pide al resto de los Estados un compromiso legal, modificando sus textos constitucionales, si es necesario, para lograr el déficit cero en sus presupuestos e iniciar una armonización fiscal. Hasta ahora los países fuertes estaban actuando bajo la presión de sus grandes bancos que experimentarían enormes pérdidas si se produjese la quiebra de Grecia, Irlanda, Portugal y sobre todo de Italia y España, debido a elevado volumen de deuda pública que tienen adquirida, por lo que se adoptaban medidas coyunturales sin entrar en el fondo del problema para sanear la economía de la UE.

Este compromiso alemán puede representar el primer paso serio en la dirección correcta.

Por otro, la publicación de un Informe del banco suizo UBS que comienza afirmando:

“La actual estructura del euro nunca debiera haber existido ya que no funciona como se ha demostrado en los últimos acontecimientos”

Apuesta por la integración fiscal en la Unión Monetaria pues de no llevarse a cabo y producirse una ruptura, la factura a pagar sería brutal, tanto en los países periféricos que cuantifica en el 40-50% de su PIB, es decir, entre 9.500-11.500 euros/habitante, el primer año, como en los países fuertes que podría ser del 20-25% de su PIB, o sea, entre 6.000- 8.000 euros/habitante/año.

Pero todavía las consecuencias políticos-sociales serían más negativas, corriéndose el riesgo de la implantación de regímenes totalitarios como única alternativa válida para solucionar la grave situación económica que incidiría especialmente en los sectores más desfavorecidos.

El Informe concluye con una advertencia:

“¿Y si ocurre el escenario del desastre pese a su baja probabilidad? Las consecuencias serían nefastas en términos de crecimiento y de estabilidad política y social por lo que es aconsejable desprenderse de todos los activos en euros”.

Lo que confirma que los mercados desconfían de la capacidad de los actuales dirigentes europeos para resolver la crisis.

Como colofón podemos afirmar que la integración fiscal, la exigencia legal del déficit cero, el seguimiento real y permanente de las economías con aplicación de sanciones en caso de incumplimiento y la solidaridad ente los países miembros, son requisitos necesarios, pero no sabemos si suficientes para salir de esta profunda crisis a la que nos han conducido unos gobernantes irresponsables e ineptos.

 

9 comentarios
  1. MAT
    MAT Dice:

    Pues tal vez haya que añadir algo más. Si los dirigentes no están a la altura, ¿qué decir de los ciudadanos, que escogen a esos líderes, los cuales, a su vez, salen de esos mismos ciudadanos?
    Me da que el problema es más amplio: generacional. Los diversos egoísmos, nacionales e individuales, dominan hoy en la sociedad. Así no se pueden llevar a cabo con éxitos proyectos conjuntos, ni a escala de la Unión, ni dentro de cada país.
    La solidaridad, la generosidad y la sociabilidad han dado paso al más ramplón y desnudo egoísmo, hedonismo, y a la completa insensibilidad hacia nuestros semejantes, tanto próximos como lejanos.

  2. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Sin duda, la responsabilidad que tenemos como ciudadanos es enorme y coincido con MAT en poner de relieve que esa es la raiz del problema. Es cierto que tenemos losl lideres en Europa que hemos elegido, pero que claramente no son los que se necesitan en un momento de crisis como el que vivimos.Ahora que nos hemos dado cuenta del problema solo nos queda esperar/presiinar para que alguno o alguna decida decida convertirse en un lider de los que cita el autor.

  3. Fernando Gomá Lanzón
    Fernando Gomá Lanzón Dice:

    Instructivo post (y desasosegante). El sentimiento de ser un ciudadano europeo es principalmente eso, un sentimiento, concepto que es bellamente definido por el Diccionario de la Real Academia como “impresión y movimiento que causan en el alma las cosas espirituales”.

    Pues bien, Europa carece en estos momentos de dos de esas “cosas espirituales” que han sido siempre factores decisivos a la hora de identificarse como integrante de una comunidad, nación o pueblo: un idioma común y un territorio común con límites definidos.

    Europa no solamente no tiene uno o varios idiomas comunes, sino que con las sucesivas ampliaciones, ingresan nuevas lenguas, algunas muy minoritarias, cuyos hablantes defienden con firmeza, precisamente por ser un elemento de su propia identidad (nacional).

    Y Europa carece también de unos límites territoriales precisos: no conocemos dónde estarían sus fronteras después de una última y definitiva ampliación. Los europeos no sabemos quiénes no son ni serán nunca Europa, ni cuál sería la razón para ello.

