La ciclogénesis explosiva española: política, psicología, religión y maldad

España está viviendo la tormenta perfecta: tres crisis, tres: la económica, la política-secesionista, y la moral-corrupción. Tres crisis que interactúan y se retroalimentan en el mismo espacio-tiempo. Si quisiéramos buscar teorías conspiratorias no nos costaría mucho pensar que nuestros enemigos/competidores (todos aquellos a los que les viene muy bien –económica o políticamente– una España débil, dividida y enfrentada en cuitas internas) estarán muy contentos con esta situación. Claro que también habrá quien diga que España a estas alturas no tiene ya enemigos externos de entidad, a diferencias de épocas pasadas cuando cada vez que nos pasaba alguna desgracia era posible encontrar tras ellas la actuación sigilosa de alguna potencia extranjera o grupo de interés, como cuando mataron a Prim, por cierto un catalán que se sentía muy español, lo que demuestra que este hecho no resulta metafísicamente imposible. En todo caso, sean externos o internos, lo cierto es que España (un país con más de 500 años de historia y que llegó a dominar el mundo por tierra y por mar) camina “despreocupada” a su propia auto-destrucción.

 

Con la intención de contribuir a desentrañar este misterio, seguidamente voy a exponer una tesis un poco rocambolesca y algo provocativa, pero que creo que no desentona con el ambiente y hasta pudiera esconder algo de verdad: que el problema de España es de tipo psicológico (con tientes religiosos), al que podríamos identificar  como mal interno-externo que nos devora poco a poco, alimentado por una baja autoestima como país y un pensamiento de tipo circular-obsesivo-autoreferencial, el cual bloquea nuestra inventiva y voluntad para llevar a cabo proyectos exitosos. De este diagnóstico se salvaría sólo el deporte, constituido como gran excepción a esa dinámica.

 

Sobre el mal se ha escrito mucho, la mayoría de las veces para negar o minusvalorar su existencia o tratar de simplificarlo ubicándolo en algún lugar o agente externo al ser humano. Así, para Hobbes y Nietzsche, el Estado sería el más frío de todos los monstruos, para Victor Hugo y Heidegger el problema era la tecnología, para Marx el Capital, para Melville la Bestia sería una Ballena casi sagrada (Moby Dick), y para los nacionalistas vascos y catalanes, ese monstruo  sería simplemente… España.

 

Ciertamente la Ilustración trató de racionalizar a los dioses y demonios calificándolos de inexistentes, y a la razón le debemos habernos desembarazados de fantasmas, de visiones y espíritus molestos. Cabe recordar a este respecto que a partir de Freud el mal abandona el exterior y se reconduce a la propia mente del ser humano, y así ya en el Leviatán de Julen Green la Bestia “anida en el corazón humano o en el inconsciente, receptáculo de fuerzas instintivas que hacen de cada uno verdugo y víctima, predador y presa”.  En realidad, lo que se produjo fue más una modificación semántica que una superación real de esas “presencias” ciertamente molestas, cambiando por ejemplo “maldad” por “enfermedad mental” o lo “irracional”. Así, la aceptación del mal interior no ha evitado continuar en el intento de caracterizar a algunos individuos singulares (y por tanto presentados como “ajenos” al común de los humanos) como representantes cualificados del mal, llámese Hitler o Pol Pot o los colectivos que representan (nazis o jemeres rojos), tratando de escapar así de la responsabilidad propia que anida, real o en potencia, dentro de cada uno/una.

 

