¿Por qué hay que cambiar los partidos?

Porque los problemas de una democracia sólo se resuelven con más democracia. César Molinas y Elisa de la Nuez desarrollan esta idea en un artículo publicado ayer en El País, que sintetiza el espíritu del manifiesto presentado esta mañana en Madrid, y que reproducimos a continuación.

 

 

¿Por qué hay que cambiar los partidos?

 

En España hay que cambiar los partidos políticos porque funcionan rematadamente mal, porque se han convertido en instituciones para la defensa de intereses particulares en detrimento del interés general y porque son incapaces de articular una salida creíble a la crisis económica, institucional y moral que aflige a la sociedad española desde hace ya seis años. Todo ello entre otras razones que también se podrían aducir.

 

La democracia española se ha degradado tanto que lo único importante que se dirime en las elecciones es quién gestionará la licitación pública, las subvenciones y la regulación. Es decir, las elecciones deciden a los amigos de quién irán a parar los despojos de la acción política. Otras cuestiones como, por ejemplo, qué hacer con los seis millones de parados, cómo mejorar la enseñanza, cómo acabar con la corrupción o qué hay que hacer para salir de la crisis acaban siendo irrelevantes porque los principales partidos españoles no tienen propuestas diferenciadas sobre cómo resolver estos problemas. Es más, la cuestión no es tanto la falta de diferenciación como que no haya propuestas serias de ningún tipo por parte de los partidos con experiencia de gobierno, sea este nacional, autonómico o municipal. Los programas electorales acaban siendo o sartas de ocurrencias o propuestas destinadas a no cumplirse.

 

Dicen que Carlos V dijo una vez, refiriéndose a Francisco I: “Mi primo y yo nos parecemos mucho: los dos queremos Milán”. Los principales partidos políticos españoles se parecen en eso y en mucho más. Todos quieren, por supuesto, el poder y las prebendas que conlleva. Faltaría más, para eso están. Pero además se parecen en la defensa del interés particular de la clase política contra el interés general y en la carencia de ideas para sacar a España del atolladero en el que está metida. Por si esto fuera poco, se parecen también en que tienen un funcionamiento interno muy opaco y poco democrático que imposibilita el debate interno, el surgimiento de proyectos nuevos, la promoción de las personas más capaces y la renovación de las personas en los puestos de dirección. ¿Cómo se ha llegado a esta situación y qué puede hacerse para corregirla?

 

El fortalecimiento de las cúpulas dirigentes de los partidos como medio de evitar la inestabilidad política fue una opción que se adoptó, por omisión, cuando se decidió dejar vacía de contenido la Ley de Partidos Políticos de 1978. En la práctica esto dejó la puerta abierta a la autorregulación de los mismos, lo que ha llevado a la falta de transparencia y de democracia interna y a la cooptación como método principal para determinar las carreras políticas y para la elaboración de las listas electorales. Esto ocurrió ya en la Transición: la célebre frase de Alfonso Guerra “el que se mueve no sale en la foto”, que transmite lo esencial del funcionamiento de los partidos políticos españoles entonces y ahora, fue pronunciada en 1982. A grandes rasgos, la situación actual es la siguiente.

 

Los partidos mayoritarios españoles, incluyendo a CiU, no son canales de participación política. Un ciudadano con inquietudes, que no busque un cargo público sino un marco de discusión política de sus ideas e iniciativas y una canalización de su tiempo hacia actividades socialmente útiles, no tiene nada que hacer en una agrupación del PP, del PSOE o de CIU. En las reuniones de dichas agrupaciones casi todos los militantes que asisten tienen un cargo público o han conseguido su trabajo gracias al partido. No se entendería —y sería tremendamente sospechoso— que alguien fuese a las reuniones con objetivos distintos a los de conseguir un cargo o un puesto de trabajo. ¿A qué viene? ¿A espiar? ¿Quién lo envía?… En el diseño español, la única participación política que se espera de la ciudadanía es que acuda a las urnas cuando se convocan elecciones.