    La última ampliación a 27 manteniendo la necesidad de unanimidades para cambios sustanciales, sin la existencia de un sentimiento profundo de pertenecer a algo común, a un proyecto superior a cada país individualmente considerado, nos hace percibirno internamente -y también desde el exterior- como un mastodonte incapaz de moverse con la rapidez y la contundencia que demandan los tiempos actuales.

  4. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Los americanos usan los términos “hipe” y “motherhood” como clichés de la hipérbole redundante sobre asuntos en los que nunca hay desacuerdo.  
    Las alabanzas a veces despiertan recelo.

    Con el tema de Salvemos Europa creo que en buena medida sucede algo semejante en el sentido que hemos sacralizado lo inamovible: nuestra condición de europeos y por eso cada vez que esto se pone en duda hay lugar para escamarse.

    Este mes de Agosto he estado leyendo la historia del siglo XX de Hobsbawm. Un libro escrito en los 90 justo tras la caida del muro. Este historiador y otros llaman de “edad dorada” al tiempo que va desde un poco antes de 1950 a 1975, cuando ya ha estallado la primera parte del fin de Breton Woods y del anclaje del dólar al oro.
    Pero desde entonces están muy callados y no dejan duda de que ya es una época de declive prolongado.

    Como bien reflexiona Elisa por escrito no es tanto el problema de los gobiernos y de las inmensas burocracias europeas (con mucho la más gigantesca de la historia humana) como el hecho constatable de que nosotros los elegimos y hemos aceptado incrementos inauditos de sus poderes como si el estado fuese de una cualidad más sagrada que el Dios del antiguo Testamento, el del Éxodo: “Yo soy… el que soy”.

    ¿Cómo se resuelve este problema sistémico tan profundo sin caer en utopías ingenuas?
    Esto, creo, es lo que los intelectuales de hoy, –si queda alguno que no esté subvencionado o presa de la prudencia sobrevenida– debieran abordar esta cuestión porque “es” la cuestión de nuestro tiempo.

    Se nos acaba el tiempo de la democracia representativa indirecta surgida de, nada menos, las fauces de Robespierre, Rousseau y Hegel. Ha dado de sí más de lo que podía y ya sólo sobrevive de prestado y de la falsa moneda.

    Sospecho que la solución no va por donde nos quieren llevar: Más poder del estado, menos de las personas y la convergencia con el sueño del hormiguero global soviétizado dirigido por la élite político económica de Occidente y las Plutocracias Filiales, las de los hijos de miembros del Politburo Ruso y Chino que son ya hoy los dueños de sus grandes empresas.

    ¿Será posible que así sea?
    Buenas noches
     
     
     
     
     
     
     
     

  5. Curro Arriola
    Curro Arriola Dice:

    Fin de la UE a la vista. Fin de Occidente, traidor a sus raíces. Fín de nuestra civilización, ahora muerta y solo pendiente de entierro.
    ¿Qué la sustituirá? Unos “mercados” sin consumidores, ¿a dónde irán?
    Como no tenemos niños, igual vienen inmigrantes… ¿y de dónde vendrán?
    Vale, NO hablo de la Sharia. Pero vendrán de todos modos.
     

  6. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Hombre, Curro.
    No lo veas tan próximo porque antes nos hundiremos todos que ellos.
    Además hay muchísimos grandes países: UK, Dinamarca, Hungría, Suecia, Polonia) a los cuales ya no se les pasa por la cabeza entrar en el euro y son tan europeos como L’Arc de Triomphe. Menudo simbolismo para luchar contra él.
    Tal como van las cosas la mecánica previa es insostenible. Aquello de ir añadiendo mercados cautivos (Turquía, Marruecos, Rusia, Bielorusia, Ucraina, etc) comprando con impuestos sin fin creo que se ha parado de momento y tendrán que revisar la estrategia porque lo que dices es muy cierto. No conozco a nadie que –sin ser Oligopolio o Burocracia—quiera estar en ese club.
    No hay nada inevitable pero esta situación histórica es igual de revolucionaria que la del XVIII. La gente entonces sabía que todos debíamos tener los mismos derechos (y obligaciones, de esto siempre se habló menos) y hoy todos sabemos que nuestro sistema de estado es excesivo e insostenible (por su poder y su forma de financiarse) y además no conseguimos que gobierne más que gente bastante incompetente para defender los intereses de los ciudadanos y listísimos para comprarse los votos que necesitan. Un sistema que lleva a la quiebra determinista a muy corto plazo.
    Iniciativas como este blog tienen mucha más importancia de lo que pensamos porque las soluciones nunca vendrán de gente sin mucha preparación. Eso ya se ha probado y ya ves a dónde nos ha traído. Como entonces, creo que será cuestión de mucho, mucho tiempo.
    De guinda está el espinoso asunto de los valores sociales: tienen impacto económico y muy fuerte. Para comenzar, la confianza es la base de toda prosperidad y hoy es irracional mantenerla.
    Además ya es evidente que el laicismo ofrece un concepto excesivamente limitado y muy poco atractivo del ser humano para construir nada que pueda motivar.
    Saludos
     
