Una política sin metasentimientos

Que el adecuado manejo de los sentimientos de los ciudadanos es un componente imprescindible de la práctica política es algo perfectamente estudiado desde tiempos de Aristóteles. En su Retórica explica que si un político quiere mover a sus oyentes a la ira, ya sea para incitarles a la guerra o por cualquier otra finalidad que considere particularmente conveniente, lo primero que necesita es inculcar en su auditorio una creencia, como que los persas han cometido una grave injusticia con los atenienses. Esa creencia puede ser verdadera o falsa, pero eso es lo de menos con tal de que sea creencia. Aristóteles viene a demostrar así que es imposible inculcar un sentimiento de agravio u ofensa sacándolo de la nada. La mera descripción del sentimiento, por mucho que se invoque, es incapaz de suscitarlo. Se necesita algo más. Pero eso sí, una vez que ese algo más concurre y se da por supuesto, entonces la retórica puede descansar exclusivamente sobre los sentimientos.

 

Esta reflexión es un primer paso imprescindible para afrontar adecuadamente la deriva demagógica a la que tan fácilmente tienden los políticos en España, casi siempre por razones electorales a corto plazo. Cuando el Sr. Mas manifiesta que “Cataluña no sobrevivirá sin Estado propio” está desarrollando una retórica, incomprensible para el resto de España, pero que ha sido trabajada durante mucho tiempo en Cataluña a nivel de creencia. Contestar a esa afirmación desde el sentimiento contrario, con invocaciones a que “fuera de España y de Europa no hay futuro”, es absolutamente inútil, tanto con relación a los ciudadanos de Cataluña, que parten de una creencia contraria, como a los del resto de España, que mayoritariamente no tiene ninguna. Por ello, la única contestación eficaz estriba en entrar en detalle y destruir -o al menos poner en duda- la creencia del “expolio” que subyace a la retórica independentista más radical. Por supuesto siempre habrá atenienses con un odio instintivo a los persas, pero hay que presuponer que la mayoría racional será proclive a moderar su sentimiento de indignación si se les demuestra que los persas no han actuado tan injustamente o que esa injusticia tampoco es tan grave.

 

Por eso, una de los efectos más sorprendentes de la actual deriva soberanista es que el discurso gire casi exclusivamente sobre las ventajas o inconvenientes de una Cataluña independiente, como si eso fuese lo único que estuviese en juego. Se da por supuesto que es perfectamente natural romper un país en el que se ha convivido tanto tiempo si así lo aconseja un simple cálculo utilitarista. Sin duda es ahí donde a algunos les interesa colocar el debate, pero hacerlo implica saltarse de golpe varias fases de la discusión, especialmente la que pone en duda las presuposiciones que justifican dar semejante paso. No obstante, es necesario admitir que tras ese sincero esfuerzo por discutirlas puede ocurrir que todos nos llevemos alguna sorpresa. Que convengamos, por ejemplo, en que no existe efectivamente tal “expolio”, pero sí un trato injusto si comparamos la situación de Cataluña con las de otras Comunidades Autónomas, como Navarra o el País Vasco. Si tal cosa ocurriese sería sin duda algo extraordinariamente positivo, porque en el momento en que todos los ciudadanos españoles lleguemos a compartir las mismas creencias compartiremos también los correspondientes sentimientos, la comunicación será posible y la retórica demagógica tendrá sus días contados.

 

El problema es que nuestros partidos políticos no parecen estar muy interesados en discutir racionalmente esos presupuestos. Quizás porque la solución que resultaría de ello no pasaría por extender a Cataluña los privilegios del País Vasco y Navarra, sino por suprimirlos, diseñando así un régimen fiscal más justo y equilibrado. Es obvio que esta conclusión no interesa ni al PP ni al PSOE (como han demostrado estas elecciones vascas) ni por supuesto a CIU, que, una vez consolidada la correspondiente creencia, espera rentabilizar rápidamente su ganancia en el mundo de los sentimientos. Y si esta actitud es posible y está tan extendida en nuestro país es porque los políticos españoles se mueven siempre por el cálculo utilitarista más pedestre, sin ninguna visión del Estado a largo plazo y pensando exclusivamente en sus intereses particulares. En este aspecto la única diferencia entre los políticos nacionales y los nacionalistas es el número de circunscripciones en las que se presentan, pero eso no implica para los primeros una mayor preocupación por los intereses generales, al menos no por encima de los propios.

 

No existe ningún contencioso digno de ese nombre entre los catalanes y entre el resto de los españoles. Lo que existe es un contencioso entre partidos políticos por mayores cuotas de poder partitocrático, cuyas principales víctimas son los propios ciudadanos a los que se pretende convertir en cómplices por la vía de manejar sus sentimientos. La conclusión es que estas derivas tan ricas en fuegos de artificio son un efecto más del actual malestar de la democracia española. En ese malestar no hay ninguna particularidad nacionalista, puesto que todos lo padecemos por igual, y dado que los vicios son generales las soluciones deberían ser idénticas: modificación de la ley electoral, reorganización territorial, independencia de los reguladores, rendición de cuentas y transparencia. Aspirar a la independencia sin resolver primero estos problemas es como pretender curar una leucemia a base de amputaciones. Los pedazos resultantes portarán el mismo mal, con el agravante de que, más debilitados todavía frente a la enfermedad, serán incapaces de ayudarse entre sí. Por el contrario, comenzar por curar la enfermedad tiene la ventaja añadida de que la amputación pasará a ser cada vez menos interesante.

