El caso LIBOR

Este blog suele ser criticado por centrarse únicamente en el lado más negro de la sociedad española, en su nepotismo, en la avaricia e irresponsabilidad de nuestra clase dominante, en el profundo deterioro institucional y moral que padecemos (por otra parte tan íntimamente ligados). De tanto machacar estos temas –nos dicen- corremos el riesgo de hundir definitivamente el corcho de nuestros conciudadanos, impidiéndoles así reunir los ánimos imprescindibles para tirar para adelante. Pues bien, con este post quiero reaccionar contra esas criticas e intentar animar un poco al personal: ¡ese profundo deterioro moral e institucional es global y también afecta a la City!

 

El escándalo LIBOR se hizo público a principios del mes de julio cuando se supo que la entidad Barclays había sido sancionada con una multa de 450 millones de dólares por los reguladores británico y estadounidense como consecuencia de sus manejos para alterarlo fraudulentamente, pero en este momento 12 de los más importantes bancos internacionales están siendo investigados por los reguladores de medio mundo por el mismo motivo.

 

Para entender el asunto es imprescindible comprender cómo se determina el LIBOR y qué implicaciones tiene este índice en las finanzas mundiales. Cada mañana a las once horas, dieciocho de los más importantes bancos del mundo remiten de forma simultánea a la British Bankers Association (BBA) su estimación del tipo de interés que deberían pagar por endeudarse en distintas monedas y plazos. Unos instantes más tarde las correspondientes cifras (halladas por la vía de excluir las cuatro estimaciones más altas, las cuatro más bajas y la media de las restantes) aparecen en los monitores de los analistas e intermediarios financieros de todo el mundo como dato de referencia para fijar el precio de préstamos, derivados y otros instrumentos financieros por un importe global aproximado de 800 billones de dólares.

 

Hay que insistir en la idea de que se trata de meras estimaciones. El dato que se comunica no se elabora computando los precios o intereses efectivos a los que el banco en cuestión se ha endeudado en una moneda y en un periodo de tiempo determinado. Todo se hace en base a valoraciones que se presumen honestas, dada la solvencia moral de los que las formulan. Como tantas prácticas de la City, el LIBOR –según nos informa The Economist– es un anacronismo, un residuo de una época en la que no sólo los banqueros se conocían personalmente unos a otros y en la que la confianza era más importante que el contrato, sino en la que bastaba un simple arqueo de cejas del Gobernador del Banco de Inglaterra para llamarlos al orden. Pero si tal cosa pudo funcionar adecuadamente “in the gentlemanly days”, parece que ahora ya no.

 

Según resulta de la investigación, al menos desde el año 2005 los operadores de varias entidades se dedicaban a manipular el índice con el objetivo de maximizar sus primas por beneficios. Como el LIBOR sirve para fijar el precio de los derivados, alterarlo resultaba interesante para incrementar los beneficios o reducir las pérdidas de las carteras administradas, en una cantidad de varios millones de dólares al día. Aunque los bancos han pretendido presentar estas prácticas como el comportamiento fraudulento de unos pocos operadores descarriados, lo cierto es que su permanencia en el tiempo y su gran difusión intra e interbancaria demuestran que tales comportamientos eran conocidos y tolerados. Pero la cosa no queda ahí, ni mucho menos. Al fin y al cabo los manejos de los operadores sólo eran capaces de mover el LIBOR uno o dos puntos básicos. El grave problema surge cuando los mismos bancos empiezan a manipularlo directamente, en una escala de entre 30 y 40 puntos básicos.

