Lincoln y los secesionismos: un ejemplo de integridad

“Debemos resolver esta cuestión ahora: si en un sistema de gobierno libre la minoría tiene el derecho de disolver el gobierno cuando le plazca”. Abraham Lincoln, Presidente de los Estados Unidos de América, mayo de 1.861, al mes de comenzada la Guerra de Secesión.

 

La excelente película de Steven Spielberg, magistralmente protagonizada por Daniel Day Lewis, sobre el más querido de los Presidentes norteamericanos pone de actualidad su figura en nuestro país, figura de la cual podemos extraer no pocos ejemplos para la presente situación española. Abraham Lincoln fue un adelantado a su tiempo y, con toda seguridad, un insospechado ejemplo para la España actual. Convencido de la necesidad de la fortaleza de la Unión, negó que los territorios del Sur tuvieran su “derecho de autodeterminación”(concepto entonces inexistente), y se opuso con firmeza a que los Estados libremente asociados en un régimen democrático tuvieran derecho a desasociarse de forma unilateral. Y esa fue la verdadera causa dela Guerra Civil norteamericana, que afrontó con dolor y con enormes presiones de todo tipo (hasta familiares), aunque la cuestión de la esclavitud haya trascendido a la posteridad, de forma no demasiado rigurosa históricamente, como argumento central de la Guerra de Secesión. El objetivo de la guerra no fue en sí la liberación de los esclavos, sino la preservación de la Unión. Ya avanzada la contienda, Lincoln adoptó la emancipación, que llevaba meses preparando y tenía guardada en un cajón -como se refleja espléndidamente en la película- como medio para debilitar al Sur y reforzar la causa unionista en el país y ante las potencias europeas. Y la preservación de la Unión, junto con la proclama antiesclavista, consiguieron el verdadero objetivo del entonces Presidente, que no era otro que dirimir el verdadero significado de la libertad y consolidar el destino de los Estados Unidos de América como la gran nación que ha llegado a ser.

 

En mi opinión, el ejemplo de Abraham Lincoln es doble, y realmente muy parecido, -casi equiparable salvando las diferencias del momento y el cargo que ocupó cada uno- al de otro político asesinado que fue justamente homenajeado hace pocos días en este blog: Gregorio Ordóñez. Por un lado, puso de manifiesto una enorme firmeza en la defensa de sus ideas y de las soluciones que creía mejores para la supervivencia dela nación. Lincoln tuvo el coraje político de afrontar una Guerra Civil en la que hubo 600.000 muertos, y de resistir hasta conseguir una clara y contundente victoria final, manteniéndose firme en sus convicciones pese a sufrir un enorme desgarro interior -apreciable en su propio deterioro personal-, y pese a las presiones de su entorno y de buena parte de la siempre acomodaticia opinión pública, que le pidieron reiteradamente que cediera y acordara un rápido armisticio dejando las cosas como estaban para “evitar más muertes”. Pocos políticos hubieran resistido con tanta dignidad esas presiones y ese enorme dolor. La inmensa mayoría se hubiera dejado atraer por los abrumadores cantos de sirena que le rodeaban, y encontrado el fácil atajo de las componendas, los acuerdos ambiguos y la búsqueda de una fácil satisfacción a la siempre voluble opinión pública, lo que hubiera supuesto “parchear” la situación para aguantar unos años, buscar una gloria efímera y luego….. dejar la patata caliente del problema del Sur al próximo que ocupara su sillón. Y no se decantó precisamente por la solución más cómoda. No hace falta que les pregunte, amigos lectores, qué creen ustedes que hubieran hecho en su lugar nuestros excelsos políticos actuales, fueren del partido que fueren….

 

Un segundo ejemplo es el del coraje y la dignidad, llevados hasta el punto de asumir costes personales, incluso arriesgando la propia vida. Así lo hizo Abraham Lincoln, que murió asesinado en un palco del teatro Ford de Washington a manos de un fanático sudista seis días después de acabar la guerra, y así lo hizo nuestro admirado concejal donostiarra, como bien ha puesto de relieve en su emocionante y reciente post en este mismo blog mi compañero Fernando Rodríguez Prieto. Como decía Lincoln a los que, en su entorno, vaticinaban su muerte viendo su hábito de cabalgar sólo por Washington, su política de tener abiertas las puertas de la Casa Blancaa toda clase de personas y su poca afición a vivir rodeado de escoltas, “dudo que alguien quiera matarme, y si lo hace, sólo puede matarme una vez”. Realmente estremecedor. Cualquier comparación con la realidad política del siglo XXI es, sencillamente, insultante, con la honrosa excepción de muchos héroes anónimos, casi todos ellos alejados de los focos y la notoriedad que, al igual que Gregorio Ordóñez, han arriesgado su vida en el País Vasco en defensa de la libertad.

