¿Existe en España una cultura de incumplir la Ley?

Empecemos el post con algo de altura recordando que esta cuestión, en términos generales, ha sido objeto de profundas reflexiones tanto por juristas como por filósofos y sociólogos, sin llegar, sin embargo, en ningún caso a una clara respuesta. Baste un ejemplo dentro de cada uno de esos grupos: H.L.A. Hart (The Concept of Law,) tras analizar seriamente la cuestión sostuvo que en algunas sociedades se generaba un “hábito de obediencia” y en otras no; Ludwig Wittgenstein (Investigaciones filosóficas), tras estudiar posibles causas y justificaciones se declaró exhausto limitándose a declarar: “This is simply what I do”; y, por último, desde el ámbito de la sociología Max Weber, de nuevo examinó varias causas que  pueden encontrarse tras la obediencia a las normas, desde el simple hábito al cálculo racional de ventaja, llegando a la conclusión de que, en todo caso ya se aludiera a altos motivos o se diera una aceptación genuina de las normas, debería existe un mínimo interés en someterse voluntariamente a las mismas.

 

Por supuesto que puede haber normas injustas o mal hechas pero para ello los sistemas legales modernos prevén mecanismos legales de resistencia: desde recurrir a los diversos Tribunales a votar para cambiar los gobiernos. Por tanto, parecería en una primera aproximación que el grado de cumplimiento voluntario y la adhesión a las normas debería ser muy elevado en los países democráticos en comparación con las dictaduras y, sin embargo, todos sabemos que una de las consecuencias del paso del franquismo a la democracia fue la elevación del número de policías (para sorpresa de más de uno de los nuevos gobernantes) e inspectores de hacienda y de otro tipo (el sector público se ha multiplicado por tres). Tal vez el problema fue que a una sociedad acostumbrada a operar por miedo, eliminado éste, sólo le quedaba la cultura de respeto a las normas, y ésta no existía por más que las nuevas normas fueran más justas que las anteriores.

 

Ciertamente resulta utópico que un sistema legal obtenga un grado de cumplimiento del 100% y que algunos olvidan que “rules and their enforcement do not merely exist. They must be applied with regularity and some degree of consistency if pluralist competition is to exist at all. This is administration” (Cfr Theodore Lowi, The End of Liberalism. Ideology, Policy, and the Crisis of Public Authority). Todo eso es cierto, pero tal vez lo peligroso no sea tanto el grado de incumplimiento que separa una cultura de otra, como “las razones” que fundamentan esa violación de las normas, que algunas de las normas más incumplidas sean las que dan fundamento a nuestra convivencia, y que ciertos incumplidores pasen más por héroes que por villanos. En este sentido, cabe detectar en el territorio español algunos fenómenos preocupantes. Vayamos a los ejemplos concretos:

 

  1. Normas justas y bien hechas que no se aplican: nadie es responsable de nada, el sistema protege a los verdugos

 

-unos ciudadanos cometieron el gran pecado mortal en nuestro país de comprar un primer piso con locales comerciales debajo. La historia es algo larga, pero se la resumo: se abre un local de copas sin licencia, sin salidas de humos (daban también comidas) y sin insonorización. Tras un año y medio de lucha, con más de veinte vistas de la policía municipal, consiguieron tras denodados esfuerzos (que no voy a detallar) “acelerar” el proceso de cierre “temporal” y lograr el precintado del local. Al final el dueño, que durante todo este proceso se había comportado de forma prepotente, colgó un cartel mucho más grande que el del precinto municipal que decía: “cierre por mejoras” (foto 1). Uno de los policías que vino una de las noches les comentó a estos ciudadanos insomnes: “antes a la tercera visita este señor se venía esposado por resistencia a la autoridad, pero ahora no hay nada que hacer, sólo queda esperar a que el procedimiento siga su curso”. En este caso la normativa parece correcta sólo que no se aplica, y los potenciales incumplidores saben que resulta muy barato incumplirlas. ¿Un exceso de buenismo o de protección al incumplidor combinados con la sensación de impunidad e irresponsabilidad generalizada?

 

-se ha escrito mucho sobre la reciente tragedia de la macro-fiesta en el Madrid-Arena: los primeros y principales responsables serían los organizaciones que  al parecer vendieron más entradas de las permitidas, y también el Ayuntamiento que dio permiso cuando no debería haberlo dado. Pero podemos ir más allá a la hora de detectar un problema cultural: hubo padres que llevaron a sus hijos menores a la fiesta a pesar de que sabían que no eran mayores de edad e igualmente hubo asistentes que declararon a la prensa: “somos menores pero nadie nos pidió el carnet, nadie nos revisó la mochila. Metimos una botella de ginebra”. Además añadieron con total ingenuidad que habían falsificado su DNI haciendo copia de los de sus hermanos mayores (es decir que confesaban haber cometido un delito). Para estos jóvenes la responsabilidad de cumplir la ley no era suya sino de aquellos obligados a controlarlos. Un  problema añadido en este caso no es tanto que “todos” incumplieran las normas, es que incluso con muertos en la mesa,  a estar alturas nadie haya reconocido su propia responsabilidad ni propósito de enmienda. ¿Vicio nacional de buscar chivos expiatorios y rehuir la auto-crítica?

 

  1. El incumplimiento como medio de encontrar trabajo o enriquecerse: sensación de impunidad y cuestión de prestigio social

 

Aquí podríamos comenzar con eso de “¿con IVA o sin IVA?”, ya célebre en la sociedad española y el estandarte de la economía sumergida, pero también baluarte de tantas profesiones, antes y después de la subida de impuestos. O que algunos defraudadores de impuestos sean vistos con envidia y admiración por sus amigos y familiares en lugar de como co-responsables de que ellos deban pagar más impuestos (dejando al margen la interesante cuestión de en qué se gastan los impuestos en cada país, que daría para mucho). Pero de nuevo traigo a colación un caso concreto que ha llamado recientemente mi atención por la sensación de impunidad que representa.

