“Tercera” de ABC del coeditor Fernando Gomá sobre productos financieros complejos

El pasado sábado 4 de mayo, el editor Fernando Gomá publicó en la Tercera de ABC un artículo dedicado a un tema que no puede estar más de actualidad: los productos financieros como preferentes o swaps. En él no solamente describe cómo hemos llegado a la lamentable situación actual, sino que también reclama para el consumidor un cambio total en su forma de comportarse a la hora de contratar productos financieros. Éste es el artículo:

 

PRODUCTOS FINANCIEROS COMPLEJOS

Si en una conversación cotidiana de hace, pongamos, seis años, alguien hubiera argumentado a favor o en contra de las participaciones preferentes, los swaps o la deuda subordinada, probablemente el tema decaería con rapidez. Pocos contertulios estarían preparados para opinar con seguridad sobre negocios tan técnicos y escasamente conocidos. En el 2013, sin embargo, muchas personas son capaces de describir con notable precisión las características y el funcionamiento de alguno de estos complejos productos financieros aún sin ser en absoluto expertas en esta materia, quizá por haber contratado alguno de ellos. Y no es posible exagerar su repercusión mediática. Un día se especula sobre las pérdidas económicas que tendrán que afrontar los preferentistas; otro se analiza la última sentencia judicial sobre swaps; y en muchos de ellos hay hueco para dramas sociales de personas que invirtieron en algo que creían seguro, y no lo era. Gran cantidad de cosas han cambiado notablemente en poco tiempo.

 

 

Podemos tener la sensación de que en un pasado no muy lejano los productos financieros que eran ofrecidos por el banco a sus clientes no especializados eran más sencillos y comprensibles, y el asesoramiento de la entidad, confiable. Y que en un momento determinado algo cambió. Es probable que fuera así en realidad, y que ese momento fuera la aprobación en 1999 en Estados Unidos de la Financial Services Modernization Act, que abrió la puerta a algo prohibido desde la Glass-Steagall Act de 1933: la fusión de la banca de inversión y la banca de depósitos. Con ello, sofisticados y herméticos instrumentos económicos diseñados por agentes de inversión y destinados únicamente a este sector, pasaron a ser ofrecidos al cliente minorista. Esa derivación era una bomba en potencia, que acabó explotando.

 

Las preferentes no son un producto totalmente falto de alicientes. Al adquirirlas se obtiene el derecho a recibir una remuneración anual por aplicación de un elevado interés fijo –en algunas emisiones llega a ofrecerse el 7 %- que es abonada siempre que la entidad no declare pérdidas ese año. Ahora bien, la inversión es perpetua, el capital no es recuperable salvo que se vendan los títulos. Y en caso de quiebra de la entidad, sus titulares están por detrás de todos los acreedores para el cobro, puesto que responden de las deudas sociales casi al mismo nivel que los accionistas. Estos caracteres no les impiden ser una razonable opción de colocación de capital para un número reducido de inversores con conocimientos superiores al nivel básico. Pero resulta muy improbable que sean capaces por sí mismas de ejercer una atracción insuperable para una mayoría muy considerable de clientes bancarios minoristas, hasta convertirse en el mayor best seller financiero del siglo XXI en España. Y, sin embargo, esto es exactamente lo que ha ocurrido. Se calcula en los últimos años se han comercializado por un valor superior a 30000 millones de euros, y que el 80% del total fueron contratadas por consumidores sin conocimientos especiales, para muchos de los cuales esta inversión ha  resultado muy perjudicial.

 

¿Cómo ha sido esto posible? ¿No estábamos protegidos contra estos desastres tras unos sólidos muros jurídicos e institucionales? ¿No teníamos una exigente y garantista legislación de defensa del consumidor, unos reguladores a los que se les suponía vigilantes, unos ministerios con atribuciones sobre la materia?

