Poder y dinero en el control de las sociedades cotizadas

En varios comentarios a mis recomendaciones pascuales de lectura se instaba a la redacción de un post sobre el poder en las grandes sociedades. Recogí el guante y pensaba comenzar explayándome un poco más en las consideraciones al efecto de John Kenneth Galbraith en su libro “La economía del fraude inocente”, recomendado en este post, cuando llega a mi poder, a través del colaborador de este blog Juan José González  (al que también interesaba el tema) un artículo de J.M. Gondra, “El control del poder de los directivos de las grandes corporaciones” (RDM 269, 2008) que me proporciona una interesante visión histórica del asunto. Mi tesis, que adelanto, es que en las grandes crisis económicas ha tenido un papel no poco importante la cuestión de la regulación del poder en las grandes sociedades y que, particularmente, en la actual el ingrediente de la remuneración de los directivos ha sido determinante. Los “amos del universo” de “La hoguera de las vanidades” de Wolf, o la “beautiful people”, en la versión hispánica, han sido dignos avisos de estos lodos.

 

Veamos. Galbraith considera fraude inocente aquella creencia falsa, en buena manera sugerida por los poderes económicos o políticos que, sin embargo, la mayoría de la gente prefiere aceptar como cierta. Y entiende que uno de los fraudes inocentes más grandes de la economía actual es la ilusión de que en las grandes corporaciones, que son el centro de la economía moderna, el poder lo detentan los accionistas, cuando la realidad es que el poder real se ha trasladado a la dirección, que controla el consejo de administración, constituido por personas que tienen un conocimiento superficial de la empresa, y también las juntas generales, en las que se aprueban, casi por unanimidad, las propuestas de la dirección, ignorándose a la vez sistemáticamente las propuestas discordantes (aunque se proporciona a los accionistas, eso sí, la información sobre la marcha de la empresa y se les reconoce una importancia formal y ritual). Sin embargo, la creencia del poder soberano del accionista persiste, a pesar de todo.

 

En realidad, el problema de la concentración del poder en la dirección y el nacimiento del socio inversor desinteresado de la gestión es muy antiguo. Nos hace ver Gondra que a todas las crisis económicas ha seguido una fuerte crítica al poder en las grandes sociedades. Así, tras la de 1720 protagonizada por las grandes compañías coloniales, Adam Smith llegó a decir que “los directores de estas compañías, al manejar mucho más dinero ajeno que propio, no cabe esperar que lo vigilen con el mismo ansioso celo con el que los socios de una sociedad privada suelen vigilar el suyo…tienden a pensar que las asistencia a los pequeños detalles desmerece el honor de sus señor”. Tras el hundimiento de la Bolsa de Viena de 1873, nada menos que Rudolf Von Ihering en “En el fin en el derecho”, declara que “la posición del administrador entraña una gran tentación. Incitada la codicia por el manejo permanente de los bienes extraños, se le presenta una ocasión favorable como a ningún otro para apoderarse de los mismos”. Y tras la de 1929, Berle y Means, en un trabajo fundamental sobre esta cuestión, consideran que los grupos que controlan la gran corporación moderna, tienen una concentración de poder “comparable a la concentración de poder religiosos en la iglesia medieval o del poder político en el Estado nacional….con el peligro correspondiente de una oligarquía corporativa asociada con la probabilidad de una era de pillaje corporativo”. Interesante ¿no?.

 

Lo cierto es que este problema del control de las grandes sociedades es un problema estructural que tiene su origen en la distribución atomizada del capital. El Derecho ha tratado de dar solución a este problema, de muy distinta manera (a veces, no considerándolo problema): desde un sistema de concesión del poder público para la constitución de las sociedades (patológicamente burlado, al parecer), pasando por un sistema de transparencia en las cuentas, la disclosure philosophy, arrojando a los accionistas la responsabilidad de autoprotegerse, hasta la fundamentación teórica del poder de los gerentes.

 

En efecto, entrado el siglo XX, la empresa en que los socios son comerciantes enterados de la gestión y los administradores unos meros mandatarios amovibles y, por tanto, la junta el órgano soberano, da paso a una economía con procesos económicos más complicados que precisa una mayor profesionalización de los gestores. Ello produjo un desplazamiento cada vez mayor del poder decisorio en la sociedad en favor del órgano administrativo, reduciendo las competencias de la Junta, a través de la limitación del margen de libertad estatutaria. Por la concurrencia de factores políticos y económicos específicos, es en Alemania donde se lleva al extremo esta tendencia que se manifiesta en lo que se denominó “revolución de los directores” (denunciada ya en 1904 por KLEIN) y que culminó, en la ley alemana de 1937, con el llamado “führer prinzip” (que con este nombre ya pueden imaginarse por donde iba). La regulación europea de las sociedades, con diversos matices, se ha visto influida por esa idea y hoy la cuestión del papel de la junta es objeto de estudios doctrinales, al punto de que algunos proponen su supresión.

