Políticos honestos, pero silentes

Fui colaborador cercano de Mariano Rajoy en su primer ministerio (1996-1999). Era de Administraciones Públicas. Yo, recién llegado al Congreso, era portavoz del PP en esa comisión. Mi oponente en el PSOE era un tal José Luis Rodríguez Zapatero (que llevaba 10 años). Ambos llegarían a ser presidentes del Gobierno. Yo abandonaría la política. Aunque como abogado del Estado tenía muchas posibilidades en el ámbito privado, decidí volver al servicio público. Me fui con el honor de haber sido representante de los ciudadanos y la decepción de haber conocido el lado oscuro de la política. Mi alejamiento comenzó por mi desacuerdo público sobre la guerra de Irak y el alejamiento del centrismo por el PP. Pero también por la observación de actitudes humanas que nada me gustaban.

 

Eran los míos, como los contrarios, una secta. No bastaba votar sino que era obligado jalear y tener un pensamiento casi único, sin matices. Incluso en conversaciones privadas con compañeros, apenas nadie criticaba a los dirigentes, cuya corrupción exponía ya alguna prensa. El Gran Hermano existía, el riesgo era letal y la sumisión, elevada. Ya entonces escribiría artículos en diversos medios, como EL MUNDO, mostrando públicamente mi distanciamiento.

 

Conocí numerosos políticos a todos los niveles. Creo en la honradez de muchos de ellos. Pero también constaté el deterioro progresivo de cada nivel. Veía que, voluntariamente o empujados, caían de las candidaturas personas muy interesantes. Otros continuaban, pero ese espacio era mayoritariamente ocupado, y cada vez más, por vividores de la política que nunca antes trabajaron ni nada harían en un futuro fuera de ese mundo y su entorno de amistades y favores. En etapas anteriores probablemente así fue también, aunque menos. Todos, pues, progresivamente alejados de los políticos de la Transición que frecuentemente tenían una acreditada cualificación. En aquellos dedicados entonces sólo a la política, el compromiso ideológico era muy superior al de ahora, donde los intereses priman sobre las convicciones.

 

La enorme crisis económica, social y ética se produce -no es casualidad- con una dirigencia mayoritariamente súperprofesionalizada, amarrada durante muchos años (muchos desde jóvenes) a vivir de la política, con colocaciones familiares y evitando que personas de cualificación ética y profesional se incorporen. El grupo es muy cerrado y la gestión interna es asumida por quienes creen que lo importante es el poder y lo que le rodea. Entre ello, el dinero.

 

La corrupción surgida en la financiación de los partidos -y también aprovechando ésta- se ha extendido y consolidado. También la utilización del cargo público para enriquecerse. La impunidad (ningún político fue nunca a la cárcel) ha multiplicado comportamientos inmorales y delictivos. Eso no es monopolio de nadie, ni siquiera del PP, aun siendo abundante el estiércol en lugares como Valencia, Baleares y Madrid o la transversalidad y gravedad del caso Bárcenas. Éste era de su total confianza. Ahora aseguran que nunca le conocieron, como sucede con Camps y Matas, que eran modelos a seguir, según decían, aunque al guardián del tesoro y los secretos le siguieron pagando grandemente para comprar su silencio. Pero casi todos los partidos tienen su propia podredumbre, como es el caso del PSOE, CiU (abundante en éste), en algunos casos institucionalizada en la organización y, en otros, en el ejercicio abusivo del poder. De ahí la timidez vergonzante de Rubalcaba.

 

Ante tanto sinvergüenza, el pueblo, muy escandalizado y con muchos sacrificios, reclama urgentemente una regeneración. Más que hartazgo, siente ira. No pueden seguir los mismos dirigentes, mirando para otro lado o dando un titular o unas medidas que absolutamente nadie cree. Como un escándalo tapa al surgido dos días antes, la clave es aguantar.

 

Pero quiero referirme particularmente a los abundantes políticos honestos. ¿Pueden seguir silentes, convertidos en encubridores? ¿No valoran que su silencio propicia esa generalización ciudadana de censura? Ellos, los honestos, deberían sentirse indignados con sus jefes. Pero siguen callados.

 

Estar en la política siempre implicó cierto desprestigio. Pero ahora es algo más: la presunción de que todos son corruptos. Toda generalización es injusta, pero los miles de cargos públicos honestos que hay tienen que alzar la voz a sus propios dirigentes pues la pestilencia afecta ya a todos. Especialmente a quienes promovieron y defendieron tipos como Bárcenas.

 

Cuando estaba en el PP, de cuya Junta Directiva formaba parte, era inusual que alguien interviniese. Quien pedía la palabra era mal mirado. Incluso quien pretendía hacer loas a los sumos sacerdotes. Pero jamás hubo una reflexión mínimamente crítica y leal sobre cualquier asunto, y menos sobre corrupción.