 

Tal vez. Pero hubo algo más poderoso: el enorme interés en venderlas, porque las preferentes tenían  una propiedad valiosa en extremo. Eran un instrumento de capitalización de las entidades financieras clasificado como de máxima calidad. Si ya desde el principio habían resultado muy atractivas para aquéllas, cuando en 2007 comienza a asomar la crisis financiera, y especialmente tras la quiebra de un too big to fail como Lehmann Brothers el 15 de septiembre de 2008, se convirtieron en dramáticamente imprescindibles. A medida que avanza la crisis hay dos fuerzas divergentes en pugna; una, la del interés del cliente minorista, para el cual el producto será cada vez menos conveniente y más peligroso; y otra, las imperiosas necesidades de capitalización de bancos y cajas.  Esta segunda fuerza se impone sin matices. En 2009 se comercializan más preferentes que en todo el periodo 2003-2006. Las normas que hubieran debido proteger al consumidor e impedirlo (Directiva MiFID, derecho interno desde 2007, entre otras) fueron sistemáticamente ignoradas por las entidades. El Gobierno no actuó y los reguladores Banco de España y CNMV, que debieron haberlo detectado y corregido, sencillamente no lo hicieron.

 

El resultado es conocido. Quizá el mejor resumen de la situación lo ha hecho el comisario europeo Joaquín Almunia quien, con inusual contundencia en un político, ha afirmado: “hay titulares de preferentes, que, por decirlo suavemente, han sido engañados”.

 

De todo lo acontecido hemos de extraer una importante lección para el futuro. Además de fallar todos los sistemas de tutela de la parte débil, el inversor minorista, hubo otro factor que hizo finalmente posibles esas ventas de preferentes: que se compraron. Se firmaron muchos de los contratos por la confianza que se tenía en el asesoramiento bancario. Ya en los años 50 el maestro Garrigues advertía contra la cultura del dónde hay que firmar. En pleno siglo XXI se firmó sin mirar, y aunque desde luego la principal -enorme, inexcusable, quizá penal- responsabilidad es de las entidades, ha de reconocerse al menos un error fatal en esa delegación de confianza.

 

No cabe aprender nada si se tiene la convicción de que la situación del que ha comprado productos tóxicos es atribuible exclusivamente a los demás, sean bancos, Gobierno o reguladores. Si no hay conciencia de haber sido, al menos en cierta medida, causante de ella, no hay ninguna posibilidad real de esperar una rectificación de actitud en el futuro, por faltar la conciencia de haber fallado. Busca tu confianza donde la dejaste, reza un antiguo aforismo germánico. Recojámosla de ese lugar y no volvamos a prestarla tan fácilmente.

 

Pueden proponerse muchas reformas que permitan a los consumidores precaverse contra inversiones y contratos no adecuados o perjudiciales, pero la más efectiva es la única que depende de nosotros mismos. Hay que cambiar de raíz nuestro comportamiento financiero. Ante un producto bancario que no se comprende, no parece conveniente o resulta dudoso, se impone decir la palabra que constituye la protección definitiva: no.

7 comentarios
  1. Teilhard
    Teilhard Dice:

    Dependeria de nosotros mismos esas decisiones, si hubiéramos dispuesto de la información necesaria, en forma y contenido. Todo engaño, sobretodo si es masivo, en última instancia se basa, no tanto en la falta de voluntad de conocer del engañado, como en la opacidad procurada por el engañador.

    Podemos incluso ir más allá de las preferentes. Analicemos la letra pequeña de otros “contratos”. ¿No dice la constitución que elegiremos los diputados mediante sufragio libre y DIRECTO?. No dice la constitución que no se pueden dar mandatos imperativos a los diputados? ¿No dice la constitución que los partidos han de ser democráticos? ¿no dice que TODOS somos iguales ante la ley? ¿puede existir una constitución sin división de poderes?

    En comparación, ¿no le parece las preferentes una mala broma?. Y ¿cuantos son los que lo denuncian? ¿no decía este fin de semana Dolores de Cospedal que las listas cerradas están muy bien?..En fin

    Un saludo

  2. Pochioral
    Pochioral Dice:

    Excelente exposición con un resumen muy acertado de la situación en la que nos han dejado esta sarta de inutiles , politicos y banqueros que solamente van por su interés personal. Vergonzoso.

  3. María
    María Dice:

    Si la línea apuntada se extendiera a todos los ámbitos de la vida, no podríamos movernos: nadie podría someterse a una operación quirúrgica, ni comprar un coche, ni subir a un avión, porque siempre estaría la opción de decir. “NO”.

