Lecturas recomendadas: cartas desde un remoto pasado. El ejemplo de Séneca

A lo largo de la historia no ha sido infrecuente, cuando la situación política se tuerce y empieza a ofrecer pocas alegrías y escasas oportunidades, que la gente tienda a mirar a su interior. Precisamente, “retirarse al jardín interior”, ha sido un motto popular en tiempos difíciles, desde los estoicos a Karl Schmidt o Ernst Jünger, por no citar épocas y lugares más próximos (como el País Vasco hasta hace dos días, por ejemplo). Sin embargo, estas retiradas pueden ser de muy diversos tipos. A veces con ellas se busca ocultar de la forma más cómoda posible responsabilidades o complicidades, y resultan cualquier cosa menos edificantes. En otros casos, por el contrario, responden a actitudes filosóficas y personales extraordinariamente valientes, y aún cuando haya transcurrido un par de milenios nos son más próximas (o al menos así nos gustaría pensarlo) y nos enseñan más cosas que las de nuestros contemporáneos. Quizá por eso los llamamos clásicos, porque son modelos imperecederos de los que nunca dejamos de aprender.

 

Un ejemplo paradigmático fue el de Séneca. Preceptor de Nerón, después su hombre de confianza y durante algunos años gobernante de facto del imperio, pronto se dio cuenta -cuando el pupilo decidió tomar las riendas del gobierno- de que no iba a ser nada fácil conciliar los honores y la honestidad. Optar por los primeros implicaba necesariamente el sacrificio de la segunda, para él algo absolutamente inaceptable. Optar por esta última, implicaba el sacrificio de la propia vida.

 

Retirarse a su jardín interior era casi esto porque, al fin y al cabo, y como Nerón no dejó de recordárselo, esa renuncia conllevaba una censura implícita, especialmente en el caso de un hombre que había sido amigo del emperador. Durante esos años comenzó a escribir a su amigo Lucilio una serie de cartas en las que, bajo la forma de consejos o enseñanzas, nos resume su filosofía (estoica) de la vida, con una viveza y una profundidad insuperables. Hay que tener en cuenta, además, que estas epístolas, a diferencia de las cartas ciceronianas, estaban destinadas a ser publicadas a medida en que su autor las escribía (un poco como los post actuales) por lo que la policía de Nerón estaba perfectamente al tanto de lo que nuestro autor opinaba. Por eso, no cabe poner en duda su fortaleza (ni del resto de sus virtudes cardinales, por cierto), pues en ese momento aspirar a tener una voz propia, y encima a ser oída, era sinónimo de insubordinación.

 

Por otra parte no hay que olvidar los temas sobre los que le gustaba disertar. El estoicismo es una filosofía verdaderamente extraña, pero de un atractivo, al menos teórico, indiscutible. Si tuviéramos que resumirla en una sola frase quizás podíamos escoger esta: si piensas correctamente querrás correctamente; es más, llegado al extremo, no querrás otra cosa que la propia virtud (que como consecuencia practicarás) lo que constituye, en definitiva, la única vía de acceso a la felicidad. Es algo imposible, sin duda, pero el estoico siempre está “progresando” hacia ese fin, hacia ello vuelca completamente su “animus”.

 

Por eso el estoico no es complaciente con el poder. La simulación le resulta intolerable. Ningún interés material justifica la mentira, porque el precio que se paga es la infelicidad que provoca necesariamente la falta de honestidad. “En esta morada expuesta a los golpes habita un alma libre” -afirma Séneca- “jamás esta envoltura carnal me forzará al miedo, jamás a la simulación indigna de un hombre de bien; jamás mentiré por consideración a este corpezuelo.” (76, 21 y 22). De hecho, el pueblo tenía a los sabios por gente sin miedo a nada ni a nadie, siempre dispuestos a cantarle las cuarenta a reyes y emperadores. Quizás porque al estoico le gustaba probarse a sí mismo la fuerza de su carácter.

