Lecturas recomendadas: “Una protesta contra las tasas judiciales”, de Jeremy Bentham

El título completo de la obra es revelador de la tesis que contiene: Una protesta contra las tasas judiciales en la que se demuestra la peculiar malignidad que entrañan todos estos impuestos como coste añadido al de acudir a la Justicia.  La cuidada edición y las abundantes notas corren a cargo del prestigioso catedrático de Derecho Procesal y autor jurídico Andrés de la Oliva, así como la imprescindible introducción.

 

Hay una curiosa circunstancia en este libro: aun siendo su autor, Jeremy Bentham, una personalidad de renombre mundial por muchos motivos, esta obra es probablemente desconocida fuera del mundo anglosajón, porque ésta es la primera edición de la obra en una lengua diferente a la inglesa, desde su publicación en 1793. El mismo Andrés de la Oliva comienza su introducción confesando que ignoró su existencia hasta los meses finales del año 2012.

 

 

Jeremy Bentham es, por supuesto, el padre de la teoría filosófico moral conocida como utilitarismo, pero también es muchas otras cosas que  nos son expuestas en la introducción hasta siluetear una personalidad muy interesante y hasta ejemplar en ciertos aspectos. De la Oliva dice de él que ante todo y siempre, es un hombre de Derecho. Muy sensible a las desigualdades y la pobreza, las combate con un espíritu libre y racional.  Su extensa obra, aun no clasificada del todo, trata de asuntos constitucionales, penales, económicos, de educación, religión, pena de muerte, libertad de prensa, etc. Y no solamente es un hombre de pensamiento –aunque a veces se ha querido caracterizarlo de esta manera, en el sentido de alejado de la realidad práctica-, sino de acción, como lo puede atestiguar su relación con personajes influyentes de la política en Francia, España, Rusia o América y sus variadas propuestas de planes y modelos de constituciones para estos países.

 

A él se debe la invención del llamado panóptico, que inicialmente es una propuesta de diseño de un centro penitenciario, pero que es capaz de explicar muchas más cosas. Como se expresa en este post, Michel Foucault, el gran filósofo moderno del poder, decía que Jeremy Bentham era mucho más importante para nuestras sociedades que Kant o Hegel, pues fue él quien programó, definió y describió de manera precisa la forma del poder bajo la que vivimos, presentándola en un maravilloso modelo que es el famoso panóptico.

 

El libro que recomendamos surge como una reacción ante una proposición de ley para del parlamento irlandés presentada en febrero de 1793 que pretendía introducir allí las tasas judiciales.  No obstante, nos advierte el editor, Bentham no escribe un texto circunstancial, sino que vierte en él a propósito de este hecho concreto toda una reflexión sobre un tema que para él es básico: el de procurar de manera efectiva la “justicia para todos”.  No es éste el momento de desarrollar aquí de manera amplia el argumentario que emplea Bentham, pero sí de dejar constancia de la plena vigencia de muchas de sus ideas, muy bien acompañadas, como se ha dicho, por unas notas del editor que, bien nos trasladan a la época en la que la obra fue escrita para explicar aspectos sociales o del pensamiento del propio autor, bien nos relacionan lo que expone Bentham con la situación actual en España tras la ley 10/2012, de Tasas Judiciales.

 

No es que Bentham sea contrario a cualquier tasa, sino a aquéllas que sean relevantes para el acceso a la justicia, en el sentido de dificultarla o llegar a impedirla. Para estas últimas reserva su rechazo más absoluto. Las denomina “tasas sobre la aflicción”, porque cuando una persona considera que está sufriendo un daño material o moral y precisa de acudir a la justicia, entonces, dice, es el momento elegido para reclamarle una contribución extraordinaria.  Para el que no pueda pagarlas, hay una verdadera denegación de la Justicia. Y quienes no pueden son los menos favorecidos económicamente. No se trata solamente de no obtener Justicia, sino de que no se puede ni siquiera tener la oportunidad de pedirla.

 

Con sorprendente modernidad, se ocupa del no disimulado afán recaudatorio que las tasas pueden tener: “para una imaginación libre de prejuicios, la alianza entre Justicia y Hacienda… compone una estampa demasiado pegada a la verdad para considerarla una fábula”. Andrés de la Oliva glosa este hecho añadiendo que en la ley 10/2012 esta alianza tiene un efecto secundario poco mencionado: el ejercicio del derecho a la tutela judicial efectiva comporta la remisión a la administración tributaria de datos fiscalmente relevantes sobre el contribuyente que paga la tasa.

