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A la Unión Europea le gustan las cuotas

13 marzo, 2012 | Por Autor: Almudena de la Peña en Igualdad de género | Unión Europea

Estos días en los que se habla de mujer trabajadora, de mujer en puestos de relevancia, de códigos de buen gobierno, ha tenido especial repercusión el discurso de la Comisaria Europea de Justicia, Viviane Reading, criticado por unos y alabado por otros. Consideramos, por lo tanto, y porque ha sido la semana de reconocimiento internacional de la mujer que es hora de volver a hacer una reflexión sobre la presencia de mujeres en los consejos de dirección de las empresas, sobre las cuotas y sobre los techos de cristal. Que la crisis económica no nos haga olvidar otras cuestiones… ¿“menores”?

Ya sé que es un tema muy discutido y que provoca polémica, pero hasta ahora no parece que haya habido gran evolución. Pasan los años y estamos siempre en la casilla de partida. Mucha propuesta no vinculante, mucho cambio estético pero algo falla porque las cuotas de participación femenina no aumentan; solo un 14% de consejeras en la Unión Europea, lejos del objetivo del 40%.

Que sea la UE quien haga la reflexión es significativo y no solo porque legisla desde un ámbito de homogeneización supranacional, sino, porque la propia Unión Europea aplica, desde su inicio, un principio de cuotas rígido y que no ha sido discutido por nadie. Me refiero a las cuotas de representación de los nacionales de los países miembros en todos los puestos de trabajo de las Instituciones Comunitarias. Se ha asumido con total naturalidad que debe mantenerse un porcentaje de representación para cada estado miembro. Y no me refiero a instituciones como el Consejo o el Parlamento en los que efectivamente los Estados tienen una representación como tales, sino a la Comisión, equivalente a una administración pública, y que representa y defiende los intereses del conjunto de la UE.

El criterio para ser funcionario de la Comisión no es solo el de la valía sino también el del lugar de nacimiento ¿Y por qué? Simplemente porque en una Europa formada por tantos y tan distintos se pretende que haya una representación de casi todos. He encontrado un artículo de Pedro Torres Simó, ex Director General Adjunto de Personal y Administración de la Comisión Europea en el que reconoce lo siguiente: “Una norma seguida en las Instituciones comunitarias consiste en mantener una cierta proporción en los puestos de su plantilla entre las diversas nacionalidades. Esta proporción es absolutamente rígida en los puestos de máximo nivel y se flexibiliza según se baja en el nivel de los puestos, hasta llegar a su dilución práctica en niveles de entrada y en categorías auxiliares.” Teniendo mujeres que salen preparadas de las universidades en proporción superior a la de hombres y que nadie duda que estén preparadas y sean válidas igual que éstos, quizás haya que dar un pequeño impulso para que exista una cierta proporcionalidad en los ámbitos de máximo nivel de las empresas…

Efectivamente, la Unión Europea tiene mucho cuidado en establecer cuotas representativas para los países miembros en función de su población. Ya sé que habrá quejas y polémica entre los comentaristas; alguno dirá que en las empresas se progresa según los propios méritos y sacrificios indistintamente del sexo de cada uno. Estaría plenamente de a cuerdo si las condiciones de partida fueran las mismas para todos, igual que estaría de acuerdo de que en la Unión Europea no hubiera cuotas si ello no provocara como resultado que todos los funcionarios terminaran siendo alemanes o franceses.

Otros dirán que las empresas son entes privados y los Estados no. Pero no estamos hablando de la empresa privada familiar en la que la libertad para constituir su consejo de administración es indiscutible (aunque según las estadísticas del informe de la Comisión Europea harían bien en emplear un poco más de entendimiento femenino). La legislación que se propone va dirigida a las empresas cotizadas o estatales. Es decir grandes empresas que voluntariamente han optado por un tipo de control y regulación precisamente porque acuden a un mercado de financiación y de capital específico, protegido por el propio Estado. De hecho, las normas para promover la igualdad en los Consejos que se ha aprobado en Francia, Italia o Bélgica, y las recomendaciones de Holanda, España y Alemania solo hablan de empresas cotizadas o de empresas estatales.