 

Todo lo anterior no significa, en absoluto, que Lincoln fuera un ser angelical alejado de las artes de la política: extraordinario orador –tal vez uno de los mejores de la historia- y conocedor de las interioridades de la lucha de partidos, la película muestra de forma muy gráfica sus maniobras, no todas demasiado ortodoxas, para conseguir los escasos votos que le faltaban para que la Cámara de Representantes aprobara la 13ª Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos de América, que abolía definitivamente la esclavitud. El Congresista Stevens (fantásticamente interpretado por el gran Tommy Lee Jones), uno de los protagonistas del debate parlamentario, lo resume con maestría: “es la medida política más importante del siglo XIX aprobada gracias a la corrupción organizada por el hombre más puro de América”. Pero todo ello no obedecía a razones espúreas, como las que mueven hoy en días a nuestros esperpénticos “Bárcenas” locales, sino a la búsqueda de un fin superior: que la esclavitud quedara abolida en la Constitución, lo que confería a la abolición un carácter histórico y definitivo.

 

La tentación fácil del momento fue descalificar a Lincoln, “causante” de la guerra, tachándole de dictador o de tirano que se dedicaba a cercenar las “libertades” del Sur, en una palpable demostración de las volubles interpretaciones que se pueden dar a la palabra “libertad”. Descalificaciones parecidas las hemos escuchado muchas veces en España ante atisbos de actitudes firmes o resueltas de algún político en algún asunto espinoso. El propio asesino de Lincoln, John Wilkes Booth, saltó al escenario del Teatro Ford, tras descerrajar un tiro en la nuca del Presidente, gritando el lema en latín del Estado de Virginia “Sic semper tyrannis”(así siempre a los tiranos), tomado de la frase que pronunció Bruto al apuñalar a Julio César. La finalidad de tales descalificaciones siempre es la misma: confundir maliciosamente firmeza con imposición, determinación con tiranía, claridad de ideas y expresiones con totalitarismo. Y sin embargo, el principal objetivo del asesinado Presidente fue siempre la reconciliación. Así ordenó a su General en Jefe Ulysses S. Grant, en escena que reproduce la película, que la paz no supusiera represalias con los vencidos, tal como le exigían los vencedores ante el enorme número de bajas ocasionadas por la contienda. “No quiero ejecuciones. Que entreguen las armas y se marchen con sus familias, a sus granjas, a sus negocios”… Y ya lo había anunciado en el discurso de su segunda toma de posesión, pronunciado en la colina del Capitolio el 4 de marzo de 1.865, un mes antes del fin de la guerra, y con el que termina en “flash back” la estupenda película de Spielberg: “Sin atentar contra nadie, compasivos con todos, firmes en la ley emanada de Dios para discernir el bien, sigamos trabajando en la labor que hoy nos ocupa: restañar las heridas de la nación, honrar al que luchó por ella cuidando de su viuda y huérfanos, hacer todo cuanto esté en nuestra mano por una paz justa y duradera entre nosotros y entre todas las naciones…”. Es difícil dejarlo más claro, y esa voluntad conciliadora, frente al afán vengativo con los “rebeldes” de buena parte de los vencedores -según muchos estudiosos- es la que realmente acabó costándole la vida.

 

Quiero terminar este post con una frase que escribió el genial periodista José Luis Martín Prieto en un artículo publicado hace unos años en el diario El Mundo, realizando la crítica de un libro publicado sobre la batalla de Antietam, que fue la más decisiva en el devenir de la Guerra de Secesión norteamericana. Escribió Martín Prieto, tras glosar la figura del asesinado Presidente, su complicada vida política, personal y familiar, y las terribles circunstancias de todo tipo que le tocó vivir, que “hay momentos en la vida en que hay que plantearse el doloroso dilema de Abraham Lincoln y tener el valor de decir que no”.

