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Servicios sociales: una apuesta por el futuro

29 abril, 2012 | Por Autor: Florencio Martín Tejedor en Administraciones Públicas

Los servicios sociales son un logro de la democracia en España. Junto con la sanidad, la educación y las pensiones conforman los pilares de nuestra sociedad del bienestar. Sin embargo la situación de unos y de otro es desigual: los tres primeros se encuentran asentados en nuestra cultura, incorporados en nuestra manera de pensar, consolidados en nuestra legislación, algo así como formando parte de nuestro concepto de vida.  Todo ello garantiza su existencia y continuidad.  En cambio el sistema de servicios sociales no es tan conocido, por ser de reciente creación, está empezando a desarrollarse, no está incorporado a nuestro universo conceptual ni vital y por tanto corre más riesgos de empobrecerse o de claudicar.  Por eso me parece que hay que defenderlo con más ahínco,  porque es más vulnerable.

 

Los servicios sociales nacen con nuestra Constitución. Antes de 1978 existía la beneficencia (pública y privada) basada en el altruismo, la solidaridad y la necesidad de atender situaciones calamitosas de manera graciable. En base al artículo 148 de la C.E. las comunidades autónomas han ido aprobando leyes de servicios sociales que garantizan derechos, servicios y atenciones diversos a las personas que se encuentran en situaciones de dificultad, dependencia o conflicto.  Junto con los esfuerzos de la A.G.E., de los ayuntamientos, de las diputaciones, de los cabildos y de las organizaciones del llamado tercer sector se ha  creado este sistema que es público, de acceso universal y que tiene desigual desarrollo en el territorio español.

 

En los momentos actuales, cuando se ponen en cuestión tantas cosas por causa de la crisis económica también puede surgir la tentación de poner en cuestión el incipiente sistema público de servicios sociales.  Por eso entiendo que conviene dar razones para que este sistema siga desplegándose con sentido realista y con convicción.

 

La primera razón para fortalecer los servicios sociales es su necesidad. El reto consiste en atender las necesidades sociales de nuestros conciudadanos más desfavorecidos haciéndolo compatible con que sea sostenible económicamente, es decir con que lo podamos pagar a medio y largo plazo. A la dificultad ordinaria se añaden, en este terreno, dos circunstancias específicas.  Una es el momento de parón económico en que vivimos; la otra es el hecho de que las necesidades sociales aumentan como consecuencia de la longevidad de la población, principalmente.  La primera circunstancia hemos de sortearla confiando en que cambie pronto (no sin esfuerzos de todos) el ciclo económico y, por tanto, que las decisiones a adoptar en el mantenimiento del sistema público de servicios sociales se basen más en la necesidad real y futura que en la coyuntura actual.  La segunda circunstancia se conoce desde hace tiempo y además es un logro el conseguir que las personas vivan más tiempo y en mejores condiciones de salud y bienestar.  Pero esto trae como consecuencia gastar más (invertir) en servicios sociales  durante más tiempo.

 

La segunda razón es su rentabilidad en términos de cohesión social.  Una sociedad que no está cohesionada corre el riesgo de precipitarse por pendientes de criminalidad, tensiones sociales, insolidaridad y dualidad.  Una sociedad que no atiende a los que más lo necesitan no puede pensar en ganar el futuro, porque estará más ocupada en resolver problemas internos del presente que en encarar las dificultades que comporta un mercado global, abierto y competitivo que garantice el éxito futuro.  La cohesión social se logra con la ocupación de sus miembros. El trabajo digno debidamente remunerado es una condición necesaria.  Pero es también imprescindible disponer de familias sanas que proporcionen estabilidad y equilibrio a sus componentes. La familia, como estructura social, es un elemento de cohesión de primera magnitud.  Y en la medida que la familia quiebra son los servicios sociales los que pueden contribuir a recuperar un nuevo equilibrio.  La prevención de situaciones de marginalidad y la atención a personas con conflictos, dependientes o en soledad forman parte de la apuesta por la cohesión social que se le atribuye a los servicios sociales.

