El denominado “escrache” ¿alternativa de manifestación pacífica o ejercicio excesivo del derecho fundamental de reunión?

La puesta en práctica del tipo de manifestación denominada como escrache (de escrachar a alguien, ponerlo en evidencia) ha supuesto la irrupción de un nuevo  y acalorado debate en el seno de la sociedad Española.

 

Aunque la versión del escrache existente en España, se podría calificar como de baja intensidad o venida a menos, dado que carece de muchas de las características que en los países donde se gestó esta práctica –Argentina y Chile- posibilitaban su calificación como manifestación de carácter agresivo o radical.

 

Esta novedosa forma de manifestación, obtuvo intensa difusión mediática a causa de su originalidad y peculiaridad, y más pronto que tarde se suscitó la polémica en torno a su legalidad. Se expuso por varios de los miembros del gobierno actual, que esta forma de expresión popular suponía una grave vulneración del derecho a la intimidad personal y familiar, consagrado en el artículo 18, inciso primero, de la Constitución Española. Esta opinión fue ampliamente compartida por los medios de comunicación que.o bien se alinearon a la versión oficial o incluso elaboraron discursos más proclives a la ilegalidad absoluta de la tan cuestionada práctica.

 

Por otro lado, la puesta en práctica del escrache se enmarca dentro del ejercicio del derecho fundamental de reunión y manifestación, establecido por el artículo 21, incisos primero y segundo, de la Constitución Española. Pero al estar afectando en su ejercicio –considerado excesivo para algunos- al derecho fundamental a la intimidad personal y familiar, el conflicto entre derechos está servido.

 

Para posicionarse a favor de una de las dos posturas que nos ofrece el conflicto –delimitar o “modular” el derecho de manifestación, o tolerar la presunta vulneración al derecho a la intimidad- es preciso realizar un análisis jurídico pormenorizado de los derechos en pugna.

 

Si nos atenemos al tenor literal de ambos derechos enfrentados y los comparamos entre sí, nos asaltan las dudas. Una argumentación recurrente de los defensores de la limitación del derecho de manifestación, es que éste no puede ser ejercitado frente a los domicilios personales de las personas que ocupan cargos políticos públicos dado que el domicilio es “inviolable”. La duda más inmediata es si dicha inviolabilidad contempla la posibilidad de no ser perturbado por unos cuantos ruidosos que exigen de manera pacífica una u otra cuestión. La literalidad del texto nos dice claramente que no. Que la inviolabilidad se circunscribe estrictamente a la entrada de facto o registro material del domicilio que se trate. Tampoco en el desarrollo jurisprudencial de este derecho, que le otorga un alcance más amplio, se consideran entre los supuestos vulneradores de la inviolabilidad del domicilio casos que pudieran encajar en la práctica del escrache.

 

Otras voces en cambio, también favorables a la anulación de la práctica, se inclinan por calificarla de “acoso”, amparándose en el supuesto carácter “hostil” que la caracteriza. Revisando minuciosamente los razonamientos que van en esta línea se puede deducir que ninguno de ellos responde a la objetividad o a un análisis más o menos preciso de la cuestión, sino que se encuadran más bien en un intento tendencioso de relacionar los escraches con la violencia, teniendo por fin último la inmediata erradicación de dicha práctica dadas las molestias que genera en ciertos sectores de la política.

 

Tampoco parece que los escraches puedan llegar a suponer una intromisión ilegítima de terceros en la intimidad personal y familiar del afectado, ya que no parece posible subsumir dicha práctica en ninguno de los supuestos que son considerados como una vulneración del derecho a la intimidad y que se establecen en el artículo 7 de la  ley orgánica que lo regula (LO 1/1982). A grosso modo, se consideran como vulneraciones de dicho derecho las acciones que logran inmiscuirse en los aspectos más íntimos de una persona y que permitan desvelar información de su personalidad, salud, relaciones o comunicaciones, entre otras. Por lo que en base a esta definición sería complicado calificar al escrache como de injerencia arbitraria o ilegal en la intimidad de una persona, y sería igualmente complicado pensar que el escrache revela, por el sólo hecho de ejercitarse, datos o información que pudiera vulnerar el derecho a la intimidad de la persona afectada en la forma antes definida.

 

Por tanto, me parece que las impresiones negativas existentes acerca de la controvertida práctica podrían estar más bien influenciadas por el posicionamiento oficial y el mediático más que por la realidad de la práctica en sí. El uso recurrente y excesivo de palabras que expresan rotundidad en las argumentaciones contrarias al escrache realmente poco aportan a un debate razonable, crítico y jurídico.

