El Tribunal Constitucional, vapuleado.

 

Me han pedido que escriba un post sobre la situación del Tribunal Constitucional. Hay muchas razones para ello. Por ejemplo, la constatación de que el 23 de mayo de 2012 el TC se dignó resolver un recurso contra la Ley del Parlamento de Cataluña 9/1999, de 30 de julio, de apoyo a las selecciones autonómicas de Cataluña. Y es que 13 añitos no son nada.

 

Podría también referirme al desamparo real de quienes recurren en amparo, debido al tratamiento dado al concepto de especial trascendencia constitucional del recurso tras la reforma operada por la Ley Orgánica 6/2007, de 24 de mayo. No es una broma que infracciones del derecho constitucional a una tutela judicial efectiva no se corrijan para que así el TC pueda dedicar más tiempo a resolver los recursos de inconstitucionalidad. Y ya hemos visto que 13 años no son casi nada.

 

Pero hoy es momento de referirse a la crisis institucional del TC, en especial por la falta de renovación de los Magistrados cuyo mandato se encuentra  holgadamente vencido.

 

Hablar de crisis institucional del TC suena a repetir lo repetido mil veces. Es un tópico. Crisis institucional por la falta de independencia de los Magistrados –como premisa de la imparcialidad y dignidad de la función a que se refiere el art. 22 LOTC-, al posicionarse siempre en dos bloques homogéneos frente a un proyecto de sentencia importante. Crisis por alguna sentencia incomprensible. Y crisis porque allí siguen algunos con mandatos eternamente prorrogados.

 

Ahora bien, como todo es relativo, la del TC es casi una broma en un país situado en el abismo de una Crisis con mayúsculas. Y no me refiero sólo a la económica, que es obvia, sino a la de nuestras instituciones básicas. De todas ellas y por razones diversas en cada caso, pero siempre ligadas a la ineludible necesidad de una mejora de la calidad democrática, la transparencia y el fomento de la participación ciudadana real.

 

Crisis en la Jefatura del Estado. En un Legislativo que ya no legisla, sino que se limita a doblar la cerviz ante la avalancha de Reales Decretos-Leyes que le llegan para convalidar. En un Gobierno que … en fin, aunque yo sigo creyendo que el Presidente se rencontrará consigo mismo (alguien inteligente, honesto y veraz).

 

Crisis en una prensa (ya se sabe, el cuarto poder) que nos obliga a leer periódicos de habla inglesa o alemana (el que la entienda) para enterarnos de algo. Crisis en el sistema financiero, con un Banco de España a la cabeza que ha sido puesto en la picota por el propio Ejecutivo. Crisis en el Defensor del Pueblo, con el cargo vacante desde hace dos años (sí, han leído bien, dos años).

 

Y qué decir del Consejo General del Poder Judicial. Un verdadero buscalíos, por si no tenía ya bastantes problemas al tratar de ejercer su pobre función. No es en verdad el órgano de gobierno del Poder Judicial, sino un apéndice politizado del sistema de partidos que todo lo domina. Es un órgano hipertrofiado en su origen, lo que produce nefastos efectos. Es hora de reinventarlo o de enterrarlo.

 

Y es que esa crisis de nuestras instituciones, que parece buscada de propósito por todas y cada una de ellas, es nuestro verdadero problema para avanzar.

 

Pero volvamos al TC y a su situación de interinidad. El art. 159 CE y el 16 LOTC prevén que los doce Magistrados del Tribunal Constitucional serán nombrados por el Rey para un período de nueve años y que, de ellos, cuatro son propuestos por el Congreso de los Diputados, cuatro por el Senado, dos por el Gobierno y dos por el Consejo General del Poder Judicial.

 

En el momento actual, los 4 Magistrados nombrados a propuesta del Congreso han excedido su mandato en más de dos años y medio (uno de ellos falleció en 2008 y nunca fue sustituido, a pesar de que el art. 16.5 LOTC exige la provisión de las vacantes producidas). Bien es verdad que los tres afectados presentaron su renuncia hace ahora un año, pero el art. 23.1.primero LOTC exige que sea aceptada por el Presidente, lo que no ocurrió.