27 comentarios
  1. Rodrigo Tena Arregui
    Rodrigo Tena Arregui Dice:

    Gracias Álvaro por tu magnifico post, que suscita un montón de cuestiones de mucho interés, como pasa siempre cuando reflexionamos sobre lo que hicieron hombres excepcionales en situaciones criticas. Sin embargo, no hay que olvidar que Lincoln es también hoy un personaje muy controvertido en EEUU, y no solo en el Sur, claro.
    Es cierto que el objetivo principal de Lincoln fue preservar la Unión y no liberar a los esclavos, pero no hay que olvidar que el objetivo del Sur al buscar la secesión era conservar el esclavismo, amenazado por la política del Norte -especialmente por la del recién creado partido republicano- en relación a los nuevos estados que se incorporaban a la Unión. El Sur temía que esa política abocase a la paulatina desaparición del esclavismo por axfísia, y tenía razón. Así que la causa de la guerra fue más compleja de lo que hoy puede parecer.
    Pero, aun así, existe hoy cierto revisionismo en relación a Lincoln. No digo que haya pasado de ser del “Honest Abe” al “Butcher Abe”, pero sí que se critica su disposición a sacrificar toda una generación de jóvenes americanos para evitar la secesión de unos estados que voluntariamente querían abandonar la Unión. Para los actuales EEUU de América el resultado ha sido positivo, que duda cabe, pero el precio en vidas fue muy elevado.
    Por eso creo que la película plantea muy bien algunas cuestiones interesantes:
    – Un hombre tiene que tomar en solitario decisiones de una importancia brutal y que conllevarán mucho dolor para unos o para otros.
    – Toma la mejor decisión para el futuro de su país (y también la mejor moralmente hablando) pero a un precio elevado en sangre a pagar al contado en el presente. ¿Hasta qué punto influye ese precio en la calificación mejor/peor?
    – Sin embargo, no quiere que su hijo se aliste (lo que es muy comprensible, por cierto).
    En cualquier caso creo que es complicado llevar lejos la analogía con el presente español. Las diferencias son muy importantes.

  2. FBR
    FBR Dice:

    Es un ejemplo de liderazgo, del que nuestra democracia bipartidista nos ha dejado huérfanos. No existen personas que basen su estatus en su ascendencia moral sobre los demás. Hay que encontrar la forma de que la democracia se asemeje en este sentido a la tribu, en la que el líder es elegido por su capacidad de sacrificio, sus decisiones acertadas, su capacidad de reflexión y de comunicación con las personas que lo eligen. No se puede seguir aceptando que el poder lo ocupen personas cuyo único mérito consiste en trepar dentro del partido a fuerza de ir “protegiendo intereses”, “preservando privilegios” o “apoyando lobbies”. Tenemos que encontrar la forma de que el gobierno haya sido elegido de verdad por sus virtudes, en lugar de promovido por no se sabe quienes.

  3. Pedro
    Pedro Dice:

    Lincoln también tuvo sus errores, como el ahorcamiento colectivo de 38 sioux. La historia de USA está muy maquillada. Parece que los indios no tenían muchos derechos civiles…

  4. Pedro
    Pedro Dice:

    Eso se lo puede decir también a los indios nativos USA…fueron errores o maldades? Porque para los anglosajones, los españoles conquistadores eran viles asesinos dirigidos por la santa inquisición. Pero los colonos blanquitos anglosajones, eran benditos protestantes que ocupaban las res nullius que se defendían de los salvajes indios. Bueno, la historia siempre la cuenta el vencedor…

  5. Izskun
    Izskun Dice:

    Ejemplo actual para España = regla de negar que los Estados asociados puedan desasociarse. Acaso tenía razón? con qué fundamento? Se oponía porque el Norte tenia sus propios intereses.

    • Jorge Peñas
      Jorge Peñas Dice:

      …negar que los Estados asociados puedan desasociarse de forma unilateral o, como en el discurso del encabezamiento: … si la minoría tiene derecho a disolver el gobierno cuando le plazca . Creo que el matiz es muy importante. Claro que para aceptar del todo el paralelismo hay que aceptar (y desde mi punto de vista así es) que los “Estados” están libremente asociados en un régimen democrático. Por otro lado, totalmente de acuerdo con que, en el fondo, es una cuestión de intereses por ambas partes en el caso americano y en el de España.

      Enhorabuena por el artículo (y por el blog en general, que ayuda a que profanos de estos temas, como yo, empecemos a entenderlos).

      Saludos

  6. Ignacio Gomá Lanzón
    Ignacio Gomá Lanzón Dice:

    Yo vi la película ayer y me gustó bastante (cuidado que cuento cosas de la película aunque sea Historia) Muy buena recreación del ambiente y también de la situación política. Pero desde el punto de vista de este blog, o del mío en particular, lo más interesante son los dilemas morales (aunque no me parece que Lincoln se debatiera mucho en ellos) que se le presentan a Lincoln: cómo compra a diputados demócratas ofreciéndoles cargos (y no queda claro si dinero) y cómo miente al Congreso diciendo que no hay una delegación del Sur para pactar la paz, porque Lincoln sabía que si se acordaba la paz antes que la enmienda, el mismo norte no querría liberar a los esclavos porque en definitiva tendrían que compartir con ellos la riqueza y competir. Y Lincoln prefiere prostituir el voto y prolongar la guerra en aras de un fin que considera superior.