 

Descartada entonces la posibilidad de que el escrache suponga una vulneración a la inviolabilidad, un acoso o una intromisión ilegítima en la intimidad, se podría afirmar que la pretensión de acotar el derecho de manifestación en su modalidad escrache, se ajusta más a la idea del right to be alone  o “derecho a no ser molestado”, del cual el cargo público carecería, al menos en su concepción más absoluta. Justamente, la excepción a la regla de no ser molestado, vendría dada por el carácter público del “escrachado”, ya que se podría aventurar que el dirigente político al asumir su cargo decide renunciar –al menos en parte- a la protección de su privacidad personal, y por tanto no poseería un derecho absoluto a no ser importunado en su ámbito privado. Esto es, no podría rechazar cualquier intromisión en el ámbito de su intimidad, y ciertos aspectos de su privacidad serían accesibles al público en general y podrían ser objeto de información masiva y crítica aún cuando ello le resulte molesto o incómodo.

 

Puede que a primera vista un conflicto entre derechos como el expuesto pueda parecer de difícil resolución, pero la aplicación de la racionalidad jurídica convierte su dificultad en aparente, ya que realmente no habría que apelar a mayores concesiones de uno u otro derecho para que ambos coexistan en armonía. Para posibilitar la convivencia entre estos derechos, habría que apelar a soluciones prácticas basadas en la evidencia empírica que nos proporciona las varias manifestaciones de modalidad “escrache” que ya se han llevado a cabo hasta el momento. La ya vasta experiencia constata que las manifestaciones no son violentas ni tienen viso alguno de serlo. También, que éstas al realizarse cuentan con la debida autorización y que muchas veces ni siquiera afectan el tránsito público debido al civismo de las personas que integran el grupo escrachador. En ellas casi no se escuchan insultos, ni suponen una alteración significativa del orden público. Lo único que se podría compartir con los detractores de esta práctica es que las manifestaciones de escrache hacen ruido y son molestas. Como todas las manifestaciones.

 

Dichas molestias ¿merecen una limitación de un derecho fundamental o una regulación en términos prácticos? Probablemente la segunda opción sea la más conveniente, y de hecho es la que ya está en uso. Actualmente, se permite el desarrollo de los denominados “escraches” pero a una distancia de seguridad “razonable” del domicilio del escrachado. De esta manera se logra complacer ambas pretensiones en conflicto: por un lado se permite el objetivo del escrache, que no es más que el señalamiento público de un determinado cargo político fuera de su hábitat natural –congreso o sede partidista-, y por el otro se garantiza el respeto y la no vulneración del derecho a la intimidad personal y familiar del afectado y sus allegados, (a pesar de que entiendo que aún manteniendo la dinámica sin regulación el derecho a la intimidad tampoco se vería afectado).

 

La clara posibilidad de satisfacción conjunta de ambas pretensiones en conflicto, erradica de plano cualquier posibilidad de limitación “a futuro” del derecho de manifestación. No debería dudarse de la superioridad que ostenta una solución –el libre ejercicio del derecho de reunión- sobre la otra –la supuesta vulneración de muy escasa entidad que ocasiona a la privacidad personal-.

 

Los valores en juego exigen ser en extremo cuidadosos a la hora de contemplar la posible limitación de un derecho fundamental. Un juicio valorativo de tipo utilitarista a los propios intereses nunca podría imponerse a un balance cualitativo de los valores en juego que se desarrolle a través del razonamiento jurídico-filosófico. Un hipotético triunfo de la versión del gobierno podría llegar a causar un daño difícilmente reparable a un derecho fundamental de soberana importancia para las sociedades democráticas como lo es el derecho de manifestación. Argumentos efectistas e interesados, no basados en la legalidad y que no contemplen la totalidad de posiciones y opiniones de los actores involucrados en el conflicto, deberían de ser rechazados de plano para dar lugar a soluciones basadas en la equivalencia, que sirvan para armonizar las pretensiones enfrentadas y logren garantizar la coexistencia pacífica de los derechos fundamentales.

35 comentarios
  1. Usuario
    Usuario Dice:

    Interesante artículo, aunque yo, al contrario que el ponente, sí me permito dudar de la supuesta superioridad del derecho de manifestación frente a la invasión de la intimidad. En primer lugar, porque el escrache en sí mismo no es exactamente un derecho de manifestación contra una política o incluso contra una institución como el Congreso, por ejemplo. Es una acción dirigida a una persona concreta en el ámbito privado. Eso es algo que corre siempre el peligro de sobrepasar unos límites, los de la esfera privada, que ha costado muchos siglos obtener. Estamos hablando de cuestiones muy delicadas.

    No digo que no pueda existir, que nos sea posible manifestarse contra una persona concreta, pero repito, en absoluto ese derecho es siempre superior al de la protección a la esfera personal del individuo. Esa afirmación me parece peligrosa. No estoy en absoluto seguro de que el tenr un cargo público conlleve una renuncia a la privacidad. ¿Todos los cargos públicos? ¿El concejal de un pueblo de la sierra también?…

    Siguiendo ese argumento, podría decirse que también los que aparecen en los medios, periodistas, por ejemplo, que influyen en la opinión pública, también han renunciado en parte a su privacidad y se les podría hacer escrache para que cambien su postura. ¿Aceptaría el autor del post que le hicieran escrache para que cambie la suya, le parecería correcto?