 

No es solo el ciudadano de a pie el que no puede debatir sus iniciativas. Tampoco pueden hacerlo los militantes. Los órganos de dirección están muy atentos en abortar cualquier iniciativa transversal que suponga contactos directos de unas agrupaciones con otras. No se conoce ninguna rebelión horizontal que haya tenido éxito en el PP. Hubo una —y famosa— en el PSOE, que terminó con éxito llevando a Zapatero a la secretaría general no siendo el candidato oficial, aunque sus promotores acabaron siendo marginados al pactar el nuevo líder con el aparato. La ausencia de debate caracteriza también a los órganos directivos de los partidos. Por poner solo un ejemplo ¿cuántas veces ha debatido la Junta Directiva del PP el caso Bárcenas desde que estalló el pasado mes de enero? Pues, por lo que parece, ni una sola vez. Tampoco parece que sea costumbre de este partido —ni de otros— presentar las cuentas anuales a sus máximos órganos de dirección. Consecuentemente, si no hay debate tampoco puede haber mecanismos de rendición de cuentas ni de petición de responsabilidades. El poder de las cúpulas directivas es omnímodo porque es casi imposible derribarlas y de su voluntad dependen las carreras de los que militan en los partidos.

 

Así las cosas y con el tiempo, a base de cooptación reiterada, se ha consolidado en España una casta —la llamada “clase política”— de personas que deben su cargo o su empleo al favor político. Esta casta abarca desde los conserjes de Baltar hasta las más altas magistraturas colegiadas del Estado, pasando por los miles y miles de empleados públicos de la Administración central, CC. AA. y CC. LL. nombrados inicialmente a dedo y consolidados con posterioridad mediante discutibles procesos de funcionarización, por no hablar de la miríada de organismos que se han creado con la finalidad de pagar nóminas y repartir dietas. Unas 300.000 personas sería una estimación prudente del tamaño de un colectivo que ha acabado replicando las características del caciquismo español tradicional. El interés particular de esta clase política consiste en perpetuarse en su actual estado, manteniendo la jerarquía comensalista con la que accede a las arcas públicas y a la extracción de rentas del sector privado de la economía mediante la licitación, la contratación y la regulación. De este modo se configura una élite extractiva que, como todas ellas, resiste ferozmente a todo cambio que pueda acabar afectando al statu quo, aunque sea de manera indirecta.

 

Esta es la razón de fondo por la que la clase política española no es capaz de articular respuestas creíbles a la crisis: porque todas estas respuestas requieren reformas profundas que afectan a su interés particular. Un programa de reformas coherente y suficiente requiere una visión del futuro y una capacidad de liderazgo —saber tirar de la sociedad hacia ese futuro— que es totalmente extraña a nuestro sistema de partidos políticos: el sistema está diseñado para conseguir la estabilidad a toda costa y, desde este punto de vista, es un sistema muy eficaz, aunque el precio que se ha pagado en términos de corrupción, ineficiencia y desmoralización de la sociedad haya sido muy alto. Pero en la agenda de los tiempos está el cambio, no la estabilidad, y eso el sistema español no está pensado para hacerlo.

 

Por esta razón, un programa reformista tiene que empezar por rediseñar los partidos políticos. Como se hace en los países constitucionalmente más avanzados, los partidos no deben autorregularse, sino que deben estar regulados desde fuera, por la ley. Los partidos son entidades especiales que tienen el monopolio de la representación política y que se financian principalmente con fondos públicos. La Ley de Partidos debería exigir a estas instituciones transparencia y democracia interna con el fin de fomentar el debate, la circulación de ideas y la competencia entre iniciativas diversas. Así es como funcionan las democracias de los países de nuestro entorno, el diseño español actual es una anomalía histórica y geográfica que obstaculiza la salida de la crisis. Hay que cambiarlo ya.

 

¿Cabe confiar en que este cambio se haga de manera espontánea, desde dentro de los propios partidos políticos? Lamentablemente eso es muy improbable. Tiene que ser la sociedad civil la que, movilizándose, tome el protagonismo y exija los cambios necesarios. Si no lo hace, las cosas seguirán empeorando.

 

20 comentarios
  1. Isaac Ibáñez García
    Isaac Ibáñez García Dice:

    Creo que hay que cambiar LOS partidos y hay que cambiar DE partidos. Y debe venir GENTE nueva.

    Ayer, un tal Alfonso Guerra, que debería ser un JUBILATA de la política, trataba de… qué?

  2. Isaac Ibáñez García
    Isaac Ibáñez García Dice:

    En el Manifiesto “Por una nueva ley de partidos”, se dice:

    “La Ley de Partidos es una Ley Orgánica que no puede ser objeto de una Iniciativa Legislativa Popular. Pero la Constitución, en su Artículo 29, ampara el derecho de petición, al que nos acogeremos los abajo firmantes para pedir a las Cortes una nueva Ley de Partidos con las características anteriores”.

