Se abrió el telón: las becas académicas

 

Como estudiante de cuarto del Grado en Derecho en la Universidad de Alicante, he vivido en primera línea el cambio de los planes de estudios mediante el proceso de Bolonia, el aumento de las tasas universitarias, modificaciones en la política educativa y, en estos momentos, se pone sobre la mesa una cuestión sumamente sensible: las becas. El asunto de las becas ha sido destapado recientemente por el ministro Wert, y pese a ello y las múltiples voces que se erigen en diversos sentidos, trataré de exponer algunas ideas.

 

El criterio numérico de alcanzar un mínimo de seis y medio para poder optar a una beca ha sido la principal diana. Analicemos, pues, si este criterio tiene un fundamento plausible. Primero, he de señalar que el ámbito de las becas no es, como ha podido observarse en las últimas fechas, una cuestión pacífica, pero, al mismo tiempo, no cabe duda que con la modificación planteada se ha abierto la veda de un debate que no debe quedar reducido al simple “becas para todos”.

 

-Elevación del listón de exigencia para todos los estudiantes.

 

Si se establece que el mínimo para optar a una beca pública ha de estar en el seis y medio de media (además del correspondiente porcentaje de créditos aprobados), entendiendo, pues, que este mínimo numérico es el listón de exigencia que se ha de exigir a un estudiante universitario, no cabe duda que existe una clara desigualdad con aquéllos que no reciben una beca y obteniendo unas calificaciones inferiores pueden costearse sus estudios. Cosa distinta es el establecimiento de un mínimo nivel de exigencia para todo el alumnado universitario que sitúe su continuidad en la Universidad con la obtención de un seis y medio de media entre todas las asignaturas (algo que no resulta nada descabellado). Pero, teniendo en cuenta, que si la exigencia se eleva para unos, se ha de hacer exactamente lo mismo para otros. Y ello porque la fisonomía de las becas no debe –aunque nos puede llevar a engaño- considerarse como un premio. Las becas son un instrumento corrector de la desigualdad existente en la sociedad para que el acceso a la Universidad se garantice. Sin embargo, en torno a las becas y la Universidad me vienen a la cabeza algunas cuestiones que conviene al menos analizar.

 

-Criterios homogéneos que alcancen a las Universidades privadas

 

Algo que entronca con una de las principales desigualdades que, a mi juicio, existe en el sistema universitario, como es la posibilidad que posee una persona con suficientes recursos económicos de costearse unos estudios universitarios en un centro privado cuando su calificación no le ha permitido acceder a la Universidad pública. Un ejemplo paradigmático que levanta ampollas es el del Grado en Medicina, donde las notas de corte, como es sabido, son las más elevadas con respecto a otros grados. El resultado son estudiantes que, con una nota de corte notablemente inferior, terminan estudiando Medicina, mientras que otros con calificaciones superiores se han quedado a las puertas y se han visto abocados a elegir otra opción, como enfermería. Con el criterio que pretende implantar el ministro Wert llegaríamos a una situación similar.

 

Así pues, al hilo de la supuesta modificación (que al parecer será revisada) abordaré alguno de los aspectos que, a mi juicio, es conveniente tratar:

 

  • Mecanismos de control del destino real del importe de las becas concedidas.
  • Inexistencia de incentivos o beneficios a los estudiantes con un rendimiento más elevado.

Sentado lo anterior, el debate abierto sobre las becas me ha permitido prestar atención a alguno de los aspectos que aparecen en la cresta de la ola y que, de hecho, son comentados entre los propios universitarios. Con lo siguiente no pretendo posicionarme en el lado opuesto a la concesión de becas públicas (de hecho, considero que son absolutamente necesarias), sino arrojar a la luz alguna de las situaciones no aisladas que se presentan en el ámbito universitario en referencia al destino del importe de las becas y que debería corregirse para lograr una eficiencia y gestión adecuada de los recursos públicos.

 

Los comentarios que se pueden oír sin prestar demasiada atención por la Universidad, tales como con los “dos mil euros que me han dado como beca me voy a pagar el carnet de conducir, voy a dar la entrada para un coche, me voy a ir de viaje o me voy a comprar el último ordenador” provocan que se enciendan las alarmas. Obviamente las becas deben costear las actividades académicas y si  los becados destinan esa cantidad a otros menesteres puede deberse a dos opciones. O bien su declaración patrimonial no es la real (algo bastante habitual en España, donde la cultura del “sin IVA” y en “B” es casi patrimonio nacional), o, por el contrario, nos hallamos ante una deficiente gestión y cálculo de la verdadera cuantía que puede gastar el estudiante en el año académico.