    Estoy haciendo preguntas, no dando respuestas, y creo que la aportación es interesante, pero no veo claras ciertas afirmaciones que entiendo que no quedan argumentadas, sino simplemente expuestas. Saludos.

  2. BloodyKefka
    BloodyKefka Dice:

    Al final se reduce todo a una cuestión de formas:

    El simple hecho de ir a vocifear a un polífico no debería ser un problema. La cuestión está en cómo se debe hacer: una simple protesta en un horario decente (no a altas horas de la noche) en la que se exigen soluciones y no se cae en la violencia (tanto física como verbal, a pesar de que se pueda comprender que algún insulto se pueda escapar) no debería ser ni ilegal, ni inmoral. El problema está cuando, en nombre de la defensa de la gente, se permiten abusos. Eso no es únicamente ilícito, sino una manera de darles a los políticos recursos para criticar.

  3. Fran Saurí
    Fran Saurí Dice:

    1. Aunque seguramente me van a calificar de sesgado, quisiera recordar que los escraches los inventaron los colectivos provida que hacían el pasillo a la puerta de la clínicas que hacían abortos. En ese caso, como en el de los bancarios (que no banqueros) escrachados en sus oficinas, nadie puso problemas. Eso sí, en cuanto los políticos han sido afectados y, además, están en el poder, pues a rasgarse las vestiduras (si alguien piensa que esto es demagogia, podemos discutir).

    2. Usuario:

    “Eso es algo que corre siempre el peligro de sobrepasar unos límites […] ¿El concejal del pueblo de la sierra? [… ]¿Aceptaría el autor del post que le hicieran escrache para que cambie la suya, le parecería correcto?”

    Esto es la falacia de la pendiente resbaladiza.

    • Fran Saurí
      Fran Saurí Dice:

      [Perdón, se me ha ido el ratón]

      Decía que es la falacia dela pendiente resbaladiza.

      Es más, conviene precisar 1) no veo porqué los concejales de la sierra pueden tener bula. 2) Que no se trata de que la persona en cuestión cambie de opinión sino que cambie de decisión. El matiz es importante.

      Se trata de que los políticos hagan lo que cierta gente quiere. Por ejemplo, a diferencia de lo que piensan los obispos españoles, un político católico no tiene que votar en función de sus creencias sino en función de lo conveniente para las personas del país. Una manifestación, pequeña o grande, pretende hacer visible los deseos de ciertas personas que, no por ser, tal vez, pocas, son menos importantes. El político (de Madrid o del pueblo) tiene que decidir y tiene que enfrentarse a la alabanza o el vituperio de aquellos a los que no contenta.

    • Usuario
      Usuario Dice:

      Fran Saurí, el escrache está referido al domicilio particular de una persona, las clínicas no cumplen exactamente esa condición, son otra cosa. Desde luego las manifestaciones delante de ellas se pueden analizar también, pero entiendo que no son lo mismo.

      Lo del concejal etc que comento no pretende equiparar, quería decir, quizá no muy bien expresado, que decir que los políticos pueden ser escrachados porque han renunciado tácitamente a parte de su esfera personal me parece algo bastante dudoso. Y el ejemplo del concejal sí creo que es correcto en ese sentido. La pregunta es cómo se ponen los límites. Tampoco es que tenga las respuestas.

  4. FBR
    FBR Dice:

    Creo que siempre que se mantengan en el límite de lo no violento, sin traspasarlo, el escrache es lo menos que les puede pasar a la famosa “casta”. Y no es por su carácter de personas públicas, sino más bien por el dirigentes, y deudores de promesas electorales incumplidas y de un futuro prometido y que una vez elegidos declaran inalcanzable; eso sí, por culpa de otros.
    No creo deseable los escraches, pero tampoco criminalizables a priori (otras cosa serán los actos que lleven a cabo los que los realicen).
    Y veo en Fran Saurí mucha razón cuando manifiesta que el “problema” es que les ha tocado a “ellos”. Ya he manifestado la semejanza que encuentro entre estos escraches (los pacíficos) y el cobrador del frac; aquí los deudores lo son de promesas incumplidas.

  5. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    A mi modo de ver no cabe la confusión entre ambos derechos: Manifestación y Privacidad.

    La práctica es Acoso y la prueba definitiva es que sus creadores, conscientes de ello, cambiaron el nombre en otro uso artero de la semántica para consumo de incautos.

    Diccionario al canto: Acosar es…..
    Perseguir sin dar tregua ni reposo.
    Perseguir, apremiar. importunar a alguien con molestias o requerimientos.

    Otra cosa es si entramos a analizar la efectividad de los derechos de acción ciudadana para limitar el poder de la clase política: Cero Patatero y Disminuyendo. Sin duda.

    Y como no hay forma de influir o limitar este poder y cada vez es más difícil y con mayores obstáculos pues la gente se siente arrinconada y el poder con miedo porque es consciente de lo que hace. Se gobierna mal y no para la gente sino, prioritariamente, para una casta.

