El catastrazo que viene (y sus daños colaterales)


El Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas se propone, durante el ejercicio 2013, revisar la valoración catastral de casi 3.000.000 de inmuebles; y ello con la previsible intención de elevar dichos valores y, naturalmente, la recaudación tributaria. Aunque el asunto ya ha sido tratado en este blog se nos presenta una nueva ocasión para hacer algunas reflexiones teóricas sobre el IBI, en particular, y sobre la tributación de los inmuebles en España, en general.

 

Nuestra Constitución establece como principio fundamental del reparto del coste del sostenimiento de los servicios públicos el de la “capacidad económica” (art. 31). Parece que la capacidad económica que se pone de manifiesto, y por ello se grava con el IBI, es la manifestada por la titularidad de un bien inmueble. Pero una mirada retrospectiva a la historia del impuesto arroja unas conclusiones bien distintas. Efectivamente, a mediados de los años 70 del siglo pasado, la figura impositiva de la que deriva el IBI, la Contribución Territorial Urbana (CTU), formaba parte de un sistema de imposición directa configurado por varios “impuestos a cuenta” (CTU, Contribución Rústica, Impuesto sobre Rendimientos del Trabajo Personal, Impuesto Industrial e Impuesto sobre Rentas del Capital) que gravaban la renta de diferente forma según su origen, mediante tipos proporcionales, y que, después, se integraban en el denominado Impuesto General sobre la Renta de las Personas Físicas (IGRPF), con una escala de tipos progresivos; de la cuota resultante se deducía lo pagado por los impuestos a cuenta, pero con la diferencia, respecto del sistema actual de retenciones en la fuente, de que nunca se devolvía nada aunque lo pagado por estos impuestos parciales superara el resultado de la aplicación de la tarifa del IGRPF, de forma que tenían una cierta autonomía respecto del impuesto general. Pero lo que nos interesa aquí en relación con el IBI es que la CTU no era un impuesto sobre la tenencia de determinados activos (sobre la propiedad inmobiliaria), sino un impuesto sobre cierta renta, aunque ésta fuera casi siempre meramente presunta por ser beneficiario del uso de la finca el mismo propietario.

 

Cuando en 1979 se llevó a cabo la reforma del sistema tributario español, el IGRPF fue sustituido por el IRPF, que pasó a gravar, de forma integral y exclusiva la renta de las personas físicas. ¿Exclusiva? No del todo, pues resultaba irresistible para la voracidad recaudatoria, y para las necesidades financieras del mastodóntico Estado que entonces empezaba a ver la luz, la tentación de no suprimir un impuesto tan cómodo de controlar y recaudar como éste (no hay fincas “sumergidas”).

 

El problema era que se evidenciaba entonces una doble imposición, pues la misma renta (en su caso presunta) del inmueble constituía el hecho imponible de dos impuestos a la vez, IRPF y CTU. La solución fue gatopardesca, como gusta decir Elisa de la Nuez: había que cambiar todo para que todo siguiera igual. Se cambia el hecho imponible, que pasa a ser la “titularidad” (en vez de la “renta presunta”) del bien; la base imponible pasa a ser el valor catastral (y no un porcentaje de éste) y se modifica el tipo de gravamen, para que, al final, el resultado en términos de cuota sea exactamente el mismo que antes. O sea: que todo siga igual.

 