 

Los sentimientos no son necesariamente malos en política, es más, el verdadero problema es la endémica ausencia en la sociedad española de un tipo especial de ellos: los metasentimientos.  Castilla del Pino se refería con esta expresión a los sentimientos provocados por otros sentimientos, sobre los que Séneca reflexionó también con mucha lucidez. Siento ira, pero la simple conciencia de sentirla me suscita otro sentimiento, el de vergüenza por dejarme llevar por ella sin la suficiente reflexión. Es precisamente ese metasentimiento es el que me lleva a pensar -decía Séneca- que el que no me hayan reservado el sitio de honor en la velada ha sido seguramente sin mala intención, que quizá alguien lo merezca más y que, en cualquier caso, no es tan importante.

 

Ante la clamorosa ausencia de responsabilidad por parte de nuestros políticos, y ante su decidido interés en manejar nuestros sentimientos, deberemos hacer el esfuerzo de proveernos de una gran cantidad de metasentimientos para contrarrestarlos. Valdrá la pena, porque si hay un país que ha demostrado a lo largo de su historia dónde puede llevar una política sin metasentimientos es, sin duda, el nuestro.

29 comentarios
  1. Quasimontoro
    Quasimontoro Dice:

    Rodrigo,

    1.  Lamento no entender a qué se refiere cuando habla de meta-sentimientos (no pude bajar el texto de Castilla del Pino donde explica la idea), pero me temo que estamos entrando en un terreno muy malo para que podamos entendernos. Sí entiendo que se diga que los políticos y sus periodistas cómplices manipulan los sentimientos de la gente para lograr una intensidad (pasión, ira, odio) que nuble e impida cualquier intento de conversación o debate o deliberación razonada. ¿Qué se puede hacer contra esos monstruos?  Una vez que se apoderan de la tribuna es difícil, pero quizás se pueda lograr que se “maten“ entre ellos –la estupidez a que lleva la ambición codiciosa debe ser explotada para ese fin– pero me temo que es una estrategia condenada al fracaso porque la oferta de ese tipo de gente es infinitamente elástica. Yo sigo pensando que la solución está en reducir fuerte el beneficio de apropiarse de la tribuna.    

    2.  Usted menciona el cálculo utilitarista en dos situaciones distintas pero se equivoca en las dos. Ningún político hace tal tipo de cálculo porque la ambición codiciosa domina la razón, aunque sí le puede pedir a algún economista leal que le haga uno a su medida. Por ejemplo, todos los cálculos sobre los beneficios y costos de la secesión de Cataluña son una burla a la teoría económica y a la integridad en el uso estadístico de los datos, sean a favor o en contra. Sus autores por lo menos deberían haber  intentado justificarlos en base a la larga historia de la investigación económica de las secesiones, pero no lo hicieron. Y en el segundo caso, los políticos no dan a conocer los resultados de las evaluaciones solicitadas a sus economistas leales, pero cualquiera que haya sido asesor económico (y por lo tanto profesional del cálculo de costos y beneficios) sabe muy bien que le pasa a sus evaluaciones cuando su asesorado en un ambicioso codicioso y por lo tanto debe manipular los resultados si quiere seguir en su puesto. 

  2. Javier Serra
    Javier Serra Dice:

    A mí el post me parece enormemente oportuno y agudo. En situaciones límite como la que afrontamos, es creativo centrarse,  más que en propuestas concretas, en el método para parirlas. El artículo toca un punto clave en este sentido (¿corazón o cabeza?, ¿razón o sentimiento?) y lo hace diciendo lo que hay que decir. El sentimiento, la emoción, la fe son fundamentales. Sin ellos no somos nadie, no hacemos nada. Pero no hay que olvidar de dónde vienen y adónde van. Al fin y al cabo son lógica enlatada: mecanismos que la evolución ha colocado en nuestro cuerpo para asegurar que, ante cierto estímulo, reaccionamos de forma adecuada para nuestra supervivencia. Por eso, no sobra pasarlos por el tamiz de la razón, en los dos extremos: para comprobar la validez del estímulo (las “creencias” que menciona Rodrigo) y sobre todo adónde nos llevan (porque si es a la confrontación, no hay más que hablar: en algún eslabón de la cadena la lógica habrá quebrado).  Y, por fin, el post cierra el círculo perfectamente: el golpe de timón se da con otro sentimiento, el llamado “metasentimiento”, concepto que no conocía y que encuentro clarividente. Todo es eso a la postre: el arte de cocinar los sentimientos propios y ajenos… para ir a buen puerto, claro, porque si no, no tiene sentido el ejercicio. Así que he disfrutado, en efecto, con el artículo. 

  3. Lucía de las Heras
    Lucía de las Heras Dice:

    Lo que en otros ámbitos de la vida (en la amistad, en el amor, en el arte) puede ser bueno, en política no suele serlo, pues en los asuntos públicos debe prevalecer la racionalidad y el pragmatismo.