 

El pago “en especie”

 

Mis propuestas para tratar de conseguir una gestión más eficaz y ajustada de la política de becas pasan por modificar el sistema actual. Un sistema de pago en “especie” es lo más ajustado a la realidad, esto es, si el estudiante se costea un autobús, metro o el pago de gasolina, que se le reembolse mediante los correspondientes justificantes –pudiendo ser a posteriori para no perjudicar al estudiante-, de la misma manera si en material de copistería y materiales académicos (manuales, fotocopias, libros de lectura) gasta otro tanto, que así lo sufrague la Administración, como en el supuesto que tenga que residir en otra ciudad  con el correspondiente gasto en arrendamiento de vivienda o residencia. El ingreso de una cantidad líquida provoca muchos “fraudes” que desacreditan el verdadero fundamento de las becas. Y, con esto, quiero aclarar que no significa que todos los estudiantes becados lo hagan, pero los supuestos son más frecuentes de lo que se imagina.

 

Por otro lado, no menos cuestionable es la posibilidad de solicitar becas del Ministerio de Educación de los alumnos que realizan sus estudios en Universidades privadas. ¿Debe el Estado “becar” a aquéllos que no han podido –o querido- entrar en la Universidad pública?

 

-Inexistencia de incentivos o beneficios para las calificaciones elevadas

 

Como ya he manifestado en algunas ocasiones (pueden leerse aquí dos artículos en los que denuncié la cuestión: Una educación escuálida y el premio al buen estudiante y otro apretón de tuerca más ) en España las becas a los  estudiantes con mayor rendimiento no están en absoluto a la cabeza. De facto, no existe un catálogo como tal, tan sólo se exime del pago de los créditos correspondientes a la asignatura en los que se ha obtenido matrícula de honor e igual da obtener sobresaliente o notable en todas las asignaturas que un aprobado, puesto que la asignación por aprobar todas las asignaturas, si se es becado por el Ministerio de Educación, es de ciento cincuenta euros. Prefiero evitar la palabra excelencia (muy en boga últimamente, pero un tanto denostada) y animar al Ministerio si pretende premiar a aquéllos que obtengan mayores calificaciones a establecer unos incentivos económicos (para que se hagan una idea a un premio nacional de carrera universitaria se le premia con tres mil euros).

 

-Eludiendo el verdadero debate

 

Ante las modificaciones en el sistema de becas ha brotado un manantial de artículos en los principales medios de comunicación con posiciones radicales en ambos signos.  No obstante,  no podemos vendarnos los ojos con el “sobrepeso” de Universidades.  ¿Se les fue la mano en su creación? ¿Son viables todas ellas? Dos apuntes sobre esta cuestión. No es menos cierto que la proliferación de Universidades a lo largo de la geografía española ha facilitado el acceso a la educación superior a aquéllos que tenían más cortapisas para desplazarse y merced a esa atomización han podido estudiar en el ámbito universitario. En el otro lado del salón, se encuentra la ingente cantidad de centros universitarios. Tan sólo basta con otear el horizonte hacia Alicante. Dos universidades públicas, la de Alicante y la Miguel Hernández de Elche, en menos de treinta kilómetros con grados duplicados. Pero la oferta de educación superior no se reduce a este círculo, todavía se puede acudir al CEU en Elche (centro privado) si no hemos podido –o querido- entrar en la UA o UMH –por ejemplo- en Derecho. Si piensan que el cupo de oferta ya ha terminado en la provincia de Alicante se han equivocado. Otra Universidad privada se implantará en San Juan. A mí los ojos me hacen chiribitas. Ya con las tres universidades anteriores se alcanzaban, por poner un ejemplo que conozco de cerca,  la desorbitante cifra de 600 plazas de oferta en el Grado en Derecho en la provincia.

