Como convivir con la piratería sin morir en el intento

Mucho se ha hablado en los últimos meses sobre el canon digital y previsiblemente se discutirá más todavía sobre su futuro, un futuro incierto después de los últimos acontecimientos que han tenido lugar (resolución de la Audiencia Nacional, escándalos de corrupción en la SGAE…).

En la situación actual en la que nos encontramos, lo único que parece claro es que hay que reformular el canon y para poder afrontar seriamente esa tarea hay que abordar (una vez más) la problemática de la piratería digital.

En el mundo analógico el canon tenía un sentido y aplicación clara. El negocio legal era muy superior al generado por la piratería y el canon se erigió como una compensación equitativa por las pérdidas que suponía que alguien se comprase un vinilo y decidiese grabarlo en un cassette (ejemplo de copia privada de hace unos cuantos años). La Ley permitía al usuario en este “mundo analógico” la realización de copias para su uso personal de material protegido al que hubiese tenido acceso de forma legal.

Al trasladar este concepto del canon al mundo digital surgen múltiples complicaciones:

  • Diversidad de dispositivos de almacenamiento
  • Diversidad de tecnologías de compresión de la información, lo que supone que en un mismo dispositivo pueden caber más o menos canciones (o más o menos películas) en función del formato de las mismas.
  • El negocio digital online legal es muy reducido, con un claro dominio de la piratería.
  • El negocio tradicional audiovisual (los soportes CD, DVD…) está en fase decreciente de ingresos y beneficios. Las cifras concretas de evolución del sector se pueden consultar en el interesante informe de la industria de contenidos digitales de asimelec (ahora ametic):

La primera duda que puede surgir es la siguiente: si las compras legales son tan reducidas en el entorno digital online ¿tiene sentido aplicar un canon por copia privada? Si lo que se copia o almacena en el dispositivo del usuario es un contenido pirata, no deja de tratarse de una copia privada ilegal por lo que estamos pervirtiendo el concepto original del canon.

A la hora de reformular el canon, nos podemos encontrar con tres grandes escenarios diferentes en función de los niveles de piratería y el volumen de los negocios digitales “legales” existentes:

–       Primer escenario (continuista). La piratería sigue en niveles similares a los actuales y no hay una oferta legal suficiente. En este escenario la opción más sencilla sería modificar el canon actual (revisar los dispositivos que se ven afectados, las tarifas, etc…) o  cambiarlo por medidas similares como por ejemplo una nueva tasa a las cuotas de conexión a Internet. Esta alternativa sería una medida poco creativa y carente de sentido. Sería equivalente a cobrar un canon en los peajes de las autopistas de pago, para sancionar a los conductores que aprovechan estas vías para superar los límites de velocidad. El comportamiento de estos conductores, ¿es responsabilidad de la concesionaria de la autopista?, ¿lo es de los conductores que respetan los límites de velocidad cuando transitan por esas vías? Parece que la respuesta es no en ambos casos, por lo que no parece a priori que si cambiamos la palabra “autopista” por “conexión a Internet” y la palabra “peaje” por “cuota de conexión” la respuesta debería cambiar. En cualquiera de los casos, en este escenario el canon se estaría convirtiendo en una indemnización para los titulares de derechos de propiedad intelectual por los ingresos que no se llegan a obtener por culpa de la piratería digital.

–       Segundo escenario (evolutivo). Surgen en la red negocios “legales” (respetuosos con los titulares y los derechos de propiedad intelectual) de contenido digital que no permiten realizar copias libremente en los equipos de los usuarios. Estamos hablando de negocios donde la distribución del contenido se realiza vía streaming (no se almacena una copia del contenido en el equipo del usuario) o directamente donde la copia del contenido está limitada mediante algún tipo de tecnología de protección (por ejemplo solo se puede escuchar/visualizar en el dispositivo donde se ha descargado el contenido o por un periodo de tiempo determinando). Empiezan a surgir iniciativas empresariales que apuntan en esta dirección: Spotify (música), Netflix (películas) o las iniciativas de videoclub online de operadores de telecomunicaciones, son buenos ejemplos. En este escenario, no tendría sentido un canon por copia privada porque la copia privada estaría limitada de origen (la compensación a los titulares de derechos vendría de las licencias que tienen que pagar estas empresas para poner en disposición del público el contenido protegido por los derechos de propiedad intelectual). Por otra parte, si el volumen de negocio “legal” adquiere un peso relevante no tendría sentido recurrir a medidas indemnizatorias como las expuestas en el primer escenario.