 

La tercera razón es de oportunidad.  En los años que llevamos envueltos en la crisis económica actual uno de los sectores que no sólo no ha destruido empleo sino que lo ha creado ha sido el sector de los servicios sociales.  Los servicios de ayuda a domicilio, la teleasistencia, los centros de día, los servicios residenciales, los centros de atención especializada a colectivos vulnerables en nuestro país han creado empleo.  La conocida como Ley de dependencia (Ley 39/2006 de 14 de diciembre) nos ofrece la oportunidad de generar miles de puestos de trabajo en un sector que no admite la “deslocalización”. A uno de enero de 2012 más de un millón seiscientas mil personas habían solicitado atención. El 70 % (más de un millón) tienen derecho a ser atendidas en sus necesidades sociales.  Si nos atenemos a la letra y al espíritu de la Ley, la atención tiene que venir de la mano de profesionales de los servicios sociales. Hay un sector empresarial esperanzado y expectante con lo que pueda pasar en estos próximos meses.  Ello incrementará la inversión pública, sin duda, y generará puestos de trabajo, ingresos familiares, consumo, impuestos y riqueza compartida.

 

La cuarta razón es por responsabilidad política. El PP se ha comprometido con esta cuestión.  La Ministra de sanidad, servicios sociales e igualdad ha dicho en el Congreso de los Diputados (uno de febrero de 2012) que su objetivo es “mantener, reforzar y mejorar el sistema de servicios sociales”.  Esta apuesta debe ganarse. En ello se juega una buena parte de la credibilidad del actual Gobierno con las políticas sociales y su apoyo a los más desfavorecidos.  Ya sabemos que el empleo es la mejor política social que se puede desarrollar, pero no es suficiente. Los servicios sociales han sido tradicionalmente el estandarte de la izquierda, sus señas de identidad.  En los momentos actuales hay que reivindicar que las políticas sociales son patrimonio de la mayoría social y política de España, que son consecuencia de la sensatez, de la responsabilidad, de la legalidad y de la solidaridad.  La apuesta, además, comporta un reto: garantizar mejores servicios sociales en época de austeridad en el gasto.

 

La quinta razón es por sentido común.  Se dice, no sin razón, que los momentos de crisis proporcionan oportunidades para pensar nuevas soluciones.  Y es cierto.  Desde hace décadas se viene hablando del espacio socio-sanitario, se vienen reclamando soluciones socio-sanitarias; recursos, formas de trabajo, métodos, equipos compartidos para cuidar lo social y lo sanitario, y coordinados por una única cabeza que decida sobre ello. Hasta ahora no han sido más que palabras.  El nombre del Ministerio incluye ambos conceptos la sanidad y los servicios sociales. ¿Son sólo palabras?, ¿encierra una intencionalidad?, ¿es una declaración programática, un objetivo? La realidad y el sentido común piden que se intente. Este reto puede alcanzarse reorientando el gasto social y el sanitario, gestionando los recursos públicos de otra manera, desplegando todo el potencial que entraña lo “socio sanitario”, primando la atención a la persona en función de su necesidad y no en función del sistema (sanitario o social) en el que se encuentre.  Hay que dar salida a los miles de “enfermos sociales” que ocupan camas hospitalarias.  Muchos de ellos son personas mayores y muy mayores que necesitan atención social en régimen residencial, pero cuyo coste en un centro hospitalario (medicina interna se llama) supone 5 veces, al menos, lo que supondría una residencia. Ha de imponerse el sentido común y la voluntad que lo acompañe.

 

“Mantener uno de los mejores sistemas de bienestar del mundo…”    -que decía la Ministra en el Congreso de los Diputados- es una oportunidad que no debemos desperdiciar.  Los profesionales de la sanidad y de los servicios sociales, el llamado “tercer sector”, los empresarios, las administraciones públicas y los usuarios deberían aportar lo mejor de cada uno en este objetivo común. En ello va parte de nuestro orgullo como españoles, en ello va nuestra apuesta por la capacidad de superar retos, en ello va también nuestro compromiso con los más vulnerables, en ello está empeñada nuestra credibilidad como país moderno y con futuro.

