Las O.N.G. y la cooperación internacional: un replanteamiento debido a la crisis

Aparte de mi actividad profesional habitual, desde hace varios años estoy colaborando intensamente con una pequeña Fundación privada -pequeña en tamaño y en medios, no en actividad, ambición y entusiasmo- que mantiene, entre otras actividades complementarias, varias casas de acogida para niños de la calle en Bolivia. La Fundación se llama “Fundación Amazonia” (www.fundacionamazonia.org) nació por la voluntad y energía desbordante e inquebrantable de una reconocida pediatra establecida en Mallorca, y despliega una febril actividad en el país andino y en algunos otros enclaves del continente americano. Formar parte del equipo directivo de esta Fundación, aparte de aportarme desde el punto de vista personal una experiencia impagable, me ha permitido conocer las interioridades de un mundo, el de la Cooperación Internacional y las Organizaciones No Gubernamentales, que resulta un gran desconocido para la mayoría de los profesionales del Derecho, pero en el que se mueve una enmarañada red de normas, Administraciones y burocracia, e incluso complejos intereses políticos y económicos.

Mi experiencia en este mundo de la Cooperación comenzó en época de bonanza. Pero la intensidad y duración de la crisis económica que nos afecta está produciendo un verdadero seísmo en el mundo de las ONG, y obligando a éstas y a las Administraciones y empresas colaboradoras a replantear de arriba abajo las alegres bases económicas y de financiación en las que este mundo se había basado en la última década. El obligado adelgazamiento de las estructuras administrativas públicas, a todos los niveles, junto con el menor flujo de fondos de que disponen las empresas privadas, están obligando al mundo de la Cooperación Internacional a reinventarse sobre bases nuevas, menos costosas y más eficaces.

Algo importante está sucediendo en nuestro país en esta materia cuando hasta el propio Congreso de los Diputados, en una de sus últimas actuaciones antes de la disolución de las Cámaras a finales de septiembre, ha aprobado un importante “Informe para el estudio de las Perspectivas de la Cooperación Internacional para el Desarrollo Española”, que trata de redefinir las bases sobre las que debe asentarse todo este mundo en los años venideros. En España tenemos una Ley estatal de Cooperación Internacional, del año 1998, y un total de 16 Leyes autonómicas de Cooperación, la primera de ellas del año 1999, lo que da una idea de la dispersión normativa y administrativa que existe en este campo, en esto no tan diferente a bastantes otras materias conocidas de nuestro mundo jurídico, económico y social. Pero esas leyes existentes se están quedando ciertamente obsoletas para enmarcar lo que debe ser el futuro de una Cooperación Internacional eficaz.

Ni que decir tiene que, con semejante número de disposiciones normativas y de Administraciones estatales, autonómicas e incluso locales destinadas a la Cooperación, la política general imperante en nuestro país en esta materia descansaba esencialmente sobre la confortable base del dinero público. Pero el dinero público se ha acabado, lo que obliga, sin discusión posible, a redescubrir nuevas bases sobre las que apoyar estas actividades en los años venideros. Por ello, el citado Informe del Congreso de los Diputados reconoce que, a pesar de los efectos de la crisis económica, la política de Cooperación Internacional para el desarrollo es un imperativo ético, social, político y económico, que ha llegado a adquirir una dimensión estratégica para el conjunto de los partidos políticos y para la sociedad civil en general. Así surgió el Pacto de Estado contra la Pobreza, suscrito y actualizado desde al año 2007 por la práctica totalidad de los grupos parlamentarios. Y así piensa prácticamente todo el mundo que la Cooperación debe continuar, aunque sea evidente que no podrá hacerlo con la alegría que se había producido en un ciclo económico expansivo.

Dos son las bases principales sobre las cuales debe apoyarse la nueva Cooperación Internacional pública, según el citado Informe del Congreso. Por un lado, un muy necesario aumento en la eficacia y transparencia de la ayuda. Resulta curioso conocer que un mundo en principio tan filantrópico, y que genera tan amplio consenso social, está afectado por una burocracia terrible, de forma que resulta enormemente complejo y costoso conseguir acceder a fondos públicos para financiar o cofinanciar cualquier proyecto de Cooperación, y para su formulación, seguimiento y justificación económica. Y ello sin entrar en detalles sobre la excesiva proliferación de ciertas entidades o profesionales que ofrecen ayuda a las pequeñas ONG para conseguir con más “facilidad” o “seguridad” el acceso a los ansiados fondos públicos. Por otro lado, debe reducirse necesariamente el número de países receptores de la ayuda española. Y no sólo por razones puramente económicas, sino especialmente para conseguir un mayor y mejor impacto de la ayuda, y también una necesaria continuidad de los proyectos desarrollados en las zonas destinatarias. La dispersión de los últimos años de vino y rosas, favorecida por la descoordinación autonómica y local típica de nuestro flujo normativo y de nuestra estructura administrativa actual, no ha resultado nada buena en esta materia.