    Estaba esta mañana leyendo un librito escrito por David Graeber (The Democracy Project) una especie de historia breve de su experiencia de unos meses cerca del Occupy Wall Street y es evidente la falta de cauces y el miedo a la expresión de la indignación. Es el tema del libro, lo más relevante y la causa de la pérdida de legitimidad de este sistema: Poder económico absoluto en manos del estado, Ineficacia atroz, reducción de expectativas, justificación de miseria creciente…..kaput….el invento ya no sirve.

    Pero acoso es acoso.
    No necesitamos inventar palabras excepto para engañarnos acerca de significados reales.

    Saludos

  6. Fran Saurí
    Fran Saurí Dice:

    1. Usuario:
    “[…] decir que los políticos pueden ser escrachados porque han renunciado tácitamente a parte de su esfera personal me parece algo bastante dudoso.”

    Que a Clinton le gustase realizar intercambio de fluidos con una joven mediante un vector proporcionado por las tabaqueras me parece irrelevante a mi. Pero hay gente que puede pensar que dice algo relevante del carácter de ese político.

    2. Manu.

    En efecto, “Acosar”: 1. tr. Perseguir, sin darle tregua ni reposo, a un animal o a una persona. 2. tr. Hacer correr a un caballo. 3. tr. Apremiar de forma insistente a alguien con molestias o requerimientos. “Perseguir” (Del lat. persĕqui): 1. tr. Seguir a quien va huyendo, con ánimo de alcanzarle. 2. tr. Seguir o buscar a alguien en todas partes con frecuencia e importunidad. 3. tr. Molestar, conseguir que alguien sufra o padezca procurando hacerle el mayor daño posible. 4. tr. Tratar de conseguir o de alcanzar algo. 5. tr. Dicho de una determinada cosa o situación: Suceder repetidas veces en la vida de alguien. Me persigue la mala suerte. 6. tr. Solicitar o pretender con frecuencia, instancia o molestia. 7. tr. Der. Proceder judicialmente contra alguien y, por ext., contra una falta o un delito. Perseguir las infracciones.

    ¿Y qué tiene de malo acosar a un político? En sí mismo el acoso es molesto, no violento.

    • Fran Saurí
      Fran Saurí Dice:

      “haciéndole el mayor daño posible”

      Vale.

      Pero supongo que en el sentido de molestar, de lo contrario no tiene sentido la definición.

  7. Aloe
    Aloe Dice:

    La mayoria de los argumentos relativos a la vulneración de la intimidad o al presunto acoso implicarían, si se aceptaran imparcialmente y se aplicaran tal cual, que sería completamente ilegal, sin matices, que los periodistas se apostaran en las cercanías o la puerta del domicilio de algún famoso, para intentar tomar fotos o entrevistarle. (Incluso que lo hicieran en algún otro lugar, si se habla de acoso, como un juzgado o cualquier otro sitio donde no se desarrolla un acto público).
    Si el que venga alguien a darte la lata a la puerta de tu casa es atentado a la intimidad, también serían ilegales los vendedores puerta a puerta (hoy en día, de iberdrola, Fenosa y otras empresas de suministros de ese tipo, mayoritariamente) y no digamos los que piden para el Orfanato de San Antonio o nos quieren hacer Testigos de Jehová.

    El problema de fondo es que la mayoría de los políticos profesionales no conciben, en realidad, que el derecho de manifestación y reunión es un derecho fundamental, que no puede limitarse por el motivo de que a ellos les molesta como es ejercido. De hecho, una protesta debeŕia causar siempre alguna molestia a aquellos contra los que se protesta, y la ley en todo caso debería delimitar cuales molestias no son aceptables.
    Las manifestaciones, salvo las muy multitudinarias, se han digerido como un rito ionofensivo. Pero cuando han intentado hacerse cerca de algún centro físico del poder, también han sido prohibidas.
    En resumen, que los derechos políiticos fundamentales (expresión, crítica, reunión, manifestación…) solo se aceptan cuando son inefectivos e inanes por completo, y si intentan no serlo, se rechazan. Quienes ocupan cargos públicos demuestran con ello lo poquito interiorizados que tienen los derechos políticos democráticos, y la poquita costumbre de ser cuestionados o de que se les pidan cuentas o se les ponga en evidencia. Junto con las “conferencias de prensa” sin preguntas y plasma por medio (paso siguiente al anteriormente ya asentado, de controlar las preguntas, no admitir repreguntas y no contestar a lo que no da la gana) configuran un estilo político en el que las convicciones democráticas son poco más que un formulismo de boquilla, que no resiste ningún “test de estrés”.