 

La consecuencia es que, según prevé el art. 17.2 LOTC, continuarán en el ejercicio de sus funciones hasta que hayan tomado posesión quienes hubieren de sucederles. La norma no establece límite temporal alguno a esa prórroga. Garantiza que no exista un vacío, pero el coste resulta evidente. Sin embargo, sí viene a imponer una especie de sanción–tras la reforma operada por la Ley Orgánica 8/2010, de 4 de noviembre- a los Magistrados futuros, por cuanto, “si hubiese retraso en la renovación por tercios de los Magistrados, a los nuevos que fuesen designados se les restará del mandato el tiempo de retraso en la renovación” (art. 16.5 LOTC). Parece lógico porque lo contrario impediría la regularidad en la renovación parcial trienal y acumularía prórrogas cada vez mayores. Sin embargo, no parece un gran incentivo para excitar la diligencia de quienes han de proponer y puede implicar reticencias en los candidatos.

 

La renovación debe activarse antes de los cuatro meses previos a la fecha de expiración del mandato. Para ello, el Presidente del TC debe solicitar a sus homólogos de los órganos que han de hacer las propuestas de designación de nuevos Magistrados, que inicien el procedimiento para ello (art. 17.1 LOTC). Poco éxito ha tenido hasta el momento.

 

Todo parece tan desesperante que quien obtuvo el cargo de Vicepresidente cuando ya su mandato había vencido, llega a sugerir ahora que los Magistrados salientes propongan a sus sustitutos. ¡Lo que nos faltaba!

 

También se ha sugerido que el Pleno coopte a sus nuevos miembros o que los órganos proponentes morosos pierdan transitoriamente su facultad de propuesta. Ocurrencias todas ellas de poco recorrido.

 

Sin duda, los responsables formales del fiasco son quienes tienen que proponer a los nuevos Magistrados y no lo hacen No obstante, aunque la LOTC se refiere a los Poderes del Estado –en la crisis actual, el Congreso-, lo cierto es que los responsables materiales son los omnipresentes partidos políticos. El juego de nombres y cromos entre unos y otros para elegir a los que sigan ahondando en la sima de la credibilidad del TC no parece tener fin.

 

La situación es ridícula y en algún momento habrá que darle la vuelta. Sería bueno que los responsables políticos se convencieran de que las normas están para cumplirse, incluso las que les imponen plazos y obligaciones a ellos mismo (recomiendo vivamente al respecto la lectura del art. 9.1 CE). También las que exigen un pequeño esfuerzo para renovar los cargos de ciertas instituciones esenciales. Lo contrario suena a desprecio o a constatación de la inutilidad de esas instituciones.

 

Pero las instituciones deben ser respetadas y para ello tienen que funcionar bien y cumplir su misión constitucional, como premisa de correcto funcionamiento de nuestro Estado social y democrático de Derecho.

 

Y así, algún día entenderán también que respetando los plazos y procedimientos y eligiendo a los mejores –en este caso, Magistrados- tendremos algo ganado. Bien es verdad que eso tampoco es por sí solo garantía de nada. No basta con constatar que la capacidad, aptitud, actitud, voluntad y dedicación de los Magistrados, unido al estatuto personal que dibuja la LOTC, debería ser suficiente para garantizar su independencia, imparcialidad y dignidad, como requisito mínimo de actuación. También es una cuestión de voluntad. Aunque la norma ponga los pilares para ello, si después no quieren ser independientes no podremos hacer nada, aunque nunca les perdonaremos.

 

19 comentarios
  1. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Bienvenido al blog, Tomás (aunque ayer se nos adelantó EC al publicar este mismo post) y con un tema tan fundamental como este. Supongo que lo que tienen las crisis institucionales es que no dejan títere con cabeza, y después del esperpento del CGPJ (digno fin de tan triste trayectoria) toca hablar del TC, que, como bien dices, está vapuleado por nuestra partitocracia. Pero nada, ellos a lo suyo, cambiando cromos para la renovación. ¿En qué mundo vivirán estos señores de la política? Porque claramente no es en éste.
     