Pero la multiplicación de impuestos, y en particular ésta que ahora nos ocupa, desborda, con mucho, el principio de capacidad económica como justificación de la tributación. En efecto, ¿dónde está la capacidad económica manifestada mediante los inmuebles? Cuando compramos uno el Fisco entiende que mostramos dicha capacidad (Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales); pero también exhibimos capacidad por tenerla en nuestra propiedad (IBI e Impuesto sobre el Patrimonio); y, de nuevo, cuando lo vendemos (Impuesto sobre el Incremento del Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana o Plusvalía Municipal). Y el caso es que cuando lo compramos no se manifiesta capacidad económica alguna, pues si bien es cierto que antes no teníamos la casa, sí teníamos el dinero con el que la estamos comprando, dinero debidamente sometido a gravamen por IRPF cuando lo obtuvimos mostrando en ese momento una capacidad que ahora retorna resurrecta al comprar el inmueble. O, peor aún, hemos pedido el dinero a préstamo, hipotecando el bien que adquirimos, lo que demuestra no ya la ausencia de capacidad económica, sino una auténtica “discapacidad”. Y si en la base del Impuesto sobre el Patrimonio podemos deducir la deuda garantizada con la hipoteca, no ocurrirá lo mismo con el IBI, pues para este impuesto tan capaz económicamente será el que ha heredado la casa como el que no llega a fin de mes porque tiene que pagar el préstamo. Y, finalmente, no se ve por ningún lado la capacidad económica que aflora cuando vendemos la casa, pues si es muestra de capacidad para el Fisco comprarla, debería, de forma simétrica, ser lo contrario cuando la vendemos. Y el Impuesto sobre el Incremento de Valor de los Terrenos se devenga tanto si hemos ganado dinero en la venta como si lo hemos perdido por vender por necesidad a precio más bajo que el de adquisición.

 

No nos engañemos: el IBI existe porque hay que sacar dinero como sea y las casas son un blanco fácil y cómodo para obtener ingresos públicos. Tan fácil y cómodo como resulta en esta figura impositiva eludir el principio de reserva de ley del Derecho Tributario. Según el artículo 8.a de la Ley General Tributaria todos los aspectos, excepto los fácticos, determinantes de la cuota a ingresar por el contribuyente están reservados a la Ley y no a la propia Administración.

 

Pero no hay nada de fáctico en el valor catastral. Es el propio Catastro, órgano administrativo, mediante las llamadas “ponencias de valoración” el que establece unilateralmente los parámetros cuantitativos del Impuesto en base a una presunta “objetividad” valorativa sin posible contraste con la realidad. Puro poder ejecutivo fijando los elementos determinantes del importe de la cuota. Y la cosa es aún más grave porque el valor catastral no sólo sirve de parámetro básico en el IBI, sino que esa valoración administrativa se extiende a otras figuras que gravan los inmuebles, como el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales (pues es un elemento clave en los “valores reales” que considera la Administración para pasar por encima de los valores declarados por el adquirente), el Impuesto sobre el Patrimonio a la hora de valorar el patrimonio inmobiliario, y la Plusvalía Municipal, cuya base es, precisamente, el valor catastral del suelo de la finca transmitida.

13 comentarios
  1. Quasimontoro
    Quasimontoro Dice:

    Hoy elconfidencial.com abre con el mapa del desempleo, en varios colores para destacar la gravedad de la crisis de la economía española y su diversidad territorial. La crisis de la economía es en parte consecuencia pero también causa de la crisis del estado español, crisis financiera pero sobre todo crisis de gestión porque el sistema de gobierno está controlado por políticos ineptos y corruptos. En este contexto, no sorprende que estos mismos políticos encuentren que una manera expedita de salir del mal trance es aumentando la recaudación impositiva, pero cualquier propuesta de aumentar la recaudación debe tomar en cuenta, además de ese contexto, la totalidad de las finanzas públicas. Cualquier análisis prospectivo de la economía española seguramente indicaría que su crecimiento sostenido a una tasa razonable (uno o dos por ciento anual) requiere una de dos cosas y preferiblemente las dos: una reducción importante de la carga impositiva, o un cambio profundo en la composición del gasto público. Por supuesto, ninguna de estas dos condiciones parece factible en un futuro próximo.
     
