Tres crisis en una. Las cabezas de la Hidra

Cumplido más de un año desde que el señor Rajoy ganó las elecciones, se ha demostrado que un cambio de gobierno no significa necesariamente un cambio de rumbo. Sigue la crisis, suben el paro, el IPC, y el nivel de endeudamiento. Y no hay una suficiente separación entre los dirigentes políticos, y el sistema financiero, la Justicia o los medios de comunicación.

 
El Gobierno del PP ha incumplido los puntos básicos de su programa. Niega a menudo la evidencia, y se defiende de cualquier crítica con el argumento de la herencia que les dejó el PSOE. Crece el descontento social, la desconfianza, y la desafección hacia las instituciones. Un 85 % según las encuestas se muestran descontentos con el sistema de representación parlamentaria. Y los nacionalismos periféricos se aprovechan de la crisis para hacerse más fuertes, incrementar sus demandas y acercar a más gente a sus políticas excluyentes y autoritarias. Ya sin tapujos se vende la secesión como una solución definitiva, como la perfecta huida de la crisis.

 
Se ha dicho que esta crisis política y económica se fundamentan en realidad en otra crisis social. Que el deterioro económico y la progresiva decadencia del sistema político no habrían sido posibles con una sociedad civil donde no hubiera avanzado tanto la pérdida de valores como la unidad y cohesión social y familiar, la responsabilidad personal, o el respeto a la autoridad. Lo que nos lleva a preguntarnos qué es lo que está fallando en los mecanismos de transmisión de valores.

 
Se ha señalado al sistema educativo como uno de los principales responsables de este problema. No cabe duda de su deterioro como mecanismo tanto de transmisión de conocimientos como de socialización y educación cívica. De hecho entre los docentes e incluso alumnos que protestan por la reforma educativa proyectada se echan de menos una dosis suficiente de autocrítica, un sincero reconocimiento de la actual situación, y  el planteamiento de otras alternativas diferentes de reclamar más dinero.

 
Pero también que en las aulas es donde más se sufre, y no sólo por los profesores, la citada crisis social y de pérdida de valores. Se ha consolidado un sistema que favorece el mínimo esfuerzo y la desvalorización de la excelencia, y que permite la “estabulización” de  adolescentes que no tienen el menor interés en los estudios, a costa del ambiente general. Y a ello se añade la falta de autoridad de los maestros, demasiadas veces condicionados por los caprichos de padres y alumnos.

 
Sin embargo la crisis del sistema educativo no es sino una manifestación más de la citada crisis social. En una sociedad sana y con claras convicciones este deterioro no habría sido posible.

 
Por eso hay que señalar también otros responsables de esta crisis social. Si en la época de bonanza tanta gente perdió la noción de austeridad y prudencia y vivió por encima de sus posibilidades confiada al crédito, y si tantos hicieron entonces dinero fácil en la llamada “cultura del pelotazo”, de ello muy probablemente no sea la escuela la principal responsable.

 
Creo que no ha sido menor el efecto de los ejemplos recibidos de nuestros dirigentes.En nuestra clase política la calidad tampoco ha merecido una especial valoración. Se ha llenado de oportunistas de muy poco nivel y formación gracias a los lamentables mecanismos de selección de la partitocracia. La política se ha convertido en un medio fácil de vida, que no requiere especial formación ni esfuerzo, y donde basta para colocarse con demostrar una lealtad acrítica y con decir donde corresponda, incluso con cínica desvergüenza, bonitas palabras.

 
Hoy, tras décadas de burbuja inmobiliaria y lucidos despilfarros en carreteras, aeropuertos, centros culturales vacíos y urbanizaciones fantasma, los ciudadanos españoles deben pagar las facturas y las peores consecuencias de la crisis, mientras que los políticos tan mal seleccionados son los únicos a los que parece que la crisis les es  ajena y pueden seguir viviendo por encima de sus (en realidad, “nuestras”) posibilidades.

