La banalización del Derecho

¿Conocen ustedes, amigos lectores del blog, a alguien que no sea especialista y se atreva a publicar montones de páginas, o a impartir doctrina a diario en toda clase de medios de comunicación sobre física cuántica, cirugía laparoscópica o resistencia térmica de materiales? No, ¿verdad? Eso le parecería a todo el mundo una osadía imperdonable. Pero…. ¿cuántos legos escriben o se explayan a diario sobre Derecho sin conocerlo en profundidad y sin que su actividad resulte chocante o llamativa? Se cuentan por millones. Un breve estudio de este curioso fenómeno y de sus nocivas consecuencias es el objeto del presente post.

 

En cuestiones divulgativas y mediáticas, el Derecho resulta ser como el fútbol: todo el mundo se cree capacitado para ser el entrenador del Real Madrid o el seleccionador nacional y, sobre todo, para criticar o cuestionar en público sus decisiones. Hay tantas tácticas, estrategias y alineaciones posibles como aficionados, aunque no hayan tocado un balón en su vida. Pues con el Derecho pasa lo mismo. Personajes de todo tipo, que jamás han visto ni el color de las tapas de un Código Civil o Penal, o que no saben ni de la existencia de nuestras nada sencillas Leyes de Enjuiciamiento, pontifican a diario desde diversos y resonantes púlpitos mediáticos sentando cátedra sobre la interpretación de cualquier complejo asunto jurídico o judicial que ha saltado a la luz pública, y criticando con una alegría sorprendente la labor de jueces, fiscales, abogados del estado, notarios, registradores, letrados, secretarios, catedráticos y demás expertos en Derecho, que muy tontos tienen que ser para dedicar tantos años a estudiar algo que todo el mundo parece dominar con gran soltura sin haberle puesto ni medio codo.

 

El mundo del Derecho es, y cada vez más, tremendamente complejo, integrado por multitud de disciplinas diferentes, cada una de ellas con una normativa hiperdesarrollada, dispersa y con múltiples interrelaciones entre sí, que hay que conocer en profundidad, y no sólo la normativa, sino también los principios básicos que la inspiran, para poder integrar e interpretar correctamente sus lagunas y deficiencias. Hoy existen, además, multitud de órganos legisladores o creadores de leyes: autonómicos, nacionales, europeos,… Y qué decir de la abrumadora, variada y cambiante Jurisprudencia de los diferentes Tribunales de Justicia, acumulada en multitud de bibliotecas y bases de datos. Pretender banalizar todo ese complejo mundo de normas, principios y sentencias para hacer con él frívolos comentarios de salón, carentes la mayoría de rigor alguno, y dirigidos casi todos ellos por un criterio puramente ideológico, por determinadas filias o fobias personales, o por una concreta línea editorial, puede resultar un entretenimiento atractivo y útil para llenar páginas de periódicos o programas de radio o televisión, pero produce un flaco servicio al sistema jurídico y al Estado de Derecho en general. Y, además, no está exento, en mi opinión, de graves riesgos para los derechos individuales de las personas.

 

Nada tiene que ver lo que aquí estoy criticando con el verdadero derecho a comunicar o recibir información veraz, absolutamente indiscutido y consagrado en nuestro país por el artículo 20 de la Constitución. Por supuesto que los medios de comunicación tienen que dar cumplida información sobre los acontecimientos de trascendencia jurídica o judicial que tengan interés general. Pero ese derecho no debe transformarse por sistema en la costumbre de frivolizar de manera casi siempre tendenciosa, y por personas carentes de la más mínima cualificación, sobre importantes asuntos en los que están en juego la vida, la hacienda y la honra de muchas personas. Hoy en día, con una tremenda judicialización de la vida pública por razones de todos conocidas, muchos medios de comunicación pretenden sustituir la instrucción judicial por la suya propia, que es cualquier cosa menos imparcial y respetuosa con los derechos fundamentales de las personas. Otros países como Francia han aprobado una normativa que contiene fuertes restricciones a la posibilidad de proporcionar información escrita o gráfica sobre instrucciones judiciales en curso para proteger los derechos de los simplemente investigados, evitando así la injusta y precipitada “pena del telediario”, tan habitual por estos lares. Y para que vean que el tema que estoy tratando no es, para nada, un asunto baladí, vean ustedes algunos de los efectos negativos que esa banalización o vulgarización del Derecho produce en un país como el nuestro:

 

Por un lado, esa banalización está influyendo en el propio legislador, produciendo, indirectamente, una perversa forma de legislar. Hoy se legisla de una forma torrencial y con una pobreza técnica espeluznante, lo que produce una tremenda merma en la seguridad jurídica de las personas y sus derechos. Cualquier actividad humana está regida en la actualidad por multitud de leyes, reglamentos, órdenes, resoluciones, instrucciones y demás normas de diversa índole, muchas de ellas imprecisas, dispersas e incluso contradictorias entre sí. Y la gran mayoría de esas normas, como está sucediendo últimamente en materia de desahucios e hipotecas, se elaboran deprisa y corriendo para “satisfacer” demandas inmediatas de medios de comunicación o campañas de ciertos movimientos políticos y sociales, sin existir un estudio serio, reflexivo y pausado de su necesidad, conveniencia, implicaciones y demás consecuencias legales, que siempre son muchas, dada la tremenda y compleja interrelación que existe entre las diferentes materias jurídicas. Durante mucho tiempo he pensado que esa forma tan pobre, imprecisa y oportunista de legislar, característica de estos años recientes, era un problema o defecto del legislador, siempre tan acuciado por las necesidades inmediatas y las prisas de los políticos, más preocupados de vender un titular a los medios que de garantizar una mínima seguridad jurídica. Hoy ya no estoy tan seguro de ello. En los últimos tiempos tiendo a pensar que la inseguridad y la imprecisión técnica que emana de multitud de normas de reciente cuño no es casual sino premeditada, y que nuestros infames gobernantes necesitan esferas de arbitrariedad para hacer lo que les venga en gana en muchas materias delicadas (normativa fiscal, bancaria, laboral, de blanqueo,…). Y no soy el único que piensa así. Otros editores, colaboradores y comentaristas de este blog ya se han manifestado varias veces en parecidos términos sobre este tema.

 

También se produce un uso banal del Derecho en algunas investigaciones judiciales o administrativas, cuando muchas veces se encargan informes sobre asuntos complejos a personas carentes de la capacitación o especialización necesaria para ello. He conocido casos de agentes policiales que no pasaron del Bachillerato Superior elaborando informes sobre enrevesados asuntos jurídicos con implicaciones civiles, mercantiles, administrativas y penales, y poniendo alegremente en jaque la labor de profesionales jurídicos altamente cualificados. O de funcionarios tributarios con formación exclusivamente económica firmando con una valentía espeluznante informes inculpatorios “interpretando” dificultosas cuestiones civiles, hipotecarias o notariales. En la ejemplar Sentencia sobre el Caso Ballena Blanca dictada hace un par de años por la Audiencia Provincial de Málaga consta el testimonio de varios agentes de policía judicial que declararon ante el perplejo Tribunal haber recibido el encargo de sus superiores de elaborar un informe sobre sofisticadas inversiones extranjeras con sociedades interpuestas y posible blanqueo de capitales dándoles previamente las conclusiones a las que tenían que llegar, y pidiéndoles que “rellenaran” el texto justificatorio como buenamente pudieran.

 

Por otro lado, esa banalización produce también otros efectos negativos sobre los diferentes operadores jurídicos: es el triste asunto de los “juicios paralelos”, que ya he tratado anteriormente en dos posts publicados en este blog (aquí y aquí)  y que tan perversos efectos produce en procesos judiciales en curso, tanto por las filtraciones interesadas de sumarios que se realizan siempre por alguna de las partes en litigio –normalmente la más poderosa o cercana a algún medio de comunicación- en perjuicio de la otra, como por las presiones mediáticas incesantes que acaban ejerciendo una influencia indudable sobre jueces y fiscales para que adopten los comportamientos o dicten las resoluciones que “su público” -convenientemente manipulado por los diferentes seriales mediáticos, que carecen en general del más mínimo rigor y de la obligada confrontación de partes- está esperando ansioso de ellos.

 

En definitiva, y para terminar, los países no salen de sus peores crisis sólo arreglando sus cifras macroeconómicas, sino haciendo que todas las cosas funcionen mejor. El nacimiento del Derecho supuso que los hombres dejaran de solucionar sus controversias a golpes o a machetazos para someterlas al dictamen civilizado y razonable de otros hombres. Por ello es absolutamente necesario que todos tengamos un respeto mucho mayor por el Derecho, y aceptemos su complejidad como lo hacemos naturalmente con otras materias que nos resultan de indiscutible manejo sólo para especialistas. El Estado de Derecho y la seguridad jurídica, como defiende con pasión este blog desde su creación, son lo que diferencia la vida selvática de la civilización. Pero degradando uno y otra estamos volviendo a la selva a pasos agigantados, aunque calcemos relucientes mocasines.

 

67 comentarios
  1. Fernando Gomá Lanzón
    Fernando Gomá Lanzón Dice:

    Alvaro, tu post tiene, como todos los tuyos, una virtud de base: das ideas complejas con una enorme sencillez, una facilidad que en realidad es muy difícil. Y lo cierto es que en realidad ésts es un post de posts, porque tocas bastantes temas que merecerían desarrollarse por sí mismos a modo de spin off. Especalmente trascendente e interesante es la cuestión que ya se habló en un anterior post tuyo, en los comentarios, en relación a que la pésima técnica lggislativa pudiera ser que no fuera algo negligente, sino, quizá en parte algo querido, una forma antidemocrática de control del ciudadano, al ofrecer un ámbito de arbitratriedad enorme a la administración.

  2. Lucas
    Lucas Dice:

    Claro, razonado y veraz. Todo lo contrario a las leyes, actuaciones públicas y privadas que denuncia. La banalización de la que habla ha llegado hasta el extremo de que, ahora mismo, los ministerios de Justicia y de Economía propugnan novedades normativas, todas ellas en curso, que son contradictorias en sus principios y en sus fines. Uno propone mantener profesiones jurídicas, el otro cercenarlas. Y es sólo un ejemplo. Es difícil no ver en estos ejemplos un caso de mero empleo del Derecho como técnica al servicio de una determinada concepción del poder y no se sabe muy bien qué intereses.
    Felicidades por el post.