    Espero que el Manual diga otra cosa y no se aplique la doctrina oficial.

    El 12 de enero de 2012 remití la petición que se transcribe al final al señor Ministro de Justicia.

    Recibí la contestación estereotipada que, parece que al principio de legislatura, se diseñó para contestar a las peticiones realizadas al amparo del artículo 29 de la Constitución Española, y que he comentado en:

    http://hayderecho.com/2013/03/02/10712/

    y

    http://hayderecho.com/2013/03/02/la-doctrina-gallardon-sobre-un-derecho-fundamental-a-la-participacion-politica-el-derecho-de-peticion-ii/

    Sin embargo, sobre el asunto, después se ha tomado la siguiente iniciativa: “Informe explicativo y propuesta de ley de eficiencia de la jurisdicción contencioso-administrativa”, elaborado en el seno de la Comisión General de Codificación, a instancia del Ministro de Justicia. Pueden consultarse los documentos en la página web del Ministerio.

    Petición:

    “En el Programa electoral del Partido Popular 2011, publicado el 1 de noviembre de 2011 –es decir, poco después de publicada la Ley 37/2011- pueda leerse lo siguiente:

    “5.2 Justicia ágil y previsible.

    Diagnóstico.

    La producción legislativa ha perdido calidad, afectando a la seguridad jurídica y a la propia función del juez. La pluralidad de ordenamientos propia de la estructura territorial del Estado debe integrarse en un sistema cohesionado por la Constitución y sus leyes de desarrollo, así como por la doctrina del Tribunal Supremo como máximo órgano jurisdiccional.

    Objetivos.

    Garantizaremos la seguridad jurídica a través de un marco normativo estable y una administración de justicia profesional, especializada y eficaz, que proporcione cohesión, igualdad y seguridad. El dinamismo de nuestra sociedad impone una mayor agilidad…

    Medidas.

    10. Fortaleceremos la función casacional del Tribunal Supremo”.

    En su Discurso de Investidura, del 19 de diciembre de 2011 en el Congreso de los Diputados, el Presidente del Gobierno, Don MARIANO RAJOY BREY, refiriéndose a la Administración de Justicia, dijo:

    “Para reducir la litigiosidad, debemos mejorar la seguridad jurídica a través de un marco normativo claro –ya lo he dicho antes, menos y mejores leyes-…

    … hay que simplificar procedimientos, reforzar el principio de oralidad, revisar el sistema de recursos e incorporar los juicios rápidos al ámbito civil”.

    Le adjunto mi estudio “Quo Vadis, Tribunal Supremo? (En defensa del garante de la seguridad jurídica en un mundo de leyes desbocadas)”, con el ruego de que las propuestas contenidas en el mismo sean tenidas en cuenta en la futura actividad legislativa del Ministerio en aras a dar cumplimiento a lo establecido en el Programa Electoral.

    En lo referente al recurso de casación, considero que la casación contencioso-administrativa debe (pues no existen razones jurídicamente válidas para lo contrario) regularse de la misma forma que la casación civil.

    En el preámbulo del Acuerdo de la Sala Primera del Tribunal Supremo, de 30 de diciembre de 2011, “sobre criterios de admisión de los recursos de casación y extraordinario por infracción procesal”, puede leerse lo siguiente:

    “1. La Ley 37/2011, de 10 de octubre, de Medidas de Agilización Procesal, ha modificado de manera sustancial la regulación en la LEC de los recursos de casación y extraordinario por infracción procesal.

    El eje de la reforma radica en la universalización del recurso de casación por razón de interés casacional, que es la modalidad que mejor permite al TS, en palabras del Preámbulo de la Ley 37/2011, «cumplir de forma más eficaz los fines legalmente establecidos». Estos fines son los de unificación de la aplicación de la ley civil y mercantil y corresponden a la Sala Primera del TS como órgano jurisdiccional superior en el orden civil. Se reduce de este modo el recurso de casación por razón de la cuantía a una modalidad excepcional y se garantiza la igualdad entre todos los litigantes, cualquiera que sea el nivel económico del asunto.