 
Los políticos, lo mismo que los periodistas o los intelectuales en general, tienen también la obligación moral de transmitir valores una sociedad gravemente necesitada de ellos para sustentar una democracia sólida. Y mucho más con hechos que con palabras. Pero en vez de ejercer ese papel y actuar con ejemplaridad, se han servido de su poder para mantener su status, y manipular a un pueblo inculto y maleable. Actuando muchas veces al margen de la ley, o adaptando ésta a sus específicos intereses. Domesticando y colonizando la justicia, la prensa o cualquier otro contrapoder equilibrador. Y corrompiendo o anestesiando a la sociedad con sus mecanismos clientelares. Todo ello para seguir en su particular estado de bienestar, sin exigencia alguna de responsabilidad.

 
No resulta fácil pedir a la sociedad desde esta atalaya un comportamiento ejemplar, y  la asunción de innumerables sacrificios que ellos mismos son incapaces de hacer. Cuando las pequeñas corruptelas y canonjías (caso ipads), el tapar o mirar hacia otro lado en los casos de corrupción de tu propio partido, o el uso generoso del indulto cuando otros escudos han fallado se han convertido en una indisimulable seña de identidad de esa clase diferente e inmune al sufrimiento general. A nadie asombra que los ciudadanos se refieran al conjunto de ellos no ya como “clase política”, sino más bien como la casta que antepone sus prioridades al bien común de la sociedad.

 
Con razón Georg Christoph Lichtenberg dijo una vez que cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto.

 

 

18 comentarios
  1. Carmen Sánchez
    Carmen Sánchez Dice:

    Está cada vez más claro que esta crisis es una combinación de varias distintas, y de distinto calado. En realidad, estamos ante una crisis sistémica, de modelo de vida, y es así como debiéramos encararla. Verlo así produce, por una parte, un sentimiento de desorientación profunda y de pesimismo. Pero, por otra parte, es también una magnífica oportunidad para replantearnos muchas de las cosas que sabemos que funcionan mal en nuestra sociedad, pero que antes, con la psicosis colectiva de éxito y autosatisfacción que rezumábamos, no era posible abordar.

    Sin embargo, la iniciativa ha de salir de la sociedad civil y de todo aquél que tenga inquietudes e ideas. Hay que generar un movimiento de renovación cultural profundo. Para ello, blogs y foros de reflexión como este, y otros, son muy útiles. Es intersante este artículo: http://www.otraspoliticas.com/politica/la-crisis-tambien-es-una-oportunidad-2

  2. Ignacio Gomá Lanzón
    Ignacio Gomá Lanzón Dice:

    Muy de acuerdo con el post y con Carmen. La crisis es algo más que económica, lo que pasa es que la economía ha sido el desencadenante de nuestra percepción de las otras. Quizá porque cuando hay dinero y estamos satisfechos no nos fijamos en lao demás. En este sentido, hay que aprovechar el momento para cambiar de dirección, pues no en vano “crisis” significa en griego decisión.

  3. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Totalmente de acuerdo con la autora del post y con Carmen. Estamos ante un cambio de modelo, y nuestra única esperanza es aprovechar una gran crisis para ir a uno mejor, donde se retribuya la responsabilidad, la honestidad, el esfuerzo, el mérito, el talento y la generosidad. Como está claro que nuestros políticos y gobernantes son incluso incapaces de imaginar algo así, solo queda que los ciudadanos lo exijan en la calle, en los medios a los que tengan acceso y, sobre todo, en las urnas.