  3. FBR
    FBR Dice:

    Evidentemente el post es totalmente plausible por lo que denuncia, pero a mi me parece a la vez contradictorio por el ejercicio de crítica hacia “los críticos”. Si se establece que el derecho está banalizado, no puede pretenderse que para comentar sobre derecho se tenga que ser un experto. Bien traída la comparación con el fútbol, pues a eso han reducido el derecho, a un asunto susceptible de las más diversas opiniones y casi todas ellas válidas, y con posible receptáculo en el orden jurisdiccional. Tal y como indican el autor y los comentaristas, es fácil hoy defender lo uno y lo contrario, y todo ello con cumplimiento “estricto” de la normativa, eso sí, de la que convenga.
    En ese orden de cosas me parecen fácilmente justificables actuaciones que aquí se han criticado “limítrofes” con el derecho, como el caso de los escraches y similares.
    Es fácil discernir a quien conviene todo esto; quienes son los receptores del poder que se le arrebata al derecho. Solo queda un poder efectivo: Don dinero. El que lo tenga tendrá “derecho”, el que no, será otra víctima más del mismo.

  4. DMM
    DMM Dice:

    P: “¿Conocen ustedes, amigos lectores del blog, a alguien que no sea especialista y se atreva a publicar montones de páginas, o a impartir doctrina a diario en toda clase de medios de comunicación sobre física cuántica, cirugía laparoscópica o resistencia térmica de materiales?”

    R: Sí. Lamentablemente ocurre en cualquier disciplina. Probablemente cuanto más compleja es la materia, los “supuestos entendidos” se sienten más impunes y seguros. No se sientan especiales por ser juristas.

  5. JuanAVazq
    JuanAVazq Dice:

    Completamente de acuerdo con el contenido del post. Sin embargo, es necesario reconocer que no es tan fácilmente aceptable la complejidad del derecho como la de otras disciplinas. La complejidad de la física nuclear no la crean los físicos y los ciudadanos no acostumbramos a ir por ahí montando centrales nucleares. Mucha de la complejidad del derecho sí la crean los leguleyos y los ciudadanos sí estamos haciendo contratos continuamente.

    El derecho tiene dos niveles de complejidad: el inherente a la materia y el creado por los propios operadores jurídicos; éste es muchas veces inútil y tiene finalidades que nada tienen que ver con el buen derecho, sino todo lo contrario: ofrecer ámbitos de arbitrariedad a la administración, hacer imprescindible la participación de profesionales del derecho en negocios en los que serían absolutamente prescindibles, etc. Creo que todos los profesionales del derecho deberían esforzarse porque el derecho tuviera la complejidad mínima necesaria y fuera comprensible para los ciudadanos. Pienso en los jueces que redactan sentencias absolutamente incomprensibles para quien se juega su hacienda o su libertad; abogados que hacen contratos interminables para negocios simples (en una ocasión alquilé una plaza de parquin y la gestoría redactó un contrato de 15 páginas; estupefactos se quedaron cuando comprobaron que iba a leerlas todas); y, como no, nuestros legisladores que en una disposición adicional de una ley modifican otra que no tiene nada que ver y días después hacen una corrección de errores que cambia ambas, todo lo cual había estado previamente regulado por las comunidades autónomas.

    Todo ello dificulta un nivel mínimo de compresión del derecho por parte de los ciudadanos, que creo que es imprescindible en una sociedad democrática, e incrementa la inseguridad jurídica.

    Finalmente, mi reconocimiento a todos aquellos que son capaces de ganarse la vida opinando de derecho, economía, política, alimentación, fútbol, medicina… de todo, sin tener la más remota idea de nada.

    Un saludo,

    • Isidro
      Isidro Dice:

      No creo que sean los operadores jurídicos los que quieran conplicar el ordenamiento jurídico para hacer imprescindible su partipación. Esta web es buen ejemplo de ello. No conozco sitios médicos, economistas, técnicos… que arremetan contra el derecho vigente, sí por el contrario una gran mayoría ee juristas que no comparten el derecho que estudian y aplican. Sobre los efectos beneficiosos en el negocio, la curva parece haberse invertido. Recuerdo este post que defendió esta cuestión en sus últimos párrafos sobre una acusación a los abogados como culpables del sistema vigente,

      http://hayderecho.com/2013/03/12/no-es-porque-sean-abogados-es-porque-son-politicos-respuesta-al-profesor-sala-i-martin/

    • Francisco Fernández
      Francisco Fernández Dice:

      Estimado Juan,

      La complejidad de la actividad de los juristas no está generada por éstos para asegurarse un puesto de trabajo y una posición. Posiblemente los puntos que a menudo sorprenden a los legos en Derecho son por un lado el lenguaje de difícil comprensión y por otro lado la estructura de las leyes, de compleja esquematización.

      Si los textos jurídicos están redactados con elevada complejidad es por la precisión que poseen los términos que no son comunes. Si las sentencias, leyes etc. se redactaran en el lenguaje del bar de la esquina, la inseguridad sería de un calibre insoportable y cualquier disposición sería cuestionable ya que cada término tendría una interpretación diferente. Existen términos de una precisión perfecta o casi perfecta, y que se usen es una cuestión de seguridad. Que el groso de la población no conozca el contenido de estos términos no es el resultado de una estrategia de los juristas.

      En segundo lugar, las leyes están estructuradas de manera compleja y pocas veces puede hacerse un esquemita de lo que dispone una ley. Por qué? Porque la realidad que regula la ley es terriblemente compleja. Otra cosa es que el lego en Derecho piense que un contrato se puede reducir siempre (!) a apalabrar una venta o que asegurar un pago es firmar en una servilleta.

      La concepción reducida y la voluntad de simplificar todo lo jurídico es imposible, va en contra del propio ser del Derecho. La complejidad del Derecho es siempre inherente a su naturaleza.

      Respecto a los ciudadanos sólo tengo que decir que es muy atrevido cuestionar sentencias judiciales cuando nadie se la ha leido. Pero claro, para entenderla, hay que conocer el Derecho.

  6. Alvaro Delgado
    Alvaro Delgado Dice:

    Este post no quiere ser en absoluto una crítica a los “críticos”. Los críticos serios y con fundamento son absolutamente necesarios para que todo avance. Esa es, entre otras, la misión de este blog. Pero bajo la aureola de “analistas de la actualidad” se cobijan muchos indocumentados, bastantes de ellos simplemente frívolos e incluso malintencionados, cuya crítica es banal, vulgar y totalmente prescindible. Y viven de ello! Este post es una llamada de atención para que todos respetemos más el Derecho, empezando por su creador, que está haciendo muy mal (o realmente muy bien para determinados inconfesables intereses) su delicado e importante trabajo. Pero esto ya será objeto de desarrollo en otro post que está en preparación. Muchas gracias a todos.

  7. Alfredo Herranz
    Alfredo Herranz Dice:

    Me ha inspirado una entrada en mi blog. De la que extracto esto:

    “El ejemplo comparativo utilizado en esa entrada no es válido, pues expresa que no veremos a la gente hablar de fisica cuántica o de complejidad similares con la alegría que hablan de cuestiones jurídicas, pero es que el Derecho con mayúsculas, y en esto soy heredero de las teorías antiformalistas, surge por creación del pueblo, con lo cual ¿cómo no va a opinar el pueblo sobre el Derecho? Si las normas las crean nuestros representantes y se nos aplican a nosotros, el ciudadano tiene perfecto derecho a opinar de las normas y de las cuestiones jurídicas.

    Otra cosa distinta es la validez de la opinión o la diferencia entre opinar sobre cuestiones generales o éticas o morales o sobre cuestiones técnicas. Que se pueda opinar no quiere decir que toda opinión sea fundamentada o sea válida. Y ahí es donde entran no los límites sino la importancia de la educación y de la información”

    Por cierto, yo tambien pienso que la complejidad normativa y la proliferacion de normas lo que tiene como objetivo es complicar el control de los politicos y de la administracion. No hay más que ver las reformas que introducen tras cada “avance” contra la corrupcion

  8. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Alvaro, lo que denuncias tan brillantemente (y que no es un fenómeno solamente español, aunque aquí se agudiza por aquello de los 17 parlamentos y por tener un Gobierno que confunde gobernar con legislar) creo que es una manifestación de que ahora legislar, decretar o sentenciar se considera “hacer política”, y claro, sobre política opina todo quisque tengan o no unos mínimos conocimientos técnicos. Sobre esta perversa deriva me encantaría que profundizaras tú o cualquiera de los numerosos colaboradores y lectores. Yo, por ejemplo, tiro la toalla ante el BOE, no me siento con ánimos para leer tanta palabrería hueca y tanta ocurrencia un viernes sí y otro también. Por no hablar de los parlamentos autonómicos.

  9. Jose Amat
    Jose Amat Dice:

    La verdad es que la opinión pública es relevante para cualquier intento de innovación jurídica. Pero los ciudadanos no se preocupan por verificar el sustento de los discursos con la opinión académica, que si bien no fuese siempre unánime al menos impone coherencia, y fundamentalmente un derrotero de desarrollo.
    Recientemente lo noto en mi país, Perú, donde las discusiones sobre Derecho del Consumidor y diversas tentativas de legislación están dirigidas por representantes de asociaciones con ansias de notoriedad. Ya cada vez en aumento con poses de candidatos al parlamento.

    Hay muchos que saltan al oportunismo del discurso fácil y populista prescindiendo de la discusión académica y básicamente de la reflexión universitaria. Se han inventado “principios” que no existen y que ni siquiera se explican porque tienen el poco respeto de promulgarse sin una exposición de motivos que lo fundamente. Luego sacan otros proyectos que destrozan la poca coherencia del código.

    Tenemos demasiados vendedores de Humo llenando de fantasías a los consumidores, que un día se despiertan sintiéndose más importantes y en tanto les quede esa satisfacción se conforman con lo que venga.

  10. Perplejo
    Perplejo Dice:

    Yo no creo que la banalización se limite al Derecho, o al fútbol. Qué decir de la Medicina, por ejemplo. Todo el mundo se siente legitimado para hablar de enfermedades y sus tratamientos. ¿Y por qué? Pues porque la Medicina nos afecta a todos, como el fútbol (omnipresente en los medios y las conversaciones). Y lo mismo sucede ahora con el Derecho, desde las demandas de famosetes unos contra otros, o los juicios a tonadilleras, hasta los casos de corrupción, tan abundantes que han terminado por salpicar a la más alta institución del Estado. Es normal que todo el mundo hable y opine de temas tan presentes en nuestras vidas, como se habla u opina de la crisis o del paro. Lo raro sería lo contrario.

