Recortes en educación o el mal padre de familia

Desde una perspectiva de economía doméstica, si un buen padre de familia tiene que pagar una interna, un jardinero, un chofer, viajes de ski, vacaciones en la playa, comida, agua y luz y no tiene suficiente, lo normal es que priorice sus necesidades y decida reducir interna, jardinero, chofer, viajes de ski y posiblemente vacaciones en la playa, pero nunca dejará de pagar la luz, el agua o la comida si puede evitarlo.

Los políticos, sin embargo, tienen unas prioridades curiosas, se mantienen gastos sorprendentes (por no decir inútiles, pues útiles deben de ser para el que los mantiene), pero como no hay para todo y hay que cortar por algún sitio, empecemos por la luz – equivalente, para mí y para el ciudadano corriente, a servicios fundamentales como son la sanidad y la educación – eso sí, manteniendo los viajes de ski que en mi paralelismo equivaldrían, por lo superfluo, a las distintas embajadas que las comunidades autónomas tienen para su representación en Madrid (para citar dos, sin ánimo de nada: el Instituto de Fomento de Murcia en Madrid o la Plataforma de Relación con la Ciudadanía Andaluza de la Junta de Andalucía, pero hay muchas más).

En Derecho Romano, el “pater familias” tenía dominio sobre su cosas y las de su familia; en contrapartida su obligación era ser buen administrador, justo y correcto, y precautelar sobre las cosas y situaciones del patrimonio familiar; es decir, tenía que ser un buen padre de familia. De igual manera, el Estado, que tiene dominio sobre muchas esferas públicas de repercusión directa en las vidas de sus ciudadanos, debe velar por el bienestar, el patrimonio y los derechos y obligaciones de éstos. El gobierno del país, el de una comunidad y el de cualquier administración pública, debería tener como única misión dar servicio a sus administrados, y posiblemente, una vez resuelta la seguridad interior y exterior, la sanidad y la educación deberían de ser las siguientes prioridades, es decir, la luz y la comida en un ejemplo familiar.

Hemos ampliado los presupuestos del Estado y la deuda del país; se ha manejado más dinero desde la esfera pública, pero no para mantener, ya no digo mejorar, los servicios básicos de nuestra familia – la comida, el agua, la luz – sino para desarrollar otras líneas de gasto quizás muy importantes para sostener el ritmo de vida del mal padre de familia pero no para atender las necesidades de sus hijos/contribuyentes.

¿Dónde está el principio de “gestionar con la diligencia de un buen padre de familia” que figura en nuestro código civil art.1094, 1104 o 1.903 in fine? ¿Por qué no se aplica en la esfera política? Dejando aparte polémicas sobre lo machista o no – “buen padre” y no “buena madre” -, en nuestro derecho aparece como un modelo de conducta, normal y ordinario, exigible a un buen padre de familia y por extensión a un buen gestor. Y se utiliza como principio de equidad en los códigos de buen gobierno corporativo desde la época del Informe Olivencia (conferencia de Manuel Olivencia para presentar su informe. Y si apuramos más, se trataría de un principio de derecho civil por lo que en el ámbito mercantil, al empresario, se le deba exigir incluso más rigor y conocimientos que a un simple buen padre de familia (“El estándar mercantil de diligencia: El ordenado empresario” de Isabel Ramos Herranz, ver reseña. ¿Qué son los políticos sino gestores de los intereses de sus votantes y por ende del dinero del Estado? ¿Ni siquiera les vamos a exigir la diligencia de un buen padre de familia? ¿Dónde está el necesario equilibrio entre lo que se gasta y lo que se necesita, el gasto público y las necesidades de los particulares? Es un equilibrio necesario para que el ciudadano pueda seguir confiando y respetando al Estado, queriendo pertenecer a la familia del diligente padre.

Las situaciones desequilibradas son fuente de problemas siempre. Los hijos se rebelan, las familias se desmiembran; aparecen movimientos como el 15 M, huelgas, protestas, economías paralelas; cuando no situaciones de crisis más importantes que producen iluminados o extremistas que vienen a resolverlas.

El padre Gobierno de nuestra familia ha perdido su diligencia, solo piensa en divertirse con sus amigos en cenas y fiestas de postín, se gasta en dinero en reuniones internacionales y en fastuosas fiestas con banqueros. Sigue comprando champagne para brindar con sus amigos. Mientras, nosotros – sus hijos – tendremos que dejar de estudiar y no podremos ir al médico. Y lo peor de todo es que el dinero que gasta el padre Gobierno lo hemos ganado y tenemos que seguir ganado nosotros – sus hijos -, se lo hemos dado con toda generosidad y todavía nos pide más. Eso sí, ahora tendremos que apañarnos y ganar más siendo más incultos y menos saludables.

Entiendo las limitaciones presupuestarias, la situación económica mundial y la nacional, las distintas burbujas, los cambios políticos, y mucho más, solo pido que se imponga un criterio de rigor y racionalidad a medio y largo plazo, el que se le pediría a un buen padre de familia.

 

12 comentarios
  1. elisadelanuez
    elisadelanuez Dice:

    Es díficil no estar de acuerdo con la autora. Efectivamente, parece que lo que los políticos no están dispuestos a recortar es lo que afecta a su tren de vida, no ya político, sino hasta personal. Hay que ver lo poco que se están recortando gastos superfluos como los que denuncia la autora: embajadas, embajaditas y embajadillas, por ejemplo,absolutamente innecesarias pero “símbolo” del prestigio y de los sueños de grandeza regionales, y no digamos ya nacionalistas. Y lo que les cuesta bajarse de los coches oficiales, prescindir de sus asesores o beber agua del grifo. De ahí que sea fundamental mantener la presión ciudadana. Recortes, vale, pero empiecen por lo superfluo y por lo suyo, por favor. Si no ¿qué legitimidad tienen para pedir sacrificios a la gente cuyo dinero están malgastando?