 

Vengo viendo desde hace meses en mi barrio que se cuelgan carteles en farolas y paredes ofreciendo públicamente diversos servicios informáticos, entre los que figura el siguiente: “Internet gratis (descifro claves de redes wifi)” (foto 2). Lo sorprendente no es que haya gente que demande este servicio (e incluso de nuevo que presuma de ello), es que hayamos llegado en este país a un nivel donde alguien, de hecho más de uno, se atreva a anunciar públicamente la comisión de un delito, dando su nombre, teléfono y móvil. Lo siguiente será tal vez anunciarse en Internet diciendo: “se mata a domicilio, precios económicos, razón:…”. ¿Fallo del sistema educativo?

 

  1. El fenómeno “Yo soy la ley”: la chulería del incumplidor

 

En Cataluña ya sabemos que no se cumplen las sentencias del TS o del TC o se hacen sólo según convenga. Ahora también sabemos que tampoco se cumplen las decisiones de la Junta Electoral, que vigila que se respeten de forma neutral las reglas del juego electoral: caso del supuesto video institucional de la Generalitat que siguió emitiéndose días después de que la Junta Electoral hubiera decidido que era partidista. Cabe intuir que dentro de esa imagen de paraíso en la tierra que se está vendiendo de la futura Cataluña independiente también se incluye un estado idílico pre-caída, un oasis catalán donde ya no habrá ninguna norma que cumplir salvo tal vez la que prohíba comer del árbol del españolismo, aunque para entonces tal vez no quede ya serpiente que ejerza de tentadora. ¿Para qué tribunales si ya tenemos un nuevo Rey Arturo que nos dice directamente lo que es justo y no lo es, lo que es democrático y no lo es. Una vez más Cataluña demuestra que se encuentra a la “vanguardia de España”… en esta ocasión en temas de incumplimiento normativo. Pero no nos confundamos el fenómeno “yo soy la ley” se extiende como la pólvora por España a todos los niveles, siguiendo el fenomenal ejemplo que ofrecen sus gobernantes.

 

Puede que los ejemplos seleccionados no gusten a algunos o resulten insuficientes para otros. No obstante, lo cierto es que ya se traten de las normas de un club privado, de una comunidad de vecinos, de normas de convivencia o de leyes fiscales o sentencias judiciales, parece que un determinado grado de cumplimiento de las normas se revela esencial para que una organización o sociedad pueda funcionar. De hecho, en varios estudios se ha señalado que  una de las características que diferenciarían a un país del tercer mundo (sobre todo los países fallidos) con los del primer mundo es “la cultura del respeto a las normas”. ¿En qué liga jugamos? Juzguen Vds. mismos.

33 comentarios
  1. Marta
    Marta Dice:

    Totalmente de acuerdo con tu post, Alberto. llevo ya treinta años en contacto con el mundo del derecho, cuando empece a estudiar la carrera de derecho, confiaba a ciegas en el sistema, la seguridad jurídica, me parecía el pilar fundamental, y nunca la puse en duda, sin embargo, con la experiencia adquirida, mi paradigma ha cambiado radicalmente. despues de veinte años de trabajo en los Tribunales, he comprobado con tristeza que la seguridad, como ciudadanos que antes nos daban las leyes, ha desaparecido por completo. Las normas no se cumplen en sus propios términos, siempre cabe una interpretación subjetiva; las sentencias a veces no llegan a ejecutarse.

  2. Quasimontoro
    Quasimontoro Dice:

    Alberto,

    ¿Por qué obedecemos la ley? Curiosamente pocos académicos se han interesado en estudiar el tema. Uno de ellos es Tim R. Tyler que escribió un libro con ese título (la segunda edición, que incluye un “afterword“ importante a la primera, fue publicada por Princeton University Press en 2006). Tyler concluyó que la legitimidad de la ley es la razón principal y no la disuasión asociada a la amenaza y el uso del castigo, la hipótesis dominante en EEUU hasta la publicación de la primera edición de su investigación.

    La legitimidad a que hace referencia Tyler puede explicar por qué una gran mayoría obedece la ley en las democracias constitucionales, pero no excluye la importancia de la disuasión para contener la desobediencia de quienes no aceptan esa legitimidad. Por supuesto, la legitimidad de la ley no es argumento para su obediencia en sociedades dominadas por una fuerza exterior –fuerza que pudo haber venido de fuera de la sociedad o haberse generado a su interior imponiendo la división entre un grupo privilegiado por encima de la ley y otro que obedece la ley por la amenaza del castigo. Ningún estado nación, cualquiera sea el éxito que unos pocos crean haber logrado con la educación forzosa para legitimar la ley y su autoridad, puede ignorar el poder de la amenaza y el uso del castigo.

    En toda sociedad, en todo momento, hay grupos que rechazan la legitimidad de la ley y en particular de la autoridad a la que se ha encargado hacer cumplir la ley. Las circunstancias condicionan lo que esos grupos están dispuestos a hacer contra esa autoridad para imponer su propia ley. Por cierto, muchos reconocemos un derecho fundamental a resistir a la autoridad y a su ley ilegítimas porque nuestro control de esa autoridad nunca será perfecto. Más aún, reconocemos un derecho, también fundamental, a votar con los pies y poder emigrar y este derecho es base para justificar la secesión, esto es, que nuestro grupo pueda separarse y formar una nueva sociedad, ojalá con una ley y una autoridad legítimas. No debe sorprendernos que los totalitarios siempre hayan querido encerrarnos –construir murallas no para que nuestros enemigos no entren sino para que no escapemos de su dictadura. 

    Hoy las circunstancias son tales que, en relación a años atrás, muchos españoles se cuestionan la legitimidad de la autoridad y la ley en su democracia constitucional. Las manifestaciones de ese cuestionamiento son varias y aunque no se traducen en cambios generan incertidumbre sobre la continuidad del status quo. Pero la fuerza ya no es posible y eso limita mucho la posibilidad de cambios de manera que los españoles (y los italianos, los griegos y etc.) están condenados a vivir con lo que hay –una división cada vez más profunda entre los que gozan del privilegio de la inmunidad y el resto amenazado por esos privilegiados. En el corto plazo sólo la fuga de capitales limita el abuso de poder por parte de los privilegiados, pero cuentan con la complicidad de la UE que los sigue rescatando (si todavía lloran es porque ningún rescate será suficiente para devolverles su posición previa a la crisis). En el largo plazo, si las circunstancias no cambian y si los privilegiados fracasan en liderar cambios, la emigración y la secesión forzarán cambios.   