 

En los Estados Unidos a partir del siglo XIX se produce una relajación del derecho de sociedades anónimas. Una sentencia de la Corte Suprema (Paul v. State of Virginia) prohíbe que un Estado obstaculice las actividades interestatales, y eso hace que se produzca una carrera desreguladora, race for the laxity, que acabó con el triunfo de la legislación de Delaware, de una gran tolerancia. La desaparición del rígido marco legal anterior hizo, en opinión de los mencionados Berle y Means, que el poder basculara completamente del lado del grupo de control que arroja en manos de los consejos de directores un poder extremadamente amplio.

 

La obra de Berle y Jeans no tuvo el reconocimiento que posteriormente se le dio y a partir de los años 70 resurge una nueva teoría económica de la empresa (Jensen, Meckling, Fama) que considera que es la eficiencia de los mercados –del mercado de la labor gerencial, de capitales y de control, no las fuerzas intraorganizativas, las que disciplinan el comportamiento de la gerencia, seguida en el mundo jurídico por (Easterbrook y Fischel). El modelo desregulador norteamericano triunfa en las décadas posteriores porque se considera más adaptado a la globalización. Pero en 2001 se produce el primer tropiezo importante, el caso Enron, que empieza a generar a una creciente desconfianza en la autorregulación e impulsa una reflexión sobre qué había fallado: los consejeros independientes no funcionaron como debían; el sistema de auditoria falló en la prueba del conflicto de interés; y el sistema de stock options no sirvió para conjugar los intereses de los directivos con los de los socios.

 

Me interesa insistir un poco en esta última cuestión. Para Galbraith, al que vuelvo para terminar, es muy grave el hecho, indudablemente relacionado con la cuestión del poder, de que las remuneraciones de la dirección son en la práctica aprobados por la misma dirección, por lo que no resulta “sorprendente que estas puedan llegar a ser especialmente generosas”, incluso en periodos de clara caída del mercado de valores, o incluso de quiebra (recordando el caso de Enron, pues recuerden que Galbraith escribe en 2004, antes de esta crisis), aunque la creencia sigue siendo la de que las remuneraciones las fijan las juntas. Para él, un hecho fundamental del siglo XXI es el de la existencia de un sistema corporativo basado en un poder ilimitado para el enriquecimiento con retribuciones exageradas incluso en caso de disminución de las ventas, lo que no es sorprendente cuando los favorecidos tienen las posibilidad de fijar su propia retribución, “un fraude no del todo inocente”.

 

No es este un hecho desconocido, desde luego. Y no hay que descartar que pueda haber constituido una de las claves de la crisis actual: la conexión de la remuneración de los directivos con los beneficios a corto plazo de las sociedades hizo que éstos se olvidaran del medio y del largo, favoreciendo burbujas que aumentaban sus ingresos personales, pero poniendo en peligro el futuro de la empresa. Hace algunos años, en un artículo de temática algo más amplia señalaba que era enormemente revelador observar los gráficos que mostraba la prensa: en los años 40, los sueldos medio de los ejecutivos era 56 veces el medio de los trabajadores y a partir de los años 90 empieza a crecer exponencialmente hasta representar el doble (y pasa de 100 a 700 veces en los sueldos más altos). Pueden ver la proporción en el gráfico adjunto y todavía mejor en el este link del New York Times (hay que clicar sobre él para verlo más grande).

 

Todo ello ha de hacernos reflexionar -una vez más- sobre cuál ha de ser el papel del Derecho en esta cuestión. Creo que no hay una solución mágica pero que la regulación y supervisión son indispensable si no queremos, como bien dice Gondra, que del “capitalismo de propietarios” pasemos a un “capitalismo gerencial” y de éste a un “capitalismo de casino”. Son necesarias normas, pero no en cantidad, que ya tenemos suficientes, sino normas eficientes que pongan el dedo en la llaga. Y, eso sí, ya no se puede tolerar la “inocencia” del fraude, pues el descuido y el desinterés generan monstruos. Y no solo en la economía: piensen si todo esto no es aplicable a la política.

12 comentarios
  1. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Excelente artículo sobre un clásico en los textos y en el debate público desde antiguo.
    Que la gestión ejerce un poder muy importante sobre la propiedad es cierto.
    También lo es que depende del entorno.
    Depende de la propiedad, de su involucración, de su fragmentación, de su acceso a la información, de la capacidad de la dirección de captar voluntades de unos accionistas frente a otros o de influenciar decisiones del poder político que alinean a unos accionistas o a todos y hacen que año tras año la gestión reivindique con éxito su continuidad en las juntas generales.
     
