A partir de cuatro suspensos, nosotros elegimos el color

Unos padres y su hijo adolescente se encuentran en una tienda de exposición y venta de motocicletas, mirando entre los diferentes modelos para adquirir una. El empleado, que se encuentra cerca, puede escuchar esta frase dirigida por los primeros a su hijo: “ya sabes que, a partir de cuatro suspensos, elegíamos nosotros el color”.  Esta anécdota, que parece ser cuenta el conocido juez de menores de Granada, Emilio Calatayud, muestra un caso extremo, el de unos padres que –por las razones que sean, no se trata de juzgarlos-  carecen ya de la mínima autoridad para educar a su hijo, el cual se encuentra en una edad de por sí difícil y está a punto de entrar en la sociedad adulta, presumiblemente con unos conceptos infantiles que debería haber abandonado hace tiempo: que los premios llegan sin esfuerzo y que tiene derecho a casi todo a cambio de casi nada.

 

Quizá el verano sea un buen momento para hablar y pensar relajadamente sobre educación aunque no haya colegio, o precisamente porque no lo hay, ya que los verdaderos responsables de la educación son los padres, y no los centros de enseñanza. La patria potestad, en su moderna concepción, ya no es, como antiguamente, un poder del padre (una potestad) sobre el conjunto de la familia y por tanto renunciable por aquél. Ahora es un derecho-deber, más lo segundo que lo primero, intransmisible, irrenunciable e imprescriptible. Se acentúa en su ejercicio la función social de la institución, de misión encomendada a los padres por el conjunto de la sociedad para que les entregue personas adultas intelectual y moralmente, formadas y maduras, que contribuyan a hacerla más fuerte, más próspera, más compasiva. Mejor.

 

En otro post escribí que de esta crisis -económica, social, política, ética-  saldremos como de todas las anteriores, pero que tan importante como el cuándo, es el cómo vamos a salir. Cunde una cierta impresión de que está totalmente fuera de nuestro control como ciudadanos la resolución de la misma, de modo no podemos influir en ella salvo por medio de acciones extremas: manifestaciones, acampadas, tomas de calle, o la reciente y berlanguiana “toma del carrito del Mercadona”. No creo que sea así, sin embargo. Uno de los aspectos menos comentados de la crisis es su devastador efecto en la autoestima de la población, en especial para aquellos que han perdido mucho. A veces, cuando como notario formalizo una escritura de dación en pago en la que un matrimonio entrega el inmueble al banco por no poder pagar la hipoteca, se percibe en ellos no solamente la lógica tristeza por desprenderse de algo que con tanta ilusión habían adquirido, sino algo muy parecido a la vergüenza de ser castigados por haberse portado mal, por haber fracasado, e incluso con la creencia de que los que estamos presentes compartimos esa impresión. Y no son pocas la ocasiones en las que cuando creo detectar ese sentimiento, me elevo de la frialdad propia del documento jurídico para transmitirles que lo único que ha salido mal es un contrato y que han cumplido conforme a la ley al soportar sus consecuencias y perder el inmueble, por lo que ya no hay deuda ni con la entidad bancaria ni con la sociedad, de modo que no deben permitirse este tipo de sentimientos negativos, tan injustos como falsos.

 

Un lenitivo para estas emociones negativas puede ser esta cadena de pensamientos: ni los mercados, ni las agencias de calificación, ni el BCE, ni los agoreros de la crisis, tienen la facultad de formar las mentes y el carácter de los ciudadanos del mañana, es un terreno vedado para ellos, somos los padres los que conservamos esta facultad, este arma de futuro.  Implicarse a fondo en la educación de ciudadanos libres, responsables, solidarios y conscientes, es una contribución real, eficaz y valiosa, a medio plazo, para superar la actual depresión; probablemente es la más importante a la que podamos dedicarnos, si bien no la más espectacular. Al mismo tiempo, ser más conscientes de que en nuestras manos está el hacer algo concreto, de que tenemos un deber ético que cumplir con ellos y con la sociedad, y un derecho a que nuestros hijos no sean invadidos por la desesperanza, la rabia, el nihilismo, el consumismo o la mediocridad moral (y estar dispuestos a emplearnos a fondo para impedirlo) tiene un poderoso efecto regenerador. La educación de nuestros hijos se revela en estos momentos, pues, como benéfica fuente de tres caños: es un ámbito no contaminado por las convulsiones de la crisis, un refugio personal -si se quiere llamar así- cuando tantas cosas parecen desmoronarse; es una forma de superar aquélla, haciendo a nuestros hijos mejores de los que somos nosotros, y, también, es nuestra tabla de salvación a la que subirnos para mejorar nosotros mismos y con ello aumentar nuestra propia consideración. Tres caños necesarios, que haremos bien en procurar que manen abundantemente.