 

Jeremy Bentham

 

En otro pasaje de la obra, con sarcasmo y lucidez, da en el clavo de por qué la justicia no importa a los políticos: porque los justiciables somos todos y ninguno, o, como diríamos en la actualidad, porque la Justicia no da votos: Los individuos que aspiran a la justicia no tienen una causa en común y rara vez un nombre en común, son todo el mundo y no son nadie y, al ser su problema el de todo el mundo, no es el de nadie. ¿Quiénes son estos aspirantes a la Justicia, los justiciables?¿Dónde están? ¿Qué le importan al Ministro de Hacienda?”.

 

Se decía entonces –y se sigue repitiendo ahora- que las tasas son un freno a la litigiosidad. Bentham replica con toda lógica, en mi opinión, que quizá frenen litigios, pero que lo hacen tanto respecto de los que son infundados, como de los que tienen todo el fundamento y lógica que se interpongan, puesto que no se distingue en absoluto entre unos y otros.  Andrés de la Oliva comenta que Bentham aplica aquí el clásico principio de Ulpiano de que es preferible que un crimen quede impune a que un inocente sea condenado, y dice: “resulta asombroso que este elemental principio jurídico haya sido completamente ignorado al establecer [en España] tasas judiciales elevadas con el propósito de frenar la litigiosidad. ¿No operan esas tasas como un súper castigo que, si recae sobre un litigante temerario o frívolo, puede a la vez afectar al menos a otro que no incurriría ni en temeridad ni en frivolidad al demandar o recurrir?”.

 

Frente a ello, y haciendo honor a su espíritu racional, el autor inglés propone que se discrimine y penalice la mala conducta ante los tribunales (la litigiosidad temeraria, como anota Andrés de la Oliva), y que esa penalización se produzca cuando se confirme la culpa. Y mientras, que se retrase el pago no imprescindible de todos los costes hasta la última fase del proceso.

 

La conclusión de la Protesta es contundente: una tasa judicial que impida de manera efectiva el acceso a la Justicia es la peor de todas las tasas posibles.

 

Libro, en definitiva, recomendable, porque de la lectura -sosegada, a poder ser- de las ideas de una persona inteligente y con sinceros criterios éticos nada más que beneficios podemos esperar. Su cuidada edición,  la facilidad que proporciona el tamaño y tipo de letra empleado, y el agradable tacto de sus páginas y cubierta –en este aspecto soy absolutamente analógico y no digital- contribuyen a ello.

 

13 comentarios
  1. Verónica del Carpio Fiestas
    Verónica del Carpio Fiestas Dice:

    Llevo meses luchando contra las tasas judiciales. En tanto que llevo tuiteando el libro desde que salió, evidentemente comparto la recomendación, y la agradezco. La lucha contra las tasas judiciales también tiene el frente filosófico y bibliográfico. Y el libro parece escrito hoy. Y los casos que describe, del siglo XVIII, tristemente también parecen de hoy, y añado algunos a los indicados por el autor del post:

    * la pésima suerte de los que tienen dinero para empezar un pleito pero no para seguir con él (en España las tasas por recursos son descabelladas, y han dado lugar a una caída en picado de apelaciones, lo cual significa, claro, que los más poderosos y el Estado que no paga tasas tienen dos oportunidades, y los menos poderosos, una, con lo que a su vez ello implica para un sesgo en la jurisprudencia a favor de los primeros en perjuicio de todos)

    * la comodidad para Hacienda de la autoliquidación de la tasa porque impide cualquier posibilidad de fraude (en España la tasa se paga por autoliquidación al inicio del pleito o del recurso, y sin ese pago íntegro no se tramita, y además, por vía de hecho, sin amparo en normativa alguna y en contra de la Ley General Tributaria, Hacienda no permite aplazar ni fraccionar )

    ¨*el extraordinario poder que las tasas proporcionan a los más acomodados (aquí, las grandes empresas, bancos y bankias, aseguradoras y demás hierbas tienen así garantizado que no se les molestará con fruslerías de preferentes, reclamaciones de Consumo o similares; y por poner un ejemplo, en efecto las tasas están siendo un obstáculo en tema de preferentes)

    *la tasa como ventaja para quien litiga a sabiendas de que no tiene razón (igual que ahora, pues paga quien demanda contra el que se niega a cumplir sus obligaciones, pese a que aprox. un 80% de las demandas civiles se estiman)

    *lo vergonzoso de que se pretenda que hay pleitos de bagatela que no deberían interponerse (cuando la misma cuantía litigiosa será ridícula para un rico, para uno de menos ingresos puede ser vital)

    *ah, y Bantham aborda y rebate un argumento sobre acceso a la Justicia que sonará a muchos: el de que el coste de una institución debe recaer en quienes disfrutan de ella.