 

Aunque son abundantes los casos actuales superpuestos, los más relevantes son, sin duda, el caso Bárcenas y la trama Gürtel que afectan de raíz al PP. La reacción pretende sólo minimizar los daños para el partido, más que depurar y limpiar. Se ha apelado y conseguido la unidad de la familia, prietas las filas, sumándose toda la dirigencia. Pero, que no les engañen: sólo pretenden ganar tiempo y hacer ver que era la actuación irregular y aislada de alguien, como si hubiese amasado tal fortuna fuera de las cañerías de la organización.

 

De quien sobre la corrupción dice que «a veces no tomar decisión alguna es la mejor decisión», ¿qué se puede esperar cuando el pueblo está más que indignado? Y mientras el coro aplaudía la frase y nadie pedía la palabra.

 

Un gran problema en España es la nula ejemplaridad. Tristemente, el jefe del Estado no quiere ni puede asumir, al no actuar en consecuencia, el liderazgo contra esa plaga corrosiva de nuestra democracia. Igualmente, muy poco puede esperarse de los máximos dirigentes de los dos partidos principales españoles que amparan las actividades corruptas del entorno o de políticos importantes.

 

Junto a la reacción airada del pueblo, quisiera soñar que los numerosos cargos públicos honestos abandonan su silencio -que supone aquiescencia o encubrimiento- y empiezan a alzar la voz clamando dignidad y ejemplaridad. Aunque fuese por su honorabilidad y sus familias. Aunque soy poco optimista. Tampoco tienen coraje ni otras cosas.

 

Si los corderos siguen callados, esta etapa de Mariano Rajoy pasará tristemente a la historia no sólo como la de gran retroceso democrático y social sino también como la de la mayor corrupción generalizada y consentida en España.

13 comentarios
  1. Di Pietro
    Di Pietro Dice:

    Es muy grande el valor de este artículo, sólo puedo dar las gracias a su valiente autor.

    Detrás de cada caso de corrupción se traslucen los métodos propios de la “famiglia” mafiosa, pero sólo leyendo las transcripciones de las escuchas telefónicas uno llega verdaderamente a tomar conocimento de los métodos puramente sicilianos utilizados.

    Cuando vemos la salida de la política de gente que consideramos válida, presumimos que hay trasfondo detrás que no conocemos. Pero sólo escuchándolo por boca de alguien que ha estado dentro, que sea valiente, cuente su experiencia, llegamos entonces a considerar su alcance. De agradecer además que predique con el ejemplo quien reclame la “revolución de la honradez”, la valentía y la ruptura de una disciplina del partido antidemocrática y camorrista.

    No hay mayor desinfectante que la libertad de expresión, la verdad y la transparencia. Se lo aseguro.

    Espero Sr. Medel, que la gente como usted vuelva pronto a la política para el bien del pueblo español. Y ojalá se cumpla su deseo de que esos políticos honrados alcen la voz y exijan y cumplan la función ejemplar que deberían dar al pueblo español. Espero que no sea demasiado tarde, porque tan culpable del crimen es aquel que lo comete, como el que lo calla.

  2. FBR
    FBR Dice:

    Enorme el valor de este testimonio, que además ratifica lo que muchos sospechamos: No es el problema los partidos ni los políticos, sino los que se han apoderado de los unos y de la otra, y no dejan pasar el aire fresco.
    Es indignante ver a los partidos cerrar filas alrededor de sus corruptos y defenderlos con uñas y dientes, en lugar de arrinconarlos y reprobarlos por el daños causado. Si uno no lucha por su propia limpieza ¿como lo va a hacer por la de su país?

  3. David
    David Dice:

    Es cierto que la corrupción viene desde hace muchos años -como dice Vd.-, pero no es menos cierto lo que dice el sr. Medel: que esta etapa de Mariano Rajoy va a pasar tristemente a la historia como la de mayor corrupción generalizada en España.

  4. Sergi
    Sergi Dice:

    Siendo militante del PSC, y seguramente contrario a su fondo político, me encantaría que existieran mas personas como usted, que se enfrentan a cara descubierta con todo aquello que les repugna de la plutocracia actual.

    Muchas veces, con un amigo jurista nos ponemos a discutir de los ‘fondos’ existentes, y de los ‘vigilantes’ del sistema, usted habla de una centralidad política al inicio de su artículo, y yo le digo, que para acabar con el ‘modelo’ actual, lo que hace falta es descentralizar los poderes, abrir democráticamente las estructuras estatales, y limar las tradiciones continentales de un control monopolístico del estado. (si está claro que me gusta mucho el modelo anglosajón).