–       Tercer escenario (disruptivo). Surgen negocios online donde se permite al usuario realizar copias libremente del contenido para su uso privado. En este escenario sí tendría sentido un canon por el concepto de copia privada, puesto que el usuario tiene la posibilidad de realizar copias para uso privado de un contenido que ha descargado legalmente. En la actualidad, parece el escenario menos probable de todos, porque los pocos negocios (legales) de contenidos digitales que están surgiendo en la red están apostando en la mayoría de los casos por una distribución del contenido donde no se descarga ningún fichero en el equipo de los usuarios o se limita la descarga de forma apreciable (en un intento de ganar más seguridad y confianza en el medio online, muy deteriorada por los niveles de piratería existente). Este último escenario es el ideal donde deberíamos llegar aunque para ello seguramente tengamos que apostar en el corto/medio plazo por un escenario intermedio (el segundo de los escenarios descritos) que contribuya a generar la confianza suficiente entre todos los agentes involucrados en el sector de los contenidos digitales.

En cualquiera de los tres escenarios conviene asumir que la piratería va a existir de alguna forma, porque el principal problema de la piratería digital es que no se puede erradicar del todo (los avances tecnológicos complican increíblemente esta tarea): hay que aprender a convivir con ella y a limitar sus efectos lo máximo posible.

Hasta ahora se han puesto en marcha diferentes iniciativas para atajar la piratería digital, desde diferentes frentes. Por ejemplo, desde la administración se han puesto en marcha campañas de concienciación a la ciudadanía sobre los efectos negativos de la piratería, se ha aprobado recientemente la denominada Ley Sinde para agilizar el cierre de páginas web que infrinjan las leyes de propiedad intelectual, etc. Desde la industria, se están poniendo en marcha desde hace años tecnologías de protección del contenido digital (en inglés DRM, digital Rights Management) para impedir la copia indiscriminada del contenido protegido.

Todas estas iniciativas son piezas del complejo rompecabezas de la distribución online de contenido digital, pero por sí solas no van a erradicar los niveles de piratería digital que existen en la actualidad. Falta la pieza quizás más compleja, que es fomentar la creación de negocios digitales que puedan competir en el escenario actual de predominio de la piratería digital.

No podemos esperar a que desparezca el problema de la piratería para promover la creación estos negocios legales. Tiene que haber un periodo de (difícil) convivencia donde poder ofrecer a los usuarios una alternativa legal a su consumo de contenidos digitales en la red.

En efecto, si no se apuesta de verdad desde todos los agentes por promover una oferta legal atractiva (que permita recompensar de forma adecuada a los titulares de derechos de propiedad intelectual), resultará muy complicado romper la situación actual, donde los titulares de derechos están viendo recompensadas (al menos en parte) las pérdidas ocasionadas por la piratería gracias al canon. Esta situación está provocando, de facto, que no surja la necesidad imperiosa de innovar y de evolucionar los modelos de negocio existentes en la industria de contenidos al nuevo escenario digital y online (no olvidemos que la sociedad avanza hacia un mundo permanentemente conectado y es un fenómeno imparable).

En el actual entorno económico se hacen más necesarias que nunca medidas de estímulo para el fomento del emprendimiento y  la creación de empresas y empleo (en un post posterior expondré algunas sugerencias sobre posibles acciones y políticas públicas en este ámbito). Pues bien, con la necesidad de reformular el canon digital y la nueva legislatura por delante, se presenta una oportunidad para que desde el nuevo Gobierno que se forme se adopten las medidas necesarias para generar un clima que promueva el emprendimiento y la creación de empresas dentro del sector de la cultura digital. Estaremos expectantes.