    No olvidemos que una junta general es un evento reglado y profundamente democrático. 
     
    De hecho bastante más que la mayor parte de las decisiones que hoy imponen los legisladores políticos de todo tipo. Tanto los locales como los supranacionales.
     
    Esto ha sido así desde siempre; un gestor de empresa tiene tantos códigos vigilando su actuación que ya nos gustaría que nuestros políticos estuviesen sujetos a la mitad de ellos. Por ejemplo en lo referente a la probidad y lealtad en la gestión.
    Nadie se los toma a broma y mucho menos en USA donde la SEC puede crujir a cualquiera por cosas que a nosotros nos parecen menores.
    Lo que es muy mediático es el escandaloso salto en diferenciales de remuneraciones que esto ha producido en menos de 15 años. No más. En torno a tres lustros es cuando comienza a darse esta casuística.
     
    Lo hace tras un debate largo e intenso en USA durante las crisis bursátiles de los años 70 y 80.
    La queja ya entonces era la falta de relación entre rendimiento para el accionista y la remuneración de los directivos. Uno de los resultados fue el nacimiento de los esquemas de compensación del tipo “Stock Options”.
              
    Una vez aceptada la necesidad del esquema, su preparación vuelve a manos de la gestión y de una o dos grandes consultoras que muchos conocemos por haber tenido que encargarles el clausulado de alguno de estos planes. Las contrata la gestión, se trabaja con ellas y con los consejeros que llevan remuneración de directivos y al final es muy difícil que un consejero esté al nivel de detalle, conocimientos, esfuerzo  e información de ambos: consultora y directivos.
    Los consejos tienden a aprobar lo propuesto dado que los directivos suelen ser competentes y obtienen resultados en condiciones muchas veces difíciles.
    Lo cierto es que hoy asistimos a una explosión en remuneraciones que resulta escandalosa porque hace ya muchísimos años que en occidente la mayor parte de la población se está empobreciendo en términos de rentas disponibles reales.
    Entre el crecimiento de la fiscalidad (más estado) y el igualmente aumento de poder y tamaño de los grandes oligopolios el resto de la tarta, a la fuerza, se comprime notablemente.
    No quiero alargarme en algo probablemente conocido y difícilmente remediable.
    Tan sólo aportar una idea que leí en un blog de matemáticos de la industria petrolífera. “Peak Oil” o “The Oil Drum” creo que se llamaba, no lo recuerdo bien.
    El profesor en cuestión venía a decir que los shocks de volatilidad de los precios del barril en determinados entornos son leídos como avisos certeros de terremotos destructivos.
    Se refería a los matemáticos, quants, que analizan situaciones en los grandes intermediarios financieros y que estos shocks de volatilidad vienen prediciendo el final cataclísmico del sistema que salió muy tocado de la crisis del 29 y de Breton Woods.

    En esta situación (que la película “Margin Call” recoge muy correctamente) la alta dirección se alarma, comprende la inminencia del colapso y…..se prepara para sobrevivirlo. El resto es el efecto contagio de mercado a través de los Head Hunters.
    Sumémosle que son la gente que está en mejor situación para ver venir los problemas. Que conocen la monumental inflación real que se vive como resultado de acciones políticas y legislativo-reglamentarias y tenemos una explicación plausible y muy sencilla.
     
    Buenos días
     
     

  2. Purgandus Populus
    Purgandus Populus Dice:

    Echo de menos hablar de soluciones concretas, salvo la mencionada de la remuneración variable que genera incentivos perversos.
    Pienso que la regulación debe orientarse a la información. El principal poder de un directivo es tener los datos y sacarlos en el momento oportuno. Con la información correcta, todos los incentivos de las partes son los adecuados (accionistas, …)

  3. elisadelanuez
    elisadelanuez Dice:

    Nacho, excelente post, tienes toda la razón. Yo creo que la primera consecuencia es tan sencilla como saber que estamos ante un fraude (inocente y no tan inocente) para poderlo combatir con información y transparencia. Y si, sería conveniente reformar la CNMV para que funcione como la SEC pero vamos, para esto todavía nos queda.

  4. Fernando Gomá Lanzón
    Fernando Gomá Lanzón Dice:

    Muy interesante reflexión, que acompaño de una pregunta relativa a las extraordinarias y desproporcionadas hasta el absurdo remuneraciones de los dirigentes de empresas de tamaño mundial. Cuando algunas de ellas fueron apoyadas con dinero público en USA, no se hizo algo que me parece de cajón, como es obligar a todos los administradores de estas sociedades a renunciar a sus sueldos y prebendas y quedar a disposición de la administración para lo que fuera menester.