 

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9 Respuestas

  • Muchísimas gracias Florencio por tu magnífico post, que nos recuerda una realidad que por mucha crisis que atravesemos debemos atender imperativamente. Puestos a recortar se me ocurren otros muchos lugares, chiringuitos incluidos, que éste en el que nos jugamos nuestra propia calificación como sociedad justa y solidaria. Recuerdo a los lectores, además, que Florencio es un auténtico especialista en la materia, con una gran experiencia de muchos años como gestor, director e impulsor de infinidad de programas de asistencia de enorme éxito.

  • Páradox says:

    Muchas gracias por esta visión. Debe denunciarse el que nuestros gobernantes estén siempre prefiriendo recortar en verdaderas necesidades, como las apuntadas, antes que en la cantidad de chiringuitos inútiles que pueblan nuestras Adminstraciones.

  •  
    tu blog es muy agradable

  • Elisadelanuez says:

    Bienvenido al blog Florencio con un tema poco tratado, pero de enorme interes dada ña situavion de España. A partir de ahpranqueremos que este blog se haga eco de estos temas, como ya hemos hecho con los CIES y contribuciones de persomas que, como tu, tienen una larga experiencia de gestion en estps temas, son especialmente valiosas.

  • Manu Oquendo says:

    Uno de los problemas más enrevesados con los que hemos de lidiar es precisamente este de la llegada masiva del estado a todos los rincones donde haya una demanda de ayuda y un voto a cambio de ella.

    No es fácil opinar del mismo y menos hacerlo desde el análisis porque estos temas llevan aparejadas altas dosis de emotividad y el imperativo categórico universal de la solidaridad con el necesitado que en determinadas situaciones podemos llegar a ser todos sin excepción.
    Sería como hablar mal de la leche materna o de la propia maternidad.

    No voy a hacerlo a pesar de que sobran razones y argumentos para ello. Comenzando por la ya abrumadora evidencia de que cualquier subvención hace más por perpetuar la situación que por resolverla de verdad. De hecho nunca se resuelve, aumenta. Y siguiendo por la evidencia histórica de que cada intromisión gubernamental  lleva aparejado el desordenado crecimiento de la estructura burocrática del mismo estado, amén de legiones de “rent seekers” y “free riders” que también votan.

    En este momento ya son mayoría en España (por 400,000 personas) quienes dependen del estado para comer.
    En estas condiciones sabemos lo que cualquier proceso electoral va a producir: la quiebra segura del estado porque estamos pidiendo prestado para comer y somos estructuralmente incapaces de devolverlo. 
    Por consiguiente ya hemos de trasladado al resto de Europa la obligación de mantenernos. En su momento lo haremos con los Chinos. A ver qué tal.

    Como decía, no voy a hablar de ello porque no me gusta parecer malo. Creo que no lo soy y de hecho pago impuestos hasta por las orejas, he comprado un caballlo de carga y un tejado nuevo a Dolores la gitana profesional de mi pueblo porque la conozco desde que ambos éramos niños y llevo camino de hacer lo mismo con mi amigo Mihail, el gentil profesional rumano de la medicidad y perceptor (como Dolores) de su magra pensión de subsistencia, que llega a la iglesia de Torre, desde la de Parquelagos, en su Nissan Primera para la colecta de cada misa del fin de semana.
    Todos entendemos que hay gentes para las cuales sería un deshonor trabajar para comer y debemos mantenerlos porque ellos no tienen la culpa de haber sido edicados así.

    Pero sí creo que, previamente a este tipo de análisis, sería conveniente repasar el contenido de la Parte IV del libro de TocquevilleLa democracia en América“, es la última parte del libro, sólo unas 40 páginas que nos prepararán para la conversación.
    Hay una edición de este opúsculo bajo el título “Le despotisme démocratique” en la editora L’Herme.

