Sin sentido pero ¿con salida?

La pregunta que formula el nombre de este blog ‒¿Hay Derecho?‒ merece una respuesta en diferentes planos.

 

Desde la perspectiva de la moralidad colectiva, el mundo progresa o al menos lo hacen las sociedades occidentales. Las democracias contemporáneas representan el punto más alto de la historia universal del progreso moral de los pueblos. Nada inventado por el hombre en el pasado resiste la comparación con estas sociedades nuestras que combinan, en feliz equilibrio, soberanía popular a través de elecciones periódicas, derechos individuales garantizados en la norma suprema, protección de minorías tradicionalmente marginadas, libre mercado, resolución pacífica de conflictos en el marco del Estado de Derecho, redistribución de rentas y prestaciones directas por el Estado social. Nadie que no supiera la posición que ocuparía en la sociedad, de tener que elegir una etapa de la historia para vivir, dejaría de escoger la nuestra: esto es ya de por sí muy elocuente. Además, la llamada globalización como tendencia general observable en las últimas décadas se resuelve, en altísima medida, lisa y llanamente en una occidentalización del mundo, pues el resto del mundo anhela y emula nuestras instituciones y nuestro estilo de vida (hasta, asombrosamente, nuestra corbata), de manera que esa muerte de Occidente como cuerpo político y económico que hoy tanto se proclama puede que finalmente deje como legado el inesperado triunfo del espíritu occidental a un nivel planetario.

 

Ya este progreso moral sería suficiente de por sí para dignificar una sociedad como la nuestra. Pero lo cierto es que, en los últimos sesenta años, el progreso moral ha ido en paralelo ‒segundo de los planos‒ a una prosperidad económica sin precedentes. Hay muchísima más riqueza material para compartir y, aunque también aumenta la población, la renta per cápita se ha incrementado extraordinariamente en el último medio siglo. Y a este enriquecimiento universal han contribuido los avances de una ciencia que eleva nuestra esperanza de vida, cura nuestras enfermedades y alivia el dolor corporal y psicológico, y también la innovación tecnológica que multiplica nuestra productividad y provee de utilidades, comodidades y entretenimiento a esa vida humana previamente ampliada y mejorada.

 

Si las democracias occidentales han sido capaces de dignidad y de prosperidad en una proporción desconocida en todos los siglos anteriores, ¿por qué cunde por doquier el negro pesimismo?  Es bueno que los ciudadanos desarrollemos nuestras facultades críticas a fin de pensar por nosotros mismos y no con conceptos prestados, pero, exagerando esa virtud hasta el paroxismo, se diría que ahora desenfundamos demasiado rápido la pistola de nuestra crítica disparando locamente en todas las direcciones contra las deficiencias del sistema y olvidadizos de todos los logros colectivos que hemos conseguido entre todos con grandísimo esfuerzo, como si los descontáramos o estuvieran ahí desde y para siempre. Hombre culto es quien tiene conciencia histórica y sabe que todo lo humano es en realidad una conquista contingente y consiguientemente, como todo lo nuestro, precaria y reversible. Y, sin embargo, son muchos los ciudadanos de extensa cultura (lo que no los hace cultos en el sentido antedicho de tener conciencia histórica) que argumentan que nos hallamos a las puertas de un inmenso colapso civilizatorio. Todo es posible, pero los mencionados antecedentes sugieren lo contrario. Entonces, ¿por qué esa abundancia de descreimiento hacia nuestra civilización, esas enfáticas denuncias de sus insuficiencias, esas amargas quejas por sus imperfecciones, esas resonantes profecías sobre su declive inevitable? ¿A qué viene esta atmósfera de derrota y desesperación, contraria a los hechos, incluso en lo más profundo de la actual crisis? Yo creo que este clima responde a dos causas, relacionadas entre sí.

 

La primera tiene que ver con nuestra mayor riqueza de bienes dignos de protección. Un esclavo de la antigüedad podía lamentar su triste estado pero no quejarse de él porque asumía que la esclavitud era natural y su vida carecía de valor en sí; hoy, en cambio, no poseer una vivienda o no recibir una prestación no contributiva se considera un atentado intolerable a la dignidad personal, siempre a flor de piel. El “mínimo vital”, aquel por debajo del cual estimamos que la vida sería casi invivible, se ha elevado extraordinariamente a consecuencia de un muy refinado sentimiento de los derechos emanados por nuestra condición de ciudadanos. Percibimos que son muchísimos más los riesgos que amenazan nuestra existencia por lo numeroso y valioso de los bienes ahora en juego, todos ellos potencialmente en peligro. De manera que la sensación general de colapso vendría a demostrar lo contrario de lo que se pretende: nos invade el pánico y ponemos el grito en el cielo, agitando con furia los puños, no porque estemos desprovistos de bienes materiales y morales sino porque los poseemos en grado sumo.

 

En segundo lugar, el progreso material y moral de la civilización occidental como proyecto colectivo es perfectamente compatible con un sentimiento de angustia individual. El abandono de la imagen antigua del mundo, que otorgaba a cada ente una reconfortante función dentro de un orden cósmico general, ha dado como resultado el nacimiento de la individualidad moderna, pero simultáneamente ha hecho surgir la pregunta por el sentido. Durante la premodernidad, nadie preguntaba por el “sentido de la vida” porque era demasiado obvio qué era lo que a cada uno le correspondía hacer conforme a una jerarquía natural y eterna de las cosas. El mundo era entonces verdadero, bueno y bello, y la muerte de uno de los habitantes de la tierra podría representar una desgracia para él pero en nada menoscababa la majestad eterna del cosmos, que seguía tan perfecto como antes. En cierta manera, no sería inexacto afirmar que la muerte es un invento moderno, ya que sólo mueren de verdad, en toda la radicalidad de su significado, los individuos, no las entidades genéricas, y la individualidad, como conciencia del valor absoluto del yo, es un hecho culturalmente reciente. Tan pronto la individualidad se emancipó del cosmos clásico-medieval y asumió su dignidad incondicional como entidad autónoma y autorreferente, siempre fin en sí misma y nunca medio, se percató del destino indigno que el mundo le tiene preparado: la muerte. Dignidad de origen, indignidad de destino: esa es la extraña suerte del hombre moderno en busca de un sentido para su vida sin hallarlo nunca. De ahí la desesperación, el absurdo y el sinsentido como estado general del ciudadano contemporáneo y la comprensible tendencia de éste a proyectar el pesimismo vital que como individuo le domina a su visión objetiva del mundo, aunque éste nunca haya progresado tanto ni en lo moral ni en lo material.

 

Con esto el argumento se desplaza al último y definitivo de los planos que se mencionaron al principio en respuesta a la pregunta sobre si hay o no Derecho en este mundo. Podemos porfiar por mejorar las condiciones políticas, sociales y económicas y tratar de construir una sociedad más justa; podemos, también, gracias a la ciencia y la técnica incluso corregir algunas de las injusticias en que incurre la Naturaleza, que reparte tan desigualmente sus dones. Pero luego hay una injusticia estructural que desgraciadamente no tiene solución: el hecho de que el mundo permita el nacimiento y maduración de los individuos y luego los condene a la destrucción definitiva de la muerte, haciendo desaparecer ese yo único e irrepetible que antes dejó crecer. En esto el mundo es y será siempre injusto, y al respecto hay que decir con voz potente: “No hay derecho”.

 

Ante este mundo estructuralmente injusto, la conciencia dirige un imperativo moral al individuo que rezaría así: compórtate en tu vida con tal dignidad que tu muerte sea en tu caso particularmente injusta, haz que el mundo se empobrezca irremisiblemente cuando mueras. Pero, por otro lado, resulta de lo más natural que ese individuo se interrogue si, con total y absoluta seguridad, es la tumba el final definitivo de la historia del yo, si la injusticia estructural del mundo supone una sentencia irrevocable, si es o no pensable alguna posibilidad de prorrogar la historia de lo humano más allá de la muerte, si podemos esperar un suplemento de ser en el trasmundo que desmienta la tradicional asunción positivista de que el mundo de la experiencia agota toda la realidad y ostenta su monopolio. En fin, la pregunta de si este mundo, que no tiene sentido, ofrece, sin embargo, alguna salida.

 

Este es el tema que aborda mi último libro, Necesario pero imposible, o ¿qué podemos esperar? (Taurus, 2013). Adopta una perspectiva antropológica que indaga sobre las posibilidades existenciales de una continuidad post-mortem de lo humano, sin que los elementos sobrenaturales o divinos tengan participación principal salvo como colaboradores necesarios en la realización de esa esperanza de perduración personal. Además, tratándose de realidades respecto de las que no hay experiencia, el libro limita su alcance a formular una propuesta creíble, con independencia de que luego el ciudadano moderno, consultada su conciencia, le preste o no su asentimiento íntimo. El libro quiere ser una recuperación para filosofía de la cuestión involucrada en el antiguo tratado sobre la inmortalidad del alma –la esperanza en una supervivencia de nuestra individualidad‒, central en nuestra tradición filosófica desde Platón hasta Kant pero olvidada en los dos últimos siglos dominados por el positivismo. Y, sin embargo, en ese empeño nada menos útil paradójicamente que la propia doctrina griega sobre la inmortalidad del alma, porque para ella el enemigo del hombre no parece ser la muerte sino el cuerpo (soma sema), el cual hoy creemos que forma parte indisoluble de la identidad del individuo tanto como el alma, de manera que ninguna supervivencia individual creíble podrá ser pensada como incorpórea. Un obstáculo éste que supera, en cambio, la esperanza judeo-cristiana en la resurrección de la carne, que salva el individuo entero, también el cuerpo (no sólo el alma), de la destrucción de la muerte, la auténtica adversaria, cuyo poder, antes definitivo, quedaría así neutralizado.

