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Método “Bolonia”, entre las habilidades y los conocimientos

17 mayo, 2012 | Por Autor: Elena Gutiérrez Pérez en Universidades

Pertenezco a la generación “probeta” o “cobaya”, como ustedes quieran. Y nos englobamos en ella todos aquellos que estamos inmersos en los cursos de segundo de Grado universitarios. Estrenamos el denominado Grado, con sus defectos y virtudes y, al mismo tiempo, servimos al modelo de prueba para futuros inquilinos. Tras escuchar y leer diferentes puntos de vista del nuevo método de enseñanza que propugna “Bolonia”, me he propuesto, siendo ya el segundo año que lleva activo, reflexionar como alumna que vive en sus propias carnes esta realidad, qué está suponiendo para muchos de nosotros estos nuevos planes de estudios.

 

En mi caso, puedo hablar estrictamente de su adecuación en la Facultad de Derecho de la Universidad de Alicante, pues como comentaré más adelante, en cada Universidad la aplicación de las reglas puede llegar a ser totalmente diferente, más aun teniendo en consideración que hasta las asignaturas de una misma facultad se rigen por criterios de lo más dispares, esto es,  un auténtico galimatías.

 

He de reconocer que al inicio de este nuevo Grado era bastante optimista –quizás la ilusión que supone poner los pies en un nuevo reto- acerca de la aceptación y utilidad del nuevo modelo implantado. Aquello de evaluación de habilidades y competencias sonaba bastante bien. Adiós a las lecciones magistrales –¡Qué craso error!- y bienvenida a la realidad práctica, a la participación del alumno y la desagregación de la calificación en diversas partidas –en el caso de la Universidad de Alicante, la normativa indica que el examen final (si lo hubiera) no puede superar el cincuenta por ciento de la calificación global, por lo que en muchas asignaturas la nota está tasada en diversos compartimentos y, en otras, el criterio es más subjetivo, no existe porcentaje exacto-. Aparentemente, al alumno todo le pueden parecer ventajas, pero tiene su doble filo, como una espada de Damocles que se cierne sobre las cabezas del alumnado. Es entonces cuando me viene a la mente un enérgico manifiesto que leí con posterioridad a estar inmersa en los estudios de Grado. Me refiero al manifiesto que firmaron, entre otros ilustres juristas y académicos, García de Enterría, Manuel Atienza, Díez-Picazo o Francisco Laporta bajo la rúbrica “Saquemos los estudios de Derecho del proceso de Bolonia”. Y es que una vez más la vertiente práctica tan rimbombante de “Bolonia” acaba por reconducirse a formas de evaluación donde ante la masa de alumnos se rebaja la exigencia o incluso a controles periódicos que acaban por adelgazar la capacidad de retención del alumno. Es lo que muchos han denominado aprendizaje-bulímico, esto es, estudio de una sección del programa para el examen parcial y vaciamiento de cara al siguiente control. Podemos abrir el interrogante, ¿la proliferación de parciales, la evaluación del alumno en clase de forma desigual, dadas las dificultades reales, y condensar el temario puede resultar contraproducente para el desarrollo de los futuros juristas?

 

Los autores del manifiesto vaticinaban que el proceso de Bolonia tal y como está siendo proyectado sobre los estudios de Derecho, supondrá con toda probabilidad una degradación de la formación del jurista y un perjuicio social irreparable. En concreto, señalaron la infantilización que sufrirá la Universidad.

 

Cierto es que no puedo atreverme a afirmar esto último con rotundidad, pero sí puedo constatar que embutir –porque no se puede llamar de otra manera- asignaturas de rica y abundante temática en un solo cuatrimestre –antes eran anuales- supone un lastre brutal para el alumno y para el profesor que tiene que limitarse a ideas generales y superficiales ante la premura marcada por el tiempo. Un sacrilegio que, sin duda, nos pasará factura, ya que las asignaturas se suceden en cadena sin apenas tiempo material para sentar las bases. ¿Qué opinan muchos de mis compañeros? Es obvio que el sistema marcado por “Bolonia” ha facilitado el aprobado de los estudiantes al ir diseccionando la calificación. Sí, dicho lisa y llanamente, las carreras son más asequibles. Si bien siempre se ha de analizar el otro lado de la balanza, pues evaluar el trabajo y dedicación del alumno en un solo examen a una carta tampoco parece ser el método más idóneo. La inclusión de una evaluación integral del alumno, exigiéndole no sólo conocimiento en los exámenes, sino, también, capacidad expositiva en público, una adecuada expresión oral y la confección de prácticas y trabajos son, por razones obvias, elementos positivos para el desarrollo y formación. El problema radica en que lo anterior requiere de un conocimiento absoluto del alumnado por el profesor, teniendo en consideración que el sello del método “Bolonia” es el seguimiento individualizado y personal y, como ya señaló el profesor Asencio Mellado, quien opta por acabar con la entelequia que supone Bolonia, con grupos numerosos –la idea es evaluar a veinticinco personas máximo y no a más de sesenta- esta tarea es como buscar una aguja en un pajar.

