Cultura rima con basura

Ayer, en el desayuno, volví a sentir que ya no era un ciudadano. Era una sensación familiar, pero que llevaba descansado algún tiempo, especialmente cuando acababa de estar varios días paseando por la Feria del Libro de Madrid, viendo las colas de lectores apasionados llenos de ejemplares que buscan la firma de su autor, aún a riesgo de volar a Eduardo Galeano o a Javier Marías de un estornudo, estando todos rodeados de esa nieve del diablo que es el polen y que nos tiene los ojos rojos, la cabeza llena de esquinas y soltando tan extraños alaridos que la ciudad parece una orquesta de trompetas desafinadas. Pero ahí estaban, alérgicos y no alérgicos, sin ceder un palmo al desaliento del calor y la crisis para comprar esa última novela o incluso recomprar aquel ensayo que hace tiempo fue prestado y nunca recuperaron.

 

Pero ayer por la mañana presentí que de nuevo yo ya no era un ciudadano. Desayunaba en la calle Toledo mi café con periódico de papel cuando mi chica me señaló una esquina del diario y me dijo, ‘mira, esto te interesa’. Y ahí pude leer cómo la recién creada Sección Segunda de la Comisión de Propiedad Intelectual había comenzado a actuar en las funciones a ella conferidas por la Disposición Final Cuadragésimo Tercera de la Ley de Economía Sostenible, la llamada Ley Sinde o, aún peor, Ley Sinde-Wert. Así, al parecer, la Comisión había notificado la apertura de un procedimiento de posible cierre de página web a una compañía, domiciliada en Suiza, que aloja el contenido de una página a la que yo aquí no haré publicidad y que te ofrece la posibilidad de descargarte, de forma gratuita y entiendo que por tanto no autorizada, el recopilatorio de la artista Luz Casal Un ramo de rosas.

 

Para terminar con la descripción de los hechos, y volver a mi angustia existencial, a partir de la citada notificación la empresa tendrá dos días para retirar el contenido presuntamente ilícito de forma voluntaria y cinco para presentar alegaciones. Si la Comisión finalmente estimara que el contenido está en esa web sin autorización de los titulares de derechos de propiedad intelectual obligaría a su retirada en un plazo de tres días, y a que se controlaran e impidieran futuros enlaces al mismo contenido.

 

Cerré el periódico, despedí a mi chica, pagué nuestros cafés (ya saben, soy del anticuado y absurdo proceder del consumo-pago, para que los camareros puedan seguir percibiendo sus sueldos y saldando sus facturas e hipotecas, ¡qué chorrada!) y volví a casa rumiando la noticia y temiéndome lo que me iba a encontrar. Todo lo que había leído sonaba lógico, aunque ya había puesto de manifiesto alguna vez mis desacuerdos y dudas conforme a la pertinencia de la Ley Sinde, e incluso acababa de terminar una tesis doctoral sobre la materia. Ahora estaba más centrado en el libro de poemas que acababa de publicar, en dar mis clases y descansar del tema, aunque seguían rondándome la cabeza palabras como inducción, facilitación, o contribución a la infracción, que tanto echaba de menos en la obsoleta Ley de Propiedad Intelectual y que, pensaba, habrían solucionado este embrollo de una mejor y más feliz manera.

 

Al subir las escaleras y llegar a casa me puse en lo peor, y es que, cuando presentía que ya no era un ciudadano, sentía que, en consecuencia, ya no tenía derechos. Me fui a mirar al espejo, para ver si además me había convertido en una cucaracha como la de Kafka, pero no: por fuera continuaba siendo el mismo, lo cual representaba el problema de que para sobrevivir seguiría necesitando comprar comida y tener dinero con el que pagarla.

 

Encendí el ordenador, para comprobar si todo aquello que yo presagiaba era una pesadilla o la realidad, e inmediatamente empecé a leer en Twitter, ese espacio en el que todo el mundo dice lo que piensa y pocos piensan lo que dicen, una avalancha de mensajes defendiendo esa falacia de la cultura gratis y hablando de una regulación, la de la Ley Sinde, que parece ser no es sino ‘una norma elaborada contra los intereses de los ciudadanos’. Y eso ya es demasiado. O sea, que como los intereses de esos ciudadanos consisten en disfrutar gratis de mi trabajo y del de otros como yo, que también escriben poemas o dan clases, o escriben novelas o canciones, pues queda claro que para ellos la cultura y sus profesionales no valen nada, que hay que atarles la etiqueta de cero euros en el dedo gordo del pie, como a los cadáveres de la morgue, y que no deben de recibir una sola moneda a cambio de su trabajo, como sí lo hacen el fontanero, el dependiente de la tienda de ultramarinos, el electricista, el conductor del autobús, la azafata o la empleada del banco.

