El problema minero en España y sus paradojas.

Verdaderamente cuando uno contempla la actualidad española comprueba que la realidad puede superar cualquier fantasía. Un gobierno que al parecer es de derechas no hace otra cosa que subir impuestos hasta niveles escandinavos para mantener un sector público hipertrofiado, a costa de la economía productiva y de unos ciudadanos cada vez más sufridos. Y la izquierda critica esa subida de impuestos. Los papeles aparecen así invertidos respecto a la legislatura anterior, sin que ninguno de los partidos mayoritarios parezca sufrir en exceso por la evidencia de su falta de coherencia. Ese aplauso alegre, y hasta entusiasta, de la bancada popular a las nuevas medidas que violaban todas sus promesas electorales es todo un símbolo del sistema.

 

Con el problema de la minería y las movilizaciones de los mineros encontramos también bastantes aspectos paradójicos. Es evidente que la izquierda ha encontrado una bandera de la que seguramente estaba necesitada, y no parece extraño que apoye las movilizaciones de unos trabajadores que luchan por el mantenimiento de sus condiciones de trabajo amenazadas. Sin embargo una mirada más detenida nos descubre algunas anomalías. Como siempre, conviene situarse en una perspectiva histórica.

 

El mundo de las minas en España siempre ha sido peculiar. Aunque mayoritariamente deficitarias desde hace bastantes décadas, sus trabajadores han sentido tradicionalmente un fuerte espíritu colectivo de solidaridad y de combate por sus intereses, en el que se la izquierda ha querido ver reflejadas sus valores y aspiraciones. Incluso durante el franquismo, en años de fuerte represión, hubo importantes huelgas en el sector. La dictadura sabía que tenía allí un punto débil, y tal vez por eso quiso tratar de neutralizarlo con altas retribuciones. Es verdad que se trataba de un trabajo muy duro, y que casi condenaba a una muerte temprana por silicosis. Sin embargo, con el tiempo los avances técnicos y en prevención fueron mejorando esas condiciones, sin que las ventajas de los altos sueldos y las tempranas jubilaciones sufrieran por ello merma.

 

Los diversos gobiernos democráticos no quisieron alterar sustancialmente ese status, a pesar de que la apertura comercial iba haciendo al sector cada vez más deficitario. Sin embargo, sí se inició un proceso de redimensión del sector favorecido con fuertes ayudas públicas. Desde el año 1990 hasta hoy el número de mineros activos ha pasado de unos 45.000 a alrededor de 5.400. Y durante ese periodo las ayudas y subvenciones para el mantenimiento y la reconversión del sector ascendieron a unos 24.000 millones. Para darnos cuenta de la magnitud de esa cifra basta con recordar que los recortes que el 2010 hundieron la popularidad de Zapatero se quedaron en unos 15.000 millones.

 

En el curso de los acontecimientos intervino decisivamente la exigencia de la UE de que no quedaran explotaciones subsidiadas para 2019, con una reducción progresiva de las ayudas máximas permitidas. En una situación ya de clara recesión y reducción de recursos públicos, el Gobierno anterior envió a Bruselas una “hoja de ruta” negociada con los diversos agentes del sector, que trataba de apurar esas limitaciones, con un mantenimiento de las subvenciones cerca del máximo permitido. El PP, sin embargo, al llegar al poder, plantea una modificación de la hoja de ruta, con una importante reducción de las partidas presupuestarias de apoyo al sector. Y es entonces cuando se desata un conflicto con unos rasgos bastante sui generis.

 

En primer lugar no se trata de un puro “movimiento obrero” en el sentido tradicional del concepto, pues a la cabeza de la movida están también los empresarios del sector. Si en cualquier industria empleadores y empleados suelen tener intereses contrapuestos, las cosas parecen cambiar cuando la rentabilidad de la actividad está basada en la captación de subvenciones públicas. Los intereses, entonces, se hacen coincidentes. Si, por una parte, los trabajadores han gozado de salarios altos y jubilaciones privilegiadas, se dice que, por otra, por ejemplo, el mayor empresario del sector ha recibido alrededor de 2.000 millones en subvenciones.

