We the people…pero ¿qué people? (Sobre la declaración de soberanía del Parlamento catalán)

 

A raíz de la reciente declaración del Parlamento de Cataluña, cuyo texto completo pueden encontrar aquí  y sin ánimo de realizar un análisis jurídico de la declaración (además ya se ha encargado un informe, eso sí, urgente, a los Servicios Jurídicos del Estado para ver si lo tiene o no o si es digna de recurso judicial) sí querría recordar unas nociones básicas de Ciencia política y Derecho constitucional, que seguro que muchos lectores ya conocen, por lo que me disculpo por adelantado. Están tomadas básicamente del libro de Giovanni Sartori ¿Qué es la democracia?   de muy recomendable lectura en los revueltos tiempos que corren. Sartori nos recuerda conceptos políticos muy sencillos pero sin los que es difícil manejarse en estos barrizales donde lo subjetivo, lo emotivo,  lo jurídico, lo político y hasta lo sociológico se entremezclan en un ambiente mediático poco proclive a los debates no ya técnicos, sino minímamente racionales. De ahí que no le envidie la tarea a mis compañeros de la Abogacía del Estado a los que se encomienda, nada más y nada menos, que suplir a los gobernantes de nuestro país y asumir sus responsabilidades, para lo que es necesario convertir un conflicto político de primera magnitud en una cuestión técnica casi de despacho ordinario. Lo de siempre.

 

Porque esto de que la democracia es el gobierno del pueblo, está muy bien. El pueblo manda, el pueblo decide, el pueblo se autodetermina, no hay límites frente a la voluntad del pueblo. Pero desde que el pueblo ha crecido tanto y ya no son unos cuantos ciudadanos varones libres de una ciudad-estado griega del siglo V antes de Cristo donde más o menos se conocían todos la pregunta del millón es ¿Quién es el pueblo?  O incluso antes todavía ¿Quién decide quien es el pueblo?

 

Según Sartori, para la primera de las preguntas ha habido en la historia hasta seis respuestas posibles, a saber:

a)      El pueblo como “todos”.

b)      El pueblo como pluralidad aproximada: “los más”.

c)      El pueblo en el sentido de las clases inferiores, el vulgo, el populacho, la plebe.

d)      El pueblo como totalidad orgánica e indivisible.

e)      El pueblo como principio mayoritario absoluto.

f)       El pueblo como principio mayoritario moderado.

 

El autor descarta la primera acepción porque siendo muy intuitiva no nos lleva a ninguna parte, dado que “todos” nunca son todos (incluso en las democracias más avanzadas los menores de edad o los extranjeros no votan). También la segunda, dado que no nos proporciona ningún criterio fijo para el funcionamiento de una democracia, ya que requiere irlo decidiendo en cada caso quienes son “los más” (es un poco el caso de Cataluña ahora con la idea de que voten también menores de edad la autodeterminación pero me imagino que no otras cosas) y claro, así no se puede funcionar mínimamente en serio. La tercera a estas alturas de la historia ya la podemos descartar por antigua.

 

En realidad, solo quedan como posibilidades reales (y son realmente las que hay operativas aquí y ahora) las dos últimas nociones de pueblo, en las que este concepto tan vago se define en función de unas reglas de decisión donde el pueblo es contabilizado con precisión. Pero las dos posibilidades son muy distintas desde el punto de vista democrático. En la cuarta, los más cuentan o deciden como todos, y los menos como nadie. En la quinta, en cambio, los más prevalecen sobre los menos, pero se respeta a los menos.

 

Concluye Sartori, y esto es muy relevante para el caso que nos ocupa, que el pueblo como totalidad indivisible es inaceptable democráticamente. La noción del pueblo como una totalidad indivisible además de haber legitimado unos cuantos totalitarismos sangrientos en el siglo XIX de derechas y de izquierdas es radicalmente contraria a la democracia, al permitir en nombre de la totalidad el aplastamiento de la disidencia y la opresión de los individuos. En una democracia no se puede permitir a la mayoría reducir a la opresión o a la impotencia o al exilio a la minoría. Así que solo es compatible con la democracia la noción del pueblo como principio mayoritario moderado.

 

Con todo esto no quiero entrar ahora a valorar si la declaración del Parlamento catalán tiene una mayoría suficiente detrás para modificar la Constitución española, más allá de que las modificaciones constitucionales hay que hacerlas por los cauces legalmente previstos y no a las bravas como ya hemos explicado muchas veces en este blog y en otros foros. Entre otras cosas porque parece que los mismos que la han promovido consideran que su mayoría no es suficiente. Lo que quería simplemente decir es que esto de que el pueblo decide lo que quiere cuando quiere y como quiere no es tan sencillo como parece a primera vista desde un punto de vista estrictamente político, no digamos ya técnico o jurídico.