 

Todos recordamos perfectamente que el mercado crediticio para las entidades financieras se secó a finales de 2007 y durante el año 2008 como consecuencia de la crisis de las subprime. Como los bancos no sabían hasta que punto el resto de entidades estaba afectado por esas carteras tóxicas, no se prestaban entre sí y era enormemente complicado encontrar financiación. Por eso las estimaciones que remitía cada banco a las once de la mañana a la BBA adquirieron súbitamente una enorme importancia. Si una entidad empezaba a enviar estimaciones de precios de endeudamiento más elevados que la competencia, estaba implícitamente comunicando al mercado que le costaba más financiarse porque su solvencia era menor. En un mundo en el que se había perdido la confianza y en el que cualquier sospecha podía convertirse en una bomba devastadora, las entidades comenzaron a comunicar estimaciones mucho más bajas que las verdaderas con la finalidad de no llamar la atención sobre sus balances.

 

El fraude les salvó quizás en ese momento, pero lo cierto es que ese comportamiento puede hundirles ahora. Hay que tener en cuenta que como únicamente van a reclamar los perdedores por la manipulación del LIBOR (es decir, los que han pagado más o cobrado menos de lo que les correspondería por sus contratos y derivados si el índice de referencia no se hubiera trucado) el montante de las indemnizaciones puede ser estratosférico. A estas alturas ya se han presentado del orden de 28 reclamaciones en tribunales estadounidenses y británicos, y decenas más que están por llegar, la mayoría articuladas como class actions. No obstante, hay que tener en cuenta que el fundamento legal de las demandas es menos sólido de lo que pudiera parecer a simple vista. La defensa alegará probablemente que el LIBOR es simplemente una previsión, una mera opinión elaborada en base a estimaciones que, por otra parte, nadie está obligado a incluir en sus contratos. ¿No les recuerda este argumento al utilizado por las agencias de rating para escamotear su responsabilidad (civil) en la crisis financiera?

 

Pero con ser todo esto malo, no es ni mucho menos lo peor. Lo verdaderamente preocupante no sólo es que no hubiese ningún arqueo de cejas por parte de los reguladores, sino que el que hubo iba más dirigido a fomentar el fraude que a pararlo.

 

En primer lugar nos enteramos, como suele ser habitual en estos casos, que la manipulación del LIBOR era un secreto a voces. Desde hace por lo menos quince años los operadores un poco informados sabían perfectamente que el índice estaba trucado. Sin embargo, ni el Banco de Inglaterra ni la Financial Services Authority (FSA) se dieron mínimamente por enterados durante todo este tiempo. A partir de 2008 el trucaje empezó a ser bastante escandaloso, pero el regulador seguía sin inmutarse. ¿Cuál puede ser la explicación?

 

Los entresijos del caso Barclays nos ponen sobre la pista. Bob Diamond, en ese momento CEO de la entidad, alegó en su defensa durante la investigación que el 29 de octubre de 2008 recibió una llamada telefónica de Paul Tucker, uno de los mandamases del Banco de Inglaterra, comunicándole que había recibido a su vez varias llamadas desde los más altos niveles del Gobierno mostrando su preocupación por los elevados costes de financiación de la entidad, puestos de manifiesto en sus estimaciones sobre el LIBOR. Según la versión de Diamond, el señor Tucker le advirtió que “aunque estaba seguro de que no necesitaba ningún consejo, no siempre resultaba necesario aparecer tan arriba como había ocurrido últimamente”.

 

Quizá intoxicado por tanta película de cine negro, a mi particularmente esta frase me suena más o menos a “te voy a hacer una oferta que no vas a poder rechazar”. Pero lo que es seguro es que a los ejecutivos inferiores a los que Bob Diamond les transmitió la conversación les debió sonar igual, porque el día siguiente Barclays empezó a remitir estimaciones 20 puntos básicos por debajo de lo usual hasta ese momento.

 

El señor Tucker da –lógicamente- otra versión de la conversación, pero no hay que olvidar que el Reino Unido ya había tenido que salir al rescate del Royal Bank of Scotland el 13 de octubre (apenas dos semanas antes) con un coste de treinta y siete mil millones de Libras Esterlinas para el contribuyente, y que el riesgo de repetir la experiencia con Barclays (en ese momento hasta lo impensable era pensable) resultaba una cucharada muy difícil de tragar, por mucha Mary Poppins que viniese en ayuda de los muchachos de la City.

