Los irreductibles adipocitos: de nuevo sobre las cuentas públicas

Llega el verano, y con él el momento de enfrentarse a la propia imagen en traje de baño. El reflejo que nos devuelve el espejo al probarnos el bañador nos lleva, como cada año, a arrepentirnos de todos los excesos calóricos cometidos durante el invierno; excesos que hasta ahora quedaban más o menos disimulados merced a la función protectora de chaquetas y abrigos, pero que ahora se manifiestan dolorosamente.

 

La situación de nuestras cuentas públicas, en las que una menguante recaudación dificulta cada vez más el objetivo de reducción del déficit, recuerda en cierta medida a ese terrible instante en el que comprobamos como la ropa de la temporada pasada ya no nos sirve. Las cremalleras no cierran, y la única forma de abotonar ciertas prendas es dejar de respirar. Pues bien, en ambos casos solo queda una solución: adelgazar. Pero, ¿cómo adelgazar? ¿Y cómo hacerlo a la velocidad necesaria? ¿Y cómo hacerlo de forma sostenible, evitando el efecto rebote que nos lleve a recuperar casi inmediatamente los kilos tan trabajosamente perdidos?

 

El tejido graso está compuesto por células adiposas, o adipocitos, que son las responsables de almacenar en su interior la grasa que da forma a esas redondeces que tan antiestéticas resultan según los actuales cánones de belleza. Algunos estudios científicos (ver aqui)  sostienen que los seres humanos fijan el número de adipocitos de su cuerpo hacia los veinte años de edad, de manera que si bien los niños engordan y adelgazan añadiendo o eliminando adipocitos de su organismo, los adultos mantienen un número constante de adipocitos, y cuando engordan o adelgazan lo que varía es el tamaño de estos. Esta es una de las razones por las que para los adultos es más difícil controlar el “efecto rebote”, ya que por mucho que se adelgace, el número de adipocitos permanece casi constante; es decir, las células grasas siguen ahí, prestas a cumplir con su función de almacenar lípidos y, por tanto, prestas, para nuestra desesperación, a hacernos recuperar las odiadas redondeces. También por esta razón es tan importante evitar la obesidad infantil, ya que un niño obeso acumulará en su cuerpo gran cantidad de adipocitos, cantidad que quedará fijada al entrar en la edad adulta, predisponiéndole por tanto a padecer de obesidad durante el resto de su vida.

 

En España, la estructura administrativa ha superado los veinte años de edad. Solo la derivada de algunas transferencias recientes a las Comunidades Autónomas, como son las de Administración de Justicia, es más joven. Pero, en general, la actual Administración Pública puede considerarse adulta. Adulta y obesa.

 

El Gobierno, forzado por el contexto económico y las directrices establecidas por nuestros socios europeos, está acometiendo recortes en las cuentas públicas, pero se diría que en lugar de tratar de eliminar adipocitos, que como se ha señalado es lo difícil en personas adultas, tan solo los está reduciendo de tamaño. ¿Qué fue de la supresión de las Diputaciones? ¿Por qué sigue habiendo en las Comunidades Autónomas Consejerías y Direcciones Generales dedicadas a asuntos de los que supuestamente ya se ocupan o bien la Administración General del Estado o bien las Entidades Locales? ¿Por qué se ha pasado por alto sin debate alguno la propuesta de la Presidenta de la Comunidad de Madrid de devolver competencias al Estado y adelgazar radicalmente las CC.AA.? ¿Hay alguien dispuesto a consultar a los ciudadanos para preguntarles si quieren que los impuestos sigan subiendo para sostener este modelo de Estado Autonómico?

 

Si para alcanzar el objetivo de déficit lo que se plantea es una reducción más o menos lineal de los presupuestos de todos los departamentos, consejerías, secretarías, etc; es posible que dicho objetivo se alcance, pero los adipocitos seguirán ahí, simplemente conteniendo su natural tendencia a acumular grasas, esperando al momento propicio para dar nuevamente rienda suelta a su naturaleza. Por consiguiente, la reducción del déficit será meramente coyuntural, y el problema estructural de una Administración ineficiente que no responde a las necesidades de los administrados no habrá sido resuelto. Habremos perdido la oportunidad de evolucionar hacia una Administración magra y eficaz. Y el problema es que la Administración obesa que tenemos es estructuralmente insostenible, porque todos los organismos y departamentos que ahora tienen que arreglarse con una parte del presupuesto que solían manejar volverán a expandirse en cuanto tengan oportunidad, dando rienda suelta a su glotonería.

 

Si realmente se desea resolver la cuestión estructural de nuestras cuentas públicas, no se trata de contener la respiración dos o tres años esperando a que la recaudación se recupere o a que nos permitan volver a endeudarnos. No se trata de reducir el presupuesto a las televisiones autonómicas, sino de venderlas o cerrarlas. No se trata de recortar determinadas subvenciones, sino de suprimirlas. No se trata de limitar el número de miembros de los parlamentos autonómicos, sino de eliminarlos, aprovechando para podar la frondosa legislación autonómica, lo cual por cierto contribuiría decididamente a recuperar la tan necesaria unidad de mercado. No se trata de reducir un porcentaje el presupuesto de los servicios de salud y de las embajadas autonómicas, sino de cerrar las segundas antes de siquiera plantearse recortar las prestaciones de los primeros.

 

Se trata, en definitiva, de lograr eso que para los niños es sencillo pero para los adultos es mucho más difícil: eliminar adipocitos para que no vuelvan a engordar y no tengamos que horrorizarnos nuevamente frente al espejo el próximo verano.

3 comentarios
  1. Curro Arriola
    Curro Arriola Dice:

    Tanto adelgazar, tanto adelgazar…
    Aquí se impone otra perspectiva.
    Hay gente que es barrigosa por naturaleza; ya pueden correr y hacer abdominales, que siguen estando obesillos. Se pondrán fortachones, eso sí; pero redonditos. Son lo que la ciencia médica conoce como “tipo somático pelota de golf”. Esa gente no tiene otra que consolarse, pensando cosas como “vale, los abdominales de los otros son tablas de lavar la ropa; pero yo, aunque solo tenga uno, lo tengo enormísimo”. Y –congruentemente- abandonar sudores y gimnasios y darse a la cerveza.
    A veces hasta sale bien; véase Foreman, campeon del mundo con casi 50 años y con una tripa que ni se veía los pieses… http://www.youtube.com/watch?v=U0SONoA5L1g
    Otro tanto sucede con la Administración Española. La actual, mande el PP o mande el PSOE, es del tipo somático indicado. ¿Adelgazar? Para eso el pueblo tendría que cambiar sus opciones políticas. Entonces todo sería posible. Pero como no va a suceder, pues a consolarse. Miremos nuestras orondas Administraciones, y disfrutemos de que sean tan sebosas. Al fin y a la postre, para “servir con objetividad los intereses generales” cuanto más gorda tengamos la Administración Pública, mucho mejor. ¿No?
     

  2. kuzushi
    kuzushi Dice:

    Entiendo, estimado don Fraacisco Javier, que usted opta por una actuación más contundente: un liposucción de caballo como primera medida; pero luego, para evitar tentaciones en el futuro, un balón intragástrico.

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