Cualquiera que conozca un consejo de administración de empresa cotizada en España sabe que las personas que en ellos se sientan lo hacen por un criterio de representatividad de algo o alguien y no por su valía o capacidad de dar consejo. Basta con analizar cada una de ellas.

Tampoco hablamos de que mujeres y hombres sean iguales, está claro de que no lo son, se trata únicamente de que estén igualmente representados en órganos de decisión que afectan por igual a hombres y a mujeres.

El informe de la Comisión expone, con datos estadísticos una serie de argumentos favorables al incremento de presencia femenina en las empresas que es una pena no tener en cuenta:

1. Las empresas con mujeres en sus órganos directivos presentan mejores resultados económicos que las demás. Según estudios de McKinsey & Company las compañías con más mujeres en su consejo vieron como el valor de su acción aumentaba un 17% en bolsa entre 2005 y 2007 y su beneficio fue casi el doble del de la media de la industria.

2. Las mujeres controlan el 70% del consumo global, así que por pura lógica las mujeres pueden conocer mejor cual es el comportamiento del consumidor.

3. La diversidad mejora la calidad de la toma de decisión ya que se basa en más alternativas que las de la toma de decisión por parte de un consejo de administración homogéneo.

4. Distintos estudios han demostrado, igualmente, que el buen gobierno corporativo y la ética empresarial aumentan en las compañías con más mujeres en su consejo.

5. Más de la mitad de los estudiantes que se gradúan al año son mujeres. Su talento, que ha costado el mismo precio al Estado que el de los hombres, se infrautiliza si no se les da oportunidad en puestos de toma de decisión.

El mismo informe señala que ha habido un pequeño aumento de presencia femenina del 1,9% entre 2010 y 2012 pero sigue siendo muy lento ya que de media, 6 de cada 7 miembros de consejos son hombres (86,3%). Los distintos países europeos han progresado de manera distinta y únicamente Francia que ha adoptado la cuota obligatoria legal en enero de 2011 con un plan progresivo hasta 2017, fecha en la que tiene que haber un 40% de mujeres en los consejos, ha experimentado, ya hoy, un aumento significativo (de 12.3% a 22.3%).

Brevemente, hasta hoy, la normativa que se ha ido introduciendo en Europa es la siguiente:

Francia, Italia y Bélgica han adoptado legislación de obligado cumplimiento, siguiendo el ejemplo de Noruega (quien sí ha resuelto de manera eficaz el problema), aunque cada uno ha planteado distintas cuotas y distintos plazos para que se completen y por ahora es Francia la que más ha progresado. España y Holanda también tienen legislación aprobada pero no es obligatoria sino recomendatoria, sin establecer sanciones. En Reino Unido Lord Davies elaboró un informe recomendando la presencia de al menos un 25% de mujeres en las compañías cotizadas en 2015, el gobierno ha iniciado una campaña de consulta de las empresas para que indiquen cuantas mujeres piensan tener en sus consejos para esa fecha. Los códigos de gobierno corporativo de Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Luxemburgo, Holanda, Polonia, España Suecia y Reino Unido recomiendan de distinta manera la diversidad de géneros en los Consejos de Administración pero sin incluir medidas coercitivas.

La conclusión del informe es muy clara; al ritmo que vamos se tardará, si nada se tuerce, 40 años en igualar la presencia femenina a la masculina en los consejos de administración europeos. Por esta razón, la Comisión propone considerar otro tipo de medidas más contundentes y de aplicación obligatoria aunque primero establecerá un periodo de consulta a los stakeholders (estados, organizaciones profesionales, compañías, sindicatos y demás organizaciones o individuos relevantes). A partir de mayo de 2012 contará ya con datos suficientes para poder tomar medidas concretas.

Visto que desde las empresas se remolonea, esperemos que sea Europa la que dé impulso a la cuota femenina. Yo estoy de acuerdo con las palabras de la Comisaria Reading “No soy una fan de las cuotas, pero me gusta lo que las cuotas consiguen”.