 

Si esta hipótesis mereciera crédito ‒que es lo que se celebran las Iglesias cristianas hoy, domingo de resurrección, la festividad más solemne de todo el año litúrgico‒ el mundo seguiría siendo injusto pero la injusticia no sería la última palabra sino sólo una etapa dentro de una más extensa historia de la individualidad.

53 comentarios
  1. clemente antuña plaza
    clemente antuña plaza Dice:

    Magnífico post que adelanta el contenido de tu reciente libro que procuraré leer cuanto antes. Te he oído en algunos programas radiofónicos y me ha impresionado tu clarividencia y tu naturalidad. Quizá lo inevitable de la muerte individual esté en el fondo del pesimismo vital que nos invade, a pesar de los grandes logros colectivos de nuestra sociedad. ¿Porqué no superar ese concepto de muerte individual ligado a la desaparición del cuerpo material? Para mí no se acaba de morir nunca. El período vital entre el nacimiento y la muerte de una persona es una fase de la vida imperecedera y universal de las generaciones. Nuestros hijos somos nosotros y nuestras ideas y nuestros logros como individuos permanecerán siempre en ellos. Solo cuando no quede sobre la tierra un ser humano, habremos muerto.

    • javier gomá lanzón
      javier gomá lanzón Dice:

      Agradezco mucho las amables palabras. Platón, que en el Fedón elucubró sobre la inmortalidad del alma por boca de su maestro, también dijo en otro diálogo que los hombres nos inmortalizamos a través de nuestros hijos. Pero aceptar eso sería como asumir que los padres somos inmortales y los que no lo son, mortales, lo que me parece exacto.

  2. ignacio
    ignacio Dice:

    Gracias por regalarnos de desayuno este destilado de forma y sobre todo fondo…..
    …Nadie que no supiera la posición que ocuparía en la sociedad, de tener que elegir una etapa de la historia para vivir, dejaría de escoger la nuestra….
    Fantastico
    …..De manera que la sensación general de colapso vendría a demostrar lo contrario de lo que se pretende: nos invade el pánico y ponemos el grito en el cielo, agitando con furia los puños, no porque estemos desprovistos de bienes materiales y morales sino porque los poseemos en grado sumo…..
    Formidable.
    Muchas gracias

  3. FBR
    FBR Dice:

    Gran artículo, a mí gusto, que además, -tal y como dice Teresa-, incorpora disciplinas imprescindibles como la antropología, la psicología, la filosofía…, al análisis. Y es que estoy harto de leer textos económicos y jurídicos, que prescinden de todas las disciplinas antes citadas a la hora de analizar la situación y el camino a seguir.
    Estoy cansado de economistas-juristas monotemáticos. Hay que reivindicar una visión “humana” en la que no solo se vean números.
    En la historia, cuando una civilización como la nuestra ha conseguido elevarse sobre las demás, al ser invadida ha transformado al invasor. En su día ocurrió con el Islam, con Grecia…, ahora volverá a ocurrir con occidente, y veremos a los chinos convertirse en occidentales. La pena es que hay que pasar por la invasión, y nos ha tocado a nosotros y, peor aún, les tocará a nuestros hijos en mayor medida, pero estoy seguro de que el concepto occidental de la vida se extenderá y los invasores acabarán siendo los invadidos.
    Hay mucha gente hoy en día que no valora la prosperidad de occidente, basada en gran medida en el sometimiento individual a un bienestar general en aras de conseguir una solidaridad extendida, y en una renuncia personal a conseguir los propósitos a cualquier precio. Esos son, para mí, los verdaderos enemigos de occidente.

    • javier gomá lanzón
      javier gomá lanzón Dice:

      La crítica al eurocentrismo y al occidentalismo tuvo su razón de ser, porque es cierto que todos pensamos que nuestra visión del mundo es la del sentido común y cuando, como ocurrió con Occidente durante un cierto tiempo, esa visión es la de una potencia hegemónica y colonialista, es normal que los pueblos oprimidos y colonizados deseen destacar sus propios rasgos distintivos y su singularidad. Pero esta necesaria cautela no nos debería cerrar los ojos al hecho de que nuestras sociedades multiculturalistas sean de hecho cada vez más occidentalistas.

    • javier gomá lanzón
      javier gomá lanzón Dice:

      Yo creo que sí dice algo sobre nuestro estado actual. Dice algo concluyente sobre la percepción que tenemos, en el fondo, de nuestro tiempo, aunque luego nos abandonemos a la denuncia y la desesperación. Luego están otros datos mencionados en el artículo que no se refieren a la percepción sino a la realidad que justifican la afirmación de que vivimos en el mejor periodo de la historia desde una perspectiva moral, social, jurídica y económica. En cuanto a la Edad Media, no es seguro qué hubieran contestado. Es posible que ese medieval hubiera estado a favor de su tiempo, lo cual sólo demostraría que se había producido progreso hasta entonces pero no que después no continuara, lo que es mi tesis. Pero yendo más al fondo, como traté de justificar por extenso en mi primer libro, “Imitación y experiencia” (2003), la cultura premoderna, incluyendo el Renacimiento, es una cultura que mira hacia atrás, que imita a los Antiguos, que juzga que la perfección ya existió y se dio en el pasado, de manera que para ellos la admiración por lo antiguo (los griegos, los romanos, los orígenes del cristianismo) era natural y general.

  4. Rodrigo Tena Arregui
    Rodrigo Tena Arregui Dice:

    Muchísimas gracias Javier por tu colaboración para este blog que para nosotros es un auténtico privilegio, sin lugar a dudas. Nos das además la oportunidad de comentar temas fundamentales que muchas veces quedan olvidados en el fragor de la actualidad.
    Por mi parte, con ánimo de suscitar el debate, el planteamiento de Javier me plantea una serie de cuestiones que no tengo muy claras.

    La primera es hasta que punto podemos equiparar falta de sentido con injusticia. La justicia es un valor intrahumano, por lo que sí la aniquilación nos afecta a todos por igual el mundo puede no tener sentido pero no por eso ser injusto. Lo injusto es que hubiese salvación para unos y no para otros (por lo menos desde el punto de vista de los condenados, je, je).

    La segunda cuestión, que deriva de la anterior, es hasta que punto la falta de sentido del mundo implica falta de sentido para las vidas individuales. Aún admitiendo la extinción personal, ¿no seguiría teniendo sentido una vida que ejemplifica como deben vivirse las cuatro horas que nos ha querido conceder el universo irracional? Y se lo pregunto precisamente al autor que mejor y más ha hecho por recuperar la importancia del ejemplo en esta época postmoderna. Si como decía Crisipo, “cuando un sabio mueve un dedo, si lo hace reflexivamente y con convicción, aprovecha al resto de sabios”, ¿cómo no va a aprovechar -no sólo a los sabios sino a todo el mundo- toda una vida bien vivida, aunque sea corta? Desde este punto de vista cuanto más plena una vida más sentido tiene y menos “injusticia” le causa la muerte. Por lo menos los clásicos siempre lo vieron así.

    La tercera cuestión, por tanto, es que no estoy seguro de que la actual frustración, si la hay, venga de la conciencia de la propia finitud. Me parece más bien que la gente piensa poco en la propia muerte, y eso es una pena, porque quita valor a la vida. Más bien creo que la gente es en general conformista y un tanto providencialista. Y en cuanto a las críticas demasiado apasionadas de algunos, quizás tenga que ver precisamente con la formación histórica de esa minoría que protesta. De los felices años veinte a los genocidas años cuarenta pasó muy poco tiempo. La Historia nos demuestra que las cosas siempre son mucho más frágiles de lo que pensamos y que sí nos dejamos llevar por tentaciones providencialistas y no estamos atentos pueden degenerar en el horror rápidamente.

