El Estado borracho, programa de desintoxicación.

Reconozco que la metáfora no es del todo mía. Hace unas semanas oí la siguiente declaración en un seminario sobre el Tratado de Estabilidad de la UE: “Si un borracho te pide dinero para comer o para medicinas, si no eres muy tonto, lo primero que haces es mandarle a una clínica de desintoxicación, pues si no, puedes estar seguro que le des lo que le des lo seguirá gastando en vino”. Este es parece ser el argumento de Alemania para oponerse a los eurobonos o del BCE a darla a la máquina de imprimir euros. Primero, que los países gastadores demuestren que han pasado por la catarsis de cambiar hábitos derrochadores, y solo entonces podremos pensar en darles más dinero pues si no sería un pozo sin fondo que arrastraría a Europa (y a la propia Alemania) por el desagüe. En un momento de turbulencias monetarias, rescates innombrables o democracias bajo sospecha bueno es recapacitar sobre esta cuestión.

 

¿Exageran? ¿Cabe considerar a Grecia o España un “Estado borracho”? (esta expresión sí es mía). Esta calificación no es baladí pues si tal etiqueta nos fuera aplicable ello tendría consecuencias. ¿Por qué? Porque por de pronto el dilema “austeridad-crecimiento” sería un falso dilema al menos en aquellos países que han demostrado a lo largo del tiempo que “no saben” o “no quieren” gastar el dinero que reciben de forma eficiente y productiva. De hecho, a veces se olvida que cuando surgió la crisis las primeras medidas que se impulsaron por el gobierno de entonces (y por otros gobiernos tal vez con algo más de cabeza) fueron incrementar el gasto público. Por eso (y por la caída de ingresos) pasamos en pocos años de tener superávit en las cuentas públicas a record de déficit. ¿Ya nadie recuerda el famoso Plan E “para el estímulo de la economía de la economía y el empleo? Sí hombre sí, aquel que supuso la inyección de 55.000 millones de euros sobre todo en los Ayuntamientos y cuyos carteles anunciadores valían en ocasiones más que las obras financiadas. ¿Consecuencias del plan?, ¿sirvió para algo? Pan para hoy y hambre para mañana. Conclusión: no se trata de gastar más si no sabes en qué debes gastarlo para ser eficaz y productivo. También en los tiempos de cuantiosos fondos estructurales europeos, algunos dirigentes públicos reconocían en privado que a ese ritmo se iban a asfaltar todos los huertos de España porque faltaban proyectos alternativos al obvio de hacer carreteras y trenes de alta velocidad (algunas líneas ya cerradas). Consecuencia: somos un país con un exceso de infraestructuras que no tenemos dinero para mantener. Incluso la otra obviedad de aumentar la inversión en I+D+i, de poco sirve si se seleccionan mal los proyectos financiados o no participan las empresas, que son las que saben cómo mejorar su productividad o abrir nuevas líneas de producción innovadoras.

 

Y es que a veces se olvida de que la política es el arte de asignar medios “limitados” a objetivos priorizados. Por tanto, lo primero es reconocer que los recursos son limitados (incluso los del planeta) y lo segundo, ser capaces de priorizar. Es decir es irracional y falso (y supone engañar a la gente) pensar que “debe” haber dinero suficiente para hacer “todo” lo que se nos ocurra.  Bueno, pues ¿cuáles son las prioridades es este momento de crisis económica? Pongamos que estamos de acuerdo en que incluso ahora lo prioritario debe ser proteger el Estado de bienestar y la inversión productiva. Si esto es así querría decir que “todo” lo demás debe quedar en un segundo plano o simplemente ser eliminado. ¿Es esto lo que defienden de verdad los partidos políticos, gobierno y sindicatos?