    Vargas Llosa dice que él reserva la emoción para su creación literaria (gran literatura, por cierto) pero en política él defiende las soluciones que de manera empírica y contrastada han llevado prosperidad, libertad y paz a los pueblos: o sea, la economía de mercado y la iniciativa privada combinadas con actuaciones de protección social para los más desfavorecidos.

    De una u otra forma, todos nos hemos emocionado con El Manifiesto Comunista a los 16 años, pero después, tras comprobar el derrumbe económico y la corrupción de los sistemas colectivistas, hemos comprendido que donde no hay estímulo personal, competencia empresarial y confrontación de programas políticos, no anidan la democracia ni la prosperidad.

    La palabra “carisma” me resulta atroz. Los personajes carismáticos   han llevado siempre a sus pueblos a la ruina y la destrucción.

    No me gustan los santones. No me gustan los jueces-estrella. No me gustan los telepredicadores. Me gusta la gente plana, la gente gris que trabaja eficazmente sin llamar la atención. Me gustan los jueces callados, los héroes del silencio. Me gustan los políticos eficaces que son más bien feotes y no dan bien en la televisión. 

  4. Francisco J. Fernández Cabanillas
    Francisco J. Fernández Cabanillas Dice:

    Recomiendo “Storytelling: La máquina de fabricar historias y formatear las mentes” de Christian Salmon, Ediciones Península, 2008. Christian Salmon desvela cómo una buena historia es la nueva arma de distracción masiva que los políticos utilizan para vender sus mensajes al público. La narración como una manera de simular, convencer y movilizar a la opinión pública. Desde hace unos años, el arte de contar historias se ha convertido en el arte de la manipulación. 

  5. JJGF
    JJGF Dice:

    Hombre, Quasi, te pasas un pelo. Dicho eso, separar totalmente razon y sentimiento es algo casi imposible en la mayoria de los ambitos vitales. Deseable a veces, pero no por ello mas facil. Y no hay que remontarse a Zubiri y su “inteligencia sentiente, sentimiento afectante y voluntad tendente”… 

    en cuanto a lo que se entiende por creencia tampoco hay coincidencia con Aristóteles en muchos otros pensadores relevantes, y no me refiero a la religion. Solo desde las creencias puede uno proyectar una vida plena, madura, consciente.

     

    • Quasimontoro
      Quasimontoro Dice:

      JJGF,

      Para escribir mi comentario busqué en internet análisis del concepto de meta-sentimiento. Encontré poco y nada que me permitiera aclarar el concepto. Como dije no pude bajar el artículo de Castilla del Pino a que se refiere Rodrigo. Si usted puede colgar un enlace a ese artículo se lo agradeceré.

      Sin necesidad de introducir el concepto de metasentimiento, ya tenemos bastante confusión con los otros conceptos que se están usando. En todo caso, yo distinto claramente entre creencias y sentimientos y podría extenderme diciendo que los políticos y sus periodistas intentan manipular ambos –las creencias para que la masa acepte cualquier cosa que ellos venden como verdad y los sentimientos para motivarlos a hacer algo necesario para los intereses de ellos. Si me limité a los sentimientos es porque ese es el tema del post de Rodrigo.

      Espero que usted me ayude a aclarar el concepto de metasentimiento y su contribución al análisis de la política. 

    • Rodrigo Tena Arregui
      Rodrigo Tena Arregui Dice:

      El concepto de metasentimiento está tomado de Castilla del Pino, efectivamente, pero su indudable aplicación a la política ha sido muy bien desarrollada por F. J. Espinosa Antón en un trabajo muy interesante sobre Spinoza (La razón afectiva en Spinoza), en El gobierno de los afectos en Baruj Spinoza, Ed. Eugenio Fernández y María Luisa de la Cámara, Trotta, 2007, p. 79.

      Sabemos que las ideas también son sentimientos y los sentimientos ideas, constituyendo un círculo continuo de causas y efectos recíprocos. Los metasentimientos son sentimientos originados por nuestros sentimientos. Su relación con Spinoza es muy evidente, pues éste ya afirmaba en la Ética que “El alma humana percibe no sólo las afecciones del cuerpo, sino también las ideas de estas afecciones”, E, 2, 22.

      En cuanto a las relaciones de Spinoza con la política son tan conocidas que estoy seguro de que Quasimontoro no pedirá explicaciones al respecto, pero aun así avanzo una:
      Nos encontramos en una tienda abandonada por sus dueños en la que vemos que la gente coge lo que quiere y se lo lleva sin pagar, y sentimos un instintivo deseo de hacer lo mismo, pero lo que nos lo impide no es tanto el seco razonamiento lógico, como la vergüenza de imaginarnos corriendo con el televisor. En ese momento no pensamos en el tendero, sino en nosotros mismos. Sólo si la vergüenza y el sentimiento de indignidad es lo bastante fuerte venceremos el afecto contrario. Ostentamos un cargo público y observamos que algunos de nuestros compañeros reciben sobornos, prevarican o roban con general impunidad y sufrimos el consiguiente sentimiento de considerarnos imbéciles por no hacer lo mismo. Es cierto que el puro conocimiento de lo que nos es verdaderamente útil produce un digno efecto contrario, pero en la mayoría de las ocasiones resulta mucho más potente el derivado del metasentimiento. Somos líderes políticos de una Comunidad Autónoma y observamos que empleando una demagogia desatada conseguimos buenos resultados electorales. Sólo si el sentimiento de vergüenza por pertenecer a esa clase de políticos que arruinan sus naciones es superior a la tentación estaremos en condiciones de resistirla.

