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Un modelo político agotado

1 mayo, 2012 | Por Autor: Rodrigo Tena Arregui en Crisis política e institucional

Quizá el único aspecto positivo de la profunda crisis que atravesamos sea disponer de la siempre interesante oportunidad de presenciar, en primera fila y a tiempo acelerado, el derrumbe de un sistema político, aunque eso sí, con el grave inconveniente de no saber cuánto va a durar todavía, qué va a sustituirlo, y, especialmente, cómo va a hacerlo.

 

No es que sus muchos defectos estuviesen precisamente ocultos en tiempos de bonanza, pues eran evidentes para cualquiera que se molestase en tener los ojos abiertos, pero sin duda la prosperidad general permitió asumirlos como disfunciones inevitables, ni siquiera exclusivas de nuestro país y, a la postre, fácilmente negociables. La crisis ha venido a hacer añicos esta ilusión. Comprendemos ahora que esos defectos son trabas formidables que amenazan con gripar la maquinaria del Estado, hundir definitivamente nuestra economía y dejarnos a todos en la estacada.

 

Durante un tiempo confiamos con que bastaría con sustituir a los tripulantes al mando para que las cosas se solucionasen, como si éste fuese sólo un problema de gestión o de mera competencia técnica. Pero es necesario asumir que esta crisis deriva, como casi todas las verdaderamente complicadas, de un conjunto de incentivos perversos que afectan necesariamente a todo aquél que ocupe el poder jugando con las reglas ahora en vigor.

 

En un sistema político tan descentralizado como el nuestro, en el que las citas electorales que ponen en juego intereses vitales de los partidos (o mejor dicho, de quienes los controlan) se repiten cada pocos meses, no existen incentivos para ejecutar estrategias a largo plazo. Más aún, la dirección de esos partidos está apoyada en un extenso y trabado régimen clientelar que disuade de adoptar medidas de adelgazamiento y racionalización del sector público. Como hemos visto con los actuales presupuestos, los recortes se centran en la inversión y en los servicios públicos esenciales, mientras se permite que las numerosísimas entidades y empresas públicas, al disminuir sus ingresos sin disolverse, sigan consumiendo el grueso de sus presupuestos en su propio mantenimiento. Un sistema de organización territorial abierto y en constante mutación fomenta que la ambición personal de poder se imponga siempre a la racionalidad y a la eficiencia. Por lo demás, una partitocracia tan cerrada como la nuestra impide asumir responsabilidades por las derrotas. Los candidatos repiten hasta la extenuación, sin más aval que el apoyo del aparato del partido que, evidentemente, ellos han montado a su imagen y semejanza por la fácil vía de respaldar a su vez a aquellos fieles que han probado su lealtad en los momentos difíciles.

 

La consecuencia es una dirección política sin verdaderos incentivos para asumir reformas estructurales claves para el futuro del país. Pedir a los políticos que se olviden de sus intereses particulares y se sacrifiquen por el interés general es no comprender cómo funciona este sistema partitocrático que hemos construido entre todos. Los líderes con personalidad y visión de Estado capaces de asumir ese riesgo (y hasta de salir airosos) son muy escasos, pero de cualquier forma no son los que selecciona y promueve este sistema.

 

No es necesario leer la última literatura económica para comprender la trascendental importancia del diseño institucional a la hora de explicar la prosperidad o el declive de las naciones. Es una idea tan antigua como Spinoza, cuya obsesión era construir el régimen político “de tal manera que los ciudadanos, sea cualquiera su carácter, prefieran el derecho público a sus comodidades particulares”. Nuestro sistema no ha sido capaz de conseguir que nuestros políticos prefieran el derecho público a sus intereses partidistas, y está en camino de conseguir que a los ciudadanos de a pié les ocurra lo mismo. Medidas como la amnistía fiscal o los indultos a financieros y políticos corruptos no ayudan a generar la necesaria adhesión al sistema, imprescindible para garantizar su supervivencia.