    El recurso de casación por razón de interés casacional, en efecto, estaba hasta ahora limitado a los asuntos que se tramitan específicamente por razón de la materia —son los asuntos que la LEC ordena dirimir en un procedimiento determinado al margen de las normas generales de fijación de la clase de procedimiento, que atienden a la cuantía: artículo 248.3 LEC—. La Ley 37/2011 establece con carácter general la existencia de un interés casacional —que consiste, en síntesis, en la necesidad de unificación o fijación de la interpretación de la ley— como presupuesto que da lugar a la admisibilidad del recurso, cualquiera que sea la forma de tramitación y la cuantía del asunto. Se exceptúan los asuntos que no se tramitan por razón de la materia y que tienen una cuantía superior a 600.000 €, en los cuales el recurso es admisible sin que concurra aquel presupuesto. En suma, la baja cuantía del asunto no opera a partir de la reforma como impedimento para la admisibilidad del recurso de casación. Paralelamente, el carácter excepcional del recurso de casación por razón de la cuantía comporta la necesidad de una interpretación rigurosa de esta modalidad para que mantenga su finalidad de unificación de la aplicación de la ley civil y mercantil, y no se convierta en una vía de acceso al TS carente de justificación institucional”.

    Como puede observarse, las apreciaciones del Tribunal Supremo ponen claramente de manifiesto lo que se defiende en el estudio adjunto: que la reforma operada en la casación contencioso-administrativa vulnera la Constitución, a diferencia de la reforma operada en la casación civil, que universaliza el recurso de casación por interés casacional, cualquiera que sea el nivel económico del asunto. Como se dice en la Nota de Prensa de la Oficina de Comunicación del Tribunal Supremo, por la que se presenta el referido Acuerdo de la Sala Primera: “La novedad más importante es que por primera vez en España se abre el acceso al recurso de casación a todos los litigantes, con independencia de la cuantía económica del pleito”.

    Lo que solicito a Vd. al amparo, y con los efectos, de lo dispuesto la Ley Orgánica 4/2001, de 12 de noviembre, reguladora del Derecho de Petición”.

  3. Isaac Ibáñez García
    Isaac Ibáñez García Dice:

    Lo anterior lo decía porque en el artículo se dice que:

    Los partidos mayoritarios españoles, incluyendo a CiU, no son canales de participación política. Un ciudadano con inquietudes, que no busque un cargo público sino un marco de discusión política de sus ideas e iniciativas y una canalización de su tiempo hacia actividades socialmente útiles, no tiene nada que hacer en una agrupación del PP, del PSOE o de CIU…

  4. José Antonio
    José Antonio Dice:

    Todo lo que cuentan está muy bien y somos millares los que coincidimos, ahora bien, ¿Como lo hacemos?, hasta un expresidente lo ha pedido públicamente y los suyos le dan la espalda, sinceramente necesitamos alguien que marque el camino y serán legión los seguidores, yo no se como hacerlo.

  5. ignacio
    ignacio Dice:

    Sres. Editores y redactores del manifiesto
    Gracias y gracias y mil gracias
    No olviden añadir en este post (o en cualquier otro a él referido) el vinculo al manifiesto

  6. Teilhard
    Teilhard Dice:

    ¿Es que nadie tiene en cuenta la “ley de hierro” de Michels? Tarea vana la de intentar democratizar los partidos. Precioso tiempo perdido. Entretenimiento inocente de niños. Saquemos los partidos del estado y establezcamos una verdadera representacion del ciudadano, Mandato imperativo incluido. Eso si sería útil.

    • Manu Oquendo
      Manu Oquendo Dice:

      Hola, Theilard.

      Es el eterno debate entre el posibilismo –desde algún punto del arco político y del sistema– y lo que analíticamente dictaría un intelecto aséptico. Rara avis.

      Si te fijas en el manifiesto es cierto que las mejoras tienen poca fuerza para frenar la “cartelización de los partidos” (un fenómeno global y sistémico) pero tiene el valor de alertar sobre la existencia del problema –lo cual no es poco en una situación donde escasamente el 1 o el 2% de la población es capaz de articular las causas y casi nadie ha leído algo de Michels. Sólo por esto creo que se debe apoyar.

      Recientemente Jonathan Hopkin, –profesor de la LS of Economic… “and Political Science”– distribuyó un PDF desde el CEPC sobre este asunto de la cartelización de partidos.