    Pero eso no exime de responsabilidad a los profesionales. Por mucho que los legos hablen de cirugía, al final el responsable de operar es el cirujano. Y en el ámbito del Derecho son los legisladores, los jueces y magistrados, los abogados, etc, los responsables de que haya interpretaciones retorcidas de la Ley, forzadas para ajustarlas a uno u otro sujeto en función de su poder o influencia, de que haya legislación pobre o contradictoria, etc. Buena cosa sería, en mi opinión, que foros como este blog consiguiesen introducir en esas tertulias radiofónicas y periódicos el debate sobre la menguante calidad de la producción y aplicación de la legislación en España. Y sobre los intereses que se esconden detrás de eso.

  11. Luisa
    Luisa Dice:

    Esta entrada me produce un sentimiento ambivalente.

    Por un lado, es bueno que la sociedad interiorice los conceptos jurídicos; que las normas jurídicas sean conocidas por la gente y formen parte -en cierto modo- de la cultura o acervo popular. Que se sepa por la sociedad lo que es lícito e ilícito, incluso con construcciones complejas como la prevaricación y el cohecho activo y pasivo. Que haya una especie de cultura jurídica implantada en la vida social.

    Pero por otra parte ocurre que, a menudo, los medios de comunicación informan sin rigor. Los periodistas que cubren tribunales no son jurisperitos, no manejan el argot jurídico con la exactitud deseable. Esto provoca que muchas informaciones sean incorrectas y la gente saque conclusiones erróneas.

    Otro efecto pernicioso de la información es la popularización del “derecho a mentir”. La gente ve a Bárcenas mintiendo como un bellaco sin que le pase nada, y llega a la conclusión de que ante un tribunal puede mentirse alegremente. También ve al ex-socio de Urdangarín haciendo bailar al juez Castro (como un pelele) al son de los e-mails que va filtrando.

    Comportamientos como éstos, al ser conocidos por la sociedad merced a los “mass media”, llevan a una progresiva falta de respeto a los tribunales.

  12. Curro Arriola
    Curro Arriola Dice:

    Cierto, los zurupetos banalizan.
    Pero los expertos, motivados por sus intereses y sus lealtades, muchas veces bacanalizan” el Derecho.
    Ejemplos hay en la mente de todos; y tantos, que lo difícil es escoger el más llamativo. Para mí que estaría entre la jurisprudencia del “TC”.
    Y no se qué es peor.

  13. Isidro
    Isidro Dice:

    Creo que este post a pesar de su aparente simpleza es uno de los mejores que han pasado por este blog. No puedo estar más de acuerdo con él. La banalidad, la confusión o la ignorancia del derecho, y hacia la justicia nos lleva a un importante problema sobre uno de los pilares fundamentales del Estado. El derecho como la economía debían ser asignaturas obligatorias en las escuelas que permitieran con una mínima base a los ciudadanos poder defenderse frente a nuestros actuales estados mastodónticos y conocer el funcionamiento de sus instituciones, y por otro, defender su patrimonio. Como explica Luisa es necesario ese conocimiento, pero luego por otro lado puede desembocar en falta de rigor y seriedad.

    En todas las civilizaciones: Egipto, Grecia, Roma, … se conocía la importancia de la Justicia en la sociedad como columna vertebral de cualquier estado y elemento integrador para mantener la paz de la sociedad. La diosa Iustitia en sus diferentes denominaciones, el fasces romano, la justicia divina católica, el Estado de Derecho liberal… Hoy en día se está produciendo una desvirtuación de algo que es de vital importancia para cualquier forma de convivencia.

    Por ejemplo, la ley de tasas ha sido uno de los atentados más flagrantes contra la Justicia, y la sociedad entera debería haberse alzado en protesta. Sin embargo, hay quienes no viendo la Justicia como suya, su valor y su importancia, todavía defienden que “la paguen quienes litiguen”. Es como decir que pague la policía quien la necesite, o el Congreso de los Diputados quien lo quiera.

    Por último, decir que creo que confluyen varias razones de cómo hemos llegado a esta consecuencia. Una, como vislumbra el autor, es que ha habido ciertos planes deliberados para conseguirlo , pues se trata de uno de los pocos reductos o límites que hay al poder político y donde se respeta en mayor medida el mérito y la capacidad.

    En segundo lugar, aparte de quizás la falta de formación o de conocimiento general, también creo que ha sido el propio alejamiento de la Justicia de los ciudadanos. No sólo es que cada español tiene dentro un entrenador, un árbitro, un juez, un economista y un político.

    Es que una Justicia del s. XXI ha de adaptarse a su época (como el resto de instituciones), y parece que se está intentando hacer. Pero se ha perdido mucho tiempo y se ha consentido demasiado a los políticos, hasta que ha llegado un momento que de repente los profesionales han visto que les habían robado la cartera. Hay que comunicar, hay que acercar la Justicia, hay que explicarla, abrirla a los ciudadanos, hay que denunciar sus deficiencias, sus problemas, y ejercer su papel de poder y autoridad. En casos que conmocionan a la opinión pública no se puede pedir a la ciudadanía que lean 500 folios de sentencia.

    En definitiva, más que nunca, la Justicia tienen que luchar por llegar a ser el poder que le corresponde y que está en mi opinión todavía lejos de conseguirse realmente.

  14. Isaac Ibáñez García
    Isaac Ibáñez García Dice:

    La banalización del Derecho, denunciada por el autor, no preocupa únicamente a los juristas, también a intelectuales de primera fila. Así Vargas Llosa, en su último ensayo (“La civilización del espectáculo”. 2012), en el que denuncia la banalización de la cultura, dice: “Las malas leyes no sólo van en contra de los intereses de los ciudadanos comunes y corrientes; además, desprestigian el sistema legal y fomentan ese desapego a la ley que, como un veneno, corroe el Estado de derecho…”.

    Para este autor, “La cultura, en el sentido que tradicionalmente se ha dado a este vocablo, está en nuestros días a punto de desaparecer”. Cambien el vocablo cultura por el de derecho, al menos como sistema, como ordenamiento coherente.

    Como ha subrayado MENÉNDEZ MENÉNDEZ (“Una Administración Pública transparente, responsable y eficaz”. Actualidad Jurídica Uría Menéndez, Especial reformas estructurales/extraordinario 2012, diciembre 2012) , “señalar la mala calidad técnica de nuestra legislación es ya casi una cláusula de estilo entre nosotros, pero no queda más remedio que ponerlo de manifiesto una vez más”. Pues, como ha dicho MÜLLER (“La inflación legal debe parar”. El Mundo, 26 de enero de 2013), “este es el resultado de 1.200 parlamentarios autonómicos ansiosos por justificar su existencia. La inflación normativa es atroz”.

    Pueden añadirse a esto las palabras de LÓPEZ-MEDEL (“Lamento por la seguridad jurídica”. Newsletter Abogacia, nº 47, 21 de febrero de 2013), “otro de los problemas vinculado a lo que estamos exponiendo es la poca escucha de sectores implicados. La falta de audiencia en proyectos legislativos, restringida exclusivamente a órganos cuyo informe es preceptivo legalmente, y la frecuente desatención cuando no desprecio a opiniones, que acertadas o no deben, al menos, ser escuchadas, es algo creciente. Y esto que está afectando a todos los ámbitos, es particularmente intenso en el sector de la Justicia y el Derecho… Las decisiones normativas se toman en escaso tiempo o con un ocultismo nada correcto, a veces precedido de un enorme halo de indefinición de los gobernantes ante la opinión pública. La incertidumbre en que se vive y que tiene todos los visos de incrementarse, es algo que está erosionando a un gran nivel una mínima seguridad jurídica exigible en un Estado de Derecho donde hay unas garantías, unos procedimientos para hacer las leyes, unos derechos fundamentales y unos límites del poder político”.

  15. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Vaya por delante que comparto lo dicho por el autor en cada apartado de los que usa para sustentar su premisa de arranque.

    Al mismo tiempo recuerdo vívidamente algún comentario (creo que de O’Farrill) que viene a decir que un derecho incomprensible por un ciudadano normal tiene más de argucia que de derecho.

    Si algo está tan mal construido como una página de Heidegger, un pésimo comunicador, la culpa no es del lector normal sino del autor y de aquellos órganos y ciudadanos incapaces de poner límites a los excesos legislativos. Heidegger escribía para sus alumnos especializados. El legislador escribe para ciudadanos. Quizás debiera hacerlo sin intermediarios o abstenerse. Nos gobiernan leyes incognoscibles: “La Nube”. Densa Nube.

    Banal, según el diccionario, es…. Trivial, Común, Insustancial.

    No estoy seguro de que refleje lo que transmite el Corpus Legal vigente. Un corpus que debe ser juzgado, esencialmente, por sus resultados y sus efectos en la Sociedad que a él se encuentra Sujeta.

    Por otra parte, el concepto de “banal” tampoco refleja la situación del sistema jurídico que –por el motivo que sea– resulta escasamente digna de respeto y merecedora de la necesaria legitimidad otorgada.

    Para colmo….. es causa de gran parte de lo que nos sucede.

    No puede sorprender a nadie el destrozo. En treinta años….. 800,000 páginas de BOE autonómico y estatal no pueden producir otra cosa.

    Quizás por estar en él inmersos no caemos en la cuenta de lo sucedido con la estructura y funcionalidad del edificio jurídico.

    Una construcción de siglos que debiera ser el armazón que hace al Estado digno de respeto y legitimidad y a la Sociedad beneficiaria de su arquitectura –por sus frutos– en libertad, en justicia y en prosperidad.

    Dado que esta no es en absoluto la situación, todo lo contrario, su tremenda gravedad permite muchos adjetivos pero quizás no el de banal.

    Salvo que a lo que nos trae la RAE añadamos Irrelevancia, Fraude, Injusticia y Perversidad funcional.

    Saludos y gracias por el artículo.

  16. Alvaro Delgado
    Alvaro Delgado Dice:

    En cualquier caso es justo reconocer, como me ha recordado un buen amigo periodista, que la intervención de algún medio de comunicación, cuando es honesta y profesional, ha permitido que salgan a la luz casos que, de otro modo, hubieran dormido para siempre el sueño de los justos, algunos de los cuales están en la mente de todos. Al César lo que es del César….

