Italia y su déficit democrático

El universo político italiano es muy peculiar y difícil de entender desde una perspectiva española porque, al mismo tiempo que los italianos nos resultan próximos a nivel personal y creemos entenderles casi como al vecino de al lado, resulta que reaccionan de una manera muy distinta a la nuestra y aceptan situaciones que en nuestra España serían difícilmente planteables. No olvidemos que su trayectoria histórica (la Italia unida solo tiene 150 años) social y política nada tiene que ver con la española, no existe el bipartidismo, la sociedad no está básicamente dividida en dos grupos irreconciliables, el partido comunista ha tenido una gran influencia en la vida política, económica y social, tienen mucha e importante industria autóctona, es la 7ª economía mas importante del mundo aunque la riqueza está repartida muy irregularmente a lo largo del territorio, mucho más que en España, con una gran brecha norte/sur y, sobre todo, han generado una “casta” política (el término se hizo famoso por un libro denuncia de gran éxito de dos periodistas del Corriere della Sera ya en 2007 ) con toda una red de servilismo parasitaria y con unos privilegios asociados que, en España, darían vértigo (aunque viendo lo que está saliendo cada día resultamos alumnos aventajados) .

Me refiero al gobierno técnico que los italianos han aceptado sin demasiados problemas, y no solo aceptado de forma pasiva sino reclamado y aclamado en plazas y foros de todo tipo. Las claves de que el italiano esté contento con la imposición de un gobierno de técnicos, que en España se mira con mucho recelo por su carencia de origen democrático, se puede entender si analizamos dos ideas que expongo a continuación:

Separación política – vida real

En la genética del ciudadano medio italiano figura la aceptación de un cierto nivel de laxitud en los políticos. Las personas que se dedican a la política se presuponen con unas características personales concretas que son toleradas por el resto de conciudadanos que se dedican a otra cosa. No olvidemos que la interminable lista de escándalos del Premier Berlusconi, ya de tipo político, sexual o económico, ha sido tolerada sin problema por los italianos que han seguido votándole y depositando su confianza en él. Porque, si algo está claro, es que han sido los mercados los que han terminado con la era Berlusconi y no sus propios escándalos. Mi conclusión es, por lo tanto, que en Italia la esfera política gira en un plano distinto al de la vida real y que se ha tolerado porque la incidencia era mínima entre una y otra, y si más bien complementaria, perpetuaba un sistema en el que los jugadores tenían claras las reglas de juego.

Estrategia de los partidos políticos

Hoy por hoy y por pura estrategia, en Italia nadie quiere el poder. Los partidos políticos italianos no quieren asumir el desgaste de liderar un proceso de reformas doloroso para el votante y prefieren mirar a la plaza desde la confortable barrera del congreso y el senado, en el que han sido sentados democráticamente. Casi nadie ha cuestionado el grado de democracia de un gobierno que no ha sido elegido por las urnas sino directamente a dedo por el presidente Giorgio Napolitano. Es más, se ha aplaudido de manera generalizada la iniciativa de Napolitano que está considerado como el salvador (hasta ahora) de la crisis italiana.

Entre los pocos que se han planteado la falta de legitimidad democrática del gobierno se encuentra el propio Berlusconi, quién, por razones obvias, no está contento con su salida que por otro lado ha sido “voluntaria” puesto que no ha habido cuestión parlamentaria. Berlusconi se ha escudado siempre en el valor de los votos obtenidos, utilizando las urnas como excusa para todas sus actuaciones.

Hay un artículo esclarecedor en el periódico virtual Linkiesta “La politica adesso guardi e impari come si governa un Paese” de Massimiliano Gallo que recomiendo leer.  El artículo hace referencia al hecho de que mientras todo va bien se puede tolerar una servidumbre a la inutilidad de los políticos pero cuando las cosas se ponen feas y hay que actuar con medidas que no permiten errores e ineficacia, ni obviamente márgenes de corrupción, hay que recurrir a profesionales, y no profesionales de la política sino de los distintos sectores; economía, educación, sanidad, justicia… que hay que gobernar correctamente.