 

Y luego está la otra cuestión. ¿Quién decide quien es el pueblo en un momento histórico dado? Pues como adelantaba antes, normalmente esto se escribe en unos textos constitucionales que contienen las reglas para decidir esa y otras cuestiones fundamentales. Textos que pueden modificarse y se modifican, faltaría más, supongo que ya habrán visto o irán a ver la película de Lincoln sobre la famosa decimotercera enmienda para la abolición de la esclavitud (que no para la concesión del voto a los hombres negros, claro está, ni tampoco para las mujeres ).  Pero se modifican también siguiendo unas reglas y a veces conseguir las mayorías suficientes para cambiarlas no es tarea fácil.  Comprendo que estas nociones ya son un poco complicadas para los sencillos esquemas de los promotores de la declaración de soberanía del Parlamento Catalán y sus interesados altavoces mediáticos, pero es que la democracia y la libertad no son asuntos sencillos precisamente ni cuestión de cuantos partidos suscriben o no un determinado texto por muy rimbombantes que sean sus declaraciones. La democracia tiene mucho más que ver con sociedades abiertas, sociedades civiles fuertes, control de los representantes políticos, respeto a las leyes, rendición de cuentas, libertad de expresión, medios independientes..esas cosas.

 

 

 

 

 

24 comentarios
  1. Iñaki
    Iñaki Dice:

    Con asombro contemplamos la dejación de funciones de nuestros gobernantes. La competencia es irrenunciable : ese viejo principio del Derecho administrativo es también aplicable a los gobernantes.

    Ante un desafío revolucionario como el producido en las Instituciones autonómicas catalanas, los gobernantes no deberían escurrir el bulto endosando la patata caliente a la Abogacía del Estado. ¿Cuéndo se ha visto que una revolución se venza haciendo consultas a los abogados?

    ¿Acaso es que nuestros gobernantes ignoran los mecanismos jurídico-constitucionales, y tienen por ello que pedir asesoramiento jurídico? ¿No será más bien que les falta voluntad para simplemente hacer cumplir la Ley, la Constitución en primer lugar? Si les falta decisión , voluntad y capacidad para hacer cumplir la Ley, deberían dimitir de inmediato y dejar paso a otras personas que no dejen que nuestro Estado se disuelva en medio de una pasividad y silencio totales.

  2. Verónica del Carpio Fiestas
    Verónica del Carpio Fiestas Dice:

    Titular de la portada del ABC de ayer:

    “Rajoy ordena un dictamen CONTRA la soberanía catalana”

    El informe era, evidentemente, el encargado a la Abogacía del Estado.

    Obsérvese: “CONTRA”, no “SOBRE”.

    Dicionario RAE. Voz “dictamen”.

    (Del lat. dictāmen).

    1. m. Opinión y juicio que se forma o emite sobre algo.

    Intesante diferencia de planteamiento entre el ABC y la RAE.

  3. JJGF
    JJGF Dice:

    El párrafo en negrita, irrefutable!

    A mí me da más pena lo que hace (no hace) Mariano que lo de Mas (lo suyo era previsible).

    Mariano: mire, estoy esperando a lo que me diga el informe de la Abogacia del Estado para ver qué hago…….

    Como decía Clemenceau: el débil no dejará de aplazar su decisión…

  4. Quasimontoro
    Quasimontoro Dice:

    En el artículo “Democracy“ para la Stanford Encyclopedia of Philosophy, el autor parte diciendo

    To fix ideas, the term “democracy,” as I will use it in this article, refers very generally to a method of group decision making characterized by a kind of equality among the participants at an essential stage of the collective decision making.   Four aspects of this definition should be noted. First, democracy concerns collective decision making, by which I mean decisions that are made for groups and that are binding on all the members of the group. Second, this definition means to cover a lot of different kinds of groups that may be called democratic. So there can be democracy in families, voluntary organizations, economic firms, as well as states and transnational and global organizations. Third, the definition is not intended to carry any normative weight to it. It is quite compatible with this definition of democracy that it is not desirable to have democracy in some particular context. So the definition of democracy does not settle any normative questions. Fourth, the equality required by the definition of democracy may be more or less deep. It may be the mere formal equality of one-person one-vote in an election for representatives to an assembly where there is competition among candidates for the position. Or it may be more robust, including equality in the processes of deliberation and coalition building. “Democracy” may refer to any of these political arrangements. It may involve direct participation of the members of a society in deciding on the laws and policies of the society or it may involve the participation of those members in selecting representatives to make the decisions.

    fuente: http://plato.stanford.edu/entries/democracy/

    El artículo está centrado en la teoría normativa de la democracia, esto es, en los fundamentos morales de la democracia. Considero su definición un excelente punto de partida para analizar esos fundamentos, pero vuelvo a estudiar el artículo y quedo convencido de que el análisis supone previamente haber definido el “colectivo“ al que uno aplicaría el ideal de democracia que se plantee. Ningún ideal incluye criterios para determinar el colectivo pertinente (arbitrariamente de mayor a menor: Europa, España, Cataluña, Barcelona). Por lo tanto, para contestar el reclamo catalán a partir del concepto de democracia, uno tendría que diferenciar Cataluña del resto de España por algún valor intrínseco de la democracia (valor en que supera claramente a otras formas de tomar decisiones colectivas) que podría realizarse mejor si Cataluña es un colectivo independiente. Este ejercicio nos lleva a un callejón sin salida, y si alguien duda, sugiero leer el artículo en su totalidad.