 

No es el momento de exponer aquí, post de reflexiones veraniegas, en qué habría de consistir esencialmente esa educación- ni yo tengo en absoluto los conocimientos ni la capacidad para ello-, pero sí me atrevo a humildemente a compartir la concepción  de Pitágoras: educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida.  Qué sencilla, certera y bella frase pero qué difícil tarea. Rudyard Kipling lo dice de forma más extensa pero no menos hermosa en su conocidísimo poema “Si”.    Es un manual de educación en solamente 32 versos: Si todos los hombres cuentan contigo pero ninguno demasiado…si puedes confiar en ti mismo cuando los demás dudan de ti/ pero al mismo tiempo tienes en cuenta su duda…si puedes soportar el escuchar la verdad que has dicho…

 

Estimo imprescindible hacer una autocrítica si queremos asentar sólidamente la tarea de educar. Todos, o casi todos, hemos sido a lo largo de estos últimos años como el adolescente de la tienda de motos, que recibe más de lo que merece, premiado por no hacer nada de lo que estaba obligado, aunque, quizá, como lo ocurre a él, no toda la culpa sea nuestra sino que parte es producto de una mala educación social. En nuestras manos está el evitar que nuestros hijos pasen por esta adolescencia.

 

O, por decirlo de otra manera, vamos a trabajar para impedir que en el futuro nos vendan más motos, sean del color que sean.

22 comentarios
  1. Iñaki
    Iñaki Dice:

    A veces perdemos el sentido de la vida.Para recuperarlo, bueno es indagar acerca de la auténtica “buena vida”,como ya hacían los filósofos griegos. Y procurar educar a nuestros hijos en esa “buena vida”,cuyos valores nada tienen que ver con los de esta sociedad de consumo que nos ha abocado a la actual crisis.

    Recomiendo un libro recién publicado. Está escrito por Robert Skidelsky y su hijo Edward-hermoso ejemplo de colaboración entre padre e hijo-, y se titula “How much is enough? The love of money and the case for the good life”,Penguin Group,2012.

    Robert Skidelsky es un economista británico, miembro del Parlamento también. Escribe cosas muy interesantes sobre la crisis económica en su web http://www.skidelskyr.com.

    Otro británico ,Richard Tawney,escribió en 1921 “The acquisitive society”(descargable gratuitamente en http://www.archive.org),donde trata de los valores de nuestra sociedad occidental,criticando su tendencia a la mera acumulación de bienes.Propone lo que él llama la “sociedad funcional.”

    El verano es buen momento para reflexionar sobre el sentido de nuestra vida.Propongo la lectura de estos dos libros,como una buena ayuda en este sentido. Feliz verana a todos los que puedan disfrutarlo aún. 

  2. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Puestos a citar hace unos días leí un libro de Amy Chua, profesora de derecho en Yale. Era un libro sobre la historia de las élites económicas minoritarias en Oriente. Un papel que por aquellas tierras han venido haciendo los chinos desde hace muchos siglos.

    Al leerlo no era consciente de que Amy Chua salió en prensa hace un par de años por escribir sobre la dureza de la educación que había recibido en su familia. Este es el enlace del comentario del NYT.

    http://www.nytimes.com/2011/01/18/opinion/18brooks.html?_r=1

    Sobre este asunto tan difícil a todos nos gusta escribir y dar consejos a los padres jóvenes pero voy a abstenerme para centrarme en dos cosas.

