Artículo de Francisco de la Torre publicado en el Mundo: “Ética fiscal en tiempos de amnistía”

El pasado sábado, EL MUNDO publicaba la iniciativa del PP de implantar una nueva asignatura en la educación obligatoria para que, entre otras cuestiones, los niños cumpliesen en el futuro con su obligación de pagar impuestos. Rápidamente fue objeto de burlas y chanzas. En las redes sociales se proponían contenidos como: el sobre como institución fiscal transparente, la amnistía fiscal como instrumento de justicia fiscal o las SICAV como ejemplo de equidad… Además, el claustro que se proponía para impartir la asignatura era simplemente sobrecogedor.

 

En resumen, la iniciativa ha sido muy criticada por el momento en el que se ha hecho pública. Decía Maquiavelo que la única tarea del político es elegir los tiempos, y, ahora mismo, no parecen propicios. Esto ha originado algo que se debe evitar siempre que se pueda: el ridículo. Efectivamente, España tiene un problema grave de fraude fiscal, en buena parte derivado de la falta de conciencia fiscal de muchos españoles. Sin embargo, el planteamiento de combatirlo con una amnistía fiscal ha sido como el que tiene hambre y toma bicarbonato.

 

Otra cuestión más sutil que la iniciativa pone de manifiesto es la utilidad de las Cortes Generales. Casi todas la grandes iniciativas en materia fiscal se han aprobado por Decreto-Ley, con una intervención mínima del Congreso (y ninguna del Senado), que no ha podido cambiar una coma del texto. Entre tanto, el Parlamento se dedica a debatir iniciativas como la de «educación para la tributación». En el caso de la amnistía fiscal, la medida más polémica y criticada no sólo es que la misma se aprobase por Real Decreto-Ley, sino que el documento legal decisivo, por el que el 70% de las rentas presuntamente afloradas no tributó absolutamente nada, es un informe del director general de Tributos. Esto dice poco del respeto a las reglas de juego, entre ellas la jerarquía normativa consagrada en el artículo 9.3 de la Constitución. Incluso, por encima de eso está la cuestión de la legitimidad democrática, que reside en el Parlamento y no en la Administración Tributaria.

 

Ahora bien, una cuestión positiva que la iniciativa pone de manifiesto es que nuestra clase dirigente empieza a darse cuenta de que la conciencia fiscal se está derrumbando. En los años 80 y 90 se hizo un esfuerzo muy importante por convencer a los españoles de que los impuestos eran necesarios: «Hacienda somos todos». Ésta es una cuestión que tienen muy clara todos los países avanzados y es una derivada directa de que las leyes, buenas o malas, incluyendo las fiscales, hay que cumplirlas. Incluso, en Estados Unidos, hay movimientos como el Tea Party que defienden menores impuestos a ultranza, pero no la insumisión fiscal. Que esta conocida frase del juez Holmes sea la inscripción de la sede central del IRS (Hacienda norteamericana) no es una casualidad: «Los impuestos son el precio que pagamos por la civilización» (En la selva no existen). Efectivamente, no se puede tener la economía de Alemania con la conciencia fiscal de Tanzania.

 

Hace unos años, un ciudadano de clase baja y poca formación se sentó en mi despacho. Lo había citado porque había indicios de que podía estar emitiendo facturas falsas: me lo admitió. El contribuyente me dijo también que Dios se le había aparecido y le había ordenado que dejase de traficar con drogas. Entonces, él se pasó a emitir facturas falsas. Naturalmente, también me comentó que si le sancionaba, tendría que volver a vender droga y que sería responsable ante Dios de su perdición. Hasta hace poco, evidentemente, no todos los ciudadanos declaraban todos sus ingresos, pero las estrategias más burdas de falsificación y defraudación fiscal eran cosa de sectores marginados y de iluminadosanti-fisco.