 

Que todos los bancos hacían lo mismo por las mismas razones con idéntica complicidad, cuando no incitación del regulador, es algo fácil de inferir. Pensemos simplemente en el índice EURIBOR, que tampoco funciona de manera muy diferente. Es cierto que, a diferencia del LIBOR, no se remiten estimaciones sobre el coste de endeudamiento propio, sino entre dos bancos teóricamente “prime”. No se sabe muy bien que es eso de un banco “prime”, pero en España e Italia se considera que, en estos tiempos que corren, un banco “prime” es exclusivamente un banco alemán. Como consecuencia, los principales bancos italianos y españoles remiten estimaciones más de 400 puntos básicos inferiores a lo que ellos realmente están pagando por endeudarse. Y todo el mundo, incluidos los reguladores, muy contentos con la ficción.

 

Es cierto que, como ya estamos acostumbrados, se anuncian importantes reformas para que tal cosa no vuelva a suceder. Así, se reclama que la fijación del LIBOR deje de depender de una entidad privada y pase a ser competencia del regulador público. Sin embargo, no parece que la diligencia demostrada por este último en este caso haya sido tan notable como para confiar en una sustancial mejora. Se proponen también medidas para que el interés efectivamente comunicado no sea una mera estimación, sino que tenga un fundamento real, lo que es complicado cuando el mercado es poco líquido o escaso. Otra posibilidad sería incrementar sustancialmente el número de bancos que remiten estimaciones, pero tal cosa implicaría, en definitiva, modificar el LIBOR tal como está hoy configurado y, en consecuencia, los miles de contratos que lo utilizan en todo el mundo, al margen de que aumentar el número de bancos dificulta el primer fraude (el de los operadores), pero no tanto el segundo (el de los propios bancos).

 

En fin, que cabe presumir que tales reformas no van a tener mucho éxito. Lo más que cabe esperar es la consabida reacción legislativa amenazando con las penas del infierno si tal cosa vuelve a suceder. De hecho, la Comisión Europea ha propuesto ya que la manipulación del LIBOR sea tipificada penalmente. Con ello no hace más que asumir esa máxima fundamental que caracteriza de manera tan típica nuestra época: la moralidad que no quede garantizada por la búsqueda del propio interés quedará salvada en última instancia por la norma penal.

 

Coda. Sin duda “in the gentlemanly days” debía de existir algo más, aunque ahora nos resulte difícil identificarlo. El problema, precisamente, es que nuestro sistema económico se construyó sobre ese algo más, como este caso del LIBOR demuestra de manera paradigmática. Pero, al margen de ello, no podemos olvidar que con todo lo que supone esta apoteosis de irresponsabilidad, los británicos, todavía, nos siguen dando una lección. El 3 de julio Bob Diamond dimitió como CEO de Barclays. Él no quería hacerlo, y su Consejo de Administración tampoco quería que lo hiciese, dado lo eficaz que había resultado su gestión de los últimos años. Sin embargo, el pasado día 2 de julio el Gobernador del Banco de Inglaterra y el Director de la FSA convocaron al Presidente del Consejo de Administración del Banco, Marcus Agius –que ese mismo día había dimitido de su puesto con la esperanza de que con eso fuera suficiente- para comunicarle que Bob Diamond también había perdido la confianza de los reguladores, aun reconociendo, por supuesto, que carecían de competencia para dirigir Barclays y obligar a nadie a dimitir. Esa misma noche el ex Presidente llamó a su Consejero Delegado.

 

No sé a ustedes, pero a mí esta historia me recuerda otra acaecida en nuestro país con un Presidente de una importante entidad –con cuentas en el extranjero no declaradas-, su Consejero Delegado –no sólo “sospechoso” de conducta moralmente incorrecta, sino condenado por sentencia firme por utilizar fraudulentamente la Justicia del Reino para la defensa de los intereses de su banco-, un Banco de España que miraba para otro lado y un Gobierno de España que decidió pactar con el primero e indultar al segundo. Lamento desdecirme al final de mi animoso propósito inicial. Si el sistema, como parece evidente, necesita imperiosamente para funcionar con una mínima seriedad una cierta dosis de moralidad, podemos convenir que en el Reino Unido, con todas sus imperfecciones, va a seguir funcionando mucho mejor que aquí.