  3. Antonio J.
    Antonio J. Dice:

    Se me antoja otro ejemplo para la colección:
    Sánchez Gordillo y su alegre trouppe o la deslegitimación de la ley como principio de actuación…

    En este caso y en otros análogos realizados a ciencia y paciencia de la autoridad competente de aplicar una ley pero sin tanto aparato mediático lo que a mi entender ocurre es un curioso fenómeno de huída hacia las soluciones más primarias del ordenamiento en lo relativo a las formas de adquisición de la propiedad que del ámbito propio del contrato de compraventa se desplazan hacia el de la ocupación.

    Curiosamente y a diferencia de lo que aconteció en su día con la legislación que se creó exprofeso para acabar con el fenómeno oKupa, las alegres hazañas de Sánchez Gordillo no han llevado a una reformulación análoga de la norma penal, lo que lleva a pensar que quizá el peso de la crisis también tiene “normas” que se imponen como estamos viendo con motivo de la moratoria de desahucios …

    Por lo demás el asunto de la obediencia a la ley no es a mi entender sino algo propio de lo más  íntimo del fuero de la conciencia a cuyas puertas el derecho necesariamente ha de pararse.

    Cosa distinta es la relevancia social de la desobediencia que se manifiesta ante determinadas normas y en ciertas circunstancias y que no es más que una manera de verificar la vigencia de una norma,
    En última instancia, conviene recordar que la ley vigente es la que se aplica y no la que se publica 

  4. Luisa
    Luisa Dice:

    No estoy de acuerdo para nada con esos tópicos de la “idiosincrasia” del pueblo, o con quienes dicen “Es que aquí inventamos la novela picaresca”, etc, etc, etc.

    Para nada estoy de acuerdo. En absoluto.

    No son las culturas de cada país las que engendran el carácter sino que, antes al contrario, son las instituciones las que modelan la cultura y el carácter de la gente.

    Si se quiere hacer cumplir la ley (cualquier ley), hay que actuar coercitivamente frente a quienes las infrinjan. Porque si no, la gente se lo toma a guasa y cachondeíto der güeno.

    El Estado que legisla pero no hace cumplir la ley se burla de sí mismo. Ya lo dice el refrán: “Las leyes, si no hay sanciones, no son leyes: son sermones”.

    Si en España sufrimos más economía sumergida que en otros sitios es porque no se ha querido políticamente acabar con ella.

    Ha tenido que llegar una crisis terrorífica para que -¡por fin!- se hayan prohibido los pagos en metálico por más de 2.500 euros (art. 7 de la Ley 7/2012, de 29 de octubre, de modificación de la normativa tributaria y presupuestaria y de adecuación de la normativa financiera para la intensificación de las actuaciones en la prevención y lucha contra el fraude).

    Si en España ha dejado de haber corrupción funcionarial y policial a gran escala (o sea, “mordidas”), es porque los funcionarios y policías saben que, si piden dinero a alguien por tramitarle un expediente o por retirarle una multa, se arriesgan a la cárcel y a quedarse sin trabajo.

    Hágase cumplir la Ley, no con palabras bonitas, sino con la Policía y la Guardia Civil. Y la Ley se cumplirá.

    En un país donde se ha conseguido que la gente deje de fumar en los bares, puede conseguirse cualquier cosa, siempre y cuando las leyes se hagan cumplir por las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, que para esto están. 

  5. David O.S.
    David O.S. Dice:

    Gracias, estimado Alberto, por tu comentario. Tu pregunta va directa al grano pero, lamentablemente, la respuesta es en nuestro país demasiado obvia dado que no hay cultura y no hay cumplimiento.

    En cuanto a la cultura, lo que se aprende y transmite poco a poco, de padres a hijos, de maestros a alumnos, y de ciudadanos entre sí, se ha quedado en nada o si algo hay el que la da comprueba horrorizado que cae en saco roto. Así, la propia clase política tiene poco que transmitir y lo que transmite no tiene continuadores… la degradación es evidente.

    En cuanto al cumplimiento hemos rebajado tanto el nivel moral de comportamiento que las normas jurídicas son solo un obstáculo para los menos dotados política, económica y socialmente. Da la impresión de que solo pillan al tonto, en el ámbito fiscal, en el medioambiental, en el urbanístico…
    Desde luego que el cumplimiento no se asegura con más policías o más inspectores, que solo pueden hacer frente a lo patológico pero son inútiles en caso de pandemia, sino con una mejor educación integral de respeto hacia los demás, de consideración del bien común como algo propio…

    En fin, a pesar del desaliento imperante también nos quedan quienes con el ejemplo como padres, maestros o ciudadanos nos dice que lo mejor para todos es eso tan difícil de más cultura, más responsabilidad, más seriedad… Términos en desuso y totalmente desprestigiados que ni siquiera al Rey Arturo ni a sus Caballeros de la Mesa Redonda parece importarles cuando el interés propio o los intereses de una parte se prefieren al interés de todos. No hace falta recordar que la solidaridad se impone en todas direcciones y no en la que a uno en un momento dado le convenga.

  6. Luisa
    Luisa Dice:

    CASO REAL (Dedicado a quienes dicen que España es el país de la picaresca):
     
    En un cantón chino hubo una plaga de roedores que amenazaba la cosecha de aquel año. El Gobierno local tuvo una idea brillante: ofreció una recompensa económica a todo aquél que matase un roedor y llevase su cadáver al ayuntamiento. Por cada cadáver de rata se daba un premio económico.
     
    Sin duda era una gran idea.
     
    El problema vino cuando, al cabo de un tiempo, se descubrió que algunas personas se dedicaban a criar roedores en su casa: los alimentaban con los desperdicios de su comida y, cuando los roedores crecían un poco, los mataban y llevaban sus cadáveres al ayuntamiento para cobrar la recompensa. Fin.
     
    (No. España no es “el país de la picaresca”. España no es “el país de la corruptela”. En todo grupo social hay pícaros y corruptos. Está en la naturaleza humana. En todos los aeropuertos del mundo avisan por megafonía: “Cuidado con los ladrones y carteristas”.
     
    Con la picaresca y la corruptela sólo se acaba –bueno, en realidad nunca se puede acabar con ellas, pero sí se las combate y reduce- a base de leyes punitivas –o sea, sanciones- que se hagan cumplir de manera efectiva y coercitiva). 