 

Cuando un sistema político llega a este punto está condenado a cambiar, pero puede hacerlo inteligentemente, o  traumáticamente tras un largo y agónico proceso de degeneración. En la mayoría de los casos suele pasar esto último. Las inercias creadas por los intereses en juego son demasiado poderosas como para que el cambio se haga desde dentro. Ahora bien,  es necesario comprender que la temida intervención desde fuera porla Union Europeao el FMI, de producirse, no solucionará ningún problema. Los acreedores se preocuparán solamente de lo suyo, no de refundar el Estado en beneficio de las nuevas generaciones. La simple amenaza de la intervención tampoco resultará lo suficientemente motivadora para emprender reformas clave. La reacción se limitará, como ya estamos viendo, a intentar aplacar a los acreedores sin poner en riesgo las propias prerrogativas, acudiendo antes que a eso, si es necesario, a las peores estrategias de la razón de Estado, como demuestra la citada amnistía fiscal. El resultado más previsible, por tanto, será un escenario de creciente desafección y contestación social, en el que los nacionalistas intentarán aprovechar la oportunidad para forzar la máquina y lograr así su aspiración secular, fomentando aun más la crispacion y la dificultad de llegar a un consenso.

 

El cambio inteligente tiene pocas posibilidades, pese a que no se trata de refundar el Estado de arriba a abajo. Reformar la actual estructura territorial no implica mayor centralismo, sino un federalismo moderno sin solapamientos, coorresponsable y con competencias claramente deslindadas. Reformar nuestra partitocracia no implica acabar con los partidos políticos, sino extender a este ámbito la transparencia (cosa que no hace el actual anteproyecto), modificar nuestra ley electoral y garantizar una muchísima mayor participación ciudadana en la designación de candidatos. Con ello se trata simplemente de restaurar el principio de responsabilidad (o de la accountability, como dicen los anglosajones) que es, en definitiva, la clave de bóveda de todo diseño institucional que aspire a crear prosperidad. No son reformas tecnicamente difíciles. Sólo exigen voluntad política. Pero los incentivos están en contra.

 

Ante este aparente bloqueo ¿qué cabe hacer? Spinoza tendría una respuesta clara: saberlo, tomar conciencia de ello. No es infrecuente que, inmersos en profundos procesos de cambio político y social, lo ciudadanos que los sufren no sean verdaderamente conscientes de su trascendencia. Suele ser precisamente esa ignorancia la que hace que las inercias se perpetúen y la degeneración final conduzca a rupturas indeseables. Ser conscientes del problema implica asumir que lo que aquí se explicita no es una mera opción política más que quepa descalificar, a veces de forma grotesca, como centralista o reaccionaria, sino un simple diagnóstico de la realidad. Y la realidad siempre se abre camino contra todos los intentos de negarla. Conocerla es el primer paso para que nuestra preocupación por lo inmediato ceda frente a nuestros futuros intereses colectivos.

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36 Respuestas

  • Penny says:

    Rodrigo, un análisis muy interesante (aunque algo catastrofista)

    Comparto tus ideas sobre los daños que supone la falta de transparencia y los incentivos perversos que generan muchas instituciones

    …pero me llama extraordinariamente la atención que no señales los agudos problemas de la administración de Justicia

    Sin una justicia rápida, no hay justicia

    Ya Shakespeare escribía:

    For who would bear the whips and scorns of time,
    The oppressor’s wrong, the proud man’s contumely,
    The pangs of despised love, the law’s delay,

    ¿Estás preparando un artículo al respecto? 

    Saludos 

  • Manu Oquendo says:

    Me toca discrepar, Penny.

    Me parece muy acertado el comentario de Rodrigo que si de algo peca es de dejarlo justo al borde prudente de lo políticamente correcto.

    El sistema político (no el económico) está en el centro de esta crisis y por eso se ceba especialmente en aquellos países de la Europa continental que, pese a envanecerse de sus sistemas representativos, en realidad han transitado desde el feudalismo a la monarquía absoluta para caer, ya en el siglo XX avanzado, en manos de las minorías que han conseguido apoderarse del estado como necesariamente había de suceder en un sistema en el cual, quien controla el estado tiene más poder y menos restricciones para el ordeno y mando y la exacción fiscal que nunca nadie tuvo en la historia.

    Puestos a recordar a Buchanan sería interesante extrapolar dentro de los parámetros del Public Choice un modelo Teocrático Sacralizado para ver cómo funcionan los agentes ante el incentivo de, cercanos al Dios todopoderoso, acceder a la gloria. Así durante ochenta o cien años sin restricciones.

    Pero, volviendo a lo práctico y al comentario de Rodrigo, el problema de fondo no es otro que encontrar los incentivos suficientes para que la ciudadanía actúe en defensa de su autonomía y de su futuro. En frente hay un plato con cada vez menos lentejas. Veremos que, muy probablemente, ganarán las lentejas.

    Salud

  • almudena de la peña says:

    Puede que sea catastrofista pero quizas estemos sumergidos en una catástrofe… me encanta con qué simplicidad expresas la sensaciones que muchos tenemos y que no llegamos a articular de una manera tan clara.