    Dejando de lado la necesidad y la urgencia de reducir el monto total del gasto público para adecuarlo a una menor carga impositiva y de cambiar profundamente su composición, el análisis de cómo financiar el nivel previsto de gasto púbico en los próximos 10 años debe partir reconociendo que la única fuente será la recaudación de impuestos del período. En circunstancias normales, el Estado podría financiarse también con impuestos futuros (es decir, a pagarse después de los 10 años) y señoreaje (es decir, con ingresos generados por los sistemas de pagos internos e internacionales pero se puede suponer que estos ingresos ya han sido asignados a los bancos y otras entidades gestoras de estos sistemas) pero en los próximos 10 años no son alternativas. Precisamente tomo como referencia un período de 10 años para destacar que el alto nivel inicial de la deuda contractual del Estado que debería servirse con impuestos futuros implica una restricción grave para su aumento al término de los 10 años –podrá aumentar al principio de los 10 años pero al término tendrá que haberse reducido a por lo menos su nivel inicial. Otro punto importante es que normalmente las transferencias unilaterales del exterior (ayuda externa) no son una fuente de financiamiento del Estado español, aunque la crisis haya llevado a todo tipo de propuestas para obtener rescate –ojalá incondicional, pero si condicional, ojalá con condiciones irrisorias– haciendo gestos propios de desesperados o de indignados al resto del mundo, y en particular a Alemania. Muchos economistas han apoyado estas propuestas con argumentos grotescos (supuestos beneficios para el donante o peor todavía la solidaridad) que ignoran la experiencia mundial de los últimos 50 años (digo 50 años para excluir la ayuda luego de la Segunda Guerra). 
     
    Si en los próximos 10 años no se disminuye el gasto público y hay que financiarlo en su totalidad con recaudación impositiva, entonces la recaudación tendrá que ser mucho mayor que en los 10 años anteriores. Cualquier análisis económico elemental de los impuestos distingue para cada uno de los impuestos entre base y tasa, pero además tiene en cuenta que el monto total de recaudación de todos los impuestos será menor que la simple suma de las recaudaciones estimadas para cada impuesto suponiendo constante las recaudaciones de los demás impuestos. Como ha probado la experiencia de Argentina y otros países con problemas fiscales similares, cuando se intenta aumentar la recaudación de un impuesto, el efecto sobre el monto total de la recaudación es menor porque disminuye la recaudación de algunos otros impuestos, y en los casos extremos (Argentina) este efecto puede ser cero o incluso negativo. Pero, como ya dije, para cada impuesto hay que distinguir entre base y tasa, distinción que es importante porque cuanto mayor es la tasa, muy probablemente menor será la base (no de manera inmediata pero sí luego de algún tiempo) y por eso en economía se habla de una tasa óptima desde el punto de vista de la recaudación, es decir una tasa que maximiza la recaudación. Por tanto, cualquier propuesta de aumentar la tasa de un impuesto debe tomar en cuenta el efecto sobre su propia base y también el efecto sobre la recaudación de otros impuestos. Y cualquier propuesta de expandir la base de un impuesto (por ejemplo aumentando el valor de los bienes inmuebles sujetos al impuesto inmobiliario) tiene un efecto negativo sobre la recaudación de otros impuestos y genera evasión y presiones para reducir su tasa. No es fácil determinar la magnitud de estos efectos pero no se pueden ignorar. 
     
    Aunque admito mi ignorancia sobre los detalles del sistema impositivo español, mi impresión es que los intentos de aumentar la recaudación impositiva total fracasarán porque irán acompañados de reducciones en las bases (especialmente el IVA) y de una creciente evasión que un Estado gestionado por políticos ineptos y corruptos no será capaz de evitar (en realidad, si fueran personas integras lo primero que harían es publicar regularmente declaraciones completas de todos los impuestos pagados y pedirían una verificación inmediata de estas declaraciones por personas calificadas). Yo apuesto que la recaudación impositiva total del Estado español en 2013-2022 medida por la relación promedio anual entre esa recaudación y el PBI no será mayor que el promedio anual en el período 2003-2012.  Y que por lo tanto, el Estado español tendrá que reducir fuertemente su nivel de gasto, o alternativamente no pagar sus obligaciones legales y contractuales. 