    Como dije en comentario al post anterior de José, uno puede buscar un terreno común en base al concepto de autonomía. No creo que aporte algo útil buscarlo a partir del concepto de democracia.

  5. Francisco de la Torre
    Francisco de la Torre Dice:

    Elisa: cuando en 1861, algunos estados decidieron separarse de EEUU, un abogado de Illinois dijo ” La Unión es perpetua”, dos años después declaraba que ” el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparecerá de la Tierra.”
    ¿Se puede esperar eso del informe de la Abogacía del Estado?
    Por cierto, el Abogado de Illinois era Abraham Lincoln, Presidente de los Estados Unidos. Un desafío político necesita una respuesta política, no encargar un informe.
    Saludos.

    • Verónica del Carpio
      Verónica del Carpio Dice:

      A mí lo que me preocupó de verdad -y no es broma- es leer que para dirigir un denominado comité de crisis que ha formado Rajoy ha elegido nada menos que al ministro que menos capacidad ha demostrado para el diálogo y la negociación: el Sr. Miinistro de Justicia, el que ha sido capaz de unir a todo un sector en su contra:

      http://www.telemadrid.es/?q=noticias/nacional/noticia/gallardon-dirigira-un-comite-de-crisis-para-luchar-contra-la-independencia
      “Gallardón dirigirá un comité de crisis para luchar contra la independencia”

      Cuando lo leí pensé:

      ahora sí que estamos apañados.

    • Quasimontoro
      Quasimontoro Dice:

      Francisco,

      La historia ha superado largamente lo que usted plantea. Ya es tarde; si alguien debió trazar una línea fue Zapatero en relación al País Vasco. No trazó línea alguna y se fue a su casa a gozar los privilegios de un cargo al que accedió mal y del que salió peor. La integridad territorial de España es amenazada por lo que está sucediendo en el País Vasco, no por los gritos catalanes.

      En todo caso, ojalá esa amenaza sirva para entender cuánto ha cambiado el mundo y en particular el gran dilema que la Unión Europea impone a países como Bélgica y España que históricamente son accidentes de largos períodos de guerras de ocupación territorial, no fruto de una cultura común (cualquiera sea la definición de cultura). Aunque distintas en su origen y en su vida, las experiencias de la URSS y Europa Oriental, resultados claros de la violencia que no pudieron sobrevivir su artificialidad y su corrupción intrínseca, no debieran ignorarse.

  6. Curro Arriola
    Curro Arriola Dice:

    “En una democracia no se puede permitir a la mayoría reducir a la opresión o a la impotencia o al exilio a la minoría. Así que solo es compatible con la democracia la noción del pueblo como principio mayoritario moderado.” Magnífico… pero apliquémoslo a la realidad.
    Con este planteamiento, jamás se podrá imponer la Sharia en una sociedad democrática.
    ¿Y si el 90 % de la población vota a favor? Según el mismo planteamiento, álguien (supongo que “de fuera”) tendrá que venir a poner orden. A evitar que la mayoría “oprima” a la minoría.
    Con ello resulta que la Soberanía del pueblo, si “no gusta” a quién sea, no le corresponde.
    ¿Y quién decide? ¿Alguien superior al pueblo? ¿En nombre de qué? ¿Echa mano de algúna “Biblia” laica?
    ¿Qué es “reducir a la opresión, etc etc… ” a una minoría? Lo que a uno le parece que es, al otro le parece que no es… ¿quién decide?
    Precisamente este es el problema de dar libertad a la gente: que la puede usar mal. Pero hay que ser consecuentes. Si un pueblo democráticamente elige a Hitler, Pol Pot, o Mao y Stalin (más asesinos que los anteriores por número de víctimas, pero menos citados) pues … a fastidiarse.
    Si no, no nos llamemos demócratas.
    Alternativa: Mantener que existen reglas POR ENCIMA de la voluntad del pueblo. El Derecho Natural. Pero, mal que le pese a Grocio… sin Dios es difícil que exista. Algo divino puede estar por encima de la voluntad del pueblo; algo meramente humano… ¿por qué ha de estar por encima de esa voluntad?
    Que conste que estoy deseando ser convencido de mi error: me quedarían infinitamente más a gusto, de verdad.
    Sobre quién sea el pueblo, lo mismísimo. No habiendo criterio universalmente válido, será como siempre ha sido: lo que diga el más fuerte. En estos temas el derecho en realidad tiene poquísimo que hacer. La Historia de los países no la han escrito las togas, sino los uniformes.

  7. Verónica del Carpio
    Verónica del Carpio Dice:

    El ignoto Sr. Quasimontoro parece que sabe de buena tinta que España históricamente es accidente de largos períodos de guerras de ocupación territorial. A la guerra llamada de Reconquista que acabó en 1492, supongo que se refiere.