 

 

5 comentarios
  1. Francisco Javier García Vieira
    Francisco Javier García Vieira Dice:

    Interesante planteamiento. Si el canon en la configuración que ha tenido hasta el momento ha podido inhibir la aparición de modelos de negocio on-line, al retribuir y compensar a los autores, no por la copia privada que justifica su existencia, sino en realidad por la piratería, sería muy conveniente que la futura regulación del canon se articulase de modo que promoviese y estimulase los modelos de negocio de distribución on-line de contenidos, o al menos no los desincentivase.

    Es cierto que un enfoque de este tipo puede llevar a un transitorio difícil en el que algunos de los diferentes actores vean lesionados sus intereses; pero no es menos cierto que si se persigue un auténtico despegue de la industria on-line, eso supone una verdadera reconversión de la industria tradicional. Y como en otras reconversiones de sectores industriales, aferrarse al modelo anterior no es sino retrasar lo inevitable, con un coste cada vez mayor. Lo que procede es saber cuál es el modelo final que se fija como objetivo, valorar los costes que supone la transformación, y arbitrar los mecanimos de ayuda y apoyo necesarios para que esa transformación sea lo menos traumática posible.

  2. Francisco Aranda
    Francisco Aranda Dice:

    Coincido con el planteamiento del autor del post y con el comentario de Francisco Javier.

    La industria de la música y del cine tienen que reaccionar de una vez y adaptar su modelo de negocio al nuevo escenario digital.

    O se promueven y se consolidan negocios legales de distribución online o ya podemos seguir con leyes Sinde, tecnologías anticopia, etc que la piratería va a permanecer inmutable.

    Una anéctoda relacionada. Ayer leí que Avatar es la pelicula más pirateada de la historia y curiosamente una de las que más tecnologías de protección anticopia llevaba…

  3. elisadelanuez
    elisadelanuez Dice:

    Jaime, bienvenido al blog y enhorabuena por la claridad expositiva.
    A ver si conseguimos entre todos alejar este debate de la demagogia de los políticos y de los blogueros para tratarlo con seriedad y rigor como hace el autor del post, que falta hace.

    • Jaime Castellano
      Jaime Castellano Dice:

      Muchas gracias por la bienvenida Elisa. La verdad es que el asunto del canon, la piratería y la distribución online de contenido lo he abordado desde diferentes perspectivas: trabajando como consultor para entidades de gestión de derechos, desde la administración y desde un operador de telecomunicaciones que lanza iniciativas como el videoclub online…

      Lo curioso es que el panorama de la distribución online  apenas ha cambiado en los últimos años a pesar de los avances tecnológicos. Creo que se hace ya imprescindible una actuación decidida en este ámbito desde todos los frentes, veremos lo que sucede en los próximos meses.

  4. Juan
    Juan Dice:

    Un muy buen análisis del panorama de la industria audivisual, y de un concepto tan obsoleto como el canon digital el que ofrece este post.
     
    El escenario tres parece muy lejano. En cualquier caso todos los intentos de protección de copia indiscriminada mediante DRM han fracasado, y parece que la industria ha empezado a asumirlo. Spotify, aún cuando ha marcado un modelo, apenas si alcanza para remunerar mínimamente a los autores. Creo que Netflix será el elemento que permitirá dilucidar si realmente el problema es de oferta, y la gente en España, ante una oferta sencilla y asequible está dispuesta a apostar por un contenido legal, o si es un problema cultural, donde el todo es gratis se ha impuesto, y la falta de oferta y lo absurdo de la política de precios es una excusa.

    Parece claro que el canon digital no es solución a nada, y sin un gran problema, pero es necesario que la sociedad española muestre algo más de sensibilidad frente a un movimiento tan extendido como la piratería

    A la industria ya le quedan pocas opciones, pero yo tampoco sería muy optimista …

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