  7. Alvaro Delgado
    Alvaro Delgado Dice:

    Evidentemente que Lincoln, y todos los que toman decisiones importantes, cometió errores. Quién no los comete. Pero, pese a las diferencias notables con la situación actual, hoy resulta especialmente llamativo ver a un gobernante que no se decanta por la solución más cómoda o más popular ante un grave problema, que toma decisiones dolorosas sin hacer concesiones a la galería, y que piensa en lo que considera mejor para el futuro de su país aunque él mismo no llegue a verlo. Todo eso, con los claroscuros que se quieran, resulta hoy en día impactante por lo inusual. Y en cuanto a la referencia que hace Izaskun a que el Norte tenía sus propios intereses…. cree usted que las castas políticas del País Vasco o de Cataluña no los tienen?
    Gracias a todos por vuestros atentos comentarios.

  8. Alvaro Delgado
    Alvaro Delgado Dice:

    Por cierto, a Daniel Day-Lewis le han dado esta madrugada el Oscar por su impactante interpretación del Presidente Lincoln, aunque Spielberg se ha quedado sin su premio.

  9. alejandra Di Giácomo
    alejandra Di Giácomo Dice:

    Interesante la nota y los comentarios. Diré algo que no tiene nada de políticamente correcto y que seguramente será motivo de interpretaciones muy adversas. En la época de Lincoln, la pasión que se sumaba a la creencia de que *dando la vida por algo considerado superior* o *quitándola por algo considerado superior*, no se si era o no correcta, pero sí ha desaparecido. Hoy ya no existen ni los Lincolns, no los fundamentalistas que entrarían a un lugar donde él se encontrara y lo asesinaría en público. Mueren multitudes de civiles y militares en atentados …pero los presidentes y funcionarios de nuestros países, a lo sumo reciben un tomataso o una silbatina de multitudes que se manifiestan pidiéndoles que se vayan. Todo cambio. El heroísmo de los políticos y el de las ciudadanías. ¿es mejor o peor …no lo sé?. Pero en aquellas luchas, todos arriesgaban sus vidas por lo que creían superior.

  10. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Hace muchos años, en una boda multitudinaria en un hotel del sur de Florida, mientras la gente bailaba, me encontré sentado frente a un invitado mucho mayor que yo. Un socio del Planters club de Peachtree Avenue en Atlanta y diplomático de carrera.
    Un hombre culto que recreaba el arquetipo de un cruce entre un caballero del Deep South criado por amas de color vestidas de blanco y un Gentleman farmer de Surrey educado en Oxford.

    Hablamos de bastantes cosas hasta que fuimos llegando a su infancia y sus recuerdos ancestrales. Entonces se le escapó aquello de que “La gente de hoy no sabe nada de aquel tiempo”. “Se creen –dijo– que los tratábamos mal” “Cómo íbamos a hacerlo si cada uno valía mucho más que un coche caro –añadió”.

    Tomó un sorbo lento de Bourbon y completó “Nada que ver con el trato y la leatad que los empresarios de Chicago tenían con sus obreros. Nuestros braceros murieron todos de viejos en casa. Años después de la emancipación”.

    Fue algo inesperado, espontáneo. Una liberación ante un extraño una tarde de Bourbon. El caso es que hasta su muerte en el 98 tvimos una buena relación y nunca más se habló del asunto.

    Pero la guerra civil tuvo poco que que ver con los esclavos y hay frases de Lincoln al respecto que lo atestiguan. Su motor era la Unión.
    Y, sí, se diezmó una generación de hombres. Siempre los pobres hombres jóvenes. Expendable.

    No vale la pena matar a gente por una idea, creo que no, pero estoy seguro de que hay gentuza que está permanentemente midiéndonos a ver si tenemos miedo a morir defendiendo lo nuestro y a la cual nada importa matar. A uno o a cien o a mil.

    Cuando un estado deja sin intentar resolver 326 asesinatos como está sucediendo aquí, en España, que no quepa duda: firma su sentencia de muerte.
    Es un estado fallido que merece hundirse y nadie levantará un dedo para evitarlo.

    Lincoln quedó como la imagen viva de aquella gran frase americana: “The buck stops here”. Alguna vez hay que decidir en vez de gestionar el olvido.

    Saludos

    • Pedro
      Pedro Dice:

      Estimado Álvaro.