 

De un tiempo a esta parte, los inspectores hemos visto que han vuelto fenómenos como el de la proliferación de las facturas falsas. Lo más preocupante es cuando se comprueba que estas formas de actuar se han ido extendiendo a grandes empresas e incluso a organismos públicos. Tampoco hay que trabajar en Hacienda para ver casos como estos, sino que basta con leer el periódico. Incluso, en algunos casos, ha habido desvíos de dinero a paraísos fiscales, y luego en los mismos, tampoco se querían pagar los escasos impuestos de territorios como Belice, y los ingresos se volvían a compensar con nuevas facturas falsas. Para algunos, que ya no pertenecen a los sectores más desfavorecidos, precisamente, parece que pagar impuestos es contrario a su religión; aunque finalmente, acaban pagando importes superiores en abogados, bancos, estructuras societarias y testaferros.

 

En este estado de cosas, aun así, cada vez resulta más complicado defender la obligación de pagar tributos. Esto se debe a que, particularmente en el último año, se han elevado sustancialmente los impuestos a los que ya los venían pagando. En paralelo, se producían recortes en gastos que muchos ciudadanos consideran fundamentales, como Sanidad, Educación y servicios sociales. Además, se han recortado los medios en la lucha contra el fraude fiscal, y como colofón se ha dado una amnistía fiscal, extremadamente generosa con los defraudadores, que han pagado de media un 3% de los importes aflorados.

 

Incluso así, los impuestos son imprescindibles para el mantenimiento no ya del Estado, sino de la civilización. El sistema fiscal es claramente inequitativo y, sobre todo, no puede aportar los recursos que necesita el Estado. Su reforma es una prioridad ineludible junto con la inevitable reforma administrativa en profundidad, si queremos salir de la crisis. Todo esto es explicable, y la educación tiene aquí su papel. Sin embargo, los únicos niños que parecen haber recibido lecciones de fiscalidad son los catalanes, muchos de los cuáles han aprendido lecciones de «expolio fiscal» y tienen grabado en la mente el Espanya ens roba.

 

Esto indica varias cosas. En primer lugar, que si no se modifican las competencias, va a ser casi imposible establecer nuevos contenidos comunes, cuando en parte de España no se puede estudiar ni siquiera en lengua castellana. En segundo lugar, que es necesario un consenso para que no se repita miméticamente el caso de la Educación para la Ciudadanía. Pero sobre todo, ésta no es una cuestión de conocimientos, sino de voluntad. Todo el mundo sabe que debe pagar sus impuestos y no colaborar con el fraude, pero si nuestra clase dirigente, tanto al establecer y aplicar los impuestos, como al distribuir el gasto público no actúa de forma justa, razonable y transparente, habrá poco que hacer. Como señalaba Albert Einstein, el ejemplo no es la mejor forma de influir en el comportamiento de los demás, es la única. La ejemplaridad lo es todo.

10 comentarios
  1. luis
    luis Dice:

    A ver este tipo de artículos parece que sorprende mucho cuando salen y más si procede de un inspector de hacienda, pero cuando a la gente le preguntan en una obra en su casa que si lo quiere con IVA o sin IVA ¿Qué contesta en el 90% de las ocasiones?

    El sistema fiscal es inequitativo, eso parece que todos lo entendemos, pero a ver como me explica que los asalariados supongan casi toda la recaudación de impuestos, a ver como explica con la demagogia que hay en este país que un estado liberal requiere de menos impuestos directos y más indirectos donde es más difícil ocultar los signos de riqueza. Cuantos autónomos o empresarios pequeños son inspeccionados, yo le respondo un número ínfimo porque no hay medios son demasiado pequeños para inspección y gestión no tiene recursos. Que pasa cuando se les comprueba pues que no tienen ni una factura que cumpla los requisitos de deducibilidad.
    ¿Por qué no se carga en plan a políticos y familiares como se ha propuesto en otras ocasiones?

    La AEAT puede hacer mucho más de lo que hace, pero lo fácil es seguir cargando sobre los asalariados que no se pueden escapar y bien por falta de medios bien por voluntad política no parece que la cosa vaya a cambiar en el futuro.