    • Fausto1880 says:

      La catástrofe no es ver venir un vehículo de frente a 200 km/h. Esa es la señal del peligro. La catástrofe es dejarse llevar por el pánico y ponernos justamente donde nos arrolle el vehículo.

  • Carmen Sánchez says:

    Me parece muy interesante el análisis de Rodrigo Tena, y celebro que lo plantee.

    En mi opinión hay varias reformas que son claves para salir del atolladero en el que estamos. Pero, desde luego, la principal es la que se refiere, como bien apunta Tena, al funcionamiento de los partidos y su creciente tendencia a la endogamia, cada vez más distantes del sentir de la ciudadanía. Es clave que se abran a la participación ciudadana y hagan realidad esa vieja aspiración de ser los instrumentos de participación política de los ciudadanos. En este sentido recomiendo un interesante artículo (“Los partidos y el pecado de la fidelidad”) publicado en http://www.otraspoliticas.com

    Pero también es necesario abordar la reforma del Sector Público (no solo de la Administración) que es, en definitiva, el brazo ejecutor, y en gran medida el cerebro, de las políticas que ejecutan los partidos. Es importante, más en estos tiempos, reducir los costes de las Administraciones y empresas públicas, pero aún más lo es que cumplan eficazmente con sus respectivas funciones y que además lo hagan con una visión estratégica del país.

  • jurista says:

    Es cierto que en otros post se ha tratado del tema de la Administración de Justicia, pero es acertado la cita de la misma que comenta Penny; antes de que nos demos cuenta la Justicia va a quedar reducida a su mínima expresión, a algo así como una Justicia de beneficencia, los recortes que se ciernen sobre ella son muy peligrosos : junto con la no inversión, no convocatoria de plazas, surge el incremento de las tasas estatales, a las que se van sumando las tasas autonómicas por lo mismo, ahora andan pretendiendo agrupar partidos judiciales hasta reducirlos a la mitad; todo supone un alejamiento físico y económico al acceso a la Justicia. y, en definitiva, se consigue lo que el sistema pretende, campar a sus anchas, porque quien lo puede controlar es la Justicia, los jueces, y cuanto menos control, mejor. Y parece que con el beneplácito de muchos, pues muy pocos alzan la voz en contra. Adiós Estado de Derecho.

  • Purgandos Populus says:

    Hola,
    Creo que tenemos que animarnos a preparar un proyecto de reforma política. Unámos todos los movimientos sociales que apuntan en esa dirección, como Colectivo Burbuja o la asociación Democracia Real Ya (no es http://www.democraciarealya.es).
     

  • Penny says:

    Hola Manu,

    La discrepancia razonada es mucho más beneficiosa que el acuerdo ciego. Así que vamos bien

    Respecto a la iglesia católica como institución (las creencias son otra cosa) sí que observo una importante actividad rent-seeker

    Hay muchas organizaciones que se financian fundamentalmente con el presupuesto público y no rinden cuentas con claridad

    Y esto es un problema serio 

    Saludos

    PD Hay autores que analizan la economía de la religión, pero no he leido nada de ellos
    http://en.wikipedia.org/wiki/Economics_of_religion 
     

  • Manu Oquendo says:

    Hace algunos días traje varias referencias de tratadistas de derecho político que se han ocupado de este asunto.

    El último que he resumido aquí es Ferrajoli (Florencia, 1940) un conocido y respetado profesor emérito de la universidad Roma Tre.

    Aboga, lógicamente, por la vía reformista pero no aborda, en absoluto, el problema que suscita entre líneas Rodrigo, el problema de fondo: los incentivos que la acción política ofrece a la ciudadanía organizada y que son prácticamente nulos a menos que se organicen para tomar el poder en un partido al uso con lo cual está garantizada la continuidad del sistema por muy buenas intenciones que lleven.

    La mayor parte de las personas normales en cuanto vemos un partido por dentro y los egos y perfiles que allí moran salimos corriendo. Son estructuras inadecuadas para gestionar hasta una piñata mucho menos para atraer y poder seleccionar las capacidades de gestión  que se requieren.
     
    Si esto tiene solución no creo que sea de la mano de un partido a los usos vigentes. Antes de llegar a ese punto hacen falta muchos otros mimbres pero estoy de acuerdo en que algo hay que hacer.