 

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16 Respuestas

  • ENNECERUS says:

    El gobierno ZP era paritario. El de Rajoy, no. No me gustó un pelo lo que las cuotas zapateriles consiguieron. La presencia en un gobierno de determinada gente de sexo y género femenino son el argumento definitivo en contra de las cuotas. Claro que esto es predicable también de ciertos individuos de género masculino, empezando por el propio expresidente.

    En definitiva, me parece absurdo este debate sobre cuotas. Todos somos ciudadanos, con iguales derechos y deberes y no creo que haya mujeres valiosas que no accedan a puestos de responsabilidad en empresas o en cargos políticos por razón de su condición femenina.

    El argumento de que hay más mujeres que hombres en la universidad es insostenible cuando hay ministras que ni siquiera han acabado sus estudios de bachillerato, como otros compañeros de gabinete.

    Más le valdría a la Comisión Europea preocuparse de sentar las bases de una sociedad económicamente competitiva y viable en una economía globalizada y de hallar caminos que hagan viable la transición del estado del bienestar a la sociedad del bienestar que no emperrarse en debates absurdos.

    El problema es que se ha perdido el norte y en vez de fomentar que en los consejos de administración hombres y mujeres se sienten por razón de sus méritos, se busca que lo hagan por cuotas en raazón de su pertenencia a uno u otro sexo. Bien, lo siguiente será que cada partido o sindicato tenga también su cuota (al fin y al cabo, los consejeros representan a alguien), tendrá que haber curas mujeres (y que conste que soy partidario de ello pero nadie puede imponer a la Iglesia lo contrario), etc. Y a todo esto, ¿qué pasa con los gays, lesbianas, trans, no tienen también derecho a cuota?

    Algunos de los estadistas más reputrados del siglo XX fueron mujeres pero ninguna de las feministas las reivindica: Margaret Thatcher, Golda Meir, Indira Gandhi. Los políticos que tienen las ideas más claras y las llevan a la práctica sin complejos en España son mujeres, Esperanza Aguirre y Rosa Díez, a las cuales votaría encantado si pudiera, pero el régimen electoral me lo impide.  
       
    No vi yo a ninguna feminista exigir que las mujeres estuvieran como los hombres obligadas a hacer el servicio militar obligatorio. Mientras yo perdía tiempo y dinero ellas opositaban o trabajaban tan ricamente. Y los hombres, sin una cuota que echarnos a la boca, oiga.

    Y ya puestos, ¿valdría para cuota el hecho de que yo procediera, sin mediar operación aunque sí informe de dos médicos, a cambiar la mención registral de mi sexo en el Registro Civil? ¿Se me exigiría además fenotipo femenino? ¿Se consideraría abuso de derecho o fraude de ley?       

  • Ennecerus, siento discrepar, aún un montón de señoras que no acceden a puestos de responsabilidad por su condición femenina, o para ser más exactos, por su condición de madres o potenciales madres.
    En cualquier caso, para no centrar el tema en cuestiones de si pasa o no pasa o a quien le pasa, o si se merece que le pase, que no suelen llevar a ninguna parte aquí les dejo otro interesante informe (eso sí en inglés) sobre la situación en las empresas de UK, por cortesía de un amigo y socio de un gran despacho que sabe que me preocupan estos temas. Por cierto que en ese gran despacho no creo que haya muchas socias, le tengo que preguntar, aunque ciertamente los segundos niveles están llenos de mujeres. Como en las consultoras, por cierto.

     http://www.som.cranfield.ac.uk/som/dinamic-content/research/documents/2012femalftse.pdf

  • David says:

    Lo de las cuotas es una barbaridad. Se podrían decir muchas cosas en contra ademas de las que clarividentemente enumera ENNECERUS, pero al final, tratar de solucionar un supuesto problema con una mala solución solo llevará al desastre.
    Esta vez no estoy nada en sintonia contigo, Elisa.

  • ENNECERUS says:

    No pasa nada, Elisa, discrepar es sano y de toda discusión casi siempre se aprende algo. Admiro tu enorme capacidad y no creo que tu condición femenina hay supuesto ningún problema en tu promoción profesional. Si estuviera equivocado te pido humildemente perdón.