    Y acabo con una cita que incluye el libro: “La justicia no será negada a ninguna persona, la justicia no será vendida a ninguna persona” (Carta Magna inglesa, año 1215). Es curioso, porque nuestra Constitución dice en su artículo 24 que tenemos el derecho constitucional a la tutela judicial efectiva sin indefensión, pero algunos no se han enterado.

  2. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Muchas gracias, Fernando.

    Enhorabuena al autor de la introducción, de la Oliva, y al editor, Civitas.
    Cómo en estos tiempos hay editores y libreros que tienen en sus estanterías y mesas estos vestigios de la memoria es algo que debe llenarnos de alegría y de esperanza. Y reflexión, claro, acerca de lo frágil de la memoria social y personal. El olvido es entrópico, natural. La única forma de frenarlo es con una actividad sinérgica, el esfuerzo que supone vivir una vida buena.
    Además los ilustrados ingleses están mal vistos en el continente a pesar que de sus ideas –algunas de las cuales son de la Escuela de Salamanca– han nutrido lo esencial de la revolución francesa.

    Casi con seguridad no venderán más de 200 o 300 ejemplares que es la venta media de un libro académico de calidad y económico así que echaremos una manita.

    Saludos

  3. Ignacio Gomá Lanzón
    Ignacio Gomá Lanzón Dice:

    Muy interesante y actual el post. Me permito, no obstante, sorprenderme, sin duda debido a mi ignorancia, de que sea precisamente Bentham el autor de este alegato contra las tasas, en tanto que como representante máximo del utilitarismo se supone que debería analizar las cuestiones jurídicas desde la perspectiva coste-beneficio, buscando básicamente el placer del mayor número de personas aunque ello supusiera el perjuicio de personas individuales. Me gustaría saber cómo ha justificado Bentham, de ser coherente con su propia filosofía, el que las tasas no son una solución que beneficia a la mayoría, pues, por ejemplo, se podría alegar que reduce pleitos que exigen inversiones públicas y suponen unos ingresos para el erario público, aunque pudiera perjudicar a personas individuales, pues lo cierto es que al parecer Bentham consideraba absurdo el iusnaturalismo y la declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.
    Michael Sandel realizaba recientemente en “Justicia” una crítica del utilitarismo por sus efectos a veces perversos sobre las personas, pero supongo que la cuestión se centra cómo se determina qué es lo que redunda en mayor beneficio a largo o a corto plazo para el mayor número de personas, lo que, por otro lado fue matizado por otros autores como Stuart Mill.

    • KC
      KC Dice:

      Ignacio Goma, volviendo al texto, creo que aquí lo explica muy bien:

      “resulta asombroso que este elemental principio jurídico haya sido completamente ignorado al establecer [en España] tasas judiciales elevadas con el propósito de frenar la litigiosidad. ¿No operan esas tasas como un súper castigo que, si recae sobre un litigante temerario o frívolo, puede a la vez afectar al menos a otro que no incurriría ni en temeridad ni en frivolidad al demandar o recurrir?”.

      Una cosa es ser utilitarista y otra tonto del bote. Aplicar una tasa debido a una especie de pronóstico de que así habrá menor litigiosidad es agraviar a aquellos que no litigan, probablemente pasándonos las estadísticas por el Arco del Triunfo. Es como si yo propusiera una tasa sanitaria para defender que así vamos a ir menos al médico, cuando la estadística observa inteligentemente que el núcleo que determina las visitas al médico son determinadas edades o situaciones (determindados segmentos que quizás no lleguen al 15% de la población).

      Ojo, que aún así, en realidad, la clave del comentario es “tasas judiciales elevadas“, porque unas tasas que entraran dentro de la medida de lo posible sí serían perfectamente asumibles y sostenibles, e incluso ayudarían a mejorar la calidad de ese subsistema. Pero en el momento en que ni son asumibles ni son sostenibles la idea deja de ser brillante para pasar a ser una mierda pinchá en un palo. Por eso el término “elevadas” es aquí fundamental.