 

Las declaraciones de unos y otros, y el lugar que ocupan en las diversas pancartas, pueden diferir, lo admito, pero vayamos a los hechos.  Empecemos por el Estado de Bienestar. Según nuestro axioma (“no hay dinero para todo”) podemos defender con cierta lógica que todos aquellos que no estén dispuestos a sacrificar los fondos públicos que reciben serían cómplices directos o indirectos de la reducción/asesinato de las políticas de protección social. Es decir que si de verdad defendemos la protección de los más débiles todas aquellas organizaciones que pueden ajustar gastos a los ingresos de sus afiliados (sindicatos, partidos políticos) deberían estar dispuestos a renunciar a cuantiosas subvenciones a favor de sanidad y educación, por ejemplo. ¿Es esto cierto? Igualmente todos aquellos que reciben subvenciones, directas o indirectas (i.e. publicidad institucional) por hacer un trabajo (por ejemplo, eléctricas, bancos, cineastas, medios de comunicación) que otros hacen sin ayuda deberían renunciar igualmente a las suyas, o los que reciben becas y no estudian hacer lo propio. Del mismo modo, todos aquellos que no pagan impuestos pudiendo hacerlo deberían estar dispuestos a hacerlo inmediatamente (fraude al IVA, SICAVS, selección nacional de fútbol con la segunda prima más cara de Europa, partidos políticos, ONGs e Iglesia con el IBI, etc..) o aquellas regiones que están sobre-financiadas por un cálculo “interesado” del cupo (País Vasco y Navarra) deberían mañana mismo declarar que están dispuestas a revisarlo en beneficio del interés común y la justicia redistributiva, o quienes defienden que no pasa nada por mantener un Estado con hasta cinco niveles administrativos.

 

¿Es esto lo que va a pasar?  No parece, sean de izquierdas o de derechas. Es más, otras regiones que aspiran a un sistema similar de financiación tampoco están dispuestas a valorar si su problema es más de exceso de gastos absurdos y clientelares que de falta de ingresos. Solo dos datos recientes: el Sindic de Greuges se ha embarcado en 50 viajes en dos años (¿quién nos defiende del defensor?) y que el Consejo de Garantías Estatutarias (una especie de Tribunal Constitucional catalán) ha casi cuadriplicado su presupuesto del año 2011 (3.646.085, 17€) a 2012 (11.157.436, 71 €), con una media de diez dictámenes al año. Mientras, el aciago Estado Español está pagando los intereses de los “bonos patrióticos” catalanes al 5% probablemente a esos mismos que pitan el himno nacional en estadios y circuitos. ¿Pero alguien en su sano juicio cree que esta sociedad puede salir así de la crisis?

 

En todo caso como conclusión cabe decir, el debate actual se centraría no tanto en la elección entre austeridad y crecimiento sino la política solidaria actual se concretaría en el lema: “Estado de bienestar sí, pero que lo pague otro”.

 

No obstante, como en otros posts anteriores de este Blog, reconozco que el momento de las lágrimas ha pasado y es el momento de propuestas para salir adelante. Y mi propuesta es, una vez más, la necesidad de un cambio cultural que afecta a políticos y no políticos, si no queremos convertirnos en el nuevo “tercer mundo europeo” en palabras de Michael Lewis. Recientemente la organización Trasparencia internacional ha elaborado un Informe con el título “Dinero, políticos, poder: el riego de corrupción en Europa” donde entre otras conclusiones se afirma que “Grecia, Italia, Portugal y España muestran tener un serio déficit en materia de rendición de cuentas así como profundos problemas de ineficiencias, malas-prácticas y corrupción, que no están sin suficientemente controlados ni sancionados”. ¿Todavía alguien defiende en serio que nuestra cultura no tiene que ver nada con esta crisis?

 

Seguidamente voy a concretar algo más en qué puede consistir ese cambio. Ya puestos ahí va una propuesta de decálogo:

 

1. Ejercer de forma habitual la sana autocrítica, superando así el síndrome del “eterno adolescente” que siempre ve (solo) culpables a los otros.

 

2. Asumir nuestra propia responsabilidad, sin eludirla bajo el fácil reclamar al Estado que resuelva nuestros problemas. Cabe recordar que el mismo Anthony Giddens, patrocinador de la tercera vía, defendía el lema de “ningún derecho sin responsabilidad” lo que afectaba por cierto, aunque no solo, a los destinatarios del Estado de bienestar (por ejemplo, los que trampean con las recetas del abuelo).