 

El alcance de esas ayudas para el mantenimiento de ese sector no parece estar fundado en racionalidad económica alguna. Si en 2011 alcanzaban unos 855 millones, un sencillo cálculo matemático no da unos gastos de unos 157.400 € por cada puesto de trabajo de minero. Una cifra obviamente superior a sus retribuciones reales. Y tampoco se reduce tanto dicha cifra con las citadas modificaciones en presupuestos.

 

Sin embargo, esa clara “discriminación positiva” de este sector respecto de otros, al ser privilegiado por ingentes ayudas públicas, no ha disuadido a gran parte de la izquierda a irse de “marcha negra”. Incluyendo, por supuesto a famosos personajes siempre dispuestos a desplegar pancartas en defensa de subvenciones propias y ajenas.

 

En ese movimiento izquierdista están también muchos ecologistas, a pesar de que el producto de esa actividad, el carbón, es una fuente térmica altamente contaminante, causante de lluvia ácida, y con efectos contrarios a los propugnados por los defensores de energías alternativas. Es como si Greenpeace se manifiesta contra el cierre de las factorías balleneras.

 

Hay otro apunte histórico interesante. Los planes de reciclado de esa actividad económica que buscaban el objetivo de que nuevas industrias sustitutorias se establecieran en esas localidades minerasnhan resultado en general un completo fracaso. Lo cual, si se piensa un poco, era perfectamente previsible. No parece que una zona con mano de obra acostumbrada a altos salarios, de tradición reivindicativa y no especialmente cualificada sea lo que más pueda atraer a inversores y emprendedores. Puede gustar o no, pero así funciona un libre mercado de capitales.

 

Lo que nos lleva a plantearnos cuál puede ser el futuro de las zonas mineras. En países mucho más ricos que el nuestro es habitual la imagen de pueblos abandonados en antiguas zonas mineras. Prueba de que la dificultad de adaptar éstas a nuevas actividades económicas no sólo existen aquí. Sin embargo, desde hace mucho tiempo en España está extendida la convicción de que la Administración, es decir los contribuyentes, tienen la responsabilidad de conseguir ese casi imposible.

 

También en este ámbito se quiere jugar con una idea hipertrofiada del concepto de derechos adquiridos. A partir de ella, el empeño de los mineros en mantener su estatus es perfectamente comprensible. Hace muy poco leí un tweet en que una aguda e ingeniosa autora decía comprender perfectamente su lucha, pues ella misma “por ese sueldo y es jubilación, mataría”. Lo que no se comprende tan bien es que la defensa de una posición tan privilegiada como antieconómica dentro de una actividad contaminante y sin futuro, y en una situación de crisis generalizada y de escasez de recursos públicos, haya sido asumida con ese entusiasmo por gran parte de la izquierda. Probablemente los antiguos clichés sentimentales de las épicas luchas obreras históricas tengan mucho que ver en eso.

 

No quiero concluir sin plantear un problema juridico-económico de calado. Al anterior Presidente se le han reprochado, con fundamento, los vaivenes en sus políticas de apoyo a las energías renovables. Concretamente, los cambios legislativos respecto a las llamadas granjas solares. En un momento dado los responsables se dieron cuenta de la equivocación y el derroche de recursos que suponía la regulación existente, y procedieron a cambiarla incluso con efecto retroactivo. Se ha dicho que el daño que ello supuso, no sólo a los inversores sino también a la confianza y a la imagen del país como destino seguro de futuras iniciativas empresariales, fue bastante mayor que el que se trataba de paliar. Pues, efectivamente, la estabilidad de los marcos regulatorios, de las reglas del juego, y en definitiva la seguridad jurídica, son valores imprescindible en cualquier país que quiera asegurarse un futuro en esta economía globalizada.