 

¿Se han fijado en que con las letras de ‘C-O-N-S-U-M-I-D-O-R-E-S’ se puede escribir la palabra ‘S-U-M-I-D-E-R-O’?. Y por ahí se va todo, claro.

 

Pasé la mañana leyendo a esos Robin Hood y a toda la gente que les aplaude y usa mil y una disculpas para justificar el atraco; los internautas asegurando que lo hacen por amor al arte y para castigar a las prepotentes compañías discográficas, como si la justicia consistiera en saltar de un barco pirata a otro; y los políticos, como de costumbre, entregándose a la retórica y al miedo, porque sólo son capaces de tomar medidas impopulares cuando es para subir los impuestos y abaratar los despidos.

 

No leí a nadie diciendo, cuando salí a comer, que quizá la Ley Sinde no fuese el método ideal, sino una ingenua e incluso mal configurada aproximación, pero sí el principio para atajar un problema de dimensiones ya insoportables.

 

Después paseé para comprarle un regalo a una amiga muy melómana, y lo tuve difícil porque casi todas las tiendas de discos están cerradas o desabastecidas. Pensé en comprarle alguna película, pero tampoco es fácil encontrar dónde, porque lo videoclubes andan en vías de extinción. En un par de años, seguramente, tampoco quedarán librerías, me dije. Entonces recordé que en la Feria del Libro había comprado una estupenda novela de Eduardo Mendoza, El enredo de la bolsa y la vida, que me había dedicado especialmente para ella, así que ya tenía regalo.

 

De vuelta a casa abrí el buzón y encontré una carta del Ayuntamiento de Madrid, donde mi alcaldesa la por-nadie-votada Ana Botella me invitaba a pagar 86,60 Euros en concepto de tasa de basura municipal. Por cierto, que la por-nadie-votada alcaldesa es del mismo partido que el Ministro de Justicia que nos impuso esta tasa y que los que despotricaron contra la Ley Sinde, pidieron la abolición y luego abolieron el canon de copia privada, límite aún hoy sin nueva regulación, contraviniendo así lo impuesto por Europa y, finalmente, aprobaron una normativa que, por arte de magia, de pronto les resultó útil y conveniente. Y ahora ni esta boca es mía.

 

Al final del día, descarté la idea de escribir la columna impopular que tenía en la punta de la lengua y decidí meter mi nuevo libro de poemas entre yogures caducados en una bolsa de basura, y bajarla al contenedor. Al fin y al cabo, en este país la cultura es gratis y, en cambio, los desperdicios se pagan a precio de oro. Quizá así me vaya mejor.

 

P.S: A la mañana siguiente, leo que la por-nadie-votada alcaldesa está pensándose el reducir la recogida de basura, que tampoco es plan de tener la ciudad limpia a todas horas. Pienso en mis poemas. ¡Pobres yogures!

12 comentarios
  1. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    Estoy muy de acuerdo con el autor: C(k)ultura rima con basura. En consecuencia:

    – La mayoría del público no está dispuesto a pagar nada por ella.

    – Los que viven de la cultura aspiran a hacerlo con una contrata pública que no tenga relación con el mercado: Vivir indefinidamente en el tiempo de una tasa o canon en vez del valor en el mercado de su trabajo.

    – Aspiran a ser ellos, a espaldas del público, quienes impongan no sólo el precio sino también las condiciones del servicio.

    Y a ellos tampoco les ha elegido nadie. Por no ir ni siquiera ib an en una lista cerrada y bloqueada. 

    Hay otros puntos de vista, de personajes sin duda siniestros y peligrosos como Enrique Dans, cuyo libro, que está editado y a la venta pero que se puede descargar y comentar gratis en su web, es de imprescindible lectura.

       

  2. Noé de Callar
    Noé de Callar Dice:

    Vaya país en el que nadie quiere pagar por la cultura, ni por el médico ni por sus medicinas y no les duelen prendas de gastarse 50 euros o más cada vez que su caniche se encuentra medio decaido. Pagan esa cantidad para que el veterinario mire al chucho y lo hacen sin el menor reparo. Pero, ayy, si tuvieran que pagar 1 euro por una medicina o 50 euros porque el médico viera a su hijo, ayyy, eso sí que NOOO!!