 

3. Antes de exigir que se me respeten mis derechos o se toleren mis apetencias, debemos preguntarnos hasta qué punto yo respeto de verdad los derechos de los demás. Respetar no significa que todo deba ser “tolerado”

 

4. Denunciar (en lugar de disculpar o encumbrar) al que no paga IVA, consigue algún truco para pagar menos en IRPF, o simplemente incumple cualquier tipo de normativa reguladora de la convivencia, incluida la de tráfico, la reducción del nivel de ruidos o la destrucción de mobiliario urbano. Y por supuesto no hacerlo nosotros

 

5. Denunciar y rechazar (aunque se beneficie uno mismo o sus amigos y familiares) las subvenciones públicas cuando el trabajo lo podemos hacer con nuestro esfuerzo, sobre todo si faltan controles adecuados de rendición de cuentas, así como los contratos públicos que acaban costando el doble (y a veces más) del precio original, o los salarios e indemnizaciones excesivos, vengan del sector público como del privado (en Francia F. Hollande ha propuesto que se generalice la proporción 20-1 entre salarios mayores-menores en las empresas)

 

6. Rechazar (aunque afecte a mi patrimonio) que paguen justos por pecadores. Asumir las consecuencias de la gestión incorrecta de nuestro patrimonio, incluidos los casos que han producido un exceso de endeudamiento de particulares y empresas. Sí, aquellos que defendían en público que era de tontos no endeudarse estando como estaban los tipos de interés e inflación.

 

7. Renunciar a la doble moral o doble vara de medir que se plasma, por ejemplo, en la tendencia a disculpar los errores de “los míos” o mi grupo y a agrandar los fallos de los demás.

 

8. Valorar el trabajo como una virtud donde podemos realizarnos o cuanto menos contribuir a la riqueza del país y no como una condena que hay que hacer de mala gana y si es posible escaqueándonos

 

9. Rechazar la promoción social o profesional gracias a nuestros contactos familiares o los grupos a los que podemos pertenecer, y reclamar en su lugar que se valore de forma exclusiva  del mérito personal y el esfuerzo

 

10. Denunciar al jeta y el pelota, vengan de donde vengan, tanto en el sector público como privado

 

Puede haber otras propuestas alternativas o complementarias a éstas. Pero lo cierto es que o emprendemos un programa de cambio cultural y nos desintoxicamos, o por la vía de negar los hechos y buscar culpables externos o en los otros, acabaremos por dar pie a opciones extremistas, como ya está pasando en algunos países europeos, y como ya sucedió a principios del siglo XX con las consecuencias que todos conocemos.

18 comentarios
  1. sitogr
    sitogr Dice:

    Muy buen artículo Alberto. Como dices, solucionar una crisis de deuda con más deuda es como curar a un alcohólico con vodka. 

    Me temo que los políticos de este país cuando oyen crecimiento, interpretan gasto y compra de votos y no inversión. Lo que unida a nuestra Administración, corrupción, etc. No es de extrañar las reticencias de los mercados y demás países europeos. 

    El decálogo es quizás demasiado utópico en esta España de pillos, pero teniendo en cuenta que nuestra principal crisis es de valores, no deja de ser importante ppantear una cuestión así 

  2. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Totalmente de acuerdo, Alberto, con tu brillante exposición. Resulta particularmente irritante oír decir a nuestros políticos que ellos ya han hecho sus deberes y que los extranjeros malvados deben arreglar los problemas que ellos (y nosotros) han creado, y que ahora le toca al BCE abrirles la barra libre otra vez. De tanto faltar a la verdad y decir que no tenemos un Estado borracho probablemente ya se lo creen. Y lo triste es que cambiar las cosas, estando tan mal, no es tan díficil y seguro que los malignos apreciarían y mucho cualquier indicio de que se coge el camino de la clínica desintoxicación aunque el tratamiento vaya a durar años.  

