Cooperantes responsables

La noticia de el diario El País del día 6 de agosto comenzaba literalmente así:   “La palabra más repetida por las ONG es responsabilidad. Son responsables, insisten una y otra vez para negar que su regreso a los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf (Argelia), solo diez días después de que el Gobierno ordenara la repatriación urgente de todos los cooperantes por riesgo de secuestro, sea una temeridad. Un total de 27 miembros de organizaciones que trabajan en los campamentos parten mañana hacia Tinduf, en el primer viaje desde la evacuación y desoyendo la alarma de Exteriores, que desaprueba su vuelta pero no puede evitarla. El Gobierno ha advertido de nuevo a las ONG, a través de un comunicado, de que existe un “riesgo cierto de inminente secuestro de cooperantes”, y les insta a continuar su trabajo sin volver a los campamentos (…) “El viaje no es una pataleta, tenemos un compromiso con el pueblo saharaui”, responde José Taboada, presidente de la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara. “La gestión de esos riesgos de los que habla el Gobierno se puede hacer perfectamente en el terreno”, añade José Fernández, de Médicos del Mundo…”

 

Este caso plantea en la práctica, una vez más, el complejo tema de la responsabilidad en la sociedad actual. Cuando las ONG dicen que son responsables, ¿qué quieren decir exactamente? Pienso que fundamentalmente dos cosas, que se deducen perfectamente de la noticia transcrita. En primer lugar, que tienen un compromiso con el pueblo saharaui, que quieren asumir la carga de ayudar a esa gente que está pasando por una situación extraordinariamente complicada ante la indiferencia general. Sin duda, asumir que lo que pasa en el mundo también es responsabilidad nuestra (no sólo de la ONU) y actuar en consecuencia, es ser responsable. En segundo lugar, que están dispuestos a adoptar las medidas de seguridad necesarias para gestionar los riesgos de manera razonable. Ambas ideas se enmarcan dentro de que podemos llamar responsabilidad a priori, un concepto muy vinculado al puro deber.

 

Hasta aquí fenomenal. Pero no hay que olvidar que la responsabilidad también tiene otro componente imprescindible, que podemos denominar responsabilidad a posteriori: en este caso el de asumir las consecuencias del fallo de las propias previsiones, sin pretender delegar en otros la responsabilidad por ese fallo. El tema tiene aquí mucha importancia, dada la costumbre del Gobierno español de pagar a los terroristas rescates para liberar a los españoles secuestrados por el mundo, lo que no solo implica financiar sus actividades sino incentivar nuevos secuestros.

 

El asunto de los rescates merecería una reflexión y un debate serio en España. Habría que reflexionar sobre la conveniencia de pagar o no los rescates, sobre si en el caso de hacerlo procede exigir a la víctima la devolución del dinero pagado, sobre si es posible otro tipo de ayuda, sobre la imprescindible coordinación internacional en este punto (no parece lógico que unos países paguen y otros no), sobre ese pretendido derecho que tiene todo español – ya casi de origen consuetudinario- a ser liberado mediante pago de un rescate con dinero público, derecho tan reconocido que lleva incluso a la Administración española a la sorprendente decisión de hacer firmar a los cooperantes díscolos un escrito de renuncia (ver noticia), etc., etc.

 

Sobre todo esto habría que reflexionar, pero parece que en España eso es imposible, porque los ciudadanos, que somos los que terminamos por pagar, somos también los únicos que no tenemos ni idea de los detalles. Es decir, en este tema todo el mundo está informado de lo que le importa menos nosotros. Especialmente están al tanto los terroristas, que saben que si secuestran españoles se les paga, lo que resulta un incentivo muy a tener en cuenta. Sin embargo, a nosotros se nos dice que por seguridad no conviene difundir nada, para que no se entere… ¿quién? ¿Acaso los terroristas no se informan entre ellos?

 

En cualquier caso, volviendo al tema de la responsabilidad, resulta imprescindible dilucidar este asunto de los rescates antes de atribuir a los cooperantes la condición de responsables. Si los cooperantes aspiran a que, en el caso de fallar su previsiones y ser secuestrados, el Gobierno español se involucre en la negociación con los terroristas y, más aún, pague el recate, entonces tienen el deber ineludible de obedecer al Gobierno español. Es decir, la verdadera responsabilidad en este caso sólo discurre por dos vías: o se obedece al Gobierno español (por muy exagerado o timorato que sea) si se aspira a que te saque las castañas del fuego; o se asume claramente que no se espera su ayuda para nada y que en el caso de secuestro la ONG en cuestión se hará cargo de las negociaciones y del pago del rescate (en su caso, porque lo verdaderamente responsable sería no financiar a esos grupos) convirtiéndolo en un asunto estrictamente privado.

 

Pero lo que debería estar siempre meridianamente claro es que si, pese a las advertencias del Gobierno, los cooperantes vuelven a la zona (en este momento lo han hecho cuatro) parece incuestionable que, presuponiendo esa responsabilidad de la que hacen gala, hay que entender que han optado por la segunda posibilidad, debiendo el Gobierno actuar en consecuencia. Y ello con total independencia de las manifestaciones de los interesados y sin necesidad de hacerles firmar escrito de renuncia alguno, por supuesto. El mismo diario informaba el domingo de que existe entre los cuatro cooperantes un debate sobre si “renunciar” al rescate por parte del Estado en el caso de ser secuestrados. Según uno de ellos, no procedería porque “no ha renunciado a su nacionalidad y corre un riesgo”. Pienso que esa postura refleja un concepto muy limitado de la responsabilidad. Lo que no se puede pretender es querer ser responsable a priori sin serlo también a posteriori. Intentarlo es una manifestación más de la huida de la responsabilidad que caracteriza nuestra época.

