Obligar a olvidar

El derecho al olvido, tan en auge en la era cibernética en la que vivimos, consiste en la no aparición de determinados datos en la red a voluntad propia. El sujeto en cuestión decide que cierta información que se encuentra indexada en los buscadores de Internet ha de dejar de estarlo y así, si bien no reescribe la historia, sí evita el tropezarse a cada vez con aquel pasado no deseado. Últimamente, incluso, han aparecido algunas compañías cuyo objeto es precisamente el de someter al olvido, bajo pago de un precio, a esas revelaciones malditas, ya sean una sanción administrativa al volante o unas fotos a la batería de un grupo de rock gótico en nuestra atrevida juventud.

 

Si se queman los puentes nadie podrá seguirnos, tendemos a pensar. En realidad, nosotros tampoco podremos volver, pero al fin y al cabo lo que es voluntario siempre ha de entenderse como una maravillosa libertad.

 

Pero a la libertad, que en esto se parece al amor, siempre la persiguen los mismos enemigos. Y, así, leo en mis vacaciones que el alcalde de Huércal-Overa, un municipio almeriense de dieciocho mil habitantes, ha decidido retirar el nombre de Rafael Alberti del teatro municipal que se había inaugurado en 2007, y que había tomado el nombre del colosal poeta de la Generación del 27 a petición, tras sondeo, de los propios huercalenses. Las razones aducidas por el consistorio para justificar tal decisión son tan vacías que van desde aducir que el nombre del poeta ya ‘no vende’ hasta argumentar que fue un nombre puesto por un edil socialista y que ‘no todo ha de tener nombre de izquierdas’. Nos salpica pues nuevamente y con toda su crudeza nuestra eterna tara de politizar y polarizar hasta el más mínimo detalle, entrando incluso, y de qué atroz manera, en el que debería ser un sagrado territorio: el de nuestra cultura. Sin lugar a dudas que Rafael Alberti era un ciudadano con convicciones políticas ya no de izquierdas, sino comunistas. Pero, por encima de todo, el autor de Marinero en tierra era un andaluz, Premio Cervantes en 1983, y que había escrito, además de algunos de los mejores poemas del Siglo XX, varias piezas teatrales.

 

Los caprichos, filias y fobias de quienes nos gobiernan resultan demasiado a menudo en tremebundos disparates dañinos para la sensibilidad de sus ciudadanos, que han tenido que soportar, por poner dos ejemplos de distinto sesgo, cómo en un pueblo de Ciudad Real se le retiraba una calle al Premio Nobel chileno Pablo Neruda o cómo, nada menos que en Sevilla, el concejal socialista de turno le daba el nombre de Pilar Bardem a una calle, más tarde renombrada como calle de Nuestra Señora de las Mercedes, cuando hasta donde mi humilde cinefilia llega no estamos ante una carrera de mundial reconocimiento.

 

Nótese que no estamos hablando en ninguno de los casos de sanguinarios dictadores, políticos totalitarios ni próceres del hampa, cuyo enaltecimiento en lo público resulta o resultaría desde luego que lamentable, sino de civiles que en su momento han destacado sobrenaturalmente en alguna disciplina, lo que ha glorificado su figura y por ello el homenaje, que no merece ser retirado, ni concedido en el caso de la señora Bardem, con el más absoluto arbitrio. Y que me perdone por todo esto Nuestra Señora de las Mercedes, que ella debió de ser la única sobrenatural de los aquí mentados.

 

Así se construyen nuestras dos españas, que no son las de Antonio Machado sino algo peor, aunque igual de helador: la España real y la virtual. En la primera nos encontramos los cinco millones de parados y el más de un millón y medio de familias en las que nadie tiene trabajo. En la virtual podemos ver a los bancos y sus banqueros sacando petróleo del subsuelo de la crisis y ganando euros suficientes como para sepultar las Islas Baleares y media Canarias bajo una montaña de monedas. Volvemos a la vida real para leer a cuatro columnas que el consumo se hunde, los comercios bajan los precios, la morosidad se dispara… Pero en la vida virtual el Real Madrid ficha otro delantero, que no jugará muchos minutos, por dos o tres docenas de millones de euros y le pone un sueldo que ríase usted del de los mencionados banqueros. En la vida real los sindicatos convocan una huelga general y nos suben los impuestos a traición, mientras en la vida virtual otro político mediocre cambia a su antojo el nombre de la calle en la que vivimos o el teatro al que solemos ir.