  3. Sergio
    Sergio Dice:

    El principal problema que tenemos en España ahora es que el gobierno no quiere tomar las medidas que de verdad solucionarían la crisis de confianza por la que atraviesa nuestro país ante los mercados internacionales. No se dan cuenta de que acceder a fuentes de financiación a precios razonables exige tomar medidas drásticas y que “rompan” con el modelo de Estado vigente durante los últimos 30 años. En otras palabras, es muy difícil reducir el tamaño del sector público y sanear el sistema financiero con 17 sistemas autónomos que toman las decisiones sin contar con el Estado y sin tener en cuenta a los demás. 
    Lo que se impone ahora es llevar a cabo unos pactos autonómicos y obligar a todas las autonomías a la gestión conjunta de competencias como educación, sanidad, políticas sociales o interior. Privatizar las televisiones y radios autonómicas o cerrarlas directamente porque no se pueden sostener en la actual situación. Y plantear para las próximas elecciones un cambio de modelo de Estado a través de una reforma constitucional en la que se impliquen los dos grandes partidos nacionales y que busque, en definitiva, consolidar un Estado más eficiente y más justo para todos en el que se garantice el principio de igualdad solemnemente proclamado en el art 14 de nuestro texto constitucional. Cuando demostremos que somos un Estado serio, unido y con una verdadera unidad política y de mercado recuperaremos la confianza de los inversores extranjeros, nuestra confianza en nosotros mismos y el crecimiento económico. Desgraciadamente, a día de hoy, todo esto parece una utopía. 

  4. robespierre
    robespierre Dice:

    Sergio, la cosa es peor, es que los políticos nos dicen que se ha hecho ya esa reforma, porque al parecer han firmado un papelito que se llama Ley de Estabilidad presupuestaria (que básicamente deja que sean las propias Administraciones las que se pongan los deberes, los hagan y se los corrijan, un chollo, oiga) y ya está. Cuando los mercados, los malvados alemanes, el BCE y los atónitos españoles se quedan pasmados pues se enfadan y ponen a los medios afines a trabajar para convencernos de que sí, de que sí, que ya han hecho todo lo que ellos podían hacer. Pobres, y el mundo sin enterarse.  Qué injusticia.

    • Sergio
      Sergio Dice:

      Es verdad, vamos que lo que pasa es que se siguen manteniendo estos sistemas de autonomía presupuestaria sin ningún tipo de control y lo que se les exige a las distintas administraciones es que, por si mismas, se porten bien y no gasten más de lo que ingresan. No he leído todavía la ley de estabilidad presupuestaria pero creo precisamente que mientras no pueda actuar de manera efectiva la intervención general del Estado en el control del gasto de TODAS las administraciones (un control previo y vinculante) y mientras no haya un Tribunal de Cuentas independiente y efectivo, no podremos ni de lejos controlar el gasto de este monstruo en que se han convertido las administraciones públicas españolas. 
      Es una vergüenza, y en la línea de lo que tu dices, es un engaño en toda regla al que nos está sometiendo la clase política española con independencia del partido político. Les viene muy bien el statu quo y lo van a mantener a costa de rebajar los sueldos a los funcionarios, recortar en educación y sanidad… Mientras, se rescata a autonomías de la quiebra técnica (como sucederá con Cataluña o Andalucía), Cajas de Ahorro… sin exigir ningún tipo de responsabilidad a nadie. 

  5. Javier Aparicio
    Javier Aparicio Dice:

    En fin, que la cosa tiene arreglo, pero no hay voluntad política de arreglarla.
    Y, entonces, qué hacemos?
    Si hay que esperar a que reviente del todo para que llos políticos y los ciudadanos abran los ojos como don Quijote, estamos arreglados, ya que para entonces la eventual solución será infinitamente más costosa y dura de tragar, o, como don Quijote, simplemente quepa esperar el certificado de defunción.

  6. José Mª Pérez
    José Mª Pérez Dice:

    Atinada e ingeniosa la comparación con el borracho. Tal vez, el decálogo resulte demasiado utópico, pero si sería bueno forzar un poquito de estoicismo en esta sociedad nuestra.
     

  7. mariano martin peña
    mariano martin peña Dice:

    Estoy de acuerdo con tus propuestas, pero creo deben completarse con una reducción severa del gasto público y para ello habría que:
    * Eliminación del 50% de los Ayuntamientos.
    * Reducción del 50% de los parlamentarios y altos cargos autonómicos
    *Aplicación de penas a las Administraciones Públicas que superen el límite         de gasto.
    * Eliminación de las Diputaciones Provinciales
    * Responsabilidades penales para los que han dilapidado el dinero público
    * Supresión de los contratos blindados en las entidades intervenidas

    Lamentablemente pienso que ningún partido político va a acometer estas medidas por tanto difícil arreglo tiene esta situación.
    Es penoso asistir al espectáculo diario que nos brindan los políticos con sus declaraciones o comportamientos.
    Salvo raras excepciones podemos afirmar sin temor a equivocarnos que esa casta carece de principios morales.
     

