Síguenos: FaceBook Twitter LinkedIn RSS Feed RSS Comentarios

El Duque de Palma, ¿nobleza obliga?

28 enero, 2012 | Por Autor: Juan José González Fernández en Crisis política e institucional

Nadie sabe si la reciente imputación judicial de varios delitos al Duque de Palma acabará en una sentencia firme condenatoria. Sin embargo, incluso si su ejecutoria como intermediario o contratista con las Administraciones Públicas, prevalido inevitablemente de su condición “real”, pudiera ser lícita, no es ni ética ni estéticamente presentable. Ni para él, ni para su despistada esposa, que con seguridad no se habrá enterado por la prensa de cómo se ganaba la vida su consorte, y menos aún siendo ella su socia al cincuenta por ciento.

En mi opinión, la trascendencia jurídica o criminal del asunto no es tan relevante como su dimensión moral. Tanto marido como esposa venían obligados –precisamente por su condición “real”- a no permitir ni sombra de duda sobre el modo en que se ganaban la vida. Y a hacerlo por vías más honorables, más decorosas, y menos cuestionables que las aireadas en la prensa, con independencia de que éstas últimas se terminen demostrando lícitas (¡¡que todo puede ser con la justicia en este país!!.).

Y es que, como se suele decir, ¡¡nobleza obliga!! Y si algo se opone a la vida noble -“ejemplar” (por usar la expresión de la propia Casa del Rey)- es la vida vulgar. La evolución del Duque de Palma, desde su etapa como deportista olímpico hasta estos últimos años, es prueba de ese contraste.

Como deportista que fue de alta competición, el Sr. Urdangarín se sometía a duras exigencias, a entrenamientos continuos (entrenamiento traduce lo que en griego se llamaba “ascesis”, que tiene que ver con ascensión, con elevación sobre el nivel de la vulgaridad). Disciplina y sacrificios que se imponía al servicio de un fin noble: vencer limpiamente al rival, defender a la selección española. Entonces no era duque, pero llevaba una vida noble, al menos en su actividad pública conocida.

Fue contraer matrimonio con la Infanta Cristina y sucumbir, poco a poco, a la vulgaridad. El modo en que empezó a hacer dinero, como contratista con las administraciones públicas, o como comisionista con entidades benéficas, prevalido de su condición “real”, ilustra el cambio de vida. De la autoexigencia al desenfreno. De la vida ascética del deportista al descontrol, y a la orgía del dinero fácil. Que su conducta reciba o no reprobación penal es relevante pero no decisivo.

Lo decisivo es que alguien de quien -por su lugar de preeminencia en la escala social y por su cercanía a la Corona (cuya única legitimidad verdadera es servir de ejemplo)- cabía esperar un comportamiento noble, en vez de servir a fines nobles (culturales, científicos, filantrópicos), aprovecha su condición para servirse sin recato. No para dar, no para servir, sino para recibir.

Qué diferente el ideal de nobleza encarnado por el Duque de Palma (y su despistada socia y esposa) de los ideales que están en el origen de algunas de las casas ducales más importantes de España.

“Dar es señorío y recibir servidumbre”, reza la divisa de los Duques del Infantado desde el siglo XV. Acaso Urdangarín entendió ese lema, pero al revés.

Alfonso García Valdecasas, que conoció de primera mano el servicio multisecular de los Infantado a favor de la cultura y de la ciencia españolas, dice en “El hidalgo y el honor” que la verdadera nobleza es la de la virtud, la de las costumbres, no la del parentesco (sola virtus nobilitas est). Y que el honor nunca se cifra en el éxito (de lo que se logra o se posee), sino en el esfuerzo al servicio de una causa noble. La cultura del éxito es villana; la del esfuerzo, hidalga.

Es un pensamiento constante entre nuestros clásicos el de que la nobleza, ante todo, es –o, mejor dicho, debe ser- una fuente de deberes. No de privilegios. Ortega, en un sentido parecido, decía que el caballo de pura raza (es decir, noble) tiene la obligación de correr y de resistir más que el caballo vulgar. Y es que “noblesse obligue”.

He aquí un arquetipo moral y su antítesis. La excelencia y la vulgaridad. El honor y el deshonor.

Puede recibir notificaciones de nuevos comentarios a esta entrada a través de RSS 2.0 Puede responder, o trackback.

11 Respuestas

  • silvia says:

    No parece que en este post se respete mucho la presunción de inocencia de Urdangarín, que tiene derecho a ganarse la vida con los negocios que le plazcan, siempre que no cometa delitos.