9 comentarios
  1. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    En román paladino, “en todas partes cuecen habas”. Muy ilustrativo, Rodrigo y ameno, ahora en el último párrafo contradices el primero y nos dejas otra vez por los suelos (o sea, donde estamos). Algún día nuestros “socios” de la UE y del G-20 se darán cuenta de que no son ni mejores ni peores que nosotros, solo relativamente distintos y del doble error enorme que han cometido al “inyectarnos” liquidez vía Fondos Estructurales y compra de deuda española (pública o privada) y luego desprestigiar internacionalmente al deudor de golpe y retirarle el crédito salvo que…¿sería ese el plan? Es notable, sin embargo, ver la capacidad casi inmediata de reacción de la sociedad interponiendo acciones, acaso porque confían en su sistema judicial, incluso para hacer frente a grandes Bancos. Por lo demás, tengo que decir que este fue mi banco desde que vendí mi vespa a plazos y me fui a estudiar a Cambridge. Eran amables y profesionales tanto allí como en Madrid, cuando era una SAE, pero…Creo haber dicho aquí que en Derecho romano al banquero (argentarium) que falsificaba las cuentas le cortaban una mano en su “taberna” del Foro. Ni de lejos es una propuesta física, pero sí moral. Quien custodia los ahorros de los demás adquiere con esos demás, por contrato y ley y con las sociedad por vías incluso metajurídicas enormes responsabilidades que sólo están a la altura de personas extraodinariamente prudentes, pero en sl sector hace tiempo que se llevan los “yuppies” amantes del Burdeos de a 1.000 Euros la botella y con el hilo rojo en los botones y el ojal. La cualidad moral de las personas, que estamos al final de todo (incluso de los computadores) marca la diferencia. Por lo demás, el problema de los “reguladores” aunque tengan un prestigio tan serio como el del Banco de Inglaterra, es sumamente serio. Norma n1 1: el regulador no puede casar a su hija/o con el hijo/a de un operador (caso Madoff). Norma 2: el regulador no puede almorzar con los operadores, ni siquiera el sandwich y un plátano que lleva en el maletín.

  2. Javier Aparicio
    Javier Aparicio Dice:

    Brillante como siempre, Rodrigo.
    En fin, vivimos en un mundo que se desvanece, todo lo que considerábamos que tenía que funcionar bien, porque así había funcionado y había servido para construir nuestro pequeño sueño de grandeza y prosperidad, se derrumba y cada día crece más la sensación catastrófica de que esto va a reventar, por un lado o por otro, pero que el casco de este buque no aguanta la presión y hace agua por todas partes. Me viene a la memoria la cita constante a los “fontaneros de la Moncloa”, en la época final de Felipe González, pero esta vez con rango global.
    La diferencia entre las dimisiones en el Reino Unido y los indultos en España casi son lo de menos, pesan más las similitudes de los reguladores mirando para otro lado que han permitido que esto llegue al borde del precipicio y no pueda parar y los secretos a voces entre los expertos y familiarizados con esta actividad, que ni se sorprenden ni se llaman a escándalo, sino que, tíos listos de ojal colorado y paladar refinado, aprovechan para pescar en aguas revueltas.
    En fin, que, ya que no somos tontos o pretendemos no aparentarlo, lejos de consolar el mal ajeno, preocupa aun más.

  3. Fernando Gomá Lanzón
    Fernando Gomá Lanzón Dice:

    En Cádiz, donde tuve el placer de trabajar varios años, cuando quieren transmitir que algo no está hecho con seriedad y rigor, dicen que se hace “en plan compadre”. El ciudadano normal tiende a pensar que en las “altas esferas” políticas, económicas, culturales, las cosas se hacen de manera rigurosa y estricta, porque las consecuencias de cada acción son enormes dada la influencia de los actores.