    No cree usted, que con un aumento de cargos democraticamente elegidos, como fiscales, jefes de polícia (sheriffs), algunos cargos judiciales… etc… estos se verían obligados a una vigilancia mutua constante? Primero la vigilancia del pueblo, después la vigilancia de la estructura funcionarial, y después la vigilancia de las diferentes estructuras elegidas democraticamente… Creo que sería un sistema donde la ‘nación’ queda por debajo de la ‘población’ (el sentimiento de pertenencia al estado, es proporcional a cuanto el estado está formado por sus legitimos soberanos) y no una macroestructura jurídica (con fundamentos históricos y lo que se quiera) pero pactada por la oligarquía (todo lo intelectual que usted quiera) que tenemos actualmente.

    Yo creo firmemente, que abrir listas electorales, aumentar los cargos democraticamente elegidos y con funciones de control, es la solución a los problemas que usted plantea. Y para eso, hay que acabar con parte de la cultura continental estatal actual, y apartar a los plutocratas de los partidos (todos) actuales, y alguno que también está dentro de la administración :P.

    Felicidades por su artículo.

  5. Juan
    Juan Dice:

    Efectivamente lo expuesto en el artículo es cierto de la cruz a la raya. La democracia lleva muchos años centrifugando políticos honestos. Y se recurre al tópico falso de que la mayoría lo son. Es posible que quede un Alí Baba entre los cuarenta ladrones, pero resulta difícil de creer. Recurramos a los zafios refranes: “Dime con quien andas y te diré quien eres”. Resulta muy difícil la convivencia de los justos con los sinvergüenzas. Y muy especialmente si ambos dicen compartir el mismo ideario. Es poco verosímil. Y desde luego su silencio los convierte en cómplices o su ignorancia en estúpidos. “El león dormirá con el cordero…”, pero, como decía Woody Allen, “quizá el cordero no duerma muy bien”. Lo que hay que hacer es seguir con esta linea de artículos: la palabra es lo único que, de momento, este estado de cosas no nos ha quitado. pero pienso por otro lado que la autoregeneración de esta casta politica superprofesionalizada no se va a producir.. serán acontecimientos externos a ella lo que hagan cambiar las cosas.

  6. Quasinadie
    Quasinadie Dice:

    Coraje y franqueza hay que reconocerle al autor. Gracias por escribir, firmar, y publicar este artículo.

  7. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Me sumo a las felicitaciones al autor por su valentía, dicho lo cual, el título me ha pareceido una contradictio in terminis: no se puede ser honesto, ver algo que no está bien y permanecer silente. No sé si el autor declaró solemnemente por qué abandonaba la política en su momento y lo hizo público. Si lo hizo, no tengo nada que decir, si no lo hizo, nunca es tarde si la dicha es buena, particularmente porque denuncia al partido en el que militó (siempre y cuando esto no se haga desde la militancia en otro partido, porque entonces creo que podría sentirme legítimamente defraudado de la confesión tardía). Políticamente, porque si existen perversiones del sistema, quien forma parte de él tiene que denunciarlas desde dentro; jurídicamente, porque quien tiene noticia de un crimen está obligado a denunciarlo; humanamente, porque si vemos a alguien que causa un daño a otros, hemos de intervenir, a costa de lo que sea, no se puede pasar de largo si vemos que alguien daña o agrede a alguien, la sangre tiene que hervirnos y tenemos que pisar el barro. Finalmente, lamento tener que decir, con la Sr. Cabarush, que esta etapa de este partido no es peor en materia de corrupción ni falta de democracia interna que la del otro partido y que sigo teniendo enormes dudas sobre si eso que sucede en los partidos no es en realidad lo que sucede en todas partes (empresas, familias, asociaciones…equipos de lo que sea).

  8. Isidro
    Isidro Dice:

    Quería contestarle mi opinión sobre su duda D. Jesús. “si eso que sucede en los partidos no es en realidad lo que sucede en todas partes (empresas, familias, asociaciones…equipos de lo que sea.”

    No existe un gen de la corrupción. Y ese gen no lo tenemos los españoles. Ni el español es más corrupto que otros pueblos. Todos los países tienen cretinos, golfos y sinvergüenzas. Lo que sí es verdad que el poder tiende a corromper, todos somos potencialmente corrompibles. El poder tiende a producir a que la persona que lo ostente sea insaciable, parasitario, se inclina hacia sus propios intereses, fomenta el clientelismo y servilismo y tiende a alejarse del ciudadano. Y como dijo Lord Acton, “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

    Lo que creo que produce que unos países sean más corruptos que otros es la tolerancia y falta de participación civil de sus ciudadanos, la falta de controles, la falta de un alto reproche por los demás, el que los propios cargos públicos tengan una baja cultura democrática y escaso respeto por las instituciones que representan y sobretodo la falta de un buen castigo.