    • javier gomá lanzón
      javier gomá lanzón Dice:

      Los ocho minutos que ha tardado Rodrigo Tena en escribir su comentario han servido para que su arco apunte con precisión y la flecha que me lanza, como era de esperar, acierte de pleno en la diana de los temas interesantes y pertinentes. Soy yo, por supuesto, quien se siente honradísimo de haber colaborado en este blog.
      Hay una justicia interpersonal de naturaleza ética. Pero creo que hay una justicia o una injusticia que podríamos llamar ontológica y que tiene que ver con cómo, en general, trata el mundo o la realidad a las cosas: ¿bien o mal? Alguna palabra debemos usar y no me parece desacertado decir, por ejemplo, que es injusto que un niño muera con diez años sin permitirle vivir la madurez o que es injusto que sus padres tenga que vivir esa experiencia, un dolor que no merecen.
      Respecto a la segunda cuestión, es significativo, Rodrigo, que aludas a los clásicos, porque como en el propio post argumento, la cuestión del sentido de la vida es algo que los clásicos no tenían necesidad de plantearse porque vivían cómodamente instalados en un cosmos que les proporcionaba ese sentido como partes de un todo que les trascendía. El problema surge cuando el cosmos es sustituido como nueva totalidad por la individualidad, que vé cómo el mundo le permite madurar y luego lo condena a la muerte. Ahora bien, que el mundo no tenga “un” sentido no quiere decir que no tenga tareas, destinos, vocaciones, plenitudes, ideales. Como con generosidad indicas, yo mismo me he esforzado en mis libros, pero singularmente en “Aquiles en el gineceo o aprender a ser mortal” (2007), en dignificar la mortalidad, la finitud, darle sustancia, darle destino, no permitir que perezca bajo el peso de la eternidad.
      Por último, la muerte está más presente que nunca (películas, noticieros, videojuegos) pero banalizada; lo que no está presente (te doy la razón) es la aceptación moral de la mortalidad propia, de nuestra condición finita. Y sin embargo es un hecho de experiencia que muchísima gente sufre porque no encuentra sentido a sus vidas. Yo no hablaría de “una minoría que protesta” sino de una inmensa, abrumadora mayoría protestante porque todos viven, envejecen y sufren las heridas de ese vivir envejeciendo y se preguntan para qué. Y como no lo saben, proyectan sobre el mundo su propia desesperación

  5. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    En primer lugar, felicitar a los Gomá Lanzón y pedirles que un día nos dejen saber en qué momento de la saga familiar cristalizó el impulso que a todos nosotros beneficia y a ellos honra y obliga.

    Y ello in que sea menester coincidir con el artículo de Javier porque, como preanuncia Jorge, las metáforas Rawlsianas ya son conocidas por sus frutos y el Velo de la Ignorancia frecuentemente oculta una antropología poco afectuosa con el objeto experimental. Además los que hemos conocido otros momentos seguro que no íbamos a elegir este para nacer. Ni de coña.

    Aprovechando una visita a la Ofi en Madrid lo busqué por teléfono y sólo estaba en la Casa del Libro, Gran Vía, 2ª planta, mesa de Filosofía.
    El libro es de lectura reposada y no como hoy he podido hacerlo a lo largo de una hora en el tren, pero para mí que tiene algo de crisis vital, lo que suele ser preludio de un libro de los que le dejan a uno tranquilo y en paz consigo mismo.

    Cada cosmología –y cada idea del hombre en ella– necesita una actualización permanente a cada momento de la línea temporal. De no hacerlo, como no lo han hecho nuestras queridas religiones, se producen enormes disonancias en ambas esferas: la religiosa y la mundana. Y las dos pagan por ello un alto precio

    Sin embargo, dentro de nosotros tenemos la respuesta si buceamos en nuestro antes y en nuestro después con un mínimo de armonía.

    Pero incluso si, por el ruido ambiental, no fuéramos capaces de hacerlo , muchos lo han hecho antes por nosotros.

    Sin ir más lejos S. Agustín nos dejó unos párrafos de los que se entresaca sin pérdida lo siguiente.

    …ser partes de realidades que no existen simultáneamente pero que con sus ciclos de muertes y sucesiones constituyen todas ellas una totalidad de la que son partes…. –Como si acabase de salir del MIT–

    Otros, como Michio Kaku, lo explican igual de claro al definirnos como funciones de onda hechas de ladrillos iguales, inasequibles y eternos.

    Este tiempo viene de lejos y, si se le quitan los cambalaches y las métricas falsas, no lleva buen camino a no ser que traspasar a nuestros hijos humo, vavío y deudas sin horizonte se haya convertido en meta.

    Lo más atractivo que tiene es que es un buen lugar para remangarse y ponerse manos a la obra para dar otro empujón –hacia adelante– a una función de onda exhausta.

    Lo que, bien pensado, no es poco.

    Saludos y enhorabuena al autor.

    • javier gomá lanzón
      javier gomá lanzón Dice:

      Gracias, Manu, por los comentarios positivos hacia mi familia.
      Sobre tu comentario, sólo puedo decir que lo he leído con atención y respeto. Sólo tu rechazo a elegir el momento presente me suscita una reacción. Dices: “los que hemos conocido otros momentos seguro que no íbamos a elegir este para nacer”. Pero es que la gracia del velo de la ignorancia de Rawls consiste precisamente en ignorar qué lugar va a uno a ocupar. Muchos se cambiarian por Octavio, el emperador de Roma. Pero, si no sabes qué posición vas a ocupar en la sociedad dentro de la época, ¿qué otra época distinta de ésta (los últimos 60 años) escogerías para vivir? Estoy seguro, primero, de que esa otra época que recuerdas con afecto pertenece a los últimos sesenta años; y por otro lado, quizá tuviste una experiencia gratificante en lo subjetivo pero objetivamente la nuestra es la mejor época de la historia hasta hoy, aunque espero que el futuro la mejore

  6. augustbecker
    augustbecker Dice:

    “Las democracias contemporáneas representan el punto más alto de la historia universal del progreso moral de los pueblos”.
    Sí, hace unos cinco años era el punto más alto, a partir del cual se ha iniciado el descenso. El artículo en conjunto desprende un aroma de satisfacción personal propio del predicador bien instalado. Desde otros ámbitos, suenan otras voces más creíbles. Y enhorabuena, Javier, por el coro de animadores que en todas partes te acompaña.

    • javier gomá lanzón
      javier gomá lanzón Dice:

      Estimado Antonio:
      Soy una persona que he estudiado y trabajado mucho en mi vida y que luego (bastante tarde) he publicado libros. Que algunas personas los lean y digan lo que les parece de ellos, no convierte a estos lectores en “coro de animadores”, como los describes con algún desdén. Tu también me lees, a lo que parece. El enlaces que pones en el siguiente comentario lo leí el mismo día que lo escribiste. Como este comentario en el blog, denota hostilidad. Yo sólo puedo decirte que no es recíproca. Estuve curioseando hace poco tu interesante web. Como consecuencia de ello, compré en Amazon un e-book tuyo, el dedicado a Larra; leí el primer capítulo y debo decir que me gustó. Luego he pedido información sobre ti a varias personas, puesto que no te conozco personalmente. Espero no convertirme por eso en un integrante del “coro de animadores” que te acompaña.

    • augustbecker
      augustbecker Dice:

      Perdona si te he molestado, Javier. No es hostilidad: es el reflejo que forma en un escritor como yo la lectura de un escritor como tú. Algunos lo llamarían envidia ibérica. Gracias por no hacerlo. Y gracias por seguirme mínimamente como yo también mínimamente te sigo. El próximo martes en mi blog sacaré un breve comentario sobre un vicio o virtud (no estoy muy seguro) que no sé si conoces.

  7. Penny
    Penny Dice:

    Hace poco mas de un mes sugerí en Twitter a Javier que escribiera en Hay Derecho. La espera bien ha merecido la pena. Confío en que veamos más entradas suyas en este blog. El filósofo mundano seguro que todavía tiene muchas cosas que contarnos

    Acierta Javier en resaltar el progreso de la humanidad: la evidencia disponible permite establecer más allá de toda duda razonable que, al menos en el mundo de los vivos, cualquier tiempo pasado NO fue mejor. La tendencia de avance se viene produciendo desde mediados del s. XIX. Leandro Prados de la Escosura [1] ha documentado este fenómeno para España. En resumen, vivimos más y mejor

    No obstante, desde 2008 asistimos a mportantes retrocesos en nuestro bienestar. Y es lógico que exista una profunda desazón

    La experiencia histórica invita al optimismo y sugiere que estamos ante un episodio transitorio. Doloroso, pero transitorio. En este contexto, es urgente reflexionar sobre los necesarios cambios para superar con rapidez esta situación. Reformas en las instituciones, pero también en el comportamiento individual y colectivo

    ¿Nos iluminará Javier al respecto?

    [1] Leandro Prados de la Escosura (2007) Growth and structural change in Spain, 1850–2000: a european perspective  http://e-archivo.uc3m.es/bitstream/10016/14972/1/RHE-2007-XXV-prados.pdf Revista de Historia Económica. Año XXV. Primavera 2007. Nº 1: 147-182

    • javier gomá lanzón
      javier gomá lanzón Dice:

      Me siento muy aliviado al comprobar que Penny, que literalmente lo sabe todo, nos suministra datos que no contradicen mi tesis. Penny me pone tarea, pero yo soy esquivo. No lo soy a la ligera sino que escribí en Babelia un artículo titulado “Escurrir el bulto” (un naipe que saco cuando me conviene) que le da un fundamento filosófico a mi actitud. Me gusta definirme como “especialista en ideas generales” y defiendo que el filósofo debe ser fiel a esa función de generalidad. Otros serán los que con más autoridad hagan propuestas más específicas de reformas de instituciones. Y no están lejos esos otros: los colaboradores de este blog parecen especialmente predestinados a esa labor, como ya lo vienen haciendo con singular acierto.