  8. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    Podemos estar dando vueltas a las distintas acepciones de lo que entendemos por “pueblo” o, en este caso, “soberanía popular” o poder del pueblo. Para mí el asunto es más sencillo llevado al lenguaje político-administrativo y prefiero hablar de “ciudadanos” que son todas las personas con derechos y deberes en un espacio territorial que llamamos nación. Lo que está en cuestión es simplemente lo que significa “democracia” en estos tiempos y su interpretación por cada cultura, nación o país. En nuestro caso se ha quedado en la posibilidad de votar cada cuatro años unas opciones políticas determinadas como en los derbys de fútbol: dos rivales; los demás parece que son sólo teloneros que sirven para justificar el pluralismo político. Nuestro sentido democrático es tan pobre como eso. No me extraña que por ello cuaje alguna insensatez que otra en el mundo surrealista español. La declaración de parte del Parlamento Catalán no pasa de ser un brindis al sol, para tapar otros asuntos de gravedad en el panorama político de Cataluña. Por eso entiendo la cautela (como buen gallego) del presidente del gobierno. Cuando se quiere hacer algo no se programa para dentro de años, se hace directamente. CiU sabe que se ha metido hasta el cuello en algo que no le gusta. Ni sus socios, ni en el fondo el proyecto soberanista. Pero ya habían echado toda la carne en el asador cuando quisieron ponerse al frente y aprovechar la manifestación de la “Diada” y no podían echarse atrás, sólo dilatar el asunto hasta ver qué pasaba. ¿No es lo mismo que ha hecho Cameron en Inglaterra? Dejar hasta el 2017 (para entonces todos calvos) una posible consulta que él ya no podrá garantizar es otra forma de tirar cohetes: muchas luces y sigue sin llover…..

    • Manu Oquendo
      Manu Oquendo Dice:

      Estoy de acuerdo, Sr. O’Farrill. Muchas palabras se nos han ido haciendo insuficientes, insatisfactorias o, simplemente, obsoletas y a veces desacreditadas por sus resultados.

      Este es el caso de “pueblo” y de “democracia”.
      Ambos manoseados y desarrollados para permitir el manejo, la manipulación y el usufructo extractivo de masas amorfas de personas, de seres humanos.
      El concepto histórico, la idea de democracia, no nace con la palabra pueblo –de resonancias bíblicas, tribales y pastoriles– sino con la de ciudadanía.
      Tanto la ciudadanía ateniense o romana como la medieval de las villas y ciudades como la que Rousseau usa al recordar las instituciones y procesos usados por un par de miles de “citoyens” de Ginebra. Con derechos, claro, pero antes de ellos con responsabilidades.

      Que de este concepto hayamos pasado a las actuales prácticas de Representación Multinivel Progresiva, —nunca otorgada en madurez cívica y siempre arrebatada con engaño– es uno de los grandes cambalaches que engendran quienes, tras la Revolución francesa, crean un concepto de estado cuyo fin primordial resulta ser la acumulación de poder político cada vez en menos manos y sin límites.
      Esto ya venía anunciado en el libro IV y último de la obra de Tocqueville. Hoy asistimos a su materialización y a su fracaso histórico.

      Un ciudadano maduro de hoy no puede aceptar ni que se le llame “pueblo” ni ser pastoreado cual rebaño. Sobra “Poder “ en manos del estado y falta “Autonomía” personal.
      Hace tiempo que hemos pasado el punto en el cual ambos son incompatibles y mantienen una relación inversa y destructiva. Necesitamos menos “presidentes de partidos omnipotentes” y más “administradores de la cosa común”.

      Saludos

  9. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Gracias por los comentarios de parte del sr. Sartori del que he tomado los conceptos principales del post. Simplemente para recordar a) que las crisis políticas no se resuelven encargando informes b) que hay nociones básicas de Derecho político que algún político debería de tener, para variar.
    Dicho eso, y por primera vez, entiendo que la no-contestación del Gobierno de Rajoy ante tanta proclama y tanta soflama es quizá la única respuesta posible. Así que aquí encargar un informe jurídico o nombrar una Comisión es una forma como cualquier otra de dar patada para adelante y a ver si escampa, dado que efectivamente CIU se ha metido ella sola en una trampa mortal. No es muy ético, ni muy elegante, ni muy valiente, pero -a diferencia de lo que pasa con el resto de las reformas estructurales-creo que puede funcionar.

  10. Quasimontoro
    Quasimontoro Dice:

    Elisa,

    Acabo de leer esta columna de Manuel Conthe

    http://www.expansion.com/blogs/conthe/2013/01/27/el-escandalo-distante.html

    que me motiva a insistir que el problema de reformar la organización territorial de España pasa por la palabra autonomía y no por democracia.