    Una:
    La falta de firmeza y exigencia es captada por los chicos como desinterés por nuestra parte. Como falta de afecto.
    Ellos saben perfectamente cuando hacen algo mal y todos sus instintos captan que su entorno ni los reprende ni les educa. En ese momento “saben” que no se les quiere.

    Dos: Lo citan varios editores y comentaristas de este foro: El Ideal de vida humana. La “vida buena” a la que también Keynes dedicó párrafos.

    Es cierto que dicho ideal es algo reconocido y buscado desde la lejana antigüedad.

    El libro de Werner Jaeger (Paideia) nos transmite la esencia de la búsqueda del Areté a través de la vida. Un gran “libro-ladrillo”. Una joya.

    Nos habla de un lento, trabajoso y placentero ascenso por la escalera de la educación, el esfuerzo, el conocimiento, el amor-ágape, hasta que–rendido el viaje– entregamos el alma y el ejemplo de vida. 

    En nuestra sociedad operan fuerzas antagónicas a todo aquello que represente vínculos de unión entre átomos-ciudadanos si estos grupos son susceptibles de oponer resistencia a aquellos que controlan los mecanismos de poder.

    Estas fuerzas actúan para que el olvido y el descrédito vayan corroyendo todo lo que de alguna forma pueda representar un freno al crecimiento de su poder.

    Basta observar de cerca el mundo de la cultura y la educación para constatarlo.

    Actúan sobre la memoria y sobre la cultura. Sobre lo que se publica (la reedición es incluso más importante que la primera edición) y se difunde y se lee. Sobre el ejemplo que se exhibe. Sobre lo que en las aulas se enseña.
    La familia es él último bastión defensivo y está temblando la pobre.

    A lo largo del siglo XX un gran psicólogo, Abraham Maslow (hoy en el olvido buscado por el establishment) nos recordaba a Sócrates y a Platón a través de su célebre escala de realización humana.

    Dos obras:

    “Toward a psychology of being” 1968  y “La personalidad creadora” 1971.

    En mi opinión están en la categoría de la obra de Freud o de Adler, entre los tres o cuatro grandes exploradores de la conducta humana. Maslow en positivo, naturalmente.

    Saludos

  3. Iñaki
    Iñaki Dice:

    Me permito añadir otra cita.Se trata de un documento que analiza los fallos de nuestra sociedad de consumo, y propone enfocar los esfuerzos hacia una cultura de verdadera prosperidad,basada en valores muy distintos a éstos del crecimiento y el consumo sin límites,que nos han conducido a la crisis.

    Su título : “Altering attitudes:from a culture of consumerism to a culture of prosperity”. Se encuentra en http://www.denkwerkzukunft.de/downloads/Altering_attitudes.PDF. 

  4. WoLfWOoD
    WoLfWOoD Dice:

    Me parece algo descabellado afirmar que todos hemos recibido más de lo que merecemos y hemos sido premiados por no hacer nada de lo que estamos obligados.
    Puede que desde el punto de vista de alguien que ha llegado a vivir en la abundancia la situación actual le llevara a sentir vergüenza por la opulencia de tiempos pasados, pero los jóvenes vemos como va a ser totalmente al revés. Recibiremos muchísimo menos de lo que merecemos por lo que estamos obligados a hacer. En otras palabras: Los trabajadores de hoy pagamos el “estado del bienestar” de otros y al que nosotros ya vemos que no tendremos derecho.
    No me valen discursos moralistas ni sermones de cómo se tienen que hacer las cosas. Ustedes, (la generación que ha liderado la sociedad los ultimos 15-20 años), tenían las herramientas para que lo que hoy son sermones fueran hoy una realidad.
    Sé que nos tocará a los pocos jóvenes que no decidamos huir de éste país levantar esta situación, y lo haremos, pero ahórrense críticas y sermones, ahora toca acción.