      Mis comentarios no iban dirigidos a ti, sino a otros. Me ha gustado tu comparación entre Lincoln y Ordónez, pero me quedo con éste. Lincoln fue un extraordinario político, probablemente el más importante en USA, pero político en su peor significado, de maquiavélico. Ordoñez fue una gran persona. Tuve lo oportunidad de conocerle en San Sebastián a finales de los años setenta. Jovial y muy buena gente. Pero no era un gran político. Era honesto. ¿Conoces grandes políticos honestos? Yo no. Pero ni aquí, ni en el extranjero. Giscard d’ Estaing, Mitterrand, Tony Blair, Busch, Kennedy, Johnson, Nixon, incluso Obama con Guatánamo.. ¿Eran honestos? Quizá Carter era honesto, pero un nefasto político. Es imposible ser honesto y ser gran político. Así son las cosas. Pero los españoles tenemos ese sentimiento quijotesco de pensar que si es posible. Y, no. No es posible. Un cordial saludo.

  11. robespierre
    robespierre Dice:

    Pues ya es raro, Pedro, porque todos nuestros políticos se consideran honestos sin excepción, incluso los imputados. Ya sabe, responden solo a su conciencia y a su deber. A lo mejor me dirá usted que es porque son honrados que no son grandes políticos…lo dejo aquí porque me entra la risa.

  12. Deus ex Machina
    Deus ex Machina Dice:

    Creo que el artículo peca de un sesgo muy notable, analizar el comportamiento del Presidente Lincoln en base a los resultados de sus decisiones. Cierto que EEUU es un gran país y digno de imitar en muchos aspectos (en otros es mejor ni siquiera inspirarse) y que la persistencia en la Unión no les ha ido mal y es parte de esa grandeza, pero es imposible saber que hubiese ocurrido de haber perdido la Guerra y que ambos países siguiesen caminos separados.

    Y como es imposible hace ese ejercicio de historiaficción es imposible aseverar que haber ganado la guerra y preservar la Unión fuese el “mejor” resultado de la Guerra. Por tanto, analizar el comportamiento y las tomas de decisiones en base a ello es absurdo ya que parte de una premisa inexistente, como sería la comparación entre el resultado real teóricamente bueno con el resultado alternativo teóricamente malo.

    Por tanto, no tiene sentido analizar el comportamiento de Linconl, la defensa a ultranza de sus ideales bajo ese manto de coraje y dignidad, como algo positivo ya que es un análisis basado en el resultado de ese mismo comportamiento y que sería un análisis completamente diferente de haber sido otro resultado. Hablaríamos de la testarudez y la cerrazón de un Presidente que era capaz de pagar cualquier precio por sus ideas.

    • FBR
      FBR Dice:

      Sinceramente, creo que hay cosas, -muy pocas, eso sí-, que no son relativas, y entre ellas está la libertad del hombre, en contraposición con la esclavitud. Contra la esclavitud se perdieron muchas batallas y eso no cambia el valor de los que lucharon por la libertad. Si Lincoln hubiese perdido la guerra, y ahora siguiesen existiendo esclavos negros (remotísima posibilidad, evidentemente), habría gente luchando contra ello, y serían “los buenos”, aún cuando oficialmente tuviesen otra consideración. Seguramente si no hubiese ganado él, lo hubiese hecho otro con posterioridad, pues aún cuando en todas las épocas han existido personas dispuestas a defender su derecho a tener esclavos, a explotar menores, a abusar de las demás personas…, siempre han existido igualmente personas que han considerado todo ello deleznable. Entre la esclavitud y la libertad no existe ninguna disyuntiva moral. Desde luego para mí la libertad es un “fin superior”.

  13. Alvaro Delgado
    Alvaro Delgado Dice:

    Con todos los respetos, Deus et Machina, analizar el comportamiento o la trayectoria de un personaje público o privado en función del resultado de sus decisiones no es hacer un análisis sesgado, es la vida misma. A todo el mundo se le juzga así. Pero, a pesar de ello, creo que no ha acabado usted de pillar del todo el mensaje de fondo del post. Con ser muy importante la preservación de la Unión para el futuro de los USA, y más importante aún el fin de la esclavitud, el leit motiv de este post es otro: ha habido políticos y gobernantes en la Historia que, aun con sus claroscuros, no han optado en un momento delicado por la solución más fácil, ni la más cómoda, ni la más popular, ni la que ha ofrecido resultados más inmediatos, e incluso han puesto en riesgo su propia vida (no sólo la de sus soldados) para conseguir sus fines. El contraste con la situación política actual es evidente. Gracias en cualquier caso.