  8. javier gomá lanzón
    javier gomá lanzón Dice:

    También yo pienso que dar las gracias es un acto civilizatorio de primerísimo orden. Por eso el artículo con el que el próximo sábado me despido de los lectores de El País (suspendo mi colaboración periódica en el suplemento Babelia, tras tres años sin tregua) se titula “Gracias” y contiene precisamente una meditación final sobre la gratitud.

  9. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Javier, enhorabuena y aprovecho para darte la bienvenida al blog con ocasión de tu libro. Un lujo para un blog que siempre ha tenido una cierta inclinación por la filosofía y por la reflexión, aunque esté más volcado en la praxis y en el día a día, como corresponde a juristas a pie de calle en una situación como la que estamos viviendo. Pero lo cortés no quita lo valiente, es más, cuando se consigue que reflexión y acción vayan de la mano el éxito está asegurado. Espero que nos sigas ilustrando, como bien dice Penny, y considera este blog tu casa, que para eso tienes dos hermanos editores..-) Y espero que esto no se considere nepotismo dadas tus credenciales..:-)

    • javier gomá lanzón
      javier gomá lanzón Dice:

      Como autor de un post que se estrena, recibo con el mejor ánimo tu enhorabuena, Elisa, y te agradezco muchísimo esa simpatía que derrochas en tu comentario. Como lector, en cambio, soy veterano, porque sigo el blog desde la primera hora, lo he visto como quien dice nacer y crecer hasta su actual madurez. Y he sido también uno de los beneficiados de los post que habéis escrito y publicado sobre los más variados temas, siempre interesantes, independientes y competentes. ¿Qué más se puede pedir?

  10. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Para Javier.

    Hola, Javier.

    Los comentarios te incluyen a ti como ilustre representante de una gran saga cívica que a todos nos beneficia.

    He ojeando tu último libro y me ratifico en su inusual hondura de pensamiento. Seguirá en la mesa unos días y si me lo permites en algún momento te haré alguna consulta.

    En este momento cientos de millones de occidentales están comprobando en sus propias carnes lo que arranca desde 1971, por poner un marco al final de Breton Woods y el nacimiento de un nuevo sistema monetario.

    Quince años después esta época se iría conociendo como el Consenso de Washington.
    Un sistema que depende cada día un poco más del crecimiento de burbujas crediticias (pasar al futuro los gastos de hoy) para mantenerse en la cuerda floja creando lumpen donde no lo había y destrozando toda la clase media de occidente. Pauperización a escala gigante.

    Por fijar hechos históricos poco discutibles, desde el final del Imperio de Occidente en el siglo V hasta el siglo XVII vivimos una depresión material en bienestar humano. Doce siglos. Para algunos autores, trece.

    Desde entonces hasta los años 70 del siglo XX se vive un largo y zigzagueante camino de mejoría material, disminución –al menos aparente– de la violencia y un alargamiento de las expectativas de vida gracias a descubrimientos médicos, avances diagnósticos y anestesia. En el siglo XX este es el avance más notable: la anestesia.
    Algunos seguimos vivos gracias a esto y somos muy conscientes de ello.

    A mi modo de ver no se trata de negar lo alcanzado sino de:

    1. Evitar que se lo apropien los causantes de su final.
    Un fenómeno que ya está dando lugar a numerosos libros de divulgación atribuyéndose estos resultados (ya pretéritos) por ejemplo…al Consenso de Washington. No es cierto. Al contrario.

    2. Sentar las bases para que el progreso (cuya continuidad se ha quebrado sonoramente para el 99% de damnificados que cita Stiglitz en su último libro) puede seguir adelante porque si algo es cierto es que ….así no.

    Hay algo que para mí define las épocas de vida, las históricas y las anímicas: El horizonte. Que mañana pueda ser mejor que ayer.

    Y el motivo por el cual no quisiera nacer en esta época es el que creo que comparten muchos jóvenes que se enfrentan a una vida peor que la de sus padres y pagando las deudas (las reflejadas contablemente y las pendientes de reflejar) generadas por gobiernos irresponsables desde hace muchas décadas.

    Sin duda mi época fue mejor: Mañana sería mucho mejor que ayer.

    Por lo demás Rawls, sostiene su escenario y su velo de ignorancia pero sabía perfectamente que un ser humano es capaz de reconocer que, en el mundo real, la razón humana puede identificar valores básicos y sus opuestos.

    ¿Por qué lo hizo sino fue por un experimento de ingeniería social para atender las necesidades de un diseño social concreto?

    Un cordial saludo y nuevamente, gracias

  11. Daniel GZ
    Daniel GZ Dice:

    Me parece un auténtico privilegio poder contar en este blog con una firma de la talla de Javier Gomá. Procuraré hacerme con su libro cuanto antes, con el que espero disfrutar y aprender como hice con “Ejemplaridad pública”. Gracias a los editores por este regalo de Pascua.

    • javier gomá lanzón
      javier gomá lanzón Dice:

      Sólo puedo decir, Daniel, que estoy muy complacido de haber participado en el blog y, en lo que respecta a tu comentario, muy agradecido de que te hayas tomado la molestia de escribir algo tan amable.

  12. Curro Arriola
    Curro Arriola Dice:

    Muchas gracias por este artículo. Me enseña mucho. Y me hace pensar.
    Desde luego, si la individualidad es “autónoma, autorreferente, fín en sí misma y nunca medio”, malamente encajará con la muerte. ¿Cómo osa la muerte?
    Pero ¿todo hombre de hoy piensa así? Hay quien piensa -más bien “vive”- todo lo contrario a eso; hay quien cree que hemos sido hechos en un acto de Amor, que somos heterónomos, y que nuestra dignidad de orígen viene precisamente por parecernos a nuestro Creador. Que no somos el fín de todo, sino que estamos para un fin superior.
    Esa postura lleva a ver la muerte como algo que en realidad no es nada; solo un paso, algo que se acaba inmediatamente. La vida, en cambio, no se acaba nunca; solo cambia. Después de la fecha del nacimiento y la de la muerte, se deberían poner en las tumbas unos puntos suspensivos. En alguna, están.
    No se de quién era esa poesía de “…la tumba vacía, y la muerte muerta”. Pero sí creo que es la verdad. Nada menos.

    • javier gomá lanzón
      javier gomá lanzón Dice:

      La autonomía es el principio supremo del sujeto moderno. Ahora bien, el hombre religioso rinde culto a Dios y declara su heteronomía. ¿Es compatible ser moderno y ser religioso? En mi último libro, “Necesario pero imposible”, dedico un capítulo entero al tema con el título: “¿Puede el sujeto moderno ponerse, otra vez, de rodillas?”. A él me remito, con mi gratitud por su comentario

  13. Fernando Gomá Lanzón
    Fernando Gomá Lanzón Dice:

    Gracias Javi por haber querido participar en el blog con un tema de reflexión ética, tan apropiado para esta fecha, y con ideas y propuestas que -esté cualquier lector conforme o no con ellas- destilan personalidad propia e incitación a pensar.

    Quiero poner de relieve lo que entiendo que es la estructura básica del post, y que no he visto glosada como tal en los comentarios anteriores. El que ahora se viva en el mejor de los mundos posibles, como afirmas, no es la tesis central, sino la apoyatura para responder negativamente a la pregunta que galantemente te formulas al principio, tomándola del nombre del blog: ¿Hay derecho a que los ciudadanos liberados, posmodernos, exentos de jerarquías, autosuficientes, en su máximo esplendor no solamente desde el punto de vista material sino desde el de la dignidad personal en esta época histórica, mueran sin remisión? ¿Hay derecho a volar tan alto para miserablemente caer desde más altura todos al mismo sitio: la nada?

    Y la respuesta es que no hay derecho, pero además no hay solución. Es así, va a ocurrir y el mundo carece de sentido desde esta perspectiva. Toda muerte es injusta porque ataca radical y definitivamente nuestra dignidad. Si es así, no intentemos minimizar esa injusticia, por el contrario, hagámosla intolerable.

    Y, entiendo, que al final te preguntas si esa radical injusticia -que no aplicarías supongo a otros seres vivos- esconde algo, un sentido en sí mismo. Si quizá, y solamente quizá, los sumandos para hallar la cifra final que nos indique el grado de lo justo o injusto no se terminaran con la propia vida, aunque la experiencia nos diga que sí es así. No hay ni habrá respuesta definitiva, pero es gratificante pensar que con palabras propias del siglo XXI es posible volver a planteárselo.

  14. JJGF
    JJGF Dice:

    Me alegro mucho de encontrar por aquí a Javier Gomá. LLevo leyendo sus escritos desde hace veintiún años, antes de que se hiciera famoso, antes de que ingresara en el Consejo de Estado.

    Recuerdo todavía un párrafo de aquella época: “Me hallo en puerto a prima mañana al tiempo que una ráfaga salina sacude mi gesto. Soy joven. A los pies mi macuto. Voy a zarpar el navío que lleva grabado con letras de plata el nombre de Ortega. Comienza la tercera navegación”.