    El proceso de neutralizar los escraches, en consonacia con ello, ya se ha puesto en marcha. Si no me equivoco, la prohibición se extiende a 200 metros del domicilio del pollo de quien se trate. Vamos, que los ciudadanos tenemos dictada una orden general de alejamiento de los políticos. Somos todos unos indeseables, indudablemente. Por algo Luis XIV se construyó Versalles, para no tener a la plebe demasiado cerca como en el Louvre. Claro, Luis XIV era un rey absoluto, y los de ahora no pueden decir abiertamente que les gustaría comportarse igual. Peró sí que les gustaría…

  8. Fran Saurí
    Fran Saurí Dice:

    Pongamos que damos la alternativa de escrachar en el “puesto de trabajo” del político. Pero entonces nos dirán que esos lugares son poco menos que sagrados: que si en el Congreso esto, que si en el Senado lo otro, … O que si los comerciantes de las calles tal, etc.

  9. Rodrigo Tena Arregui
    Rodrigo Tena Arregui Dice:

    Gracias a Daniel por plantear el debate desde la perspectiva jurídica. Ahora bien, yo creo que el problema del escrache no es tanto jurídico –mientras no se incurra en la violencia o en la intimidación- como político. Como en tantas otras ocasiones conviene distinguir una vez más entre el Derecho y la Moral (o la Política).
    Decía Helmut Kohl que lo único imprescindible para un político es una buena tintorería. Es decir, uno sale a la calle, al espacio público, y la gente empieza a tirarle huevos y a escupirle. Lo procedente es callarse, volver a casa y mandar el traje a la tintorería. Con los escraches pasa lo mismo. Con la diferencia de que además de tener una buena tintorería hay que tener tapones en casa. Ahora bien, eso no significa que tirar huevos o escupir sean conductas presentables en la vida pública. Son impresentables, como acosar a los políticos para que cambien de decisión, no de opinión. Lo que ocurre es que el Derecho no puede estar a todo ni debe prohibir todo lo que nos parece políticamente impresentable, porque en caso contrario limitaría nuestra libertad y no haría mas que diluir nuestra responsabilidad como ciudadanos.
    Yo estoy en contra completamente de los escraches pero no creo que haya que prohibirlos. Creo que los clásicos del DR hubieran opinado igual.

  10. Deus ex Machina
    Deus ex Machina Dice:

    “También, que éstas al realizarse cuentan con la debida autorización”

    Ehhh lo siento pero que yo recuerde, en España no se autorizan las manifestaciones. Se exigen su comunicación previa cuando se realiza en el espacio público, comunicación que en determinados casos puede no ser necesaria. Es que hay que precisar ya que no es lo mismo comunicar que pedir permiso. Y estas cosas hay que evitarlas, como lo de decir que cuando una manifestación no tiene autorización (cosa que como digo antes no es así) es ilegal. Esto se escucha casi a diario en los medios e incluso se lo he leído en Twitter a la Sra Cifientes

  11. Curro Arriola
    Curro Arriola Dice:

    Yo creía que en Democracia la forma de obligar los ciudadanos a los políticos era con los votos. Supongo que soy bastante cándido.
    Ahora estoy aprendiendo cantidad de cosas nuevas.
    1.- En las concentraciones ante las clínicas abortistas los “provida” hacemos “el pasillo”. ¡Vaya hombre! He ido a montones y ni una vez he hecho ni he visto hacer “pasillo”. A ver si Fran Sauri me avisa de alguna donde pase eso, que no es para nada habitual… se grita desde el otro lado de la calle, y no se gritan insultos. No dejan. Lo sé porque a mí me han echado (los provida) por pasarme un poquitín (no insutar, no; solo ser un poco claro, pero los provida son de un delicado…)
    2.- Los obispos no pueden orientar la conciencia de todos los que (voluntariamente) son católicos. La conciencia de los diputados católicos es algo ajeno a su religión. El diputado que quiera ser católico (nadie le obliga) debe olvidar la doctrina de la Iglesia y considerar que en su conciencia ante todo manda la política; y que no responde de sus actos políticos ante Dios.
    3- Lo de los huevos, Rodrigo, es que me parece que no lo he entendido. ¿Cuando llegue UPyD al poder vais a declarar exento de responsabilidad penal al que ahuevee a los políticos? ¡Os voto! Y como se corra la voz… ¡mayoría absoluta!
    P.S: los huevos…¿pueden ser de avestruz?
    Gracias.

    • Fran Saurí
      Fran Saurí Dice:

      [¡Cómo estoy hoy con el ratón!]

      Aunque he leído que no son tan amables como dices. De todos modos, reconozco no haber estado presenciando ninguno.

  12. Izaskun
    Izaskun Dice:

    No se olvide que el motivo del escrache es la falta de receptividad oficial de los políticos, no dar audiencia a grupos de ciudadanos unidos por una causa, no dar respuesta a preguntas, no dar explicaciones de los incumplimientos,…

  13. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    “Escrache” es la versión porteña del “Scratch”…. Cancelar, anular, tachar, rayar, rascar, rasguñar.
    En una población tan sobre-educada y compleja como la argentina tiene mucho más tirón freudiano el abuelo inglés que el siciliano o el gallego.

    Pero, nos guste o no nos guste, “Los Reyes son los padres”
    Necesitamos olvidarlo continuamente para que allá lejos, muy en el fondo, renazca la pavesa y volvamos a creer en ciertas cosas.