 

Es cierto que el estoicismo tiene un componente providencialista que le permite volcarse en la felicidad personal y desentenderse del mundo, cuya salvación estaría garantizada si todos abrazásemos la sabiduría. No es de extrañar, por tanto, el consejo que Séneca da a Lucilio acerca de la conveniencia de abandonar sus cargos públicos y centrarse en el estudio de la filosofía. Sin embargo, pese a todas las reticencias que tal consejo hoy nos suscita, hay que reconocer que no pretende con ello incentivar ningún tipo de escapismo. La retirada es cualquier cosa menos hipócrita. Volcarse en la vida privada no significa preocuparse por los intereses personales de tipo material, porque eso implica siempre complicidad y colaboracionismo con la deshonestidad. Significa simplemente aprender a ejecutar en todo momento la acción correcta, con todos los riesgos y sacrificios que ello conlleva (al menos para la generalidad de la gente, porque ya se sabe que el estoico no da importancia a esas cosas). Por eso, como consecuencia de su visión providencialista, los estoicos entienden que en la medida en que se ocupan de su vida interior se ocupan también de los asuntos de todo el género humano.

 

La honestidad, evidentemente, es también el principio máximo que debe regir la actuación de un buen gobernante. Es más, es que el título que supuestamente le legítima para ejercerlo no es nada ni importa nada, a menos que sus administrados se sientan llevados gracias a él a la añorada edad de oro, en donde la honestidad proveía beneficios por añadidura. A esa edad en la que -según nos explica Séneca- gobernar era un servicio, no un dominio, y el rey no podía formular una amenaza mayor a los desobedientes que la de abandonar su reinado…. (90,5).

 

A la vuelta de dos mil años todo esto parece muy lejano. En realidad, también se lo parecía a sus compatriotas. Para muchos, el que no se enriquecía a costa de la debilidad del poder (o de su proximidad) no demostraba ser un sabio sino un necio, y no faltaron los que acusaron al propio Séneca de ser menos “sabio” de lo que presumía. Puede que en parte tuvieran razón, pero si se enriqueció gracias a Nerón no fue a través de comportamientos deshonestos o manifiestas ilegalidades como acusar falsamente en los tribunales a sus deudores para meterlos en la cárcel (hay que recordar que uno de los muchos negocios de Séneca era prestar con interés y en eso destacó como uno de los más importantes banqueros de Roma). En la actualidad un comportamiento como el indicado no mancha ninguna reputación ni escandaliza a nadie, ni siquiera a las máximas instituciones del Estado, que lo contemplan con total normalidad.

 

Hoy en día, decir la verdad, manifestar la propia opinión honestamente, se considera una actitud inoportuna, en casi todos las acepciones de la palabra. Inoportuna por arriesgada, desde luego, aunque lo que esté en juego no sea la arena del circo o el suicidio forzoso, sino algo infinitamente menos incómodo. Pero también inoportuna por discordante, casi por maleducada. Hoy un estoico no duraría cinco minutos en cualquier reunión profesional o política en nuestro país. Sería considerado como un cínico (en el sentido filosófico del término) absolutamente insoportable, merecedor de ser introducido en un tonel y arrojado de una patada a la calle, que es por donde debería deambular. Realmente, el que haya tantos “estoicos” en los bares y tan pocos en los despachos es un dato que dice mucho de nuestra época, y no para bien.

 

No es de extrañar, por tanto, que lo que nos sorprenda en la política sea precisamente el comportamiento honesto, y eso si llegamos a verlo. No esperamos que Ana Mato nos amenace públicamente con privarnos de su servicio para nuestra orfandad y desamparo -y con razón, porque no se trata de forzarle a hacer el ridículo-, pero tampoco esperamos que simplemente dimita en silencio. Menos aún que lo haga su Presidente, pese a haber tenido a su servicio a un reconocido delincuente durante tantos años. Tales muestras de honestidad nos parecerían asombrosas, y casi irresponsables, por lo que no es de extrañar que a ellos también se lo parezca.

 

Y, sin embargo, cuando uno lee esas cartas, escritas hace tanto tiempo, se da cuenta que sin algo de esa honestidad no hay efectivamente sabiduría práctica ni solución posible. Puede que no sea necesario llegar hasta el extremo, como exigían los estoicos, pero tampoco nos podemos quedar tan cortos. Que las normas son necesarias nadie lo duda, pero que las normas sin “animus” no nos llevan a nada, estamos empezando a comprenderlo. Quizá porqué, cómo el propio Séneca intuía, “el camino es largo a través de los preceptos, pero breve y eficaz a través de los ejemplos” (6,5).

 

Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, editorial Gredos (tres tomos), existe una selección de las cartas en la misma editorial (Cartas filosóficas) prologada por Antonio Fontán.

 

5 comentarios
  1. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Muchas gracias.