    Me pareció un poco pretencioso, pero pese a los excesos retóricos y a una conciencia cierta de su propia valía, lo he seguido leyendo por la calidad de sus reflexiones. Tanto mayores cuanto más creativas, cuanto más preguntas y respuestas propias, y cuanto menos alarde de erudición, aparato documental o rastreo histórico/bibiliográfico para expresar una idea personal.

    Si como dijo un teólogo importante hacer teología es hacer filosofía desde el presupuesto de la fe, Javier está llamado a hacer un libro aún más ambicioso que éste. Más ambicioso que sus Terceras navideñas, más auténtico, si se me permite la expresión, como una bonita necrológica que escribió con JMªAreilza y otra persona a la muerte de una mujer joven, cuyo nombre no recuerdo ahora. En esa línea, se corre más riesgo -de desnudo interior- pero, teniendo talentos para ello, se puede cautivar y convencer más a un auditorio anhelante de esperanza y testimonio personal. O no es ello un paso más en el camino de la ejemplaridad. Pregunto.

    Un saludo cordial

    • javier gomá lanzón
      javier gomá lanzón Dice:

      A los emperadores vencedores en la guerra, al entrar en triunfo en Roma, alguien les susurraba que eran mortales. A mí, que no soy emperador ni he vencido en guerra alguna, me bastaría leer ese párrafo mío que se transcribe en el comentario para recordar la vileza de mis orígenes literarios. Persona de vocación literaria temprana como soy, siempre he admitido que mi maduración ha sido tardía, extrañamente tardía, y esa cita, que mortifica mi vanidad, viene a corroborar dolorosamente esa convicción. Es verdad que mi primer libro, “Imitación y experiencia”, está arropado por mucha bibliografía pero el tema lo requería, sobre todo en su parte histórica, que estaba por escribir en toda la literatura comparada. Diría que en el resto de mis libros la economía de la cita ha tendido a una mayor contención. La necrológica a la queridísima Soledad Pérez de Ayala brotó del corazón porque ella fue una de esas personas extraordinarias que -como digo en el post- hacen profunda, desesperadamente injusta la muerte, y su desaparición produjo un emprobrecimiento súbito del mundo. En cuanto a mi progreso personal hacia un ejemplaridad del despojamiento, ¿por qué no? De momento, he tomado la decisión de no escribir libros y suspender mi colaboración periódica con Babelia para iniciar ese “progreso hacia uno mismo” del que hablaba Aristóteles, y así, como escribo en mi última Babelia, la del próximo sábado, escuchar el rumor del corazón a ver qué dice. Quizá me sugiera ese desnudamiento. Ya te contaré. Gracias por la sugerencia.

  15. Fernando Rodríguez Prieto
    Fernando Rodríguez Prieto Dice:

    Muchas gracias por tus reflexiones, Javier, y por la elegancia y nobles sentimientos que demuestras. Leerte, y más en una fecha como ésta, ha sido un placer y un verdadero lujo.
    Espero que no sea la última vez que te veamos en este Blog, que te da tan calurosa bienvenida.

    • javier gomá lanzón
      javier gomá lanzón Dice:

      Los editores no habéis podido ser más deferentes y cordiales hacia mí. Soy yo quien queda agradecido por ello, Fernando, y por el trabajo que realizáis en este blog, que suscita un interés general y que cada día tiene una influencia mayor.

  16. Ignacio Gomá Lanzón
    Ignacio Gomá Lanzón Dice:

    Me uno a los parabienes de los comentaristas y añadiría dos reconocimientos más a Javier: por un lado, que haya hecho el esfuerzo de adaptarse a nuestra serie “lecturas recomendadas”, en este día tan propicio, con la habilidad de partir de reflexiones muy propias de nuestro blog para acabar desembocando en la tesis de su último libro; por otro lado, su generosidad en la contestación a los comentarios, que es un trabajo reduplicado que los lectores siempre agradecen.

    Muchas gracias, pues, por este doble esfuerzo en plenas vacaciones, precisamente cuanto “te estabas quitando” de colaboraciones regulares en prensa.

  17. Pepe Álvarez de las Asturias
    Pepe Álvarez de las Asturias Dice:

    Si no hubiera un más allá, otra vida, un Cielo y un Infierno (llámese como se quiera) ¿sería justo que, un suponer, Hitler y Teresa de Calcuta compartieran un mismo final (la nada)? Sinceramente, creo (¡creo!) que ha de haber otro mundo donde se imparta la justicia que se escapó en éste.

    • Rodrigo Tena Arregui
      Rodrigo Tena Arregui Dice:

      No me parece que en el caso de Hitler y de Teresa de Calcuta este mundo dejase escapar ninguna justicia, la verdad. El primero murió encerrado como una rata pegándose un tiro después de llenar de horror el mundo y convertir su vida en un antimodelo o ejemplo de lo más genuinamente rechazable para las generaciones futuras, y la segunda murió apaciblemente llevándose la admiración de todos y convirtiéndose en ejemplo de todo lo contrario. No me parece que compartan el mismo final, sinceramente, porque no compartieron nada durante su vida. “En verdad os digo que ya tuvieron su recompensa….”

  18. José Jarauta
    José Jarauta Dice:

    Un artículo muy interesante. Combina dos tópicos que siempre han atraído mi atención y lo hace de manera inteligente.

    De lo general y la idea de progreso a lo particular y el sentido de la vida y la muerte en tiempos de crisis (cambio). Es una reflexión sobre el optimismo y el pesimismo y su incardinación en el hombre contemporáneo.

    ¿Qué hombre concreto: El cosmopolita y cualificado, el europeo (del norte, del sur,del este) , el español ni-ni, el de la megalopólis pujante o el de regiones en proceso de desertificación demográfica?.

    En cualquier caso un tema siempre actual.

    http://saavedrafajardo.um.es/WEB/archivos/LIBROS/Libro0198.pdf

    http://www.ub.edu/histofilosofia/gmayos/PDF/Discursos_sobre_el_progreso_humano.pdf

    http://libx.bsu.edu/cdm4/document.php?CISOROOT=/ConspectusH&CISOPTR=319&REC=1

    http://www.project-syndicate.org/commentary/an-age-of-diminished-expectations-/spanish

    • José Jarauta
      José Jarauta Dice:

      Postdata.

      Distopías de un futuro pasado (1981).

      Tyrell: Me sorprende que no hayas venido antes.
      Roy: No es cosa fácil conocer a tu creador.
      Tyrell: ¿Y qué puedo hacer yo por ti?.
      Roy: ¿Puede el creador reparar lo que ha hecho?.
      Tyrell: ¿Te gustaría ser modificado?.
      Roy: ¿Y quedarme aquí? [ pausa ] Pensaba en algo más
      radical.
      Tyrell: ¿Qué? …. ¿Qué es lo que te preocupa?.
      Roy: La muerte.
      Tyrell: ¿La muerte? Me temo que eso está fuera de mi
      jurisdicción, tú ….
      Roy: Yo quiero vivir más, padre.

      Tyrell: La luz que brilla con el doble de intensidad dura la
      mitad de tiempo. Y tú has brillado con muchísima
      intensidad, Roy. Mírate, eres el hijo pródigo. Eres todo un
      premio.
      Roy: He hecho cosas malas.
      Tyrell: Y también cosas extraordinarias. Goza de tu tiempo.
      Roy: No haré nada por lo que el dios de la biomecánica me
      impida la entrada en su cielo.

      http://switch2011.upa.edu.mx/biblioteca/Libros%20varios/BOOKS%20(PDF)/Anonimo%20-%20Blade%20Runner%20(guion).pdf

      http://www.angelfire.com/journal2/sfzapgun/bladerunner.pdf

  19. Josef K.
    Josef K. Dice:

    Lo injusto sería ser eternos.

    ¡Ser, o no ser, es la cuestión! -¿Qué debe
    más dignamente optar el alma noble
    entre sufrir de la fortuna impía
    el porfiador rigor, o rebelarse
    contra un mar de desdichas, y afrontándolo
    desaparecer con ellas?

    Morir, dormir, no despertar más nunca,
    poder decir todo acabó; en un sueño
    sepultar para siempre los dolores
    del corazón, los mil y mil quebrantos
    que heredó nuestra carne, ¡quién no ansiara
    concluir así!

    ¡Morir… quedar dormidos…
    Dormir… tal vez soñar! -¡Ay! allí hay algo
    que detiene al mejor. Cuando del mundo
    no percibamos ni un rumor, ¡qué sueños
    vendrán en ese sueño de la muerte!
    Eso es, eso es lo que hace el infortunio
    planta de larga vida. ¿Quién querría
    sufrir del tiempo el implacable azote,
    del fuerte la injusticia, del soberbio
    el áspero desdén, las amarguras
    del amor despreciado, las demoras
    de la ley, del empleado la insolencia,
    la hostilidad que los mezquinos juran
    al mérito pacífico, pudiendo
    de tanto mal librarse él mismo, alzando
    una punta de acero? ¿quién querría
    seguir cargando en la cansada vida
    su fardo abrumador?…

    Pero hay espanto
    ¡allá del otro lado de la tumba!
    La muerte, aquel país que todavía
    está por descubrirse,
    país de cuya lóbrega frontera
    ningún viajero regresó, perturba
    la voluntad, y a todos nos decide
    a soportar los males que sabemos
    más bien que ir a buscar lo que ignoramos.
    Así, ¡oh conciencia!, de nosotros todos
    haces unos cobardes, y la ardiente
    resolución original decae
    al pálido mirar del pensamiento.
    Así también enérgicas empresas,
    de trascendencia inmensa, a esa mirada
    torcieron rumbo, y sin acción murieron.