    Una actitud más realista y más práctica, sería tomar el toro por los cuernos, reconocer la realidad de cómo el sistema gobierna, las gravísimas disfunciones estructurales que tiene, y buscar formas eficaces de cambiarlo.

    Las mini-manis y los acosos no son el camino.
    Al contrario, sólo sirven para que el sistema desarrolle mecanismos de defensa adicionales.

    Saludos

  14. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    La verdad, discrepo absolutamente de la postura de este post. Al final vamos a acabar inventando un nombre para no llamar a las cosas por el suyo, además importándolo de una sociedad que no funciona.
    El Diccionario de la RAE no contiene (aún) la palabra “escrache”, aunque imagino que no tardará porque una académica me dijo que ya estaban debatiendo “finde”, pero sí el verbo correspondiente, muy revelador:
    escrachar.
    1. tr. coloq. Arg. y Ur. Romper, destruir, aplastar.
    2. tr. coloq. Arg. y Ur. Fotografiar a una persona.
    Ya he escrito en otro post sobre este tema que en realidad estamos hablado del primer uso de la primera acepción de otra palabra española de toda la vida, con etimología latina, no un barbarismo:
    coacción1.
    (Del lat. coactĭo, -ōnis).
    1. f. Fuerza o violencia que se hace a alguien para obligarlo a que diga o ejecute algo.

    Creo que esta definición es exactamente la de la palabra que usáis y que me niego a usar. El derecho de manifestación pacífica no lo es cuando la misma se ejercita delante del domicilio de alguien y su familia, por muy deleznable que nos parezca la postura de ese alguien. Desde luego, su familia no tiene la culpa de su conducta y mucho menos, si los tiene, sus hijos menores. Torcer la voluntad de quien sea mediante la coacción y no mediante la convicción, es simple y llanamente, inmoral. Fijo que Ghandi no lo hubiera aprobado.
    Por lo demás, me temo que el autor se ha olvidado de que está vigente (aunque tal vez no para Lasarte, que entre impunemente en el cuartel de la Guardia Civil en el que puso una bomba a que le pongan un sello oficial) el Código penal que sigue conteniendo un número de un artículo que a quien suscribe le parece claro (“in claris non fit interpretatio”).
    De las coacciones
    Artículo 172
    1. El que, sin estar legítimamente autorizado, impidiere a otro con violencia hacer lo que la ley no prohíbe, o le compeliere a efectuar lo que no quiere, sea justo o injusto, será castigado con la pena de prisión de seis meses a tres años o con multa de 12 a 24 meses, según la gravedad de la coacción o de los medios empleados.
    Cuando la coacción ejercida tuviera como objeto impedir el ejercicio de un derecho fundamental se le impondrán las penas en su mitad superior, salvo que el hecho tuviera señalada mayor pena en otro precepto de este Código.
    También se impondrán las penas en su mitad superior cuando la coacción ejercida tuviera por objeto impedir el legítimo disfrute de la vivienda.
    ¿Los antiabortistas se manifiestan delante de los domicilios particulares de los médicos y enfermeros que practican abortos? Pues que se les aplique.
    Estoy de acuerdo en que nuestros políticos no hacen lo que deben, estoy de acuerdo en que las listas cerradas y la prohibición constitucional del mandato imperativo suponen problemas serios en nuestra democracia, pero, perdonadme, coaccionar a políticos del rango que sea ante sus familias debería ser una agravante (suponiendo que no lo sea) del delito de coacción, porque lo que se trata es de coaccionar el sentido de su voto. Podéis decirme que eso es lo que hacen de otra manera los cabildeadores (o lobistas), pero es que este Post no va de eso y me parece tan execrable como las coacciones, y eso también es un delito tipificado, el de tráfico de influencias, si es que no concurre idealmente con cohecho, prevaricación, etc.
    De los escraches viene la Ley 1/2013 (fijaos que es la primera ley de 2013) que sería mejor ni mencionar y muchos más errores legislativos nacidos de que el Parlamento no hace lo que debe, entre los partidos, el gobierno y la plebe vociferante organizada por manipuladores. De ahí al “montonerismo” ya nos queda un solo paso.

    • KC
      KC Dice:

      ¿Es posible un acoso sin que haya una reiteración? Permíteme que lo dude, Jesús. Por otro lado, ¿podrías indicarnos dónde está la “fuerza” y “violencia” en la supuesta coacción a la que te refieres? ¿En unas voces? ¿En llevar unas pancartas? ¿Ha habido algún caso en que se haya siquiera tocado una puerta de un domicilio? ¿Sí? Pues entonces sí me parece bien lo que dices. ¿No? Pues entonces no me parece bien lo que dices.

      Ya que la Ley está hecha para que el político se escurra tal cual serpiente en un río, y ya que un Twitter no parece ser todavía una forma de expresión que le importe mucho a un político, a mí me parece perfectamente normal que quien se dedique a la política entienda que en su esfera privada debe suponer un sacrificio por pasar a ser un personaje que juega con el destino público.