 

Ese mismo argumento se está utilizando con el problema minero. Aunque es cierto que la llamada hoja de ruta no tenía el mismo valor normativo, también lo es que las expectativas suscitadas han podido ser determinantes para inversiones realizadas en este sector. Frente a ello, se ha dicho que no es lo mismo el impulso a un sector con futuro que a otro casi condenado, que la alta dependencia se subvenciones públicas ya suponía un factor de riesgo que debía haber sido asumido por los inversores, y que los errores de políticas que supongan altos costes a los contribuyentes no pueden pesar como una losa que impida su rectificación. A pesar de esas razones, no deja de haber muchas semejanzas entre ambas situaciones. Dejo sin más este problema planteado a nuestros inteligentes lectores.

 

18 comentarios
  1. sitogr
    sitogr Dice:

    Ha abordado a mi parecer el problema minero de una forma bastante neutral, objetiva y fundada. Sirve para aclarar varias cosas dejando en tanto en cuanto este colectivo está siendo utilizado o se están proclamando como un cierto azote opositor revolucionario que aglutina diferentes colectivos. Muchas gracias. 

  2. IÑIGO ROMERO DE BUSTILLO
    IÑIGO ROMERO DE BUSTILLO Dice:

    Inteligente y clara exposición del “conflicto” y del rompecabezas en que nos encontramos.-
    Lo de “La Ceja” y “El Abuelo Víctor” es para nota con la inevitable Bardem,muñeco de feria de todos estos aspavientos, y el Víctor Manuel y  la Ana Belén que seguramente interrumpieron por unos minutos sus “ganadas” vacaciones en su mansión de Menorca para para salir en la foto….No sé,No sé…No es esto,No es esto….! Dios¡qué País! y a pesar de todo lo quiero sino no sería España pero Dios nos perdone a todos los españoles.-

  3. Elisadelanuez
    Elisadelanuez Dice:

    Clarisima ybrillante exposicion de un caso que, como el de Bankia, nos enfrenta con España tal y como es en julio de 2012 y que nos revela como nos toman wl pelo la gente seria y honrada

  4. Curro Arriola
    Curro Arriola Dice:

    Fernando, estamos ¡ay! en España.
    Tu exposición, fundamentada, razonada, equilibrada, ¿de qué vale ante una consigna vociferable en las calles?
    Un “Si esto no se arregla, guerra, guerra, guerra…” te desarma hoy por completo ante la opinión pública.
    Por paradójico que resulte oir gritar eso a quienes se declaran siempre “pacifistas”; y también a quienes ante la primera carga de la policía salen corriendo como poseídos. ¿Guerra? Será la de Gila…
    No hay nada que hacer, amigo mío; la masa -que ya ni recuerda cómo se razona- se echa en los brazos de quien le berrea una consigna vociferable. Y luego vota en consecuencia.
    Bardem y compañía pueden estar tranquilos… “volverán las doradas subvenciones de tu cuenta los saldos a engordar” Y a no tardar mucho. Eso es lo que les importa de verdad.

  5. Jorge Caballo
    Jorge Caballo Dice:

    Estoy de acuerdo con el artículo, pero estos mineritos claro que están subvencionados, si no su destino es desaparecer y con ellos sus pueblos, regiones, provincias, etc, etc, etc.
    También subvencionamos a miles de políticos que no sirven de nada y que si desaparecen se irán con nuestros problemas. Ahí es donde se tiene que meter la tijera sin miedo. Pero como son amiguitos de PPSOE y la casta dominante a ellos nadie les dice nada, ni dejarán de crecer sus bolsillos. 
    El foco está puesto sobre los mineros, pero no son los únicos que reciben subvenciones, ni los que más reciben ni los que más daño causan.  

    • Fernando Rodríguez Prieto
      Fernando Rodríguez Prieto Dice:

      Gracias, Jorge. Muy de acuerdo en que se debe suprimir mucha subvención y gasto que no responde a intereses generales. Pero ello no quita que puedan someterse también a un análisis crítico estas subvenciones a sectores económicos.