      Es muy comprometido para un académico abordar estas cosas porque todo el sistema de financiación, progresión de carreras –y hasta renovaciones de contratos si son jóvenes– pasan por el tamiz de los partidos en sitios como UK así que imagínate en nuestras “Autoctonías”.

      Es otra parte del problema que no se aborda pero es gravísima porque la mayoría de la academia está haciendo de tapadera y el resto vamos ciegos sin ellos.

      Por otra parte en la lista de firmantes hay mucha gente estupenda a pesar de que no faltan camaleones que han hecho carrera protegiendo la captura de la sociedad civil por parte de los partidos. Esto también me parece normal. Todos somos hijos de Dios y ya hay gente que huele tiempos de cambio incluyendo medios muy sonados.

      Saludos

  7. Teilhard
    Teilhard Dice:

    Buenas tardes Sr Oquendo.

    Déjeme que le recuerde que ese “posibilismo” es el que nos ha traído hasta aquí. El mito de la transición es el mito de ese posibilísimo.¡Era una situación muy difícil! nos decían. Habría que preguntarse si detrás de esa palabra no se esconde el miedo o incluso la cobardía. Así lo afirmaron el domingo, en el programa “Lagrimas en la lluvia” personajes como Dalmacio Negro, Gabriel Albiac, Miguel Ayuso o Antonio García-Trevijano.

    NO hace falta que nos alerten del problema de los partidos. De hecho, gracias a ellos vivimos en el horror permanente. Lo que hace falta es apuntar a una solución sincera e inteligente. Y no habrá sinceridad democrática hasta que no empecemos a poner el foco de atención en el ciudadano y todo lo demás a su servicio. Por eso sigue siendo un engaño la discusión de las listas. Abiertas o cerradas, son listas impuestas por los partidos. Son los ciudadanos los que deben decirle a los partidos quienes han decidido que sean sus representantes.

    Nuestra transición ha estado repleta de “gente estupenda”. Hay cientos de catedráticos funcionarios y profesionales “estupendos”.¿Pero cuantos han denunciado de verdad, con todas sus consecuencias, que no existe división de poderes, que no hay representación o que la justicia no es igual para todos empezando por el jefe del estado, que no hay democracia?. Perdone, se me había olvidado, la democracia no es un “posibilismo” para el pueblo español.

    Saludos.

    • Manu Oquendo
      Manu Oquendo Dice:

      Estimado Teilhard.

      No puedo negar que lo que dice su comentario está lleno de sensatez y de memoria. Es cierto que no basta con ser estupendos, ni con tener buenas ideas o conocimientos. Que no basta es observable a cada paso y repaso de la historia. La reciente y la no tan reciente.
      Donde creo que todos coincidimos en que algo hay que hacer y la discusión actual se centra en si esta iniciativa concreta es correcta.

      A mí me parece que es buena por el motivo explicado, es decir, contribuye a diseminar conocimiento público de que hay un gravísimo problema con los partidos políticos. Con los españoles y con los no españoles porque hay países muy “estupendos” que sufren los mismos problemas.

      El artículo de Alfonso Osorio de hace unos días expresa perfectamente quiénes ejercieron “sus poderes” para que nuestra legislación de partidos permitiese –a unos sátrapas– férreo control sobre todo el solar.

      Nacionalistas, Socialistas, Comunistas y Franquismo residual con algunos infiltrados en UCD fueron los responsables de este estado de cosas. No hay que olvidarse de que ya en Suresnes (ver actas del congreso) el “mapa” actual estaba dibujado. Es decir, no estamos aquí por casualidad.

      En definitiva esto es una cuestión de poder y los ciudadanos no lo tenemos. Hemos de reconocer la realidad: No lo tenemos.

      La cuestión es pues cómo adquirirlo y para qué. Esto tiene que estar muy clarito para ser creíble.

      Pues bien, poder, lo que se dice poder, viene –según los Sociólogos e Historiadores– en cuatro “formatos”: Político, Militar, Económico e Ideológico.

      A los ciudadanos pacíficos nos quedan… Las Ideas para ir alcanzando alguna forma de poder político.
      Para muchos esto es una ingenuidad pero no veo otra vía seria y con perspectivas no desastrosas. Los sistemas políticos son siempre sensibles a las ideas de las personas.

      Hoy es fácilmente observable que el Poder tiene miedo y se está protegiendo activamente.

      Es consciente del problema que ha creado y extrema, pasito a pasito, medidas de control social.

