Sobre la sostenibilidad demográfica del Sistema de Seguridad Social

 

Últimamente, no dejan de estar presentes en los medios, numerosas propuestas y discusiones acerca de la evolución de nuestro sistema de pensiones y de las tensiones financieras para su sostenimiento presente y futuro. Resulta evidente que el elemento financiero es uno de las bases esenciales del sistema, pero también es cierto que nos encontramos ante una realidad compleja que no puede reducirse solo a cálculos actuariales o financieros. Existen elementos sociológicos, jurídicos y demográficos que también deben tenerse en consideración y sobre los que también es posible actuar para favorecer la continuidad del modelo.

 

Si queremos preservar en España este Sistema de Seguridad Social que, junto con el resto de las instituciones que conforman lo que se denomina “estado de bienestar”, constituye una de las principales señas de identidad del modelo social europeo es necesario tener una perspectiva más amplia en donde no se pierdan de vista otros factores tan importantes o más que el financiero.

 

Podría decirse que nos encontramos ante una enorme y pesada construcción que se asienta sobre cuatro grandes patas -financiera, política, demográfica y jurídica- que garantizan su sostenibilidad pero que deben estar equilibradas entre sí, pues en caso contrario se corre el riesgo de que el edificio pierda el equilibrio y termine derrumbándose. Cómo ya advertimos antes, es obvio que la sostenibilidad financiera es fundamental y, de hecho, los primeros intentos de crear sistemas de previsión social en el siglo XVIII fracasaron precisamente por errores de base en sus previsiones actuariales. Pero como comentamos en un artículo precedente, poner el peso de las reformas sólo en estas medidas paramétricas en menoscabo del principio contributivo del sistema puede afectar, si se rompe el equilibrio, a su sostenibilidad social o política.

 

En otra ocasión me gustaría explicar con más detalle a que me refiero con la expresión “sostenibilidad jurídica”, mas hoy quisiera centrarme en la relevancia que tiene la sostenibilidad demográfica para el sistema y en la necesidad imperiosa de introducir también reformas en las políticas públicas orientadas a este ámbito a fin de preservar para las generaciones futuras un modelo que se ha demostrado eficaz no solo para garantizar la subsistencia de quienes se encuentran en una situación de necesidad por carecer -por su edad o por otras circunstancias- de capacidad para realizar un trabajo productivo que les permita mantenerse por sí mismos; sino, al mismo tiempo, garantizar una duradera estabilidad social que se ha traducido en el mayor periodo de paz dentro de Europa occidental en toda su historia.

 

Desde ya hace décadas el elemento demográfico es analizado como una constante no susceptible de verse alterada y así, entre los expertos, la invocación del progresivo envejecimiento de la población en Europa en general y, en España en particular, aparece una evidencia inevitable de que nos encontramos, parafraseando a García Márquez, ante la crónica de una muerte anunciada. Lo cierto es que la experiencia ha mostrado que los efectos de este envejecimiento de la población autóctona puede ser parcialmente compensado en épocas de crecimiento económico con la llegada de trabajadores llegados allende las fronteras que, en muchos casos, se asimilan a nuestra cultura y se consolidan como población nacional estable.

 

Sin embargo, esta circunstancia coyuntural no puede considerarse como una solución y, en cualquier momento podrían surgir otras circunstancias excepcionales (una guerra, una epidemia…) que unidas a la presente decadencia en la natalidad podrían quebrar definitivamente este equilibrio demográfico cada vez más precario, lo que en determinadas circunstancias no solo podría hacer peligrar las pensiones futuras si no, incluso, nuestra propia existencia como nación, civilización o cultura, pudiendo por terminar siendo asimilados o absorbidos por otros pueblos más numerosos, jóvenes y enérgicos.

 

Pero hay que admitir que a día de hoy, en ese sentido, nuestra realidad es desoladora. Las políticas públicas (fiscales, de protección social o subvenciónales) en este momento están basadas en un modelo de redistribución de la riqueza que penaliza a las familias de clase media y que siguen estando orientadas a que el número de nacimientos disminuya o, en el mejor de los casos, a que se mantenga. De esta manera, la tendencia es una familia tipo de entre uno o dos hijos, con lo que no se alcanzaría a largo plazo ni siquiera a mantener la población de una manera vegetativa.

 

Efectivamente, el apoyo desde los poderes públicos a las familias, entendidas en un sentido amplio por toda la diversidad de modelos que nuestra sociedad actual permite, es prácticamente nulo. La Ley 40/2003, de 18 de noviembre, de protección de familias numerosas, su desarrollo reglamentario y lo regulado por las Comunidades Autónomas en su ámbito competencial establecen unos mecanismos de ayuda raquíticos que tal vez puedan paliar parte de alguno de los costes (gastos de transporte, actividades deportivas, educación…) en los que incurren las familias con más de dos hijos, pero en ningún modo constituyen un incentivo para amentar la familia. La prestación a favor de familiares del Sistema de Seguridad Social en su actual configuración apenas alcanza para resolver situaciones de necesidad límite, por lo que tampoco puede considerarse un incentivo. Los beneficios fiscales son insuficientes y algunas reformas recientes, como la llevada a cabo en los que se refiere a la relación laboral especial de los trabajadores del servicio doméstico, no hacen sino incrementar los costes que han de afrontar las familias con hijos a cargo en la que los dos progenitores trabajan fuera de casa.