  4. Quasimontoro
    Quasimontoro Dice:

    Cuando terminó la Segunda Guerra, que pocos países eran ricos, incluyendo a Argentina y Uruguay –la guerra fue algo lejano (salvo por el Graf Spee) y sus tierras seguían prometiendo la abundancia de esa gran expansión de 1860-1930. En Argentina (donde nací y me crié) vivíamos pendientes del sufrimiento de Italia y España porque ya hacia 1950 el 95% de los nacidos después de 1930 descendíamos de los italianos y españoles que habían llegado antes de 1930, y convivamos con nuevos inmigrantes que escapaban de la Europa de los 30 y 40. Más importante, y a pesar de todas las cosas que se habían hecho mal entre 1860 y 1930, el país volvía a tener la oportunidad de crecer y consolidar una nueva democracia constitucional. Muchos dirán que el triunfo de Perón en 1946 puso fin a esa perspectiva, pero no –a pesar de las limitaciones de su Constitución (aprobada legítimamente en 1949) el país estaba lejos de consolidar una típica dictadura latinoamericana (como la de Fidel, esa que todavía tanto gusta a muchos intelectuales europeos). No supimos aprovechar esa oportunidad porque en los 25 años después de la guerra se generó un conflicto entre peronistas y anti-peronistas que se fue agravando hasta generar un alto grado de violencia (1970-1983, terminó gracias a Margaret Thatcher) con graves consecuencias económicas que se pudieron revertir parcialmente primero con la ayuda externa (1984-2001) y luego con el boom de los commodities (2004-2012). Hoy Argentina sigue viviendo con gran intensidad ese conflicto –no en forma violenta pero si virulenta hasta el extremo de que se puede apostar que en el 2013 ese boom no impedirá una nueva crisis económica.

    ¿Qué se puede aprender de la experiencia argentina? Pareciera que mucho porque no estamos hablando de un conflicto grave en un país pobre, sino del conflicto típico del estado de bienestar, esto es entre los que en las democracias constitucionales dan prioridad a la Justicia Social (con sus 50 lados oscuros como las sombras de Gray) como objetivo colectivo y los que damos prioridad al ejercicio de la libertad individual y por tanto a la felicidad como resultado de ese ejercicio. Pero cualquier “solución“ al conflicto pasa por reconocer que –a pesar de la globalización– la democracia constitucional sólo es viable en estructuras políticas construidas desde abajo (principio de subsidiaridad), no desde arriba.

    • Fernando Gomá Lanzón
      Fernando Gomá Lanzón Dice:

      Muy interesante, siempre me ha atraído la que me parece -desde la lejanía- que sería la “peculiaridad argentina”, un país con capacidades potenciales muy superiores a las que exhibe, y especialmente, el fenómeno del peronismo, que tiene características propias y que no se repiten en otros casos. Si puede ampliarlo se lo agradecería.

    • Quasimontoro
      Quasimontoro Dice:

      Fernando,

      Analizar la particularidad argentina tomaría mucho tiempo y espacio. Desde la perspectiva española, lo importante sería entender

      1. La naturaleza del conflicto. Unico punto al que me referí en mi primer comentario porque hoy todas las democracias constitucionales enfrentan un conflicto similar, aunque algunas parecen haberlo controlado o superado y otros (en particular España) lo sufren con gran intensidad. Destaco que ya en 1951 el problema está claramente identificado (coincidió con la renuncia y posterior muerte de Evita y nunca sabremos que habría pasado si hubiera sobrevivido su enfermedad –recordar que murió a los 33 años). La gran diferencia del peronismo “promotor“ de la Justicia Social en relación a partidos similares en otras democracias constitucionales es su mayoría absoluta (¿obra de Evita?), muy evidente hasta la muerte de Perón (1974) pero todavía clara hoy.

      2. El origen del conflicto. Hay que explicar detenidamente primero el período 1860-1930 cuando se construyó Argentina para identificar correctamente los conflictos que fueron apareciendo en un país centrado en la Pampa Húmeda (igual tamaño que la Península Ibérica pero sólo un quinto de la superficie total del país) y en donde los inmigrantes fueron reclamando derechos políticos. Y segundo el período 1930-45 cuando el resto del mundo se volvió un contexto muy adverso al que Argentina debió ajustarse, generando otros conflictos que agravaron los heredados del primero período.