 

Quizá haya llegado el momento de proponer algún tipo de procedimiento administrativo reglado y razonado para evitar estos abusos y desmanes que se cometen aquí y allá amparados por la siempre tan terrorífica y propensa a los delirios mayoría absoluta, y así dejar a las calles, los teatros, los carteros, los vivos y  los muertos tranquilos.

 

Suerte que cuando hablamos de poesía aún te puedes acercar a libros como Sobre los ángeles y leer aquello de ‘Y el mar fue y le dio un nombre / y un apellido el viento / y las nubes un cuerpo / y un alma el fuego’.

 

Y de pronto los muertos están muy vivos, ningún delirio ajeno nos puede hacer olvidar lo que no nos da la gana y durante un segundo todos los teatros se llaman Rafael Alberti.

8 comentarios
  1. josef K.
    josef K. Dice:

    Completamente de acuerdo; Sr, Telai.
     
    “…La poesía es como el viento,
    o como el fuego, o como el mar.
    Hace vibrar árboles, ropas,
    abrasa espigas, hojas secas,
    acuna en su oleaje
    los objetos que duermen en la playa…”
     
    José Hierro

  2. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Efectivamente, Pedro, esto de que la política y el partidismo afecten tanto a nuestro callejero debería de ser objeto de meditación. Si ni siquiera estamos de acuerdo en los artistas y literatos a los que debemos homenajear con el nombre de una calle, un teatro o lo que sea por razones partidistas, lo llevamos claro respecto a nuestro futuro en común. Aparte de los dinerillos que se gasta uno en quitar y poner cartelitos, y la broma para los sufridos vecinos de la calle. Aunque aclaro que a mí personalmente la trayectoria política de Alberti me parece penosa y su comportamiento durante la Guerra Civil francamente criticable, lo cierto es que -en mi modesta opinión de aficionada-  escribió muy buena poesía, sobre todo al principio. 

  3. Jimena
    Jimena Dice:

    Mal lo de la calle. 

    Mal cuando ZP o el psoe  ha hecho lo mismo muchas otras veces.

    Alberti, gran poeta.

    Personalmnete un impostor. Un miserable. Comunista? Nooo, en plena guerra se paseaba por las casas de las duquesas, en plan frívolo, mientras otros poetas comprometidos de verdad como Miguel Hernández se la jugaban con valentía y coherencia…

    Y para totalitarismos, D. Pedro, el de Stanlin, cuya muerte fue objeto de un poema elegiaco de Alberti, buena prueba de su amor por la libertad… 

  4. Jimena
    Jimena Dice:

    Poema de Rafael Alberti dedicado al Camarada Stalin por su fallecimiento
     

     
    Redoble lento por la muerte de Stalin
    I

    Por encima del mar, sobre las cordilleras,
    a través de los valles, los bosques y los ríos,
    por sobre los oasis y arenales desérticos,
    por sobre los callados horizontes sin límites
    y las deshabitadas regiones de las nieves
    va pasando la voz, nos va llegando
    tristemente la voz que nos lo anuncia.

    José Stalin ha muerto.

    A través de las calles y las plazas de los
    grandes poblados,
    por los anchos caminos generales y
    perdidos senderos,
    por sobre las atónitas aldeas, asombradas campiñas,
    planicies solitarias, subterráneos
    corredores mineros, olvidadas
    islas y golpeados litorales desnudos
    va pasando la voz, nos va llegando
    tristemente la voz que nos lo anuncia.

    José Stalin ha muerto.

    Va cruzando las horas oscuras de la
    noche,
    la madrugada, el día, los extensos
    crepúsculos,
    todo lo austral y nórdico que
    comprende la tierra,
    y no hay razas, no hay pueblos, no hay rincones,
    no hay partículas mínimas del mundo
    en donde no penetre la voz que va llegando,
    la voz que tristemente nos lo anuncia.

    José Stalin ha muerto.

    II

    (A dos voces)
    1. Padre y maestro y camarada:
    quiero llorar, quiero cantar.
    Que el agua clara me ilumine,
    que tu alma clara me ilumine
    en esta noche en que te vas.

    2. Se ha detenido un corazón.
    Se ha detenido un pensamiento.
    Un árbol grande se ha doblado.
    Un árbol grande se ha callado.
    Mas ya se escucha en el silencio.

    1. Padre y maestro y camarada:
    solo parece que está el mar.
    Pero las olas se levantan,
    pero en las olas te levantas
    y riges ya en la inmensidad.