En este contexto, podemos preguntarnos hoy: ¿qué características psicológicas hay que tener para meterse en política? Esta pregunta no es baladí pues en otros países existen cátedras de psicología política. Seguro que hay muchas personas idealistas y con un sentido profundo ético de servicio a lo público (yo conozco personalmente a algunos de ellos/ellas), pero Robert Hare, profesor emérito de la Universidad British Columbia de Vancuver (Canadá), ha sembrado las dudas al demostrar que los psicópatas (habría unos 470.000 sólo en España) suelen tener éxito tanto en el mundo de los negocios como en la política, porque se les da bien acceder al poder y mantenerse en él, no dudando para ello en tratar a los demás como objetos. De hecho, son incapaces de empatizar con los sentimientos o problemas de los demás, carecen de miedo o ansiedad, son impulsivos y amantes de la vida y de los placeres fáciles. ¿Les suena ese perfil? Como consecuencia, según ese estudio, no sería cierto que todos pensemos o sintamos de la misma manera o respondamos de forma parecida a similares estímulos o castigos, o que la gente sea buena si la vida o su familia les tratan bien, o que los demás piensen de forma parecida a nosotros, o que el ambiente familiar-social en que se cría un niño resulte tan fundamental (en todos los casos) para que sea un buen ciudadano. ¡Atentos por tanto al diseñar el sistema de incentivos! Incluso en un mundo utópico, el psicópata sobresaldría pues sería un depredador que sabe manipular a las personas y utilizarlas para su interés. ¡Alerta a navegantes despistados!

 

Más allá de su calificación psicológica, si gran parte (no todos) de las personas que ocupan el poder sucumben a la corrupción y al engaño, incumpliendo su función de dar ejemplo, se produce el fenómeno contrario de mimetismo legitimador: si el que debía dar ejemplo roba o consiente los robos, yo me siento legitimado para hacer lo mismo, se trate de un organismo público o privado. La epidemia de la corrupción queda así garantizada. Siendo bien intencionados, cabe afirmar, que en España (y en sus regiones), algunos de sus dirigentes no habrían sido conscientes del daño que estaban haciendo a toda la sociedad con su comportamiento indebido, por mucho que ellos/ellas pensaran que podían fácilmente controlar su difusión y conocimiento en un país en el que la mayoría de los medios dependen del poder para subsistir. El rumor sustituye a la noticia y se convierte en un virus no menos dañino y eficaz, aunque permanezca en el inconsciente social.

 

Resulta sintomático y paradigmático el caso de Carlos Mulas, ex director de la Fundación IDEAS. No me entiendan mal, no creo que obedezca al perfil de psicópata. De hecho, lo conocí cuando era Subdirector General de la Oficina Económica del Presidente del Gobierno, que entonces dirigía Miguel Sebastián, y me pareció bastante simpático, inteligente y capaz [doctor por Cambridge, y máster de relaciones internacionales por la Universidad de Columbia, más tarde profesor titular de la Universidad Complutense, ver su propia web: http://www.carlosmulasgranados.com/inicio/mi-trayectoria/]. Aunque pensándolo mejor, tal vez fueron estas características las que hicieron que los demás se fiaran de él en exceso, relajando los mecanismos internos de control…, pudiera ser. Conviene recordar que al demiurgo también se le apodaba “trickster” o estafador, lo que relaciona directamente mal con engaño. Salvando la presunción de inocencia, lo cierto es que no era el típico funcionario de partido que no sabe (o no puede) vivir de otra forma que de la política (e.g. Bárcenas). Entonces ¿por qué corromperse y además de manera tan soez y burda? ¿Tal vez porque se movía en un ambiente social que estas cosas las premia y las disculpa? Incluso aunque su mujer tuviera razón, todo esto podría ser parte del “jetismo”,  modelo “moral” fuertemente instalado en nuestra sociedad (¡no te esfuerces, no seas tonto, que si eres más “listo” que los demás, con un poco de morro y algunas influencias se llega muy lejos!), pero que nunca había llegado tan claramente a estar presente en las más altas instancias públicas y privadas. Cabría preguntar a este respecto: ¿qué porcentaje de nuestro déficit público corresponde a la corrupción?