    • Páradox
      Páradox Dice:

      Wolf, precisamente en el origen de la lamentable política que os ha llevado a tan duro e incierto futuro está un problema educacional. Los que gobernaron son hijos de una crisis de valores que explotó en el sesentayochismo y que desde entonces perdura y da tumbos.
      Lo que no es justo es acusar a toda una generación, como si fuera una culpa colectiva. Precisamente desde este blog se denuncia desde hace mucho todo lo ahora os está condenando.
      Eres además injusto, pues no veo en el artículo ni un discurso moralizante, en el sentido pejorativo que le quieres dar, ni un sermón, sino una llamada a la responsabilidad. Precisamente para que no se repitan situaciones tan graves como las que denuncias, y para que se disponga de armas frente a ellas. 

  5. exdar
    exdar Dice:

    Las Personas nunca han sido educadas, han sido adiestradas para ocupar un lugar funcional en esta sociedad arrogante, estúpida con leyes y sistemas arcaicos.No se busca el desarrollo personal completo, se limita a una programación para cumplir un papel preciso, de esta crisis no se sale intentando mantener el mismo sistema de adoctrinamiento “trabajo-dinero-consumo-trabajo”.

  6. JM Garilleti
    JM Garilleti Dice:

    Interesante reflexión. Yo de momento la veo desde los ojos de un hijo, y me hace pensar, lo cual me encanta.

    Quería compartir con vosotros el vídeo de una charla de Emilio Calatayud que no tiene desperdicio. 

  7. Avelina Florencia
    Avelina Florencia Dice:

    Me ha parecido un buen post y estoy muy de acuerdo con lo que dice, ejemplos como el del niño y la moto los veo a diario y me apena decirlo pero me avergüenza que haya desembocado en estas situaciones la sociedad en la que vivimos, en la que los niños hacen lo que quieren con los padres y estos les siguen la corriente y no se niegan a darles los caprichos aunque no se los merezca para nada, incluso haciéndose tratos como el de si suspendes no te compro tal cosa y aún suspendiéndolo acaban comprándoselo. Yo tengo dos sobrinos viviendo en mi casa con mi hermana y uno de mis sobrinos es hijo de la anterior pareja de mi hermana y están divorciados, el padre siempre le esta comprando cosas para que le apetezca ir con él. El niño no ve el valor de las cosas ni el trabajo que cuesta conseguirlas. No se le puede castigar apenas por nada porque si no le compramos tal cosa  no le dejamos ir a tal sitio por el castigo, el padre para que “lo quiera mas” se lo da todo aunque la madre lo haya castigado, sirviendo el castigo para nada o totalmente contraproducente para la madre que el niño la ve como la mala que lo castiga y al papa como el que se lo da todo; en estas situaciones los niños están muy confundidos y no ven objetivamente la verdad realidad, por lo que creo que el caso de los divorcios y las custodias compartidas sobretodo cuando no hay acuerdo entre los dos padres en muchas cosas esta provocando esto de lo que habla el post, ya que los divorcios son cada vez mas habituales. No quiero decir que sea lo único que lo provoca, ya que se da en todo tipo de familias. Otra cosa podría ser el poco tiempo que invierten en la educación y entretenimiento de los niños los padres y las madres por la entrada de la mujer al mercado de trabajo y ese tiempo lo sustituyen por regalos. 
    En todo caso este fenómeno se ve en todo tipo de niños y si, puede ser un problema para salir de la crisis ya que no se esfuerzan por nada y lo quieren todo hecho.  