    En mi caso persona, estoy absolutamente convencido de que mi condición masculina no me ha beneficiado en absoluto.

    Por otra parte, si la maternidad es un obstáculo para la promoción profesional de la mujer, que puede ser, lo será por una cuestión cultural, de organización del tiempo de trabajo tanto en el hogar como fuera de él o muchas otras cuestiones que deberían ir resolviéndose de forma más cabal y democrática que mediante la imposición de cuotas.

    Por ejemplo, si el discurso feminista dominante dejara paso a otro en el que se valorase la importancia de la paternidad y de la enorme responsabilidad e importancia de la autoridad del padre (proyectada en los profesores y demás) para que, por ejemplo, los hijos no tengan un perfil predelictivo, prealcohólico, etc., quizás los hombres estarían más procupados en ayudar a hacer de sus hijos gente de provecho y cooperarían de forma eficiente en este objetivo, dejando para más adelante sus ansias de poder.

    ¿Mundo de yupi? Puede ser, pero desde luego, un mundo regido por cuotas me parece cualquier cosa menos habitable. No sé por qué las cuotas por sexo habrían de ser mejores que las cuotas por raza, ideología, partido, identidad sexual, residencia, nacionalidad o cualquier otra condición social. De esto último saben mucho en los USA, donde cada vez más pensadores pertenecientes a las minorías protegidas son partidarios de que se supriman las cuotas, que acaban teniendo efectos perversos en contra de aquellos a cuyo favor se establecieron.  

    Por otra parte la edad media de los consejeros no suele ser coincidente con aquella en la que las parejas están en condiciones de procrear y tampoco nos vendría nada mal que los puestos de responsabilidad fueran ocupados por personas con experiencia y valía acreditadas, incluyendo la gestión de su familia.

    Por supuesto, expongo mi opinión no como algo que debería ser impuesto por ley (ni siquiera fomentado), sino como algo que me parece deseable. No podemos exigir una sociedad más humana si al final la familia, la maternidad y la paternidad son obstáculos desagradables en la promoción social, económica y profesional.  

  • Enhorabuena a la autora por este magnifico post en el que comenta el informe de la Comisión. La verdad es que este es un tema recurrente, también en nuestro blog, y eso nos indica precisamente lo poco que avanzamos para solucionarlo. El tema es complejo y por eso, aunque sea por una vez, tengo que decir que los argumentos de Ennecerus no me convencen en absoluto. Sobre este tema Elisa de la Nuez y yo publicamos hace años un artículo en Claves de Razón Práctica que se puede consultar aquí. https://docs.google.com/viewer?a=v&pid=explorer&chrome=true&srcid=0Bz-1Adnm5XcnZmUxZjA2ZmYtNmI0ZS00NTU2LWI0NTMtYWE0YjE1Nzk4Njk4&hl=en
    Este tipo de discrimación positiva no tiene nada que ver con la protección de minorías que en EEUU ha sido y sigue siendo tan discutida. La razón de fondo es que en muchas ocasiones la mujer opta voluntariamente por subordinar su carrera profesional a la familiar. Cuando decide reincorporarse a pleno rendimiento ya parte de un handicap importante. Y que nadie me diga que esto es como el hombre que abandona su carrera unos años porque quiere conocer el mundo porque no tiene nada que ver, ni en términos personales ni sociales.
    Se está desperdiciando talento a mansalva, y la sociedad que hemos construido no proporciona recursos automáticos para solucionar este problema. Las cuotas no son la solución, sino un paso, quizás coyuntural, para ayudar a revertir ese automatismo penalizador.
    Pero por favor, quien quiera rebatirme que lea primero el artículo.