      ¿Qué es lo que origina los metasentimientos? No el puro conocimiento de las causas. Los metasentimientos tienen su origen en la existencia de un mecanismo interno de control emocional, en un dispositivo de ajuste cuasi automático Ese mecanismo puede haber sido adquirido de forma inconsciente, lo que suele ser lo normal, o también constituir un artilugio creado por la propia razón, consciente de su necesidad. Ese mecanismo o artilugio es una regla de vida.
      Es precisamente la magnitud de la distancia entre el acto imaginado como posible y la regla de vida impuesta o autoimpuesta lo que determina la potencia del correspondiente afecto. La vergüenza que me genera verme a mi mismo corriendo con el televisor es un afecto tanto más potente cuanto más alejada esté tal actitud de mi regla de vida. No, desde luego, de una regla teórica o formal, sino de la mía, de la que tenga íntimamente asumida, quiéralo o no.
      En varias ocasiones Spinoza recuerda la utilidad de este artilugio como un procedimiento idóneo para revestir afectivamente a la razón y dotarla de la potencia adecuada. Así, en un escolio de su Ética nos dice que “lo mejor que podemos hacer mientras no tengamos un conocimiento perfecto de nuestros afectos es concebir una recta norma de vivir o principios ciertos de vida, confiarlos a la memoria y aplicarlos de continuo a las cosas particulares que salen al paso con frecuencia en la vida, para que así nuestra imaginación sea ampliamente afectada por ellos y los tengamos siempre a mano”[1]. La explicación estribaría en que del cumplimiento “de la recta norma de vivir nace la suprema satisfacción del ánimo”[2], y que ésta “es, en realidad, lo más alto que podemos esperar”[3].
      Perdón por la longitud.

      [1] E, 5, 10.

      [2] E, 5, 10.

      [3] E, 4, 52.

       
         
       

    • Quasimontoro
      Quasimontoro Dice:

      Rodrigo,
       
      Gracias por intentar hacerme entender lo que quiso decir. Aunque sigo teniendo mis dudas sobre si he entendido su idea correctamente, parece que usted quiere políticos nuevos y ciudadanos nuevos, todos controlados por un metasentimiento generalizado de vergüenza. Si mi interpretación es correcta, digo paso porque no se cómo reinicializar gente. 
       

    • Rodrigo Tena Arregui
      Rodrigo Tena Arregui Dice:

      “no se cómo reinicializar gente”. Bueno, hay muchos medios conocidos desde antiguo, y reciben el nombre genérico de “educación”. Entre ellos hay uno muy importante al que el hermano de nuestros coeditores -Javier Gomá- le ha dedicado tres volúmenes: la imitación. Al final el ejemplo valioso tiene una importancia fundamental en las sociedades: veo devolver una cartera perdida a su dueño y cuando encuentro una no me compensa apropiármela: yo también quiero ser como “él”. Si hubiese al menos un político importante en nuestro país que diese (buen) ejemplo, a lo mejor, quizás, las cosas comenzaban a cambiar. Un político ejemplar constituye una fuente valiosísima de metasentimientos.

    • Quasimontoro
      Quasimontoro Dice:

      1.  Podemos discutir largo las causas pero la educación ya ha probado que no será la que genere a los nuevos humanos. Y esto se aplica a la educación en su sentido más amplio, esto es, formación de personalidad e identidad en la primera etapa de la vida, hasta los 20 y tantos años.

      2.  No he leido el libro sobre imitación a que usted hace referencia pero sí he estudiado el tema de la evolución cultural que requiere un mecanismo de reproducción, uno de los cuales puede ser la imitación. Ni la reproducción biológica ni la cultural nos prometen una mejor humanidad, cualquiera sea la dimensión que se quiera mejorar.

      3.  Los gobernantes que pretendieron ser ejemplo para su pueblo debieron recurrir a la publicidad y a un ejército de mercenarios e intelectuales para conseguir falsos aplausos y por suerte ya están ignorados. En todo caso, no resisto la tentación de preguntarle por su reacción a la preferencia de muchos, en todas partes del mundo, de celebrar al Che Guevara como símbolo de algo relacionado con el poder.