    La columna es una mezcla de indignación antiPP seguida de argumentación supuestamente erudita sobre el beneficio de concentrar el poder para que los “cercanos“ no se aprovechen de los políticos buenos. Lo que me interesa es la extrapolación burda de los casos denunciados por Manuel para alegar en favor de una concentración de poder en la UE. Seguramente su apoyo a esa concentración se debe a varios motivos pero en la columna sólo se refiere al argumento de la cercanía o del beneficio de la distancia. Primero reí porque me recuerda que todos los grandes demócratas postulan la participación popular en las decisiones colectivas, algo que por supuesto es mucho más difícil cuanto mayor es la distancia. Eso ya se ve hoy porque nadie controla a los políticos y burócratas de la UE y a quienes ni siquiera se exige un mínimo de responsabilidad.

    Segundo lamenté que Manuel manipulara tan burdamente los argumentos en favor de la distancia. Su primer argumento es la conveniencia de mantener lejos a los parientes y otras partes vinculantes para que su protección no se transforme en un problema personal del gobernante. Este argumento es ingenuo o estúpido porque es cuestión de ver a quienes los presidentes de EEUU han indultado para saber que la protección está dirigida a cómplices de los gobernantes cualquiera sea el grado de parentesco, amistad o vínculo –y todos tienen vínculos aunque sean del Tercer Tipo. El segundo argumento sobre la subsidiaridad y la UEM es una distorsión grotesca de ese principio que requeriría una larga respuesta por su importancia para la UE en general y la UEM en particular. Manuel intenta aprovechar la crisis para hacer ver supuestas consecuencias negativas del principio, pero es el típico intento del elitista que busca concentrar poder. El tercer argumento está referido directamente a las autonomías y pretende hacer creer que la corrupción de la política y de toda la sociedad española sería consecuencia principalmente de la descentralización autonómica post 1978. Por favor, esa corrupción viene de muchos siglos atrás y no tiene su origen ni su apogeo en la Constitución de 1978 ni en la crisis actual.

    Llamo la atención a que el análisis de Manuel no implica centralizar en Madrid sino en Bruselas. Ese es el dilema de España frente a la UE –si Madrid sobra ¿a quién debe reconocerse mayor autonomía, a las Comunidades o a Bruselas?

  11. Javier Aparicio
    Javier Aparicio Dice:

    De todo este embrollo la única idea clara que tengo la planteó Elisa ya hace algún tiempo y que en ella insiste hora de nuevo: este problema no es jurídico, sino político y, además, de primer orden.
    Desde luego, si se pone en duda, el concepto pueblo sólo se puede definir en cada caso y después de que haya tomado forma socialmente mediante la solución de la crisis que dio lugar al replanteamiento. Entonces, en cada caso tendrá alguno de los significados que distingue Elisa (Sartori) en el post, desde el sentimiento revolucionario francés de la primera propuesta hasta los más prácticos por democráticos que se encarnan en los dos últimos, pasando por los dictatoriales orgánico-totalitarios.
    Por ello, pienso que no tiene respuesta la pregunta de quién es el pueblo que debe decidir ahora qué pasa con Cataluña. Si se resuelve por un plebiscito será la mayoría absoluta o relativa a quien se le permita votar y gane la consulta, si se resolviera por el dictamen de la abogacía del Estado, sería la mayoría que forma el gobierno central actual, si se vuelven locos y se llega a la violencia, quien gane la confrontación irrogándose el concepto orgánico, etc.
    Sin embargo, lo que es evidente es que sea quien sea que logre el triunfo, habrá siempre personas que no aceptarán el resultado y apelarán al término pueblo para discutirlo.
    Precisamente esa es, desde mi punto de vista, la clave de la cuestión: no solo es un problema político, que podría resolverse por cualquiera de los conceptos de Sartori, sino un problema suprapolítico (de primer orden), ya que parte de la negación de la realidad soberana asentada actualmente para exigir el reconocimiento de otra realidad (el pueblo de Cataluña) y atribuirle así el derecho a decidir.
    El principal aspecto sobre el que creo que debería meditarse es el de que cuando un grupo muy importante de ciudadanos pone en duda la soberanía constituida, quienes pretenden luchar por su mantenimiento deben hacerlo desde una posición humilde. Creo que aquí no hay ningún derecho que ejercer salvo, en su caso, el de los rebeldes, de modo que si queremos evitar que se separen, la única vía es por medio del dialogo. Hay que convencerles de que el proyecto común merece la pena. Tienen que sentirse parte de él y, si no lo conseguimos, tarde o temprano se separarán, porque no hay quien mantenga unidos a quienes no quieren estarlo. El amor es cosa de dos.

  12. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    ¿Y por qué ha de ser mejor centralizar en Bruselas, gobernada por gente que no elegimos y a quienes no podemos pedir cuentas y dirigida por los gobernantes de los estados más poderosos que son elegidos y rinden cuentas a sus ciudadanos pero no a los demás que no en Madrid? ¿Por qué no en la Nueva York?

    Hay cosas que hay que recentralizar “en Madrid”. O en Barcelona o en Soria, pero hay centralizarlas en algún sitio. De hecho, las multinacionales establecen una central para España (y Portugal) en Madrid o en otro sitio, no en Bruselas ni tampoco 17 centrales..