 

Es curioso que se hablara de la homologación de títulos en Europa como punto fuerte del proceso de reforma de los planes de estudio, cuando ni siquiera en el territorio nacional las Facultades de Derecho siguen unas mismas directrices de evaluación: unas siguen optando por el sistema clásico dotando al examen final de un peso de hasta el setenta por ciento, otras en cambio ponen el acento en las habilidades o competencias, mientras que cada una lleva un plan distinto, donde muchas de las asignaturas no coinciden en los cursos o el planteamiento no es equiparable. El resultado es un freno a la movilidad -¿Contradicción?-.

 

En definitiva, se ha construido este “Plan Bolonia” bajo la coraza de adaptar las carreras al mundo laboral, algo que en Derecho es impensable por la polivalencia de sus salidas profesionales y, sin embargo, se ha olvidado que la Universidad ha de ser fuente del conocimiento, de enriquecimiento, porque la praxis jurídica, como dijo recientemente el prestigioso civilista Luis Díez-Picazo “sólo se adquiere con la práctica misma, y es muy difícil que se alcance en los llamados cursos de formación cualquiera que sea el linaje que éstos tengan. Siempre me ha parecido que no se aprende a pescar en libros de pesca o en conferencias sobre pesca, sino metiéndose en el río y mojándose hasta donde fuera menester”. Pues eso, que cada tiempo tiene lo suyo y pretender que la Universidad sea una piscifactoría de trabajadores a medida acabará por simplificar a las próximas generaciones de juristas. Quizás haya que empezar por una cuestión fundamental: cuál es la función que ha de desarrollar la Universidad y, en especial, qué clase o perfil de enseñanza universitaria buscamos. Sin olvidarnos de la tercera estructura que condiciona lo anterior: si realmente existe un presupuesto acorde con lo que se pretende implantar. De lo contrario, todo el sistema se convierte en una nebulosa deforme. La sensación es una pérdida o fuga del conocimiento. ¿Está la educación universitaria hundiéndose en peldaños de barro?

 

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21 Respuestas

  • Jose Luis says:

    Yo puedo hablar de los estudios de grado de derecho en la UNED y mi impresión es que la adaptación a Bolonia es una simple operación de maquillaje, ejemplos:
    Asignaturas que antes eran anuales, las han partido en dos, cambiándoles el nombre. Ejem: la antigua historia del derecho ahora son dos cuatrimestrales: historia del derecho (prehistoria – edad media) y otra que se llama Cultura Europea en España (sic) y que comprende edad moderna y contemporánea. Algo parecido se puede decir de la antigua Romano que ahora son dos cuatrimestrales: Fundamentos clásicos de la democracia y la administración (sic) y Romano “propiamente dicho.” Baste decir que los apuntes que corren por internet de la antigua licenciatura valen para preparar los exámenes de la actual grado.
    Por lo demás no veo que nada haya cambiado, yo me saqué una licenciatura hace 20 años a base de “meterme” tochos de texto y ser capaz de redactar el epígrafe correspondiente en el examen y con nula formación práctica y la cosa sigue igual.
    Con un agravante mi otra carrera era aplicada y comprendía el costo que tenía hacerla verdaderamente práctica, pero no veo excusas para que no se haga con Derecho.
    En mi opinión sobra desidida y endogamia en el sistema universitario español. 

  • kuzushi says:

     
    Cuatro ideas rápidas.
     
    1)      Con el sistema antiguo aprendías memorísticamente cosas que te contaba un señor oralmente, cuando la imprenta se había inventado hace 500 años. Absurdo.
     