 

 

22 comentarios
  1. J.
    J. Dice:

    El tema es complejo y ya le digo que va a haber todo tipo de opiniones sobre el tema͵ ud al final del artículo hace referencia a las univ privadas( que corren con su cuenta y riesgo siguiendo leyes de oferta demanda y caja) me gustaría que contara el numero de plazas d las univ privadas ( en muchos casos no llegan a mas de 70/100 por promoción y finalizan la mitad o menos) sin embargo el gran problema que detecto es la explotación masiva de plazas en las univ públicas para obtener ingresos y llenar sus arcones( grupos de la A hasta la Z) un desafio total a cualquier ley de mercado que crea una situación bastante absurda͵ esto es como es la Univ de Valencia por ej. está actualmente llena de drogadictos y fiesteras cuyo único fin es socializar y se lo pagamos todos y es un hecho constatable.

    Muy de acuerdo con el tema de la excelencia académica y se lo digo de primera mano͵ con una media muy muy alta solo he recibido premios y bonificaciones de empresas y org privadas y vía concurso previo con muchos otros alumnos.

    El gran problema como ya lo expresé en un debate con el maestro de la Oliva es la autonomía universitaria͵ esta se ha convertido en un feudo para aumentar gasto y criar sátrapas.

  2. Deus ex Machina
    Deus ex Machina Dice:

    Sobre en qué se gasta el becado el dinero de la beca el problema no es que la beca no esté ajustada a la realidad del gasto del alumno (en realidad no lo está pero a la baja, el dinero es inferior al que necesita). El problema problema es que el dinero le llega al alumno pasado la mitad de curso, cuando la mayoría de gastos ya están hechos, por lo que al recibir el dinero el alumno se encuentra con más dinero del que en ese momento necesita con lo que vendría a ser una contraprestación por las cantidades que ya a desembolsado y un pago por los futuros pagos que tendrá que hacer, por tanto si el alumno gasta ese dinero en un ordenador haciendo cálculos de que le sobrará dinero restando los futuros pagos no veo que sea una utilización fraudulenta de la beca, básicamente porque él ha estado desembolsado de su propio bolsillo los anteriores a la recepción de la beca

  3. Alcides Bergamota
    Alcides Bergamota Dice:

    Sólo un breve comentario aunque el artículo merecería un análisis detallado, tanto por el tema como por los presupuestos desde los que lo aborda. Me parece un artículo bastante confuso, pero sobre todo me preocupa el espíritu intervencionista e igualador que parece inspirarlo, revelador de toda una mentalidad. Los mecanismos correctivos de desigualdades constituyen en su inmensa mayoría el instrumento de que se vale el Estado para cercenar la libertad individual. A título de mero ejemplo, me parece especialmente significativa la frase que encabeza el apartado titulado “Elevación del listón de exigencia”. La frase es la siguiente: “Si se establece que el mínimo para optar a una beca pública ha de estar en el seis y medio de media (además del correspondiente porcentaje de créditos aprobados), entendiendo, pues, que este mínimo numérico es el listón de exigencia que se ha de exigir a un estudiante universitario, no cabe duda que existe una clara desigualdad con aquéllos que no reciben una beca y obteniendo unas calificaciones inferiores pueden costearse sus estudios”. Este razonamiento tan alambicado me parece absolutamente errado. Es legítimo exigir más a quien va a disfrutar del dinero público, que no es el dinero que no es de nadie –como dijo cierta ministra-, sino el que todos detraemos de nuestros ingresos, de nuestro esfuerzo, para contribuir a los fines comunes. Lo injusto sería exigir al becado mayor nota para acceder a la universidad que al no becado. Pero esto no sucede, lo que se le exige es un mínimo compromiso (en forma de nota mínima) para acceder al dinero público, es decir al dinero que yo, que nosotros, le vamos a regalar dejando de disfrutarlo. Es lógico que a cambio se pida un compromiso. Me preocupa el afán de buscar desigualdades, cuando la desigualdad es inevitable allí dónde hay libertad y yo diría que la desigualdad es inherente a la condición humana. Lo que una sociedad libre dotada de un estado de derecho debe evitar es la desigualdad de los individuos ante la misma ley: “el principio de igualdad que establece el artículo 33 de la Constitución no tiene un carácter absoluto, pues no concede propiamente un derecho a ser equiparado a cualquier individuo sin distinción de circunstancias, sino más bien a exigir que no se haga diferencias entre dos o más personas que se encuentren en una misma situación jurídica o en condiciones idénticas, por lo que no puede pretenderse un trato igual cuando las condiciones o circunstancias son desiguales.” “Igualdad ente la Ley significa solo igual trato en condiciones iguales, pues resultaría contrario a ese principio aplicar una misma medida en condiciones diferentes.” No hay desigualdad injusta en exigir un mínimo a quien va a beneficiarse de une beca.
    Dicho sea lo anterior con todo el respeto y con el ánimo de contribuir al debate alrededor de toda esta cuestión, felicitando a la autora por su esfuerzo al contribuir con este artículo.