      Sólo hay que ir viendo las cosas que legislan, las restricciones que Gallardón va poniendo cada día, las divisiones sociales que se siembran deliberadamente, las que antes puso Zapatero y antes Aznar, etc.

      Lo que es innegable es que la acción que discutimos es otro paso en crear un “estado de opinión”. Esto es importante. A mi modo de ver, muy importante porque una opinión fuerte es un pilar de Poder Ideológico. No se puede gobernar en contra de las ideas si son sólidas y se defienden con medios propios.

      Todos sabemos que no servirá para un cambio legislativo pero sí aumentará la brecha con La Casta.
      La batalla hoy es de Ideas y es difícil porque nos han dividido.

      Creo que la calle “lo sabe” y por eso a cada proposición responde “Son todos Iguales”. Podemos pensar que no. Pero nuestros “Clientes” están convencidos, por lo tanto lo llevamos crudo.

      Pasito a pasito.
      Buenos días

  8. Antonia Fuentes Moreno
    Antonia Fuentes Moreno Dice:

    Propuesta apasionante….yo ya he firmado.

    ACCION y un paso al frente

  9. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    A mí me parece que modificar la Ley de Partidos en el sentido indicado es condición necesaria aunque ni muchísimo menos suficiente para la “reforma” que el sistema necesita.

    En realidad lo que necesitamos es un cambio de sistema. El problema es que:

    – Nadie sabe a ciencia cierta cómo debería ser el sistema resultante.

    – El consenso político social básico apenas agrietado es que hay que mantener un estado del bienestar que es demográfica, económica y políticamente inviable sin arrasar lo poco que queda del estado de derecho.

    – El sistema actual está derivando de forma progresivamente creciente en una tiranía democrática, que com o dijo a principios del siglo XIX Alexis de Tocqueville, es la más peligrosa de las tiranías, por gozar del favor de la mayoría.

    – No hay ningún político a nivel mundial que se atreva a liderar el cambio necesario, que sólo será posible cuando el sistema actual quiebre definitivamente de forma incontrolada o si milagrosamente la gente se da cuenta un minuto antes del fin que es mejor una liquidación ordenada que un sálvese quien pueda.

    – Si no encontramos una solución desde dentro, nos la encontrarán desde fuera, vía colonización demográfica, económica y luego cultural, incluso por la fuerza, cuando nuestra decadencia sea tal que no seamos capaces de ofrecer una adecuada resistencia.

    ¿Es irreversible el proceso?

    Podría serlo a condición de que el sistema levante el pedal de la presión y permita liberar las energías creadoras (y destructoras, en el buen sentido) inherentes al capitalismo y la democracia. Las políticas y las económicas, necesitamos todas.

    Y volviendo al principio, eso sólo es posible si destruimos en la medida de lo posible, la partitocracia extrema. Es evidente que el problema es global y afecta a todas las democracias occidentales, pero también lo es que en España estamos en la Champions League del deterioro democrático en una posición destacadísima.

    • Teilhard
      Teilhard Dice:

      Hablaba un filosofo de la ilustración radical, de linaje hispano, acerca de la “potencia de la multitud”. Concepto de multitud variopinta y plural frente al lastimero y adocenado de “pueblo”. Crowdfunding frente a bancos parasitos y crowdpower frente al pueblo impotente. Las redes sociales y las tecnologías de la comunicacion, verdaderos sistemas nerviosos lo hacen ya posible. ¿ que es la democracia sino la auto-organizacion?. Y no es la autopoiesis la esencia de la vida, de los sistemas que vencen la entropia, de las estructuras disipativas? Ese es el camino, aunque aún nos de miedo el viaje. Tambien nos de miedo viajar a Marte, no hay regreso, pero ya hay muchos apuntados al proyecto Mars One. Que el miedo no nos haga ser mezquinos.

      Saludos

  10. Curro Arriola
    Curro Arriola Dice:

    Ha quedado claro que ser antisistema implica no tener mucho que decir sobre todo esto en este foro. Efectivamente, hay otros foros.
    Afortunadamente, los editores del presente son un ejemplo de cortesía y de paciencia; no nos expulsan a los antisistema, sino que nos siguen tolerando. Aunque no sea más que por eso, para aprender de ellos esas cualidades (que generalmente nos faltan), es buena cosa que los antisistema andemos por aquí.
    Conque a ver en qué paran todos estos esfuerzos que con absolouta nobleza emprendéis; algún efecto tendrán, seguro. ¿Tanto como para transformar en Democracia una Partitocracia? Eso ya se verá. Como en el mus.
    Mientras, os doy muchísimas gracias -muy sinceramente- como lo que me voy volviendo cada vez más: un absoluto anti-Sistema.