    Saludos

  • Martínez says:

    1.- Recortes: es evidente que si no hay fondos para afrontar gastos públicos son necesarios, pero HAY QUE HACER RECORTES TAMBIÉN EN LOS CARGOS POLÍTICOS: digamos para empezar un 20% menos de Diputados, senadores, parlamentarios autonomicos, concejales, miembros de las diputaciones; también recortes en financiación de partidos políticos. ES IMPOSIBLE ESTA PRETENSIÓN  porque la política es un trabajo y normalmente de gente que NUNCA HA TRABAJADO EN NADA, para muestra las ministras que fueron del PSOE o el propio Camps. Pretender que aquellos que llevan “metiendo horas” en un partido para conseguir un trabajo (cargo político) es igual que esperar un arakiri. Después de todos estos años que llevo me vais a decir que recortemos y me quede sin trabajo? sería la respuesta de los que han de tener que tomar la decisión.
    2.- Capacidad de gobierno: únicamente deberia acceder gente cualificada (ej Abogado del Estado, Inspector Hacienda, de trabajo,…) o quien demuestre experiencia en una empresa que haya sido solvente. Como va a decidir quien nunca ha trabajado en nada ni tampoco acredita conocimientos de nada?. Quizá lo mejor sería un Gobierno a cargo de funcionarios especialmente cualificados y cobrando el sueldo de funcionarios que tenían (algo mas) y los asesores evidentemente  tambien funcionarios cualificados a cambio de pagarles algo mas. Como es posible que mas del 50% de asesores actuales no tengan ni formación ni experiencia?.
    3.- reestructuración bancaria: las Entidades Financieras reciben dinero del FROB (a ver si lo devuelven algún dia) y a cambio con ese dinero despiden a una gran parte de sus empleados. No entiendo nada. Estas mismas Entidades “colocaron” participaciones preferentes sin informar adecuadamente o presionando a sus empleados para que las vendiesen mediante compromisos muchas veces familiares (luego les despiden y sus familias se quedan con el “regalo”). Algo parecido hizo Ruiz Mateos y a él le llaman delincuente. Por cierto, a la cabeza de una de esas Entidades esta quien presidio el FMI cuando se fraguaba todo el gran problema bancario y nada dijo, salvo irse sin responsabilidad alguna, eso si, cobrando un sueldo indecente sobre todo a la vista de semejante inacción.
    4.- medios de comunicación: un brazo político mas. Lo grave es que los que están ahora gobernando después de haber tenido que soportar insultos y mentiras de algunos como un gallego muy entrado en carnes o una señora de apellido Pastor, llegan y consienten que los mismos desde la TVE sigan acosándoles.
    5.- Miedo a la represión: los mismos cualificados  que antes dije ni se atreven por temor a criticar al Gobierno, pues temen que si dicen lo que piensan pueden desaparecer con un simple Decreto…. pero sin embargo diceel que la represión fue del 39 al 75

  • Manu Oquendo says:

    Mira por dónde, Penny, me has pillado porque les tengo simpatía.

    Hace unos días fui a una conferencia de Fernando García de Cortázar en Icade. Al final sali pensando que la Compañía de Jesús ha sido la más importante contribución de España a la cultura de la humanidad. Más incluso que las copas de Europa de Madrid y Barça. Más que Lepanto o América.
    Mucho antes de quitarles la pensión de poco más de 500 euros de cualquier sacerdote tenemos muchísimo camino que reocorrer con organizaciones que hacen menos por vertebrar y ayudar a la sociedad y destruyen riqueza en vez de construirla.

    Somos un país turístico, toma cualquier ciudad, Barcelona, por ejemplo: Quita la catedral, la Sagrada Familia y Montserrat y ¿qué queda que no tengas en cualquier barrio de cualquier ciudad del mundo salvo los edificios de Gaudí un hombre tan católico y ascético que va a terminar en los altares?

    Pero, bueno, si toca quitar se quita. Verás que esa organización cuya cabeza cardenalicia, vive con un sueldo de 900 euros al mes saldrá adelante mientras los partidos y sindicatos desaparecen si no se les paga en condiciones.

    Un abrazo y buen punto, Penny.

    PD, Me refería a la IV y última parte del libro que citas. Esas páginas comienzan ….”De l’influence qu’exercent les idées et les sentiments…..sur la société politique“.