    • Fran Saurí
      Fran Saurí Dice:

      En mi opinión te equivocas apelando a la libertad ante la ley. Lo que se dirime en lo que comentas, creo yo, es la igualdad de oportunidades.

      • Fran Saurí
        Fran Saurí Dice:

        Perdón. Donde dije “libertad ante la ley” quería decir “igualdad ante la ley”.

    • FBR
      FBR Dice:

      Creo que la autora, en esa parte, se refiere a algo que ya ha sido comentado más veces: Todas las matrículas causan deficit a la Universidad Pública. Desde el punto de vista de la justicia o la igualdad de oportunidades, no parece muy plausible que porque puedas pagar tu parte de la matrícula no subvencionada puedas seguir matriculándote cuantas veces quieras, y sin embargo alguien con más nota (pero que no llega al supuesto corta para beca), se vea obligado a abandonar por no poder pagar su parte de matricula.

      • Fernando Rodríguez Prieto
        Fernando Rodríguez Prieto Dice:

        Lo que preguntaría un extraterrestre: ¿Por qué hay que subvencionar con dinero de los contribuyentes al mal estudiante, al que suspende, al repetidor? No creo que a dicho extraterrestre, dotado de una inteligencia racional y de de sentido de justicia como deberíamos estar nosotros, le resultara convincente la explicación de que esa subvención se reduce poco a poco, según las veces que se suspende la misma asignatura. Desde el momento en que se suspende por primera vez ya no le encontraría sentido. Creo.

      • FBR
        FBR Dice:

        Fernando, ese mismo argumento es el que entiendo yo que defiende la autora: Si el coste real de la matrícula es de 100, y el alumno tiene que pagar 30, bien de su pecunio o bien del resultado de obtener una beca; no tiene sentido que aquel que pueda pagar los 30 (sin superar nota de corte), pueda seguir estudiando costándole al erario público 70, y el que no pueda pagar esos 30 se vea obligado a abandonar.
        Si hay nota de corte ha de haberla para todos, no discriminada en función de si se puede o no pagar esos 30.
        En definitiva, si la obtención de esa beca es presupuesto necesario para seguir estudiando, y lo que se pretende es igualar las posibilidades de acceder a la Universidad PÚBLICA entre individuos más o menos pudientes, no tiene sentido establecer una distinción entre la nota exigible parar continuar los estudios y la nota exigible para obtener la beca.
        También existe la posibilidad de igualar el precio de la matrícula con el coste real, o incluso incrementarlo para los malos estudiantes, aunque yo en esto no veo objetivo alguno de excelencia.

      • Deus ex Machina
        Deus ex Machina Dice:

        Pero dejad de decir que se subvenciona al mal estudiante o al que suspende o repetidor. Primero, porque de ser un estudiante de esas características no te dan beca (supongo que para algunos tener una nota media de 5, lo que se exigía antes, es ser mal estudiante), y segundo, si suspendes y/o repites cada nueva matriculación te cuesta más- Por lo menos era así antes, ahora si no estoy equivocado a la segunda matrícula pagas el 100% de lo que vale el curso, así que subvención a malos estudiantes ninguna

      • Fernando Rodríguez Prieto
        Fernando Rodríguez Prieto Dice:

        Una precisión. La matrícula sube para los repetidores, pero aun así queda muy lejos del coste real.
        Y a mí me parece que no es lo mismo derrochar tu propio dinero o el de tu familia (allá cada cual) que derrochar el dinero del contribuyente. Lo siento, pero no es lo mismo. Y hay que empezar a verlo así.

  4. Enrique Sánchez
    Enrique Sánchez Dice:

    Se da la situación de que un número significativo de alumnos prolongan más allá de lo necesario su tiempo de permanencia en la universidad, empleando para realizar sus estudios muchos más cursos de los que se necesitarían. Son alumnos becados, aunque no se consideren como tales, a los que no se les retira la ayuda ni se les demanda que paguen el precio real de aquello que no están aprovechando. Es más, incluso esta situación se utiliza como argumento para justificar que a los alumnos declaradamente becados, aquellos que reciben un dinero extra además de la subvención general, no se les pida ningún requisito que no se les esté exigiendo a los otros, ya que hacerlo sería una forma de discriminación o de colocarlos en una situación de desigualdad.