    Otras, hay que centralizarlas en Bruselas, pero hay que establecer un control democrático de las autoridades comunitarias. Los británicos lo tienen muy claro y estos creo que saben algo de lo que significan la democracia, las libertades y morir por ellas. A pesar de su demostrada perfidia.

    Otras tienen que descentralizarse a nivel autonómico o a nivel local. Pero en todos los casos tienen que tomarse estrictas medidas de control del gasto y evitar la metástasis de un aparato administrativo y pseudoadministrativo elefantiásico e inasumible en términos políticos y económicos.

  13. Deus ex Machina
    Deus ex Machina Dice:

    Ciertamente esto es un asunto político, pese a que los conceptos que se manejen tienen cierto carácter jurídico. Y me sorprende que por primera vez, de todos lo artículos y opiniones sobre el asunto, se hable de pueblo y no de nación. Para la mayoría de personas son conceptos iguales o incluso sinónimos. Nada más lejos de la realidad. Y en el artículo se demuestra con la respuesta a la pregunta ¿quién es el pueblo? dando varias respuestas a tal pregunta. Según sea la respuesta tendremos quién es el pueblo, algo difícilmente aplicable al concepto abstracto de nación. Se podrá estar o no de acuerdo en la forma de determinar quién es el pueblo, pero lo que es indiscutible es que se puede determinar quién es. Desde luego veo un avance que el debate vaya por estos derroteros.

  14. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    He leído el documento preparado por CIU y ERC que avanza en el camino para posteriores declaraciones de independencia.
    Me parece escrito por y dirigido a personas que han decidido inventarse la historia ocultando su mayor parte pero decididos a ir hacia adelante porque les es necesario.

    El documento va dirigido al “pueblo” de Cataluña y no al de España.
    No define qué o quienes son el “pueblo” de Cataluña. ¿Los nacidos? ¿Los residentes? ¿Los que se “sienten” distintos? ¿Los que aspiran a ser distintos? ¿es el Territorio? ¿Por qué? ¿Porque tenemos la idea atávica del territorio y no solemos cuestionarla? ¿Desde cuando el territorio no es de todos? ¿Qué procesos nos lo han quitado o segregado? ¿Soy yo pueblo de Cataluña, no residiendo fiscalmente allí pero con casita? ¿Por qué creen que pueden reducir mi ámbito de vida y derechos sin preguntarme?. O, en fin… ¿Para “ser pueblo” es necesario “querer ser” o hay que “ser”?

    A este documento –que desde la perspectiva jurídica me parece difícilmente tratable por sus falsedades, omisiones e indefiniciones–, lo que correspondería es otro Pronunciamiento desde el Congreso de los diputados restableciendo los hechos históricos y no desde el siglo XIV (como hace CIU a medias) sino arrancando con el genocidio de la población autóctona del año 409 DC. “Llego, me cargo a todos y ya declararé mi independencia”.

    El documento incide especialmente en el recurso nacionalista a los decretos de Nueva Planta que objetivamente suponen una mejora jurídica notabilísima para la escasa población de entonces, menos de 400,000 habitantes y sumidos en una pobreza milenaria.

    Naturalmente oculta que son dichos decretos la base de la prosperidad de aquella región que en los siguientes 50 años duplica una población hasta entonces estancada y lo hace gracias al traslado desde Valencia (a Tarragona y Barcelona) de gran parte del tráfico a nuestras posesiones mediterráneas.

    El hecho es que esta Constitución ha creado un gravísimo problema colectivo porque ha creado Incentivos para que élites políticas de territorios pequeños vean en la segregación creciente (y no en el refuerzo colectivo) una inmensa oportunidad de enriquecimiento, corrupción y disfrute narcisista.
    Tras unos pocos años de rapiña extractiva la Independencia, para las élites, es de vida o muerte porque necesitan inmunidad penal y fiscal para poder dormir por la noche.

    Hace unos días estuve en Canarias. La prensa local relataba que el gobierno de España estaba “explicando” la misión de Mali al presidente de la autonomía.

    ¿Imagina alguien a Hollande creando una agenda de explicaciones a los departamentos?

    ¿Está el estado español y sus instituciones en situación de plantar cara desde la verdad y la honradez? ¿En positivo para todos?

    Ni este partido que ahora gobierna el Déficit por delegación de Bruselas –ni antes el PSOE que destrozó todo lo imaginable– están ni pueden estar en condiciones de resolver este tipo de situaciones.

    Buenos día

    • Quasimontoro
      Quasimontoro Dice:

      Manu Oquendo,

      Leer alegatos jurídicos es muy aburrido porque en cuanto se apartan de lo específico del caso, se vuelven filosofía barata, incluso (especialmente?) si el alegato es en defensa de la soberanía de algún estado. Leer declaraciones políticas que no están dirigidas a uno es como leer las cartas de amor dirigidas a las hijas –mientras la relación tiene futuro ¿qué habrá hecho para que le prometan tanto?, cuando ya no lo tiene ¿qué habrá hecho para que la insulten?