  7. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Respondiendo as la pregunta del autor, creo que no. Que no es un problema de idiosincrasia.

    Tiendo a coincidir con Luisa y con Quasimontoro –en su referencia a Tyler (2006)– acerca de la legitimidad de la ley como base de su cumplimiento.
    Este concepto es antiguo y aunque sea poco citado está en la base de la conducta ordenada: La aceptación de la Ley como buena, justa y necesaria.
    Esta y no otra fue la razón de Sócrates y la de tantos otros personajes hoy olvidados.
    Nos queda la imagen del mito Rousseauniano: la comunión del ciudadano y la ley otorgando carácter divino a la coyunda.
    El legado de Rousseau ha terminado siendo patético por un servilismo patológico al poder.
    Algo que llevaría a Robespierre a ensalzar el lado más opresivo de su obra como fundamento de la orgía de sangre celebrada en el altar jacobino.

    En este foro se ha citado con alguna frecuencia una obra esencial y relativamente reciente del historiador y letrado Guglielmo Ferrero.
    Un hombre respetado en su tiempo como opositor al fascismo, exiliado de la Italia entreguerras, profesor luego en Ginebra y autor de “Poder, los Genios Invisibles de la Ciudad” (Tecnos). La obra es de 1942, el mismo año de su muerte.
    Hoy G. Ferrero forma parte del Panteón de grandes Autores Proscritos por el sistema de gestión cultural.
    El silencio editorial alcanza otra de sus joyas imposibles de localizar completa ni en segunda mano: “Grandezza e decadenza di Roma” un trabajo que supera la obra de Gibbon.

    La edición de Tecnos trae un excelente prólogo del profesor Eloy García con numerosos detalles acerca de la pérdida de Legitimidad otorgada.
    Repasa las actitudes intelectuales ante el estado, desde Hobbes y Macchiavelli a Kant y Montesquieu pasando por lord Acton y da una visión del pensamiento de Ferrero a principios del siglo XX y de su enfrentamiento con el régimen de Mussolini.
    Quizás falte un ángulo menos idealista y más utópico pero también es cierto que no todos los factores sistémicos hoy aparentes eran perceptibles en la época.

    Por ejemplo, el efecto sostenido de la compra de votos a lo largo de muchos ciclos.
    En cualquier caso es uno de los mejores libros que he tenido en mis manos.
    Hoy no es que se incumpla la ley, –algo que está sellando la naturaleza fallida de nuestra forma de estado que es incapaz de hacerla cumplir en su propio territorio–.

    Es que, además, es imposible cumplirla porque no se puede conocer. Hasta el principio de la inexcusabilidad del cumplimiento de la ley resulta hoy ofensivo. ¿Cómo?
    ¿Cómo se puede cumplir el casi millón de páginas ya publicadas de BOE autonómico que hoy aplastan?

    Por favor, si la mayoría de la población no lee mil páginas en toda su vida adulta y casi el 30% es fracasado escolar y ni las entiende. Añadamos la UE.
    Es tal la montaña que el sentimiento que brota es de impotencia y rebeldía ante esta degradación de la Ley convertida en Ley “basura”. 

    Saludos

     

    • Sitogr
      Sitogr Dice:

      “A la vista de todo ello, se ha dicho que la posición del operador jurídico español en el momento actual es sencillamente alucinante, porque conocer todo el derecho positivo y su complemento jurisprudencial desborda con mucho la capacidad de asimilación de cualquier inteligencia media”. González Navarro
       

    • jorgescc
      jorgescc Dice:

      Sr. Oquendo, creo que su prestigio en la red multiplicará la difusión de la gran obra del profesor Ferrero.
      Habiendo sido uno de los introductores del libro en el foro me felicito de su futuro éxito de ventas gracias a usted. 
      Es obvio que es un secreto bien guardado.
      Seguro que a partir de ahora deja de serlo.
      En cuanto al prólogo de Dº Eloy García, francamente mejorable. Muy mejorable. 

      Existen otros muchos secretos todavía mejor guardados, incluso de autores españoles vivos.
      Le invito a descubrirlos para que sus recomendaciones sobre bibliografía acerca de la democracia no caigan en un “deja vu” insatisfactorio.

      Un afectuosísimo saludo. 

  8. Curro Arriola
    Curro Arriola Dice:

    Como llegue al TC este asunto, decidirán que hay que legitimar la picaresca, la cual ha devenido el paradigma de la constitucionalidad porque “es lo que la sociedad vive”…
    Igual tienen razón; ¿cuándo es más de fiar la Sociedad, cuando vota en las urnas o cuando vota con sus actos?
     

  9. Spinoza
    Spinoza Dice:

    Consideremos la extraordinaria circunstancia de que la primera institución de este país, la jefatura del estado, esta al margen de la ley civil y penal.
     
    Consideremos por el otro extremo, que el pueblo jamás ha gozado de libertad política colectiva, ni se le ha educado jamás para ello. Ni siquiera hoy en día. Todo lo contrario.
     
    Entre uno y otro de estos extremos, lo extraño sería que  por generación espontánea hubiera surgido el amor al cumplimiento. Este es un país de «salvarse quien pueda». Así clo construimos todos día a día. Y el que este libré de pecado que arroje la primera piedra.

  10. Penny
    Penny Dice:

    ¿Los españoles cumplen poco las normas ?

    Parece que bastante menos que los habitantes de los países de nuestro entorno, aunque algo más que los del conjunto del mundo 

    Existe un trabajo muy curioso de Fisman y Miguel (2007) en el que analizan las multas de tráfico de los diplomáticos ante Naciones Unidas en Nueva York. La inmunidad diplomática evitaba que tuviesen que pagarlas, por lo que el número de infracciones es buen indicador del respeto por las normas

    Entre los 149 países del mundo, ordenados de mas incumplidor a menos, España ocupa el puesto 53. Los diplomáticos españoles respetaban menos las normas que los de Zaire o Uganda (Si sirve de consuelo, Italia está algo peor, en el puesto 47)

    Fisman, R., Miguel, E., 2007. Corruption, Norms and Legal Enforcement: Evidence from Diplomatic Parking Tickets. J. Polit. Econ. 115 (6), 1020–1048. http://elsa.berkeley.edu/~emiguel/pdfs/miguel_parking.pdf
     

  11. Josef K.
    Josef K. Dice:

    Como se le  puede exigir al pueblo que cumpla la ley cuando el Gobierno puede indultar a quien le dé la gana sin tener que motivarlo (por qué se indultó al banquero,  Alfredo Sáenz).