    2)      Reacción: llega una nueva ola filosófica, educativa y moral que rechaza la coacción y la jerarquía, entendiendo que es mejor cooperar y sugerir y no obligar. “Aprender jugando”.
     
    3)      Resultado: Bolonia. “Desarrollar habilidades y destrezas” y no tanto conocimiento memorístico inútil.
     
    4)      Pero en realidad no es ni tanto ni tan calvo: sin conocimientos memorísticos no hay habilidad alguna que desarrollar, y es necesario un bagaje cultural que te desarrolle como persona, sin perjuicio de que estos conocimientos no pueden ser estáticos y sin conexión alguna entre sí. Creo que con Bolonia esto no se logra.
     

  • Jeremías Cohen says:

    Verdaderamente hay pocos incentivos para hacer las cosas bien. Una sociedad más madura habría exigido el derribo de los chiringuitos departamentales que se han montado con gargo al presupuesto y sin rendir cuentas a nadie.
    Los estudiantes buscarían las buenas universidades, y cada título tendría el valor correspondiente a la calidad de la formación recibida. Los estudiantes ráramente irían a la universidad más cercana. Y los profesores circularían entre las diversas universidades en sana competencia, enriqueciéndolas.
    Aquí ni los que manejan el cotarro quieren cambiar nada, ni la clase política ni la sociedad exigen la reforma. Resultado: mediocridad.  

  • A pesar de todo, contar con estudiantes tan clarividentes como la autora, a quien, desde su especial posición, los árboles no le impiden el ser capaz de contemplar el bosque, es ya motivo de optimismo.

  • Bienvenida al blog, Elena, con un tema tan fundamental como es el de la preparación de los universitarios, profesionales del futuro. Lo que deduzco de tu exposición y de la del profesor Asencio, que enlazas, es que el plan Bolonia puede ser eficaz o no para educar mejor a los universitarios, pero que para que funcione mínimamente se requieren muchos más recursos materiales y humanos,y además una implicación tanto de los profesores como de los alumnos. Y que si no existen medios adecuados, no es que sea malo, sino que produce un efecto perverso de degradar aún más la enseñanza actual, puesto que se acaba estudiando de la misma manera que antes, pero más apresurada y superficialmente.

    Teníamos un coche malo, lo cambiamos por uno espectacular, pero como no tenemos dinero para gasolina y mantenimiento, lo tenemos que dejar aparcado y acabamos teniendo que ir andando. 

  • Yo no creo que sea tanto de medios cuanto de ganas de hacer las cosas bien. De ambición y de verdadera vocación.

  • Jesús Verdegay says:

    La institución universitaria, pero también los propios universitarios, debemos amoldarnos a estos nuevos tiempos. En las facultades ya no impera la retención de conocimientos porque éstos están, hoy más que nunca, al alcance de todos, gracias a la tecnologías de la información y comunicación. Las TICs multidireccional e instantaneamente nos proporcionan lo conocimientos necesarios en ámbitos profesionales y hasta personales.

    Nuestra labor consiste ahora, por tanto, en hacer uso de nuestra capacidad crítica fomentada durante los años universitarios independientemente del modelo educativo vigente. Digo esto, porque el cultivo de nuestra capacidad crítitica es un trabajo individual.

    Seamos capaces de aprovechar las ventajas y desventajas, fomentemos nuestro aprendizaje autóno y aprendamos

  • Elena Gutiérrez Pérez says:

    Antes de entrar en temática, me gustaría agradecer a los editores del Blog la oportunidad que me han brindado de poder publicar este artículo.
    En cuanto a lo que plantea Fernando Gomá, he de señalar que soy de las primeras que entiende que el anterior sistema, el de la memorística pura y dura, no es el método ideal para conseguir un universitario con una formación completa. Más allá de la mera prueba de conocimientos, se presenta como imprescindible dominar otras facetas. La Universidad debe de formar a alumnos activos.
    El modelo que pretende implantar “Bolonia” no es negativo. Muy al contrario, los mimbres son más que interesantes. El alumno puede desarrollar competencias que en el anterior modelo estarían sepultadas, pues la necesidad de participar en clase viene a borrar de un plumazo la barrera de la timidez con la que llega el principiante a la Universidad. Hablar en público se convierte en cuestión de primer orden, a lo que se añade la realización de exposiciones, elaboración de artículos doctrinales o la resolución de prácticas en clase. En este sentido, “Bolonia” tiene como objeto eliminar al “alumno-biblioteca”, al convidado de piedra universitario.
    Sobre el papel, el sistema es totalmente válido. Sin embargo, en el momento de su aplicación es cuando viene el problema. El espejo ya no nos refleja el “Bolonia” fiel y positivo, sino que acaba reconduciéndose a una especie de clon defectuoso. Esto, a mi modo de entender, se produce por tres motivos:
    -Primero, los medios materiales no son los adecuados, principalmente porque para poder evaluar “a diario” al alumno se necesitan grupos reducidos que así lo permitan. Lo que deriva en participar “un par de veces” y obtener una puntuación nada desdeñable.
    -Segundo, en ocasiones se produce un escoramiento tal hacia las competencias que los conocimientos no se evalúan como debieran. ¿Pueden tener un peso, por poner un ejemplo, del cuarenta por ciento las actividades de clase? ¿Puede obtenerse de un examen un punto, siendo indiferente si se consigue un 5 o un 10?
    -Tercero, no existen unas directrices comunes. Un marco que sirva de común denominador, sino que cada asignatura opta por evaluaciones muy dispares. Lo que provoca que el alumno llegue a preguntarse, ¿cuántas Bolonias hay? ¿Esto es Bolonia?
    A lo que podríamos añadir, como apunta Fernando Rodríguez Prieto, que algunas veces los propios profesores no acaban de creerse el modelo, ya que adaptarse a un sistema nuevo, con las dificultades reales y con el trabajo que conlleva el seguimiento del alumno de forma más profunda no es una tarea sencilla. Claro que si no hay medios, tampoco podemos pedir peras al olmo, ¿no?
    Eso sí, me gustaría, para ser justos, apuntar que, por fortuna, he podido disfrutar de profesores que sí tratan de aplicar de la mejor forma posible el método, que se afanan porque siga siendo exigente y nos permita mejorar y no retroceder. La aplicación “purista” del sistema “Bolonia” puede ser tremendamente más exigente que la tradicional. Pero, ¿podemos llevar los alumnos cinco asignaturas en un cuatrimestre al ritmo de estudio diario, con preguntas orales en cada clase? Creo que la respuesta es evidente.
     
     

  • Jesús Verdegay says:

    La institución universitaria, pero también los propios universitarios, debemos amoldarnos a estos nuevos tiempos. En las facultades ya no impera la retención de conocimientos porque éstos están, hoy más que nunca, al alcance de todos, gracias a la tecnologías de la información y comunicación. Las TICs multidireccional e instantáneamente nos proporcionan lo conocimientos necesarios en ámbitos profesionales y hasta personales.
    Nuestra labor consiste ahora, por tanto, en hacer uso de nuestra capacidad crítica fomentada durante los años universitarios, independientemente del modelo educativo vigente. Digo esto, porque el cultivo de nuestra capacidad crítica es un trabajo individual.
    Seamos capaces de aprovechar las ventajas y desventajas, fomentemos nuestro aprendizaje autónomo y aprendamos a aprendes. Los conocimientos y aprendizajes universitarios también tienen cabida fuera del aula.

    • Jaime de Nicolás says:

      Jesús, no estoy seguro de que información sea asimilable a conocimiento. Una cosa son los datos, disponibles en la red, pero su mera accesibilidad no equivale a que cualquier persona los haya comprendido y asimilado. Para eso hace falta un esfuerzo intelectual, un aprendizaje, dentro del cual la memoria tiene un papel más relevante del que se le quiere dar ahora. La memoria es un instrumento vital  y si no se ejercita, se anquilosa. Otra cosa es abusar de ella.
       

  • Manu Oquendo says:

     
    No despreciemos la memoria porque es un factor crucial de capacidad mental e intelectual. Es uno de los factores que se mide al evaluar la inteligencia y el nivel cultural (en pruebas tan aparentemente distantes como el Roschard por ejemplo).
    Sin memoria estamos vacíos y la gente con memoria está muy lejos de ser los papanatas con los cuales se les suele comparar. Unen memoria y otros rasgos de inteligencia también superiores porque la memoria juega un papel humilde pero crucial  en todos ellos. 
    Otra cosa es el aprendizaje del derecho que, como todas las materias con lógica, historia, principios y estructura, necesita mucha menos memoria de lo que pudiera parecer. Nunca fue la memoria un elemento fundamental para el conocimiento del derecho y sí el resto de materias incluyendo el latín, el natural y el romano hoy en declive. Cuando las cosas tienen estructura y principios, la memoria pasa a segundo o tercer lugar. Nada es por azar y vivimos en un sistema al cual no le interesa la memoria.