  8. Javier
    Javier Dice:

    Totalmente a favor de lo que expones Alberto (ya lo hemos hablado en múltiples ocasiones). La tristeza de toda esta situación es que, efectivamente el cambio debe empezar desde abajo, pidiendo la factura al dentista, a la farmacia…etc, pero nos preocupa más profundamente lo haga España en la Eurocopa que la peligrosa subida de la prima de riesgo. Necesitamos imperiosamente una educadción de base a este respecto, o estamos perdidos ahora y en el futuro.

  9. ALMUDENA
    ALMUDENA Dice:

    Muy bueno Alberto, estoy totalmente de acuerdo contigo, y me entristece ver que ya cada vez más todo depende de una decisión política más que del sentido común y la decencia que es en el fondo lo más sencillo a la hora de gestionar dinero público, pero además es que estamos en manos de indocumentados porque evidentemente no vamos a salir de ésta con más deuda aún de la que tenemos, lo lógico sería la quita de deuda y el saneamiento de los balances de los bancos cosa que no he oído proponer a nadie que ocupe un cargo importante. Y es algo que veo día a día en mi trabajo: Inversores a los que se les va a garantizar sus depósitos de 300,000 eur en Bankia, están ahora comprando deuda del estado que se la remuneran al 7% y 8% !!!, así ya se puede, es esto razonable ???, no señor, el que haya invertido en Bankia o en activos tóxicos que lo pierda, como aquel que invierte en bolsa, mala suerte, pero que no lo tenga que pagar yo que no me he endeudado nunca por encima de mis posibilidades y que encima el banco me da un 0,01 % por mi cuenta corriente, lo que estamos consiguiendo es una brecha inmensa de desigualdad social que va en espiral y que creo que va a llevarnos a conflictos sociales indudables que aún están por llegar porque no se ven soluciones lógicas por ninguna parte, es lamentable.

  10. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Descartada nuestra clase política y nuestras instituciones, tanto las nacionales como las europeas, solo saldremos de ésta por nosotros mismos en la linea de lo que dice Alberto. No queda otra, nos han dejado solos pero ¿no somos ya mayores de edad para saber qué hacer? Yo creo que sí.

  11. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Sí, yo creo que la clave es lo que dice este post. Exactamente esta. Añado que la desintoxicación acelerada de un borracho puede causar la muerte, y que no se pueden recuperar tres décadas en unos años por lo que deberíamos tener un plan claro a largo plazo, un autentico Plan Nacional de Viabilidad (aunque lo de los Planes suene un poco a autarquía de la Oprobiosa). No lo veo en la Web, pero en “Expansión” en papel de hoy publica una Tribuna el Prof. Hans-Werner Sinn que explica muy bien por qué no se puede dar vodka a un borracho para curarle y cuáles serían las soluciones técnicas razonables en lugar de sacarse de la manga un “sistema bancaro europeo”. Debemos no olvidar que una de las causas del “milagro español” de los 90 es la inyección de vodka de la UE en forma de Fondos Estructurales y, alcoholizados como estamos, queremos seguir bebiendo, y nos seguimos contando mentiras a nosotros mismos  (“no hay crisis”, “nuestro sistema bancario es el mejor del mundo”, “ya se ven brotes verdes”, “no es un rescate, sino un préstamo”, “hemos hecho todo lo posible, ahora le toca a Europa”, “esto se arregla con más Europa”, “hacen falta Eurobonos”…). No sé nada de vodka ni de borrachos pero he leído que para desintoxicar a alguien lo primero que hace falta es pasar la fase de negación, asumir el problema y afrontarlo. Pero ¿en cuántas generaciones puede conseguirse un cambio como el que propone Alberto? Por eso, a falta de modelo ecucativo nacional (de verdad, de todos, para unas décadas), a falta de Justicia eficaz e independiente y a falta de instituciones, sinceramente, yo sigo en modo “melancolía o exilio”, preguntándome a mí mismo porqué sigo teniendo en España los ahorros de toda una dura vida de trabajo profesional en lugar de en un “unit link” luxemburgués de los que se llevan ahora, y ni siquiera me van a mandar un certificado de buena conducta. Ya no sé si es patriotismo o que los vapores del borracho me tienen fuera de juego. Por lo demás, el decálogo es muy saludable, aunque supongo que otros lectores añadirán más puntos. no es: dejar tus ahorros en España, aunque tengas miedo de perderlos y no te expidan un certificado de valor, como en la “mili”.