    Hay muchas cosas para empezar a ser un país serio, la pregunta es hay algún partido político que quiera eso.
    Mientras tengamos la mentalidad que tenemos, la burocracia, los cargos a dedo, los pelotazos seguiremos a la cola de europa.

    Como decía un deportista el domingo tras ganar el mundial de balonmano en twitter “somos campeones del mundo en futbol, baloncesto, balonmano, futbol sala, corrupción, fraude fiscal, economia sumergida, políticos en la cárcel,…”

  2. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Me extraña no ver comentario alguno a esta copia del articulo del Sr. De la Torre a estas horas del dia (22:06). Espero que algún parroquiano del blog que sepa tributario escriba algo. Al ver el titulo creía que se me habia adelantado en uno que quería escribir, si algún dia me queda tiempo, porque resulta que tengo que trabajar 1/5 de los gastos totales del Despacho porque a la “equidad” fiscal le da igual (a pesar de la anulación de la retención del 20% por el TC en su dia) que tengamos que facturar el 121% de lo que pagamos por salarios, seguridad social, retenciones, alquiler, luz, teléfono, libros, papel, etc. para poder trabajar cada día, mas el 21% del IVA de las facturas del anterior trimestre que no nos hayan pagado los clientes, pero tenemos que ingresar, mas el 52% de marginal si es un tipo que trabaja duro y es capaz de conseguir que alguien confie por extrañas razones en Ud. como profesional. o sea que de las 12 horas de mi dia mas de la mitad son para mi Comunidad, o sea Estepais. Entonces, por el proncipio de equidad fiscal el Estado me devuelve servicios esenciales de calidad: no hay pobres, todos tienen justicia y educacion de calidad, la policía es eficaz y ni necesito pagarme una alarma (bueno, tres), la sanidad (se paga vía impuestos, no seguridad social, que es un impuesto directo al trabajo), me ayuda con los gastos de mis mayores, a los que no llega la pensión, o al menos me deja deducirme lo que les transfiero para pagar su atención sin pedir subvenciones (ja!) de dependencia…y, ademas, se legisla bien, la administración funciona y no hay corrupción ninguna ni gasto superfluo y faraónico con nuestros impuestos. No, el articulo va del fraude del sufrido contribuyente. No de la necesaria equidad entre las leyes tributarias y presupuestarias, el debe y el haber, los ingresos y los gastos de NUESTRAS cuentas, que son de los ciudadanos, no del Estado, que es una entidad en la que todos somos socios forzosos por nacimiento. A ver si vuelve Manu Oquendo de dude esté y cuelga uno de los suyos, con doctrina y jurisprudencia. Equidad fiscal es no solo que el contribuyente pague lo que debe, sino que los impuestos sean equitativos y que los gastos publicos sean rigurosos. Como dijo D. Fernando de Aragón, Rey de España, los españoles son un gran pueblo si tienen un gran Rey. Ahora, pagar la mitad de tu vida a cambio de nada durante generaciones, para que te timen los que mandan, sinceramente, no. Equidad es otra cosa: si yo pago tu factura, tu prestas en servicio o entregas el bien, tambien si eres la Hacienda, que no solo ingresa, sino que gasta, aunque disimule para que parezca que el que cobra y el que paga no son el mismo, el Estado. Siento la extensión. A ver si saco tiempo para escribir un post.

  3. Quasimontoro
    Quasimontoro Dice:

    Francisco,

    Su idea de que la evasión es consecuencia de una falta de conciencia fiscal –algo muy especial que los alemanes y algunos otros iluminados tendrían– ignora algo básico que uno aprende de chico cuando lo envían a comprar pan. Si el panadero, le vende pan viejo y encima pretende quedarse con el vuelto, el chico no vuelve. Y a ningún adulto se le ocurriría gritarle al chico que no tiene conciencia panadera. En otras palabras, separar el pago de impuestos de lo que los gobernantes hacen con lo recaudado es asumir el papel de tonto y no recuerdo en tres generaciones haber visto suficientes tontos para financiar gobiernos ineptos y corruptos. Ya lo había advertido Lincoln cuando dijo (o se dice que dijo) que uno puede engañar a los tontos por un rato, a algunos por mucho tiempo, pero no a todos los tontos por mucho tiempo.