  17. Alberto Bovino
    Alberto Bovino Dice:

    En verdad, no sé si comprendo el sentido de esta entrada. Lo mejor que le puede suceder a una sociedad democrática es la discusión más amplia posible de la cosa pública. Y el derecho es claramente una “cosa pública” por excelencia.

    El derecho no solo es “cosa pública” sino además, decisión política objetivada en un texto. No me parece muy acertado indignarse por esta supuesta “banalización” que, a mi juicio, resulta absolutamente positiva. Los juristas no somos los custodios de una entelequia sagrada a la que llamamos “derecho”. Somos simples técnicos cuya función consiste en facilitar a las personas el ejercicio de sus derechos y la conquista de nuevos derechos aún no reconocidos en el orden vigente.

    Si no fuera así, deberíamos exigir que todos los legisladores fueran abogados. Todo lo demás es puro elitismo.

    Cordiales saludos,

    Alberto Bovino

  18. jorgescc
    jorgescc Dice:

    Magritte pintó con acendrado esmero una pipa y tituló el cuadro “Esto no es una pipa”.

    A raíz de esa obra y ese título Foucault publicó un ensayo con el encabezamiento “Esto no es una pipa”, donde en la portada aparecía la pipa pintada por Magritte.

    Siguiendo el ejemplo de los artistas citados, hoy podemos decir sin temor a equivocarnos que el Derecho de los llamados Estados de Derecho NO ES DERECHO.

    http://elunicoparaisoeselfiscal.blogspot.com.es/2012/12/por-que-dejamos-que-crezca-el-poder.html

  19. JJGF
    JJGF Dice:

    El autor del post, siempre tan ecuánime, tiene razón. Y Arriola, tan incisivo, no menos. O acaso algunos de los que más prostituyen el Derecho no son precisamente quienes más lo conocen y, respetándolo aparentemente, hacen un uso más sucio del mismo? Guasp, uno de los juristas españoles más insignes del siglo pasado, catedrático y letrado del consejo de estado, respetadisimo dentro de este cuerpo, decía que el Derecho es como una rica heredera a la que todos quieren por su dinero y ninguno por su corazón.

    Y eso sigue pasando, Álvaro. Tiene razón ARriola. Hay muchas personas que conocen bien el Derecho y no por ello lo quieren. Lo banalizan más aún que el ignorante, y como lo conocen bien se aprovechan aún mejor, y lo usan como un cleenex que luego tiran.

    Para mí la pregunta es: fiarlo todo al Derecho?? A un Derecho cuyo contenido decidirá Zapatero o Montoro y el parlamento simplemente cumplirá su papel de seguidismo? A un Tribunal Constitucional cuya Pte, buena conocedora del Derecho, lo respeta tan poco (respeta tan poco la LOTC y la CE) que se pliega, sumisa, a la Vcpte del gobierno, que la abronca y dice lo que tiene que hacer? Y así mil casos.

    Leía estos días un libro del cardenal Ravasi (Rittorno alle virtù) en el que se citaba un frase de Tolstoi en Guerra y Paz: donde están los tribunales esta la iniquidad. Miro iniquidad en el diccionario y me sale Injusticia.

    Eso decía Tolstoi hace dos siglos. O sea, no es nuevo el desencanto por estos asuntos, y hay miles de frases como la de Tolstoi en la literatura de todos los tiempos.

    Fiarlo todo al Derecho?? Dónde queda entonces la responsabilidad individual?? Y la propia conciencia?? Uno sabe muy bien que no debe traficar con armas o abusar de menores aunque no conozca la ley de turno ni si tal o cual cosa esta tipificada. Y uno sabe que no debe comprar acciones de Terra sí no entiende de bolsa, y que no debe vivir por encima de sus posibilidades y aceptar la sugerencia del director de un banco para qué amplíe su hipoteca al 120% para comprarse un BMW a plazos. Y si no lo sabe, que no lo fue todo a La CNMV o a los tribunales.

  20. Aloe
    Aloe Dice:

    Hace nada menos que 2500 años que los plebeyos romanos se rebelaron hasta el punto de la secesión porque las leyes romanas eran oscuras, se interpretaban y conocían solamente por los patricios “expertos” y de esto resultaba, entre otras tropelías, que los plebeyos deudores nunca saldaban sus deudas con los patricios (y se convertín en sus esclavos) y así todo.
    La tentación de convertir el derecho en un instrumento en propio beneficio, en una jerga esotérica de iniciados contra la que los legos están indefensos, es, por lo visto, tan antigua como el Derecho codificado.

    Las leyes nos obligan a todos, y expresamente se excluye su desconocimiento como eximente de su cumplimiento.
    Por lo tanto, la reclamación abierta y sin reservas de que la ley sea un asunto de iniciados y de que solo se debata y discuta de ella por algunas personas debidamente autorizadas me parece asombrosa.
    Si las personas con una cultura mediana o incluso elevada no pueden comprender lo que se ventila en un texto legal, ni el contenido, consecuencias e implicación de lo que se ventila en una sentencia o un dictamen de cualquier tipo, entonces estamos aviados.
    Pero eso debería ser motivo de un mea culpa de los profesionales del derecho (y de los legisladores) antes de una acusación general sobre la sociedad o los medios.

    Los plebeyos consiguieron en Roma que las leyes se pusieran por escrito y todo el mundo pudiera conocerlas. Como consecuencia, resultó que quedo bien a la vista lo inicuas que eran algunas de ellas.
    Estos últimos tiempos hemos ido enterándonos de que tenemos un derecho hipotecario impresentable, de que no tenemos un sistema concursal para las personas físicas, de que muchas normas dejan a los bancos en posición provilegiada y a sus clientes indefensos… y lo que nos quedará por enterarnos.

    No nos hemos enterado de ello en su día (cuando se aprobaron) gracias a la labor de los expertos en derecho. Nos hemos enterado de estas cosas cuando han caído sobre nuestras cabezas y cuando las han difundido medios no primariamente profesionales del Derecho. Esto debería ser un motivo de meditación para estos, de cómo nos han fallado a la sociedad, de cómo nos podrían estar fallando en otras cosas que todavía no sabemos. Y de cómo nos están fallando en no reclamar sobre el despropósito que supone la avalancha continua de normas de toda laya que nos abruma y que es imposible de manejar o conocer (y cumplir)

    Con este comentario no pretendo decir que no hagan falta los expertos. Tiene lógica que la mayoría de las personas no sepamos de Derecho procesal, de intríngulis técnicos, de sentencias del Supremo y de muchas otras cosas. Tiene sentido que los expertos sepan muchismo más de técnica jurídica, de las trampas en la redacción de normas, de la visión corrdinada de unas leyes con otras, de los defectos y cualidades de leyes y sentencias.
    No tiene sentido que reclamen que el Derecho es solo asunto suyo, como si no perteneciera a la esfera pública y no obligara a todos.

    • BloodyKefka
      BloodyKefka Dice:

      Entonces, son legítimas todas las burradas que se escuchan sobre Pena de Muerte, Cadena Perpétua, que asquerosa es la justicia, demagogia y demás blah blah blah que han hecho que Gallardón haya sacado un código penal más duro y autoritario. Porque precisamente eso es la crítica que hace el artículo y no ese discurso tan bonito que te acabas de sacar de la manga.

      Y luego soy yo el que dice tonterías, Caperucita.

  21. KC
    KC Dice:

    Me gustaría dejar varias cuestiones sobre la mesa:

    ¿Qué fue primero, la banalización del Derecho por parte de sus “profesionales” o la del lego interpretando? ¿Cuál es más problemática? Sí, cierto que es que el opinólogo profesional en España podría considerarse ya algo cultural, pero también es verdad que hay auténticas chapuzas jurídicas hechas por profesionales en muy diversos ámbitos, con lo que A (chapuzas jurídicas) sigue siendo real por mucho que exista B (opinólogos).

    El problema de bastantes juristas, con respecto a otros profesionales, es que la solemnidad que da la Ley parece que les dé una especie de aura de sapiencia que muchas veces, sinceramente, deja bastante que desear. Es más, diría algo más gordo, pero como ya digo, no vamos a generar polémica.

    Empiece el jurista lavando la ropa de su propia casa y luego, si acaso, ya podrá criticar si las manchas más gordas del mantel las hace él o los invitados que no saben de manteles.

    Yo no creo que muchas críticas al Derecho provengan de fobias o filias, sino de cuestiones totalmente reales, como que la interrelaciones a las que usted alude, sencillamente no existen o tienden a ser nulas. Siento decírselo, pero el Derecho son los padres y muchas veces deja bastante que desear, al igual que otras ciencias no exactas (pista: la Economía)

    Es bastante obvio que hay muchísimos jurichapuceros por ahí, en muy diversos ámbitos, como para tener que preocuparse de la banalización del hoyga. Se quedaría usted alucinado de las barbaridades que llegan a decir algunos sobre diversas ramas de la física u otras ciencias en diversos blogs. Pero eso no tiene la mayor importancia, o no debería tenerla, mientras el profesional siga sabiendo lo que hace. Eso sí es importante.

    Lo escrito aquí no significa, obviamente, que no haya juristas ilustres que sí conozcan algo más que no sean leyes, normas y demás palabrerio jurídico; pero no nos despiste, señor Delgado, que el problema no es el lo que pueda pensar Perico el Lego, sino lo que haga el profesional.

    Se sorprendería usted al comprobar como la sociedad, mejor dicho determinadas sociedades, tienden por inercia psicológica a opinar sobre todo tipo de cuestiones. Pero claro, para ello hay que haberse leído unos cuantos libros sobre Psicología, por ejemplo. Lo que sí le digo es que, en el caso del Derecho, según qué críticas están totalmente justificadas. Ya no por razones subjetivas, sino por una cosa llamada lógica, que suele ser bastante importante. Lo malo de la lógica no matemática es que hay tantas como pares de calcetines, y eso tiende a que la subjetividad acabe con la objetividad y de ahí muchas perversiones.

    En lo que estoy totalmente de acuerdo es en el tema de cómo trata la prensa determinados casos que por alguna razón se convierten en un atrapador de lectores. Pero por otra parte, que yo sepa, el juzgador, o los acusadores, están preparados para no dejarse influir por ello. Que yo sepa.