    • Fernando Gomá Lanzón
      Fernando Gomá Lanzón Dice:

      Y este efecto que señala de que el intento de aumento de recaudación de un impuesto puede llegar a ser incluso perjudicial para la recaudación total se agrava cuando, como se expone en el artículo, en el caso del IBI la justificación teórica de su existencia, más allá de que sea “fácil de cobrar”, es más que dudosa, hecho que es percibido por los ciudadanos.

       

      Es muy mala política fiscal la de ir a los caladeros fáciles, a los que te dan rápidamente y con poco esfuerzo resultados, mientras que los enormes agujeros recaudatorios no son tapados e investigados adecuadamente. Todos conocemos profesiones en las que absolutamente sabido que una parte importante de sus ingresos permanece oculta, mientras que después se multa a los que tienen todos sus ingresos a la vista por cuestiones nimias, por errores involuntarios a veces, cuando en ocasiones lo que deberían, cuando los investigadores observen una adecuada actitud cívica, es felicitarle y ayudarle sin penalización a corregir los errores observados.

  2. jorgescc
    jorgescc Dice:

    El autor del post da en en clavo: la nueva revisión de las bases catastrales trae causa exclusiva de que los inmuebles, por definición, no se pueden desplazar, y por tanto no pueden evitar el ser masacrados fiscalmente.
    Esto resulta tan evidente que los gerentes y gurús del Estado caníbal lo afirman sin reparos.
    http://elunicoparaisoeselfiscal.blogspot.com.es/2011/12/el-paraiso-fiscal-contra-el-estado.html 

    Lo que nos separa de la absoluta barbarie es que aún recordamos levemente cómo era el aroma de la fragancia de la civilización. 
     

  3. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Anoche me comentaba un amigo gallego, hablando de la donación de Amancio Ortega a Cáritas y de las críticas que, inusitadamente ha generado en ciertos sectores de opinión, que lo que se critica es que ese ciudadano paga pocos impuestos porque tiene “sociedades”. Mi respuesta fue que, si bien desconozco la organización fiscal de tan brillante empresario, nacido en Busdongo (León) y que empezó de menos de nada (según dice O’Shea, al ver que a su madre ya no la fiaban), seguro que pagaba el IRPF de sus retribuciones personales, el IS de sus sociedades, si cobraba dividendo sufría una retención, pero además, el IBI de todos sus inmuebles, que no son pocos y entre él y los trabajadores de todas sus empresas aproximadamente 1/3 de cada nómina todos los meses a las arcas públicas. Luego traté de explicar que el dueño de Ikea, aunque sea Sueco y se suponga que todos los suecos (nórdicos) pagan muchos impuestos y todos los españoles (latinos) defraudan, mientras se organicen conforme a Derecho no hay nada que reprochar legalmente, respetando cualquier posición ética que pueda plantearme, de la que, claro, puedo discrepar porque las máximas éticas son individuales si existe la libertad, como demuestra Kant. Pues bien, estoy de acuerdo con el post de JM Morote. La cuestión que plantean los impuestos por la mera tenencia de patrimonio (si el mismo se obtuvo legalmente) es que multiplican el gravamen (para adquirir un bien hay que producir un excedente o ahorro que sale del trabajo o inteligencia, cuyo esfuerzo tributa al tipo de IRPF o sociedades correspondiente). La inflación deprecia el valor del inmueble (e incrementa el % tributario, si no se deflacta, claro) con lo que un impuesto genera una depreciación adicional: esto es, si se adquiere un bien a valor 100 todos los años pierde el – 0,3% (v.g.) de la inflación y el -0,0??% del IBI. Como los españolitos ahorran en inmuebles y especulan con ellos (cosa que no sucede entre los nórdicos, que ahorran en fondos de pensiones, porque se fían y sus gestores y tribunales funcionan), y como se les ha inducido a adquirir inmuebles desde su más tierna infancia pues es fácil someter este activo (creo que el principal de la clase media española) a imposición adicional. Ya nos han quitado más de un mes de renta per cápita de ayudas a la banca en 2010, tributamos como nórdicos. Casi que lo único que consuela es hablar con un amigo de Nueva York y que te diga lo que pagan al año de impuesto sobre inmuebles…En fin, esto se alarga demasiado (perdón). Se trata de que los que no hemos estado en la fiesta, sino trabajando y ahorrando, tenemos ahora que pagarla, pues los que se divertían dicen que no les queda nada…y luego les extrañará que la gente se vaya a Luxemburgo con su dinero o que crezca la economía sumergida. A pagar se ha dicho.