    William Shakespeare

  20. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    Vaya por delante mi enhorabuena al autor del post y a los editores que han acogido un tema tan alejado de los habituales del blog. Creo que “somos lo que hacemos”. Es decir, nos conocerán por nuestras obras, no por la manera en que hemos vivido. Desde los primeros homínidos seguimos con atavismos instintivos como el deseo de supervivencia o, lo que es lo mismo, la rebeldía ante la muerte por lo que necesitamos creer en algo más allá. Algo que supere nuestras experiencias humanas y terrenales desde la mitología o la religión y, como sustituto más próximo creamos ídolos, falsos en su mayoría desde los faraones a los reyes,, sin que sepamos advertir los valores de lo que hacen otras personas más próximas cuya aportación a la sociedad puede ser mucho más provechosa. Sólo el tiempo va dejando las cosas en su sitio, pero la injusticia de la percepción social ya se ha producido. Esto se hace más evidente en los tiempos actuales donde la “modernidad” no supone necesariamente siempre una cuestión positiva como la tan manida palabra “progreso” puede interpretarse en doble sentido. La Historia de la Humanidad está llena de aciertos, pero también de muchísimos errores ya que la perfección nos ha sido negada. Los ciclos históricos que conocemos (es evidente que desconocemos muchísimos más) nos hablan de avances y retrocesos y experiencias que se repiten porque nos negamos a aprender de nuestros antecesores. La rebelión contra el padre e incluso su muerte metafórica es una constante en la vida de muchos de nosotros deseosos de demostrar que somos mejores o simplemente diferentes. Por eso la injusticia es la asignatura pendiente de una humanidad que aplasta lo mejor para encumbrar lo más zafio, que es incapaz de distinguir la belleza del alma del culto al cuerpo; que ha construido torres de Babel globales donde reina la confusión, el miedo y la hipocresía y que conocemos como civilización. Es nuestra forma de sobrevivir, de competir en la jungla del asfalto en lugar de las llanuras del Serengueti. Aquel hombre solo magistralmente diseñado por Mingote, es la realidad que nos aterroriza y nos lleva a buscar la manada o el grupo (a eso lo llamamos sociabilidad) donde protegernos y cobijarnos de nuestros miedos ancestrales a ser nosotros mismos, libres y responsables, con lo que hagamos solamente por los demás. Para eso se han creado las tecnologías, para suplir la comunicación real de los humanos, por la incomunicación digital de las máquinas. Ese es el cambio de ciclo que necesitamos: recuperar la humanidad y nuestra capacidad de ser libres, solidarios y justos. Deshacernos de lo accesorio para profundizar en el criterio propio.¿Seremos capaces de hacerlo?

  21. Teilhard
    Teilhard Dice:

    Apreciado Sr.Gomá, ha sido un placer leerle en este blog y más aún poder dedicar un comentario a quien me dedicó un libro en la fundación. Por otro lado, conocí a su hermano Fernando en los años de nuestra educación y es motivó de alegría comprobar que la pluralidad de pensamiento se da también entre las mentes brillantes en el seno de una familia.

    Déjeme decirle que me parece sutiles sus palabras cuando califica a la «esperanza» judeo-cristiana de «hipótesis». Y más aún, de una hipótesis condicional: «si mereciera crédito» acaba diciendo usted. Efectivamente son cada vez más los que piensan que tal hipótesis ya no merece crédito y ello es así porque desde la «fes» no se admiten hipótesis sino «verdades absolutas» y desde la razón tal hipótesis ya no se sostiene. Efectivamente, hoy sabemos que la muerte no es algo intrínseco a un cuerpo, sino un mero proceso celular fruto de la evolución darwiniana, por ello meramente contingente y como se esta demostrando, reversible. (i) Efectivamente, la ciencia genética nos informa como la muerte celular es un programa de los telómeros y estos pueden ser manipulados por medio de la telomerasa y otras proteínas. (ii) Por otra parte la neurología nos muestra día a día como todas las propiedades que atribuíamos al alma, finalmente son neurológicas, resultado de la forma de conectarse las neuronas. Por ello es plausible llegar a hacer un back-up del sistema operativo, los programas y los datos de un ser humano y restaurarlos en otro ser humano o en otro medio.Una línea de investigación en tal sentido se acaba de iniciar el mes pasado a nivel internacional.Lo mismo que en su día se hizo con el genoma (iii) De hecho muchos seres vivos no mueren. No tienen programada esta función. Podrían vivir eternamente si fueran estables las condiciones.

    En definitiva, una de tantas cuestiones que ha pasado de la teología a la ciencia.

    La esperanza de la hipótesis judeo-cristiana, da paso ahora a una espera activa a los frutos del desarrollo científico-técnico. Si nos mantenemos en las coordenadas de la esperanza pasiva de la hipótesis judeo-cristiana, seremos presa de la angustia y el miedo de que no se cumpla lo esperado y eso disminuirá nuestra potencia de actuar.Todo lo contrario que la espera activa. Pasar de uno a otro estadio es lo que nos produce la angustia a que se refiere su artículo.

    Anticipando todo ello, el llamado príncipe de los filósofos dijo que: «un hombre sabio en nada piensa menos que en la muerte y su filosofía es una filosofía de vida» y conspicuamente también dijo: «nadie sabe lo que puede un cuerpo»

    Por tanto, «no hay derecho a morir», como no lo hay a enfermar o pasar calamidades. En nuestras manos esta evitarlo y ese es el sentido de la vida. Tomar conocimiento con la razón de la naturaleza entera y por ello también de lo que limita nuestras vidas.

    • Manu Oquendo
      Manu Oquendo Dice:

      Hombre, Teilhard, no está bien tomar muestras de hipótesis congeladas durante siglos y exponerlas como actuales.
      La religiosidad también es susceptible de madurar fuera de la programación de las jerarquías. Y debe ser actualizada en cada paradigma.

      La tradición judeo-cristiana se resume en dos cosas.

      1. Yo soy el que soy. (Exodo-Viejo Testamento).
      2. Dios es amor (Agape-Nuevo Testamento)

      El resto es mera metáfora circunstancial para determinados parámetros temporales, y a mi me parece que ambos mensajes (resumidos magistralmente por Etienne Gilson) han soportado estupendamente el devenir de la aventura científica. Con ventaja incluso.

      Por otra parte la ciencia no deja de ser como otear a oscuras desde las sombras del fondo de la caverna y hay formas de conocimiento que no necesitan el empirismo para traer certeza.

      Por ejemplo.
      –¿Por qué tenemos un gen religioso?
      –Porque si no lo tuviéramos no habría un por qué ni para levantarse por la mañana.

      Es decir la religión nace necesariamente durante el proceso evolutivo y crece porque confiere ventaja competitiva.
      Eso creo.

      Buenas noches

  22. Teilhard
    Teilhard Dice:

    Sr. Oquendo, aprecio su comentario, aunque me veo obligado a matizarlo.

    (i) No soy yo el que expone hipótesis congeladas en el tiempo como actuales, sino nuestro ilustre articulista. Yo me he limitado a subrayarle. En todo caso parece evidente que la resurrección es el núcleo del cristianismo y esta no existiría sin la previa muerte.
    (ii) ¿ha llegado usted a comprender que significa que «dios es amor»? Le agradecería la más sencilla de las explicaciones si ello estuviera en sus manos.
    (iii) no comparto su ejemplo. Cada vez hay más gente que desactiva el «gen religioso» y no tienen ningún problema para encontrar sentido a la vida.

    Un saludo

    Teilhard

    • Manu Oquendo
      Manu Oquendo Dice:

      Estimado Teilhard.

      Realmente la resurrección es un continuo cultural humano. El cristianismo la incorpora como hacen todas las religiones y vienen a sugerir la física moderna y en cierto modo su propio comentario. A mi me resulta tan intuitivamente natural que nunca me lo he cuestionado.

      Lo esencial del cristianismo probablemente se acerca más lo que resume Ëtienne Gilson en su obra Historia de la Filosofía Medieval (Rialp)-

      La respuesta del Éxodo a la cuestión del ser puro como causa primera: “Soy el que Soy” que resume perfectamente varias preguntas clásicas de todo el esfuerzo filosófico y metafísico y, por otra parte, la aportación central del Nuevo Testamento acerca de la esencia del ser que se realiza “siendo”, es decir, amando su entorno universal.
      Algo muy de sentido común porque forma parte integral e indestructible, mutable pero indestructible, de todo el universo.

      Tiene usted mucha razón en que la Iglesia y muchos cristianos ofrecemos una idea maniquea y programada del hecho religioso. En esas estamos. En ver si damos un pasito más adelante.
      Un saludo cordial

  23. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    No sin cierto temor ante la altura intelectual de articulista y comentaristas, voy a exponer una tesis que me parece muy sugestiva.