Además de lo anterior, debe jugar un papel preponderante en el futuro la iniciativa privada y las iniciativas mixtas. Una de las señas de identidad de la Cooperación española es su amplio tejido asociativo, que se ha manifestado en los últimos años en un gran número de ONG. Como reconoce el Informe del Congreso, las ONG son una importante expresión de la solidaridad ciudadana, expresamente orientadas, diseñadas y constituidas para el fin de la Cooperación al desarrollo, constituyendo una parte muy importante de la Cooperación española. A partir de ahora será de todo punto necesario fomentar fórmulas imaginativas que han demostrado sobradamente su eficacia: las alianzas público-privadas, que aprovechan los fondos empresariales disponibles junto con la experiencia de ciertas áreas de la Administración; los microcréditos, como instrumentos para facilitar el acceso al crédito a personas excluidas del sistema bancario, que han contribuido a que millones de personas hayan podido salir de la pobreza en muchos países en vías de desarrollo; los programas de cancelación de deuda externa, focalizados en los países que se hayan mostrado más eficaces en la gestión de la Cooperación, y sin barra libre para los demás; y, finalmente, la financiación del desarrollo en I+D de determinadas zonas del planeta, sector donde mayores carencias se concretan y donde en mayor medida se puede contribuir a la mejora de sus recursos humanos y de su competitividad internacional. Todos debemos recordar que no sólo debemos “repartir peces”, sino también “enseñar a pescar”.

 

 

5 comentarios
  1. Fernando Gomá Lanzón
    Fernando Gomá Lanzón Dice:

    Gracias Alvaro por tu interesante post en el que además introduces con tu habitual claridad en nuestro blog un tema, el de las ONG, apenas tratado en el mismo.

    El pacto de Estado por la pobreza puede consultarse en: http://www.pobrezacero.org/files/documentation/doc_Pacto%20de%20Estado%20dic%202007.pdf

    A los que expones añadiría que uno de los factores fundamentales es el convencimiento de los posibles aportantes privados de que el dinero que entregan se va a aplicar de manera efectiva y eficaz a la misión para la que fue creada la ONG. En este sentido, los escándalos que se han producido respecto de ciertas y notorias ONG en las cuales al final el dinero se lo quedaban los directores para su lucro personal ha hecho mucho daño, por destruir el delicado material que es la confianza cuando de ser solidario con los demás se trata.

    También en mi opinión existe una percepción social quizá generalizada -aunque puede que injusta- acerca de que existen demasiadas ONG, que en su momento casi fue una moda “social” , que crear la ONG X o pertenecer a la Y estaba bien visto, era algo “de mundo”. 

    Me gustaría conocer tu opiníón sobre estas cuestiones.

  2. Alvaro Delgado
    Alvaro Delgado Dice:

    Gracias por tus comentarios Fernando. Tienes mucha razón en dos aspectos preocupantes que remarcas en esta materia. Uno es la proliferación de ONGs, y otro la desconfianza que algunas de ellas generan al público en general. El primer aspecto parece ser una característica muy española, segun ha destacado el propio informe del Congreso de los Diputados, ya que se da en España más que en otros países, quizás por una mayor conciencia solidaria del pueblo español o tal vez por influjo de algún tipo de moda. El segundo aspecto es más preocupante, y tiene mucho que ver con la proliferación de intermediarios. Hay ONGs, como la `pequeña Fundación con la que yo colaboro, que tienen su propio personal en destino para el desarrollo de sus actividades, por lo que nada se pierde por el camino. En cambio otras ONGs se ven obligadas a utilizar intermediarios, o a aportar fondos a proyectos de terceros, con lo que existe un mayor riesgo de que no todo lo enviado llegue a donde tiene que llegar. Y ello, lógicamente, genera reticencias en muchas personas que estarían interesadas en colaborar con actividades solidarias. Cuestión también alarmante es la enorme burocracia que tenemos en España para el acceso a ayudas públicas, que obliga a las pequeñas ONGs a gastar buena parte de sus ingresos en personal o en asesoramiento externo para poder cumplimentar todo el papeleo, lo que resulta bastante triste y paradójico.   

  3. Curro Arriola
    Curro Arriola Dice:

    ¿Sabeis si hay alguna estadística fiable sobre los costes de gestión de las ONGs y similares?
    Tengo entendido que pongamos por caso la UNICEF se gasta en gestión un porcentaje de su presupuesto altísimo, si se compara pongamos por ejemplo con las Misiones Católicas o con Cáritas… ¿esto es un bulo o no?
    Porque a la hora de ayudar, conviene saber si das las perras para que llegue ayuda a los menesterosos o para que algún burócrata se haga de oro, vamos, digo yo.
     

  4. Alvaro Delgado
    Alvaro Delgado Dice:

    No conozco estadísticas, pero los costes son elevados, sobre todo si pretenden acceder a las ayudas públicas, ya que la documentación que se pide, no sólo para el acceso, sino para el seguimiento y justificación, es ingente y compleja. Y eso, para pequeñas ONGs, es tremendo porque se va en burocracia buena parte de sus ingresos. Por ello, las que eliminan intermediarios y tienen una estructura limitada de personal administrativo tienen más éxito y son más de fiar. Saludos.

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