Según Massimiliano Gallo; “Ningún partido quiere ser parte de la foto de equipo de aquellos que regalarán lágrimas y sangre a los italianos”. Eso sí, parece que todos los grupos políticos tienen la intención de volver al ruedo en 2013 en cuanto, según esperan, las medidas drásticas se hayan adoptado y se calmen las aguas. Claro que la previsión del propio Gallo es que el régimen político italiano de la segunda república ha iniciado, si no culminado, su fin con el gobierno Monti y no hay vuelta atrás.

Como era de esperar, todo el arco parlamentario, salvo la Lega, ha dado apoyo explicito al gobierno de Monti y como dice Emma Bonino en su discurso ante el Senado italiano el 17 de noviembre de 2011 ,  “ya que los partidos políticos han sido incapaces de asumir responsabilidades de gobierno en tiempos de crisis, el partido radical quiere dar todo su apoyo al gobierno Monti con la intención de otorgarle una pátina de legalidad democrática.”

Mi opinión personal es que, en épocas de crisis las soluciones no son las mismas que durante los periodos de gestión corriente. Y en estos momentos estamos inmersos en una gran crisis a la que las fórmulas conocidas no parecen dar solución. La democracia es importantísima para ponderar los excesos del poder, pero el sentido común y la experiencia concreta son muy necesarios cuando hay que  gestionar problemas reales. Sería magnífico poder aunar uno y otro, que los políticos no fueran derivando en una casta ajena a la vida común y que fueran gestores competentes de los problemas de sus votantes. Mariano Rajoy tiene ahora, en España, la oportunidad de demostrar que democracia y sentido común no están reñidos y establecer un gobierno de tipo Monti pero con gran surplus democrático.

 

16 comentarios
  1. sitogr
    sitogr Dice:

    Comprendo muy bien a los italianos y ese deseo tecnócrata. Pero no nos engañemos, en España considero que ese recelo no viene por la gente, sino creado por medios de comunicación afines y los partidos que ven que ese deseo crece y podría peligrar su poder. No pregunte a la gente, quiere usted un gobierno de tecnócratas? Pregunte, quiere usted un gobierno de profesionales, de reconocida competencia, gente que gobierne? Eso es lo que se pide al equipo del S. Rajoy, gobernar y solucionar problemas, no hacer política lamentablemente como los últimos años por uno y ptro y en el Estado, CCAA o municipios. Esperemos que un gobierno elegido democráticamente y de profesionales en la política y no de profesionales de la política sea posible. Ayer Leopoldo Abadía y Josep Borrel tuvieron conversaciones interesantes en este sentido en el último Salvados de la Sexta.

    Un saludo

  2. elisadelanuez
    elisadelanuez Dice:

    Bueno, aquí enseguida vamos a salir de dudas. El problema es si de nuestra pequeña “casta” política pueden salir esos gestores profesionales con sentido común, que además tienen el “plus” democrático, dado que las condiciones no favorecen precisamente su proliferación en el seno de los partidos políticos. Desgraciadamente las cualidades necesarias para prosperar en un partido político con nula democracia interna no son precisamente las mismas que las que se exigen para gobernar un país en época de crisis. Por ejemplo, la docilidad y la sumisión al lider supremo a mi personalmente me parecen cualidades difícilmente compatibles con la profesionalidad, el rigor y hasta con el valor que hace falta. Por no hablar de los demagogos especializados en buscar votos como sea.
    Total, que todo queda en manos del sr. Rajoy, dado que, de entrada, su partido ha sido incapaz (como los demás, por otro lado) de producir espontáneamente, por así decirlo, el equipo técnico y solvente necesario para abordar la crisis. A ver de donde lo saca ahora.

     

  3. Curro Arriola
    Curro Arriola Dice:

    Gracias, Almudena, por tu interesante artículo. Italia es siempre original, cuando no genial. Por favor, corrige el link, que no se puede leer lo de Gallo.