  12. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Muy de acuerdo con el post y con los comentaristas anteriores. Muy interesante el link de Penny, que nos dice, con datos, donde estamos. Porque me imagino que nuestros diplomáticos en las Naciones Unidas todavía procederán mayoritariamente de la carrera diplomática o similar. Es una pena que no salga el link para ver los que están por encima y por debajo. Y claro que es un tema institucional y de educación, el (in)cumplimiento de las normas no viene en los genes ni en la dieta mediterránea.

  13. Fernando Rodríguez Prieto
    Fernando Rodríguez Prieto Dice:

    Aparte de existir muchas normas que se crean sin que importe mucho que se cumplan o no, sino simplemente con una función propagandista: para que parezca que las Administraciones públicas responsables están haciendo algo para resolver un problema. En este Blog se ha hablado mucho de ello.
    Además de las normas manifiestamente injustas, como la regulación fiscal que grava como reales las plusvalías ficticias.
    Si el propio legislador al proceder así no se toma en serio a sí mismo, ¿Cómo puede pretender que le tomen en serio los demás? 

  14. Lucía de las Heras
    Lucía de las Heras Dice:

    La inflación legislativa que padecemos, a raíz de que los Parlamentos autonómicos legislan sin ton ni son (emitiendo leyes innecesarias y superfluas sólo para autojustificarse), ha provocado una pérdida de calidad de las leyes.

    Los ciudadanos se pierden entre el marasmo legislativo y esto redunda en perjuicio de la eficacia del Derecho.

    Se atribuye a Cicerón la opinión de que las leyes han de ser pocas y claras, pero en España la tendencia es la contraria. Se dictan infinidad de leyes innecesarias y además son oscuras e imprecisas. Me remito al artículo de Martín Moreno sobre “El Derecho hueco” al que ya se hizo referencia en otra entrada.

    Además existen frecuentes antinomias entre los distintos planos de normatividad, que por otro lado son excesivos. Está el bloque de legislación comunitaria (directivas y reglamentos), está la ley estatal, está la ley autonómica, están los reglamentos (Reales Decretos, Órdenes ministeriales) estatales, están los reglamentos (Decretos) autonómicos… Y así es una barahúnda, un berenjenal jurídico.

    Sé de personas que querían constituir una cooperativa y no sabían qué norma aplicar en materia de mayorías, quórums, etc porque la ley estatal dice una cosa y la autonómica otra (¿Y si la cooperativa actúa en varias CCAA, ¿qué norma rige?).

    Si no es absolutamente necesario dictar una ley, entonces es absolutamente necesario no dictarla.

  15. Matilde Cuena Casas
    Matilde Cuena Casas Dice:

    Enhorabuena por el post que trata un tema trascendental. A mi juicio, la falta de cultura en el cumplimiento no es más que un reflejo de una falta de educación y de principios generalizada que empieza “por los de arriba”. Cada día amanecemos con un caso nuevo de presunta corrupción política y económica, la cual tiene un efecto colateral pésimo para la ciudadanía que ve cómo la ley no es igual para todos y reina la más absoluta impunidad solo para algunos. En este país ha habido delincuentes que se han llevado el dinero a manos llenas y luego han ido a programas de televisión –cobrando, por supuesto- a contar sus hazañas. Esto no es moralmente admisible y tiene un efecto absolutamente negativo en la población que piensa que “esto es jauja”. Coincido totalmente con la reflexión que ha hecho Luisa sobre este tema.
    Debemos de dejar de pensar que aquí somos peores que en cualquier sitio. Tenemos una autoestima muy baja como país. Lo que hay que hacer es tener instituciones serias y que al incumplidor se le apliquen todas las consecuencias. La sensación de impunidad que existe no hace sino favorecer que estos comportamientos irregulares se vuelvan a producir. Y sobre todo, hay que trabajar duramente en la educación en el seno de las familias. El comportamiento de los hijos muchas veces es un reflejo de la actuación de los padres y la cultura del respeto y del cumplimiento debe inculcarse desde la infancia.

  16. Alberto Gil
    Alberto Gil Dice:

    Gracias a todos/todas por los comentarios. Respecto a la inflación de normas y la imposibilidad de conocer el derecho totalmente de acuerdo (más de 100.000 normas en vigor en España), sobre la mala calidad legislativa, totalmente de acuerdo. Sobre el tema de la legitimidad tengo más dudas. Vuevo a Max Weber: ¿qué legitimidad? ¿la tradicional, la racional-legal, la carismática? ¿la democrática? En todo caso hay países que con democracia se cumplen más las normas y en otros con el mismo sistema bastante menos,luego algo tendrán que ver otros factores.
    En todo caso, como decía en el post no estoy defendiendo que en España sea el país más incumplidor del mundo, sino que “dentro de nuestro ámbito” destacan las razones que llevan a incumplir y la imagen social del incumplidor. Por ejemplo, les pongo un caso real que me manda un amigo por correo:

    -una persona que trabaja como asesor/asesora de un cargo político de un ministerio recibe una paralela de Hacienda. Al principio trata de escapar de la acción inspectora respondiendo a otro ministerio. Pero la AEAT no es tonta y  el procedimiento continúa: esta persona declara dos actividades, la que le paga el ministerio (sueldo público) y una actividad privada por cuenta propia como autónomo (primer incumplimiento notorio de la ley de incompatibilidades que al afectado/afectada parece darle igual comunicar a Hacienda, esperando que nadie repare en ello). Como gastos deducicbles de su actividad privada presenta las facturas de ropa, bisutería, libros, material escolar de sus hijos, ropa interior, restaurantes, gasolina, etc….hasta 15.000 eur, de una actividad por la que presenta 3.000 de ventas. El problema no es el carácter grosero del incumplimiento en una persona que no puede alegar desconocimiento de las normas, es que una vez pillada “in fraganti” continúe negando los hechos y tratando de utilizar mil triguiñuelas para escapar la multa. Esto son las elites del pais.   No hay que acudir a aquellos de mal de muchos consuelo de tontos, es preguntarmos qué podemos hacer para que estas personas sean cada vez menos y reciban el escarnio público y social, incluido de sus hijos y familaires. No es el único problema de España, pero estimo que sí es un problema porque la base para funcionar como socieda es la confianza, y eso que aquí el sistema (la AEAT) sí ha funcionado.