    Mucho hablamos en este blog de crisis de paradigma. Pues bien, según cada vez más autores esta crisis no sólo se limita a España, la UE, Occidente, el estado de derecho, etc. Nos encontraríamos nada menos que ante una crisis existencial provocada por encontrarnos en el punto de inflexión de un salto evolutivo de la especie humana.

    En un momento (pre)histórico determinado, el ser humano aprendió a usar la mente de una forma diferente y adquirió conciencia de su propia individualidad (y de la de los demás) así como de su carácter limitado frente a la grandiosidad del medio en que se desenvolvía. La primera respuesta a las preguntas vino en forma de mito, pero también en forma de la creencia en el carácter trascendental del ser humano, que había vida después de la muerte en una forma desconocida.

    Los judíos descubrieron (aunque no fueron los únicos) la existencia de un único Dios, personal y que intervenía directamente en la historia de su pueblo, elegido por Él para un fin divino que el hombre no puede comprender.

    Los cristianos acogieron el monoteísmo judío y fusionando esta idea con la filosofía griega y el derecho romano crearon los fundamentos de la civilización occidental, con vocación clara de universalidad. Esto se produjo en un momento en que la mente humana fue capaz de dar un salto cualititativo mediante el uso de la razón. Salto que no se dio sólo en lo que hoy consideramos como “occidente” pero que sí fue en occidente donde se vieron sus mayores frutos.

    Obviamente las creencias de quienes somos culturalmente cristianos son ampliamente discrepantes, pero no deberían llamarnos la atención afirmaciones de quienes se consideran a sí mismos “ateos católicos”.

    Es evidente que la religión católica no es capaz de ofrecer ahora mismo una respuesta suficiente a las preguntas que el hombre moderno se formula. Pero esto no es un problema de la religión católica, ni de las demás religiones cristianas, ni siquiera de las demás religiones, por cuanto ninguna es capaz de ofrecer una respuesta global. Lo cierto es que todo ser humano necesita creer en algo, sea Dios, el planeta, la historia o el estado. No conozco a nadie que no crea en nada.

    Un sacerdote católico, Enrique Martínez Lozano ha escrito varios libros de los cuales me gustaría destacar uno: ¿Qué Dios, qué salvación?. En la presentación disponible en su web hace una reflexiones interesantes:
    “Cuando creíamos conocer las respuestas, nos cambian la pregunta. Es lo que ocurre en toda mutación cultural importante, como la que nos toca vivir. Inmersos en una transformación religiosa sin precedentes, constatamos a diario que mucho de lo recibido ya no nos sirve, pero nos cuesta percibir hacia dónde vamos. Los síntomas del cambio resultan cada vez más notorios, pero necesitamos ahondar en las claves que nos permitan comprenderlo en profundidad” SIGO.

  24. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    Pues bien, según M. Lozano, el problema actual consiste en el descubrimiento por parte del ser humano de su dimensión transpersonal, que se manifestaría en fenómenos tales como las redes y la forma de transmisión de la información y el pensamiento a través de ellas, la constatación de la naturaleza holística del universo o, añadiría yo, la existencia de órdenes sociales espontáneos altamente eficientes pero escasamente comprendidos.

    De manera que mientras que la religión ha sido la respuesta humana a la necesidad de “salvar al yo” ahora nos encontramos ante la necesidad de “salvarnos del yo”.

    Estas nuevas formas de relación con uno mismo, con los semejantes y con la trascendencia están transformando la mente humana en un salto evolutivo a algo desconocido. Parafraseando a Enrique Dans (quien entiende también que la mente de nuestros hijos y nietos está construida de forma diferente incluso a nivel neurológico) nos encontraríamos ante un salto evolutivo disruptivo en el cual las viejas concepciones no es que sean obsoletas sino que no sirven para dar respuesta a los nuevos interrogantes. Estamos en pleno proceso de “creación de valor” de la especie humana.

    El problema, además del que se deriva de todo salto a lo desconocido es que la mente del hombre occidental, sólidamente asentada en la razón y en la conciencia de la propia individualidad parece estar peor preparada que, por ejemplo, la de los orientales, más conscientes del sentido de “red” en la que se inserta todo individuo.

    Afortunadamente, la globalización ayudará tanto a que los “orientales” adquieran los valores propios de la civilización occidental como a que nosotros importemos de ellos sus distintas concepciones del mundo, más acordes con los nuevos retos, en mi opinión.

    Pienso que en suma “seremos colonizados” por “los chinos” lo que a largo plazo producirá un fecundo mestizaje cultural pero este fenómeno estará sujeto a fuertes tensiones de todo tipo.

    Las religiones deberán, como la filosofía y la ciencia, encontrar nuevas respuestas, por supuesto. Y si algo caracterizó siempre al cristianismo, al menos hasta la fecha y en perspectiva histórica, fue el saber evolucionar al ritmo de las concepciones antropológicas en las sociedades en que está implantado, a diferencia, por ejemplo, de lo que ha ocurrido con el Islam.

    Por eso y ya concluyo, creo firmemente que la Iglesia católica encontrará las respuestas aunque tenga que sufrir tremendos terremotos en su seno. Lo que ya no tengo tan claro es que eso ocurra en mi horizonte vital previsible.

    • Teilhard
      Teilhard Dice:

      Estimado contertulio, Hans Kolvenbach,, anterior general de los jesuitas, admitió públicamente la eventualidad de la inmediata disolución de la orden por la pérdida de sentido de su misión. Ratzinger de hecho ha “dimitido”, es decir, ha abandonado su misión. Estos son hechos que hacen evidente que el Catolicismo cubrió su época y la que ya nos viene es incompatible con sus modos y maneras. Gracias.

    • Manu Oquendo
      Manu Oquendo Dice:

      La Compañía de Jesús ha estado imposibilitada de elegir general en bastantes ocasiones. La época final de Arrupe fue una de ellas.
      Si no recuerdo mal éste tuvo una entrevista funesta con Pablo VI, –no se le permitió hablar–, y Juan Pablo II le maltrató al final de sus días. A mi modo de ver injustamente al menos en parte.

      Kolvenbach y Nicolás estuvieron a efectos prácticos “on probation” estructural y me resulta fácil entender el comentario de Teilhard acerca de su posible disolución.

      Total, si nacen como hombres de frontera con ocasión de la contra-reforma, o redefinen drásticamente su misión o se dedicarán a vegetar hasta desaparecer. Son otra organización que debe redefinirse porque el paradigma no está nunca quieto.

      Pero el hecho es que hoy la Iglesia tiene a un papa Jesuita que no era de la línea Arrupe en tiempos del General Arrupe y de hecho aisló la Provincia Argentina del contagio “Ellacuría” –por así decirlo.

      La Iglesia sobrevive mejor que las democracias porque de una u otra forma se renueva y reajusta organizativamente mejor y con más rapidez. Esto debiera hacernos pensar.

      Hoy el catolicismo está en recesión en Europa pero en el resto del mundo crece con fuerza y vigor. Con los tiempos que maneja la Iglesia esto no es nada y el patriarca ortodoxo de la Iglesia de Oriente acaba de visitar Roma por primera vez en muchos siglos.

      Sin embargo es perfectamente legítimo, –yo diría que va siendo hora–, que también nos preguntemos si sigue teniendo vigencia la forma de estado que –tras no pocos cambalaches– emerge de la Revolución Francesa o si dicho modelo ya ha dado muestras de que su “fecha de consumo preferente” ya ha pasado.

      Buenas noches

  25. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    Estimada Teresa: Gracias por su comentario. Su pregunta sobre la conveniencia del Humanismo en la actualidad me lleva a una respuesta rápida: Por supuesto. Para crecer nuevamente como personas en lugar de crecer exclusivamente en consumo absurdo e inútil. Para dedicar tiempo otra vez a los libros de papel y recuperar las enseñanzas que nos aportan. Para encontrar momentos de encuentro directo entre personas que se hablan directamente en lugar de por las redes sociales. Para debatir sin agredir. Para superar los miedos, hipocresías y convenciones sociales y religiosas impuestas. Para abrir caminos como se abre vía en la escalada, para que otros puedan seguirnos hacia la cumbre. Para enseñar a volar por encima de lo gris y mediocre que llamamos realidad. Para tener sueños, proyectos, ilusiones…para vivir siendo nosotros mismos.

  26. Teilhard
    Teilhard Dice:

    Gracias Teresa, por apoyar públicamente,en este foro, un debate que quizá exceda de sus límites naturales. Si duda todo confluye en las diferentes cosmovisones y yo diría más, de la sinceridad de las que nos hacemos. Se trata de un proceso de superar supersticiones.

    Ajusted si que sabe transmitir el gozo con sus palabras.

    Teilhard

  27. Teilhard
    Teilhard Dice:

    Sr. Oquendo, un pasito no es suficiente. Hay que evitar toda superstición. Ser sinceros y veraces. Gracias

  28. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    Ratzinger ha dimitido por razones que él ha explicado claramente: No se siente con las fuerzas suficientes para liderar la Iglesia en el sentido que ésta necesita. Él es un teólogo no un hombre ejecutivo y como intelectual me parece que sus escritos son de una altura y profundidad difícilmente alcanzables. Sus diálogos con Habermas son fantásticos.