  2. robespierre
    robespierre Dice:

    Don Tomás, tiene usted más razón que un santo en su justa indignación contra la partitocracia. Por lo demás, la escena institucional que nos describe es dantesca, pero es que efectivamente, es dantesca, aquí no queda una institución sana, y ciertamente el TC está muy vapuleado, aunque más lo estamos los ciudadanos.Solo discrepo con usted en una cosa, y es que yo creo que el Presidente no se va a reencontrar ya consigo mismo, si es que alguna vez tuvo las cualidades que usted tan generosamente le atribuye. Es demasiado tarde y ya estamos en el sálvase quien pueda,o son ellos o somos nosotros. En horabuena por el post. 

  3. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Este post, dada la auctoritas de quien lo escribe, genera una profunda melancolía y es que, en efecto, no han dejado “institución con cabeza” y con ello ya se entiende qué pienso de cómo actúan nuestras instituciones, movidas por hilos invisibles y complejos, no sólo perceptibles en cuestiones de general conocimiento, sino muy especialmente en la práctica forense. Pero es que hablamos del último interprete de la Constitución y garante de la integridad de la misma, y, junto a él, del Consejo que debiera proteger la independencia del Judicial frente el Legislativo y el Ejecutivo y, si se me permite, al “autonómico” y a quienes se arrogan potestades que no les corresponden (señaladamente quienes sí tienen acceso al TC, en detrimento de los ciudadanos: partidos, sindicatos y entes sin personalidad u oscura personalidad). Para no hablar de la sustitución por un extraordinario incidente de nulidad procesal de las infracciones (muchas) de la tutela judicial efectiva del 24 CE en una reforma de la LOPJ y las leyes procesales de cada ramo. Hablaba el otro día con un compañero de otra provincia que me decía sobre los Magistrados de su Audiencia: “si es que llegan a las 11, se van a tomar café y no estudian, ni siquiera publican sus criterios” (que deberían o no existir o estar colgados de Internet como los “criterios de “in”-admisión del recurso de casación del TS. Y la misma sensación de “depende quién me hable” y Justicia no igual para todos (ni en el trámite de admisión ni en los posteriores) se observa en la práctica en el propio TS, TSJs y hasta las APs. No hay sistema legislativo ninguno útil si quienes lo admnistran no se lo toman en serio.  En cita de mi maestro Iglesias de Muhammad Al-Jusaní, el jurista cordobés del siglo X que la de los jueces es “carga muy grave, puesto terrible, empleo imponente”. Pero algunos no se enteran de lo que comporta llevar esa toga.

    • Jesús Casas
      Jesús Casas Dice:

      Pues no, leonés, si bien Corduba y Legio, ya se sabe, son, en el fondo, profundamente romanas, y si no, que pregunten a Séneca.

  4. Deus ex Machina
    Deus ex Machina Dice:

    Concuerdo con el análisis pero no veo ninguna solución más allá de pedir a los políticos que entren en razón. Si no lo han hecho ya no lo van a hacer ahora. Por lo que se hace necesario una solución a este tipo de situaciones. La única que se me ocurre es poner caducidad a las situaciones de interinidad. Y en caso de faltar un número, aunque sea pequeño, de magistrados que se produzca la total paralización de Tribunal, haciendo responsable objetivo al Estado en el retardo y suspendiendo las funciones y retribuciones de los magistrados que aun están en el cargo.

    Seguramente sea algo excesivo o descabellado, pero es necesario solucionar de forma rápida y efectiva este tipo de situaciones.

  5. Páradox
    Páradox Dice:

    Otro de los efectos de esta partitocracia, que ha colonizado y pervertido casi todas las instituciones en España. Lo difícil es salir, pues este sistema por su propia naturaleza no permite una evolución a mejor. Ayudarán los “señores de negro”?

  6. kuzushi
    kuzushi Dice:

    Al final es el mismo problema que el que ocurre con la economía: el problema es de fondo, estructural. Si los mercados tuvieran que comprar deuda del TC, la prima sería altísima, por más que todo sea legal

  7. Fernando Gomá Lanzón
    Fernando Gomá Lanzón Dice:

    El TC quedó herido de muerte al principio de nuestra democracia, cuando la sentencia de Rumasa en 1983, las presiones parece que enormes a su entonces presidente, García Pelayo, por parte del gobierno socialista. Quizá, pero solamente quizá, si hubiera aguantado (hubo un empate a seis magistrados y decidió el voto de calidad del presidente, es decir, hubo 6 magistrados que resistieron esa presión), ahora la institución tendría prestigio.