    Pero para mi sorpresa, siendo como es USA una nación tan celosa respecto del control en cuanto a qué se emplea el dinero de los impuestos, esto no se ha producido, y de hecho han seguido cobrando remuneraciones indecentes sin ningún problema.

    Puede verse aquí noticias sobre esta situación http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-191325-2012-04-07.html

  5. robespierre
    robespierre Dice:

    Muy buena entrada, que explican misterios como que los del Ibex 35 cobren cada vez más a medida que sus empresas valen cada vez menos, o que ejecutivos que han hundido a sus empresas cobren un dineral, como en el caso de Cebrián y Prisa (aquí se ha hundido a la propia familia Polanco, en primer lugar) porque resulta que el bonus era !por recapitalzar y refinanciar la empresa que el mismo había endeudado previamente! Chapeau 
     http://www.elconfidencial.com/comunicacion/2012/02/29/cebrian-se-embolsa-82-millones-tras-registrar-prisa-perdidas-de-450-93464/ http://www.elconfidencial.com/economia/2012/02/29/los-sueldos-millonarios-del-ibex-35-chocan-con-la-austeridad-del-gobierno-93472/ 

     

  6. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    He leido con interés los comentarios y debo insistir acerca de lo dicho por el profesor de matemáticas que publicó su artículo en “The oil Drum“. El que cito en mi post anterior y que trataré de recuperar en otro ordenador.

    No estamos en una situación de “business as usual”, vivimos el colapso del sistema y esto hay gente que lo ve venir antes que otros y actúan para salvarse a base de monumentales remuneraciones.

    El gobierno, los gobiernos, pueden hacer muy poco, salvo gestos simbólicos, porque estamos como estamos por los propios gobiernos y estos carecen de autoridad moral para resistir la mirada de quienes no han hecho otra cosa que obedecer leyes, reglamentos e indicaciones gubernamentales “para procesar otra burbuja” más o menos discretas.

    Nada de esto se explicita, no se dice en voz alta ni se escribe en actas de reuniones, pero si recordáis la mirada acusadora y despectiva de Greenspan en su comparecencia en el Congreso cuando se le echaron encima y dijo aquello de “I’ve found a flaw” para salir del paso sin faltar a su juramento de confidencialidad se ve muy claro lo que ha sucedido:Un colapso sistémico tras más de 40 años de huidas hacia adelante y de trucar estadísticas para que sea imposible comparar.

    Buenas noches

  7. almudena de la peña
    almudena de la peña Dice:

    Buenísimo el artículo, que abre una importante línea de discusión sobre el control en las empresas cotizadas (que son la base del sistema capitalista). No son empresas privadas al uso porque el accionista no participa de la toma de decisiones. En las Juntas se aprueban, como bien dice el artículo, las propuestas de la Dirección. El poder soberano no está en manos de la Junta sino en las del Consejo de Administración, de ahí que sea importante que las normas de gobierno corporativo sean ágilmente revisadas y actualizadas al mismo ritmo que se actualizan los mercados, y sobre todo que reine la transparencia y la obligatoriedad (no bastan las recomendaciones y las explicaciones). Las cotizadas no solo se retratan ante los accionistas en la Junta General sino en el Informe de Gobierno Corporativo, y en este último no solo ante los accionistas sino ante el público en general (por eso emplean mucho tiempo y recursos en su redacción!!!!).

  8. almudena de la peña
    almudena de la peña Dice:

    Sigo con el comentario, y lo vinculo a mi defensa recurrente de la presencia femenina en los Consejos de Administración. Las cotizadas son capaces de aprobar sueldos desproporcionas de sus directivos sin que el accionista se entere o pueda hacer nada al respecto de la misma manera que puede impedir que se generalice la presencia femenina en puestos relevantes. Para poner coto a uno y otro hay que imponer normas imperativas y ampliar la transparencia.

  9. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Este es el artículo citado anteriormente.

    En él, un profesor de matemáticas, Theramus, en diciembre de 2009 se pregunta si las volatilidades del precio del barril, actuando cual sismógrafo avanzado, predijeron para algunos expertos la rotura de la burbuja inmobiliaria con tiempo suficiente para que los bonus del sector financiero rompiesen todos los records galácticos.

    Por aquel entonces crucé unos correos con el autor, hombre cabal y nada proclive a fantasías.
    El mundo está muy poblado, hay mucho talento y no está donde debiera.
    Buenas noches.

    http://www.theoildrum.com/node/6025

  10. Josef K.
    Josef K. Dice:

    Vaya “timo” que les han dado a los inversores minoritarios de BANKIA.
    ¿Dónde estaban los garantes de los ciudadanos, la CNMV y el Banco de España?
    ¿Acaso, Rodrigo Rato, no sabía como estaba el banco cuando salió a bolsa?
    En fin…

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