    A mi modo de ver se ha cometido un error dramático (en errores de esta magnitud es obligado pensar en la intencionalidad) al ir eliminando y reduciendo el peso de los estudios clásicos, lo que la escolástica consagró como el Trivium y el Cuadrivium, que tan excepcionales frutos ha seguido dando hasta hace bien poco en los colegios de élite ingleses.
     
    A propósito de algún comentario de Elena decir que le deseo lo mejor en un mundo difícil, pero que en los años cincuenta y sesenta muchos colegios de España y todos los Institutos hacían exámenes orales cono norma. Incluso en Preu, de mis exámenes en el año 64, sólo física química y matemáticas fueron escritos (Teoría, demostraciones y Problemas), el resto de materias incluido el idioma extranjero se cerraban con una prueba oral. Las clases, tanto en el bachiller como en la universidad, eran interactivas con preguntas constantes bidireccionales, no se tomaban apenas apuntes y se usaban muchísimo los libros de texto y desde luego teníamos debates públicos en algunas asignaturas que te obligaban a hablar sin sofocarte en público y yendo al grano.

    Si comparo con la educación de mis hijos y nietos incluyendo países como EEUU, Inglaterra, Italia y Brasil donde han ido a  buenos colegios y universidades lo evidente es la degradación del sistema educativo occidental comenzando por un nivel de exigencia muy bajo y un profesorado que frecuentemente no da la talla si se compara con los catedráticos de Instituto de antaño. A kilómetros.

    Para remate había un sistema “Por libre” donde no era obligatorio asistir a clases y podías examinarte pasando los cursos tan ricamente.
    El sistema escolar en buena medida se ha convertido en un aparcamiento donde pasan bastantes más años que sus abuelos para terminar con menos conocimientos. Los estudiantes y sus familias tenían pues mucha más libertad real que hoy.

    Es una de las pruebas del fracaso de un sistema que ha regimentado a generaciones inocentes con efectos no banales en cosas como la Creatividad, la Originalidad, la independencia de criterio. Basta ver lo sucedido con la música en los últimos 30 años o los rendimientos decrecientes en investigación en un mundo que multiplica por 5 veces las cabezas dedicadas a ello (un 550%) para conseguir un ridículo incremento de patentes registradas del 24% (Tainter “The collapse of complex societies“)

    Como usuario del sistema educativo creo que hemos sido estafados por esta forma de estado que tanto presume y destroza lo que toca. Perdón, menos la compra de sus votos que les sale divinamente.

    Sé que me quedo corto pero tampoco antes era una maravilla en cosas como el número de universitarios.
    Pero si para aumentar el número hemos tenido que degradarlo todo menudo derroche y menudo destrozo.

    Afortunadamente hay Elenas con buenas notas. Ánimo porque tu mérito es doble. No sólo eres buena estudiante sino que lo consigues con menos ayuda que la que nosotros tuvimos.
     
    Saludos

  • Muy interesante debate. Bienvenida al blog Elena, es muy interesante contar con la perspectiva de los “sufridores” del sistema aunque también es cierto que tu visión la comparten muchos profesores, aunque desgraciadamente no no es fácil conseguir aquí profesores en activo para criticar ni el Plan Bolonia, ni la Universidad española, ni su gobernanza, ni su falta de transparencia, ni la endogamia, ni nada. Asi están las cosas, a pesar de todo lo seguimos intentando gracias a gente como tú.  

  • ingeniero says:

    Soy ingeniero industrial -de cuando la carrera estaba estructurada en seis cursos y el proyecto fin de carrera- y reciente licenciado en derecho por la UNED.

    Es posible que mucha gente piense que las ingenierías son carreras orientadas a la práctica pero yo creo que lo son en mucho menor medida que derecho. Al menos en ésta se estudia el Código civil y el penal, así como las leyes de enjuiciamiento, todo ello de indudable aplicación práctica. En cambio, lo que se estudia en ingeniería dista mucho de lo que se hará en el futuro ejercicio profesional. Además, la multiplicidad de trabajos que puede desarrollar un ingeniero industrial hace inútil cualquier intento de que uno termine la universidad con el oficio ya sabido.