      De todas formas, este tema de los escraches tiene mucho de casuística y de las formas con las que se hace, que es el debate esencial. No es lo mismo un escrache que otro, y no es lo mismo hacerlo una vez que 27. Pero vamos, que la esencia es totalmente válida jurídicamente hablando, siempre que se subsuma en esas formas de acción.

    • Aloe
      Aloe Dice:

      Hasta ahora la única fuerza física y coacción ha sido la que ha efectuado la policía contra los manifestantes.
      No estoy entrando en valorar el hecho, pero el hecho es ese.

  15. Fran Saurí
    Fran Saurí Dice:

    Curro:

    a) La democracia, en mi opinión, no se reduce a elegir al partido del gobierno cada cierto tiempo (que para eso sirven las elecciones). También se discute públicamente, se hacen manifestaciones o actos de acceso libre, se hace propaganda, etc. O sea, se presiona a los políticos, aunque es verdad que hay formas más elegantes de hacerlo: despachos de madera noble, comidas de trabajo en buenos restaurantes, etc.. ¿Esto último es demagogia? Vale, lo podemos discutir.

    b) Tal vez lo que dices sobre los diputados católicos lo dices con retranca (por aquello de que ningún político tiene conciencia). Martínez Camino dijo, al hilo de la aprobación de la actual ley del aborto que quien apoye, vote o promueva esa ley está en pecado mortal público y no puede ser admitido a la sagrada comunión. Quitar la vida a un ser humano es contradictorio con la fe católica. Quien contribuya a ello está en la herejía y, por tanto, excomulgado.” (ABC, El Mundo o El País; noviembre 2009) (Por cierto, ¿Sabe este obispo lo que es una herejía?)

    Manu:

    Por favor, no cometas la falacia de la pendiente resbaladiza.

    “Mecanismo de defensa adicionales”: Pues hay que moverse pacífica y enérgicamente (Por cierto, reconozco que no me gusta ir a las manifestaciones, aunque he ido a tres o cuatro.)

    [Ya he aprendido a poner el código captcha al final]

  16. Fran Saurí
    Fran Saurí Dice:

    Jesús:

    Tú interpretas que el escrache es coacción. Yo digo que los escraches que conozco por la prensa no los son, aunque tal vez esté mal informado y haya cosas con las que no estoy de acuerdo. Pero hablamos de los escraches en general y tal vez en Argentina no sean como los de aquí.

    Por cierto, como hay escraches en los tribunales, supongo que más tarde que pronto (por aquello de la lentitud de la justicia) sabremos si tienes razón.

    Apelar a los hijos es la misma maniobra que realizan los provida: se apela al pretendido niño pequeño que está en el seno materno. Nueva falacia que apela a las emociones (el pobrecito niño que ve con miedo la cara de los que gritan a su mama) y que se une a la de la pendiente resbaladiza en la que también caes (montonerismo, etc.).

    Hacer el pasillo (aquí si lo estoy diciendo como corresponde) a un político no me parece bien. Pero que un grupo de gente proteste visiblemente, sin impedir el paso y sin tener que atravesarlo, frente a una casa, a unos metros de distancia, no me parece que sea ningún trauma para nadie: “Hijo mío, las decisiones políticas no contentan a todos”.

    Lo que Gandhi dijera me trae sin cuidado. Lo que hay que saber y que si lo pudiera decir lo dijese con los argumentos sólidos y que nos convenciesen.

    • Jesús Casas
      Jesús Casas Dice:

      No sé si es correcto contestar a los cometarios de los comentarios, ya qu el protagonismo es del post y no de los comentarios. He leído los de KC y los de Fran Saurí, que respeto y sobre los que reflexionaré, pero no comparto lo qe decís. Me reitero en mi opinión de que estas conductas son moral y socialmnte condenables, que un sola reunión de varios delante del casa de otro es coacción y que está debidmente tipificada. Creo que mi “obiter dictum” sobre la equivalencia y tipificación del delito de tráfico de influencias estaba claro y simplemente espero que estas coacciones pasen pronto, antes de qe suceda algo. En cuanto a la casuística, quien haya leído algo de lo que he escrito ya sabe que no entiendo el Derecho sino caso por caso, pero sigue sin valerme. Si no lo véis, lo siento, sólo espero que no nos hagan una coacción de estas a ninguno. Saludos,

  17. Fran Saurí
    Fran Saurí Dice:

    Jesús:

    “Podéis decirme que eso es lo que hacen de otra manera los cabildeadores (o lobistas), pero es que este Post no va de eso y me parece tan execrable como las coacciones, y eso también es un delito tipificado, el de tráfico de influencias, si es que no concurre idealmente con cohecho, prevaricación, etc.”

    Sí que “va de eso” y va de no mezclar hacer lobby con el tráfico de influencias. Porque de lo que se trata es de la razón pública. De como vamos más allá del teatro del parlamento.