      3. La dinámica del conflicto. En mi primer comentario identifiqué los períodos principales y aquí solo puedo agregar que las fuertes variaciones en la intensidad del conflicto fueron hasta la muerte de Perón, consecuencia de la unidad peronista frente a una oposición que dependía de un apoyo militar volátil para impedir que Perón fuera presidente, pero luego resultado de luchas internas en el peronismo.

      4. La solución del conflicto. Destacan dos cosas. Primero, el conflicto pronto entró en la categoría de “sin solución“ –mientras el peronismo tenga mayoría absoluta y maneje sus conflictos internos con virulencia pero sin violencia y además la oposición consista de coaliciones débiles de partidos pequeños, difícilmente haya una solución. Segundo, el reconocimiento del punto anterior quedó reflejado en la elección o designación de presidentes grotescamente ineptos (Guido, Illia, Levingston, Campora, Perón III, Isabel Perón, Viola, Galtieri, Alfonsín, de la Rúa), presidentes con misiones limitadas a “salvar el país“ o lo que se pueda (Lonardi, Aramburu, Onganía, Lanusse, Videla, Duhalde), y presidentes ambiciosos pero incapaces (Perón I, Perón II, Frondizi, Menem, Kirchner I, Kirchner II, Kirchner III). Sólo los últimos intentaron reformas de la política y la economía que parecieron importantes aunque sus resultados no fueron los esperados y no solucionaron el conflicto (más bien lo agravaron).

    • Quasimontoro
      Quasimontoro Dice:

      Fernando,

      Le agradezco la referencia a la exposición de Mauricio Rojas donde presentó su libro sobre el fracaso argentino. Se quien es Mauricio Rojas pero nunca había prestado atención a sus trabajos. Escuché esa exposición y no comparto su teoría de que la redistribución de ingreso ha dominado la historia argentina en los últimos 200 años (ni tampoco sus ideas más generales sobre economía y política que aplica en su explicación del fracaso argentino).

      Luego de escuchar la exposición entré en este blog de Mauricio

      http://bibliotecademauriciorojas.wordpress.com

      y leí algunos de sus posts. Me interesó en particular una columna reciente que escribió sobre Chile y Argentina. Una razón para interesarme es que he vivido muchos años en Chile (1973-78, 1980-1984, 1999-2007, 2010-2012) y siempre se me pregunta por sus similitudes y diferencias.

      Sus historias son distintas, especialmente a partir de 1833. La historia de Chile ha estado marcada por la Guerra del Pacífico y la anexión de largas extensiones que pertenecieron a Bolivia y Perú dando al Estado chileno un ingreso extraordinario de los recursos mineros de esas tierras. Sin esos recursos Chile sería hoy muy distinto. La historia de Argentina ha estado marcada por la gran transformación de la Pampa Húmeda entre 1860 y 1930, no de acuerdo a lo que dice Rojas sino como parte de un esfuerzo inmenso de creación –enfatizo creación– de riqueza por millones de inmigrantes (en su gran mayoría italianos) que arrendaron tierra a los propietarios de origen español y por capitalistas británicos que invirtieron grandes sumas protegidos por una nueva institucionalidad que nunca Chile ha podido tener y que Argentina luego perdió. Rojas no parece comprender lo que la Gran Depresión y luego la Segunda Guerra significaron para Argentina, y cómo uno de los países más ricos del mundo en pocos años perdió su relación económica con el Reino Unido y por tanto con la economía mundial (algo que no le ocurrió a Canadá, Australia y N. Zelandia como países miembros del Commonwealth). Rojas no parece comprender lo que ocurrió en toda America Latina entre 1945 y 1970, en particular en su Chile natal y cuan diferente fue el impacto de esos acontecimientos en Argentina debido a la consolidación del peronismo como mayoría absoluta. Rojas no parece comprender lo que ha sucedido en Chile desde el 11 de septiembre de 1973 y cómo la economía chilena –a pesar de las muchas reformas que se han hecho– sigue dependiente de los recursos mineros del Norte, ni tampoco las deficiencias serias de la institucionalidad y la política chilenas. Su comparación me recuerda la prensa deportiva –el ganador del día es celebrado como si hubiera ganado el cielo y el perdedor como si hubiera caído en el infierno.