 

Teniendo en cuenta los dudosos resultados de algunas experiencias como la británica y sus intensas ayudas sociales a las madres solteras, estas políticas públicas deberían incidir no sólo en el ámbito de las familias sin recursos son que deberían enfocarse especialmente hacia las clases medias pues son las que mejor pueden asumir por sí mismas la crianza de esos hijos dándoles una formación y una preparación que los haga crecer saludables

 

Desde nuestro punto de vista, resulta imprescindible para garantizar la sostenibilidad demográfica de nuestro Sistema de Seguridad Social a medio y largo plazo, desarrollar una serie de políticas públicas que incentiven un leve crecimiento demográfico marcándose como objetivo generar una familia tipo de tres hijos. Esto podría conseguirse incrementando, por una parte, los beneficios fiscales a las familias con rentas medias y, por otra, incrementando las actuales subvenciones o subsidios a aquellas otras familias que por su insuficiencia de rentas a las que los beneficios fiscales no favorezcan; reforzando las políticas de igualdad de trato entre el hombre y la mujer en el ámbito laboral, de manera que la maternidad no suponga un obstáculo insalvable en el desarrollo profesional de la mujer; potenciando aún más el acceso de las familias a determinados servicios públicos educativos, sanitarios, deportivos y culturales; estableciendo actividades de marketing social orientadas a prestigiar el papel de los progenitores (cualquiera que sea su tipo) y, superando enfoques ideológicos o religiosos, realzando el valor de la crianza de los hijos.

 

En el resto de la Unión Europea ya se han introducido medidas en este sentido. Así, por ejemplo, Alemania que tanto nos sirve de modelo últimamente dispone de un sistema de ayudas a las familias que bien podría tomarse como referente. Si se favorece desde los poderes públicos un crecimiento demográfico sostenible y equilibrado, la cuestión en lo que se refiere al Sistema de Seguridad Social se centraría en aguantar la situación durante los próximos veinte años, hasta que las nuevas generaciones se incorporen a la economía productiva.

 

 

6 comentarios
  1. Lucía de las Heras
    Lucía de las Heras Dice:

    Con un paro del 25% es imposible que el sistema de Seguridad Social se mantenga. En mi opinión hay que atajar radicalmente el problema del desempleo, creando un comisionado para la lucha contra el paro con categoría de vicepresidencia del Gobierno, donde se centralicen todas las políticas de creación de empleo. Junto a ello, habría que hacer una nueva reforma laboral en que se copien (o sea, se traduzcan y pongan en vigor, palabra por palabra) las leyes laborales alemanas u holandesas (países que sí están creando empleo). Hay que ir a una total desjudicialización de los despidos, de forma que se introduzca la figura del desistimiento empresarial (que ya existe para la alta dirección y para empleados de hogar, pero no para la relación ordinaria) con indemnización tasada que no pueda modificarse por vía judicial. Los ceses objetivos (individuales o colectivos) siguen impugnándose judicialmente porque el trabajador no tiene nada que perder (los 20 días/año son inamovibles, así que ¿por qué no demandar para conseguir 45?). Las causas técnicas, organizativas y productivas son conceptos jurídicos indeterminados que los tribunales aplican discrecionalmente y a su antojo. Y esto impide a las empresas hacer previsiones económicas claras, porque están sujetas a la impredicibilidad de los jueces de lo social, generándose un miedo a contratar incompatible con la creación de empleo.

  2. KC
    KC Dice:

    José María, ideologías aparte, es bastante curioso que, como le recuerda Lucía, no haya nombrado mucho el tema del desempleo español. ¿Podría explicarme usted cómo se mantiene la sostenibilidad de su sistema si cada vez hay mayor número de personas sin un mínimo de poder adquisitivo, independientemente de que sean más o menos?

    Un aumento “artificial” en la demografía podría resolver unos problemas, pero también generar muchos otros. Es una cuestión muy relativa. Lo que no acabo de ver es que ese tema demográfico sea la raíz del problema (sí importante obviamente, pero no la raíz). Porque claro, está muy bien, por ejemplo, lo de eliminar subvenciones para incentivar a que la gente trabaje, pero explíqueme qué sucede cuando el problema no es que la gente quiera o no trabajar, sino que, en general, NO HAY TRABAJO por muchas razones que SÍ son la esencia del problema español (entendiéndose trabajo lo que dicen las leyes laborales, obviamente), como la rotunda y NOTORIA falta de previsión de sus líderes políticos (los cuales parecen haber estado más pendientes de otras cosas) y de técnicos con criterio para elaborar sistemas.