    Es frustrante terminar la carrera y sentir que no sabes hacer nada, pero esto es inevitable. Lo importante es que el el mercado se vea a quien tiene el título como alguien capacitado porque durante la carrera se le ha exigido mucho y ha estado a la altura. Y da igual que esa alta  exigencia sea respecto de historia del derecho que de procesal civil. No por memorizar menos (¿nada?) y potenciar determinadas asignaturas en detrimento de otras más prácticas van a salir mejores profesionales.

    También me parece sorprendente que se ponga en duda que hay que estudiarse “tochos” y memorizar. Por experiencia sé que se puede sacar la carrera de derecho con los apuntes, sin leerse un tocho, sin haber visto el articulado de una ley o leído una sentencia. También sin haber redactado una demanda, que es una cosa práctica, pero ¿qué es peor? ¿Es esta una buena formación teórica? Yo creo que no.

     

  • Cvm Privilegio gracias por los link a los videos y retiro lo dicho. A ver si nuestros docentes universitarios se van animando y nos van contando más cosas sobre el funcionamiento de la Universidad y sobre todo de su gobernanza o gobierno ..:-) Creo que tendrían un éxito de crítica y público asegurado.  

  • Al llegar a la Universidad, los estudiantes ya deberían estar acostumbrados a basar su aprendizaje en la resolución de situaciones reales. Por el contrario solo están entrenados a reproducir el sistema académico en el que están inmersos. Una forma de cambiar la forma de aprender y de enseñar podría ser la que se describe en estos artículos:
    http://www.otraspoliticas.com/educacion/piratas  
    http://www.otraspoliticas.com/educacion/educar-para-la-incertidumbre  

  • Elena Gutiérrez Pérez says:

    Siempre existe una cierta discusión acerca de qué entendemos por práctica. De hecho, recuerdo que una clase se criticaron las pocas horas dedicadas a ella en la carrera de Derecho y su eminente formación teórica, la del Derecho “en los libros”. El profesor nos preguntó qué entendíamos por praxis jurídica. Nadie respondió.
    En este sentido, Luis Díez-Picazo creo que muestra una clara realidad. La vertiente práctica no debemos confundirla con “conocer los formularios o las rutinas a través de las cuales componemos los escritos y los contratos”. No haber redactado una demanda, realmente, no me preocupa. Esto, se aprende rápido. Olvidamos que la práctica también incluye otras habilidades, fundamentales en nuestro terreno. Por ello, Díez-Picazo incide que “al lado de esos saberes jurídicos, hay otros que no lo son propiamente, pero que son igualmente importantes o, en muchos casos, más, como lo que puede llamarse el ojo clínico en relación con el primer pronóstico que el abogado tiene que hacer del asunto que se le encomienda, el saber contar lashistorias, el saber persuadir a losdestinatarios de nuestros escritos, que son los jueces, de las bondades de nuestras causas”.

    Echamos en falta asignaturas como la sociología o la argumentación jurídica propiamente dicha, al fin y al cabo un jurista tendrá mucho ganado si es capaz de desarrollar una argumentación convincente. Los contenidos son elementos que están sujetos a continuos vaivenes, pero el jurista, en su etapa de formación, tiene que conseguir una base, un poso, que perdure y no sea efímero. Si pretendemos orientarnos a situaciones reales, quizás deberíamos mirar la educación jurídica con otros ojos. Al estilo americano, ¿se deberían estudiar más a conciencia las sentencias judiciales en lugar de perderse en debates doctrinales? ¿Sería una simplificación del estudio o realmente aquello que nos interesa?
     