      Dejando de lado el tiempo perdido leyendo declaraciones políticas ajenas, usted me deja la impresión de que habiendo andado mucho por toda España no acepta su fragmentación. Yo he andado bastante por el mundo, pero poco por España en relación a usted, y siempre pienso en la conveniencia de no mantener junto lo que artificialmente se había unido. He leído suficiente historia para saber lo fácil que es encontrar accidentes en apoyo de las ideas que se me van ocurriendo. Sí, accidentes (= sucesos casuales que alteran el orden regular de las cosas) y la historia como colección de accidentes. Pero también he pensado la historia e imaginado historias alternativas, no para buscarle sentido a la Berdiaev, sino para entender qué hemos heredado y cómo esta herencia condiciona nuestros valores y creencias en distintas áreas de nuestras vidas y para entender mejor busco regularidades, no accidentes, aunque los accidentes puedan explicar cómo se originaron o abandonaron las regularidades que me interesan. Una regularidad que me interesa es la persistencia de elites justificadas primero en el miedo personal a la violencia y la promesa de orden, más tarde también en el miedo personal a los conflictos y la promesa de su resolución, y por último también en el miedo personal al fracaso y la promesa de solidaridad. Es decir, nuestra herencia incluye a elites con justificaciones complejas. Por supuesto, las elites son abstracciones que nos facilitan el análisis de lo que sucede a nuestro alrededor –distinguimos un grupo humano y nos concentramos en su dinámica interna, en cómo sus componentes individuales interactúan y condicionan los beneficios del grupo y los costos, incluyendo los costos que imponen a quienes no son parte del grupo.

      Hoy el estudio de la elite española es de mucho interés porque la profunda crisis económica –un accidente– ha alterado su dinámica interna y amenaza con su división y un nuevo orden territorial que muchos, usted incluido, temen. Si recuerdo bien usted en sus comentarios ha manifestado haber recorrido mucho el País Vasco –yo también lo he hecho aunque quizás no tanto como usted. Me resulta curioso que lo que ETA no pudo conseguir a través de la violencia, hoy lo pueda llegar a conseguir primero porque Zapatero les abrió la puerta y luego porque encontraron que debido a la crisis la atención se había desviado a otros temas.

  15. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Estimado Quasimontoro.

    Aprecio mucho sus comentarios y orientaciones si bien en este asunto me va a permitir una amable discrepancia.
    Es cierto que a estas alturas del campeonato estamos todos un poco pasados de vueltas. En España y por el mundo.

    El tema de los nacionalismos periféricos españoles tiene muchísimos ángulos y a mi me compete exponer algunos de ellos.
    Trato de hacerlo desde mi experiencia directa, ya muy larga, y fundamentado en hechos concretos y documentados de, por ejemplo, nuestra historia económica.
    Como llevamos mucho tiempo dialogando sobre este particular en este y algún otro foro recordará el silencio “periférico” en cuanto se menciona la historia y muy en particular la económica.

    El discurso habitual de nuestros nacionalismos es falso y manipulador de la amígdala cerebral. El económico también y excede con mucho el tamaño de este comentario reflejar nuestra larga historia.
    Pero documentada está, dentro y fuera de España y mucho antes de que el nacionalismo comenzase a subvencionar historiadores de tres al cuarto y a promover Olentzeros so pretexto de invenciones identitarias.

    Además de tratar de reflejar la historia como fue –y no como se inventan para seguir el proceso extractivo de la casa común– me planteo lo de siempre: Preguntas que son incapaces de responder decentemente y con un mínimo de lógica.
    Son algunas de las que aparecen en mi comentario inicial y que tienen muy complicada respuesta. Derechos concretos, “Por qués” elementales.

    Al tiempo, y para terminar, reconozco que un estado en las condiciones y con las instituciones del nuestro es una invitación a largarse a cualquiera que tenga dos dedos de frente y una actitud puramente utilitaria (a la Bentham) sobre las cosas del vivir. A un servidor, como a Stuart Mill al final de su vida, Benthan le deja mucho por responder satisfactoriamente.

    Mañana temprano voy a mi casa de Sanse. Por la noche espero estar en el Ercilla, en Bilbao, para la conferencia de un buen amigo sobre justamente este asunto. Ya les contaré.

    Buenas noches y, a usted, un buen día.