  8. Lola Marceli
    Lola Marceli Dice:

    A pesar de que esta mañana he publicado en twitter gran parte de lo que ahora voy a comentar, reconozco un cierto pudor al hacerlo, fundamentalmente por dos razones que vienen a ser una misma: que no soy madre y que no soy ninguna especialista en esta materia. Bueno, y posiblemente en nada.
    Llegué a este blog a raíz de un tweet acerca de Sanchez Gordillo. Al sujeto lo vamos a dejar aparte, por ahora, pero fue la razón por la que leí el artículo acerca de Tony Nadal, esplendido, y hoy éste (mira, al final voy a tener que darle a Sánchez Gordillo las gracias por algo).
    La primera reflexión que esta mañana hacía era acerca de los premios a los hijos cuando aprueban los estudios. No tengo nada en contra, que conste, pero sí hacer una pequeña reflexión en comparación con mi propia vida.
    Por edad, me tocó vivir una España más austera y espartana que la que hemos vivido hasta hace poco (la de ahora empieza a parecerse bastante, también es cierto). Pero yo no conocí eso del regalo de fin de curso. De verdad. Porque mis padres me enseñaron que mi deber no era –sólo– estudiar, sino aprobar y esforzarme. Y era un deber, de la misma manera que el de mis padres consistía en darme todas las oportunidades a su alcance para que yo pudiera desarrollarme en todas mis facetas. Y nadie les hacía regalos por o para ello.
    Diré que, para nuestro disgusto, la vida se encarga de corroborarnos esta lección continuamente; hacemos las cosas bien, hacemos las cosas como debemos, como se nos dice que deben ser y aún así, las cosas muchas veces simplemente salen mal. (No quiero dejar esta reflexión sin algo positivo o una sonrisa. Supongo que alguna vez me regalarían algo, posiblemente. Pero la primera y única vez de la que tengo conciencia como tal, yo ya tenía 16 años. Mi padre me trajo una cámara de fotos muy moderna. Teniendo en cuenta que a mí no me gusta la fotografía en particular, y lo mucho que la disfruto él, tal vez me uso como excusa delante de mi madre. Y yo encantada, eh!)
     
    La segunda reflexión es la parte que está dedicada a lo que ocurre cuando una familia ha de atravesar situaciones críticas en lo que podría considerarse la construcción del “sueño familiar” debido a las durísimas condiciones en las que estamos viviendo.
    Hago un inciso para aclarar que no es que crea que la familias se reduzca a ser un mero computo económico, pero sería muy poco realista creer que las preocupaciones económicas no influyen y calan más de lo que sería deseable. Pero a lo que iba.
     
    El gran problema de situaciones como pueden ser ver como a los padres las cosas les salen mal, porque pierden una casa, un negocio, lo que sea… es que los hijos aprenden algo que es devastador: el miedo. Sobre todo por lo que eso nos marcará en adelante también como ciudadanos. A lo que hay que sumarle el continuo bombardeo de “des”información, desde mi humilde punto de vista. Ese miedo se enquista y por eso es fundamental la educación ya no en valores, sino en el simple y llano sentido común. Los bienes materiales son importantes, y además una aspiración legitima, es verdad. Pero lo importante no se compra (sé que suena a frase de libro de autoayuda de saldo y no me gusta), pero es fundamental entenderlo. En lo importante “se invierte”, a veces económicamente, pero no siempre.
     
    Y por último decir que hay algo en lo que tal vez nos estamos confundiendo. El logro más importante desde el fin de la 2ª Guerra Mundial, no ha sido la consecución del Estado de Bienestar. Es la consecución del Estado de Derecho, que legitiman y garantizan nuestro derechos, deberes y libertades. El Estado de Bienestar, que es una aspiración deseable, “luchable”, loable y necesaria, se alcanza sólo cuando se ha aprendido bien lo primero.
     
    Gracias y siento la extensión del comentario.
    Un saludo.

  9. Rodrigo Tena Arregui
    Rodrigo Tena Arregui Dice:

    Me parece muy interesante lo que dice Lola sobre que el gran logro derivado de las grandes tragedias del siglo XX ha sido el Estado de Derecho, más aun que el Estado del Bienestar. Un Estado de Derecho cuya defensa exige la asunción de multiples obligaciones por parte de una ciudadanía informada. El problema precisamente es que ese Estado de Derecho está en la actualidad gravemente amenazado, sometido al sistema económico-político que hoy detenta el poder. El poder siempre ha sido refractario al Derecho, pero también a la educación.  La “escuela de la ignorancia”‘, en expresión de Michéa, no es una disfunción del sistema, es un presupuesto del que alguna gente con poder saca buenos rendimientos.