  • elisadelanuez says:

    Anda, tengo un montón de anecdótas personales que he ido coleccionando a lo largo de muchos años de vida profesional, la gente que me conoce ya las ha oído, pero seguramente la mejor es la de un headhunter (que además era compañero, es decir, abogado del Estado) que me dijo que mi cv estaba muy bien, pero que si le podía facilitar alguno parecido de un varón. No es broma, como me ha pasado a mí, pues lo cuento.La excusa es que el tipo de empresa en cuestión, como no, “prefería un hombre”, cosa que él, por supuesto, consideraba un atraso, pero oye, su trabajo era su trabajo. Y si se lo hacía yo, pues mejor que mejor.
    Por lo demás, bien está discrepar, y es sano y legítimo pero si estamos de acuerdo en el objetivo (que puede que no) que persiguen las cuotas, a los discrepantes les pediría que aporten alguna alternativa a las cuotas que permita conseguir el mismo objetivo. Más allá del paso del tiempo, que está bien pero se hace un pelín largo por lo menos a las generaciones de mujeres que salen igual de preparadas que los hombres, que ya son unas cuantas, por cierto. 

  • Manu Oquendo says:

    Tengo sensaciones encontradas.

    Realmente lo que se suele discutir son los “cholletes” (lo dice el propio nombre ”puestos”) y en eso tienen razón las mujeres que se quejan.
    Además es fácil: los consejeros los ponen los accionistas y no son pocas las dueñas. En USA son mayoría desde hace mucho tiempo y no terminan de decidirse.

    Fuera de esto la postura de las cuotas parece un poco egoísta y parcial porque nunca se oye una voz airada pidiendo igualdad en la borda de los Bous del Irish box, pescando bajo cero, o en las cabinas de los Harriers o de los F-18 que de vez en cuando siembran los Monegros de chatarra y de misiles las calles de Trípoli. Puestos altísimamente remunerados, por cierto.

    Tampoco en las escuelas, donde ya está bien de que los niños sean educados por un 95% de mujeres sin ver a un hombre en quince años de la casa cuna a la universidad. Esto tiene consecuencias y nadie dice nada para equilibrar las cosas.
    Además beneficiaría a todos porque en cuanto una profesión se hace mayoritariamente femenina comienzan a deteriorarse sus condiciones económicas lo que resulta siniestro.

    Y, por favor, Bruselas. Si nos sobran todos, ellos y ellas. Bastante mejor estaríamos sin esa carga. 

    Buenas noches

  • JJ says:

    Salvo excepciones honrosísimas lo que consiguen las cuotas es igualar en la mediocridad, no en el talento. Porque ni en la política ni en la empresa ni en las cajas de ahorros, prima primariamente éste, y la política de cuotas se desenvuelve en ese contexto social. Cuando cambiemos el chip y empecemos a primar de veras el talento, entonces quizá la cuota sirva para más. De momento, como dijo una ex ministra del PSOE, la política de cuotas permitirá que el nivel de mediocridad de las mujeres se extienda, y pase tan desapercibido, como el que hay en los hombres con puestos de responsabilidad.

  • Simón (OrcishOzu) says:

    Más allá de desarrollar los puntos de vista ya expresados, de comentar la “masculinidad” de los sin techo o la población reclusa, o de volver a traer a colación la teoría de las colas de distribución (que expuso, precisamente, una mujer), quisiera contraargumentar al informe de la Comisión, tal y como se ha aportado por Elisa. No pretendo un mero fisking, pero es que es un sinsentido:
    1. “Las empresas con mujeres en sus órganos directivos presentan mejores resultados económicos que las demás”. No se deduce de esto que haya una relación de causalidad. No se demuestra que sea la presencia de mujeres sea ni la causa ni la consecuencia. En todo caso y si hubiera una relación causal las empresas “sin mujeres” estarían pagando su “pobre distribución de consejeros” en su rentabilidad. Peor para ellos, pero no es motivo para imponer ninguna cuota.
    2. “Las mujeres controlan el 70% del consumo global, así que por pura lógica las mujeres pueden conocer mejor cual es el comportamiento del consumidor”. Absurdo. El estudio del comportamiento del consumidor es una CIENCIA compleja y con un largo desarrollo matemático en su aplicación. Mi madre no conoce mejor el comportamiento del consumidor que yo mismo, si bien al contrario, por el hecho de que ella haya parido cinco hijos.
    3. “La diversidad mejora la calidad de la toma de decisión ya que se basa en más alternativas que las de la toma de decisión por parte de un consejo de administración homogéneo”. La calidad en la toma de decisiones no se fundamenta en la contemplación de alternativas sino en la flexibilidad de opciones y la coherencia en las decisiones y se mide con LOS RESULTADOS. Si este argumento fuera cierto igualmente habría que recomendar un chino y un tibetano en cada consejo, que aportarían mayor diversidad que el mero sexo…
    4. “Distintos estudios han demostrado, igualmente, que el buen gobierno corporativo y la ética empresarial aumentan en las compañías con más mujeres en su consejo”. De nuevo falso. Diversos estudios demuestran correlación, no causalidad.
    5. “Más de la mitad de los estudiantes que se gradúan al año son mujeres. Su talento, que ha costado el mismo precio al Estado que el de los hombres, se infrautiliza si no se les da oportunidad en puestos de toma de decisión”. Más de la mitad de las estudiantes lo son en carreras humanísticas (ponga un licenciado en historia en su vida!), lo que no supone que vayan a aportar más a un consejo que, por ejemplo, un economista o abogado. Sus conocimientos (que no talento) no ha costado dinero al Estado sino al Contribuyente, por obra y gracia del Estado. Si realmente hay talento por explotar en puestos de toma de decisión, hay oportunidad empresarial, pero…
     