    • Lucky Star
      Lucky Star Dice:

      Señor KC está Vd. mismo incurriendo en la banalización que critica esta entrada del blog. La idea fundamental que aborda el autor es la falta de RESPETO que hay hoy en día con el Derecho. Está bastante generalizada la creencia de que el Derecho sólo beneficia los ricos, de que el Derecho es una chapuza… así, en términos absolutos y sin pararse a pensar que sin el Derecho, simplemente, la sociedad no sería posible. Si usted, señor KC, tuviese algún problema serio de convivencia, de seguro que recurriría al Derecho. Y muy probablemente, el litigio se resolvería con equidad.

      La gente que critica el Derecho con asco y desengaño pasa por alto que el Derecho hace posible y protege la vida de las personas hasta en su ámbito más íntimo.

      Que el Derecho vigente es perfectible. Por supuesto. Que ha de criticarse. Por supuesto. Que el Derecho ha de ser accesible a todos y no estar en manos de una élite. Por supuesto.

      Pero la denuncia de la entrada va más bien encaminada a ese desencanto generalizado, en estos tiempos de crisis; esa idea que mucha gente sostiene de que el Derecho es una gran mierda, y los juristas unos parásitos, unos seres falsos y detestables.

    • FBR
      FBR Dice:

      Sr. Lucky Star, creo que Vd. está banalizando sobre Antropología Social. En realidad creo que todo el mundo banaliza bastante sobre todo.

    • Lucky Star
      Lucky Star Dice:

      Sr. FBR explíquese por favor ¿en qué cree que banalizo la Antropología Social?

    • FBR
      FBR Dice:

      Dificilmente podría yo explicarme sin caer también en la banalización, así que pido disculpas de antemano.
      Vd. dice cosas como que sin derecho la sociedad no sería posible, que los litigios se resuelven con equidad o que el derecho hace posible y protege la vida de las personas. Antepone el derecho a la existencia de la sociedad e incluso de las propias personas.
      El derecho es una herramienta de convivencia, no su soporte. Una herramienta que puede usarse para diversas finalidades; unas más elevadas, como la justicia, la solidaridad…, otras menos plausibles como es fácil observar hoy en día en casi cualquier ámbito.
      Pero existen multitud de sociedades que perviven sin derecho escrito, si acaso con simple derecho consuetudinario sin fuerza represora que lo imponga. Y son sociedades.
      Lo que distingue a una sociedad estatal de una que no lo es, es la capacidad represiva del estado para imponer su “derecho”.
      Estos días de atrás me llamó la atención una teoría que la Sra. Pilar Rahola elaboraba en el programa de Julio Otero en Onda Cero, según la cual la policía era esencialmente democrática; es más, era un símbolo democrático. Y se quedaba tan pancha. Eso para mí es banalizar la Antropología Social, por ponerle otro ejemplo.
      En cuanto al tema en sí, me gustaría, -si alguien quiere pronunciarse-, si encuentran banalización en alguna en las partes que defienden las distintas posturas sobre la aplicación retroactiva de la Doctrina Parot. Me resulta interesante porque encuentro que, por un lado, los defensores de la integridad del derecho, que opinan que la doctrina no es aplicable en el caso tratado en el TEDH, lo hacen con cierto menosprecio hacia las teorías “oficialistas” que defienden dicha aplicación retroactiva. En ambos casos hablamos de juristas de reconocido prestigio. Pero el caso es que, -si hacemos caso de lo escrito-, una de las dos partes “banaliza”.
      Y al hilo de esto me surge la duda de qué será más peligroso: Banalizar con el derecho o hacerlo con las consecuencias de su aplicación. ¿Se pueden menospreciar las consecuencias que deriven de la aplicación de una ley, por graves o injustas que estas sean?.
      Entiendo la indignación del autor ante ciertos titulares y comentarios sensacionalistas sobre sentencias, elaboración de leyes, etc.. Yo, ante dichos titulares-comentarios, siempre que puedo, procuro leerme la sentencia en sí; pero…., Zapatero está suelto después de indultar al consejero delegado del Santander y ser corregido por el TS, ….Gallardón aplica la gracia del indulto con liberalidad escogida a capricho…., y podemos enumerar una infinidad de casos en los que el derecho es pura banalidad.
      Es solo una opinión, que no creo que contenga más verdad que otras aquí vertidas. El caso es que los ciudadanos ya estamos hechos un lío.

  22. Alvaro Delgado
    Alvaro Delgado Dice:

    Perdone Sr. KC (qué poco me gustan las críticas fáciles bajo seudónimo cuando yo estoy perfectamente identificado) pero yo no pretendo despistar a nadie. Y lo de las filias y fobias de los medios , lamentablemente, lo conozco bastante mejor que usted. Y también conozco todos y cada uno de los defectos de los juristas, pero también las virtudes de un conocimiento profundo del Derecho, con mayúsculas. Puede ser que haya gente que escriba barbaridades sobre física, medicina o arquitectura, pero eso no condiciona la forma de operar del cirujano o el cálculo de resistencia del ingeniero. En cambio las opiniones banales e insistentes sobre temas jurídicos sabemos que SÍ están condicionando la actuación del legislador, e incluso las decisiones de jueces o fiscales. Y eso tiene mucho más peligro. Sobre todo si tiene usted la mala suerte de atravesarse en la línea editorial de algún medio de comunicación. Siento decírselo tan claro, pero en varias de las cosas que usted critica alegremente me da la impresión de que toca de oídas… Gracias de todos modos y un saludo

    • Aloe
      Aloe Dice:

      En cambio las opiniones banales e insistentes sobre temas jurídicos sabemos que SÍ están condicionando la actuación del legislador, e incluso las decisiones de jueces o fiscales.

      Entonces los que tienen poquísima categoría y banalizan son los legisladores y los jueces.
      Con el agravante de que ellos cobran para eso, para hacer su labor sin dejarse condicionar. Y para ello tienen una serie de privilegios, como si no fuera poco, en forma de inamovilidad, aforamiento, etc.

      Lo que no parece de recibo es plantear una especie de acusación general urbi et orbe y reclamar que todo el mundo se abstenga de opinar sobre asuntos (que muchas veces le pafectan personalmente) con el motivo de que algunos medios que representan determiandos intereses aprovechan para hacer sus propias campañas políticas por medios quizá poco éticos.
      Es lo que tiene la libertad de expresión: que las tonterías no se puede prohibir y que cada uno persigue su propia agenda intentando llevar el agua a su molino.
      La obligación de jueces y legisladores es no dejarse presionar por lo que honestamente piensan que no deben. Reclamar que estemos todos calladitos para que los pobrecillos no se nos distraigan ni se nos apuren… qué quiere que le diga.

    • KC
      KC Dice:

      Señor Delgado, recordarle que el pseudónimo ha sido, es y será un precioso y preciso medio de crítica, que bien usado no debería por qué preocuparle. Otra cosa sería si un anónimo cometiera algún tipo de falta/delito, cosa en la cual de momento no creo haber incurrido. Como podrá imaginar, el pseudónimo crítico y el anónimo al que me refiero son dos supuestos de hecho diferentes, y por tanto la preocupación jurídica/moral/personal/ética tampoco debería ser la misma. Dele un repaso a la Historia de la Literatura y verá que ha sido una herramienta bien práctica, en muy diversos contextos. A diferencia de mí, usted escribe en este soporte. Yo no tengo ninguna obligación de identificación más allá de lo que usted entienda como correcto. Si a usted eso le parece de poca cortesía, me parecerá perfecto tenerme como incorrecto, pero es que el debate no es ese.

      Difícilmente se me ocurre cómo va a saber usted lo que yo pueda tocar o no de oídas, sino me conoce. Pero bueno, el arte de deducir es bastante complejo y es perfectamente posible errar en las conclusiones. De otra forma, todos los juicios serían perfectos y ya no deberíamos tener ciencia jurídica procesal que se preocupara de ello.

      Aprovecharé responder al señor Lucky Star, diciéndole que es bastante risible pedir “respeto” a algo cuando ese algo se lo ha perdido a sí mismo. Creo que esto es algo que determinados juristas no acaban de entender. Y lo que yo no logro comprender, es cómo puede haber alguien todavía que, visto el contexto actual de este país, pueda decir que X merezca cierto respeto. Es OBVIO, que infinidad de leyes en sus muy distintas materias -bancarias, administrativas, laborales, empresariales, de sostenibilidad, de previsión y un largo etcétera- han fallado más que una escopeta de feria o han tenido la misma utilidad que un florero o la máquina de Rube Goldberg.

      La sociedad en su conjunto, por determinados motivos, tiende a la banalización, pero ni más ni menos que como sucede con otros asuntos. Como le digo, en el caso del Derecho, el principal problema es que el lego empieza a ver que todo lo que al Derecho se le supone, muchas veces solo se le puede adjetivar de surrealismo daliniano. Pero eso no ocurre porque la gente critique (que sí, que a mí también me saca de quicio determinados comentarios de “opinólogos profesionales”, pero es en lo que se basa la expresión), sino porque hay determinados casos que para cualquier persona, sea o no jurista, han alcanzado tal grado de banalidad que parece que ello les justifique mentalmente banalizar lo banal…

      Pero vamos, que lo primero es una causa y lo segundo un resultado. Y si hay una primera banalización es la propia en la que cae el Derecho consigo mismo en muchos asuntos, jurídicos y meramente políticos. Y si no me cree que esta sea la percepción real y totalmente justificada, comience a hacer entrevistas, que es como se hacen muchas estadísticas.