  • Penny says:

    Manu:
    no es una cuestión de simpatía. Es una cuestión de incentivos

    El diezmo eclesiástico ya se menciona en la Biblia. Y en otros países, la iglesia se financia con los fondos de sus feligreses. Por ejemplo, en Alemania y Austria existen impuestos religiosos. Las personas que no desean pagarlo presentan un certificado de abandono de la iglesia y reducen su carga impositiva

    Y, sí, los sindicatos o los partidos políticos se deberían financiar con las cuotas de sus afiliados

    Pero hay que atarlos en corto. Que nuestros cuartos nos cuestan

    Un abrazo

    PD La realidad siempre es más compleja. Por ejemplo, el Estado debería sufragar, al menos en parte, la conservación del rico patrimonio religioso. O continuar con el concierto de los centros educativos de la iglesia

    • Manu Oquendo says:

       
      Estamos donde estamos, amiga Penny, porque las estructuras que se han hecho con el poder en el estado elección tras elección son incapaces de dejar de sufragar nada si detrás del sufragio huelen un voto.
      ¿De verdad piensas que el estado está en situación de sufragar nada adicional?
      Estamos en un punto de inflexión histórico. Por mucho que no se quiera enterar la UE la población activa pasa más del 65% de su tiempo trabajando para el estado, muchos bastante más.
      Esto es dramático aunque sólo sea por sus efectos desmotivadores especialmente si el dinero que el estado usa no es capaz ni de sostener su valor ni de servir de unidad de medida. ¿Por qué esforzarse? Resulta bastante irracional salvo en determinadas circunstancias muy minoritarias.

      Por hacernos una idea de lo sucedido, hay que recordar que cuando Inglaterra entró en la 2ª guerra mundial el gasto público era sólo el 20% del PIB (en plena economía de guerra) y cuando Keynes escribió su Teoría General estaban en torno al 12%.
      Hoy Europa en sus propias cifras anda en torno al 50% de peso público cuando los propios biógrafos de Keynes nos recuerdan que al final de su vida (1946) se preguntaba si sería bueno que un gobierno tomara más del 25% de la renta nacional. (Skidelski, 17, 2009)

      Saludos

  • Penny says:

    Efectivamente, Manu, el sector público viene mostrando una presencia creciente en la economía. Este gráfico para Estados Unidos es muy llamativo

    Algunos autores han estudiado los determinantes del tamaño del estado. Carles Boix  es el autor de Democracy, Development and the Public Sector.  American Journal of Political Science 45: 1-17. http://www.princeton.edu/~cboix/demdev.pdf

    Hay tres resultados que merece la pena resaltar

     El peso del Estado tiende a aumentar conforme lo hace la renta per cápita
    Las democracias suelen tener estados de mayor tamaño que las dictaduras
    La naturaleza federal del Estado no incide sobre el tamaño

    Hasta otra

    • Manu Oquendo says:

      Vaya, Penny.
      A ver si estamos de acuerdo.
      USA es una democracia constitucional desde 1776. ¿Qué tiene que ver este hecho con el constante incremento del gasto público que con tanta eficiencia muestras para todo el siglo XX? ¿Qué ha pasado en el siglo XX que no sucedió en los dos anteriores donde también eran una espléndida democracia?

      Realmente lo único que esto nos dice es que en este sistema los que quieren gobernar tienen que comprar los votos desde el presupuesto y que en determinado momento durante el siglo XX dejaron de tener un freno al gasto (el abandono del patrón oro fundamentalmente y haber conseguido meter el Impuesto de la Renta con calzador para la 1ª guerra mundial).
      Hoy ya hace la friolera de 50 años que no se pueden pagar lo que gastan y tienen que pedir prestado. Igual que casi toda Europa, por cierto.

      Hasta aquí constatamos lo mismo: el sistema no puede escapar de la debacle porque la necesidad de gasto no tiene freno y salvo que este freno lo pongan el “gold Standard” o “los mercados” o “los prestamistas” o “la Sra. Merkel” la deuda sube y sube y la gente se empobrece como sucede, en USA y aquí, si en vez de dejarnos camelar por la Renta per Cápita intentamos sacar del US labor Stats la renta personal disponible real.
      Sí, la que lleva mucho tiempo bajando si excluyes las subidas astronómicas del top one percent.

      La renta per cápita (PIB dividido por población) no es una buena medida de prosperidad personal porque suma Gasto público financiado con deuda ingente.  Esto, en realidad, es empobrecerse pero como sumas valor absoluto de lo gastado a crédito parece que tienes más: Falso, lo debes, lo tienes que pagar  privadamente y además no es tuyo, es un bien  público. Sumemos intereses y vemos el ritmo de empobrecimiento trasladado a futuro.