  5. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Me sumo a la autora y a sus glosadores. Es cierto que Einstein no podría ser contratado en una Universidad Pública española pero es más cierto aún que la sociedad civil, dormida, no hace nada ante el manoseo del sistema educativo y el judicial, salvo, claro, los sectores que desde principio del siglo XX luchan por controlar el primero. Ley tras ley, la educación y la instrucción públicas, desde la básica hasta el posgrado, pierden calidad y atraen poco talento, con excepciones, claro está. Estando de acuerdo en que la crisis es de valores, quisiera reiterar y hay posts al respecto de alguno de los editores, que el plano social sólo se construye sobre el familiar y éste sobre el individual y en Estepaís ya nadie mira “ad intra” como nuestro segundo Don Miguel pedía. Exijámonos a nosotros mismos y luego podremos pedir a los demás. ” Yes we Kant”! (por lo del imperativo categórico, sin necesidad de más referencias) Volviendo la vista a la Historia, sin embargo, lamento decir que la gran crisis del siglo V empezó a finales del sigo II, y que 1789 llegó porque hubo una crisis enorme de concepción del mundo desde el siglo XV, etc. ¿Quién se remanga primero y se pone manos a la obra en la esfera social? ¿Se puede confiar? Me remito a mi post sobre la “fides”, para no repetirme.

  6. Domingo Moreno
    Domingo Moreno Dice:

    Enhorabuena a la autora por este post. Coincido plenamente con ella en el carácter social de la crisis. Desde hace tiempo pienso incluso que es el principal factor, por encima del político y el económico.

    Respecto a los políticos, se han convertido en una casta de intocables, a los que les resulta un
    verdadero negocio estar en el poder (en cualquier ámbito), pero también lo es estar en la oposición. Son la gran agencia de colocación de familiares y amigos incompetentes.

    Hay dos cosas que los políticos están empeñados en que no funcionen: 1) La educación: siempre es mejor tener a una sociedad de borregos a los que poder manejar con las voces de un discurso político que tener a una sociedad de personas formadas adecuadamente y que simplemente, sepan pensar por sí mismas y tener ideas propias. Eso sería muy peligroso para los políticos porque la sociedad descubriría sus carencias. ¿Qué porcentaje de políticos tienen a sus hijos en la escuela pública? Apostaría que es muy bajo. Ellos prefieren tener a sus hijos en colegios elitistas para que se conviertan en la clase dirigente del futuro. Además la televisión es un importante caldo de cultivo en este tema. 2) La justicia: Una justicia ágil e independiente se volvería rápidamente en contra de los políticos, que acabarían pagando sus desmanes.

    Del mismo modo que en el mundo del deporte en España el ejemplo de grandes profesionales del pasado ha sido la semilla para muchos jóvenes que actualmente triunfan, habiendo conseguido un círculo virtuoso, en la política hemos logrado llegar a un círculo vicioso. El mal ejemplo de los políticos arrastra a muchas personas a defraudar más a Hacienda, a actuar deslealmente, … Ni más ni menos que actúan según el ejemplo que tienen delante.

    Coincido con uno de los comentarios en que la salida de esta crisis social tiene que partir de la sociedad civil. Y me atrevo a decir el cómo: simple y llanamente DANDO UN PASO ADELANTE.

    Ahí es donde fallamos los que criticamos el sistema. No basta con poner comentarios o escribir un post. Es necesario sacrificarse e intentar tomar el sistema para poder cambiarlo. Y hay que preguntarse, ¿estamos dispuestos a cambiar nuestra cómoda vida por participar activamente en el campo político? ¿o preferimos que lo hagan otros?. Volviendo al ejemplo del deporte, estoy seguro que les resultó mucho más difícil el triunfo a Nieto, Santana o a Induráin que a los que se inician ahora. En el cambio político es algo parecido. Quien se sacrifique ahora posiblemente no consiga el triunfo, pero estará dando ejemplo a otros que posiblemente sí logren la meta deseada. Sencillamente es un gesto heroico.