  23. veedor
    veedor Dice:

    Totalmente de acuerdo con el contenido del post, pero es una tendencia, no se si calificarla de natural, que ocurre en el ámbito de las disciplinas de las ciencias sociales.
    Fijémonos en lo que sucede cuando se celebran elecciones, “tropecientos” mil analistas sin más bagaje muchas veces que su labia, se lanzan a interpretar todo lo interpretable y hasta lo no interpretable con una alegría que asusta a quien haya estudiado ciencias políticas.
    En cuanto al derecho, quizás esa forma torrencial de legislar, tal como la define el autor del post, tenga bastante que ver, ¿cómo alguien se va a tomar en serio una norma que dura menos que un caramelo a la puerta de un colegio y cuya última fundamentación se basa en “porque lo digo yo”?
    Se nos viene abajo nuestro cuerpo jurídico; bajo la necesaria adaptación de la norma se esconde un verdadero derribo donde el concepto, decantado durante años por el uso forense, se trastoca por meras veleidades políticas momentáneas, así, no se percibe que el derecho sea fruto de la reflexión sino de la oportunidad más escandalosa, y esa percepción permite que cualquiera puede aportar su estupidez que no será mayor que la de los que se han encargado de socavar tales principios, al final teoría pura marxista “estos son mis principios pero si no les gustan tengo otros”

  24. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Estoy con los comentaristas del “post” que indican, por un lado, que el Derecho tiene que poder ser conocido y entendido por quienes deben cumplirlo y no solo por los juristas y, por tanto, difícilmente puede decirse que nuestros Estados de Derecho lo son, puesto que el conjunto de normas sufre tal elefantiasis que es imposible determinar el Derecho (en el sentido de Vallet de Goytisolo) en muchos casos. Por otro lado, estoy de acuerdo con el autor del la “entrada” en que el Derecho se banaliza, se comenta de oido sin haber leído la norma y no digo la procesal, sino la sustantiva. Quisiera sólo aportar una reflexión que he hecho aquí en otras ocasiones. El vulgarismo jurídico en el que vivimos, por lo demás, viene de lejos y, en lo que toca al siglo XX y lo que va de XXI, en España hunde sus raíces en la nula exigencia para el acceso a las facultades de Jurisprudencia, la baja exigencia en los estudios de Jurisprudencia y la mercantilización de las profesiones jurídicas. Esta situación no puede remediarse en breve plazo, harán falta decenios y un programa serio que empiece por la reforma de los estudios de jurisprudencia, siga con la mayor exigencia en las oposiciones de profesores universitarios y de magistrados y jueces, continúe por la codificación de las normas, incluyendo una reducción drástica de las fuentes materiales del Derecho (hay 19 legisladores en España, incluyendo la Unión Europea como uno solo y quitando las ordenanzas municipales, que son normas) y por la limitación de las facultades interpretativas de las adminstraciones públicas, que deben carecer de cualquier posibilidad de emitir circulares e incluso, diría, órdenes ministeriales, que sobran como fuente del Derecho. Dicho lo cual, en vez de tanta monserga doctrinaria de educación para la ciudadanía o sus equivalentes, una mínims instrucción sobre el Derecho y la Economía debería incluirse en el bachillerato. Creo.

  25. José Eladio
    José Eladio Dice:

    De acuerdo con Jesús, yo diría que por qué no se estudian mínimos conocimientos de Derecho en el bachillerato. Pienso que son conceptos necesarios como ciudadanos adultos para luego poder opinar con fundamento, sin necesidad de ser un experto, pero con el conocimiento suficiente para tener una opinión fundada, muy necesaria cuando se trata de votar en las elecciones, por ejemplo.
    Respecto del tema de la banalización, creo que es algo extensible a otras esferas, y que tiene más que ver con la manía generalizada que hay en este país de hablar de algo no solo sin saber, sino sin preocuparse de intentarlo o de informarse adecuadamente acudiendo a las fuentes del conocimiento. Cuando se trata un tema, si se desconoce, creo que lo mejor es acudir a los expertos o a quienes están a pie de obra.

  26. Miguel
    Miguel Dice:

    Está muy bien. Quien no habrá oído miles de veces “no, es que esto es así por ley”, y quedarse pensando…”bueno, mejor no contesto nada”. Soy un simple licenciado, pero me ha gustado mucho la entrada.

    Un saludo 🙂

  27. Miguel
    Miguel Dice:

    Ah, por cierto: defiendo la hermenéutica como una disciplina clave totalmente ignorada en el estudio jurídico. Y me parece vergonzoso.

  28. Alvaro Delgado
    Alvaro Delgado Dice:

    Me da la impresión de que algunos comentaristas no han entendido que este post no está escrito en defensa de los juristas, sino del Derecho con mayúsculas, que es un pilar esencial de la civilización. Por supuesto que hay malos juristas, como también hay pésimos ingenieros, economistas o médicos. Este no es un alegato corporativista, sino una exigencia de RESPETO, como bien ha apuntado el amigo Lucky Star. Da la impresión de que algunos han tenido mala experiencia con juristas y ello les nubla la mente, y son incapaces de ver un poco más allá. Y estoy de acuerdo en que la gente tiene que entender el Derecho, e incluso poder opinar sobre él. Pero todo en sus justos términos. Cosas tan delicadas como la elaboración de las leyes o el enjuiciamiento de las personas no se pueden subastar en la plaza pública. De la misma forma que cuando alguien está enfermo, el médico está obligado a explicarle de forma clara lo que tiene, pero uno no puede pretender recibir en una consulta una clase de anatomía patológica, ni luego publicar un tratado sobre ella. El uso banal del Derecho debe admitirse en cuanto fomenta la información o la cultura jurídica de la gente. Pero si produce interferencias en cuestiones muy delicadas, y sobre todo si limita los derechos fundamentales de las personas, debe ser controlado. Todos los juristas serios sabemos que el Derecho se está prostituyendo por fines diversos. Esta es una llamada de atención para que todos, y me incluyo, dejemos de hacerlo.

  29. Izaskun
    Izaskun Dice:

    Todo esto viene de la creencia, tan difundida incluso en muchas facultades de Derecho, de que “en Derecho todo es discutible”. De aquellos barros estos lodos, o viceversa

  30. KC
    KC Dice:

    Está bastante generalizada la creencia de que el Derecho sólo beneficia los ricos, de que el Derecho es una chapuza…

    Mire, señor Star, yo ya hace un tiempo que sé lo que es un tópico y un prejuicio. Y como comprenderá no hago un análisis de la entrada en base a ello. Me parece muy razonable lo que ha escrito el señor Delgado, pero como creo que algo se le ha pasado por alto, pues únicamente me he permitido la licencia, como lector, de hacerle llegar una opinión. Que digo yo que para eso escribe alguien sobre algo.

    Lo que tampoco voy a obviar es que no pueda alguien afirmar que el Derecho (y la Economía cogida de la mano), en España, haya sido muchas veces una auténtica CHAPUZA, teniendo el dato concreto y comprobable, de que existen 6 millones de parados y 3 millones y medio de viviendas vacías, entre otras cosas (aunque supongo que estas son las más preocupantes). Porque digo yo que algo habrá tenido que ver el Derecho en todo ello si como bien dice es una herramienta para regular sociedades.

    ¿No le parece?

  31. KC
    KC Dice:

    Por cierto, lo de incluir algún tipo de asignatura pre-económica y pre-jurídica en el bachillerato no solo no debería ser una posibilidad, sino que probablemente dentro de 100 años piensen cómo era posible que no existiera algo así antes. Porque no veo yo que tendría de malo explicarle a alguien de 14 años en qué consisten las ideologías económicas y/o jurídicas si luego se las va a encontrar en el día a día durante toda su vida, en muy diversas formas.

    Probablemente sería de bastante utilidad para formar futuros criterios basados en lo que por ahí dicen que se llama Justicia.

  32. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Tomados uno a uno los párrafos del artículo de Álvaro creo que son escasamente discutibles y que son ampliamente compartidos.

    Sucede que al leer extrapolamos en todas las direcciones y que el artículo se produce en un largo momento de cambio de nuestras percepciones.

    Muchísimas personas, millones, y muchas de ellas muy educadas, comienzan a percibir que las cosas no se han materializado como nuestros conceptos básicos establecían y que sus concreciones, –tales como nuestras actuales arquitecturas jurídicas y conceptos fundamentales como el estado, el derecho, la familia o el mismo ser humano– están mostrándose de formas, digamos, inconvenientes, lamentables, deficientes o huecas. En suma, rechazables.
    Basta leer a los maestros y a los maestros de maestros para ver “the writing on the wall”. No podemos quejarnos de que nadie nos lo advirtiera.

    Debemos verlo, supongo, como el final de un largo sueño, el final de la noche.
    Es decir, el alba que nos trae una oportunidad, otra más, de tratar de ser actores autónomos (libres y razonables) de nuestras propias vidas. Las personales y las colectivas. Un gran momento.

    Buenos días.

  33. Alvaro Delgado
    Alvaro Delgado Dice:

    Aloe: si lee usted bien mi post y mis comentarios verá que yo no he dicho en ningún sitio que esté todo el mundo calladito. Más bien al contrario. Critiicar algo por reducción al absurdo es fácil, pero carece de rigor y no aporta nada a este debate tan interesante. Y lo de que el legislador y los jueces cobran para no dejarse influir es de una inocencia boreal. Lo siento pero no ha entendido usted nada….

    • Aloe
      Aloe Dice:

      Y lo de que el legislador y los jueces cobran para no dejarse influir es de una inocencia boreal

      Conozco la diferencia entre el ideal de las normas y la realidad. No he hacido ayer. También sé que la distancia entre ambas no está en una ley natural determinista e inamovible. En Méjico la policía vive de las mordidas. Aquí no. En Alemania el presidente de la República dimite por plagiar su tesis. Aquí tampoco.

      Pero quien invoca el ideal de las normas y el respeto que el Derecho merece en el nombre de ellas, es usted, no yo.

      Si esperar que los jueces y los legisladores resistan (dentro de lo humanamente posible, pero nadie está poniendo una pistola en la sien de nadie, que yo sepa) a la opinión pública y a las presiones es “una inocencia boreal”, entonces… ¿por qué reclama respeto para el Derecho que hacen los juristas que tenemos, los jueces que tenemos y los legisladores que tenemos? ¿Por qué se lo merecen?

      Presiones hay siempre. En una dictadura, por ejemplo, no se pueden publicar determinados artículos en la prensa ni hacer determinadas campañas en tal cadena corsaria de televisión, pero el gobernador civil puede llamar y dar órdenes, el cuñado de Su Excelencia puede llamar y dar órdenes, el obispo puede llamar y dar órdenes… ¿son esas presiones menores, solo porque no nos enteramos de ellas?
      En un país democrático pero con normas muy estrictas sobre el libelo y la responsabilidad de los medios (por ejemplo UK) podríamos tener al gobernador civil y a las cadenas de televisión portándose con compostura,… pero seguiríamos teniendo las presiones de las corporaciones poderosas, de los compañeros de pupitre del super-colegio de élite donde estudiaron todos, del embajador de tal país o de la policía antiterrorista. ¿Esa presiones no importan? ¿Porque no las vemos, o porque no proceden de la plebe?
      Presiones hay siempre. El legislador y la justicia deciden sobre vidas y haciendas. ¿Cómo no va a haber presiones?
      Si esperar que la resistencia a la presión de los agentes del Derecho debe ser… ninguna, y que pobrecillos, no podemos esperar de ellos integridad y carácter porque eso es una “inocencia boreal”, entonces ya me explico mucho más por qué estamos como estamos.