    • MAT
      MAT Dice:

      Ya lo hace: gasta dinero en legislar un Código Civil, y sobre todo, en mantener un sistema judicial, una policía y un sistema penitenciario para proteger a los propietarios en su propiedad, pues si como en la naturaleza, la propiedad de cada uno dependiera de su fuerza física y de su capacidad para protegerla de los ataques físicos de los demás, igual Vd. no tendría propiedades (o quizás yo tampoco, pero soy consciente de ello, y quiero que el Estado, con mis impuestos y los suyos, y los de los demás, proteja mi propiedad, y de paso, la suya y la de los demás, y que haga otra cosas menos egoístas, como dar salud, educación, jubilación y protección a las situaciones de necesidad no sólo mías, sino también de mi prójimo).

    • Makopil
      Makopil Dice:

      MAT si usted se cree que el gasto publico se destina a la policía y al sistema judicial, no se acerque a las ventanas. Puede entrar un elefante volando!
      Y si el Estado, contra mi voluntad, coge mi dinero para pagarle a Ud. las medicinas… ¿soy menos egoista? Sus creencias me tocan hasta el fondo de los bolsillos.
       

  2. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    La figura del padre sirve para muchas cosas a lo largo de la vida, unas buenas y otras que dan para pensar, que también es bueno.
    Por ejemplo, ejerce una función de transferencia de la propia carga moral al facilitarnos dejar sobre sus hombros simbólicos parte de nuestras culpas.
    Al padre, en general, se le valora mejor hacia el final de la vida, cuando vemos que hasta en su muerte nos ayudó a crecer y ser mejores.
    Uno tiene una gran memoria de su padre y en absoluto comparte esa idea del estado “pater familias”. Qué más quisieran. Nunc et Semper.
    Quizás sea ese uno de los viejos reflejos pavlovianos sembrados para que el estado moderno pudiese reemplazar a la monarquía absoluta ganando inmenso poder e irresponsabilidad en el proceso.
    La esencia del patriarcado que se dibuja en el Rey Lear es horrenda, venenosa. No sé porqué pero todos mis educadores también me enseñaron a desconfiar del estado, de tan poderoso y vano señor.
    Hay una zona de bruma en el siglo XVIII francés que no es fruto del azar porque siempre funciona en la misma dirección: esconder, ocultar. Se nota en la dificultad de encontrar reediciones de disidentes de la historiografía oficial. De esta forma las pistas de la trama se pierden y las que quedan se convierten en tesoros.
    Quizás el estado actual ha llegado a su límite hace tiempo y estamos apenas viendo el principio del final.
    En este momento está ya gripado, en feed-back negativo, en rendimientos decrecientes, lo que antes o después rompe todos los motores.
    Es momento de comenzar a pensar en una vida en la que padre y madre ya no están pero nos miran exigentes y con confianza desde el otro lado del cristal.
     

     

  3. pmpc
    pmpc Dice:

    El articulo de Almudena es tanto relevante cuanto obvio; pero esto no le parece a todos!!
    Políticos anclados en sus privilegios y sus prácticas del despilfarro de dinero público y (sobretodo) de la responsabilidad que su cargo conlleva se despistan a la hora de poner en elegir estrategia y dar prioridad a gastos.
     
    El caso es que los políticos no gastan en lo que Makopil quiere ni en lo que conviene al conjunto de la sociedad.  De hecho, como queda patente a muchos sensatos ‘buenos padres de familia’, el gasto en educación de un país es prioritario por razones: desde el punto de vista económico y social, la inversión en educación genera importantes beneficios económicos en todos los países de la OCDE. En España por cada euro que se invierte en Educación Secundaria Superior se obtienen 3,9 euros, cifra similar a la OCDE (datos del 2009). A más titulación menos desempleo, a más titulación más salario y a más titulación mayor rentabilidad pública y privada (mas información consultar el estudio de la OCDE “Panorama de la Educación 2011 – Informe Español”). Es obvio que – en el ejemplo mencionado por Almudena – establecer y mantener las oficinas de representación de regiones autónomas en Madrid (o en Bruselas!) representa un gasto (y no una inversión) difícilmente justificable.
     
    Además, en mi opinión, seria apropiado ampliar el termino “educación” para alcanzar dominios que van desde la ética, la honradez y el espíritu empresarial que tanto faltan en este país en un periodo de escasez de lo mismos, de penuria de recursos, y de perspectivas muy mermadas para los jóvenes de hoy y las próximas generaciones.

  4. Marcela
    Marcela Dice:

    Almudena, me ha gustado mucho tu post, espero que pueda llegar a alguno de nuestros politicos.. 

  5. Francisco García Gómez de Mercado
    Francisco García Gómez de Mercado Dice:

    Yo también creo que los recortes deben ir primero a lo más supérfluo. Eso es evidente, aun cuando luego no sea fácil que se lo apliquen en carne propia.
    Ahora bien, tampoco creo que deba haber ámbitos exentos de recorte. Sobre todo cuando se trata de ámbitos con un elevado gasto público. Todos los sectores son susceptibles de ajustes pues puede haber ineficiencias, o incluso gastos que, siendo sin duda positivos, no nos los podamos permitir.

Los comentarios están desactivados.