        

  3. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Bueno, partiendo del hecho de que algunos sí pagamos por todo lo que compramos, y ni se nos ocurre la mera posibilidad de “bajar” de Internet nada que no sea legalmente adquirido, ni dejar de pagar nuestro café, como el autor, ni dejar de pagar la tasa de basuras, por más injusta que sea, sin recurrirla si hay argumento legal, necesitaría una explicación para entender por qué una determinada forma de propiedad (la intelectual) tiene derecho a una protección mayor del Estado y del Derecho que el resto. Si Ud. se hubiera encontrado un “okupa” el regresar a encender su ordenador, hubiera comenzado para Ud. un largo suplicio legal sin Autoridades ni comisiones que velasen por su dominio: denuncia a la policía, juzgado de guardia, acción reivindicatoria o proceso penal. Además, en determinados casos tendría Ud. que pagar las tasas judiciales (tan de moda), a su abogado y procurador, etc., como bien sabe. Las mismas normas deben aplicarse a toda la defensa de la propiedad privada registrable. Si determinada propiedad es atacable por medios electrónicos en lugar de físicos, bastará que las medidas cautelares las tome un Juez (la ley le concede amplia capacidad para ello) como pudiera tomarla si hubieran entrado en su casa. Por tanto, respeto a la propiedad, todo el que dice la Constitución, pero en iguales condiciones para toda clase de propiedad. Lo que ocurre en este campo es que hay intereses contrapuestos con poderosos cabildeos por ambas partes y, ya se sabe, aquí se legisla a golpe de “lobby”. Ahora, que si a Ud. le parece que debe haber una Comisión para esto, pues a otros nos parece que debería haber otra para la defensa de la propiedad inmobiliaria y, si seguimos así, pues nada, ya mejor que papá Estado, en lugar de dotar una Justicia independiente y eficaz, sea el propietario de los bits y de los átomos. Espero que a los que han infringido el dominio de Dña. Luz o de cualquier otro autor, la indemnicen conforme a Derecho, pero no me gusta nada que ni un céntimo de euro de mis impuestos se gaste en esa protección. Yo tengo que pagar la alarma de mi casa para que no entren, que Dña. Luz y las dicográficas hagan lo mismo. Hay mecanismos legales sobrados en la legislación sustantiva y procesal, sin necesidad de leyes con apodo para proteger la propiedad, otra cosa es que funcionen, pero, ya digo, lo mismo le pasará a Ud. si le entran en casa. Todo esto está inventado desde hace milenios, lo que ocurre es que es más rentable no estudiarlo en la Facultad y luego inventarse mecanismos novedosos, siempre que paguen los demás, claro.

  4. Cvm Privilegio
    Cvm Privilegio Dice:

    “Después paseé para comprarle un regalo a una amiga muy melómana, y lo tuve difícil porque casi todas las tiendas de discos están cerradas o desabastecidas.”

    Mala suerte tuvo usted, sr. Letai.

    Mire, otra vez haga lo siguiente: visite Youtube. Para cada casi cualquier composición de música clásica, allí encontrará varias versiones, comentadas por los usuarios y muchas veces cargadas por el propio intérprete. Y también referencias a itunes, tiendas on-line y de segunda mano…

    Claro, que quizás Valentina Lisitsta no corresponde al tipo de cultura melómana en el que usted está pensando 🙂 Si hablamos de Ramoncín, no sé decirle si ocurre algo análogo. 

  5. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Uno de los problemas es que la “cultura” (¿qué es cultura?) se ha producido para otro entorno tecnológico, otros porocesos comerciales y otras cadenas de valor.
    La irrupción de internet expande un paradigma y deja el viejo bastante tocado. Moribundo.

    Como sabéis esporádicamentre edito cosas que me gustan. Es un pésimo negocio y tiene bastante de hobby cultural.

    Lógicamente he tenido que decidir algunas cosas y una de ellas ha sido si editar versión electrónica o no.

    De momento voy a seguir con la tradición librera de siempre: offset.