  6. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    España, aunque la etimología de su nombre sea fenicia y signifique “tierra de conejos”, como sabéis, es tierra mineral desde que entramos en la Historia y, por lo tanto, minera. La exposición de Fernando me parece objetiva y clara, y los “links” que aporta también, pero no estamos ante un problema objetivo, sino subjetivo. Los mineros defienden su modo de vida porque es lo que conocen. El dinero de las “cuencas mineras” y las subvenciones a las empresas mineras no se lo han llevado ellos a sus casas, aunque también hay mucho prejubilado del carbón, y no siempre con silicosis. En una economía sana, el carbón (como el trigo) tendrá que venir del país que lo produzca más eficientemente a menos coste, pero eso sólo puede determinarse a iguales reglas jurídicas. Tratándose de una fuente energética lo primero que hay que analizar es la capacidad calorífica de nuestros carbones. De niños todos estudiábamos (los que vamos talluditos) que el carbón español era poco menos que uranio enriquecido. Luego, leyendo más, hemos aprendido que La Lora no producía tanto petróleo y nuestro carbón no es tan energético. Segundo, no es lo mismo un cielo abierto (As Pontes) que una mina de galerías. Canadá, Polonia, Sudáfrica, no tienen las mismas reglas medioambientales que Babia o Laciana (hay sentencia de Supremo). Y finalmente, no es lo mismo el trabajo en una mina en Brasil, China o la India, que en Mieres o Teruel. Así que a los mineros (y a quienes salen a apoyarles a las caller y caminos) los números no les importan mucho, sino que se defienden por motivos ancestrales, pero ehe leído que sólo quedan unos 8.000. De los 24.000 millones que se comentan, ¿cuántos han percibido los mineros, cuántos empresas o “consultores”, “asesores” y “conseguidores”? Es como “el naval”, aquí reconvertimos mal y no sustituimos un sector por otro. Cerremos el grifo de las subvenciones al carbón cuando proceda por ley (2018?) o incluso antes, pero si no se ha creado una economía alternativa en los valles y montañas del carbón, ¿qué hacemos con los mineros y sus familias? Esta batalla se libró antes en el Reino Unido, especialmente en Gales. Da para novelas, aunque no he leído ninguna, pero ¿alguien tiene los datos de si a los británicos les ha hecho un favor Thatcher o les ha costado más que las subvenciones importar carbón? ¿Cuánto baja el PIB, cómo afecta a la balanza de pagos? Sólo digo, que la suma de subvenciones es sólo una parte del análisis, aunque, de fondo, estoy de acuerdo con Fernando. Eso sí, ningún minero consideraría que nuestros análisis, hechos al amor del aire acondicionado en nuestros bonitos escritorios, sean “objetivos”.

    • Fernando Rodríguez Prieto
      Fernando Rodríguez Prieto Dice:

      Muchas gracias, Jesús, y son buenas muchas de tus precisiones. Efectivamente, en ningún caso he querido decir que esos 24.000 millones se los hayan llevado crudos los mineros. Es muy interesante también lo que dices del destino de antiguas regiones mineras del Reino Unido. Si algún lector nos da pistas será estupendo. Lo que no creo es que el cierre de minas haya salido más caro a los británicos que lo que les hubiera costado mantenerlas. Pero también bienvenida cualquier pista.

    • Guillermo
      Guillermo Dice:

      Si costase más importar carbón, el carbón extranjero sería más caro que el nacional (británico) y este no hubiera necesitado subvenciones para ser una opción competitiva. La situación que apunta Jesús sólo se podría dar en el especial caso en que, desaparecida la competencia británica, el productor extranjero pudiese subir los precios sin temer perder mercado. Y para eso tendría que ser monopolista, cosa que no sucede en el mercado mundial de carbón.