    Como corolario, en este asunto hay que tener muy claro que la normativa laboral específica sobre la mujer tiene dos posibles efectos. O bien es neutra y perfectamente prescindible (con ahorro de costes para la empresa en su conocimiento e implantación) o bien supone costes específicos para la contratación de mujeres (que reducen su contratación).
    ¿Os habéis dado cuenta que cada vez hay más hombres en los trabajos históricamente más femineizados, como por ejemplo en los puestos de cajera de supermercado? ¿Sabéis por qué?
    Para responderos imaginaos haciendo un cuadrante (time table u organización de turnos y jornadas) con bajas maternales, reducciones de jornada por maternidad, excedencias, …
    Un saludo,
    Simón
    Nota al pie: Soy zurdo (10% de la población), y calvo (30% del 50% de la población).  Pertenezco a una minoría que representa el 1,5% de los habitantes, y no encuentro ni una sola razón para imponer una cuota que me beneficie.

  • ENNECERUS says:

    Totalmente de acuerdo con Simón.

    Veamos tres casos reales diferntes que he tenido oportunidad de conocer:

    1º.- Mujer que prepara oposiciones estando embarazada por primera vez. Aprueba las oposiciones y comienza a trabajar siendo madre primeriza, consiguiendo que se le reconozca una “licencia por enfermedad” al no estar expresamente previstos en la legislación aplicable ni el embarazo ni la maternidad. Posteriormente vuelve a hacer otras oposiciones, las aprueba  y estando embarazada de su tercer hijo se va a trabajar a un puesto que dista 700 kilómetros del lugar de su residencia familiar.

    2º.- Mujer que estando embarazada de su segundo hijo trabaja hasta la semana anterior a aquella en que le han programado el parto. Da a luz y a los quice días está reincorporada a su puesto de trabajo con total normalidad.

    3º.- Mujer que es contratada con un contrato indefinido. Se casa a los 4 meses de la conversión en indefinido de su contrato temporal. Junta el permiso de boda y las vacaciones. A los dos meses de reincorporarse a su puesto se queda embarazada. A los dos días de conocer su estado consigue una baja por ILT, pues afirma que “le duele la espalda”. Da a luz. Agota el permiso de maternidad. Tras dicho permiso coge las vacaciones. Trasncurrido el período vacacional se reincorpora a su puesto y se acoge a una reducción de jornada estableciendo ella los días y las horas que le convienen, manifiestamente incompatibles con el horario de su empresa. Consigue una indemnización por despido improcedente muy superior al tiempo total de servicios efectivos para la empresa.

    Se trata de tres casos reales de tres mujeres sin ningún problema médico.

    La primera es una profesional autónoma caracterizada por una extraordinaria fuerza de voluntad y capacidad de trabajo que para mí quisiera.

    La segunda es otra profesional, muy inteligente, con aptitudes laborales en la media de su profesión.