      Es un buen comienzo ir coincidiendo. No es que uno esté en contra de endeudarse, en algunas inversiones productivas hay que hacerlo. Lo que es pecado mortal es lo que hoy está pasando: pedir prestado para comer. Para consumo cotidiano. Esto da la medida de cuán deteriorado está este sistema.

      Buenas noches.

  • Páradox says:

    Tan agotado que no es capaz ni de acometer las reformas que la situación requiere, en la vana esperanza de que van a bastar parches, ni de anteponer los intereses generales a los de partido.

  • María Ibañez says:

    Vaya nivel tienes Manu oquendo. Da gusto leerte.

  • elisadelanuez says:

    Está claro que en este blog no se duda de que el modelo político está agotado y que vivimos en un momento histórico, y no solo en España, de esos que dan un poco de vértigo cuando estás metido dentro. Por otra parte resultan muy apasionantes intelectualmente hablando, claro. En cuanto a posibles recetas, pues yo, que como jurista  me gusta lo que se hizo en la Transición  (“de la ley a la ley”) pienso que aquí habría que hacer algo parecido, pasar del modelo agotado políticamente a un modelo nuevo. ¿Como convencer a la clase política que se haga el harakiri? Pues entiendo que aquí los ciudadanos más o menos organizados en sociedad civil somos básicos, y debemos dejar claros nuestros mensajes. El primero creo que es muy sencillo: reforma del sistema electoral de forma que nos devuelvan de verdad la democracia representativa que se supone que tenemos sobre el papel. El segundo: transparencia, todo lo que se hace con nuestro dinero tiene que ser público. Lo tercero, reforma del modelo territorial fracasado que tenemos. Puede ser un modelo federal, pero entonces que vaya en serio. O el que queramos darnos. Pero uno que funcione y no fomente el clientelismo. Se me ocurren más, pero con eso ya da para muchas pancartas, blogs, foros,etc,    Por lo demás, Purgandus Populus, siempre sigo muy interesada todas las iniciativas que comentas, me parece que lo importante es que estemos de acuerdo en lo esencial y ya discutiremos sobre los detalles.

  • elisadelanuez says:

    Si, ratifico el comentario de María sobre Manu, extensible a otros comentaristas ilustres de este blog, cuyo nivel supera a veces al de los autores de los posts, lo digo por si alguien se quiere animar…  

  • Federico Cárdenas says:

    Me parece totalmente acertado este tema y el título del mismo. Quizá en él se encuentra “entre líneas” el hecho de que el mismo sistema necesita ser reformado. 

    Con gran acierto suelo leer hablar de la necesaria independencia del poder judicial, (por no hablar de los propios medios tan politizados, a veces asustan…) también de la reforma del sistema electoral, la supresión o transformación del Senado, la reorganización territorial del Estado, determinados asuntos de la Casa Real, ….., pero pocas son las que escucho o leo algo sobre la separación del ejecutivo y el legislativo, algo que en España nos hace parecer a los políticos “mas sectarios” si cabe.

    En otros países occidentales estos dos poderes al menos están algo más diferenciados, en España son uno y ese mecanismo  de control de la democracia aquí falla también. 

    Una nueva mentalidad traería estos nuevos vientos, pero éso es bastante difícil cuando unos y otros sacan a pasear las viejas rencillas del pasado y otros esperan a ver qué cae en sus respectivos territorios. Savia nueva…..

    Gracias Elisa por tus comentarios, suelo seguirlos con atención, también los de Manu y Rodrigo. Saludos a todos 
                

  • Penny says:

    ¿Dónde hay que firmar para que Manu escriba un post?

    PD Un artículo recomendable de Xavier Sala i Martin
    http://www.salaimartin.com/randomthoughts/item/293-el-problema-es-el-gobierno.html 

    y otro de Ignacio Sánchez-Cuenca
    http://elpais.com/elpais/2012/04/24/opinion/1335274276_923701.html 
     

  • Carmen Sánchez says:

    Pues estoy muy de acuerdo con el comentario de Elisadelanuez (el de las 20.28). Creo que es necesario que la sociedad civil se active y movilice (y en este sentido iniciativas como la que representan este blog y otros son muy necesarias y bienvenidas).

    Pero, como en todo, en problema llegaría cuando entráramos en la letra pequeña de las medidas que propongamos. Pero, por empezar a desenredar el ovillo, yo modificaría la Ley Electoral, introduciendo listas abiertas y un modelo de primarias tipo el de Estados Unidos, con sus matices. Ahora bien, también es necesario meter mano al sistema judicial, al Tribunal de Cuentas, a la financiación de los partidos, etc., etc. 