  14. Javier Domínguez
    Javier Domínguez Dice:

    Excelente entrada y enhorabuena a su autor. Sin embargo, ante situaciones similares a la que se planteó en el siglo XIX en Estados Unidos, hay varias respuestas posibles. Y no creo que haya una mejor que otra. Hay respuestas que tienen un coste humano más elevado que otras, pero ese “tributo de sangre” no las convierte necesariamente en mejores. Por ejemplo, sin profundizar demasiado y a vuelapluma, tendríamos un modelo de respueta que podríamos llamar, siguiendo al autor del hilo, “respuesta modelo Lincoln”. Un segundo ejemplo podría ser el modelo canadiense en relación con Quebec. Y un tercer modelo sería el modelo español en relación con los temas similares que tenemos en nuestro país.

    De los tres, para mí el más civilizado y el máa razonable, que integra mejor los derechos o supuestos derechos y las expectativas de todos los actores, además de proporcionar cauces de salida a situaciones enquistadas desde mucho tiempo atrás, es el modelo canadiense. Una obra maestra de la lógica jurídico-política. Y el menos aceptable sería el modelo español de la avestruz y de enquistar problemas.

    Un saludo.

  15. Javier Domínguez
    Javier Domínguez Dice:

    Perdón, se me ha olvidado decir en el comentario anterior que el modelo Lincoln, por muy heróico que sea, es un camino cerrado en la actualidad.

  16. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Hola, Javier.

    Lo que llamas “modelo Lincoln” está efectivamente de capa caída pero sólo en la Europa Oficial y un poquito en el Canadá del “marshmallow” y del buen rollito.
    En el resto del mundo el modelo navega viento en popa sin entrar a juzgar si el fenómeno está bien o está mal.

    No hace falta irse muy lejos: Aquí mismo, en España, estamos viendo cómo una minoría determinada y sin escrúpulos –en román paladino: una mafia crimnal plagada de chorizos– es capaz de ganar por la mano al estado más antiguo de Europa y a buena parte de una sociedad enferma. Mientras, una quinta columna cómplice va abonando el camino a base de loas a la sumisión y al pacto.

    Es otra forma de “Capturar al Regulador Impotente”.
    Apilar muertos y sometidos encima de la mesa alargando la mano en determinados momentos del proceso funciona muy bien. Es una actividad de alto rendimiento, y no nos debemos sorprender lo más mínimo de que el mundo, que todo lo ve, aprenda con el ejemplo y copie.
    Hasta que un día la gente lo entiende y se harta.
    Esto, entenderlo, creo que es lo que intenta la película: Poner a la gente a pensar aunque sea un ratito.

    Europa es menos del 7% del mundo y su opinión pública está dividida a pesar del tiempo que lleva siendo gestionada y amordazada.
    Es posible que este panorama no sea eterno y a lo mejor hasta un día nos toca verlo.

    Saludos

  17. Javier Domínguez
    Javier Domínguez Dice:

    Hola, Manu, buenas tardes.

    En mi opinión, a la hora de acercarnos a estos asuntos de los secesionismos o supuestos secesionismos, deberíamos tener la valentía de razonar intentando separar dos cosas que, aunque conexas, son diferentes. Me refiero que una cosa es ETA, una organización terrorista y criminal, y, otra diferente, es que en este país lleva “atascado” con el asunto de los nacionalismos, fundamentalmente vasco y catalán, un montón de años. Sin entrar a discutir desde cuándo, estaremos de acuerdo en que, por lo menos, desde mucho antes de que naciese ETA.

    Y a eso es a lo que me refería cuando hablaba más arriba del “modelo español del avestruz y de enquistar los problemas”. Ya son demasiados años viendo la misma película, repetida hasta la saciedad.

    Con ETA se tendrán que seguir los procedimientos policiales y judiciales (penales) que establece la legislación para este tipo de organizaciones, pero… ¿qué procedimiento seguimos con la existencia cierta de unos inequívocos deseos de identidad nacional diferenciada por parte de un número X, mayor o menor, de ciudadanos de determinados territorios del Estado?

    Es que ese es, para mí, el auténtico problema. No es de recibo, por ejemplo, sacar de paseo la Constitución al Sr. Mas para dar por finiquitado el asunto con el argumento de que sus planes no tienen amparo constitucional. Pasará el Sr. Mas, como antes pasaron tantos y tantos gobiernos catalanes, pero el problema de las reivincicaciones del nacionalismo catalán (o vasco) seguirá estando ahí (avestruz).

    Los “padres de la patria” se preocuparon tanto de dificultar la reforma constitucional que hemos llegado a un punto en que esta Constitución nos está empezando a ahogar. Y no lo digo sólo por el asunto de la articulación territorial del Estado. Lo digo por casi todo.