    Lo hago por muchos motivos en los que no voy a entrar en detalle pero uno de ellos es que estoy cansado de ver cómo cierran imprentas, maquetadores, diseñadores de portadas, traductores serios, encuadernadores, librerías y muchos empleos cuya desaparición no está justificada por una mísera reducción de precio por parte de un monopolio mundial y con una tecnología que no te cuenta que un libro normal dura cientos de años –sin que se pueda manipular– y uno electrónico si quieres que dure veinte años te va a costar un pastón. Y eso si no desaparece tu sistema operativo actual y su soporte magnético no se borra.

    Saludos

  6. Javier Friedrich
    Javier Friedrich Dice:

    Qué alegría leer algo con sentido común entre tanto vocero del “todo gratis”.
     
    Si no se presta el reconocimiento debido al esfuerzo de crear una obra original, bella, ¿quién hará el trabajo de crearla? Y ese reconocimiento debe ser también económico. Con el panorama de piratería que tenemos, normal que empresas como Netflix y similares no quieran venir a España.
     
     
     
    Esto a la larga sólo lleva a una red vacía de cultura, y llena de superficialidades, refritos y publicidad del último trasto de consumo de masas. Fiel reflejo de los que navegan por ella, claro. 
     
    Por mí, bienvenida sea la Ley Sinde-Wert. Cuestión para otro debate es la gestión de los derechos de propiedad intelectual, sus rendimientos económicos, y si es lógico o no un sistema que fomenta el apoltronamiento de nuestros artistas.
     
     

  7. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Hay indicaciones que lo que en siglo XIX parecía una buena idea  está teniendo consecuencias no tan deseables como inicialmente se pensó.
    Incluso hay trabajos que apuntan a que el vigente sistema de patentes y protección de determinados derechos de propiedad intelectual es bastante nocivo.

    Además no dejan de aumentar los años que siguen vigentes más allá de la muerte del autor. Ahora los de Disney han vuelto a crecer y creo que sobrepasarán el siglo.

    Foco Económico (el Nada es Gratis de América) aborda hoy este asunto con un artículo del profesor Galiani y un comentario de Michele Boldrin autor junto a Levine de un interesante libro sobre este asunto. “Against Intellectual Monopoly“.

    Por supuesto que no se debe robar, faltaría más. Pero el sistema actual no sólo es un abuso con mucha frecuencia sino que todo apunta a que es un freno a la calidad (basta ver la música que se produce mayoritariamente) y a la innovación en sentido amplio.

    Cuando las cosas pierden equilibrio y mesura se nota con rapidez.
    Buenas noches

    PD. Enlace citado.
    http://focoeconomico.org/2012/06/23/derechos-de-propiedad-intelectual-son-estos-una-buena-idea/#comment-3866

  8. David
    David Dice:

    Ya se que algunos de ustedes preferirían que la pasta fuese por delante y en fin, que todas las demás condiciones del mercado las ponga el “productor”. Pero resulta que hace tiempo que el paradigma ha cambiado radicalmente y ahora las condiciones las pone el “consumidor”. El que yo vaya a comprar un libro en la forma que la editorial quiera y con el precio que la tienda quiera y no pueda compartirlo porque el autor no quiera y tal y cual se acabo para siempre.

    Ahora, primero consumo como y cuando quiero y en la cantidad deseada, luego barrunto cual es la utilidad o satisfacción que he obtenido y si la cosa ha sido positiva, comparto mi descubrimiento con todos los que considere adecuado y por ultimo, apoyo al creador en la medida que considere apropiado a su merito. Por supuesto, si me parece que su “cultura” es una mierda no va a sacar nada de mi.

    Acostúmbrese porque esto no lo va a cambiar todos los lobbies del mundo y dedíquense a mejorar todo lo posible su producto para ser merecedores de la consideración de la gente.

    Reflexionen: saben lo que es la wikipidedia ? dirían que es cultura ? dirían que le es útil a la gente, que ven en ella una obra que merece elogio y apoyo? Saben ustedes que la wikipedia sale adelante única y exclusivamente con los (muy generosos) donativos que sus USUARIOS hacen cada año porque creen que es algo con lo que merece la pena colaborar para su uso y el del resto de la humanidad ?

    Piensen en ello.