    Ambas han tenido que soportar situaciones como la descrita en el caso 3º. Evidentemente en este último no se trata de una profesional sino de una empleada por cuenta ajena.

    Las dos primeras han conseguido una extraordinaria promoción profesional, superior a las de sus maridos en términos objetivos y educan maravillosamente a sus hijos con la ejemplar colaboración de sus respectivos.

    El matrimonio de la última se tambalea lo mismo que su vida laboral. Le precede no su condición de mujer, sino su historial de abusos de derechos laborales y sociales, pues la conducta descrita la repitió, con excepción del permiso de boda, con ocasión de su segundo embarazo. 

    El caso descrito en tercer lugar es idéntico a otro conocido de primera mano sucedido siete años antes padecido por otra persona.

    En definitiva, mi experiencia cercana, me indica que las mujeres que tienen puestos de responsabilidad, se las ingenian perfectamente para compatibilizar maternidad y promoción profesional, aunque esta última pueda verse resentida en un período de tiempo determinado. Y que las trabajadoras por cuenta ajena suelen ser expertas en la compatibilización de todos sus derechos laborales, lo que hace que la propensión de los empresarios a contratarlas vaya disminuyendo en proporción al aumento de sus derechos.

    Para una empresa pequeña es imposible contratar a una mujer en edad fértil para un puesto que no sea fácilmente reemplazable. Imaginemos que pasaría si de los 100.000 empleados de El Corte Inglés “cogiera la baja” a la vez el 100% del personal administrativo.

  • ENNECERUS says:

    Aclaro que me refiero a las “trabajadoras por cuenta ajena” que ocupan puestos sin especial cualificación profesional y que como toda regla general, incentivada por una legislación que no permite atajar el abuso de derecho, admite numerosas excepciones.

    Por cierto, la Merkel no ha necesitado cuotas y no se dedica, que yo sepa, a parir informes como los de la Comisaria de Justicia, sino a tareas más ingratas como la de tratar de salvar el euro de los desmanes de gobiernos desnortados, ante el malestar de una población ignorante e incrédula.  

  • Javier Friedrich says:

     
    Estoy en contra de la imposición de cuotas. He leído el referido artículo de los autores de este blog titulado “Cuotas Femeninas y Discriminación Positiva”, pero no comparto lo que se expone.
     
    Hoy día los roles de hombre y mujer en la sociedad son perfectamente intercambiables salvo para un hecho concreto (claro, la maternidad), y la capacidad intelectual de ambos la considero y defiendo igual. Pero no confundamos una realidad biológica incontestable con una serie de factores culturales que sí producen una discriminación irracional, son cuestiones distintas.
     
    Para mí el principio del mérito y de la excelencia no es ningún sofisma, disiento de los coautores del artículo cuando lo subordinan a supuestos objetivos superiores (como el bienestar de ciertos colectivos en este caso). La finalidad de la excelencia es obtener el resultado más satisfactorio posible de unos recursos dados; que precisamente coincide con el objetivo de la entidad privada que contrata a esa persona (maximizar el rendimiento de sus recursos). Por contra, si se antepone la necesidad a la capacidad se distorsiona la realidad: un ente privado no busca el bienestar general como fin primordial, abandonar el criterio del mérito le conduce a la mediocridad o a la desaparición. Esto nos llevaría a un debate mucho más largo, así que lo dejo aquí.
     
    Por contra, el hecho cierto de la discriminación salarial, o las consideraciones de la mujer como menos válida para ciertos puestos sin más argumentos me parecen deplorables y tendrán que caer por su propio peso. Pero por favor, sin cuotas.
     
    Existen campos en que se demuestra año tras año que la mujer, compitiendo en régimen de igualdad y por puro mérito, es capaz de superar al hombre: por ejemplo, en los porcentajes de uno y otro sexo que consiguen superar las oposiciones a los más altos cuerpos del Estado.
     
    Es el mérito y la libertad lo que hay que potenciar, esa es la forma de avanzar.