6 comentarios
  1. Ana Belén Castell
    Ana Belén Castell Dice:

    Buenas tardes,

    completamente de acuerdo con este post. Las cabezonerías cuestan caras y papá estado está en peligro de muerte como para andar sangrándole más. Todo el mundo merece solidaridad y la ayuda internacional se hace imprescindible, pero existen viajes de cooperación que se denominan Turismo de Cooperación Responsable.

    No siempre está en nuestra mano hacer aquello que quisiésemos, lamentablemente.

    También creo que la cooperación por sí sola no quita el hambre más que un instante o dos, la inversión es un proyecto de futuro, habría que mirar nuevas fórmulas de ayuda.

    Un saludo.

  2. Robespierre
    Robespierre Dice:

    No a la irresponsabikidad pagada con dinero de todos. Totalmente de acuerdo con el post que denuncia un si toma mas de la grave enfermedad que padece España la irresponsabilidad total o el infantlismo patologico.

  3. Kuzushi
    Kuzushi Dice:

    Tienes toda la razón, Rodrigo, en este tema de la responsabilidad. Añadiría un elemento más. En este tipo de acciones solidarias ¿qué se busca exactamente? No me refiero concretamente a las acciones de Tinduf, que no conozco y que probablemente sean serias. Pero otras, como apunta Ana Belén, más bien parecen turismo cool: gente que quiere ver sitios pobres, con una pizca de aventura, y otra dosis de solidaridad (para encima quedar bien) Este tipo de actuación, según dónde se haga, me parece que puede llegar a ser irresponsable. por el riego que corren y lo que puede representar para los suyos y para su país. ¿No hay en España, al lado de su casa, sitios dónde ser “solidario”? ¿No tienen un pariente a quien visitar a la vuelta de la esquina?

  4. LaChicaGato
    LaChicaGato Dice:

    Coincido plenamente en todo, tanto con el artículo como con los comentarios. 
    Personalmente estoy hastiada de ver cómo conocidos, a los que en su vida diaria no he podido presenciar ni un instante de empatía real con sus allegados, realizan viajes a-la-otra-punta-del-mundo para ser repentinamente solidarios. Perfecto ayudar a los demás, donde quiera que estén, pero si no debemos discriminar a los que necesitan ayuda lejos, tampoco debemos discriminar a los que se quedan aquí y también necesitan ayuda.
    El problema (en muchos casos): las fotos que subes a tu red social lucen infinitamente más si tienen como protagonistas a niños negros descalzos jugando en un descampado, y lucen infinitamente menos si aparecen personas discapacitadas psíquicas de un centro de Fuenlabrada, o ancianos de una residencia de Murcia, o niños enfermos de un hospital de Badajoz. En este último caso, no luce porque probablemente los padres del niño no están de acuerdo con la publicación de las imágenes…Siempre me ha parecido un tema de gran interés la fotos que todo el mundo publica, recién horneadas de su nueva reflex, de menores de países del tercer mundo, al parecer estos pobres no tienen derecho a la propia imagen. Todos podemos ver a una niña de 8 años en un campo de refugiados desnuda debido a la pobreza, es cool haber estado allí viéndola en directo y enseñárselo a los demás a nuestra vuelta, le damos a “me gusta” porque pobrecita, qué ternura,.. pero no consideramos de recibo que un desconocido le haga una foto a nuestros niños europeos desnudos en la playa, qué horror, qué depravación.
    En definitiva, y siendo consciente de que me he desviado un tanto del hilo más principal, no todos los casos son iguales. Pero con respecto a los secuestros y las facilidades de tener información por parte de los secuestradores, “así se las ponían a Fernando VII”.

  5. Arcimboldo
    Arcimboldo Dice:

    Lo del español que sale al extranjero y se cree que por allí todo es como en España y que todo se perdona es ya un clásico del verano: desde los cafres aquellos que se metieron en un lío por robar una bandera nacional en las calles de la capital de Letonia, hasta lo del Sr. Carromero (sí, una fatalidad desgraciada, pero se ha metido él solito en la boca del lobo). En esta línea de inconsciencia e irresponsabilidad se sitúa también este exceso de celo en la vocación algunos “cooperantes” (por lo general ajenos a las ONG más profesionales y conscientes de los riesgos). Nuestra laxitud en la exigencia de responsabilidad (a todos los niveles) es tal que este tipo de situaciones parece cada día más habitual…

  6. Francisco Echano Reigadas
    Francisco Echano Reigadas Dice:

    Está bastante claro que el tema de la responsabilidad personal de los cooperantes respecto a la que se presupone tiene el Estado sobre sus ciudadanos  son dos cuestiones que, llegado un momento dado, pueden resultar mutuamente excluyentes. Los que no resulta claro, y tampoco regulado, es cómo verificar la información que un gobierno obtiene a la hora de decidir sobre el derecho de sus ciudadanos a permanecer en un país determinado con la protección que la legislación le otorga nivel internacional. La decisión del gobierno ha sido en base a una información que los cooperantes se ven obligados a aceptar. Información que puede ser falsa e inventada por cuestiones políticas que a nadie se nos escapan. Puede que ahí esté el conflicto. Extrapolamos el ámbito jurídico de una cuestión política. En cambio nadie comenta cómo una decisión política puede vulnerar el ámbito jurídico hasta el punto de poder vulnerar un derecho más que fundamental.  

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