      Y, al contrario, lo que entiendo menos todavía es la entrada y con qué autoridad moral se reclama respeto.

  34. Luisa
    Luisa Dice:

    Pasa también que los tribunales no se respetan a sí mismos. Últimamente en los juicios está sólo el juez, sin secretario judicial. La identidad de los testigos no se recoge en ningún sitio y al final del juicio las actas no se firman (mejor dicho, no hay actas), con lo que la gente se despide como “Hasta luego, Lucas”.

    ¿Cómo vamos a asegurarnos de que los testigos dicen la verdad si ni siquiera se les exige identificarse ni firmar el acta?

    Luego vemos a Bárcenas mintiendo y no le pasa nada. Y un tal Carcaño se mofa y befa de los padres de la niña a la que asesinó y del tribunal, haciéndole buscar cadáveres ahora aquí, ahora allá.

    Aquella frase de que “la justicia es un cachondeo” cada vez es más verdad.

  35. Alvaro Delgado
    Alvaro Delgado Dice:

    Gracias Manu. Has dado en el clavo! Comprendoperfectamente la frustración de muchas personas con instituciones o normas que no funcionan, e incluso con juristas que les han decepcionado. Y respeto su derecho a contarlo y a opinar. Faltaría más! Yo también me siento decepcionado conociendo el funcionamiento real de muchas de las cosas que estudié. Pero como bien dicen Manu y Lucky Star, no iban por ahí los tiros de mi post. Lo que yo reivindico a todos, los juristas los primeros, es un mayor respeto por las reglas del juego. Gracias a todos por generar un debate tan interesante.

  36. CMaruenda
    CMaruenda Dice:

    A raíz de lo que dicen ustedes en los dos últimos comentarios, tanto el señor Oquendo como el señor Delgado, no puedo estar más de acuerdo. Es la opinión de quien lleva no demasiado tiempo ejerciendo, pero el suficiente para haber escuchado a su mentor y los colegas de éste último repetir hasta la saciedad aquello de: olvídate de lo que has estudiado que esto no funciona así. Me ha parecido interesante el debate, aunque crea que se ha sacado de contexto por momentos. En época de “vacas gordas” a la gente le importaba bien poco lo jurídico o el funcionamiento de las instituciones, pero ahora es cosa bien distinta y es normal que se armen estos circos y estos ciscos, sin separar la razón de la visceral, con la consiguiente demagogia que se genera. La gente quiere saber de justicia, pero no quiere saber de procedimiento.

  37. Luis Villameriel
    Luis Villameriel Dice:

    Creo que los medios de comunicación generalistas (los no especializados) son muy responsables del problema que señala Alvaro Delgado. Incluso en la prensa considerada de calidad es casi imposible encontrar un periodista que distinga con claridad entre un “imputado”, un “procesado” y un “acusado”.

    Se escriben miles de artículos clamando por la reforma de las administraciones públicas. La inmensa mayoría de sus autores no sabría distinguir entre una agencia estatal, una entidad pública empresarial y una fundación del sector público estatal. Tampoco les interesa, basta con lanzar al público la idea en bruto de que “sobran organismos”.

    Lo mismo sucede con las varias categorías de empleados públicos. Si existe la categoría popular de “funcionario nombrado a dedo”, ¿para qué va a molestarse el periodista en distinguir entre personal interino, personal eventual, provisión de plazas por concurso o por libre designación entre funcionarios de carrera? ¡Eso son ganas de aburrir al lector!

    Lakoff ha explicado que, cuando recibimos información, nuestro cerebro primero la procesa mediante marcos mentales y metáforas, y después comienza el pensamiento análitico. La comunicación pública hoy (periodística y también política) abusa de los marcos mentales y de las metáforas, en detrimento del rigor analítico, y tiene razón el autor del post en que se banaliza el conocimiento técnico.

  38. BloodyKefka
    BloodyKefka Dice:

    “¿Conocen ustedes, amigos lectores del blog, a alguien que no sea especialista y se atreva a publicar montones de páginas, o a impartir doctrina a diario en toda clase de medios de comunicación sobre física cuántica, cirugía laparoscópica o resistencia térmica de materiales? ”

    Si usted navegase más XD

  39. Jaime de Nicolás
    Jaime de Nicolás Dice:

    Ejemplo de hoy mismo de banalización del Derecho, para los comentaristas un poco despistados me parece. Acaba de conocerse el resultado de la sentencia de la Operación Puerto (pero no la sentencia, ojo). Y ya hay comentarios diciendo que s una vergüenza, que esto es un cachondeo, que así está la Justicia, etc.

    Esto es banalizar, vulgarizar y decir tonterías sin fundamento, en definitva; es algo que se debe evitar y es negativo, Y no tiene nada que ver, como dicen algunos comentaristas, con prohibir hablar de justicia, hacer algo elitista solamente para juristas, o desbarres semejantes que he tenido ocasión de leer.

    • Isidro
      Isidro Dice:

      Y nadie va explicando que en 2007 no existía el delito de dopaje, y que un principio fundamental del derecho penal es la irretroactividad de disposiciones sancionadoras no favorables. Por ejemplo.

  40. Teilhard
    Teilhard Dice:

    Todos contribuimos a la banalización del derecho. Y cuanta más autoridad se supone a alguien en este campo del conocimiento, más responsabilidad le es imputable en su banalización, aunque sea por omisión. Abogados, catedráticos, magistrados, altos funcionarios y demás operadores, de esta manera, por su connivencia consentidora, contribuyen en gran medida a la banalización del derecho.

    Del mismo modo que la comunidad científica quedaría ridiculizada si permaneciera silente cuando alguien de los suyos manifestase que dos y dos son cinco, del mismo modo la comunidad jurídica debería sonrojarse, por ejemplo, ante una constitución que se llama democrática, pero que no establece la división de los poderes del estado.

    Yo hablaría por tanto también de banalización pasiva; es decir la aceptación de lo banal. Y a lo mejor habría que concluir que como sociedad, somos profundamente banales. Por eso apenas hemos aspirado a la libertad colectiva y aceptamos como democracias sucedáneos bajo cualquier excusa.

  41. Alvaro Delgado
    Alvaro Delgado Dice:

    Aloe: me he dado perfecta cuenta de que no le ha gustado mi post. Me parece genial. Incluso que me lo critique reiteradamente. Está en su derecho. Pero, por favor, para cargarse de razón en su crítica no se empeñe en atribuirme cosas que no he dicho. Si no entiende el sentido de mi post y por qué reclamo respeto para el Derecho, tal como dice textualmente en su último comentario, déjelo estar. Muchos otros sí lo han entendido. Lo que no entiendo yo es por qué, si le ha disgustado esta entrada o no le encuentra sentido, pierde tanto tiempo en comentarla e insiste en atribuirme intenciones que yo no tengo, ideas que no he querido manifestar, y autoridades morales que nunca he invocado.
    Manu Oquendo, CMaruenda, Luis Villameriel y Jaime de Nicolás: mil gracias por entender perfectamente el mensaje del post y por comentarlo con tanta claridad. Han contribuido ustedes a esclarecer y a mejorar mi objetivo al escribirlo.
    Gracias a todos. El debate está siendo de gran interés.

    • Aloe
      Aloe Dice:

      Respondo porque su post me interesa, porque le supongo y admito su buena fe en la discusión,y su inteligencia, y porque el asunto me parece imporante.
      Además me parece importante desde dos cuestiones de principio:
      De quien y para quien es la justicia y el Derecho.
      Y de quien es la esfera pública y los asuntos colectivos. (De lso cuales el derecho es un aspecto)
      El derecho ha desarrollado con el paso del tiempo aspectos intrincadamente técnicos. Eso es en sí mismo una desgacia. Quizá inevitable, pero no un bien. Posiblemente correspondería a los juristas, en la esfera pública, contribuir con su saber a deslindar esos aspectos e informar con exactitud, para ayudar al resto a juzgar mejor sobre ellos. Pero no ejercer la condescendencia, creo yo.

      Los ejemplos que pone el senor Villamariel, por ejemplo, si que son banalidades, al menos algunos. Los tecnicismos jurídicos de las diferentes formas que adoptan los organismos o las corporaciones de derecho público o mercantil bajo propiedad pública son eso, tecnicismos. No son nunca lo esencial que nos debe importar cuando uno de ellos protagoniza una noticia, salvo para entender quizá algún detalle. Los servidores públicos son eso, servidores públicos, y la diferencia entre los que han hecho oposiciones y los que no debería considerarse una banalidad, frente a lo importante: si fueron reclutados por enchufe, si merecen o no el puesto y si los desempeñan bien. En otros países, mejor gestionados que este, no hay oposiciones y a los empleados públicos los contrata un director discrecionalmente, y lo que importa es la honestidad y la competencia de esa selección. Y aquí debería ser lo mismo. No que lo importante sea si es “de carrera”, si es estatutario o laboral, o si calza el 40.

  42. Francisco J. Fernández Cabanillas
    Francisco J. Fernández Cabanillas Dice:

    Vivimos la banalización de Todo (Derecho, Economía, Psicología, Medicina, etc.). Pese al furor que ha causado, no existe el “tabaquismo pasivo” (adicción al humo que sueltan los demás al fumar), lo que existe es el “papanatismo pasivo” (adicción a las tonterías sin fin que sueltan por esa boca los tertulianos u opinadores profesionales en cualquier mass media).

    • Teilhard
      Teilhard Dice:

      ….y cuando consideramos el tema de la banalizacion del derecho, incluso entre expertos de la talla de los aquí presentes, nos fijamos también en lo banal y pasamos por alto que la totalidad de nuestras leyes son nulas por haberse dictado bajo el imperativo de los partidos, y que en realidad no tenemos ni democracia ni constitución por estar indiviso el poder entero. Somos banales hasta para hablar de la banalizacion.