    • Jesús Casas
      Jesús Casas Dice:

      Perdón de nuevo: y al adquirir un inmueble pagar IVA o ITP, plusvalías en IRPF y municipal el que vende, o ISD si la transmisión en mortis causa o a título gratuito, más la plusvalía siguiente, etc., ¿no?

  4. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Somos “titulares” de inmuebles en diferentes partes de España y en alguno de ellos hace ya tiempo que se revisaron los valores catatrales que se multiplicaron –en plena burbuja– por algo así como tres o cuatro veces los precedentes.

    Como resultado de esta decisión administrativa se inició un  periodo de diez años que ya al cuarto año había duplicado el IBI que seguirá creciendo hasta por lo menos triplicarlo o cuadruplicarlo.

    Hemos hablado de esto en alguna ocasión cuando el autor tuvo a bien explicar los seis, siete u ocho impuestos, todos arbitrarios y expropiadores, que inciden sobre la vivienda (y por lo tanto sobre el ahorro de gran parte de la población).

    No voy a quejarme porque afortunadamente y de momento podemos pagarlo.
    Pero ya conocemos gente que tiene que elegir entre pagarlo y comer o vender en un momento que no se vende nada. Ayer estuvo en la cena un amigo en esta situación.

    En unos días se enfrenta a 12,000 euros de IBI y no tiene liqidez, ni renta para ello y tampoco puede vender nada porque nada se vende.

    Está considerando seriamente la Dación en Pago (al Estado) porque ya tiene valores catastrales superiores a esa entelequia que llamamos mercado.

    Pero no quería hablar de esto sino de las implicaciones de una economía con este grado de penalización del ahorro y de persecución patrimonial de sus ciudadanos.

    Muchas viviendas, si sus propietariios hiciesen números como los hace un financiero, ofrecen un Valor Actual Neto Negativo simplemente consideramdo los Cash-Outflows que produce para los próximos diez o veinte años.

    No es sólo el IBI, es el IRPF cuya renta Imputada (falsa por varias razones) es bastante superior al IBI y Patrimonio idem de idem. No sigo pero hay más impuestos sobre la vivienda. 

    En estas condiciones comprar una 2ª vivienda es el equivalente de una condena de por vida y una decisión irracional.

    Todo el programa de recuperación de solvencia (políticas de reducción del déficit) está dirigido a volver a iompulsar otra burbuja crediticia ¿Haciendo qué, me pregunto,? porque no hay fábricas apenas y comprar casas una estupidez emocional.

    ¿Qué tendrá que hacer esta economía para generar trabajo productivo?
    ¿puede hacer algo?

    Lo que asusta de todo esto es que en vez de gobiernos pensantes tenemos al volante a auténticos zombies que no piensan y sólo saben hacer lo que les mandan para los próximos cinco días.

    Han destrozado todo un sistema productivo que dejaba vivir casi sin desempleo a 37 millones de habitantes y lo han hecho en menos de 30 años.
    Esta es la tragedia que tenemos entre manos. Esta es la piedra de molino que llevamos al cuello y nos hunde. El IBI  es un boton de muestra.