  17. BloodyKefka
    BloodyKefka Dice:

    La cosa es ¿Por qué existe esa ausencia de cultura del cumplimiento? Porque parece que en el artículo se trata como una variante independiente de la que surgen todas las demás. Vamos algo así como “en España no hay cultura del cumplimiento por una cuestión indiosincratica” vamos que “por que somos así”.
    Yo esto lo he discutido alguna veces con amigos y cuando les hablo que esto es el reflejo de las circunstancias históricas de España me dicen cosas como “no porque hay gente que no es pobre y lo hace sin necesidad” (como si yo me refeririera a la necesidad) o “pues no lo se, será por la educación, la mentalidad, unas leyes mal diseñadas, pero no es por lo que tú dices”. Cuando les pregunto “¿Y de donde surge esa mentalidad, educación y tal?” Me dicen “no lo se, pero eres un pesao”.
    Que existe una cultura de la picaresca (que no comparten todos los españoles, ni necesariamente la mayoría) es un hecho, la cosa es. ¿Vamos a considerar esa cultura como algo etéreo causa de todos los malos o vamos a explicar de una vez de donde surge? Porque si nos quedamos sólo en que una tautología como explica el artículo, pues poco arreglamos.

  18. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Para JorgeSCC.

    Hola, Jorge.

    Me he entretenido leyendo tu conversación con Javier Gomá. Por lo que veo el velo de la ignorancia no sólo ha dado juego a Rawls. Mucho talento que, con seguridad, no es fruto del azar sino del esfuerzo.

    Cuando la obra de Ferrero cayó en mis manos por indicación de un familiar muy cercano leí en primer lugar el prólogo de Eloy García y me gustó.
    Por eso suelo citar su nombre, porque es a personas como él a quienes debemos que estos autores nos resulten accesibles y pasar de las primeras páginas.
    Como no soy experto en la materia sólo puedo expresar reconocimiento a una persona como Eloy a quien no conozco pero con la que me siento en una cierta deuda.

    Me ha sucedido lo mismo con Miguel Ángel Rodilla cuyo prólogo de 60 páginas me hizo sentir interés por Rawls hace unos años. Sin su trabajo humilde  exigente y laborioso tendríamos un grave problema adicional para adentrarnos en cierta profundidad en lo por el mundo se teje y nos teje. Nos faltan tantas manos.

    Una cosa que he ido descubriendo tarde es que la industria cultural tiene también su relación de autores proscritos.
    Caí en la cuenta gracias a un viejo amigo que publicó un libro sobre José Goicoa –el arquitecto de Pasajes que diseñó todo lo que constituye San Sebastián. Desde el Buenpas al túnel del Antiguo, la Tabacalera, los edificios de Correos, la vieja escuela de Ingenieros, los Fueros, el Victoria Eugenia, el Kursaal o la Barandilla de la Concha y Ondarreta, el Casino o las escuelas de la Calle Urbieta. Otros se lo han atribuido mientras Goicoa, no nacionalista y muerto en Madrid en relativa pobreza, se iba sumiendo en el olvido.

    Mi amigo, Antonio Mendizábal, tuvo la ocurrencia de publicar “José Goikoa, autor de San Sebastián” y se lo editó la Dipu (hoy en manos de Bildu). Firmaron un contrato de 1000 ejemplares y la exclusiva forever para… la Dipu. El libro fue un éxito y se agotó en una semana. Luego se acabó. Nunca más.

    Te lo cuento porque sospecho que Ferrero ha pasado a la lista de los autores inconvenientes y la última vez que miré estaba agotado.

    Así que si tienes otros títulos, cítalos y comparte antes de que pasen a la lista negra.

    Un abrazo y gracias.

  19. jorgescc
    jorgescc Dice:

    Sólo puedo estar de acuerdo con usted señor Oquendo. 

    Hay libros y autores tan proscritos que basta con citarlos para merecer el descrédito de los que viven de conceder títulos de legitimidad, a pesar de que jamás los leyeron.
    Como la mala prensa puede afectar al medio que los difunde, no seré yo quien lo haga como muestra de respeto a este maravilloso blog y a sus autores. 
    Espero que lo entienda.

    Pero al hilo de Dº Eloy García me permito comentarle que tiene otro prólogo mediano en un libro grandioso: “El momento maquiavélico”. Pocock. Tecnos. Libro famosísimo desde los años setenta del siglo pasado pero traducido al español en éste.
    Yo creo que el levantamiento del velo a Pocock se debió a que fue acogido por Zapatero, vía Philippe Pettit y su famoso “Republicanismo”. 
    Hasta entonces, silencio a éste lado de los Pirineos sobre la obra y el autor.
    Zapatero y Pettit pasaron, pero “El momento maquiavélico” no.   

    Agradezco su seguimiento en twitter y en el blog y me permito recomendarle que se haga con los derechos de edición de los libros proscritos y descatalogados de los que se hace eco: su legión de seguidores le harán más rico y más famoso.
    Un honor. 

    • Manu Oquendo
      Manu Oquendo Dice:

      Para jorgescc

      Hola, Jorge.

      Ya me gustaría ser capaz de criticar el prólogo de Eloy García (E.G.) a la obra de Pocock.
      Me falta conocimiento y memoria. Lo escribió en el 2001 en preparación a la edición del 2002 y llevaba sin leerlo unos años.  
      El asunto del prólogo, la busqueda y los fundamentos de la libertad ciudadana negativa ante la crisis del estado constitucional moderno, ya venía siendo tratado por él antes del 2000. Es decir, Zapatero aún no estaba en el mapa por lo que tu comentario necesitaría de alguna precisión.

      Al volver a casa esta noche he recuperado la obra que citas de Pocock y mis notas al prólogo de E.G, al del propio Pocock y al de un profesor de Coimbra que acompaña ambos.

      Al repasarlo veo bastantes cosas.

      En primer lugar que E.G. hace afirmaciones notables para la época y que con el avance de esta crisis se reafirman.