    Hay gente de sobra en España para empezar a hacer las cosas bien. Se necesitan voluntarios para cambiar el sistema. Razón aquí.

    • Lexuri Olabarriaga Díaz
      Lexuri Olabarriaga Díaz Dice:

      Totalmente de acuerdo contigo, Domingo. Mediante la educación, la justicia y los medios de comunicación, los políticos se encuentran en una situación privilegiada en donde, cómodamente, pueden manejar los hilos a su antojo ya que no tienen que dar explicaciones a nadie. Especialmente la educación es la institución que más se machaca para conseguir estos objetivos, véase los recortes actuales. También coincido contigo en que quejándonos y escribiendo comentarios no conseguiremos mucho; hay que ser más valientes y dar ese paso adelante del que hablas para cambiar las bases de esta estructura social que se tambalea a cada paso y que ya no tiene otra salida que el ‘borrón y cuenta nueva’.

  7. Josep Llivina
    Josep Llivina Dice:

    Estoy de acuerdo en la Crisis de Valores que parece que llevamos años sufriendo, como resultado vemos esta crisis dónde los Financieros a nivel mundial no han tenido escrúpulos en mandarnos a la ruina. Tampoco se ha visto una clase política con suficiente independencia de los lobbies financieros para plantarles cara. Y ahora nos intentan vender que nuestro sacrificio es la única alternativa a su incompetencia y la especulación de grandes empresas financieras. Naturalmente como catalán que habla, escribe y entiende tanto el catalán como el castellano desde los primeros años de la escuela discrepo en el autoritarismo que se pretende asociar al nacionalismo. El único nacionalismo autoritario que he vivido es el español que aún perdura con los últimos intentos de evitar la enseñanza en el sistema actual de integración catalán. Animo a cualquier persona a visitar Catalunya y entender este modelo de sociedad donde hay cabida a todas las nacionalidades y sensibilidades, prueba de ello es el número de publicaciones en catalán, el número de personas que te atienden en castellano y el respeto que la mayoría de personas tenemos por cualquier ciudadano de otras comunidades y países. El único problema que tiene el Estado Español con Catalunya es únicamente económico, del mismo modo que un trabajador pide aumentó de sueldo a su empresa, aquí el problema está entre dirigentes no entre ciudadanos.

    • Lexuri Olabarriaga Díaz
      Lexuri Olabarriaga Díaz Dice:

      Con todo el respeto, no estoy de acuerdo con su comentario. El nacionalismo catalán no es integrador desde el momento en que no permite la enseñanza en las dos lenguas oficiales de la Comunidad Autónoma, desde el instante en que los políticos como Artur Mas llama ‘verdaderos catalanes’ a los que son partidarios de la independencia (¿los otros catalanes son ‘catalanes de segunda’?) y desde el momento en que para dar más apoyo a su ideología nacionalista, inventa, maquilla y tergiversa la historia de Cataluña. Eso, en mi opinión, no es una política ‘integradora’ sino ‘manipuladora y autoritaria’. De todas formas, coincido con usted en que el problema fundamental de Cataluña con España es económico y que son los políticos y no los ciudadanos, los que deben solventar este problema.

  8. Usuario
    Usuario Dice:

    Estimado Josep, respeto desde luego su opinión pero no comparto su visión. Primero dice que el nacionalismo no es autoritario, luego que sí, pero el español, no el catalán, que es por lo que se ve, muy integrador. Sí estoy de acuerdo en que la población catalana ha sido siempre históricamente, tolerante y práctica, ahora me temo que bastante menos que antes. Pero en absoluto es correcto decir que la culpa es del Estado Español (España, por tanto), que no quiere dejar crecer a una Cataluña abierta y tolerante. Tiene quizá algo de verdad, nada es blanco o negro, pero oculta lo fundamental: en 2012 el único nacionalismo vivo, exigente e intolerante es el catalán, y el nacionalismo expañol sencillamente no existe. Lo que sí hay, no lo niego, es un desaprecio en muchos españoles no catalanes con esta comunidad, y viceversa, pero de ello en absoluto están exentos de culla los políticos de allá, de hecho son los mayores rsponsables.