      Efecitvamente, y respondiendo a tu último párrafo, el problema es el de siempre: cuál es el criterio. Y para eso tenemos la lógica. De todas formas, hay multitud de filósofos que por circunstancia y contextos aplicaron lógicas distintas porque así muchas veces lo requería el supuesto. Porque ni todo es blanco, ni negro. Y la filosofía no es una varita mágica, pero sí un buen indicador. Ya lo dijo el bueno de Stuart Mill, que superó con creces a su maestro.

  4. KC
    KC Dice:

    Un grande Bentham, solo superado por Stuart Mill y David Hume. Me pregunto cuántos juristas españoles se habrán leído un solo libro de estos tres autores. Y creo que sospecho la respuesta. Ya de por sí dice bastante que tengamos que retrotraernos a otros siglos para buscar lógicas objetivas.

  5. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    La última garantía para los ciudadanos debe ser la justicia, pero no una justicia repleta de estudios y análisis que sigan creando marañas interpretativas sólo aptas para élites. Una ley que no entiende el pueblo llano, no es ley y una justicia que no entiende el justiciable con total claridad, tampoco es justicia. Por eso las leyes se las otorgan los pueblos desde su lenguaje simple y llano. Cuando las reglas del juego son entendibles, entonces, sólo entonces, son exigibles las responsabilidades. Una anécdota: hace un tiempo hice un pequeño experimento al pedir a un funcionario que me ayudase a rellenar el formulario declarativo que me exigía; se equivocó media docena de veces y acabó por confesar que aquello no había quien lo entendiera. No se puede admitir diferentes vías de acceso a la justicia bajo el subterfugio de la sobrecarga, sino reducir esta carga con procedimientos más simples y rápidos como la conciliación o el arbitraje. La mayor parte de los pleitos se refieren a cuestiones menores (como en la sanidad) donde no es necesario todo un equipo hospitalario o judicial para resolver las cuestiones que se presenten. Es cuestión de diseño, organización, ideas y nuevos y más simples procedimientos.

  6. Páradox
    Páradox Dice:

    Muchos pueden sorprenderse de la “modernidad” de esta obra bicentenaria. Los que vamos siendo viejos, no tanto.
    Me sorprende que de todos los que han hecho campaña contra las tasas, muy pocos hayan recordado que existe un instrumento mucho mejor para luchar contra el abuso del servicio de justicia ( probablemente mucho más por parte de los demandados que de los demandantes): la imposición de multas por temeridad, instrumento que la mayoría de los jueces han ignorado y olvidado.
    Por cierto, que algunos que se han acordado de ello escriben en este estupendo Blog.

  7. Borja
    Borja Dice:

    Hola,

    Leo este enlace a las 2:52 de la madrugada del Jueves Santo. Allí sacan a Bentham (y su cabeza) todos los años en la reunión del Claustro.

  8. Fernando Gomá Lanzón
    Fernando Gomá Lanzón Dice:

    Gracias por los comentarios. Añado dos enlaces a sendas reseñas del libro. Una del propio blog de Andrés de la Oliva: http://andresdelaoliva.blogspot.com.es/2013/03/una-protesta-contra-las-tasas_20.html

    Y otro de la Platafoema Cívica por la Independencia Judicial: http://pcij.es/bentham-contra-gallardon/

    Y gracias especiales a al comentario de Probrecito Hablador, que es el enlace al texto original de la obra en inglés. Probablemente está reservado a personas con altas capacidades en el idioma inglés, porque De la oliva advierte de la dificultad de comprensión y traducción de la escritura de Bentham.

  9. Luisa
    Luisa Dice:

    Prosigue el show. Continúa la gallardonada. Hoy en el BOE se publica la enésima enmienda de la normativa sobre tasas del gran ministro de Justicia, que va a dejar en pañales a todos sus predecesores en cuanto a capacidad de chapuza y metepatas. Hoy en el BOE se publica la Orden HAP/490/2013, de 27 de marzo, por la que se modifica la Orden HAP/2662/2012, de 13 de diciembre, por la que se aprueba el modelo 696 de autoliquidación, y el modelo 695 de solicitud de devolución, de la tasa por el ejercicio de la potestad jurisdiccional en los órdenes civil, contencioso-administrativo y social y se determinan el lugar, forma, plazos y los procedimientos de presentación.

    Verdaderamente, como cantaba Mecano, “no es serio este cementerio”.

  10. Deus ex Machina
    Deus ex Machina Dice:

    Como se dice en mi tierra: “¡manda truco!”.

    Que venga de hace dos siglos un señorito de la pérfida Albión a decirnos cosas tan obvias debería hacer meditar a nuestro querido Ministro de Justicia y compañía. Buff que iluso soy…

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