    Una cuestión delicada es la de los partidos. Habría que cambiarlos de arriba abajo, pero al final no conviene perder de vista que, de momento, son la cantera para formar políticos. Y esto se podrá hacer bien o mal, pero no es nada fácil. No hay escuela de políticos. Las hay de directivos de empresas, pero gobernar el país es mucho más complicado, y para eso, hoy por hoy, solo dependemos de los partidos. En fin, que crear nuevas hornadas de políticos y que, además, sean serios y competentes, no es nada trivial. Hay que pensarlo con cuidado.

  • Matilde Cuena Casas says:

    Querido Rodrigo, enhorabuena por tus, como siempre, acertadas reflexiones  y que, de nuevo,  comparto plenamente.
    Esta crisis severa, estructural, también tiene su lado positivo o al menos así quiero verlo yo que, por naturaleza, soy positiva. Lo estamos pasando mal, pero lo cierto es que son muchos los pilares de nuestro sistema político y económico los que se han evidenciado inoperantes y que no nos va a quedar más remedio que cambiar. Aquí está lo positivo, que no nos va a quedar más remedio que modificar porque de lo contrario no saldremos de esta situación.
    La necesidad de optimizar los recursos públicos, no restando las bases de nuestro estado del bienestar sino optimizándolo, es uno de los retos más importantes. Disminuir Administración pública, concienciar a los ciudadanos del coste de nuestros servicios públicos de manera que empecemos a darnos cuenta que no se puede pretender no pagar impuestos y al mismo tiempo querer recibir todo tipo de prestaciones del Estado…., que nuestros alumnos de la universidad empiecen a concienciarse del coste que supone el que estén ahí, que se instaure de una vez por todas la cultura del esfuerzo en la educación…, que se controle a un sistema financiero que se ha comportado de manera irregular con una impunidad alarmante, son aspectos relevantes sin duda…… Pero yo miro al futuro con esperanza pues confío en que las cosas necesariamente van a cambiar…. Porque efectivamente…, hemos tomado conciencia de ello. 

    • Tienes mucha razón, Matilde. Nosotros hemos tomado conciencia, pero todavía queda que la clase política acometa cambios importantes que van contra sus particulares intereses. Y eso no va a ser fácil. Todavía hay muchos que quieren matar al mensajero, y acusan de “antisistemas” a los críticos. Aunque quizás los cambios se impongan desde fuera, a las malas y antes de lo que muchos creen…

  • José Mª Pérez says:

    Muy atinado el comentario sobre el fin de ciclo y que coincide en parte con la reflexión que hacía en uno de los primeros post que escribí en mi blog antes de comenzar a colaborar con ¿Hay Derecho?:
    http://reflexionesdeunhombrecorriente.blogspot.com.es/2011/02/una-torre-de-pisa.html

    Espero que os resulte de interés.
    un saludo

  • Federico Cárdenas says:

    Me pregunto: ¿se puede permitir España un órgano consultivo como el Consejo de Estado, con casi 33 componentes y que le cuesta 10,4 millones de euros anuales?¿Son las funciones del Consejo de Estado totalmente necesarias para el desarrollo de la vida democrática en España?

    El expresidente Zapataro que el pasado mes de febrero ingresó en el “club” vendrá a ganar 71000 euros anuales sólo por su pertenencia a dicho club.

    Lo que parece dicho órgano, al menos a los ojos ”profanos” de algunos es un cementerio de elefantes de la política española. Fundado en 1904, tiene el aroma de aquellos Consejos de Ancianos donde se reunían a la luz de sus antorchas, con aquellos camisones y portando algunos palos con los que dibujaban sus estrategias en la arena…..

    Desde luego este órgano, aunque constitucional, al menos sería para repensarlo como diría Rajoy….      

  • Lucas says:

    Me parece necesaria una reflexión como la de Rodrigo, acertado comp siempre. Pero no comparto la idea de la eliminación de los órganos con competencias no vinculantes para el Poder, pero garantes de algunos principios esenciales de nuestro Estado de Derecho. Así, el TCu encarna la defensa del principio de legalidad en su vertiente presupuestaria, el Defensor de pueblo el de legalidad de la actividad de los poderes públicos y el Consejo de Estado el de seguridad jurídica.
    En vez de eliminar, reforzaría sus capacidades de control de los poderes públicos, algo imprescindible en el caso del TCu. Cuál es la alternativa a su existencia? Que sus competencias las asuman los ministerios, como quiere hacerse con los organismos reguladores? No parece la alternativa más saludable

  • Federico Cárdenas says:

    Lucas, antes de la eliminación está el “repensamiento”…es decir, la racionalización, lo que yo creo u opino que no se puede es mantener el órgano con 33 miembros o componentes que además ya están ganando por otros conceptos de expresidencias…… y desde luego, no es por la existencia, es por cómo está configurado a día de hoy que me parece un exceso para nuestras posibilidades.