    Si yo abro una tienda en Vic con el nombre: Perfumerías y Regalos la Flor de la Mancha, en español, lengua constitucional de toda España, me multan. Esto es completamente increíble, inconstituional e incluso algo peor: es muy cateto.

  9. Josef K.
    Josef K. Dice:

    Un buen ejemplo de esta falta de valores lo tenemos en máximo órgano del poder judicial. El presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Gonzalo Moliner lamenta tener que viajar en clase turista porque no da ‘buena imagen’. Un “semidios” como se va mezclar con el populacho, el pobre viaja avergonzado. Sr. Moliner, el pésimo funcionamiento de la justicia si que da mala imagen.

  10. Quasimontoro
    Quasimontoro Dice:

    Lexuri,

    Entiendo su indignación pero por favor no pida peras al olmo. Dice usted “Los políticos, lo mismo que los periodistas o los intelectuales en general, tienen también la obligación moral de transmitir valores una sociedad gravemente necesitada de ellos para sustentar una democracia sólida.“ Yo los eximo de tal obligación por incapaces –no me imagino a ninguna persona que por ser político, periodista o intelectual tenga capacidad alguna para transmitir valores; si la tiene será por otro motivo.

    Lo anterior no quiere decir que no debamos preocuparnos por esa transmisión de valores. Hoy muchos escriben sobre valores sociales y en particular sobre las virtudes cívicas necesarias para la buena vida, sea desde la perspectiva comunitaria (por ejemplo, M. Sandel en What Money Can’t Buy) o la perspectiva libertaria (por ejemplo, J. Tomasi en Free Market Fairness), pero francamente estos escritos están lejos de ayudarnos a entender cómo esos valores se podrían promover y transmitir. El cambio pasa por menos acción colectiva para “imponer“ valores.

    En cuanto a los intelectuales y los políticos, me temo que poco se puede esperar de ellos en lo que deberían ser sus papeles principales en tiempos de crisis, esto es, como diseñadores y ejecutores de una estrategia para su solución. Hoy muchos se preocupan de que reclamamos derechos e ignoramos nuestras responsabilidades (por ejemplo, Fleming y McClain en Ordered Liberty–Rights, Responsibilities, and Virtues), pero esas preocupaciones ignoran a los privilegiados, en particular políticos y sus cómplices, que gozan de los derechos que reclamamos y además se auto-eximen de las responsabilidades que nos imponen. El cambio pasa por eliminar los privilegios.

  11. Javier García de Tiedra González
    Javier García de Tiedra González Dice:

    Podemos echarle la culpa de nuestra situación y de la crisis en España a los políticos (que parte tienen), pero no podemos negar el hecho de que la idiosincrasia del pueblo español es la que es: nos encanta vivir por encima de nuestras posibilidades.

    Y es que tiene delito ofrecer “chollos” a mileuristas sin trabajo fijo, sí, pero también lo tiene que una persona con familia y en esas condiciones se comprometa a pagar una hipoteca que ya de por sí si no perdiese el trabajo le iba a costar sudor y lágrimas pagar.

    El paro juvenil, por ejemplo, el desastroso, pero también es verdad que muchos jóvenes, que todavía no se ven con la soga al cuello, se conforman con vivir del cuento en casa de sus padres y esperar sentaditos a que les llegue un señor trabajo, ni lo intentan.

    Soy de la opinión de que en España no hay mentalidad emprendedora (que nos hace falta) y que los pocos que verdaderamente están dispuestos a luchar por crear nuevos puestos de trabajo tienen aquí unas condiciones tan malas que no les queda más remedio que irse a otros países.

    Aún así ilusión no falta con el nuevo año, ilusión porque en España empiecen a hacerse las cosas mejor.

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