    • Rodrigo Tena Arregui
      Rodrigo Tena Arregui Dice:

      no resisto la tentación de preguntarle por su reacción a la preferencia de muchos, en todas partes del mundo, de celebrar al Che Guevara como símbolo de algo relacionado con el poder“. Bieeeeen, por fin, después de dos años de andadura en este blog alguien me da pie para hablar de mi libro!, (y eso que quiero aclarar que yo vine precisamente para hablar de mi libro).
      Efectivamente, los malos ejemplos son también fuente de metasentimientos; es inevitable, se puede admirar una regla de vida encarnada por un sujeto como Hitler y sentir vergüenza cuando me aparto de ella. Ha habido muchos casos y en España hemos sufrido algunos parecidos hasta hace bien poco. Son “antimodelos”, pero modelos al fín y al cabo, susceptibles de admiración e imitación. ¿Existe algo que los singularice? ¿Es posible distinguir a un modelo de un antimodelo? Sí, sin duda y la clave está en el atributo…
      Si se ha quedado con el gusanillo ahí lo tiene:
      Ocho minutos de arco. Ensayo sobre la importancia política de los arquetipos morales, Antonio Machado Libros, 2005.
      Disponible en las mejores librerías…..
       

    • Quasimontoro
      Quasimontoro Dice:

      Rodrigo,

      Gracias por la referencia a su libro. Le agradeceré me diga si está disponible como eboook. La Casa del Libro más cercana me queda a 15 mil kilómetros.

      En todo caso, no me dice cómo explica que el Che Guevara sea celebrado como símbolo de algo. La inconsistencia está en que tanta gente celebra a algunos muertos olvidándose de sus crímenes y por lo tanto, se llame como se llame esta reacción no puede considerarse ejemplo de algo positivo, más bien todo lo contrario. Hablar bien de A. Lincoln es fácil, hablar mal de Hitler es fácil, pero por qué algunos que no fueron malos son vistos como horribles y otros que claramente fueron malos no son vistos como horribles. No creo que uno pueda confiarse en que la “educación“ de la masa genere consistencia. 

    • Quasimontoro
      Quasimontoro Dice:

      Rodrigo,

      Le agradezco la información pero por ahora paso. Como economista calculo el costo total de comprar el libro y resulta que al buen precio de la librería le debo agregar el costo de envío (23 euros) y el costo de aduana (25% del valor CIF), y para peor debo tomar en cuenta la probabilidad de que pague y no me llegue (por lo menos 25% de probabilidad) y también el tiempo que me toma ir a la oficina donde retirarlo. Espero pronto visitar España y comprarlo allí. 

      En todo caso, busqué en internet reseñas del libro para conocer más sobre su contenido y encontré un par que me sirvieron para eso. No voy a hacer largo el cuento, pero la emulación o imitación de los modelos no creo sea una estrategia adecuada para educar niños y jóvenes. La imitación supone mirar el pasado pero el gran desafío en la formación de las nuevas generación es desarrollar la imaginación, esencial para evaluar los futuros posibles y desarrollar el liderazgo. A propósito de liderazgo, le recomiendo preste atención a un blog excelente

      http://clavesliderazgoresponsable.blogspot.com

      de Isabel Carrasco González, médica, jefa del servicio de formación de la Agencia Lain Entralgo de Madrid.  

  6. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Está muy bien traído Zubiri en los comentarios a este post de Rodrigo, ¿verdad? Por lo demás, estamos en el país de los tres Don Migueles y el segundo dejó escrito “siento, luego existo” frente al cartesiano “cogito, ergo sum”. El tema de Cataluña es gravísimo, pero lo que el autor plantea es mucho más profundo que la “cuestión” catalana. Los sentimientos a los españolitos (me incluyo, claro) se nos mueven todos los días con cierta facilidad. Somos de lágrima fácil, cabreo explosivo y sonrisa pronta. Imagino que es cuestión “genotípico-fenotípica” pero si el Sr. Tena convoca un referendum y no se lo suspenden como es debido, yo voto a favor de lo que creo es su propuesta: más lóbulos frontales y menos amígdala en las cuestiones colectivas. En cuanto al comentario de Dña. Lucía de las Heras, muy especialemente el último párrafo, me lo imprimo y lo enmarco, si es que no me cobra derechos de autora.

  7. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Ayer hubo un acto multitudinario en un hotel en Madrid que no he visto en la prensa, ni en El País, ni en El Mundo, La Vanguardia o ABC. Una ojeada a la Gaceta tampoco me lo descubre. Me invitaron a última hora tras una reunión en el mismo hotel y me quedé para escuchar a un amigo.

    En los años que llevo en Madrid nunca había visto un acto tan concurrido, alrededor de 700 personas en tres salones de este hotel.
    Espero que los organizadores reflexionen acerca de este silencio.

    Un silencio mediático que sin duda no les sorprende pero confirma una vez más que “esto” tiene su propia dinámica y que ésta “independe” de ciudadanos y de partidos porque, “esté” quien “esté”, sucede lo mismo como muchos de los speakers de anoche mostraban preguntándose con sorna que “cómo es posible”. 

    Esta es a mi modo de ver la tarea esencial del momento: Crear una red de difusión de información que no dependa del poder vigente. Vivimos en uno de los raros momentos de la historia en los cuales esta pretensión es plausible.

    Al salir del acto, que cerró un conocido político español en activo, a la puerta del hotel, un joven sacó de su mochila unos cientos de octavillas sobre otro asunto y comenzó el reparto entre los que salíamos de la reunión de Reconversion.es. Le pregunté que “¿cómo así?” y me dijo que a él le funcionaba mucho mejor que internet y las redes sociales.