  4. Francisco García Gómez de Mercado
    Francisco García Gómez de Mercado Dice:

    Efectivamente, somos menos parecidos a los italianos de lo que parece; pero tampoco somos tan distintos.
    Como dice Elisa, el funcionamiento de la democracia actual hace que sea difícil que los políticos sean al mismo tiempo buenos técnicos, pues prima su obediencia, su adscripción, sobre sus cualidades profesionales. Por otro lado, a quien le va bien su profesión, tampoco tiene tantos incentivos para incorporarse a la política.
    La pasada experiencia, con todo, ha sido tan mala que un poquito de mejora se notará.
    En fin, lo veremos esta semana, qué Gobierno nombra Rajoy, aunque sinceramente no espero un gobierno de grandes cabezas sino de las cabezas del PP (que pueden ser grandes o no).

  5. Fernando Gomá Lanzón
    Fernando Gomá Lanzón Dice:

    En Italia se produce otro factor que hace única su política en relación con el resto de los países europeos, como es la fortísima influencia en la política a todos los niveles de la Iglesia Católica, hasta el punto de ser un actor principal en la misma.

  6. pmpc
    pmpc Dice:

    Artículo interesante y estimulante, que me conduce a unas reflexiones.
     
    Artículo interesante y estimulante, que me conduce a unas reflexiones.

    Es poco ortodoxo – y denota un mal funcionamiento del propio sistema –  que una democracia tenga que recurrir a ¨técnicos¨ no elegidos democráticamente para solucionar problemas de importante envergadura para el país.

    Esta situación crítica en Italia se ha generado por un déficit del sentido más básico de la política en la democracia. De hecho, en los 65+ años de gobiernos democráticos de la república italiana se han ido deteriorando progresivamente los valores de la ética política y se ha olvidado la principal misión de los gestores de las ´res publica´. En práctica, en vez de enfocarse en el bien del país y de todos sus ciudadanos actuales y futuros, los políticos en Italia han privilegiado el partidismo, cultivado su afán de perpetuarse en el cargo, fomentado la corrupción generalizada y reiterado impunemente el despilfarro y la mala (si no nefasta) gestión de los recursos públicos.
     
    Este lector piensa que los políticos tendrían que verse afectados de manera más sistemática y equitativa por sus actuaciones. En Italia, así como en todas las democracias eficientes, se necesitan mecanismos administrativos, legislativos (y de sus cumplimientos), y conciencia cívica de los electores para que los políticos sean marginados si no hacen bien el trabajo que se les ha encomendado. Serviría también como estímulo para aspirar a una superación de sus competencias y conocimientos (para llegar a ser expertos en la(s) materia(s) y entonces ser políticos y ¨técnicos¨ en el sentido del artículo de Almudena!). 

  7. Fuensanta
    Fuensanta Dice:

    Gran articulo Almudena!!!!!!
    Seguro que nos iría mucho mejor a todos si utilizásemos mas el”sentido común” tan importante hoy en día pero tan “escaso”.

  8. Silvie
    Silvie Dice:

    Me ha gustado mucho tu artículo Almudena. Muy interesante para los que conocemos y vivimos las realidades española e italiana. 

  9. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Una excelente y afectuosa reflexión sobre nuestros apreciados y diversísimos vecinos.

    Me gustaría añadir un par de dimensiones de la serenísma y joven república que a pesar de haber vivido en Italia no he percibido hasta hace bien poco.

    En primer lugar, la diversidad de mentalidades y culturas que allí se da. Desde la realmente austríaco-prusiana de Trieste y otras zonas septentrionales a la “Barcelona” de la provincia de Messina.
    La segunda es que son importantes y crecientes los territorios que caen fuera del control del estdo italiano. Desde Napoles a Calabria o Sicilia. Un fenómeno al que recientemente tampoco nosotros estamos siendo ajenos.