 

Por otra parte, cabe observar que el triunfo del nacionalismo se aprovecha de la crisis de identidad y psicológica que está viviendo el ser humano del mundo globalizado y complejo. El nacionalismo ofrece en este sentido hábilmente un refugio “en apariencia” seguro en medio de la tormenta, dibujando un paraíso en la tierra que llegará “con toda seguridad” pero también milagrosamente una vez el monstruo sea derrotado. John Gray, profesor de pensamiento europeo de la London School of Economics, y uno de los filósofos políticos contemporáneos más relevantes, sostiene que todas las utopías del siglo XX (y el nacionalismo es una de ellas), a pesar de presentarse como ateas o paganas, se fundamentaban en la visión apocalíptica o milenarista procedente de la religión cristiana. (J. Gray, Misa negra: La religión apocalíptica y la muerte de la utopía, ed. Paidós, Barcelona, 2008). En este sentido, probablemente fue un error de los reyes católicos fundar la unidad de España en la religión. Con todo, si hoy levantaran la cabeza, se sorprenderían de que sea precisamente la Iglesia católica la que se ha vuelto un problema para esa unidad, no por ser más católica o ecuménica, sino por todo lo contrario: por haberse vuelto “regionalista” y partidaria de la secesión tanto en el País Vasco como en Cataluña. Hasta el flamante nuevo líder de ERC prefiere citar como influencia a S. Ignacio y no a J. Tarradellas, que fue presidente de su partido en el exilio, sí que pasó ya por esto y salió bastante escaldado (ver entrevista en: http://www.tv3.cat/videos/4344290/Entrevista-al-candidat-Oriol-Junqueras). Claro que en lugar de mencionar su “suave en las formas, duro en el contenido”, podría decir mejor aquello de “en tiempo de turbación no hacer mudanzas”.

 

Resulta llamativo asimismo que gran parte de la izquierda haya dejado de ser internacionalista para volverse nacionalista o que la derecha salga ahora partidaria del pacto fiscal para Cataluña después de apoyar durante la pasada legislatura el gobierno de Artur Mas. Esto de nuevo tiene una explicación psicológica: se llama el modelo de tensar la cuerda.  Si hay dos grupos tirando de una cuerda, cada uno de un extremo y a uno le importa más que al otro que se rompa la cuerda, éste tenderá a moverse hacia el territorio del otro. La estrategia del nacionalismo está clara: cuando vio que en España y en Europa empezaba a cuestionarse el modelo autonómico por el gasto, las duplicidades y los obstáculos al comercio interior que suponía, y que Cataluña aparecía como una de las CCAA con mayor déficit y deuda, sólo tenía dos posibilidades: entonar el mea culpa y hacer autocrítica o tensar la cuerda. Optó lógicamente por esto último, lo que resultaba más fácil y barato, consiguiendo una vez más chantajear y engañar al resto de España con más comodidad de la esperada. A fin de cuentas, aquí se vive cada vez más no sólo a en una mediocracia, el gobierno de los mediocres sino también en una miedocracia, el gobierno del miedo.

 

Y, no obstante, Cui prodest ¿A quién beneficia este conflicto? No a los catalanes ni vascos por cierto, ni muchos menos a las familias que se pretende (directa o indirectamente) dividir o expulsar. De hecho, el mal (como fuerza interior y exterior) por un lado confunde, divide y enfrenta a un ser humano (o grupo de humanos) con otro, buscando debilitarnos y distraernos de nuestro verdadero objetivo. El enfrentamiento (fruto de la confusión y el engaño) y la división aparecen (en presencia o en potencia) como la antesala de la violencia, debilitándonos como sociedad. Los europeos (y los españoles lo somos) no parecemos aprender de nuestros errores, pues la I y la II Guerra mundiales, que se desencadenaron de forma más que sorprendente, lo que produjeron no sólo fueron millones de muertos, sino la decadencia de la propia Europa, y que el liderazgo mundial pasara al otro lado del Atlántico. Es decir, el nacionalísimo (aunque no llegue a producir una guerra) lleva a un juego del tipo: todos nosotros perdemos, otros ganan. Sin embargo, el deporte es un claro ejemplo de que existe otro modelo alternativo ya que cuando actuamos unidos: todos nosotros ganamos y otros pierden.

 

Cabría hacer incluso un análisis comparado, de fondo y formas, a este respecto entre el caso español y el de la UE, entre los efectos del “hispano-escepticismo” y el euroescepticismo británico, y encontraríamos notables semejanzas: miedo a la igualdad de deberes, utilitarismo a ultranza en la pertenencia a modelos de integración, o me das lo que pido o me voy, etc… Aunque reconozco que pudiera ser que tanto España y Europa (que viven crisis paralelas) tuvieran lo que merecen.