    • Josef K.
      Josef K. Dice:

      Lleva razón, Sr. Arriola. Los editores son un ejemplo de cortesía y paciencia. A ver si no agoto su paciencia y me dejan decir, que para cambiar los partidos primero tenemos que cambiar nosotros mismos. No sólo hay que cambiar los partidos; hay que cambiar el sistema completo.

      Acaso este hombre es un loco, un visionario, un utópico, un populista.
      http://www.youtube.com/watch?v=zYkaV-dN2Sg
      Acaso no lleva razón en lo que dice, vivimos en un planeta finito, la solución no es crecer, crecer, fabricar, consumir, tirar…
      De seguir así cuando nos vayamos no vamos a dejar ni el canto de los pájaros.

  11. KC
    KC Dice:

    El futuro de los partidos políticos es que estos serán un reflejo de los ciudadanos, y no al revés. No serán un par de bandos cuyos miembros se manejan mediante mera ingeniería social, no. Serán algo secundario, porque la representación será mucho menos absorbente que lo que es ahora y el ciudadano tendrá la posibilidad de decidir directamente en asuntos. El partido político seguirá siendo una pseudorepresentación palabrera y teatrera de la realidad, pero su poder de decisión irá mermando a favor de la votación directa del ciudadano en determinados asuntos. También cambiará el sistema de elección pasiva, que pasará del “amiguetes” al “le toca a usted” (donde usted será alguien voluntario con cierta preparación).

    Por cierto, una pena que no esté abierto ya el tema del aborto. Quería saber qué pensaban determinados pensadores de este blog sobre la regulación de El Salvador, que paradójicamente va a aumentar las posibilidades de acabar con dos vidas en vez de con una. Ah, El Salvador, ese país de mentes privilegiadas. Ese ejemplo de civilización. Casi a la altura de Chile, Nicaragua, Honduras… “Así es la vida”, supongo que le dirán a la interesada. “Tú ya no nos interesas, que ya has nacido”, supongo que le dirán otros.

    Menudos personajes hay legislando por ahí. Por no hablar del Constitucional de ese país, que yo creo que se lo juegan a las cartas.

    Recuerdo haber pegado en este blog un listado de varios países con legislaciones a favor del aborto total, pero nadie supo, o quiso, responderme cuál era la relación. Pues es curioso, pero en la zona sudamericana sucede exactamente lo mismo… (en realidad no tiene nada de curioso, obviamente, pero para eso hay que haberse leído muchos más libros que los jurídicos).

    Una pena no poderle preguntar a Gallardón directamente para ver hacerle piruetas argumentales.

    • ENNECERUS
      ENNECERUS Dice:

      Mejor que mi opinión, le remito a la interesada en el Mundo de hoy:

      “El aborto está mal”

  12. Just do it
    Just do it Dice:

    Estamos acostubrados a lamentarnos de lo malos que son los políticos.
    Pues bien, esta es una excelente ocasión para dejar de lamentarse y hacer algo para cambiar las cosas. No solo firmando sino difundiendo activamente esta iniciativa. También, es un buen medidor de que tan ejecutivo es cada uno de nosotros.

  13. Joan
    Joan Dice:

    En el manifiesto por una nueva ley de partidos añadiría la INCOMPATIBILIDAD de los miembros de la cúpula directiva de los partidos para ocupar, simultáneamente, cargo público alguno, tal como propone Percival Manglano en su libro “Pisando Charcos”. Además, la regeneración de los partidos pasa ineludiblemente por una nueva Ley de financiación cuyo modelo puede ser Financiación PRIVADA(cuotas afiliados + donaciones de particulares) o PÚBLICA en cuyo caso los ingresos de los partidos precederían exclusivamente de la contribución de las personas físicas y jurídicas. La de las personas físicas se recogería en los documentos del IRPF indicando el partido al que se asigna. La de la jurídicas constituirían un Fondo que se repartiría por IGUAL entre todos los partidos registrados o entre aquellos que cuenten con un mínimo de afiliados.

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