    Es muy ilustrativo ver de primera mano la inmensa llanura que une el Venetto, Trieste, etc con Austria y centro Europa y que explica cosas tan curiosas como las invasiones recíprocas o los castillos de verano de los reyes de Prusia en el sur de Italia.

    Saludos

  10. Curro Arriola
    Curro Arriola Dice:

    Manu, los italianos son sencillamente geniales, únicos, y a su manera grandiosos en lo que hacen, para lo bueno y para lo malo; siempre originales.
    El otro día me enteré de que cuando Mussolini llegó al poder formó gobierno, y luego se presentó a unas elecciones… ¡en coalición con il Partito Liberale! Vaya con el Liberalismo…espero que mi admirada Patricia lea esto y me lo explique… 😉

  11. Patricia CM
    Patricia CM Dice:

    Querido Curro:

    Entiendo que se está refiriendo a la Lista Nazionale de 1924, integrada fundamentalmente por fascistas -en sentido estricto- pero también por liberales, conservadores y democristianos. Pese a que desconozco el tema por completo y tampoco voy a descubrirle nada porque soy una pigmea a su lado, se me ocurre que las extrañas compañías pudieron venir motivadas por algún tipo de evolución ideológica casualmente concertada (optimismo antropológico), o por asunción de la tesis del mal menor en pro de la lucha anticomunista (neutralidad antropológica) o simplemente por traición a las propias convicciones con tal de apuntarse al previsible caballo ganador (pesimismo antropológico). Y en este sentido no creo demasiado en los rasgos o caracteres nacionales, la verdad. 
     

    Muy interesante el post, Almudena. Tratándose de Italia, creo no podía faltar:


     
     
     

  12. Curro Arriola
    Curro Arriola Dice:

    No, cara Patricia; viene de antes del “Listone” de 1924; cuando Mussolini tomó el poder en 1922, ya en su primer gobierno hubo varios liberales. Yo creo que sencillamente les engañó. Se creyeron que el fascismo era cosa de pocos meses, que se domesticaría… hasta Einaudi ¡Luigi Einaudi, si! alabó el programa económico fascista porque “reducía el intervencionismo estatal”. ¡Toma ya…! :O
    Conste que los cristianos se dejaron engañar menos; pej, Don Giovanni Minzone fue muerto a palos por los fascistas de Ferrara el 23 de agosto de 1923. Gobernaban los liberal- fascistas…
    Y el Papa no se dejó engañar ni un poquito.
    Il Padrino no refleja bien lo que fue la Mafia. Si te interesa, lee a Sascia, y a Camilleri. Es apasionante: un Estado dentro del Estado.
    Buon Natale

  13. Patricia CM
    Patricia CM Dice:

    Muchas gracias, tomo buena nota de todo, como siempre. Tal vez fuera un engaño, sí. Mafia aparte, Il Padrino vale la pena por muchos motivos; escogí esa escena con cierta maldad, a propósito del déficit democrático de que trata el post, porque intuyo que nadie que la vea se pone de parte de Kay. En realidad pasa a lo largo de toda la película, creo que el espectador simpatiza invariablemente con Vito o Michael Corleone por muchos crímenes que se sucedan, se coloca sin remordimientos del lado de la justicia privada y la autocomposición de intereses. Flaco favor nos hace a los proclives a la defensa (crítica) del Estado de Derecho. Muchos de los problemas, así en Italia como en España, provienen de esa impronta anarquista, me parece. Esos etarras, pero no sólo, que “no reconocen al tribunal”… Las instituciones son ilegítimas o, como mínimo, inmorales, y todo cuanto las ataque es una defensa. Hasta qué punto será así que muchos de los autodenominados liberales españoles están convencidos de que liberalismo es sinónimo de anti-estatismo (!). Ello me lleva a un texto de Borges de 1946, Nuestro pobre individualismo, donde trazaba una dura radiografía de sus compatriotas, tan parecidos a los italianos, a los españoles, ¿a los humanos?: 
    “El argentino, a diferencia de los americanos del Norte y de casi todos los europeos, no se identifica con el Estado. Ello puede atribuirse a la circunstancia de que, en este país, los gobiernos suelen ser pésimos o al hecho general de que el Estado es una inconcebible abstracción; lo cierto es que el argentino es un individuo, no un ciudadano.
    Hegel diciendo: “El Estado es la realidad de la idea moral” le parecen bromas siniestras. Los films elaborados en Hollywood repetidamente proponen a la admiración el caso de un hombre (generalmente, un periodista) que busca la amistad de un criminal para entregarlo después a la policía; el argentino, para quien la amistad es una pasión y la policía una mafia, siente que ese “héroe” es un incomprensible canalla”.