    Hoy leí lo siguiente referido al grave problema fiscal de EEUU:

    The coming generation of retirees hasn’t paid nearly enough in taxes to cover the costs of the pensions and medical care it has promised itself. The generation of Americans between ages 60 and 65 in 2010, for instance, has underpaid by some $292 billion, according to the International Monetary Fund.

    fuente: http://www.bloomberg.com/news/2013-01-29/don-t-let-class-warfare-turn-into-generational-warfare-draft.html

    donde puede apreciarse que hasta en el FMI hay quienes creen que en realidad el problema de los futuros pensionados es que no han pagado lo suficiente para financiar el beneficio que les prometieron. Sí, todo se habría resuelto si el gobierno de EEUU hubiera impuesto una tasa mayor de contribución para pensiones. El grado de estupidez implícito en esa idea es horrible porque ignora que si el gobierno hubiera recaudado el monto indicado lo habría gastado en cualquier otra cosa y el déficit anticipado seguiría siendo muy parecido al estimado.

    No me sorprende que los políticos quieran formar conciencia fiscal de igual manera que han intentado formar muchas otras conciencias en los últimos 500 años de consolidación del estado nacional. No me sorprende que los políticos y sus burócratas hagan el ridículo porque suponen que hay muchos tontos a quienes se puede engañar (por eso Maquiavelo jamás perderá vigencia). Si me sorprende que todavía haya algunos que crean en la existencia de iluminados.

    • Verónica del Carpio Fiestas
      Verónica del Carpio Fiestas Dice:

      Comprar el pan en esta panadería o en la de más allá es sin duda algo idéntico a pagar impuestos o no pagarlos.

    • Quasimontoro
      Quasimontoro Dice:

      Verónica,

      En el caso de las panaderías podemos votar con los pies y por eso aprendemos de chico que no necesitamos volver. En el caso de los gobiernos es mucho más difícil votar con los pies pero sí se puede –como lo hicieron mis hijos, como lo hice yo, como lo hicieron mis abuelos, etc. Pero precisamente porque es más difícil también aprendemos pronto en la vida que el que no llora, no mama, y por eso gritamos, nos indignamos, protestamos y decimos estupideces. No importa cuanto gritemos, en particular cuanto gritemos porque siempre parece que hay que elegir el menos malo entre políticos horribles, la situación no cambia –¿por qué regalar algo al que me quiere joder? Ya lo dijo Sherlock, “Elemental, Watson“.

  4. VP
    VP Dice:

    A parte del momento escogido, pesimo a todas luces, la idea no es criticable en si misma. Pero habria que ir mas lejos y educar a los niños en el civismo, en el respeto a las normas morales, en el dialogo, en su responsabilidad como ciudadanos…

    http://yestheycan.blogspot.com

  5. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Buenos días.

    Hace muchos años mi postura fue favorable a las tesis y los principios sobre los que se basa el artículo pero hoy es contraria.

    Para ello me baso en que el estado, en sus numerosos niveles y figuras fiscales, hace mucho que sobrepasó todos los límites impositivos racionales hasta convertir al contribuyente en mero “campo” de un proceso Extractivo, Destructivo e Inmoral de compra de votos y gasto irracional. Aquí y fuera.

    No es lo mismo un estado con una fiscalidad “total” del 20% o del 25% que uno que se lleva más del 60% de los ingresos de un pequeño contribuyente por vías de lo más variopinto y además es incapaz de no meter la mano en la caja de la Seguridad Social o de garantizar cosas por las que ya ha cobrado y que no ha sido capaz de custodiar.

    No sólo hemos de tener en cuenta la Cantidad, sino también la Calidad.

    Y la calidad ética del estado desmerece y mucho en numerosas figuras impositivas.