    • lola marceli
      lola marceli Dice:

      Gracias por el comentario, y sí, hacía hincapié en lo del Estado de Derecho porque después de tantos años de crisis y de desgaste ya no sólo intelectual sino sobre todo anímico, que es como creo que la sociedad se siente, y por supuesto a raíz del dichoso Sánchez Gordillo y de ciertas proclamas confusas por trasnochadas amén de otras muchas incongruencias, llevo unos días dándole vueltas a esta idea. A que, por supuesto que hay que esforzarse por mantener ese Estado de Bienestar que tanto nos cuesta, pero será imposible si se empieza a confundir las bases más primarias de lo que es un Estado de derecho, de la separación de poderes, del papel de los políticos y la protección  ante ciertas conductas que se amparan en lo “folclórico”.
      Y claro que la educación y el conocimiento es lo que pone en jaque al poder; es la puerta que nos permite pensar por nosotros mismos; ya sé que influidos por nuestras creencias, ideas, por lo que leemos, etc, no todos somos genios y lo de la libertad en términos absolutos es siempre la gran cuestión. Pero al menos debemos aspirar a cierta independencia a la hora de analizar las cosas y luego ya que cada uno viva, iba a decir a su manera, pero prefiero decir éticamente.

  10. Elisadelanuez
    Elisadelanuez Dice:

    Muy interesante el post y las reflexiones, especialmente adecuadas para lidiar con una panda de adolescentes en verano….y tambien muchas gracias por los interesantes comentarios y recomendaciones de lectura. coincido tambien con las reflexiones de Lola y comparto el tipo de educacion recibida…sacar buenas notas era simplemente nuestra obligacion y nadie te regalaba nada por hacerlo. Otros tiempos, pero que creo que preparaban mejor para la vida que los que han venido despues. Y efectivamente coincido con que querer a un hijo es inseparable de exigirle para que llegue a ser lo mejor posible. Lo otro es mas comodo y lo que revela en mi modesta opinion es mas amor por uno mismo que por los hijos.

  11. Josef K.
    Josef K. Dice:

    Yo pertenezco a una generación que ha tenido que ayudar al sostenimiento familiar, aportando todo el sueldo en casa, y ahora me toca ayudar a mis hijos. Nadie me ha regalado nada.
     
    Incluso me robaron el derecho de todo niño a tener un padre. Por eso me indigna que en el siglo XXII una jueza y tres Ilustrísimos magistrados puedan decir en una sentencia que se observa que mi “padre” era un  hombre de buena fe, más o menos que era un padre ejemplar.  
    http://hayjusticia.blogspot.com.es/

  12. Ana
    Ana Dice:

    No creo que en la actualidad esté en peligro el estado de derecho ni que los jóvenes no sean capaces de luchar por él. Creo que efectivamente en el miedo no se educa, pero tampoco en la “sobreprotección” que reciben muchos menores, eso les deja faltos de iniciativa y recursos. Y dos cosas que como dice Lola son importantes y no se pueden comprar: el ejemplo que les damos y el tiempo que dedicamos a hablar con los hijos.  La educación en el sentido común requiere de muchas conversaciones. Lo que a veces falta es encontrar el tiempo para conversar. Y por supuesto, estas conversaciones no sólo se deben tener en la adolescencia, sino mucho antes. Los niños, incluso cuando son pequeños, entienden perfectamente lo que se les explica, cuestión distinta es que les guste o no, como cualquier adulto.

  13. Cruz
    Cruz Dice:

    Al hilo del comentario de Lola sobre la gran cuestión de la libertad en términos absoutos me ha venido a la cabeza cuánto nos insistían en casa y en el colegio con eso de que “tus derechos y libertades terminan cuando empiezan los de los otros”. Ahora lo veo como base fundamental del respeto por uno mismo y por los demás y me pregunto, viendo cómo se actúa en la sociedad actual, si la idea fué flor de un día en los primeros tiempos de la “Transición”. También nos enseñaban que no había derecho sin obligación. Se ve que hace tiempo que algo tan sencillo dejó de “vender” y ha sido sustituído por el “yo, mi, me, conmigo y si no a papá estado”.

    Por otra parte ejemplos como el que pone Fenando ilustran esa concepción que tiene un amplio sector sobre que la educación es cosa de los profesores en exclusiva, eximiendo a los alumnos y los padres de su responsabilidad en el aprendizaje.