    (Y ojo, no lo digo con desprecio. Es un teatro porque el sistema de mayorías hace que el pescado esté vendido. Pero sin ese teatro se caería en el totalitarismo.)

    Presionar y hacer lobby es democracia siempre y cuando se cumplan ciertas condiciones que, estoy seguro, otros pueden explicitar mejor que yo.

    Es democracia que la gente llame la atención sobre un problema y fuerce, siquiera, la discusión del problema.

  18. Lucía de las Heras
    Lucía de las Heras Dice:

    La conducta del escrache no está amparada en la Constitución. No forma parte del derecho de manifestación y atenta contra la privacidad del domicilio y de la esfera privada, como componente de la libertad personal y de la dignidad (art. 10 C.E.). Otra cosa es si puede dársele un tratamiento penal. Entiendo que no mientras no se impida o coarte la libertad deambulatoria del escrachado. En este sentido, la decisión judicial me parece correcta, aunque algunos razonamientos del auto sean cuestionables (muchas resoluciones judiciales están hipermotivadas y se van por las ramas, alejándose de lo netamente legal para entrar en el terreno de lo extrajurídicamente valorativo). Me sorprende también la alharaca con que el auto ha sido recibido por alguna asociación judicial.

    Por lo demás, los políticos deben saberse vigilados, “atados cortos” por la ciudadanía, para que no se nos desmanden y corrompan, pero esto no debe ser por la “vis phýsica” de la coacción domiciliaria, sino por el efectivo control de los votantes sobre sus decisiones, lo que gracias a Internet es hoy más posible que nunca.

  19. Eduardo
    Eduardo Dice:

    La filosofía del escrache español es “si mahoma no va a la montaña”, es decir, si el político no recibe a sus votantes (reales o posibles), los ciudadanos tendrán que ir allí donde esté. El uso del espacio público es libre en interpretación amplia y no atenta al espacio privado; ni se amenaza a la persona por dirigirse a ella (¿o leemosmal el Código Penal y sus principios hermenéuticos?). El político lo tiene fácil: recibir a los ciudadanos o responderles frente a frente, con argumentos. Si no es capaz de eso, ¿puede estar en política? ¿Tan difícil es salir a la calle, al espacio público y estar con la gente, delante de las cámaras, y atender sus peticiones, escuchar, responder? Claro que, con políticos que ni responden a los periodistas, como para responder a la gente común.

  20. Pablo Fernández de la Vega
    Pablo Fernández de la Vega Dice:

    Se puede comprender la polémica en el ámbito político sobre los escraches, pero no en el ámbito jurídico, ya que es muy evidente que constituyen ejercicio legítimo del derecho de manifestación pacífica.
    Los argumentos que algunos han manejado sobre el derecho a la intimidad y la inviolabilidad del domicilio no se sostienen.
    No se comprende como algo que se hace en la calle puede afectar a la inviolabilidad del domocilio, lugar cerrado donde se reside y se satisfacen las necesidades de la vida doméstica.
    Todo lo más causan ciertas molestias, que el político tiene la obligación de soportar pacientemente, como contrapartida de las ventajas evidentes que se derivan de desempeñar un cargo público, como los sueldos normalmente superiores a los que cobrarían en la vida privada, sobresueldos pagados por el Partido, gastos de protocolo y representación, coche oficial, e, incluso, en algunos casos, residencia oficial.
    Es muy ilustrativa, sobre esto la STS de S de 14 Jun. 2010, al decir El demandante, como alcalde de la población, se ha sentido ofendido, no ya como sujeto particular, sino como alcalde, ya que las manifestaciones se han referido a la cuestión política de las próximas elecciones a alcalde. La jurisprudencia de esta Sala, con insistente reiteración, ha dicho que el personaje público, que aprovecha las indudables ventajas de serlo, pecha también con los inconvenientes y, así, ha dicho en sentencias de 28 de octubre 2009 y 20 de abril de 2010 , entre otras muchas anteriores, que la protección del honor disminuye (la persona que acepta su carácter público, acepta también los riesgos que ello conlleva), la de la intimidad se diluye (no totalmente, pero su círculo íntimo debe estar en parte al alcance del conocimiento público) y la de la imagen se excluye (en los casos que prevé la ley, cuando se halla en lugar público).
    Como se puede ver los conflictos entre los derechos de políticos y ciudadanos se debe resolver a favor de los de los ciudadanos, como no puede ser de otro modo en un régimen democrático.

  21. viernes
    viernes Dice:

    Para mí no es un problema jurídico aunque bordee la ley. No creo por ejemplo que el grado de coacción del escrache exceda al de los piquetes llamados informativos. La diferencia principal es que no se dirige a centros de trabajo sino a domicilios privados, un dato relevante que lo hace si cabe más penoso pero no ilegítimo.

    Además el político, como servidor público que es, está obligado con todos los ciudadanos; es su deber atender lo que tienen que decirle de forma pacífica, y no alimentar su impotencia y fustración como suelen hacer.

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