 

Permítanme en este sentido, finalizar con una cita de Lao-Tsé:

 

 “Una gran nación es como un gran hombre: cuando comete un error, se da cuenta de ello. Una vez se ha dado cuenta, lo admite. Una vez lo ha admitido, lo enmienda. Considera a aquellos que señalan sus defectos como sus maestros más benévolos”.

 

¿Es esto lo que estamos haciendo?

15 comentarios
  1. Luís Pérez
    Luís Pérez Dice:

    Alberto Gil plantea un montón de puntos interesantes en este artículo. Cada uno daría para un ensayo. Centrándome en un par de ellos, ¿Por qué estamos cayendo en una especie de síndrome nacional depresivo donde no le vemos salida a esto? Es verdad que de repente nos vemos como el grupo de colegiales que asiste estupefacto al desmoronamiento de sus profes. Fallan como ejemplo de comportamiento moral, fallan en la forma de afrontar la crisis,… En definitiva, constatamos que nos hemos quedado “solos”.

    En mi opinión, es obvio que tenemos varias crisis simultáneas, pero quizás la más básica, cuya solución condiciona la salida de las demás, sea la ausencia de ideas nuevas y, sobre todo, la incapacidad para generarlas. Nos hemos convertido en una sociedad de titulados incapaces de pensar, de crear ideas nuevas. Y, si algo tiene de bueno toda esta eclosión de blogs y foros de debate, es que nos activa y nos obliga a pensar. Me he encontrado un artículo que recomiendo: http://www.otraspoliticas.com/politica/la-crisis-es-sobre-todo-de-ideas

    • Isidro
      Isidro Dice:

      ¿Crisis de ideas D. Luis?

      Si habla de eclosión de blogs y foros, si cada vez tenemos más fuentes de información, redes sociales, más lecturas, contacto con más gente de la que hace unos años podríamos imaginar, ¿como puede defenderse una crisis de ideas? Diariamente leo decenas de ideas de reputados juristas, estupendos economistas, médicos, ingenieros, incluso expolíticos, las opiniones en algunos periódicos comienzan a ser la mejor sección, los blogs de expertos cada día tienen más audiencia, se fundan movimientos como Sociedad Civil, como Reconversión.es, nuevos partidos como UPyD, Ciudatans, Partido X, nuevos medios de comunicación y confidenciales … Los jóvenes que se quedan en España están decidiendo emprender a través de “sus ideas”, porque o emigras o emprendes o no hay nada.

      No hay crisis de ideas, en cada lectura, en cada café o en cada reunión leo y escucho a personas, a cuidadanos coherentes, razonables, que formulan soluciones para el país. Pues ninguna de las medidas propuestas, de las que se critican, se analizan, etc. se toman. Es más, se adoptan las totalmente contrarias. No es falta de voz es falta de oído. Es como si arriba estuvieran sordos.

    • Isidro
      Isidro Dice:

      Lo que sí es verdad del artículo es la crisis de gente. Ideas hay por doquier. La cuestión como plantee en otro post es, ¿no hay un “Suárez” del siglo XXI? Muchos esperamos algún profesional reconocido, alguien de prestigio, una personalidad independiente, un líder que agrupe a más líderes (empresarios, abogados, médicos, notarios, registradores, periodistas, artistas… “profesionales en la política, no de la política” y que regenere la democracia en España.

      Ahí si que ahí una crisis.