    Buenas tardes

  5. Curro Arriola
    Curro Arriola Dice:

    Verdad es que se tira a lo fijo (losm inmuebles) porque es más fácil darle.
    Pero señores, reflexionemos un poco.
    Tenemos un Estado cuajadito de instituciones eficacísimas; el Senado, el Defensor del Pueblo, innumerables subvenciones para cosas muy necesarias… tenemos unas CCAAs maravillosas, que para asegurarse de que esas instituciones logran sus benéficos propósitos las duplican, y así existen la tira de Agencias de protecciones de Datos, de defensores de los pueblos, de los menores, embajadas de todo tipo… tenemos ay untamientos con curiosísimas competenciias, muchas de las cuales se han tratado en este blog, incluyendo hacer tranvías perfectamente inútiles como el de Barcelona por la Diagonal; tenemos Diputaciones para colocar caciques; tenemos tantos aeropuertos que a duras penas queda aire libre para que vuele un gorrión (tres en el País Vasco, pej) y varios cerrados; tenemos estaciones de AVE al lado de la finca de políticos que se han hecho riquísimos (honestamente, claro); y ¡vamos a organizar -si nos dejan-unas Olimipiadas en Madrit, y unos casinos que los yanquis se morirán de envidia!
    ¿Se creen Uds que tanta bendición es gratis?
    Y con la recaudación por el suelo, porque si nadie gana un duro ¿quién va a pagar IRPF, Sociedades? si no se vende un ladrillo, ¿dónde va el ITP? Etc etc… si no se recauda, digo, ¿de dónde se creen que vamos a pagar todas esas maravillas que las administraciones nos proporcionan?
    Un buen ejemplo: se acerca el 6 de Diciembre, Día de la Constitución. En ese día, hagan la prueba, vayan al Congreso: ¡les dejarán entrar gratis! ¡Sentarse donde posan sus posaderas Sus Señorías! Y hasta con suerte les regalarán un bolígrafo y hasta un globito.
    ¡Ah picaruelos! Mucho protestar por los impuestos… ¡pero el globito bien que se lo llevan, no?
    Seamos serios; si lo único que queda para que tribute es lo inmobiliario… ¡Pues IBI al mono hasta que hable inglés!
     

  6. Cruz
    Cruz Dice:

    Con la alianza entre iuspositivismo y estatismo hemos conseguido un sistema tributario perverso, en el que los principios rectores han desaparecido de la práctica. ¿Qué capacidad económica tiene alguien (como el amigo de Manu) que carece, no ya de liquidez sino de opciones para obtenerla a corto plazo? Por desgracia hoy es un caso bastante generalizado. Como venís comentando,la voracidad depredadora de la Administración se manifiesta especialmente respecto a los inmuebles así como la ausencia de lógica jurídica en el planteamiento y aplicación de los tributos que les son propios, pasando olímpicamente de una realidad social de profunda crisis económica que afecta a la mayoría de contribuyentes.

    Como la ley del IBI marcaba un tipo máximo del 10%, lo subimos con autorizaciones por decreto, que es más importante la supervivencia de la Administración que la de los simples ciudadanos.Total, son muchos y su desaparición no se nota. Como no es bastante, hacemos una revisión de valores para subirlos a nuestro antojo. Eso sí: Usamos “nuestras” tablas y sistemas de valoración aunque se parezcan a la realidad como un huevo a una castaña. Porque claro, todo el mundo sabe que el 100% de las transacciones inmobiliarias lleva aparejado un pago en negro con la aquiescencia del notario autorizante, que se lleva su pellizquito. Por eso también en TPO aprovechamos para pasar del precio efectivo de venta incluso en el caso de que esa venta sea por necesidad imperiosa y el inmueble salga por cuatro duros. Que si no los precios medios de mercado salen muy bajitos y no, que las casas nunca bajan de precio, siempre sube. El mercado inmobiliario nos dice lo contrario desde hace más de un lustro pero nosotros sabemos más, a fin de cuentas somos Dios. Y en IRPF y Patrimonio nos inventamos unas rentas teóricas percibidas que no compensamos con los obligados costes de mantenimiento que, como son reales y altos, igual nos obligan a devolver pasta por rendimientos inmobiliarios negativos, cosa imposible como todo el mundo sabe.