    Saludos

  • Lucas says:

    La verdad, Federico, es que 33 debe ser el dato de la composición del Pleno, que se reúne menos de diez veces al año y que solo cobran dietas por asistencia. De esos quita los miembros de la Comision Permanente, que es el órgano de trabajo ordinario y se reúne unas 45 veces al año. Estos son los consejeros permanentes y el presidente, más el secretario general, miembro del cuerpo de Letrados.

    Como categoría especial, introducida en 2004, está la del Consejero nato vitalicio, figura pensada solo para los ex presidentes del Gobierno, que reúnen así las prebendas de ex presidencia y de miembro del Consejo. La figura, con mucho ojo, la creó el ex
    Presidente Zapateto. Solo acuden a los Plenos, pero con este régimen especial.

    Por tanto no son 33 trabajando todas las semanas, con cargo al erario público, sino  10, apoyados por el personal de la casa, los letrados incluidos.

    La institucion se reformó en 2004 para otorgarle mayores competencias, sin que haya aumentado su personal ni disminuido El número de expedientes que conoce cada año. Antes bien, ha aumentado su producción.

    Sin duda, podría preverse que los Consejeros del Pleno que cobran un sueldo público no pudieran percibir la dieta por asistencia a cada reunión, pero eso debe decidirlo el legislador.

    Un placer charlar sobre estos temas, Federico 

  • robespierre says:

    Creo que nadie duda de la conveniencia de mantener las instituciones y organismos de control, pero siempre que controlen algo. El problema con el Consejo de Estado es, como ha ocurrido con tantas otras instituciones, que al final se le oye pero no se le acata. Y para ese viaje, sobran alforjas, sobre todo las alforjas de los consejeros expolíticos o de los consejeros que son a la vez altos cargos en activo. Porque si es por el glamour de las reuniones y del edificio  y por los sueldos a cambio de no hacer nada, no parece muy interesante para la ciudadanía, la verdad. 

  • Lucas says:

    Como ya dije, pero es opinión personal que no tiene por qué ser compartida, entiendo que el Consejo de Estado cOntrola la legalidad de la actuación administrativa y garantiza el respeto de la seguridad jurídica. 
    No vincula, pero si un ministro quiere disentir de lo que dice, debe autorizarle el Consejo de Ministros y si se quiere dictar un RD en contra de sus consideraciones así debe hacerse constar en la fórmula de promulgación (oído el Consejo de Estado).
    Sus argumentos son empleados según el caso por quien aprueba la norma para sustentarla o por quien quiere acudir a un argumento de autoridad. El propio Tribunal Supremo lo suele tener en cuenta para emitir sentencia, por ejemplo, la sala de lo contencioso.
    El Consejo por ejemplo controla la adecuada transposición del Derecho UE o la adecuada formacion de los textos refundidos y ha contribuido esencialmente a la construcción de la responsabilidad patrimonial.
    El que sus actuaciones no sean vinculantes está directamente relacionado con la construcción jurídico política del Estado de Derecho. Quien gobierna y es responsable de las decisiones que adopta es el Gobierno, que responde ante las Cortes y los ciudadanos. Esa libertad de decisión (la dirección política del artículo 97 de la Constitución) podrá ser aconsejada, pero no coartada ni sustituida por otros órganos. Podrá ser corregida por los tribunales, pero estos tampoco pueden sustituir la decisión discrecional, ni dotar de contenido a las facultades gubernamentales.
    Por cierto, entre tales facultades está la de designar a los consejeros (salvo a losex presidentes del gobierno), por lo que la calidad de los que integran el Pleno o la Permanente solo depende del Gobierno de turno.

  • Maceto says:

    Como complemento al modelo político agotado que el Sr. Tena Arregui ha expuesto con tino, en paralelo conviene tener en cuenta el agotamiento del modelo económico que los ciudadanos tienen que asumir, interiorizar.
    Una muy buena explicación está, en mi opinión, en el artículo cuyo enlace les facilito, publicado en el Diario La Verdad el día 05-05-2012, por dos investigadores universitarios. Saludos cordiales.
    http://dotraforma.blogspot.com.es/2012/05/alternativas-al-crecepelo.html 



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