     

    Pero en todo caso es bastante improbable, visto el destino de todas las demás que cita el autor en su post. En España ha habido una lista innumerable de personas indignas -en el sentido más gramatical del término- de ocupar los altísimos cargos que han venido ocupando. Acaba de decir ek nuevo Fiscal General hace unos días, y con mucha razón, que el que sucumbe a la presión es porque quiere, basta con hacer lo que tienes que hacer, opine lo que opine el político de turno. En España existe una gran mediocridad personal en muchas personas que ostentan cargos para los que no están preparados como personas.

    • sitogr
      sitogr Dice:

      Y Fernando, yo diría el desprestigio absoluto comenzó a partir de tras 2005 después de la Presidencia de Jimenez de Parga, estamos hablando de casos de 2007, 2008, de la Mesa Parlamentarios Vascos, Caso Botín, los Albertos, Ibarretxe, y luego ya el Estatut, por ahí también la LO 1/2004, ley de igualdad de 2007 etc. no crees? A pesar de casos como el de Rumasa y otros, quizás es por mi juventud, pero propiamente la caída del TC yo la sitúo por esas fechas, qué opinas?

  8. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Yo, sin ser experta, coincido con sitogr en que la decadencia procede más bien de estos años, aunque el pecado original que demostró que el TC se podía someter al poder político se comente con la sentencia de Rumasa, efectivamente. Pero después hubo presidentes que aguantaron el tirón y una solvencia técnica que contrapesa la influencia política que definitivamente se pierde o se abandona estos últimos años. Por no hablar de los plazos infumables, la falta de respuesta en los amparos o de como funcionan las cosas por dentro, de lo que seguro nos podrían hablar muchos juristas con mucho más conocimiento de causa que yo. En fin, otra institución desmantelada.

    • Fernando Gomá Lanzón
      Fernando Gomá Lanzón Dice:

      Sitogr y Elisa, es opinable como es natural, pero mi impresión es que el TC, que era una institución novedosa, heredera pero lejana del tribunal de garantias constitucionales de la II república, debía haber consolidado su prestigio técnico e independencia pólítica desde el principio. No lo hizo a ls primeras de cambio, y yo creo que nunca fue un órgano libre de sospecha. Hoy mismo, con la sentencia de Sortu, hay declaraciones en el sentido de que siguen una hoja de ruta prefijada, etc. Será o no verdad, pero si tuviera un prestigio ganado desde el principio, sus decisiones no solamente sería acatadas -faltaría más, vaya frasecita- sino también recibidas como una aportación valiosa al Estado de Derecho.

  9. Josef K.
    Josef K. Dice:

    Si el más alto Tribunal está vapuleado y bajo sospecha, y eso que está en el punto de mira de toda la Nación. Qué no pasara en los juzgados de los pueblos y en las Audiencias, que nadie se entera de lo que pasa.

  10. Próspero
    Próspero Dice:

    Una mínima matización a lo que dice Fernando. No estoy muy seguro de que el TC de la CE 1978 sea “heredero”, ni siquiera lejano, del tribunal de garantias constitucionales de la II república, y mejor que así sea, porque ese mal llamado “tribunal” (sus integrantes no eran necesariamente juristas, sino un batiburrillo en el que predominaban sindicalistas y politicos) no llegó a ejercer en la práctica ninguna de sus competencias. En lo que sí estamos todos de acuerdo es en que la primera sentencia sobre RUMASA (que utilizó aquel estupefaciente argumento de que la expropiación no afecta al derecho de propiedad “sino a su titularidad”), constituye el primer punto de inflexión en la trayectoria descendente, uniformemente acelerada, que ha seguido el TC, pero mi opinión es que todavía pudo haberse salvado. La clave, como en tantas otras cosas (http://hayderecho.com/2012/06/19/nombramiento-de-altos-cargos-si-el-te-dice-ven-lo-dejas-todo/) está en el elemento personal: si se compara el grupo inicial de magistrados con el actual, es mejor tener a mano un caja de pañuelos. El sobado concepto “jurista de reconocido prestigio” no es fácil de atrapar, pero cualquiera que se dedique a esto identifica rápidamente lo que “no es” un jurista de prestigio y, en este momento, hay demasiada gente en el TC que no da la talla. Además de los magistrados, en la organización interna del TC tienen un papel muy relevante los letrados, que comenzaron siendo un cuerpo especial, seleccionado rigurosamente por concurso-oposición entre personas que ya pertenecian a cuerpos superiores de la Administración. Este sistema produjo óptimos resultados, tanto que dejaron de utilizarlo e idearon la figura del “letrado adscrito”, que no hace falta explicar en qué consiste. Para acabar de rematar la faena (ha sido comentado en este blog) recientemente se ha optado de forma abierta y descarada por el enchufe y la fidelidad politica, propia del “personal eventual o de confianza”, para que el TC no sea diferente al resto de las instituciones públicas y los magistrados puedan estar rodeados de amigos y familiares, que así se trabaja mucho mejor y con más ganas.