  9. Rafael D.
    Rafael D. Dice:

    En relación al comentario de Manu Oquendo que dice que “ver cómo cierran imprentas, maquetadores, diseñadores de portadas, traductores serios, encuadernadores, librerías y muchos empleos cuya desaparición no está justificada por una mísera reducción de precio por parte de un monopolio mundial y con una tecnología que no te cuenta que un libro normal dura cientos de años –sin que se pueda manipular– y uno electrónico si quieres que dure veinte años te va a costar un pastón.”
    Muy interesante, pero te planteo: ¿es el soporte físico un límite a la propia obra?
    Supongamos que un nuevo Mozart quiere crear una obra universal y le dice su editor que la limite al espacio que permita su soporte físico. Imaginemos ahora a Picasso pintando el Guernica en el tamaño de la Gioconda porque así lo establece el editor. O al Greco y su Entierro del Conde de Orgaz en el mismo formato. Imaginemos El Capital de Carlos Marx en formato de bolsillo.
    El futuro en mi opinión es que el autor pueda crear una obra sin otros límites que los que su capacidad le impone y no las que le vienen impuestas por el editor. Y no olvidemos que la SGAE, impulsora de esta ley Sinde-Wert, es la sociedad general de autores y EDITORES, es decir, que donde debería haber un cierto conflicto autor-editor por tener intereses contrapuestos se convierte en una especie de sindicato vertical contra el consumidor. Y también contra la propia cultura, por lo indicado.
     

    • Manu Oquendo
      Manu Oquendo Dice:

      Hola, Rafael.

      Mi comentario se circunscribe a libros.

      Las artes audiovisuales son las más dependientes de la electrónica ya desde los primeros balbuceos de los compositores, fotógrafos y cineastas.

      Pero realmente ningún autor es un creador único en ninguna disciplina.
      Su deuda con su entorno es siempre muy importante y de esta deuda los autores que reclaman derechos eternos nunca hablan.

      Mozart es tan deudor del floklore centro europeo y ruso como cualquier otro compositor de los venerados.
      Muchas figuras culturales no son más que creaciones de sus sociedades y de los medios de promoción económicos y políticos en un momento dado.

      Por eso cuando lamentamos la escasa calidad promedio de la música que hoy se hace estamos hablando esencialmente (más que de los autores e intérpretes) de la propia sociedad que paga algo por ella.

      El libro físico es un producto más complejo de lo que parece.

      Entre el autor y el escaparate de la librería hay unos 20 oficios alguno de ellos tan importante o más que el del propio autor y destruir ese mundo con sus ventajas como elemanto transmisor de información elaborada o de imaginación creadora no me parece atractivo.

      El libro electrónico tiene o tendrá su lugar.
      Ese lugar será interactivo y multimedia, explícito más que sugerente. Más dado a la concreción y más lejos del pensamiento abstracto que es un elemento central de lo mejor de nuestra mente. Por cierto que es un hecho probado que lo digital tiene a infantilizar nuestras mentes reduciendo su actividad de abstracción.

      Es decir es un mundo muy distinto del propio del libro clásico. En creación, emisión y en recepción.

      Ese es otro motivo por el cual no quiero mezclarlos.

      El otro tiene que ver con las adulteraciones que sufren todas las obras.

      Los textos de Shakespeare han sido adulterados durante toda la historia. Lo han sido por editores y productores para agradar a las audiencias del momento y a los “powers that be“.

      No quiero ni imaginar hasta donde se puede estirar y deformar en internet un producto digital ni cómo sería posible reconocer a su autor original en lo que se exhiba en cinco o veinte años sin que exista forma humana de saber qué fue lo que dijo en la primera versión de la obra. Hasta el Picasso que citas estaba hecho antes del bombardeo de Guernica.

      La integridad de la memoria nunca fue fácil ni segura y por delante se nos abre un mundo Matrix con muchos interrogantes  en lo que a fidelidad a la obra se refiere.

      Lo dicho, el libro..de siempre.

      Saludos.

  10. Guillermo
    Guillermo Dice:

    El artículo de don Pedro Letai es de una agudeza en sus paralelismos, de un lirismo en sus imágenes, de una rigurosidad en la descripción de los hechos y de una seriedad en su análisis jurídico que no me atrevo a añadir nada, como no me atrevería a tocar la rosa.

    Quizá va un pelín en contra del estado de derecho que la Admón actúe con imperio frente a un particular al que se le niega la cualidad de parte en el procedimiento. El Sr. Letai no lo menciona en su artículo, pero no es más que una licencia estilística del genio poético que rima cultura con basura.

  11. María José
    María José Dice:

    La película: “Carmina o revienta”, ha hecho más por la Ley Sinde que otros muchos, dice Paco León.
     

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