      También hay ejemplos de lo contrario, no muchos.  

      Pero sobre todo me ha parecido ver una especie de crisis personal como dudando de si lo correcto es llevar la contraria a Maquiavelo o escucharle y unir sus fuerzas a las del enemigo “antes de que nos arrolle”.

      Parece que E.G. ha dejado la universidad de Vigo a una edad razonablemente avanzada (cincuenta y pico) y en esta relectura me parece encontrar bastantes rastros premonitorios de esta decisión.

      En cualquier caso, de haber dejado la enseñanza, creo que sería una pérdida.
      Muchos otros profesores son bastante menos osados al plantear sus dudas. Porque eso es lo que muchos tenemos antes de llegar a las certezas: dudas.

      En este momento no estoy en condiciones de hablar de Pocock pero sí de avanzar algunas ideas.

      Escribe en el momento de máximo esplendor Rawlsiano y cuando aún no habíamos comenzado a percibir la época post-Breton Woods.
      Han pasado casi 40 años y hoy nos es mucho más fácil ver cosas, tendencias, semillas de ideas, las ideas concretas y, muy especialmente, sus efectos.

      Como no soy del oficio puedo permitirme alguna simplificación y ahorrarme la jerga de los especialistas. También sus cautelas.

      Uno de nuestros problemas no menores es el que vemos en el siguiente ejercicio.

      Imaginemos un juego en el cual hay mil participantes. Entre ellos son parecidos pero distintos, y acuerdan dar todo el poder económico y educativo a uno de ellos durante 4 años.
      Al final del periodo elegirán de nuevo y para obtener candidatos se afilian a partidos que pagan con cargo a los gastos de comunidad.

      El jugador elegido tiene, además, el poder de cambiar buena parte de las reglas, suelen dedicarse a ello con fruición y lo hacen siempre pensando en primer lugar en ellos mismos. En la reelección de su “partido”

      El acceso a esa posición tiene lugar a través de la compra de votos, votos que son pagados por quienes decide el ganador de la contienda electoral. 
      Los votantes exhiben un comportamiento emocional la mayor parte del tiempo y son muy sensibles al miedo y a la inseguridad.
      Así definido el juego, comienza la primera partida…
      Tratemos de imaginar el estado del tablero tras cinco y diez partidas o ciclos, es decir 20 y 40 años.
      Esta es la situación que, por mucho que nos empeñemos, no cambiará si no se cambian las reglas del juego.

      Pues bien, este tipo de certeza ya aparece muy entre líneas de Eloy. A lo mejor es que no quiso seguir  el consejo de  Maquiavelo: “Aquel que deja lo que hace por lo que debiera hacer, marcha a la ruina en vez de beneficiarse“. O si.

      Un saludo cordial.

      PD. No estoy en Twitter ni en ninguna red social pero si quieres sugerirme títulos “deshonrosos” este es mi email.  manuoquendo@yahoo.es

  20. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Llego tarde, pero así puedo aprender más de lo que habéis escrito. El problema de por qué debe haber leyes iguales para todos y tienen que cumplirse y hacerse cumplir por “los mejores” está planteado por Hesíodo que se supone data de mediados del siglo VIII a.C. Autores modernos como Platón y Aristóteles, el primero en ´”La República” y el segundo en la “Ética Nicomaquea” sientan con claridad la idea de que el gobierno de la polis necesita menos leyes cuanto más educación se produce y, si no recuerdo mal, optan por la educación (obviamente no se refieren al “cole”, sino a la “paidea”: el Sr. Tena me sigue y creo que muchos otros tifossi de este blog también). Todo lo escrito después (incluso por Cicerón, Séneca, Erasmo o Ferrero) es desarrollo del tema principal. De las propuestas del autor me inclino porque en España existe una falta de educación sobre el debido cumplimiento de las normas (no solo de las leyes, que son incognoscibles, dispersas, redundantes, como habéis dicho), incluso las morales y éticas. No sé si es genotípico o fenotípico o ambos, ni importa mucho. Se cura con un siglo de educación en el cumplimiento. Y, por cierto, los primeros que deben ser educados para cumplir las normas son quienes las promulgan y aplican. Si las autoridades y sus agentes en Estepaís fueran rectas en el cumplimiento e interpretación de las normas, los españolitos las cumplirían más. Con todo, incumplimiento de las normas y tolerancia a niveles imposibles de corrupción, desde las líneas de autobuses hasta el “Palau”, algo sociológico deben tener, ¿o no?

  21. Alberto Gil
    Alberto Gil Dice:

    En cuanto al comentario sobre las causas de esta característica de la cultura española (o no, para otros) quisiera decir algo. Es importante preguntarse por las causas de las cosas, no lo niego, y probablementre sea un asunto digno de otro post, pero tampoco nos engañemos ni caiagmos en debates auto-referenciales. Cabe traer a colación aquí el mensaje budista de la flecha, donde Buda responde a un discípulo que le interroga por la causa del sufrimeinto: “si una persona recibe una flecha en su pecho no debe pararse a pensar quién se la ha lanzada, cuál es su familiar, su clan o tribu ni las razones que lo han movido, basta que se pare a pensar cómo sacarse la flecha sin que peligre su vida”. Pues eso, que también podemos podemos intentar cambiar la realidad actuando directametne sobre ella.

    Por otra parte, como perla (tal vez) final del debate les acompaño un ejemplo reciente de incumplimiento normativo público y notorio que no es la consecuencia de ningín desconocimiento de la legislación española o europea, aunque conculque expresamente ambas. Lo extracto del Diario Oficial de la Generalitat de Cataluña (todavía no se ha publiado en el BOE), es el caso del reciente Decreto Ley 4/2012, de 30 de octubre, de medidas en materia de horarios comerciales y determinadas atividades de promoción (DOGC, 6245, 2/11/2012)

    “…Esta situación requiere por parte del Gobierno de la Generalidad, por razones de urgencia y sobre todo de seguridad jurídica, detallar de una manera clara en una disposición, que por los motivos expuestos tiene que utilizar la figura del decreto ley, cuál es la normativa aplicable en Cataluña en materia de horarios comerciales y en materia de actividades comerciales promocionales, visto el conjunto de modificaciones normativas mencionadas, y en virtud de los títulos competenciales en juego, en defensa de las competencias exclusivas de la Generalidad en materia de comercio. Además, teniendo en cuenta que las medidas adoptadas en relación al conflicto planteado pueden conducir previsiblemente a la interposición del correspondiente recurso de inconstitucionalidad y considerando la demora inherente a los procedimientos que se sustancian ante el Tribunal Constitucional, se hace necesario aprobar, de manera urgente y como medida cautelar, este Decreto ley con la finalidad de evitar daños irreparables derivados del impacto de la nueva rgulación que ha sido impulsada por el Gobierno del Estado”

    Pues eso, con luz y taquígrafos, con un par… ¿Hay en otro país de nuestro entorno que pase esto? Por no hablar de la actitud prepotente y chulesca de los diversos encausados en casos de corrupción… No es el qué, es el cómo, como diría aquél.