  2. Curro Arriola
    Curro Arriola Dice:

    Creo que -de pasada, Alberto- diagnosticas muy bien.
    Los Reyes de España fundan “esto” en el fondo en el Religión. ¿Porque no tenían otra cosa que hacer? ¿Porque eran unos fanáticos? ¿Porque les dio por ahí?
    No. Porque España es fruto de la Guerra de Religión por antonomasia: la Reconquista. 800 años, con intensidad variable, marcan muchísimo. Por eso los españoles eran cuando los Tercios los mejores soldados de su época: porque llevaban ocho siglos de guerra en los genes.
    De ahí viene todo; la Conquista de América, las guerras en Europa, contra el Truco… todo en clave religiosa.
    Luego las cosas cambian, y se pierde el factor unificador de España: la Religión.
    Sin ese factor, surge inmediatamente la pregunta: ¿Y por què vamos a estar juntos? ¿Qué nos une? ¿La Constitución, el Rey…? Muy poquísimo es.
    La respuesta, necesariamente ajena a los idealismos (¿cuáles?) irá mayoritariamente por razones de conveniencia económica. Cuestión muy discutible y discutida. Si lo que nos une es lo que “nos conviene”, esa unión (de conveniencia) no será sólida. Mañana convendrá otra cosa.
    Y así lo que pasa es perfectamente lógico.
    Como se dijo “España sin la Cruz ha dejado de ser España”. Ya hay que citar en pasado.

  3. Isidro
    Isidro Dice:

    Muy interesantes determinadas cuestiones de este artículo: “el monstruo” de cada uno (todos tenemos uno, y la mayoría de las veces es más pequeño que nuestros miedos, “el jetismo”, esto es la relativización moral, o el miedo y el modelo de “tensar la cuerda”.

    Sobre la personalidad psicopática en la política, decir en su defensa, que no es la única profesión en la que es útil, hace poco leí esto:

    http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013/01/08/las-profesiones-y-los-oficios-en-las-que-los-psicopatas-suelen-llegar-a-lo-mas-alto-112256/

  4. Alberto Gil
    Alberto Gil Dice:

    De la baja autoestima de este país sí me gustaría decir alguna cosa más. Un país se construye sobre una base física (el territorio), otra racional (en este caso el tamaño de España parece razonable para presentarse y actuar en el mundo, ni muy grande, ni muy pequeña) y una historia de acontecimientos vividos en común. Pero no nos engañemos, los aspectos emocionales, irracionales, míticos y simbólicos, cuentan casi más, como ya se encargó de analizar el profesor García-Pelayo. Es cierto que una de las primeras bases “ideológicas” de España como nación fue la religión católica. Pero España es mucho más que eso, el problema es que no lo sabe, o no lo quiere saber. ¿Qué hace a una nación “moderna” como Estados Unidos, una gran nación? No su cohesión racial ni siquiera su gran pasado común, sino una gran habilidad para esconder o minimizar fracasos y enfatizar sus éxitos (reales o presuntos) y encumbrar a sus héroes. ¿Y qué decir de nuestra vecina Francia? Un país con un pasado (escondido) de colaboración entusiasta con el nazismo o de una debilidad supina frente a una Alemania que basta empujar un poco para llegar a París sin problemas. ¿Quién era Napoleón? ¿un gran demócrata pacifista? Pues ahí la tienen , el país de la “grandeur”.

    ¿Y España? ¿No ha hecho nada en el mundo? ¿Quizás no fueron españoles los que arriesgaron su vida para descubrir un nuevo continente del que no se sabía nada, permitiendo así que el mundo tuviera conocimiento de sí mismo? ¿No es ésta quizás la más grande hazaña que se recuerda? ¿No fue este país donde convivieron sin problemas las tres culturas? ¿El que permitió a Europa redescubrir la cultura griega a través de la tras traducciones del árabe? ¿Qué queda de ello? ¿La leyenda negra, la expulsión de los judíos y la inquisición? Como si en el resto países europeos no hubieran cometido excesos e intolerancias parecidas o mayores…

    ¿Y qué decir de nuestros héroes? ¿Qué pensar de un país que ignora a sus grandes hombres y mujeres, y prefiere encumbrar a los mediocres? ¿NO es cierto que Ortega es más valorado fuera que dentro de España? ¿Con qué cara quedarse cuando uno observa que los catalanes prefieren alabar al “estudiante” Prat de la Riba que a un Josep Pla, o por qué no, a un Eugenio d’Ors (introductor probable del psicoanálisis en nuestro país, y considerado como maestro por el propio Mircea Eliade)? ¿O esos vascos que prefieren seguir a un Sabino Arana que a un Pío Baroja o un Unamuno (el primer existencialista europeo)? Pues ahí seguimos…, echando piedras sobre nuestro tejado… Y mientras escribo estas lineas España está barriendo del mapa a Dinamarca en la final del balonmano, que se juega en Barcelona, con la autoestima intacta, creyendo en sí misma, con el objetivo claro… Pues eso, si queremos, podemos, pero tenemos que querer, y no ceder a manipulaciones interesadas