    Este asunto en el que todos coincidimos siempre se nos va de la mano al intentar responder la pregunta ¿Qué límite le ponemos? Cada euro de impuestos es un euro de coste de los productos y servicios que hay que vender. Es decir, cada euro fiscal nos hace un poco más caros y nos resulta más difícil vender. Tanto que por esa causa y no otra acumulamos parados a razón de 120,000 al mes.
    Es complicado encontrar el equilibrio.
     

    Buenas noches
     
     

  • Páradox says:

    Pues la verdad es que Manu Oquendo tiene toda la razón. En este estado en que nos encontramos de quiebra de las administraciones públicas no pueden éstas asumir estas funciones. Tal labor, imprescindible, tendrá que realizarse por las hasta hace poo despreciadas entidades privadas de beneficencia, con los debidos apoyos vía deducciones fiscales, que muy probablemente lo van a hacer con mejor eficiencia. No olvidemos que gracias a estas organizaciones de caridad, en muchos casos de carácter confesional, se está evitando que muchísimos españoles estén pasando hoy hambre física.

  • aldelgadog says:

    Este post está escrito antes de las elecciones generales, ¿no? Porque durante la campaña ya se encargó Rajoy de decir que la dependencia no era sostenible y en cuanto ha formado Gobierno le ha metido un recorte brutal, demostrando así que no consideran esta política social como un patrimonio común de la democracia.

    Aparte de eso, está bastante bien planteado el asunto sobre este cuarto pilar del Estado del bienestar, salvo centrarse en el aspecto socio-sanitario, pues los servicios sociales también tienen aspectos socio-educativos (p.e., plan Educa3, de escuelas infantiles de primer grado, también fulminado) y otros.

  • Jeremías Cohen says:

    Aldealog:
    Es verdad que este Gobierno tiene responsabilidad, sobre todo en no acometer reformas suficientemente radicales que salven a este país de la ruina. Pero es precisamente su partido el que con más entusiasmo ha contribuido a esa ruina, al poner al frente del Estado durante demasiado tiempo a una cuadrilla de incompetentes absolutamente desconectados de la realidad (eso pensando bien, si pensamos mal serían simplemente unos caradouras mentirosos, o puede que haya un poco de todo).
     Después de haber conducido al país al desastre se echa de menos un poco de contricción por su parte, el abandono de la demagogia y la aportación de ideas positivas. Por ejemplo, de dónde sacar el dinero que eviten los recortes.

  • Federico Cárdenas says:

    Para los estudiantes de Economía, el manual ”Teoría de la Hacienda Pública” de González-Páramo,  explicaba en aquellos años con somera claridad lo que es un bien público y las razones para su existencia.

    Algo que forma parte del bienestar, aunque no como capítulo de gasto social, es el empleo. Con un casi 25 por ciento de la población activa en desempleo, lo que todos llamamos bienestar social puede ser entendido por ese cuarto de población como supervivencia.

    El sistema de prestaciones sociales se autoalimenta del propio sistema, y con tanta población activa en desempleo, sólo queda ”ahogar” al resto en forma de impuestos para poder seguir sosteniéndolo O buscar una política de creación de empleo totalmente activa basada en la conexión real demandante-oferente, la eliminación de barreras interterritoriales y la formación pro-empleo desde el mismo proceso de selección (me falta este conocimiento, puedo acceder a él).

    Lo que algunos creemos es que lo que pone en cuestión el sistema de verdad, son las cuentas. No puede existir una misma cobertura para rentas altas como para desempleados, ancianos, no adultos,….., el sistema no hace distinción y éso es y ya lo era hasta hoy un “efecto interno negativo” (parodiando a los efectos externos que justifican la existencia de impuestos indirectos).

    Las crisis corrigen los sistemas y para huir de éllas habrá que acudir al origen: empleo. 

    Gracias por el post      

       

      



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