    En mi opinión, trasladar la culpa al contratante cuando la persona en quien se deposita la confianza le ha engañado, es bastante peligroso.
    “Busca la confianza donde la has puesto”: efectivamente, la confianza se ha puesto en el banco asesor… o en la caja de ahorros de toda la vida.

  4. Marta Patricia Pascua Ponce
    Marta Patricia Pascua Ponce Dice:

    Sin swaps no se concedían a veces préstamos hipotecarios. El problema era que el cliente sólo se enteraba que tenía que contratarlo en el momento de firmar la hipoteca, donde junto a una documentación prolija (seguros sobre la vivienda, seguros de vida, autorización para cargo en cuenta, etc,) se colaba al cliente el swap y si el cliente demandaba una explicación se le decía someramente que era una cobertura del tipo de interés y poco más.
    En una ocasión firmando un préstamo hipotecario un cliente me pidió información sobre ese producto que yo desconocía. Al leerlo e intentar explicarlo el cliente se negó a firmar. En ese momento, el apoderado del Banco le dijo que entonces no había préstamo hipotecario. ¿Qué voluntad contractual es esa? En el momento de firmar un préstamo a un cliente extranjero que ha venido en avión para firmar expresamente la operación se le impone un producto del que no tenía ni la más remota idea. ¿Eso es consentimiento libre?
    Asimismo, he tenido clientes que, cuando han pretendido ejercitar acciones legales, han venido a pedirme copia del contrato (swap) ya que lo firmaron en la notaría. Desgraciadamente tuve que informarles que, a pesar de que lo firmara allí, no era un documento intervenido por notario, y que desconocía por completo su existencia ya que el Banco se lo hizo firmar aparte, una vez finalizado el otorgamiento del préstamo hipotecario.
    En fin, ha sido una mezcla de falta de información junto con la táctica de sorprender al cliente en el momento de otorgar otro contrato principal que sí había negociado (el préstamo hipotecario) lo que ha propiciado el número tan alto de swaps que se han suscrito por clientes más pillados por sorpresa que otra cosa.

  5. Paya
    Paya Dice:

    Se las van a ver canutas a partir de ahora para colocar nada de nada en un banco, como haya que firmar más de una hoja es que ni cuenta corriente vamos…
    ojo ahora con los planes de pensiones¡¡¡ es a por lo siguiente que van.

  6. Luis
    Luis Dice:

    Creo que D. Fernando Gomá debería de leer detenidamente los artículos que el Código Penal dedica a tipificar el delito de estafa. Le diré al Sr. Gomá que hay unas cuantas personas en Galicia que han “firmado” las ordenes de compra de las “participaciones preferentes” con su huella digital. ¿En quien quiere que depositen su confianza? Si el Sr. Gomá propusiera la desaparición del Banco de España ahora que ya no es banco emisor y solo tiene competencias de inspección y control, podría hacer un esfuerzo para entender el punto de vista del mismo. Y otro tanto deberíamos de hacer con la CNMV, ya que ninguna de las dos Instituciones ha cumplido con sus fines, mas bien lo contrario.

  7. Maximilien Robespierre
    Maximilien Robespierre Dice:

    Tenemos un numero infinito de normas juridicas de maravillosa factura tecnica que inundan las paginas de los multicolores diarios oficiales, algunas de las cuales tienen como finalidad proteger al consumidor.
    Tenemos infinidad de representantes politicos en las distitntas Asambleas legislativas… Gobierno nacional, regionales…
    Tenemos un numero descomunal de comisiones, organos “independientes” de vigilancia de los mercados de todo tipo (solo faltan los de abastos).
    Tenemos un magnifico Banco de España. (¿Que españa?)
    Todo ello importa una considerable cantidad de dinero que sale del bolsillo de esforzado “currante de a pie”,
    Entre los enumerados y… los omitidos ¿Hay alguien reponsable de este y de otros desaguisados semejante?
    Si lo hay que dimita y devuelva la remuneracion percibida por el (no) desempeño de sus funciones.
    Una ultima consideracion: “siento en mis carnes verguenza por la imagen de España”. No se si sera muy fuerte pero me averguenzo de ser español.

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