    Por otro lado la perspectiva que se difunde oficialmente respecto del ser humano ofrece un paradigma incompleto según el cual nos dominan los sentimientos (que son buenos y femeninos, manda leches) y nuestra racionalidad, que debe someterse a ellos que para eso la usamos poco (especialmente los hombres, que nos falta un hervor)

    En esta concepción faltan dos módulos cruciales de nuestra masa encefálica y sistema nervioso.

    1. La impronta instintiva que viene formada por “reflejos” que sintetizan y acumulan miles de millones de años de supervivencia neuronal. Sin esta capacidad de nuestra amígdala cerebral no duraríamos vivos mucho tiempo y no es ni emoción ni raciocinio, es código de actuación. Conocimiento sintético.

    2. Memorias adquiridas durante la vida del sujeto. El proceso de adquisición de memoria tiene dos fases: Sensorial –de cortísima latencia– y Permanente: El recuerdo sólo se transfiere de sensorial a permanente por un trauma o con esfuerzo (nota para educadores)

    Los cuatro: Instinto reflejo, emoción, memoria y módulo de proceso lógico determinan nuestro comportamiento que cuando es en masa resulta idéntico al de otros animales gregarios por mucho que nos pese.

    Esto es perfectamente conocido y documentado (1) pero esta información no forma parte de las lecturas obligadas. Ni en colegios ni en universidades. Es campo de muy pocos especialistas.

    (1) Trotter (1916), Le Bon (1895) lo explicaron divinamente pero el sistema los esconde.

    Saludos 

    • Labeón
      Labeón Dice:

      A ver, D. ManuOquendo que se desvele o materialice de algún modo, por favor para ver si es mortal o esta en otra fase superior de la metempsicosis.

    • Quasimontoro
      Quasimontoro Dice:

      Manu Oquendo,

      A pesar de nuestra profunda diferencia sobre el futuro de la humanidad, comparto sus preocupaciones inmediatas sobre España. Usted trata dos temas distintos. El primero, según pude leer en reconversión.es, se refiere a la urgencia de una reforma constitucional, tema que siempre muy debatido para evitar que una convocatoria se convierta en una oportunidad para que los privilegiados del status quo se eternicen en el poder o que radicales extremos entronicen a un Gran Líder. Una lectura rápida de la carta de Reconversión al Gobierno me dejó la impresión de que se confía demasiado en los privilegiados. Ya habrá oportunidad para un análisis más profundo del tema.

      En cuanto a su segundo tema, mucho me temo que hoy no es el momento de estar haciendo afirmaciones sobre la naturaleza humana. Como nunca antes, vivimos una etapa en la ciencia de lo humano donde se han abierto grandes oportunidades para avanzar el conocimiento de nuestra propia naturaleza –cuan únicos somos en el universo y cuan diferentes somos entre nosotros– pero todavía lejos de sacar conclusiones. No comparto su afirmación de que el sistema esconde algo porque todos los días tengo el desafío de revisar un buen  número de documentos de investigación sobre la naturaleza humana y veo que la pila de documentos sin revisar aumenta continuamente.     

  8. Jesús M. Morote
    Jesús M. Morote Dice:

    Tratas aquí, Rodrigo, una materia sumamente interesante y estoy de acuerdo con tus conclusiones.
     
    En teoría de la argumentación y del discurso se distingue la existencia de tres niveles. El primero es el de la corrección lógica del discurso, de los razonamientos utilizados; pero ese aspecto no es suficiente para analizar un discurso, pues siempre hay que contar con la interacción entre dos personas al menos, el emisor y el receptor, que, a su vez, contestará al primero. Finalmente, habrá un nivel de retórica, de movilización e implicación de sentimientos y afectos que mueven a la acción o a la omisión, más allá de cualquier razonamiento lógico.
     
    Ya que has mencionado a Aristóteles, también es importante destacar que fue el primero que hizo notar que hay diversos tipos de discurso: no es lo mismo un argumento matemático que uno de orden moral o político. Realmente el esquema lógico es el mismo (inferencias basadas en condiciones necesarias y suficientes, razonamientos silogísticos) y lo que cambia es la certeza de las premisas. No es lo mismo partir de una premisa cognoscitiva (verdadera o falsa) que de una premisa de orden moral (correcta o incorrecta). Lo que en los argumentos de orden moral o político desempeña el papel de premisa no son afirmaciones verificables, sino “tópicos”, lugares comunes que todo (o casi todo) el mundo admite; o, al menos, que comparten emisor y receptor del discurso.
     
    Por otro lado, especialmente la doctrina italiana, se han analizado las características del discurso político frente a otro tipo de discursos, hallando como su rasgo distintivo la ambigüedad. El buen orador político expresará sus premisas de tal forma que conseguirá la adhesión de la mayor cantidad posible de electores-votantes; ése es su propósito, conseguir el máximo apoyo popular. El político eficiente conseguirá recibir el apoyo incluso de dos personas que piensen cosas opuestas, pues su ambigüedad le permitirá hacer creer al oyente que piensa como él, y eso a varios oyentes que no piensan lo mismo.
     