    Resulta de lo más oportuno el recordatorio porque nunca en la historia hemos visto a los guardianes y productores del saber social más atentos a la mirada de Nerón.

    Creo que este es el fenómeno más notable del panorama cultural que emerge desde el siglo XX.

    La universidad en manos del paradigma. La escuela como promotora del olvido y la desmemoria.

    Sumisión pública incluso desde el rechazo privado y sin más violencia que la subvención o la carrera buscada en las instituciones del poder.

    La sociedad Panóptica colgada del PDA delator hasta del pensamiento.

    Un saludo

  2. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Yo diría, sin embargo, que Séneca es un fruto del mestizaje del Imperio, un provincial de la Bética, un moderno que añora lo que ya no puede ser porque se vive en la más honda decadencia moral. Una cosa son sus escritos y otra su vida pública. Si mis argumentos carecen de autoridad, como es lógico, entonces me apoyo en Carlos Fuentes y sus palabras sobre cómo Séneca forma parte real y directa del mestizaje latinoamericano cuando éste se descubre a sí mismo, como ocurre en la última Roma clásica, en cuyo derrumbamiento vivió el filósofo cordobés, como nosotros en el nuestro. Las ediciones de clásicos de Gredos, que se han hecho ya muy asequibles, son necesarias, en vacación y a diario.

  3. Cvm Privilegio
    Cvm Privilegio Dice:

    Vuelve usted, señor Tena, a impresionarme con sus lecturas (aunque los lectores de este blog parecen más impresionados por las de los señores Gomá :-))

    ¡Ay, los autores del Pórtico! ¡Cuánto y cómo los leyeron y meditaron nuestros antepasados españoles! Pero, quizás por haberse asociado con el ascetismo y el cristianismo, llevan castigados un par de generaciones. Sin embargo, me atrevo a predecir que los eutanasios los volverán a poner de moda. Pues en las epístolas que usted comenta lo dice Séneca, pero más claro aún en De Ira, III, 15,4:

    Quocumque respexeris, ibi malorum finis est. Vides illum praecipitem locum? illac ad libertatem descenditur. Vides illud mare, illud flumen, illum puteum? libertas illic in imo sedet. Vides illam arborem breuem retorridam infelicem? pendet inde libertas. Vides iugulum tuum, guttur tuum, cor tuum? effugia seruitutis sunt. Nimis tibi operosos exitus monstro et multum animi ac roboris exigentes? Quaeris quod sit ad libertatem iter? quaelibet in corpore tuo uena.

    A dondequiera que mires, allí está el fin de tus males. ¿Ves aquel precipicio? Por ahí se baja a la libertad. ¿Ves aquel mar, aquel río, aquel pozo? En su fondo tiene asiento la libertad. ¿Ves aquel arbolillo, seco y retorcido? De ahí cuelga la libertad. ¿Ves tu cuello, tu garganta, tu corazón? Escapatorias son de la esclavitud. ¿Te señalo salidas demasiado penosas, que exigen mucho ánimo y fuerza? ¿Preguntas cuál es el camino hacia la libertad? Cualquier vena de tu cuerpo.

    ¡Y ese verso de nuestro Lucano, tantas veces aducido por los defensores de la Segunda Enmienda, pero que en realidad significa algo mucho más triste!

    ignorantque datos, ne quisquam seruiat, enses.

    • Rodrigo Tena Arregui
      Rodrigo Tena Arregui Dice:

      Efectivamente Cvm, nadie necesita ser un esclavo cuando tiene una salida tan fácil. Paseando este fin de semana por los acantilados de Gerra (sin ir más lejos) me vino a la cabeza precisamente esa idea que tantas veces repite Séneca y que tan bien expresa su sobrino, porque realmente es muy fácil. Pero luego pensé, ¡cuánto más fácil es todavía en un país democrático como el nuestro, tan alejado de la tiranía de Nerón (aunque quizá no de su corrupción) no ser un esclavo! Es tan fácil como mover ese dedo del que habla Crisipo…. Y no creo que para entenderlo haya que estar iniciado en la secta.

  4. Curro Arriola
    Curro Arriola Dice:

    Ilustres antecedentes del suicidio… al que nunca faltan seguidores no menos ilustres.
    “Porque es tan grande la envidia, la perfidia y la falsidia
    del mundo, que casi envidio
    al que, apelando al suicidio,
    coge un arma y se suicidia”
    (Don Mendo)

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