    Pero en este asunto en concreto, ya he comentado más arriba que el modelo que me parece más razonable es el modelo canadiense. Si lo siguiéramos, sin pretender ser exhaustivo:

    1. Quedaría claro que no existe un derecho unilateral “a decidir”, como proclaman algunos.
    2. El Estado no quedaría rehén de la hipotética convocatoria de un referéndum por parte de las autoridades de un territorio del Estado para secesionarse. Por el contrario, tendríamos una especie de “iter”, un procedimiento, que todo el mundo conozca y que sabe que tiene que cumplir cuando se embarca en aventuras secesionistas. Por otro lado, en la situación actual, el Estado tiene perdida la batalla del márketing de la opinión pública internacional, que es fundamental.
    3. Se daría salida de algún modo a frustraciones históricas, no ya frustraciones derivadas de la derrota democrática de unas determinadas aspiraciones secesionistas, sino frustraciones derivadas del hecho de que ni siquiera se permita conocer la voluntad democrática de los ciudadanos.

    Saludos.

  18. Deus ex Machina
    Deus ex Machina Dice:

    FBR, creo que en mi respuesta está implícito que no hablo de la esclavitud. Ya el propio artículo lo sitúa como algo “accidental” dentro de la dinámica de la Guerra Civil Americana, pese a que al final fue lo que quedó.

    Alvaro Delgado, sí que entendí de qué va el artículo pero veo que tú no entendiste mi respuesta y tu contestación es muestra de ello, así cuando dices “han optado [Lincoln y otros gobernantes] en un momento delicado por la solución más fácil, ni la más cómoda, ni la más popular, ni la que ha ofrecido resultados más inmediatos, e incluso han puesto en riesgo su propia vida […] para conseguir sus fines”, es obvio que lo dices porque la jugada le salió bien, de haber perdido la guerra, ese comportamiento tan ejemplar sería reprobado. De ahí viene el sesgo del que hablo. ¿Cuantos hombres habrán tenido la determinación y la firmeza en sus ideales y han fracasado? Muchísimos, sin embargo la percepción de ese mismo comportamiento es completamente diferente simplemente por el resultado

  19. Javier Dominguez
    Javier Dominguez Dice:

    Intentando esquematizar un poco mi postura, expuesta quizá atropelladamente en el anterior comentario, me he tomado un rato para escribir los puntos principales, que serían los siguientes:

    1. El modelo constitucional español no sirve, está agotado. En muchas cosas cosas, pero en asuntos relacionados con la articulación territorial del Estado, también. El problema es que tenemos una Constitución “rígida”. Es decir, que es muy complicado reformarla. Alguien dijo una vez que en España las Constituciones no se reforman. Sencillamente, se cambia una por la siguiente. Puede ser, pero desde luego pretender que una reforma de la Constitución recoja algún tipo de solución a este asunto es muy complicado.

    2. En esa hipotética reforma constitucional o en esa hipotética nueva Constitución, se tendría que recoger expresamente el derecho a la secesión de las unidades territoriales sub-estatales que así lo deseasen.

    3. En mi opinión, hay que fijarse en lo que han hecho otros países con problemas parecidos. Y, dentro de lo que es el Derecho comparado, el país que ha establecido el mejor modelo para dar solución a estos problemas es Canadá en relación con la separación de Quebec.

    En definitiva, estoy diciendo, siguiendo ese modelo canadiense, lo siguiente:

    a. Como he dicho, la Constitución debería recoger ese derecho a la secesión.

    b. En una posterior Ley Orgánica se trataría de desarrollar esa previsión constitucional, estableciendo el procedimiento que habría que seguir cuando el gobierno de una determinada unidad sub-estatal decidiese embarcarse en esas aventuras secesionistas.

    Y, tomando como modelo, la legislación canadiense, esa legislación debería fijar:

    – Que no existe un “derecho unilateral a decidir” (no existe un derecho unilateral a la secesión). Cualquier iniciativa al respecto necesitará el concurso de las dos partes: el gobierno del territorio que aspira a secesionarse y el gobierno del Estado. Y la participación de ambas instancias tiene que producirse a lo largo de todo el procedimiento de secesión.

    – La iniciativa para convocar un referéndum de secesión debería residir en el gobierno o en las instituciones del territorio que aspire a secesionarse.

    Pero, en el caso canadiense, el parlamento estatal (el parlamento canadiense) tiene que aprobar previamente la pregunta que se va a someter a referéndum. En este sentido, se establece que la pregunta tiene que versar directamente sobre si existe o no voluntad de independizarse, con una pregunta simple, concisa, clara y sin generar malentendidos ni a diferentes interpretaciones. Si la pregunta no reúne esas condiciones, se rechazará.