    La ambigüedad apela necesariamente a los sentimientos, que oscurecen la claridad de percepción del oyente, y le llevan a aceptar los tópicos sin demasiado espíritu crítico si tales tópicos le resultan agradables, convenientes o útiles. Pero, además, los sentimientos pueden ser utilizados eficazmente por el político para introducir falacias, razonamientos falsos que, sin embargo, o no son percibidos por el oyente o, si lo son, no les da importancia. En efecto, ¿cuántas veces damos por bueno un razonamiento defectuoso sencillamente porque nos adherimos sentimentalmente tanto a las premisas como a las conclusiones? Si las premisas las damos por buenas y la conclusión también, parece carecer de importancia el íter argumentativo que lleva de las primeras a la última.
     
    Concluye Rodrigo con una apelación a los metasentimientos como precaución frente a políticos poco escrupulosos. Comparto eso, pues los “tópicos” morales o políticos es imposible rechazarlos en términos de verificación fáctica y sólo su ponderación con otros posibles sentimientos en juego puede equilibrar la excitación retórica perseguida por el político para sus fines y ver las cosas con mayor claridad y perspectiva. Pero creo que tampoco hay que dejar de lado el aspecto lógico de la propia argumentación: que pensemos que las premisas son correctas y que la conclusión también lo es, no exime de revisar el proceso deductivo que lleva de unas a otras; si la conclusión es correcta y las premisas también, tendrá que haber un modo correcto de enlazarlas y, si se puede argumentar bien, no hay por qué admitir una argumentación mala, que no estaría justificada ni aun por una buena causa.

  9. JJGF
    JJGF Dice:

    Discúlpame, Quasimontoro, si te han molestado mis palabras. Me había parecido un poco agresiva alguna de las frases de tu primer comentario. Pero igual es cosa mía.

    Creo que todos los que hemos hecho comentarios hasta ahora entendemos lo que dice el autor y coincidimos en la esencia de lo que dice. Para ello, es accesorio saber lo que dice Castilla de los Metasentimientos porque entendemos el sentido que le quiere dar Rodrigo en el post.

    Dicho esto, creo que recordar que a ese tema se refiere Castilla en un libro llamado Teoría de los Sentimientos, de 2000 ó 2001. Recuerdo críticas de filósofos y psiquiatras prestigiosos discrepando con el que el autor decía.

    En cuanto a las creencias, Castilla decía que son el eje desde el cual el sujeto vertebra su posición en el mundo, en la realidad. Esto en línea con lo que escribió Ortega y luego desarrrolló Marías. Pero si uno se pone a  filosofar, y visto que nadie puede extenderse hasta el infinito en lo que escribe y anticipar las críticas, también Ortega y Castilla dejaron aspectos del asunto sin agotar. Y algunos como Ferrater Mora puntualizaron después. Aunque más que pegas, son glosas desde perspectivas añadidas o diferentes a lo que decían los anteriores.

    Lo mismo podríamos decir del tema de la razón/emoción/memoria personal/instinto… que glosa Manu. Pese a sus conocimientos abrumadores podría discrepar fundadísimamente, citando a su vez textos de neurofisiólogos ilustres, algunos expañoles. Pero creo que sería salirse del objeto de este post, y que no aportaría nada al análisis de éste porque -insisto- se entiende lo que quiere decir Rordrigo. (O acaso, Manu, pensamos lo mismo y es la falta de espacio la que induce a la confusión).

    Jesús, yo también delebro el último párrafo de Lucía. Ahora bien, espero que no estuviera pensando en Rajoy cuando se refiere a esos políticos eficaces, feotes, que no dan bien en televisión. Porque se puede ser feo, poco fotogénico, y además un timorato. Y un político debe actuar, y hacerlo con decisión. Al que solo le gusta meditar, y analizar todo mil veces, pero no actuar, ya tiene los think tanks y las universidades.  

    • Manu Oquendo
      Manu Oquendo Dice:

      Efectivamente, tengo la sensación de que la discusión es semántica y que en el fondo, desde autores diferentes, no podemos tener grandes diferencias. Los psicólogos siempre se han desvelado en crear escuela y para ello no hay como ser creativo en la semántica.

      No conozco a Castilla del Pino. Es decir, en la biblioteca doméstica no hay ni uno solo de sus libros y cuando estaba en la universidad no se nos enseñaba nada de él.  

      En aquel tiempo los admiradores y promotores de Castilla del Pino no me inspiraban mucha confianza y el resultado debió de ser un metasentimiento de rechazo al patrocinado.

      Prometo tratar de corregir la carencia con un amigo granadino que es profesor de esto y que conoció bien C del Pino y con Antonio, un psiquiatra vecino en Donosti que sigue recibiendo pacientes a los 83 años.

      En lo referente a metasentimientos presiento que C.del Pino habla –a veces– del trabajo constante de lo instintivo y reflejo, otras del subconsciente, otras veces de las neurosis adlerianas (producidas por la contumaz desviación de la norma subconsciente) y  en ocasiones de reflejos pavlovianos que tan convenientes resultan a la hora de determinar, dirigir y orientar conductas.

      El mismo Freud está plagado de indicadores del concepto con otros nombres y lo descubre al comenzar a estudiar los mecanismos de la memoria. 