    Estoy harta.

    • Jesús M. Morote
      Jesús M. Morote Dice:

      “Porque claro, todo el mundo sabe que el 100% de las transacciones inmobiliarias lleva aparejado un pago en negro con la aquiescencia del notario autorizante, que se lleva su pellizquito”, nos dice Cruz.
      Con toda brevedad quería aclarar:
      1) Que el notario autorizante en las compraventas no sabe el precio real que se paga. Puede que sospeche algo en algunas transacciones, pero no es su función profesional indagar eso (para lo que están los Inspectores de Hacienda).
      2) La declaración de un precio inferior al real no sólo no supone “pellizquito” alguno para el notario autorizante de la escritura (¿por qué nadie iba a pagar nada al notario por eso?) sino que, al contrario, supone una pérdida para el propio notario, pues éste aplica el arancel sobre el precio declarado en la escritura (inferior al real, si es como dice Cruz), resultando inferiores los honorarios del notario a los que serían si el valor declarado fuera el real superior.

  7. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Muy buen post como siempre, Jesús, y gracias por la cita. Lo que bien describes es tan cierto que dan ganas de llamar a la rebeldía fiscal, no en forma de impago de impuestos, sino de recursos contra las nuevas valoraciones catastrales, porque me imagino por donde va a ir la objetividad de los valores. ¿No se ha depreciado el valor de cualquier inmueble en España? Pues eso es lo que tienen que reflejar las nuevas valoraciones catastrales ¿o me he perdido algo? 

  8. Cruz
    Cruz Dice:

    Estimado señor Morote, siento no haber transmitido bien el modo irónico del comentario. Es probable que hasta hace algunos años fuera tónica general hacer pagos en B o declarar valores inferiores a los pactados para eludir impuestos. Y efectivamente, es Hacienda quien tiene la obligación de indagar y comprobar si hay disparidades. Hoy es relativamente fácil cruzar bases de datos ante cualquier indicio, pero, en vez de eso, se da por hecho el fraude. Que pregunten a quienes han comprado siguiendo la promoción de los bancos con descuentos increíbles, publicitadas más que de sobra, con hipotecas del propio banco apoyadas en nóminas y han tenido que pagar un sobrecoste en TPO… Demasiadas presunciones que cierran los ojos ante la realidad actual.

    • Jesús M. Morote
      Jesús M. Morote Dice:

      Lamento no haber captado suficientemente la ironía de su comentario, Cruz. En todo caso, valgan mi aclaración y la suya por si hay algún despistado más,

  9. Jose21
    Jose21 Dice:

    Quién no recuerda de la niñez los cuentos de Alí Babá y los cuarenta ladrones. Leyenda que nos dejó perplejos aquellos años, dejándonos la idea de aquellos famosos ladrones de tez morena tostada por el sol, usaban un gran sable curvado y vivían en una oscura cueva cavernaria que se abría con una famosa frase, allí se reunían en grandes comilonas y repartían el botín. Nunca pensábamos que íbamos a encontrarnos con dichos personajes, y es que la realidad supera la ficción. En estos tiempos los emuladores de aquellos personajes sabotean y saquean igualmente a la ciudadanía, eso sí, están ubicados en sus grandes despachos y su tez es totalmente pálida y en vez de usar los sables de aquellos se limitan a pulsar el botón de su superordenador catastrador para el saqueo y en vez de aquella cueva se ubican en grandes edificaciones que empequeñecen al ciudadano con sus grandiosos despachos, salones, y anchas escaleras de mármol, repartiendo el botín en clientelismos y amiguetes y repartiendo demagogia por doquier.

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