  12. Luis Bustillo
    Luis Bustillo Dice:

    Especialmente utópico(aunque no por ello menos deseable) me ha parecido el punto 9.Aunque siempre teniendo en cuenta que las apelaciones a la igualdad de oportunidades y al mérito personal son vacuas si esa igualdad no es real y efectiva, es decir, si el estado no desarrolla una función niveladora que permita que todos, por igual, puedan competir solo con su esfuerzo.
    Pero lo que me ha traído a la memoria es cierta carta que 120 millonarios norteamericanos(entre ellos Buffet, Paul Newman o el Rockefeller del momento)escribieron al presidente Bush en 2001 reclamando la marcha atrás en su propósito de eliminar el impuesto sobre sucesiones. Se decían en ella cosas como que esa supresión ” creará una aristocracia de la riqueza que transmitirá a sus descendientes el control sobre los recursos de la nación”
    y todo ello “basándose en la herencia y no en el mérito”. Y gráficamente se apuntaba que sería como si el equipo olímpico de los juegos de 2020 estuviese integrado por los primogénitos de los medallistas de 2000. Y se insistía en la tradición de la alta burguesía americana de devolver a la sociedad lo que ésta les había dado.
    Puede que hubiese algo de demagogia y cinismo en todo ello, no lo se. Lo que si se es que ni siquiera de un modo cínico puedo imaginarme a la alta burguesía española haciendo manifestaciones de esta índole. Ni tampoco puedo imaginarme que el punto nueve del decálogo sea algún día realizado en una sociedad en la que la hidalguía (ser hijo de algo o de alguien) sigue siendo en si mismo un valor ( para empezar, en la Jefatura del Estado); en un país en la que uno es honrado por los meritos de sus antepasados y esto puede servir para ir por la vida viviendo de ello, en lugar de entender que los méritos de los antepasados obligan a uno, y en todo caso, uno está obligado al mérito por respeto a sus antepasados; un país en el que, con algunas excepciones notables, el éxito en los negocios no se ha basado en la capacidad personal, la audacia y la propia inteligencia, sino en la cercanía al poder político; un pais en el que sólo en muy raras ocasiones han mandado los mejores. 
    Ciertamente, como apuntó el mismo creador del término “meritocracia”, Michael Young (“The rise of meritocracy”) ésta puede dar lugar al mismo cáncer: la generación de una casta que tiende a reproducirse y a perpetuarse en el poder ( y da la impresión de que algo de esto ocurre en nuestro pais hoy. Identificando el mérito con la superación de una oposición, y sólo con eso, poblamos la administración de altos funcionarios, como si su probada capacidad les habilitase para todo-y conste que no hay “rencor” de ninguna índole, yo también he superado, y no mal,una de esas duras oposiciones y no por ello estoy habilitado para todo-). Pero con todo, no cabe duda que un sistema meritocrático, no sólo en la provisión de cargos públicos (que ya existe, por lo menos en una parte) sino también en la propia conciencia de la sociedad contribuiría enormemente a mejorar nuestra sociedad, a airearla y limpiarla del ambiente cada vez más fétido e irrespirable en el que existimos. Enhorabuena por el artículo.

  13. Aurelio
    Aurelio Dice:

    Alberto, muy lúcida tu reflexión, del decálogo se deduce que no sólo es el Estado el que está borracho, sino también nuestra sociedad está intoxicada. Hemos perdido la noción de la realidad y por lo tanto nuestra capacidad de análisis y crítica. Lo que es peor, esto nos inmoviliza para mejorar.
    Es sorprendente cómo sigue habiendo planteamientos políticos y sociales que sigan defendiendo que no se debe renunciar a nada, lo que demuestra la deriva política de los últimos años nos ha llevado a una sociedad  inmadura y acrítica.  
    Me gusta el detalle y los matices que recoges en algunos de los planteamientos y considero que en estos temas tampoco podemos dejarnos llevar por algunas afirmaciones o recomendaciones simplistas de algunos que quieren erigirse en gurús de la sociedad.  
    Enhorabuena 