  16. Alvaro
    Alvaro Dice:

    Me parece una reflexión interesante.
    Ud. señala que en Catalunya, parece que el pueblo es entendido como una “totalidad indivisible”, y ello es inadmisible puesto que no se puede “aplastar” a una minoria si realmente estamos en una democracia real.
    No estando de acuerdo con dicha percepción, ¿es democracia mantener el statu quo con el cual se siente cómodo una minoría en contra de la voluntad de la mayoría, con la excusa de que, si se modifica ese statu quo, se está aplastando o excluyendo esa minoría?
    Considero que esta postura es perfecta para mantener el inmovilismo. Cuando existe un problema, como existe en Catalunya, la solución probablemente se encuentra en el juego de los “checks and balances”. En mi opinión no se ha sabido interpretar en el resto de España el descontento generalizado existente en Catalunya, y lo peor para solucionarlo es precisamente no estar dispuesto a entrar en el mencionado juego.
    En este país, no se promueve el entendimiento entre las diferentes culturas existentes en sus territorios y la palabra más utilizada en respuesta a cualquier tipo de aspiración “contraria a la constitución” es corta y clara: “NO”.
    Existe un miedo más que evidente en tocar una sola coma de la norma fundamental (casi “sagrada”) y consiste en que ello supondría “abrir el melón” de muchos temas delicados (organización de los diferentes territorios de España, mantenimiento de la monarquía, etc.),.
    Los problemas hay que afrontarlos y no hacer ver que no existen.

  17. Aida
    Aida Dice:

    Sólo un gobierno democrático puede proporcionar una oportunidad máxima para que las personas ejerciten la libertad de autdeterminarse, es decir, que vivan bajo leyes de su propia elección.
    ¿Cuando habrá en España un gobierno democrático?

    • Manu Oquendo
      Manu Oquendo Dice:

      Estimada Aida. Su post dice que un gobierno democrático, para serlo de verdad, es sólo uno que permite la…… “máxima oportunidad para que las personas ejerciten la libertad de autodeterminarse, es decir que vivan bajo leyes de su propia lección”.
      En nuestro mundo la autodeterminación sólo se acepta legalmente para supuestos de descolonización (Sociedad de Naciones y ONU desde Wilson) o supuestos “Remedial” como parece que fue el reciente caso de Kosovo.

      Pero como supongo que usted siente lo que ha escrito lo he leído varias veces y en vez de aplicarlo al caduco y viejo modelo “territorial” he imaginado comunidades de personas regidas por leyes de su libre elección y no sujetas a autoridades territoriales sino a las autoridades (si alguna hubiere) de su elección expresa.
      El territorio dejaría así de ser un lastre para convertirse en otro posible criterio como la clase económica, el sexo, la ideología, las aficiones, las religiones, la raza, la lengua, las aficiones o los intereses profesionales, vitales o religiosos. En fin, una gran riqueza de opciones en libertad.
      Los propios estados YA prescinden de la Territorialidad para hacer que sus leyes sean aplicables a sus “sujetos” nacionales vivan donde vivan: Por ejemplo las leyes fiscales que desde hace poco obligan a los españoles a contarle al estado cada año todos sus bienes con la promesa de considerarlos delictivos si algún día usted regresa a su antes “patria” y hoy “tributadero”.
      Una vez deja de existir el vínculo emocional hay patrias que interesan menos. Por eso los nacionalistas ponen tanto empeño en crear “relación afectiva con una patria”.

      Supongamos que usted y otras personas crean un nuevo concepto de estado “aterritorial”, sin territorio o global, en el cual el gasto común por servicios acordados a cada miembro de dicho “estado” se reparte a escote y se paga por cabeza adulta y ese estado le ofrece un pasaporte.
      Esto que hoy nos parece un absurdo va a estar sobre la mesa dentro de muy poco tiempo porque ya hay gente que funciona así.

      Por otro lado estamos a menos de diez años de la capacidad tecnológica de comunicación oral (la escrita ya existe) universal automática e instantánea desde el Idioma A al idioma N sin necesidad de conocer más que uno de ellos y seguimos pensando desde los modelos legales nacidos el siglo XVIII.

      En ese mundo Nuevo su frase tendrá sentido. En el mundo Viejo, sin embargo, la frase es la puerta para obligar y coaccionar a a quienes viviendo en un territorio no comparten una idea de “patria” por lo que sea.

      Saludos

  18. FBR
    FBR Dice:

    Hay una duda que se me plantea con todo este asunto: ¿Sería posible la expulsión de un territorio?. Es decir, planteándose el asunto al revés ¿podrían los habitantes de España, organizar un referendum para votar la expulsión de una parte, por ejemplo, Peregil, para no herir susceptibilidades?. Y ¿como se articularía?, ¿quedarían excluidos de la votación los habitantes de la parte “expulsable”?.

  19. Aida
    Aida Dice:

    Sr. Oquendo, es verdad que lo que yo he escrito no es más que una de las ventajas (en una lista de 10 ocuparia el lugar 5) que ofrece la democracia, frente a otros sistemas ( por ejemplo el existente en españa, que no sabria clasificar, ayudeme a definirlo, por favor) .
    La ONU, que yo sepa no tiene ni idea de democracia (los conflictos se pueden solucionar o intentar solucionar de muchas maneras y la ONU no los soluciona democraticamente).
    Además yo no estoy hablando de legalidad, hablo de que me estan intentando vender un pais como democrático y no es verdad.
    España no es una democrácia, supongo que alguien les dijo, hace unos años, que si escribian una constitución, nombraban un fiscal general, un tribunal de cuentas y dejaban a los ciudadanos meter un papelito en una urna cada cuatro años, ya tenian democracia, y eso no es así.

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