    Con su dimisión ha dado una lección de humildad a los poderosos y de paso deja las manos libres a su sucesor para que haga la limpia que estime necesaria apelando a la conciencia de los que mandan en el Vaticano. Como me acaba de decir un cliente que sabe mucho de neuromarketing y del fenómeno de las redes, lo que ha pasado en la Iglesia en estos dos meses es lo más ilusionante y estimulante que ha acontecido en la historia del mundo en los últimos 30 años. Mi cliente no es creyente.

    Muchas veces se ha enterrado a la Iglesia, pero ésta ha pasado por episodios históricos que convierten al actual en una broma, empezando por la crucifixión de su fundador.

  29. Josef K.
    Josef K. Dice:

    Pues yo le pondría la música de la primera Sinfonía de Gustav Mahler. Conocida como Titán. Generó opiniones encontradas, es difícil entender el tercer movimiento que combina una marcha fúnebre con una popular canción de niños Frère Jacques. Mahler lo justifica diciendo que en el mundo se yuxtaponen la crueldad, la jovialidad y la trivialidad.

  30. Teilhard
    Teilhard Dice:

    Estimado Sr. Enerceus,

    Dice usted bien. Ratzinger ha «dimitido. «Di-mitido». Renunciado a su misión. Pero tenga en cuenta que no es una misión cualquiera. Es la de ser «vicario de dios en la tierra». Ahí es nada. Y a esa misión no ha sido llamado de cualquier manera sino por «intercesión del Espíritu Santo». Y si la misión de cualquier cura de pueblo «imprime orden», es decir es irrenunciable, cuanto más la de obispo de Roma. Y si dios ata en el cielo todos y cada uno de los matrimonio católicos, y no esta dado desatarlos en la tierra, ¿como puede nadie enmendarle la plana «dimitiendo» del esposorio del pastor supremo con su rebaño?. En fin como dijo el obispo polaco, ¿le es dado al papa, en quien todos se fijan, «bajarse de su cruz»?.

    Sr. Enerceus, está en la esencia del cargo, en la misión del papa, en fin, en su teología, la irrenunciabilidad de su cargo, la imposibilidad de su dimisión, una dimisión frente a dios, el enmendarle la plana al Espíritu Santo, etc.

    Por eso la dimisión del papa es una «revolución teológica» en la que el hombre papa se deshace del compromiso del papa en cuanto vicario de dios. En fin ¿puede un padre dimitir de ser padre sin cambiar todo , derecho de familia? Pues del mismo modo no puede renunciar el vicario de dios sin cambiar toda la teología católica.

    Un saludo

  31. Teilhard
    Teilhard Dice:

    Sra. Cabarrush.

    Si fuéramos dios la verdad sería una. Pero como simples humanos, sólo tenemos una visión parcial y limitada de las cosas. Por eso nuestras verdades mudan. Gracias a ello Galileo pasó de ser un hereje a ser el padre de la ciencia.

    Como dijo Kelsen. Quien se cree en posesión de la verdad absoluta, tarde o temprano se cree con el derecho de imponerla a los demás.

    La única verdad que nos alcanzable es la que aumenta nuestra potencia de actuar, la potencia de la multitud y por ello ha de ser mudable porque los tiempos mudan.Por ello me parece triste que el estado mantenga intactos los presupuestos de las iglesias y sin embargo reduzca los de educación, investigación y sanidad. ¿Quizás es que piensan decirnos que recemos cuando enfermemos?

    Por la riqueza y profundidad del blog, yo me inclinaría más a identificarlo con la música barroca de Bach. Quizás una cantata. ¿Qué le parece «Es war ein wunderlicher Krieg» de la número 4?

    Un saludo afectuoso

  32. IGNACIO MALDONADO
    IGNACIO MALDONADO Dice:

    Saludo a todos los brillantes y eruditos copartícipes en este Blog, al que me uno por primera vez.
    Son tantas y tan profundas las aportaciones realizadas en estos días, que me es muy difícil seleccionar los puntos donde quiero meter mi granito de arena, así que trataré de esquematizar las ideas que me han sido sugeridas.
    En primer lugar, gracias a Javier por su latigazo de salida. Sus reflexiones, cómo todas las que se contienen en sus libros, son siempre de una agudeza extrema, y sólo me atrevo a practicar una modesta glosa a las mismas.
    En relación a la proliferación en la sociedad occidental, en estos años de crisis, de manifestaciones pesimistas y angustiadas, con cuya descripción se inicia el post, quizá se podría considerar que en el fondo reflejan otras dos brillantes aportaciones de nuestra civilización, como son la capacidad de autocrítica y la conciencia de la propia individualidad. En cualquier caso, estoy seguro de que ésta crisis se acabará por superar y, al menos hasta que se desate la siguiente, recuperaremos una cierta tranquilidad de espíritu.

    El mismo día treinta y uno de marzo tuve la fortuna de hallarme físicamente en la Plaza de San Pedro y de escuchar “en directo” al Papa Francisco confesar su inmensa alegría y satisfacción al poder proclamar la resurrección de Cristo. Precisamente había terminado en esos días “Necesario pero imposible”, y pude tener la oportunidad de enlazar ambas experiencias.
    Debo decir que la lectura de la última obra de Javier me había dejado un cierto sabor agridulce. Sobre todo, comparándola con los sentimientos que me despertó su también excelente “Aquiles en el gineceo”. Si la grandeza de la persona humana se manifiesta en su voluntad estoica y heroica de aceptar la propia finitud, pensaba yo, ¿por qué considerar a esa finitud, a la muerte en definitiva, cómo reflejo de algo injusto o indigno, sólo quizás compensado con una (para mí) decepcionante mortalidad prorrogada? Sus comentarios en este Blog han disipado mis dudas, al recordar que la esperanza puede iluminar esa interiorización de los límites de nuestra existencia.

    Aún prescindiendo de connotaciones sobrenaturales, son muchos los que ven la muerte cómo algo natural y hasta inevitable, parte de la misma vida, igual que lo es el nacimiento. Sólo un paso, tal cómo recuerda Curro en su entrada.
    Recuerdo que Brillat-Savarin, en una de sus “Meditaciones de Gastronomía Trascendental”, relata una ocasión en que obsequió con una copa de vino a una anciana pariente suya, moribunda. Ésta, tras agradecerle el gesto, le hizo la siguiente revelación: cuando se llega a cierta edad, la muerte es, cómo el sueño, una necesidad.
    Es evidente que no todas las personas asumen sus momentos finales con una tal serenidad. Para ello, sería necesario haber llevado una vida realmente plena y satisfactoria, cómo propone Rodrigo en sus aportaciones. Por eso, podría ser plausible considerar que lo injusto e indigno no es tanto la muerte en sí cómo el sentimiento de frustración o impotencia a que su llegada puede dar lugar, según las circunstancias de cada uno.

    En cuanto a la inevitabilidad de la muerte, que con gran brillantez cuestiona Teilhard, parece que por el momento no es tan seguro que sea algo que se pueda soslayar. En efecto, en teoría la Telomerasa puede impedir el envejecimiento de las células, pero parece ser que en los seres vivos complejos (cómo el hombre) también podría provocar un cáncer, ya que se aprovecharían de sus efectos todas las células, también las tumorales.
    Por otra parte, si, cómo parece ser, las neuronas no se regeneran, podríamos encontrar individuos dotados de una gran longevidad (cuasi-inmortalidad) pero con facultades mentales irreversiblemente dañadas, cómo los Struldbrugs que se encontrara Gulliver en uno de sus viajes. Esto, unido a la persistencia de la posibilidad de muertes accidentales o provocadas (incluidos suicidios), justificaría esa sensación de frustración e impotencia de que hablaba antes.
    En definitiva, parece que de momento la muerte sigue siendo tan segura cómo los impuestos, según la conocida frase atribuida a Benjamín Franklin.

    Coincido con Ennecerus en que la Iglesia sabrá adaptarse a los cambios de la nueva era globalizada, tal y cómo ha hecho en el pasado repetidas veces, y me atrevo a añadir que sin renunciar a sus principios.
    Por lo que se refiere a la pequeña diferencia de criterio entre el rasgo de Benedicto XVI, me permito sugerir que lo que ha hecho no es tanto una dimisión cómo una renuncia. Es decir, de naturaleza no recepticia. El Colegio cardenalicio no ha tenido que aceptar nada. Simplemente, ha constatado una vacante en el cargo y ha procedido a cubrirla.
    En cualquier caso, está claro que ahora nos enfrentamos a una situación especial, puesto que hay dos Papas, sólo que uno es efectivo y el otro emérito. Confiemos en que éste último continúe su labor pastoral y nos siga obsequiando con los frutos de su prodigiosa inteligencia.

    Para terminar esta modesta contribución, me gustaría proponer a mi vez una pieza de música. Sería también de Mahler, concretamente el cuarto de los Rückert-Lieder al que el maestro dotó de una prodigiosa melodía, y cuyo título contrasta con mi actitud personal al atreverme a participar por primera vez en este foro:
    Ich bin der Welt abhanden gekommen
    Gracias a todos los que hayáis tenido la paciencia de leerme.

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