     
     

  • Matilde Cuena Casas says:

    Estupendo post Elena. Coincido con tus reflexiones en relación con la aplicación del Plan Bolonia a los estudios de Derecho. No niego que el planteamiento pueda funcionar para otras carreras, pero desde luego para Derecho, no.
    “Embutir” (y nunca mejor dicho) asignaturas básicas que constituyen la columna vertebral de toda la carrera, como es el caso de partes básicas del derecho civil como el derecho de obligaciones y contratos en un cuatrimestre, constituye un auténtico despropósito. El derecho cada vez es más complejo y por el contrario, la formación se pretende orientar a una simplicidad que, a mi juicio, aleja más al estudiante del mundo real. Es frecuente escuchar que en la universidad somos teóricos, que se “empolla” de memoria. Nada más lejos de la realidad. Es posible dar una formación práctica al alumno, sin necesidad de hacerle aprender nada de memoria y mucho menos los textos legales, aunque sea esto lo que luego se les exige a muchos opositores. En mi opinión, no hay nada más absurdo.
    Al alumno hay que “amueblarle” la cabeza de manera que “comprenda” las instituciones, de forma que, planteado un supuesto real, sea capaz de reconducirlo correctamente a la norma. Ello solo se logra a mi juicio, estimulando la comprensión y no la memorización y con unos buenos manuales que den mucha información. Con poco profesor y poco libro (basta ver algunos manuales adaptados al plan Bolonia), el resultado es lamentable.
    Para conseguir esto no era preciso adoptar el “plan Bolonia”. El profesor puede explicar conceptos desde esta perspectiva práctica, pero siempre que haya dado una sólida formación teórica. Mandar a un alumno hacer, por ejemplo, una partición hereditaria sin explicarle la legítima es un auténtico contrasentido. Con Bolonia, no da tiempo a explicar como se merece las instituciones. Solo se permite dar “pildoritas”, conceptos básicos con la idea de que con tales conceptos el alumno “él solito” podrá enfrentarse al supuesto práctico. Absurdo. A mi juicio, basta explicar las cuestiones desde un punto de vista práctico y examinar al alumno con preguntas que le obliguen “a pensar”, algo que me parece clave y que debe enseñarse en la universidad.  Con un examen con textos legales y teórico-práctico, el alumno cambia el “chip”, sin necesidad de “plan Bolonia”. El problema es que antes y también ahora, sigue habiendo profesores que “dictan apuntes” y preguntan cosas que deben aprender los alumnos “de memoria”. Esto es lo que hay que evitar porque la imprenta se inventó hace mucho tiempo y a ningún abogado le va a pagar el cliente para que le recite el epígrafe tres de la lección 14. 
    Un alumno que sabe “pensar” y tiene una buena formación teórica puede perfectamente enfrentarse sin muchos traumas a la práctica. Al menos así lo creo y sin necesidad de cambiar planes de estudios que obligan a “empezar la casa por el tejado”. 

    • Muy de acuerdo contigo, Matilde. Muchas gracias por tu aportación, valiente como de costumbre.

    • Elena Gutiérrez says:

      Muchas gracias, Matilde. No puedo más que subrayar tus palabras, pues los cuatrimestres casi parecen una carrera a contrarreloj, dejando por el camino muchos matices que no deberíamos obviar. Mi sensación es la misma, se está haciendo una simplificación. “Ventilar” el Derecho de Obligaciones y Contratos en un cuatrimestre y, acto seguido, adentrarse en Derechos Reales e Hipotecarios es una pendiente de alta montaña.

      Lo que sigo sin entender es la misión de “especialización” que se pretende con los Grados, cuando en las licenciaturas, con cinco años, no se salía ni mucho menos enfocado a una rama jurídica, sino con una visión general y, ahora, con menos duración y “despachando” asignaturas en cuatrimestres, se busca que en el cuarto año de Grado, nos orientemos hacia una vertiente del Derecho (se elija el itinerario de Derecho Público, Privado o Administración de Justicia, entre otros). Incomprensible.  

  • Ángel Macario says:

    Suscribo tu artículo al completo, aunque yo precisaría que el problema real no es ocasionado porque el sistema sea menos adecuado que el anterior como pareciera desprender del artículo, es obvio que ambos sistemas tienen sus inconvenientes y sus problemas, yo lo achacaría sin duda a la falta de recursos materiales para imponer el verdadero sistema bolonia, y a la desgana con la que algunos profesores afrontan esta nueva experiencia. Desde mi punto de vista lo que vemos en la mayoría de las aulas ni es bolonia ni nada parecido, sino un sistema alterno que parece diseñado para facilitar el aprobado a costa de fomentar un mayor desconocimiento en ciertos puntos fundamentales del Derecho, y que carece de todas las ventajas que se desprendían del nuevo plan.



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