  14. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Recojo el guante y le contesto, en la linea del post de Rodrigo Tena, no es verdad que los altos funcionarios (aunque seamos Abogados del Estado como la Vicepresidenta del Gobierno) sepamos de todo ni sirvamos para todo. Esto no es una meritocracia de verdad, solo parece una meritocracia, porque se invoca el título de una oposición con la que sin duda se pueden hacer bien muchas cosas (por aquello de que es generalista) pero ciertamente no todas ni mucho menos. Y cuando hablo de abogados del Estado, podemos hablar de técnicos comerciales, de diplomáticos o de inspectores de Hacienda. Esto de la meritocracia de este Gobierno es, como tantas cosas en este país en este año 2012, algo que es pura cosmética. Aunque cada vez se nos ven más los churretes, todo hay que decirlo.

  15. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    Estoy de acuerdo con el diagnóstico pero no con la solución: El alcoholismo sólo se cura absteniéndose por completo de la ingestión de alcohol, por mínima que sea. Y el primer alcohólico es el estado bulímico gobernado por una casta política parasitaria dedicada a salvarnos de nosotros mismos.

  16. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    Aunque no ea una práctica muy ortodoxa, voy a copiar un artículo de Javier Benegas en el nuevo diario digital de Jesús Cacho vozpópuli, que me parece extraordinariamente descriptivo de la situación actual:
    Nuestro futuro no depende de la prima de riesgo
    Javier Benegas (17-06-2012)
    Las conclusiones finales que provienen de los dos partidos mayoritarios, y también de sus provincianos pares del reino, que son los partidos nacionalistas, son que si España entra en default, y Europa en consecuencia se colapsa, será porque Angela Merkel y su severísimo ministro de finanzas así lo decidan. Porque soluciones para evitar el desastre hay. Pero, según parece, ya sólo pueden venir de fuera. Y es que, por alguna poderosa ley ineluctable, la estructura territorial y política y, en consecuencia, el modelo económico de España no pueden ni deben tocarse.
    Así que una vez nuestra clase política ha renunciado a meter el cuchillo hasta el mango, la apuesta es socializar nuestra deuda y compartirla solidariamente con el resto de países de la Unión Europea. Para lo cual es condición imprescindible convertir al BCE en una fábrica de imprimir billetes y, también, mezclar indistintamente la deuda de países solventes e insolventes en eso que llaman Eurobonos. De esta forma pretenden endosársela al maldito Mercado y que así reviente. Como si los inversores fueran a estimar el valor de estos bonos haciendo la media. Sin embargo. mezclar manzanas sanas y podridas en un mismo cesto no da como resultado manzanas medio buenas sino que se pudren todas. Lo dijo alto y claro Angela Merkel la semana pasada, no hay que sobrevalorar la capacidad de Alemania. Dicho en otras palabras, no es factible que un solo país, por fuerte que sea, pueda salvar a medio continente europeo de la quiebra.
    Así que las egoístas hormiguitas germanas no están por la labor de vaciar sus despensas para hacer más llevadero a la cigarra el duro invierno que se avecina, máxime cuando ésta es, además de desesperantemente perezosa, una mentirosa compulsiva. Por ello, al gobierno alemán no le queda otra que usar la asfixia financiera a modo de potro de tortura, sometiendo a la díscola y caciquil clase política española a dosis de tormento con el fin de que asuma de una vez por todas que el juego del cálculo político ha terminado. Oficialmente, de cara a la galería, y al igual que haría un maestro desesperado para animar al alumno necio y disoluto, alaban las tres reformitas hechas hasta la fecha. Pero de puertas adentro la opinión unánime es que el bagaje es alarmantemente insuficiente y, lo que es aún peor, por el momento y que se sepa intangible en todos los frentes.