    • Curro Arriola
      Curro Arriola Dice:

      Te voy a escandalizar, Patricia… porque voy a “defender” un poquito a la Mafia. Al menos a la originaria…
      Bien dices que en la peli The Godfather el espectador se pone del lado de la autojusticia. Y te duele como defensora del Estado de Derecho.
      Pero es que históricamente la Mafia fue como un Estado de Derecho de urgencia.
      Las de “Mafia”, “Cosa Nostra”… y otras denominaciones aplicables a ese fenómeno, en realidad son espúreas. La denominación propia que se ha dado a sí misma esa asociación, históricamente, es “Onorata Societá”. ¿Cinismo? No precisamente.
      Sicilia ha sido desde siempre tierra codiciadísima. Estratégicamente situada, bellísima, riquísima con arreglo a los criterios del mundo antiguo. Parece como si cada Imperio o poder tuviera el pundonor en poseer la isla. Fue griega, romana, sarracena, normanda, qué sé yo; fue hasta medio española según se mire, e incluso hasta hoy en día no está nada claro que sea del todo italiana, aunque de allí partiera Garibaldi.
      Así las cosas, el siciliano, siempre invadido, siempre sujeto a poderes extraños que pasaban absolutamente de él, aunque no de sus riquezas, organizó una sociedad que le hiciera las veces de pequeño Estado; que le proporcionara lo que el hombre necesita del Estado, y que el siciliano no recibía. La Onorata antes dicha.
      En sus comienzos (lógicamente imposibles de fijar con exacitud en el tiempo) este carácter de Estado suplente era muy claro. Empiezan organizando un sucedáneo de los Tribunales. El siciliano (el pobre, claro) no podía acudir a los del Estado. Le costaba la ruina, y se moría de viejo viendo alargarse el proceso. Aparecieron entonces lo que llamaríamos “amigables componedores”. Un hombre bueno, de la aldea que fuera, que se había ganado el respeto de todos por su sensatez y seriedad. A él se acudía para resolver las “pretensiones justas” que diría Guasp. Y con un proceso oral (lógico) y bien breve, la cuestión se resolvía. No costaba nada. ¿Y cómo se ejecutaba lo juzgado? Por la misma fuerza de la situación. El que osaba desobedecer lo resuelto quedaba absolutamente deshonrado; nadie le trataba, era un paria. El caso es que, a su nivel, el sistema funcionaba.
      Como sucede con todas las asociaciones humanas,  a medida que crecen y se hacen más complejas se vuelven peores, menos auténticas. No podía ser de otro modo, la cosa fue degenerando. Y de la situación idílica que acabo de describir se pasó, ya en los siglos XVIII y sobre todo en el  XIX, a otra muy distinta. La Onorata se quedó en Societá a secas, al menos en cuanto a su comportamiento. Las decisiones dejaron de tomarlas hombres “buenos” para tomarlas hombres que disfrutaban ejerciendo el poder.
      Se instituyeron procesos ejecutivos, con su fase inicial de requerimiento para el cumplimiento voluntario, y con sus medidas coercitivas posteriores. No había cárcel,  claro; pero sí quema de propiedades y finalmente pena de muerte.
      Así y todo, el orígen histórico pesaba. Había códigos de honor. Por ejemplo, jamás de los jamases se atentaba de ninguna manera contra niños. La escena (del  Padrino) en que la madre enlutada visita al “uomo di respeto” que se acaba de cargar a su marido, es absolutamente falsa. ¿Te acuerdas? La viuda va a ver al criminal, a suplicarle que no mate a su hijo; y el mafioso le responde que bien que lo siente, pero que a ver qué remedio, que el niño crecerá y si le deja, luego le matará a él. Ante eso la viuda intenta apuñalar al capo, muere en el intento, y el pequeño sale corriendo hasta América, donde se convierte en el Padrino de la peli. Bueno, pues no. A los niños no se les tocaba. Nunca.