      Es decir, estamos hablando de “derivadas” de emociones y sensaciones primarias. Las que regula nuestra amígdala cerebral.

      Una parte escasamente difundida de esta materia académica se ocupa precisamente de cómo establecer en las mentes improntas tempranas que dirijan la conducta.
      Cuando alguien se dedica a esto es conveniente conocer su visión del ser humano y su relación afectiva con la especie.

      El caso es que cubrir tantas tipologías bajo un único manto no me parece el mejor camino para entender al ser humano.

      Pero, en fin, mi formación académica en esta materia fue complementaria y estrictamente vienesa y más concretamente adleriana con mucho respeto por Maslow desde la perspectiva humanista.
      Me quedé en aquel tiempo. 

  10. LILI
    LILI Dice:

    Sr. Rodrigo Tena, una vez más estoy con usted, quien cumple con la recta norma de vivir, sabe lo que es el metasentimiento, incluso aunque se sea analfabeto.
    Saludos

  11. KC
    KC Dice:

    La madre que me parió. Un blog de juristas escribiendo sobre Psicología de masas y cuestiones extrajurídicas.  Parece que vamos adelantando. Ahora solo falta renovar asignaturas en la carrera de Derecho y colocar a profesores competentes para explicar esas interrelaciones para que no salgan de la Facultad, entre otros, legisladores poco más que charlatanes.

    Y si hay algún economista por aquí, que ponga sus barbas a remojo.

    Saludos. 

  12. JJGF
    JJGF Dice:

    Manu, esas obras de Castilla son ensayos, valiosos pero muy personales.

    Mejor es Rof Carballo o Antonio Fdez de Molina.

    Me atrevo a recomendarte dos autores españoles. Catedráticos de fisiología y neurociencias que publican libros de divulgación, rigurosos y más actualizados científicamente, donde se explica qué es una emoción y la importancia de la amígdala o del sistema límbico, y se analiza si actuamos más inteligentemente cuando nos guiamos por la emoción que por la razón. Uno es Francisco Rubia Vila, otro Francisco Mora Teruel.

    • Manu Oquendo
      Manu Oquendo Dice:

      Muchas Gracias, JJ.
      Tomo nota de ambos. 

      Por eso te decía que estamos de acuerdo. Ese es el significado del párrafo de mi post que decía ” …“reflejos” que sintetizan y acumulan miles de millones de años de supervivencia neuronal. Sin esta capacidad de nuestra amígdala cerebral no duraríamos vivos mucho tiempo y no es ni emoción ni raciocinio, es código de actuación. Conocimiento sintético.“. Acto puro.

      Por eso es tan importante nuestra base instintiva, porque sin ella no serían posibles no sólo la supervivencia sino la realización de actividades como tocar el piano o el violín en una orquesta sinfónica o ganar un campeonato de triples en la ACB.

      De hecho creo que los primeros que intuyen la conexión son los profesores de música o los entrenadores de alto nivel. En mi caso fue J. A. Gasca quien me lo hizo ver.
      Solía decir aquel gran entrenador que teníamos que usar la inteligencia sensible que tenemos en la yema de los dedos y dejar que pensasen por sí mismos, sin interferencias desde nuestro cerebro. Por la simple razón de que la velocidad de transmisión neuronal (unos diez metros por segundo) es demasiado lenta para permitirte reaccionar con éxito en determinadas situaciones. 
      Tardabas un poco en entenderlo pero tenía razón.  

      Por otra parte me gustaría hacer una observación:
      Sobre las connotaciones de palabras como emoción y racionalidad.

      Una persona que da prioridad a la parte racional de la conducta es un súbdito más complicado y analítico que una persona que otorga valor directriz a su parte emocional no refleja. Estas últimas son más manipulables.

      El de tendencia racionalista hace un esfuerzo adicional por controlar su parte emocional, entenderla y de alguna forma tratar de ejercer control y el dominio de su voluntad. Tiende a cuestionar.

      Este asunto nos retrotrae a otra gran época donde se trató de influenciar la conducta de grandes masas de personas. 

      El tránsito entre la Ilustración, racionalista, y la Revolución Francesa que arrancó el movimiento romántico y las ideologías basadas en el más libre flujo de las emociones.

      Recordarás el impacto que causó en Diderot el descubrimiento de la técnica narrativa usada en Pamela o la virtud por el inglés Richardson y la “orden”  que impartió a través de su Éloge de Richardson, hasta tal punto que consiguió que Rousseau escribiese con el mismo recurso al substrato instintivo y produjese la primera novela romántica del continente “Julie o la nouvelle Heloïse“.

      Aquí se ve de modo patente un esfuerzo consciente por encontrar instrumentos que faciliten el control cultural de una población recurriendo a las emociones y a lo instintivo.

      Quizás por ello siento un cierto recelo cada vez que veo que se fomenta la preeminencia emocional sin un “conductor” analítico y maduro al frente de ellas.

      Concretamente cuando en la universidad caí en la cuenta de que el citado era promovido justamente por los ideólogos más acendrados del PC underground “sentí” que algo había en todo ello que no gustaba a mi amígdala cerebral. Me producía emociones y metasentimientos negativos. 

      De nuevo, gracias.
      Buenos días

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