    El tema es tan sencillo como ésto: si usted es un país incapaz de generar empleo por diferentes razones, no busque otras.

    Lo que sí le aconsejaría es que en relación a estos temas intentara evitar comparaciones con los británicos, porque corre usted el serio peligro de hacer el ridículo. Incluso ahora que Cameron sospecha la que se le puede venir encima.

    Lucía, esto no le va a gustar mucho a los juristas, que ellos también necesitan empleo:

    Los ceses objetivos (individuales o colectivos) siguen impugnándose judicialmente porque el trabajador no tiene nada que perder (los 20 días/año son inamovibles, así que ¿por qué no demandar para conseguir 45?).

    • Deus ex Machina
      Deus ex Machina Dice:

      Incluso con una tasa de empleo del 100% España tendrá problemas en la Seguridad Social con el paso de los años, por muchas reformas que se hagan. El envejecimiento en España es brutal, superior a la mayoría de los países industrializados. Y sería imposible que la gente que trabaje, aunque no hubiese nadie sin trabajo, a una población anciana superior a la fuerza laboral. No se sostiene.

      Por cierto, el autor habla de las reformas para incentivar la natalidad en Alemania como algo a imitar. Pues, teniendo en cuenta que sus tasas de natalidad no han parado de descender en los últimos años y que incluso son inferiores a las españolas, no sé yo si son dignas de imitar

  3. Fernando Rodríguez Prieto
    Fernando Rodríguez Prieto Dice:

    ¿Y si en realidad lo que fallara es el modelo, este modelo de reparto? Hay experiencias de transición a un modelo de capitalización muy positivas e interesantes, como la chilena.
    Tal vez los europeos nos estamos empeñando en salvar algo insalvable. Y eso los que se empeñan, porque aquí nuestros responsables prefieren ir huyendo del problema.

  4. Lucía de las Heras
    Lucía de las Heras Dice:

    Dice un comentarista que “el envejecimiento en España es brutal, superior a la mayoría de los países industrializados”, pero no llego a entenderlo pues no creo que seamos de una pasta especial ni que la “dieta mediterránea” produzca efectos tan milagrosos. No, no creo que sea el problema, e insisto en la imperiosa, inaplazable necesidad de acabar YA con el paro endémico que sufrimos en España, país que técnicamente ha estado SIEMPRE en crisis, con un paro estructural que hace décadas es siempre de dos dígitos, y permanente “farolillo rojo” de la U.E., duplicando las tasas de paro comunitarias (que a su vez quedan lastradas por el desempleo español).

    Se habla de prolongar la edad de jubilación, y de hecho ahora se ha retrasado a 67, y pronto a 70 años, pero si no se crea empleo no sirve de nada, porque lo que hace un señor de 66 ó 67 años trabajando es quitar un puesto laboral a una persona joven que debería trabajar (y cotizar) y está viviendo en casa (y a costa) de sus padres con 30 años o más. O bien tiene que irse a Alemania o Suecia…, o sea, que no cotiza en España.

    No, no es eso: la única solución real es equiparar la tasa de paro española a la europea. ¿Por qué es tan difícil, o mejor dicho imposible? (Y llevamos así décadas, con todos los gobiernos que ha habido). Pues porque la única forma de homologar nuestra tasa de paro con la europea es importar la legislación laboral europea. Y para eso hay que enfrentarse a los sindicatos, y nadie se atreve por canguelo electoral. Y ésa el la madre del cordero.

    Pero la única solución es también la más simple: Coger las leyes alemanas, contratar un traductor y ponerlas en vigor en España, sin cambiar un ápice: palabra por palabra y coma por coma.

  5. José Mª Pérez
    José Mª Pérez Dice:

    Gracias por vuestros comentarios. En este post, como adelanto al principio, solo me centro en uno de los muchos aspectos que afectan a la sostenibilidad del Sistema de pensiones, no digo en ningún momento que sea el único. En otros post en este mismo blog ya he hecho referencia a otros de los problemas que lo condicionan.
    La incidencia del desempleo es importante, pero a mi juicio se trata de una cuestión coyuntural que, previsiblemente, se superará con la reactivación de la economía y a la que las reformas paramétricas que se están abordando pueden dar adecuada respuesta. También en otros tiempos, la población activa se veía reducida por la circunstancia de que la mujer aun no se había incorporado deamnera masiva al mercado de trabajo y desde el punto de vista de seguridad social, entraba dentro del colectivo de “no cotizantes” y potenciales beneficiarios. Sin embargo ello no impidió que la Seguridad Social se fuera consolidando.
    Respecto a la cuestión de si es mejor el sistema de reparto o de capitalización podeís ver mi opinión en:
    http://reflexionesdeunhombrecorriente.blogspot.com.es/2010/11/un-sistema-de-prevision-social-viable.html y en
    http://reflexionesdeunhombrecorriente.blogspot.com.es/2011/01/la-falacia-de-comparar-el-modelo-de.html

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