      Otro ejemplo. Y éste de los EEUU, donde los emigantes sicilianos anduvieron en seguida muchísimo más sueltos y alejados de todo honor. El mafioso por excelencia, Alfonso Capone, alias Scarface, debía su mote a un lance de faldas. Siendo ya un gangster importante,  en un baile requirió de amores –al parecer en forma soez- a una doncella, cuyo hermano tiró de cuchillo y le señaló la cara. Sicilianos todos. Capone no se andaba con muchos escrúpulos a la hora de matar gente. Pero el asunto fue al “tribunal” de la organización, y se falló que el chaval había hecho santamente defendiendo a su hermana, y que ajo y agua. Y allí quedó todo; ni siquiera cuando Capone llegó a dominar lo que dominó se vengó.
      Otro. Si un mafioso recibía el encargo de adquirir para la Mafia un establecimiento comercial, no empezaba amenazando al propietario; eso era lo último. Le hablaba, le intentaba convencer de que la operación era provechosa también para él. Le prometía favores futuros, que luego hasta se cumplían. Ahí estaba su pundonor, en lograr que el otro accediera por las buenas y hasta quedara contento. Claro que si no había otro remedio le quemaba el comercio o hasta le pegaba un tiro; pero eso era lo último. Porque para el mafioso eso era un fracaso. Llegar a esos extremos significaba que era un desastre en su “trabajo”. Un imbécil, con revólver, si; pero un  imbécil.
      Así fueron las cosas hasta el Fascismo. En los años veinte pasó lo que tenía que pasar: un Estado totalitario (todo es competencia del Estado originariamente; el individuo solo tiene sentido como miembro del Estado y asume su moral; vamos -más o menos- la filosofía de Educación para la Ciudadanía…) no podía tolerar pseudo-estados en su interior. El Fascismo no logró cargarse la Mafia, pero por los pelos. La dejó en coma, inactiva por completo. Con métodos fascistas, claro está. Y bien caro que lo pagó; la Societá –como siempre- se vengó. La invasión americana de Sicilia fue un paseo militar gracias a la colaboración de la Mafia.
      A su vez los vencedores pagaron esa colaboración; los alcaldes nombrados en la isla (a dedo, claro es)  tras la liberación eran en su práctica totalidad mafiosos. Descubrieron lo muy productivo que podía ser el poder municipal. Las basuras, las contratas… pero sobre todo el urbanismo. El caos siciliano actual en ese terreno se debe a la Mafia. (Iba a escribir que como ahora en España,. Pero no; hasta yo reconozco que en España aún no hemos llegado a esos niveles. No ha dado tiempo.)
      A partir de ahí, nada de nada quedó del código de honor; la Mafia pasó a ser una organización de delincuentes, pura y simple, sin matices, capaz incluso de asesinar niños.
      Y hasta hoy. Hoy, en que –no creo que sea casualidad- comienza la sociedad siciliana a reaccionar contra ella, de verdad, con el lógico miedo, pero de verdad. Natural. Porque ya de Onorata no le queda ni el nombre.
      Y perdoname este largúisimo rollo; pero es importante no andar nosotros en España el mismo camino, si bien mucho más rápido.  Porque si el Estado de Derecho no fucniona… la sociedad generará “otro”. Y será bastante peor.
      Saludos, amiga.

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