  5. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Coincido con que crisis de ideas no hay, lo que falta son las personas para ponerlas en macha y desde luego en el establishment no las vamos a encontrar. Como mucho, algunas se apuntarán al carro de las nuevas ideas y reformas si piensan que tienen más que ganar que perder, y ya será muy al final. Tipo procuradores franquistas, vamos. Así que efectivamente, hay que buscar al Suarez del siglo XXI y a lo mejor resulta que no hay que buscarlo en la clase política…todo puede ser. Desde luego, nos jugamos mucho en encontrarlo.

  6. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    Totalmente de acuerdo con Alberto excepto en una cosa: No necesitamos un Suárez. Lo que necesitamos es (todo ello):

    – El debate, diseño y difusión de un Proyecto común atractivo para la mayoría. Es que mientras los separatistas venden como nadie la Arcadia feliz de un territorio que se ha sacudido el polvo de España de sus sandalias, quienes defienden una España unida son incapaces de articular un proyecto común ilusionante. España no existe como realidad emocional más allá de las gestas deportivas que son por cierto, individuales. Somos un país igualitarista y envidioso y sólo toleramos el éxito de nuestros deportistas y de los agraciados por la lotería, la quiniela o los ciegos (no así por otros juegos de azar, convenientemente demonizados en el franquismo y que está firmemente asentado en nuestros genes).

    – Un Torcuato. Él diseñó la Transición y cuando Suárez se apropió con gran oportunismo del invento y se separó de él, sentó las bases de la debacle actual. Las Preautonomías fueron invento político de Suárez, como el témino “nacionalidades” del art. 2 de la Constitución y el infumable Título VIII, que deslegitimaron por “franquista” la idea de un estado nación. Aparte de la insuficiencia e inutilidad de la Constitución para evitar la degradación de la democracia en una prostituida partitocracia oligárquica y populista.

    – Una clase política que tenga la grandeza moral y la visión de estado de los Procuradores franquistas cuando aceptaron de buen grado su harakiri político. Pero aquellos señores no vivían de la política y aunque trasnochada en aspectos muy importantes, tenían una idea de España perfectamente asumible y viable en sus bases esenciales. Hoy en día no hay ninguna idea de España, más allá del deseo de un estado paternalista y asistencial (y en este sentido, totalitario) que nos evite las fatigas de la vida diaría. Y los políticos son en su inmensa mayoría profesionales de lo público que no han hecho nada fuera de la política y tampoco quieren hacerlo en el futuro. Si Rajoy ya ha alcanzado su nivel de incompetencia en términos de Peter (a Rey no va a llegar), ¿por qué no se inmola en la causa de poner en marcha una reforma integral del país que siente las bases de un nuevo modelo político, económico, social y territorial que sustituya al cadáver que preside?

    – Un Rey joven que catalice el proceso, con transparencia y altura de miras y que no sea cautivo de sus actos, aficiones y talones de Aquiles varios. Quizás Felipe de Borbón sea nuestra gran esperanza blanca. Pero debe distanciarse de su padre y actuar con un mensaje propio, libre de las ataduras que afectan a su augusto padre y contar con una nueva clase política dispuesta a llevar adelante el proceso.

    Muchos son los retos, pocos los mimbres, nula la voluntad de los que mandan y nublada la visión de los que obedecen y pudieran estar interesados en el cambio.

    • Manu Oquendo
      Manu Oquendo Dice:

      Muy de acxuerdo, Ennecerus, con la necesidad urgente de un proyecto atractivo. Hoy existe todo lo contrario: Un feo horizonte y una realidad mala de la que es imposible que surja nada bueno. Entropía pura imparable.

      En este entorno y en esta situación nadie en su sano juicio puede sorprenderse de la eclosión nacionalista.