    Por ejemplo, en los cálculos de plusvalías, en la imputación de rentas inexistentes, en la estimación forzada de valoraciones, en la no deducibilidad de gastos sin los cuales el mantenimiento de la propiedad de un bien es imposible y muchas otras irregularidades que, además de inmorales, resultan en graves daños estructurales al conjunto de la economía.

    ¿Cuántos impuestos inciden sobre la vivienda? ¿Seis, siete? ¿El cash flow descontado del ciclo de vida de una vivienda es positivo o negativo?

    El propio estado es destructor de ahorro y de valor económico. Por lo tanto destruye los incentivos más elementales para que una economía tenga sentido y pueda ser competitiva.
    Es el estado el mayor factor de coste de cualquier producto o servicio. Sólo el IVA de cualquier manufactura es Superior al precio de fábrica.

    ¿Alguien piensa que la situación que vivimos no tiene nada que ver con políticas económicas y fiscales explícitas e implícitas?

    Parece bastante claro que la necesaria renovación racional del estado y de las democracias ciudadanas del siglo XXI debe revisar –y muy profundamente–, los sistemas fiscales para hacerlos, limitados, morales, justos, sostenibles, competitivos e incentivadores.
    Hace mucho que dejaron de serlo.

    Por ello, ponerse a enseñar a niños cosas que están en patente contradicción con su vivencia diaria, con la vida de sus familias trabajadoras y con cualquier sentido innato de lo ético, eficaz, moral, justo y razonable está condenado al descrédito desde el primer día.

    Lo que hoy está en bancarrota operativa, patrimonial y moral es nuestro modelo de estado y se lo han trabajado a pulso.
    No es azar que el estado busque convertirse en fuente de principios morales. Se los han cargado todos y ahora quiere dictar los sutos y grabarlos a fuego.

    Pues no, hay Norte, hay puntos cardinales por encima del estado.

    Dicho lo cual estoy de acuerdo con el articulista en sus tesis y perspectivas si la fiscalidad se reconstruye para ser lo que hoy no es: Justa, eficaz y sostenible.

    Saludos

  6. Alvaro
    Alvaro Dice:

    Hoy he aterrizado en este foro y se tratan temas interesantes.
    Sin embargo, me desespera leer frases como estas: “Sin embargo, los únicos niños que parecen haber recibido lecciones de fiscalidad son los catalanes, muchos de los cuáles han aprendido lecciones de «expolio fiscal» y tienen grabado en la mente el Espanya ens roba”.

    El hartazgo que nos produce a muchos catalanes leer este tipo de opiniones es proporcional al aumento del nacionalismo. He visto una fijación especial en muchos de sus artículos en despreciar a Catalunya. ¿Ud. se piensa que los catalanes somos seres manipulados y básicamente, estúpidos?

    Sinceramente, le recomiendo seguir incluyendo frases de este tipo en sus artículos precisamente para conseguir cuanto antes lo que tanto miedo parece darle: la ruptura de una España unida y centralista. (Por que, ya de paso….¿eso no es otro tipo de nacionalismo…?)

    • Esaú
      Esaú Dice:

      Querido compañero catalán,
      Desmerecer a las personas sin conocer su pasado, es un craso error. Paco ha residido muchos años en Cataluña y conoce, a la perfección, el reino de taifas en el que vivimos. Podrá Usted estar o no de acuerdo en el mensaje que lanza sobre las proclamas nacional-socialistas que salen de mi tierra, pero no es nadie para negarle la razón. Es más, yo como catalán le podría señalar a Usted que mi percepción es justamente la que Usted niega: sí, hay muchos catalanes manipulados y, sí, también hay muchos estúpidos, que no se dan cuenta que están siendo llevados por un camino que conduce a lo que algunos dicen que fue la transición: cambiarlo todo para que no cambie nada.
      Claro, ahora me dirá Usted que yo también soy una mesetario o algo peor, un facha español. Pues no, quizás tengo más raigambre catalana que Usted, y escribo y hablo mejor mi otra querida lengua. Pero veo las cosas de otra manera y, si no me gusta un artículo de opinión de algo, simplemente paso página, sin desmerecer al autor. Adéu. Esaú

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