    Sin embargo, ahí sigue nuestro gobierno, haciendo gala de una fatalidad que asusta. Gritando al verdugo entre lamento y lamento que ya ha hecho todo cuanto podía. Y según su propia lógica puede que sea cierto. Pues nuestra España política no es absolutamente estúpida ni incompetente, aunque así lo parezca. Calcula al milímetro lo que hace y, muy especialmente, aquello que no deja hacer. No toma sus decisiones desde el punto de vista del buen gobierno que esta situación límite demanda, donde la política con mayúsculas debería tener cabida, sino desde el sesgo de esa otra política, la que enredándose en la madeja de los intereses creados se vuelve inútil e inoperante.
    Difícil tomar decisiones cuando éstas implican legislar en contra de uno mismo, de los tuyos y de quienes te sostienen, financian, condonan créditos, enriquecen y proporcionan prebendas y retiros dorados. Eso equivaldría a hacerse el harakiri. Por eso, de aquella leyenda del principio de la legislatura, según la cual Don Mariano iba a ser el Prometeo que, tras reclutar un equipo de hombres y mujeres dispuestos a incinerarse, robaría a los dioses el fuego del Olimpo para entregárselo a los mortales, no quedan ni los ecos.
    Una cadena de errores no forzados
    Los hechos son tozudos. Nada más comenzó esta legislatura, las buenas palabras se las llevó el viento. El gobierno Rajoy elevó el IRPF del 45% al 52%, siete puntos en un solo decreto, hasta dejarlo en niveles próximos a países como Suecia, Dinamarca o Bélgica y a la par que Países Bajos. Expoliar a los profesionales mejor pagados, y por lo tanto los más cualificados, resultaba más populista que subir un IVA que no hace distinciones entre ricos y pobres. La primera en la frente. Mal augurio.
    También, con enorme sabiduría política y en un desesperado intento por aliviar el gigantesco stock inmobiliario de las cajas y bancos, volvieron las deducciones fiscales para la compra de primera vivienda. Y han sido nuestros banqueros –especialmente los cajeros– y no la UE quienes, tras cinco años sin ajustar el precio a valor de mercado de sus inmuebles, nos han obligado ha tener que pedir auxilio financiero en su nombre pero a cuenta y riesgo del Estado.
    Seguimos sin incentivar la inversión en la economía productiva. Y de hecho, para sorpresa de todos, aún hoy resulta más fácil y barato obtener un crédito hipotecario que un modesto préstamo para un proyecto empresarial o negocio. Justamente al contrario de lo que les sucede a nuestros denostados alemanes. Quizá sea por eso que ellos pueden presumir, más que de grandes emporios, que también, de miles de medianas empresas capaces de competir en cualquier parte. Y eso que tampoco se salvan de la corrupción que asola a Europa.
    Además de reducir tímidamente el gasto corriente sin tocar en lo fundamental la estructura administrativa y política del Estado, el mercado de bienes aún hoy sigue sin liberalizarse. Y la unidad de mercado sin recomponerse. Y, por si fuera poco, se confunde privatizar con liberalizar. De tal forma que los grandes negocios, sean estos de la naturaleza que sean, quedan siempre en manos de unos pocos elegidos. Bien sea para vender al Estado bombillas de bajo consumo como para suministrar la energía eléctrica para encenderlas, estos señores se adaptan proverbialmente a las circunstancias y adquieren el know how necesario en lo que se tarda en convocar un concurso.
    Vaya por delante que soy de los que piensan que, mucho antes de que Mariano Rajoy ganara las elecciones generales, el desembarco de la troika en nuestro país era sólo cuestión de tiempo. Pero ese suceso inexorable, lejos de hacernos bajar los brazos y seguir cometiendo los errores de siempre, debería haber servido para poner en marcha unas reformas que en otras circunstancias habrían sido impensables. Hemos tenido la oportunidad de cambiar España de arriba abajo y aguantar lo que viniera para, a lo sumo en dos o tres años, volver por nuestros propios fueros. La hemos desperdiciado y la intervención está más cerca. Sin embargo, esta terrible expectativa no cambia lo fundamental. Reformar España, hoy al igual que ayer, nunca dependió de la prima de riesgo o la inminencia de una intervención, sino de nuestra propia voluntad. Puede que para evitar eso que llaman equivocadamente rescate, sea demasiado tarde. Pero para cambiar lo verdaderamente importante aún estamos a tiempo. La verdad es que nuestro futuro nunca dependió de la prima de riesgo.
      

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