    • andres says:

      Silvia te equivocas, este señor por su condición de formar parte de la Casa Real no “tiene derecho a ganarse la vida con los negocios que le plazcan”  

  • David says:

    Creo que te equivocas.
    No podemos depender de que la moralidad “propia” de la nobleza les incline por si sola a hacer el bien y mucho menos de que el riesgo de infamia y desprecio popular les lleve a corregir esos comportamientos  (el rey nunca habría aceptado yates de banqueros y en todo caso los hubiera devuelto).
     En un Estado de Derecho deberíamos tener un sistema legal en el que se garantice la justa sanción (en su caso) de este tipo de comportamientos sin tener en cuenta la persona que los lleve a cabo ni sus circunstancias (mucho menos el pedigri).
     
     
     
     

    • JJ says:

      David, lo que se dice en el post es eso.
       
      Que, seas quien seas, si cometes hechos tipificados como delito, debes pagar por ello.
      Pero, además, otra cosa: que determinades actividades o negocios que pueden ser lícitos para el ciudadano normal, no es decoroso/ético/honorable que sean desarrollados por una persona tan cercana al Rey. Como decía Jaume Matas, si llega el yerno del Rey proponiéndote un proyecto para potenciar el turismo de Baleares, ¿quién se atreve a decirle que no? Pues eso. Mal por Urdangarín en  no abstenerse de proposiciones así, cuando de ellas saca un beneficio económico por muy “legal” que pudiera ser. Y, desde luego, mal por los políticos que dilapidan dinero público por no tener la valentía de decirle que no al yerno del Rey y saltarse los procedimientos legales en esos convenios o contratos. Las responsabilidades de esos políticos también deben ser depuradas, sean de naturaleza jurídica o política.

  • robespierre says:

    Hombre, si le toca un jurado como el de Camps a lo mejor le absuelven…perdón, le avsuelben. Para los que no sepan por qué lo escribo así, vean la noticia en http://politica.elpais.com/politica/2012/01/27/actualidad/1327660536_530015.html 
     

  • Curro Arriola says:

    Peor hubiera sido, pej, que el Iñaki se hubiese dedicado a percibir comosiones sobre el petróleo que se importa en España… ¿no?

    • Paula says:

      Sabe, Sr. Arriola, que esta semana he escuchado a una señora de la alta sociedad y muy bien informada, decir que hay alguna serenísima persona que cobra una comisión de eso que dice usted, de todo el petróleo que entra en España…. No se si será cierto pero me sorprende la coincidencia con la insinuación que hizo usted? Un saludo y enhorabuena por el blog. Paula.

    • Curro Arriola says:

      Paula, pero… ¿quién va a cobrar comisiones sobre algo tan importante? Sería un supuesto de corrupción verdaderamente monstruoso.
      No, no creo que nadie, en España, por muy alto que esté, perciba comisiones sobre el petróleo que importamos. ¿Quién, pero quién, tendría tanto poder?
      Es inconcebible… ¿verdad?

  • modu_shanyu says:

    Personalmente pienso que esa “obligación de ejemplaridad” que se exige al Duque de Palma es la misma que es exigible a cualquier cargo público.
    El problema es que, así como un político (ej. Camps y sus amistades poco “estéticas”), puede dimitir y quitarse de en medio, en el caso de la Familia Real la cosa está más difícil porque la vinculación al cargo es “familiar” y no “política”. Y no se le puede obligar a divorciarse.
    En cualquier caso, me extraña mucho que el Rey no conociera las andanzas de su yerno. Y el encubrimiento también es poco ejemplar.
     

  • Manu Oquendo says:

    Esto que ha sucedido es muy grave. Es un golpe casi mortal para una institución que ya tenía escasas bases para mirar al futuro con optimismo. Se parece demasiado a la sociedad actual y esto, aunque Zapatero crea lo contrario, es hoy una receta para el colapso porque a nadie le gusta verse en el espejo cuando la imagen es funesta.

    Voy a aprovechas para recomendar un libro que supongo conocido pero que a lo mejor no lo es tanto y sin embargo debiera de cabecera para cualquier persona que en algún momento de su vida aspire a liderar cualquier cosa, una nación, una familia, una escuela de pueblo, una empresita y desee hacer con legitimidad otorgada por quienes deben seguirle y obedecer.

    Título: ”Poder. Los genios invisibles de la ciudadGuglielmo Ferrero. Tecnos.

  • elisadelanuez says:

    Pues muchas gracias por la recomendación, Manu, no no conocía (yo al menos) el libro. Tienes toda la razón con lo de la imagen de Urdangarín es un poco la imagen de lo que (nos) ha pasado estos últimos años, con “huída de la responsabilidad” incluida, dado que ahora declara que no sabía nada y que toda la culpa era de su socio. Tampoco está mal la idea de aforar a todo el mundo para evitar que los miembros de la Casa Real declaren como todo el mundo ante el Juzgado de Instrucción. Lo que sigue demostrando que la clase política sigue sin entender el malestar de la ciudadanía.



Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*


*

 Caracteres disponibles (400 palabras aproximadamente)

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Current month ye@r day *