     

    Sin embargo, no es así, y el cálculo del LIBOR que de manera tan nítida nos expone Rodrigo es ejemplificativo ¡El Libor se calculaba en plan compadre!, Cuatro bancos mal contados dando la información que les parecía bien, sin comprobación alguna, y sobre la base de estimaciones, es decir, lo que a mí me parece o me da la gana de decir. Lo que sería raro con estos antecedentes y teniendo en cuenta el volumen de dinero que se maneja, es que todos se comportaran como perfectos caballeros. El problema es que esto nos lleva a la duda muy razonable, de que otros indicadores Euribor, inflación prima de riesgo, etc están también convenientemente manipulados a la mayor gloria del que puede hacerlo y lucrarse.

     

     

  4. José Jarauta
    José Jarauta Dice:

     Siempre me ha llamado la atención la distinta manera en la que actúan las élites norteeuropeas en relación con las del sur. 

     En el norte predomina una visión hipoócrita consensuada que tiene mucho de consuetudinario. Las obras teatrales de Oscar Wilde son impagables en ese sentido.

     Disfrutaba mucho con el blog de Willem Buiter (actual economista jefe de Citigroup) en el Financial Times, curiosamente me recordaba a Wilde. 

     Es una hipocresía aceptada y tolerada, pero se actúa cuando es tan evidente que ya es imposible ocultarla y además ya no interesa hacerlo. 

     En el sur somos más cínicos, y en parte más tontos. Cualquiera que está en el ajo sabe perfectamente en qué consiste el pastel. He asistido a baños de cinismo colectivo (elitista) que me han dejado abrumado. 

     Esa incapacidad de llevar la hipocresía con elegancia (y con dimisiones y exigencia de responsabilidades cuando llega el momento),devenida en cinismo puro y duro, acaba siendo demoledora.     

     
       

    • Rodrigo Tena Arregui
      Rodrigo Tena Arregui Dice:

      Creo que esta distinción -entre hipocresía y cinismo- es, efectivamente, muy importante. Al fin al cabo la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud, según decía la Rochefoucauld. El hipócrita todavía reconoce que hay normas, pero el cínico ya ha dado un paso más y sabe que no las hay y, sobre todo, que a nadie le importa que no las haya. Por eso el paso es tan trascendental y cuando se da puede convenirse que un país está completamente perdido. En este artículo que publiqué en Claves hace unos años comentaba precisamente este tema en relación al nombramiento de Divar como Presidente del Consejo General del Poder Judicial.
      https://docs.google.com/file/d/0Bz-1Adnm5XcnOTA1OWMwZGMtZjA5My00YWMzLWI1Y2UtZGNkNDllYzhiN2Nl/edit 
       

    • José Jarauta
      José Jarauta Dice:

       No conocía el artículo, pero lo leeré con atención. Gracias por la referencia.

       Ya sabemos que en España “Las leyes…. están para violarlas”, como recientemente ha declarado José Manuel Castelao. Es difícil encontrar mayor ejemplo de desfachatez y cinismo asilvestrado. 

  5. robespierre
    robespierre Dice:

    Muy interesante la referencia a como la confianza basada en la convicción de que las partes se van a comportar honestamente ha ido desapareciendo de nuestro sistema…sin que al final las leyes o las instituciones sean capaces de reemplazarla. 
    Penny, gracias por el link, aunque sinceramente después de sus reflexiones defendiendo lo bien que les iría a los catalanes económicamente después de la independencia, el profesor Sala i Martín ha perdido parte de su credibilidad, por lo menos cuando habla como patriota catalán. Está claro que en este caso no es capaz de mantener su honradez intelectual y cabe dudar entonces de si no la pierde también en otros temas. Una pena. 

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