    El hombre, y el español también, somos seres racionales. La mayor parte de las cosas las analizamos coste-beneficio. Si en España hay más corrupción es porque a los corruptos les compensa serlo. Y la falta de esos controles, castigos y reproches incentiva a quien no lo sea, a serlo.

    Lo general es pensar que los latinos y mediterráneos somos más corruptos, lo llevamos en la sangre, sin embargo Chile y Uruguay están entre los países menos corruptos del mundo, por debajo de USA. Simplemente son democracias que funcionan.

    El pensar en el gen español de la corrupción, el Lazarillo de Tormes, y demás sólo lleva a la resignación, a la tolerancia “porque no tiene remedio”, a la falta de búsqueda y ejecución de soluciones “qué vamos a hacer, somos así”, y sobretodo y lo peor, a más corrupción, más tolerancia, y más crisis económica y pobreza.

    http://elpais.com/diario/2009/03/27/opinion/1238108412_850215.html

  9. 2renoip
    2renoip Dice:

    Tiene toda la razón, me consta que los hay “honorables”, pero se están convirtiendo en complices desmedidos. salu2 manel (BCN)

  10. JJGF
    JJGF Dice:

    Pongo un ejemplo de una persona que más de una vez se ha manifestado a disgusto con el actual estado de cosas en el PP: el señor Elorriaga.

    Yo no sé, Jesús Casas, si este Elorriaga es deshonesto (creo que no), lo que es seguro es que no es valiente, o dicho en positivo, que es un cobarde políticamente.

    El día en que los Elorriagas de PP y PSOE salgan del armario, o dimitan y den una rueda de prensa explicando por qué no pueden seguir comulgando con ruedas de molino, ese día, digo, la democracia española habrá ganado. Mientras estén calladitos, cobrando su sueldo de diputado y algunas otras partidas, y criticando sotto voce a quien les ponen en la lista y les permiten ese status, esta democracia seguirá sin arreglo.

  11. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Buenas noches y gracias al autor, Jesús López Medel. Gracias por su testimonio, naturalmente.

    Hoy a las siete de la tarde ha tenido lugar en la Capilla de los Jesuitas de Maldonado el funeral por Maria del Carmen Rubio, esposa de mi amigo y compañero Perico Echeverría.
    La misa fue oficiada por Alfredo Tamayo Ayestarán, viejo y querido profesor, gran amigo de una larga vida. Alfredo está viviendo su año 89 de vida ejemplar.

    Mari Carmen fue, junto a Pedro Altuna y María San Gil, uno de los cargos políticos del PP de Guipúzcoa que le dimitieron a Rajoy ante la larga cambiada en cuestiones de principios y valores.

    No voy a predicar contra nadie pero quiero rendir un homenaje a personas como ella que vivieron para “hacer el bien” a todos los que estuvieron en contacto con ellos. A su dignidad personal.

    Es decir, gente digna hay. Mucha.
    Pero a su alrededor se dan los fenómenos que tan bien describe Jesús.
    Es el pan cotidiano de los partidos cuando la política se convierte en un modo de vida. La insidia, la bajeza, la miseria y la doblez. Estos invariablemente ganan la batalla.

    Entender por qué esto es así e ir viendo qué debemos hacer para contener la marea es un trabajo que merece atención y reflexión por parte de todos.

    Cuentan los Incentivos, cuenta el Exceso de Poder, cuenta la Complicidad con el poder de tantos y tantos grupos cuyos réditos depénden de llevarse bien con nuestros numerosos gobiernos, cuenta la Transparencia pero, sobre todo, cuenta La Opinión.

    Crearla, sostenerla y difundirla desde la ciudadanía de base es un factor crítico.

    Buenas noches

  12. Jesus López-Medel
    Jesus López-Medel Dice:

    Muchas gracias a quienes habeis leido el artículo, pues es muestra de que estais interesados/preocupados por algo grave que esta pasando en nuestra España.
    Muchas gracias a quienes lo habeis difundido por vias de internet, pues compartir es algo que muy importante en todas las esferas de la vida.
    Muchas gracias a quienes habeis escrito, además de felicitaciones, comentarios pues supone un estímulo para continuar en la brecha y por otro lado, enriquecen el debate.
    Muchas felicidades y mucho ánimo a quienes desde sus trabajos, circulos de amigos y presencia en la sociedad civil en cualquier modo impulsais la profunda regeneración pendiente.
    Hay mucho por hacer y no podemos cejar en el esfuerzo en hacer que cambien cosas. Si no lo conseguimos ahora, el enquistamiento y podredumbre se instalará para siempre.

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