  43. jorgescc
    jorgescc Dice:

    Lo que llaman la “banalización” del Derecho es una consecuencia.
    Sin embargo, la elevan a categoría de causa.

    La “banalización” del Derecho es consecuencia de que el Estado, en Europa, ha integrado la soberanía política con la jurídica.

    Con esa integración desaparecen dos cosas:

    a) El Derecho como límite y norma de las libertades de los hombres libres.

    b) El concepto de Ley como razón anterior al Estado, anterior a la decisión del soberano político.

    Lo que queda no es Derecho, sino la Legislación del Estado.

    Un Estado de Derecho, que por sí mismo es banal, ¿pues acaso puede ser otra cosa cuando la Ley queda al arbitrio del Poder estatal?.

    El resultado son las normas cambiantes de la clase política, la “acorazada normativa”, la legislación en función de la opinión…

    Lo lamento, pero debo insistir en que si el surrealista Magritte pintó una pipa y tituló el cuadro “esto no es una pipa”, con el Derecho del también surrealista Estado de Derecho pasa igual: su Derecho no es Derecho.

    Pierdan toda esperanza.

    • Manu Oquendo
      Manu Oquendo Dice:

      Ese comentario, querido Jorge, lo ratificaría el mismo Pedro de Vega. Perdón por el condicional que sobra porque lo hizo en su obra, referencia imprescindible, “La Reforma Constitucional y la Problemática del Poder Constituyente”.

      El problema es que el secuestro del “constituyente” por el “constituido” arranca en el cambalache que desarrolla el proyecto de Declaración de Derechos que se presenta el 12 de agosto de 1789. En él dice Sieyès que “un pueblo siempre tiene derecho a revisar a reformar la constitución” luego se cae del caballo y pasa a sostener que “ese derecho irrenunciable del pueblo se expresa únicamente a través de las Asambleas”.

      A partir de ese instante, de esa caída del caballo, está echada la suerte de las democracias continentales, de aquel modelo, quiero decir. Un modelo que nos ha traído hasta aquí pero que, me temo, ya está para un desguace y un renacer.

      Págs 135 a 143 de la obra citada.

      Tampoco es una tragedia. Llevamos viviendo los estertores de algo que no terminó de nacer bien y un poco de I+D Constituyente nos va a venir muy bien. Porque, efectivamente, sin Derecho digno de mucho respeto, no nos sostenemos.

      Un abrazo

  44. Victor
    Victor Dice:

    Mi mas sincera enhorabuena por el artículo.

    Debo decir que no soy una persona versada en derecho (es mas, podria decir que “no tengo ni idea” por hablar en plata, simple y llanamente), pero ha llegado a la pantalla de mi PC este blog de manos de un buen amigo (en este caso gran conocedor e la materia, al cual molesto continuamente ya que siempre me esta aleccionando y sacando de dudas) y me ha gustado mucho.
    Me dedico al campo de la “Actividad física y la salud” con lo cual me siento, en cierto modo, identificado con lo que aqui se expone, ya que parece que hoy dia se ha extendido la peligrosa moda de hablar/opinar sin conocimiento de la cual no nos libramos en algunas especialidades.

    Posiblemente este pequeño granito de arena no sirva de nada, ya que no puedo aportar nada de verdadero valor al blog, pero solo queria manifestar (como total desconocedor de la materia) mi profundo respeto y admiracion por los verdaderos profesionales de este ámbito, además de dar la enhorabuena por el post, aún quedamos algunos locos que no hablamos de lo que no sabemos y confiamos en los que han dedicado su vida a ello, gracias por vuestro tiempo y vuestro esfuerzo.

    • Fernando Gomá Lanzón
      Fernando Gomá Lanzón Dice:

      Como uno de los cinco coeditores del blog, le agradezco su comentario. Y le pido que siga con nosotros. La labor de defensa del Estado de Derecho y de lo que ello conlleva no es en absoluto de juristas exclusivamente, sino de todos como ciudadanos, El blog tiene como uno de sus objetivos ofrecer información y opinión equilibrada para cualquioer persona interesada, de temas complejos que le conciernen, y mucho, para que se forme su propia opinión más allá de las informaciones, muchas veces sesgadas, que le llegan por los canales tradicionales. Un saludo.

  45. Alvaro Delgado
    Alvaro Delgado Dice:

    Yo también quiero agradecerle, amigo Víctor, su “valor” para adentrarse en la lectura de mi post y, sobre todo, para comentarlo. Y gracias por sus elogios. Como prueba de que los juristas no somos tan obtusos ni corporativistas tengo que decirle que, dedicándose usted a un mundo muy diferente, ha entendido perfectamente el sentido de lo que he querido transmitir. Enhorabuena y gracias a usted amigo. Su buen criterio y sentido común nos aporta mucho. No nos deje.

  46. BloodyKefka
    BloodyKefka Dice:

    La gente puede y debe opinar al respecto de las leyes. Sin embargo el problema que nos encontramos es que la gente no opina, sino dice burradas, y burradas bien gordas que dan lugar a demagogias como la de Gallardón.

    Yo estoy muy de acuerdo con el artículo: el problema no es opinar, sino hacerlo de necia manera. Se entiende que no todos tenemos porque saber de leyes pero, precisamente por eso, cuando se haga hay que ser cuidadoso con lo que se dice, y escuchar otras opiniones, especialmente las versadas. Si no, nos encontraremos con demagogos como Cárdenas, que en la radio dice lo que la gente quiere oir para ganar audiencia. Y eso con las leyes es muy peligroso.

  47. Perito Manzana
    Perito Manzana Dice:

    Tirón de orejas:

    Señores abogados, este tema me ha tocado un poco la moral. Resulta que soy traductor y necesito un diccionario de términos de Español Jurídico a Español normal (de España), de calidad para consulta. He preguntado a varios abogados y todos me han contestado “jeje, creo que no”. Y me gustaría destacar el “jeje” (que, por cierto, sigo sin saber a qué viene). ¿Cómo es posible que no exista? (los hay en inglés, aunque no hagan tanta falta, ya que el inglés jurídico es “normal”, y en alemán). Si es así, y los abogados preguntados no me han engañado, la verdad, no quiero justificarlo, pero conociendo España, donde hay un entrenador, un político, un economista, un ministro y un abogado del estado en cada bar, no me extraña que cualquiera se ponga a opinar sandeces, porque no es precisamente fácil, sino todo lo contrario, enterarse, aunque sea sólo de los fundamentos, de la materia.

    Hoy en día, el derecho en España (países latinoamericanos e Italia incluidos) es arcano. Deberían preocuparse de acercar el derecho a la sociedad por ahí: por el lenguaje, que no es si no otra barrera, y enorme, al acceso.

    • César Martínz
      César Martínz Dice:

      Pues si no recuerdo mal, en mi etapa de estudiante de la facultad (hace poco más de un año) si que llegué a ver algún diccionario jurídico en alguna biblioteca o en alguna libreria. Ahora bien, la calidad de los mismos la desconozco, porque salvo alguna consulta puntual, no los he utilizado mucho. No obstante, en internet he encontrado esto http://www.lexjuridica.com/diccionario.php que quizás te pueda servir de ayuda, hasta que encuentres un diccionario más profesional o edición más completa para tu trabajo.

      Un saludo

  48. jorgescc
    jorgescc Dice:

    Dº Manu, gracias por la referencia bibliográfica que, lamentablemente, desconocía.
    Por mis lecturas creo que el problema es anterior a la Revolución Francesa y no es tanto un asunto de poder constituyente- poder constituido.
    Pero no quiero profundizar en ello porque esos detalles son indiferentes. Minucias.
    Lo que está claro es que el diagnóstico del problema o del hecho está definido objetivamente: el Derecho del Estado de Derecho no es Derecho en el sentido de límite y norma racional del Poder político. Simplemente es así.
    Y sin embargo, la buena fe de doctos juristas se sorprende a cada rato de algo que viene ocurriendo hace siglos por causas perfectamente conocidas, pero que cuando se pretende subvertirlas se ofrecen remedios que reproducen las causas del mal, esto es, más Estado de Derecho, más mentalidad estatal.

    Quizás lo que digo a continuación sea una “boutade”, pero hablando de la trivialidad quizás se me perdone: la banalización de la opinión sobre el derecho (y sobre la política) en el Estado de Derecho se debe a que el derecho (y por supuesto la política) es una actividad que hace mucho tiempo el pueblo sabe, de forma instintiva, que no puede tomarse en serio.

    “La Justicia es un cachondeo” dijo un alcalde jerezano. Ante ese hecho indubitado, poco importa la banalización de un derecho que hace mucho dejo de ser Derecho.

  49. César Martínz
    César Martínz Dice:

    En primer lugar, felicitar al autor del post en particular, a todas las personas que colaboran en el blog en general. Leyendo aleatoriamente alguno de los comentarios (y es que son muchos los que comentan y no puede ser mejor síntoma de éxito de un blog), me llama uno la atención, que propone la siguiente idea. Son las personas que trabajan y viven en y para el mundo del derecho, las que utilizan a propósito un lenguage dificil y complicado, para que las personas legas en derecho no lo puedan entender. Este argumento también lo he visto utilizado referido a los economistas.

    El caso es que, puedo llegar a entender a esta persona, ya que yo mismo que soy abogado, aunque de momento me gusta definirme como benjamin jurista, me doy cuenta de que, tras años de facultad estudiando libros y leyendo derecho en todos sus formatos, me encuentro en la etapa más socrática de mi vida. Solo se que no se nada. Aunque algo si que se, me doy cuenta de que el ordenamiento jurídico español (que es el que conozco) es extremadamente complejo. Además, hablar de derecho es hablar de economia, de politica y de sociedad, y es que las relaciones sociales, la realidad social, es muy complejo tal y como la conocemos, y explicarla a través de normas y leyes, es una tarea harto complicada, más cuando como bien se ha apuntado, muchas veces las normas responden a cuestiones de oportunidad política, mermando así su calidad.

    Tenemos un problema. Solo hay que ver la cantidad de noticias relacionadas con el fenómeno de la hipoteca, y lo mal resuleta que está la cuestión en nuestro ordenamiento. Sin embargo, es de agradecer que gracias a internet, podamos compartir nuestros conocimientos, de cualquier materia, y que se pueda opinar, para corregir y aprender los unos de los otros. Y mi ánimo desde aquí a seguir con esta labor.

Los comentarios están desactivados.