  • Para Ennecerus: todas las historias personales son muy respetables sin duda, ¿y? Frente a ellas está la fría estadística.
    Para Javier Friedrich: que la empresa privada busca la maximización de sus recursos es obvio. Pero la sociedad le pone algunos límites por razón de intereses sociales y colectivos: salario mínimo, vacaciones, prohibición del trabajo infantil, impuestos, ¿cuotas? A parte de que eso del mérito es muy relativo, ¿quién elige?, ¿y seguro que en función sólo del mérito? Es muy discutible. Si no hubiera costes sociales podríamos decir que en cualquier caso tienen derecho a equivocarse a la hora de escoger a su personal, pero es que los hay.

  • robespierre says:

    A mí me gustan también mucho las cuotas a la hora de formar Gobierno de Rajoy, creo que se llaman “cuotas de fidelidad” y no discriminan por sexo, sino por manifestación de lealtad inquebrantable al líder en sus horas de infortunio después de perder un par de elecciones generales de nada.

  • ENNECERUS says:

    Las estadísticas, querido Rodrigo dicen muchas cosas y también ocultan otras muchas. Como dicen los americanos, “no te fíes jamás de unas estadísticas que no hayas manipulado personalmente”.

    En cuanto a las diferencias salariales, hay estudios científicos tan rigurosos como celosamente ocultados que desmontan categóricamente el mito de que la mujer gana un 20% menos por el mismo trabajo.  A ver si lo encuentro y os pongo el enlace.

    Por otra parte los casos concretos que he citado son de lo más corriente. De no serlo, sólo cabría concluir que los hombres a la hora de tomar decisiones empresariales dan preferencia a sus gónadas frente a su cerebro y sinceramente, no me lo creo.

    Objetivamente hablando, es evidente que en la sociedad actual es mucho más difícil compaginar sus obligaciones familiares y laborales para las mujeres que para los hombres. En mi modesta opinión, esto se debe a que el cambio de roles sociales, a todas luces necesario, sin embargo está totalmente desenfocado. La mujer ha accedido a un grado de educación similar, cuando no superior al varón (en promedio) y en general, las mujeres están accediendo muy rápidamente a puestos de mando y dirección. El porcentaje de mujeres muy preparadas en estos puestos es muy superior al de los hombres, pero es sencillamente porque las mediocres no llegan.

    Podemos optar por dos caminos: Poner cuotas, para que las mediocres también lleguen, como los hombres mediocres o actuar sobre las condiciones de trabajo para que lleguen a los puestos directivos los y las mejores.

    En vez de poner cuotas yo soy partidario de:

    - Racionalizar los horarios laborales y escolares para facilitar la conciliación de la vida laboral y familiar.

    - Poner en valor económico el ingente trabajo que supone la dedicación preferente de las mujeres a las tareas familiares y domésticas, tan esclavas y frustrantes en muchas ocasiones.

    - Poner en valor social el importantísimo papel de la figura del padre en la educación de los hijos, que actualmente está por los suelos. Los psicólogos sensatos no cesan de hacer hincapié en las nefastas consecuencias del arrinconamiento total de la figura paterna, que si bien cuando los niños son de corta edad es secundaria respecto a la madre, cuando los hijos van creciendo la requieren cada vez más.

    - Establecer por ley la custodia compartida en los casos de separación, como regla general.

    En definitiva, la mujer ha salido del hogar y ha entrado en el mundo laboral, pero de manera deficiente. En primer lugar porque nunca la mujer deja del todo el hogar, máxime en época de crianza de niños y en segundo lugar porque si el hombre “entraba poco” en el hogar, ha sido expulsado del todo, cuando nunca jamás han existido en la historia condiciones de trabajo que permitieran un reparto de papeles domésticos más equilibrado, lo cual no quiere decir que no puedan y deban ser mejoradas.

    Y ya puestos, si me admitís una pequeña broma, ¿sois partidarios de la cuota de paridad en el matrimonio? 

  • ENNECERUS says:

    Os pongo un enlace en el que se explican algunas razones del porqué hay menor presencia femenina en los consejos de administración y sus salarios promedio son inferiores a los masculinos:
    http://revista.libertaddigital.com/la-verdad-sobre-los-salarios-de-mujeres-y-hombres-1276239962.html