    De todos modos hace falta un carácter fuerte para asumir un “comportamiento en valores” cuando lo que te pueden enseñar en el colegio queda en agua de borrajas al llegar a casa, poner la tele o salir a dar una vuelta y comprobar que hay pocos o ningún buen ejemplo de esa llamada “educación”.

    Como parece revelar esta crisis es tarea de todos y cada uno, de nuevo, implicarse en cambiar esta tendencia. 

  14. Fernando Gomá Lanzón
    Fernando Gomá Lanzón Dice:

    Gracias a todos por vuestros interesantes comentarios que en conjunto, me parece que confirmar una de las ideas que expongo en el post: la educación es un asunto básico y esencial para tener una buena sociedad civil, como vienen a decir Lola Marceli y Rodrigo, en la cual los derechos y olbigaciones son inseparables unos de otros. Y las obligaciones no son algo molesto e incómodo que hay que asumir cuanto más tarde mejor, y mientras tanto, “déjale que disfrute, que ya tendrá tiempo de quejarse”, sino que desde pequeños hay que enseñarles que todo ha de costar un esfuerzo, que ese esfuerzo contribuye (en la familia al principio, luego también en la sociedad en general), y que es bueno que así sea.

     

    Lo que comenta Manu Oquendo en el punto uno coincido plenamente. El hecho de dejar a los niños sin control y sin poner unas reglas claras provoca en ellos inseguridad y cierta ansiedad, no conocen los límites. Y una de las cosas fundamentales que necesitan es precisamente marcos estables, seguridad, saber hasta dónde pueden llegar y cuándo no, incluso para traspasar ese límite, rebelarse contra él. Pero siempre dentro de la cálida seguridad que le da el que sus padres se preocupan de ellos. Otro aspecto importante es el de la atención que hay que prestarles, que es que muy bueno que seaigual de intensa y de “seria” que cuando nos hable un adulto, pero esto quizá sea materia para otro post.

     

    E insisto, con Cruz, en una idea básica pero que muchos padres han olvidado, y que que quienes educan son ellos, son ellos quienes tienen esa obligación como padres y como integrantes de una sociedad. Y por cierto, los maestros son sus aliados, no los enemigos de sus hijos de los que hay que defenderles porque tú eres “muy cómplice de tu hijo”. Acabo de leer una frase contundente: El padre que es muy amigo de sus hijos, les deja huérfanos. La suscribo.

  15. KC
    KC Dice:

    El hecho de dejar a los niños sin control y sin poner unas reglas claras provoca en ellos inseguridad y cierta ansiedad, no conocen los límites. Y una de las cosas fundamentales que necesitan es precisamente marcos estables, seguridad, saber hasta dónde pueden llegar y cuándo no, incluso para traspasar ese límite, rebelarse contra él.

    • KC
      KC Dice:

      Qué casualidad, igual que sucede con determinados políticos y sus cargos, a los cuales se les supone ya muy lejanos a su infancia. Su entrada está muy bien como comentario realista sobre algo que es fundamental desde un punto de vista sociológico, pero, como comprenderá, ni jurídicamente, ni lógicamente, se puede dejar el eficaz funcionamiento de un Estado a los aspectos psicológicos de los individuos, porque entonces las variables para que el sistema quiebre son multitud, por muy bien enseñados que estén, o creamos que están (cualquier tipo de circunstancia entra en juego y ya que no todo el mundo es Fernando Goma, es muy posible que por mucho que se haya educado a un niño, éste acabe, dentro de unos cuantos años, con la misma moral camaleónica que tienen algunos pasado el tiempo). De todas formas, ya se puede usted sentir afortunado de conocer las bases de una ciencia -aunque no exacta, claro- denominada Psicología sobre la cual, la mayoría de juristas, no tiene lo que se suele decir, ni pajolera idea. Luego, por supuesto, y dejando a un lado la entrada de Fernando, podríamos ahondar sobre la paradoja que significa defender un sistema concreto, que además tiende al extremismo incontrolado del laissez faire (ya que parece que a algunos les viene muy bien lo de aquello de “dejar hacer”), y además esperar que la totalidad de los individuos sean ascetas practicantes. Ahí, debida la paradoja, es dónde deberían actuar los padres, ya no como predicadores del deber ser, sino como indicadores reflexivos para que sus hijos piensen, personal e individualmente, sobre sus propias acciones y sean ellos sus propios jueces (cosa básica si queremos que el futuro funcione). Por no decir la carga en el sistema judicial que nos evitaríamos… (ironía).Pero vamos, que este tema, para arreglar la chapuza actual que tenemos enfrente es realmente intrascendente, si tenemos claro que el elemento psicológico puede verse alterado de múltiples formas y el Derecho no puede, ni “fiarse”, ni ir por detrás de las decisiones de los individuos (aunque realmente siempre acabe por ser el último). Y eso, por muy maestros de la didáctica, de la moral o de la vida misma que creamos ser. Aunque sí, ya que nos hemos puesto pitagóricos, no dejemos de recordar aquello de: “Educad a los niños si no queréis castigar  a los hombres”. Una pena, claro, que el amigo Pitágoras no hubiera nacido unos cuantos siglos después para entender cómo se mueven realmente los hilos psicológicos, y que su sugerencia, aunque totalmente cierta, no es tan perfecta desde un punto de vista objetivo. Aunque sí literariamente.Saludos. P.D.: hay un fallo en el sistema del blog: a la hora de añadir un comentario en cursiva parece ser que elimina todo lo demás, ya con la grafía normal. 

  16. JJGF
    JJGF Dice:

    Sobre el asunto de la falta de responsabilidad individual, el infantilismo, de niños o políticos o ciudadanos en general, está bien el libro de Bruckner -La tentación de la inocencia, en Anagrama- y las famosas paginas de Ortega sobre el “señorito satisfecho”, todo derechos y ninguna obligación.

  17. Antonia Fuentes
    Antonia Fuentes Dice:

    Fernando el niño de la moto es un niño prodigio que estudia física cuántica en Harvard y sus papas están tan contentos que aunque suspende 4 de las 18 asignaturas sigue mereciendo un premio.

    Me encanta la frase: El padre que es muy amigo de sus hijos, los deja huerfanos.

    Pero quiero compartir también mi experiencia cuando hablo con otros padres y
    veo como hacen dejación de su labor de educador y se remiten al colegio para que eduquen a sus hijos en todos los aspectos: que les enseñen valores, higiene, conocimientos o hasta como manejar los cubiertos en la mesa….

    La educación empieza en casa y si nuestros hijos no ven los limites, la disciplina, el esfuerzo y el amor difícilmente aprenderán esos valores en otro lugar. Cuando siendo adultos conozcan la adversidad no sé como responderán

  18. Francisco J. Fernández Cabanillas
    Francisco J. Fernández Cabanillas Dice:

    El escritor francés Philippe Muray explica muy bien, con su “homo festivus”, la total infantilización de nuestra sociedad actual: “yo no he sido”, tú no has sido, él no ha sido, …, luego nadie es responsable.  Toda la post-historia es una regresión a la infancia, y Homo Festivus es un niño consentido al que hay que organizar distracciones para que no se aburra. Los niños viven en un eterno presente, son los mejores consumidores y tienen todos los derechos. La maternidad-mundo –señala Muray– se encarga de convencernos de que somos niños irresponsables rodeados de programas higienistas, caritativos, humanitarios, protectores, y de que no tenemos otra cosa que hacer que flotar como fetos andróginos en la música del hiperfestivismo como en el baño matricial de los orígenes. (http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=3937#_ftn1)

  19. Antonioj
    Antonioj Dice:

    Tuve la suerte de conocer de vista a éste excelente Juez Calatayud que lejos de ser un dictador es como un padre para aquellos menores que consiguen llegar a sus manos y le agradecen luego. Reconozcamoslo muchos no tienen ni maldad simplemente les educaron así o tuvieron que sobrevivir así, es muy triste y SI, el problema es la educación de la generación pasada reciente, un saludo y animo

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