         

    • BloodyKefka
      BloodyKefka Dice:

      “En cuanto al comentario sobre las causas de esta característica de la cultura española (o no, para otros) quisiera decir algo. Es importante preguntarse por las causas de las cosas, no lo niego, y probablementre sea un asunto digno de otro post, pero tampoco nos engañemos ni caiagmos en debates auto-referenciales. Cabe traer a colación aquí el mensaje budista de la flecha, donde Buda responde a un discípulo que le interroga por la causa del sufrimeinto: “si una persona recibe una flecha en su pecho no debe pararse a pensar quién se la ha lanzada, cuál es su familiar, su clan o tribu ni las razones que lo han movido, basta que se pare a pensar cómo sacarse la flecha sin que peligre su vida”. Pues eso, que también podemos podemos intentar cambiar la realidad actuando directametne sobre ella.”
      Yo fui el del comentario, y es una buena contestación, con la cual estoy de acuerdo. Pero también estará de acuerdo conmigo en el hecho de que conocer las causas ayuda a actuar directamente sobre ella. El ejemplo de Buda te permite salvar la vida una vez… pero creo que ayudaría buscar la manera de evitar que se lanzasen flechas.
      En definitiva, yo no creo que ambas cosas sean excluyentes. Es más yo diría que combinar acciones directas con el estudio de las causas (que, muchas veces, dan como resultado acciones directas sobre las causas) es la manera ideal de atajar el problema.
      Y bueno aquí se ha hablado de algo importate: el mal ejemplo que dan las instituciones. Yo diría que eso es algo que se puede considerar como circunstancia socioeconómica.
      Gracias por atenderme.

  22. Borges
    Borges Dice:

    Si no hay cultura de incumplimiento, enseguida la habrá, generalizada, y propiciada por el legislador. Cuando por motivos económicos es imposible o no merece la pena exigir judicialmente el cumplimiento de las obligaciones legales, los incumplimientos se generalizan, sean los de lo particulares o los del Estado. Ése es un efecto inmediato de la ley de tasas judiciales ya aprobada y de inminente entrada en vigor.
     

  23. veedor
    veedor Dice:

    Muy interesante el post y los comentarios pero en prácticamente todos queda un poso negativo del por qué se incumplen las leyes, es preferible verlo de manera positiva, como actitud proactiva, se incumplen también muchas veces por amor a la libertad individual.
    Sí, es verdad, mi libertad termina donde empieza la del otro, que una cosa es libertad y otra libertinaje, que si tenemos que dotarnos de unas normas, de si… pero cuando una persona comportándose como un buen padre de familia (en su versión civilista) es capaz de infringir en cualquier día de su vida no menos de “tropecientas” mil normas, leyes, decretos, bandos, ordenanzas, reglamentos o cualquier otra disposición con las que nuestro sabio legislador a tenido a bien castigarnos es que algo no funciona.
    Se ha hablado y mucho en este blog de la hiperinflación normativa, basta ver un BOE de hace unos años y un BOE de hoy en día, que habrá que multiplicar por los distintos diarios oficiales de las Comunidades Autónomas, más los BOP, más la legislación Comunitaria, más los Tratados Internacionales, más… ¿qué se incumplen las leyes? Pues normal, ya desde temprano decía Saavedra Fajardo “mejor se gobierna la república que tiene leyes fijas, aunque sean imperfectas, que aquella que las muda frecuentemente”
    Y en el fondo, admitámoslo, al gobernante, cualquiera que sea su signo, le encanta subyugar al pueblo, mostrar quien manda, y el incumplimiento es un acto de rebeldía aún cuando no siga el principio socrático de que el buen ciudadano debe cumplir aun las leyes malas para no estimular al mal ciudadano a incumplir las buenas.

  24. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    Veedor, ¿cuál es la diferencia entre libertad y libertinaje? En el contexto del debate de este hilo y usando la palabra “ley” en el sentido de “conjunto de valores y normas jurídicas, sociales y éticas”, las diferencias serían las siguientes:

    a) La libertad implica respeto a la ley. El libertinaje, transgresión de la ley.

    b) La libertad implica responsabilidad personal e institucional. El libertinaje, ausencia de responsabilidad.

    El estado de derecho está en quiebra precisamente porque el libertinaje se ha apoderado de él. La ley es utilizada por los poderosos como instrumento de control social y económico de una sociedad amorfa formada por seres infantiloides irresponsables pendientes tan sólo de qué pueden recibir de papá estado. Y como las demandas son infinitas y por definición, de imposible satisfacción, la reacción es el abuso de la ley por parte de los poderosos, de los beneficiarios aparentes del sistema y un rechazo de aquellos a quienes perjudica, aun cuando traten de buena fe de cumplirla.

    Resultado: Hiperinflación positivista, voladura incontrolada de los principios comunes en que se asienta la convivencia, pérdida absoluta de prestigio de las normas y un estado que de derecho sólo conserva el nombre.  

  25. veedor
    veedor Dice:

    Estimado Ennecerus, mi propósito no era iniciar ni establecer un debate sobre la distinción entre libertad y libertinaje.
    Simplemente formaba parte de una enumeración a modo de posibles refutaciones a la afirmación realizada en el párrafo anterior sobre el incumplimiento como expresión del amor a la libertad individual; sólo eso.
    Un saludo.

  26. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    Estimado veedor, el mío tampoco. Simplemente quería resaltar algo que me parece fundamental en estos tiempos: Libertad, toda. Responsabilidad, también. Sin responsabilidad, no hay libertad.

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