  11. Maria
    Maria Dice:

     
    ¡Para vapuleados los ciudadanos¡ Desde que hace casi cuatro años perdí los ahorros de toda una vida, sustento para la vejez, y con ello el sueño, la única afición que me puedo permitir es leer y leer, y con ánimo de aprender, expongo mi experiencia y mis dudas. Voy a cumplir 65 años y me crié en un pueblo castellano, donde el honor de la palabra era sagrado; los contratos eran verbales, y se respetaban. Mi padré me inculcó que lo prometido había que cumplirlo escrupulosamente. Posteriormente mi esposo me enseñó, que para evitar problemas, los acuerdos, y contratos debían ser siempre escritos y firmados; me insistió en nunca firmar sin haber leido todo, incluida la letra pequeña. Aprendí la lección y la apliqué rigurosamente. En 1907 firmé una orden de unos Bonos, 5,7%, recomendados por mi banco de muchos años, que sabía que debía vivir de esa renta. Título del contrato: Compra a Vencimiento donde ademas constaba: Vencimiento 25.04.2012, Compra 200.000 €, Recompra 200.000 €, datos que me corroboraron días después en Documento Acreditativo de Adquisición, y en todos los extractos trimestrales. Pues bien, finalmente se trataba de Preferentes Perpetuas de un banco que quebró. Obtuve un informe favorable de la CNMV por conducta incorecta del banco: En la contratación, en la información del vencimiento, y en la información del valor. Pese a ello la juez sustituta del juzgado 91, de Madrid, se guía solo por las alegaciones del banco donde había tenido con anterioridad dos veces preferentes sin nunca informarme de perpetuidad o riesgo alguno; la segunda y última con altos gastos y constatada perdida en la recuperación del importe de compra. Sin atenerse a documento alguno, la juez afirma:
    No se ha acreditado que el banco incumpliera el deber que le incumbía” “No resulta acreditado que la demandante no hubiera sido informada sobre el producto” 


    ¿Es que son más importantes las palabras (de una de las partes), que los documentos firmados que las contradicen?
    Desconcierto, inseguridad, injusticia, y desprotección, es lo que los ciudadanos sentimos si ya ni podemos atenernos a los contratos.
    ¡Perdon por la intromisión en este blog tan profesional! ¿De verdad no hay manera de hacer prevalecer la justicia en este país?

    • sitogr
      sitogr Dice:

      Estas cuestiones es mejor hablarlas con su abogado, consulte con otros que tenga a su alcance o algún especialista en bancario, existe asistencia jurídica gratuita en los Colegios de Abogados si cumple los requisitos, vea si le compensa la posibilidad de recurrir y también han creado plataformas de afectados … 

      Mucha suerte y espero que se resuelva su problema, una gran mayoría de jueces de este país y magistrados, son honestos, honrados y grandes profesionales y muchos jóvenes sobradamente preparados luchamos por poder ejercer la Justicia justamente. 

  12. Maria
    Maria Dice:

    ¡Muchas gracias!
    Por el bien de este país y la credibilidad en sus instituciones, tanto aquí  como en el exterior ¡Deseo fervientemente que tenga Ud. razón!

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