    – Una vez aprobada la pregunta en cuestión por el parlamento canadiense (español), la organización del referéndum correrá a cargo de las autoridades del territorio aspirante a secesionarse. Pero el gobierno estatal estará presente en los trámites de esa organización para velar por la limpieza del proceso de votación.

    (continúa)

  20. Javier Dominguez
    Javier Dominguez Dice:

    – Del resultado del referéndum tiene que concluirse que existe una voluntad clara, inequívoca y determinante de los ciudadanos de ese territorio para secesionarse. Es decir, no serviría la mitad más uno de los votos, sino que es necesario obtener una mayoría reforzada. Esa mayoría reforzada podría ser 2/3 de los votos emitidos, más de la mitad del censo electoral, o ambas cosas.

    – En caso de que no se consiga obtener ese resultado, se entiende que no existe esa voluntad inequívoca de secesión y no se podrá convocar de nuevo un referéndum similar en un plazo de tiempo prudencial (10 ó 15 años). Es decir, no serviría lo de todos los años a votar hasta que salga lo que yo quiero.

    – Hay que establecer unas previsiones para los territorios que, formando a su vez parte del territorio que aspira a secesionarse, los ciudadanos del mismo no demuestren esa voluntad inequívoca de la que hablaba antes.

    Por ejemplo, en el País Vasco, ¿qué ocurriría si Vizcaya y Guipúzcoa votasen favorablemente y obtuviesen esas mayorías reforzadas legalmente exigidas, pero no ocurriese lo mismo en Álava? ¿Se obligaría a Álava también a secesionarse o, por el contrario, se quedaría formando parte del Estado? En Canadá, una situación como esa se resolvería en el sentido de que Álava continuaría formando parte del Estado.

    – Y, por último, en caso de que el resultado del referéndum fuese tal que pusiese de manifiesto la existencia de esa voluntad inequívoca de escisión, el Estado y el gobierno de esa unidad sub-estatal, deberían iniciar un proceso de diálogo basado en la buena fe para “separar el patrimonio común” y que concluiría en la proclamación del nuevo Estado.

    Así es como están organizadas estas cosas en Canadá y es el modelo por el que yo suspiro.

    Es la manera más razonable, lógica, valiente y respetuosa con los derechos de todos que se ha “inventado” en el Derecho comparado y que a mí personalmente me gustaría ver en España. Un enfoque en absoluto radical, bastante… “ilustrado” y que abre ventanas y puertas para que entre en este asunto un poco de aire fresco. Hemos ensayado de todo para solucionar el problema, salvo, quizá, establecer un marco adecuado para dar satisfacción a los intereses de todos, como podría ser lo que he apuntado.

    Saludos y perdón por la extensión.

  21. José-María Navarro Viñuales
    José-María Navarro Viñuales Dice:

    La película sobre Lincoln plantea de modo frontal si ‘el fin justifica los medios’, un tema antiguo y venerable. Ya dice el autor del artículo que tenemos al hombre más honesto logrando un noble propósito mediante el soborno y, casi diría, la extorsión.
    Yo pensaba que los medios (inmorales) contaminaban (la moralidad del) fin. Por tanto, no habría fin aceptable si se logra con medios inaceptables. Podríamos deducir de ello que quizás Lincoln no era tan honesto, pero que, dada el tejido de que está hecha la realidad política, quizás ello sea una virtud. También la películo de Bigelow sobre la ejecución de Bin Laden plantea de nuevo la cuestión de si el fin (encontrar a Bin Laden) justifica los medios (sofocar al terrorista con la tortura del agua).
    De nuevo la pregunta sobre el fin y los medios, como si estuviera hecha de materia líquida, parece escurrirse entre nuestras manos. Un saludo,

  22. raul
    raul Dice:

    buenas,
    Creo que para esta particular película, a la que podríamos llamar “La Unión es lo más Molón“, el general Juan Antonio Chicharro, un hombre integro (en referencia a la integridad de la patria) encaja perfectamente en el papel del presidente Lincoln. Ha demostrado que determinación no le faltaría. Para el papel del aristocrata Jefferson Davis ya tenemos a Artur Mas, que por orígenes también encaja perfectamente en ese papel. En el papel de los 600.000 muertos y generación sacrificada tenemos a millones de jóvenes desempleados (las guerras siempre las hacen los pobres) que arden en deseos de verter su sangre por esta unión, y de paso aliviar las estadísticas de desempleo. Ea, adelante y con integridad a toda máquina.

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