      En cuanto al PIB, disminuye en la cuantía de las subvenciones y aumenta en la misma cuantía, pues son impuestos que se dejan de cobrar (caeteris paribus). Por lo que lo único importante sería el “efecto multiplicador” que tenga un gasto (subvenciones) frente a otro (el dinero en el bolsillo del contribuyente). Toda la literatura económica se inclina porque esta segunda cantidad es mayor (los keynesianos lo niegan para casos concretos y momentos contractivos del ciclo, pero no para el largo plazo).

      El único motivo económico que puede haber para defender subvenciones (aunque yo no esté de acuerdo) es entender que, aunque una sociedad sin subvenciones es más rica en su conjunto, los que reciben ese añadido de riqueza no son los mismos que hubiesen recibido las subvenciones. 

  7. robespierre
    robespierre Dice:

    Todo muy bien, pero aquí el señor que se ha estado llevando crudo el dinero de las subvenciones estos últimos años es un empresario con nombre y apellidos, Victorino Alonso, bastante conocido por León. Seamos menos poéticos y más prosaicos y veamos que ha hecho este señor con el dinero público, porque no parece que esté muy claro. Les dejo esta noticia. Si se trata de subvencionar a los mineros directamente, lo suyo es saltarse al intermediario ¿no creen? y mandar a minero y familia un sobre cada mes a su casa, nos ahorraríamos una pasta.
     http://www.burbuja.info/inmobiliaria/burbuja-inmobiliaria/324034-victorino-alonso-o-se-lucra-a-base-de-subvenciones-al-carbon.html
      

  8. Pepe Ramon
    Pepe Ramon Dice:

    Fernando me has parecido un poquito blando. El problema  real es que hay que revisar a fondo toda clase de subvenciones y conseguir con ello que dejemos de ser un pueblo acostumbrado a vivir de la sopa boba y sin necesidad de esforzarnos por sacar a delante nuestros proyectos.
    Cuando un sector esta subvencionado nadie de los que trabaja en el esta capacitado para emprender otra actividad.
    Un abrazo.

     

  9. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    Enhorabuena por el post, Fernando. No parece que Thatcher y al Reino Unido le fuera mal cola su polítirespecto de del carbón. Por cierto os recomiendo encarecidamente la lectura del llamado blogCO2 por su autor el catedratico jubilado experto en paleoclima y cambios climáticos Antxon Uriarte, gran fan del carbón. 

  10. Deus ex Machina
    Deus ex Machina Dice:

    Mira que no soy yo mucho de subvenciones al carbón, pero yo estoy con los mineros. Simplemente porque llevan razón. Se les prometió una serie de ayudas (con las que no estoy nada de acuerdo) a las que con esto de la crisis se les ha dado un tijeretazo monumental. Los mineros sólo quieren que se cumpla lo pactado o que el recorte no sea tan brusco.

    Este tipo de situaciones, la de reconversiones de sectores siempre son complicadas y conflictivas. 

  11. Alex
    Alex Dice:

    Muchas gracias por este interesantísimo artículo. Es una pena que ningún medio de comunicación analice este problema con la profundidad y seriedad que requiere, lo que a su vez provoca que la sociedad “elija su bando” sin contar con toda la información para tomar una decisión. Gracias Fernando. 

  12. G
    G Dice:

     La solución creo que es bastante simple. Le damos a cada minero 60.000 € cerrramos las minas y todos contentos. Nos ahorramos 100.00€ por minero, se acaban las protestas y mejoramos en medioambiente.

     Ah. Que me olvido de algún otro interesado. Pues no caigo oye…

  13. Purgandus Populus
    Purgandus Populus Dice:

    Estoy de acuerdo en todo lo dicho contra las subvenciones a la minería. Siempre es refrescante entrar en este blog y encontrar un sitio donde impera la razón frente a la polarización política.
    Sólo hay un pequeño detalle que se puede decir a favor de los mineros,y que está en el fondo de la protesta: el agravio comparativo de ayuda a Bankia y demás bancos y no a los mineros. Hablamos de subvenciones de 850 millones de €, Las pérdidas totales de créditos inmobiliarios fallidos en España se estima en 150.000 millones de €.

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