    2. Cerró los ojos la firmeza,
    la hoja más limpia del acero.
    Sobre su tierra se ha dormido.
    Sobre la Tierra se ha dormido.
    Mas ya se yergue en el silencio.

    1. Padre y maestro y camarada:
    vuela en lo oscuro un gavilán.
    Pero en tu barca una paloma,
    pero en tu mano una paloma
    se abre a los cielos de la paz.

    2. Callan los yunques y martillos.
    El campo calla y calla el viento.
    Mudo su pueblo le da vela.
    Mudos sus pueblos le dan vela.
    Mas ya camina en el siencio.

    1. Padre y maestro y camarada:
    fuertes nos dejas, Mariscal.
    Como en las puntas de la estrella,
    como en las puntas de tu estrella
    arde en nosotros la unidad.

    2. Vence el amor en este día.
    El odio ladra prisionero.
    La oscuridad cierra los brazos.
    La eternidad abre los brazos.
    Y escribe un nombre en el silencio.

    III

    No ha muerto Stalin. No has muerto.
    Que cada lágrima cante
    tu recuerdo.
    Que cada gemido cante
    tu recuerdo.
    Tu pueblo tiene tu forma,
    su voz tu viril acento.

    No has muerto.
    Hablan por ti sus talleres,
    el hombre y la mujer nuevos.
    No has muerto.

    Sus piedras llevan tu nombre,
    sus construcciones tu sueño.
    No has muerto.

    No hay mares donde no habites,
    ríos donde no estés dentro.
    No has muerto.

    Campos en donde tus manos
    abiertas no se hayan puesto.
    No has muerto.

    Cielos por donde no cruce
    como un sol tu pensamiento.
    No has muerto.

    No hay ciudad que no recuerde
    tu nombre cuando era fuego.
    No has muerto.

    Laureles de Stalingrado
    siempre dirán que no has muerto.
    No has muerto.

    Los niños en sus canciones
    te cantarán que no has muerto.
    Los niños pobres del mundo,
    que no has muerto.

    Y en las cárceles de España
    y en sus más perdidos pueblos
    dirán que no has muerto.

    Y los esclavos hundidos,
    los amarillos, los negros,
    los más olvidados tristes,
    los más rotos sin consuelo,
    dirán que no has muerto.

    La Tierra toda girando,
    que no has muerto.
    Lenin, junto a ti dormido,
    también dirá que no has muerto.

    Rafael ALBERTI
    Buenos Aires, 9 marzo 1953

     

  5. Curro Arriola
    Curro Arriola Dice:

    Como empecemos así no quedará títere con cabeza…

    “Si mi pluma valiera tu pistola de capitán, contento moriría” (Antonio Machado al criminal de guerra Lister)
    Que conste que no me cae tan mal Lister; por lo menos se jugaba la vida, daba la cara en el frente, no como otros que mandaban a la gente a las fosas comunes de Paracuellos y hoy son admirados demócratas.
    Rompo una lanza por Foxá, en Sevilla maldito por “fascista”, y que escribió veraderas maravillas, de las que tocan de verdad el alma:
    “Y defiende su imagen del olvido
    para que un día, al trasponer las nubes,
    la reconozcas pronto entre los ángeles”.
    Claro que a cambio tenemos a la ya citada e inconmensurable Pilar Bardem…

  6. Pedro Letai
    Pedro Letai Dice:

    Muchas gracias a todos por vuestros comentarios y, sobre todo, por leerme. Prueba clara de esa polarización y politización de la que hablo en mis artículos es que las dos veces que en ellos he citado a Rafael Alberti -ambas veces de manera accesoria, pues no es este el sitio ni yo la persona preparada para glosar su figura-, se ha sacado a colación el penoso poema que el gaditano dedicó al sanguinario Stalin. No es, ya digo, ni mucho menos mi intención la de ensalzar la figura de Alberti, que en lo literario -único ámbito en el que a mi me interesa- se ensalza sola; sino la de denunciar la arbitrariedad y capricho constante de nuestros políticos, que pisotean con sus absurdas y totalitarias decisiones ya incluso la cultura y el nombre de elevados creadores de nuestro país, sean de la tendencia política que sean que, repito, a mí no me interesa.

  7. jcimadevilla
    jcimadevilla Dice:

    Persona añorada por un servidor solía decir: ¡que no cambien los nombres, hombre! que pongan unos “el bueno” y cuando vengan los otros “el malo” y asunto solucionado” Ejem. “Pilar, la buena” y luego, “Pilar, la mala” y nosotros no nos mareamos con los nombres de las calles.
     

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