      Por muy tramposa que esta sea –que demostrablemente lo es– una de sus razones de ser es la relidad tangible de España y de la UE.

      A esta, a la UE, le sucede lo mismo. Los listos amenazan con irse y sólo los más pacatos, los menos seguros y ya capturados, se quedan dentro de un Euro hecho a medida de la industria alemana. Un francés corrupto -Mitterrand– se lo impuso a Alemania (ocupada) y lo estamos pagando todos. Francia también.

      Para colmo nadie quiere la unión política. Algo que se puede hacer de la noche a la mañana pero que nadie en el poder quiere porque supondría el suicidio de unos cientos de miles de buenas vidas.

      En estas condiciones querer seguir es para hacérselo ver minuciosamente por varios especialistas.

      Saludos

    • Jesús Casas
      Jesús Casas Dice:

      Vale , pero yo creía que se refería a una mente como la de Suárez, el teólogo salmantino, ya que si se lee a los renacentistas salmanticenses uní se da cuenta de que ellos si que diseñaron un mundo preferible a largo plazo, desde la música gloriosa y la poesía, la mística (los textos no se separan tanto de los místicos zen, tanto que muchos fueron procesados por la Inquisición), el Derecho internacional publico, las bases de la ciencia económica y hasta la igualdad que inspiro las Leyes de Indias tras la relación de De las Casas al Emperador. No hay mimbres para un buen cesto, ni cesteros, o yo no los avizoro. ¿ Estan entre los ninis, el botellón, los indignados? Yo es que sigo aferrado al tipo del bonus et diligens pater familias, que es un cuerpo a extinguir sumido en el desprestigio social. No “mola”.

  7. Serafin Casamayor
    Serafin Casamayor Dice:

    Alberto,
    una vez más diste en el clavo. La maldad campa a sus anchas. Es el aire que respiramos. ¿O lo que intoxica es respirar aire fresco? ¿Ya no nos intoxica el aire viciado? ¿Somos ya totalmente “anaerobios”? ¿Podemos vivir sin oxígeno? ¿La función crea el órgano y hemos convertido nuestra atmósfera en irrespirable? ¿o el organo es el que nos permite vivir y los que no lo tienen sucumben? ¿Lamarck contra Darwin? ¿O los dos juntos al mismo tiempo? Una ciclogénesis explosiva, tienes razón. Como las bacterias Alberto, en este caso anaerobias. Nos reproducimos “exponencialmente” en esta placa de petri en la que se ha convertido nuestro modelo social.
    Saludos. Y gracias una vez más por tus líneas y tu sabiduria Alberto.
    SCN

  8. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Me permito recomendar la lectura EE. “Mater Dolorosa. La idea de España en el siglo XIX” de José Alvarez Junco que trata esta tesis desde un punto de vista histórico y seguro que algún otro comentarista, glosador o post glosador de este ilustre blog puede recomendarnos otra lectura sobre esta idea psicológica de España en el siglo XX, creo que Julián Marías. Melancolía (hegeliana) o exilio, ya digo

  9. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    La Escuela de Salamanca es un buen punto de partida para el debate. Los poderosos de la época no sólo desoyeron sus consejos e ideas avanzadísimas sino que acabaron con ella, para desgracia de España, de la Iglesia Católica, de la Cristiandad y de Occidente en su conjunto. Claro que Occidente pudo resurgir gracias a que los protestantes y anglicanos sí evolucionaron en el sentido atisbado por los salmantinos, mientras que el catolicismo se petrificó, lo que en España causó una prolongada decadencia en el contexto europeo (aunque no está nada mal una “decadencia” de tres siglos en la que casi al final el Imperio español alcanzó su máxima expansión territorial).

    Aconsejo la lectura de la web del Instituto Juan de Mariana, uno de los próceres de aquél movimiento que se adelantó casi dos siglos a la Ilustración.

  10. Begoña Maiza
    Begoña Maiza Dice:

    Vaya! que sorpresa más agradable que me he encontrado. Que buena conversación y que gusto leerla. Se agradace el poder participar de unos pensamiento con personas que aman el conocimiento.

    voy a seguir leyendo. .Encantada.

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