     
     
     

  7. JOSE ANTONIO FERNANDEZ GARRIDO
    JOSE ANTONIO FERNANDEZ GARRIDO Dice:

    Si se enumeran las disfunciones de la Unión, lo justo es también enumerar sus ventajas. Señalo solamente una: esta crisis se hubiese resuelto con una guerra, no con rescates financieros. los pueblos soportan mejor las penurias de una guerra que los recortes en tiempos de paz.¿ y el euro? se olvida que el euro una moneda supranacional bajo la que se encuentran las monedas nacionales atdas entre sí por un tipo de cambio irreversible (TCI). Cuando se fijó el TCI, el marco se sobrevaloró cojn respecto a la peseta. Esto enriqueció a los alemanes en un priemr momento pero a principios de la década de los 00 perjudicó las exportaciones alemanas. El SPD hizo sus reformas y Alemania volvió a exportar. El euro existe y es real, cotiza frente al dólar y al yen , pero ¿ cuál sería hoya la relación marco-peseta, o peseta-franco? se puede estimar sólo aproximadamente, porque elñ mercado de divisas tiene su porpia dinámica, y el valor de una moneda ( papel pintado) se basa en la solidez de la economía que lo respalda. Hoy el marco subyacente está infravalorado, y Alemania coloca el 80 % de sus exportaciones en la Unión. Con una peseta cuyo valor teórico estaría por encima del TCI, España lo tiene díficil para exportar.¿ y por qué hay que hablar de monedas nacionales subyacentes? porque las economías son nacionales,y, repito, la valoración de la moneda fiduciaria es correlativa a la confianza ( de hay la fiducia, la fides) que genera la economía nacional. El euro se apreció frente al dólar porque la ortodoxia del eje franco alemán genera más confianza que la impresiónj masiva de billtes de la FED. Pero, si el marco subyacente está infravalorado, la pestea, la lira, el escudo…están sobrevalorados. Y eso, ahora mismo, nos está perjudicando. La Unión es, todavía, un éxito. Agrupa 27 naciones difrentes, algo que en otro continete sería imposible. Ni siquiera regiones con potencial óptimo de integración ( Latinoamérica, Liga ärabe, CEI, han llegado tan lejos).Hay imperfecciones técnicas, hay nacionalismos, pero…¿ alguien creyóalguna vez en un mundo feliz? 

  8. Alberto G.
    Alberto G. Dice:

    Los que nos creímos esto de la Comunidad/UNión Europea y nos ilusionamos con ella (pues suponía, sigo creyendo, la mayor innovación en materia de resolución de conflictos y creación de sinergias de los últimos siglos) sufrimos con lo que está pasando y que tan bien narra el autor. Pero en efecto a la hora de determinar responsables: ¿hay que mirar a Bruselas o a las capitales de los Estados miembros? Por ejemplo los españoles en pocos años hemos dejado de ser considerados “los alemanes del sur” para ser uno más de los pigs. Y la ampliación fue en efecto un problema que nadie supo cómo resolver, pero ahora los problemas vienen de Grecia, que no es ni mucho menos de los últimos en incorporarse (lo hizo antes que nosotros), incluso es considerada como la cuna de la idea de Europa (históticamente), y sin embargo dista mucho de ser un ejemplo a seguir. En realidad muchos países se han hecho miembros de la UE solo para aprovecharse de ella sin adoptar a cambio las reformas estructurales y culturales necesarias. Los mercaderes serán muy malos pero al guiarse por un simplista criterio de “te presto si me fio de que me lo devuelvas” tienen la ventaja de poner al cada uno en su lugar. 

Los comentarios están desactivados.