    Y sorprende la falta de exigencia en uno y otro caso. Porque conviene recordar que, antes de la implantación del estado del bienestar, las becas las concedían los mecenas, las clases más pudientes, con la intención de captar a los mejores elementos de las clases más humildes. Con ello los ponían a su servicio y de paso se renovaban, evitaban la endogamia y la degeneración que traía consigo. Lo que antes hacían los mecenas o las oligarquías hoy le corresponde al Estado, pero las contrapartidas no son las mismas. Quien recibe una aportación que procede del esfuerzo colectivo y le coloca en una posición de privilegio tiene la responsabilidad de aprovecharla y de hacer algo con ella, algo que vaya más allá del propio beneficio personal.

    http://www.otraspoliticas.com/educacion/becas

    • Deus ex Machina
      Deus ex Machina Dice:

      Para alargar la estancia en la Universidad más allá de los años del título hay dos forma: uno matricularse de pocas asignaturas cada año, o dos, matricularse varios años de varias asignaturas que se van suspendiendo. En el primer caso espero que no tenga queja, el alumno que se matricula de pocas asignaturas cada año no genera más coste que el que se matricula de todo cada año.

      En el segundo caso, que se matricule año tras año en asignaturas suspensas o que ha dejado correr convocatoria, desde antes de la actual reforma cada una matrícula supone un aumento de la tasa por crédito, con lo que al alumno se le penaliza económicamente. Así que no veo donde está el problema, a todos los alumnos se les exige, otra cosa es que no nos guste la Universidad Pública y busquemos cada día escusas más absurdas para eliminarla que, perdone, pero es lo que mensaje parece

  5. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Pues enhorabuena a la autora.
    Realmente es a su edad cuando mejor nos funciona la cabeza y se ve que la tiene muy bien amueblada.

    Ánimo, Elena.

  6. Juan
    Juan Dice:

    Como siempre, atacando a la educación privada desde el más puro desconocimiento. El sistema actual de becas es simplemente una manifestación más de la cultura igualitarista mediocre que ha ahondado fuerte en España. Los estudiantes españoles dejan bastante que desear y los niveles de exigencia han caído. El único camino es la meritocracia. Cualquier otra idea nos lleva a lo de siempre: becas para todos y una universidad pública que se cae a trozos (porque no me dirán ustedes que lo de hacer botellón en los campus y pintadas es culpa del gobierno no?)

  7. Fran Saurí
    Fran Saurí Dice:

    Me ha gustado tu publicación.

    Al final señalas que el verdadero debate es si no sobrarán universidades. Pero ¿cuál es la cuestión que subyace a la pregunta por número de universidades? La política educativa, la política científica, la política de creación de profesionales ….

    ¿Dónde está el debate sobre las necesidades educativas? ¿Qué evidencias científicas tenemos? Y esto tanto para estudios universitarios como no universitarios. ¿Pero es que existe una política científica? ¿Existió antes? ¿Qué profesionales necesitamos?

    Creo que bajo la bandera de educación (universitaria) para todos, se oculta el no sabemos para qué queremos nuestro sistema universitario. Yo no tengo ni idea de cuál es la mejor forma de que haya auténtica igualdad de oportunidades y de que se seleccionen los más adecuados para las necesidades de nuestra sociedad. Pero lo que está claro es que el café para todos hace tiempo (incluyendo antes de la gran recesión) que dejó de ser conveniente.

    • Deus ex Machina
      Deus ex Machina Dice:

      Seguramente sobren universidades, pero un apunte, las Universidades pequeñas, con todos sus defectos, son las que mejores cuentas tienen. Por el contrario ahí está la Complutense, de lejos, la Universidad más endeudada

  8. Alcides Bergamota
    Alcides Bergamota Dice:

    De verdad que esto de la igualdad de oportunidades es una obsesión, que así estamos. La igualdad de oportunidades es estudiar y trabajar, y en lugar de un seis y medio sacar un ocho, sin pedir que la administración, los funcionarios, el Leviatán intervengan. En una democracia liberal con estado de derecho, que es lo que deberiamos intentar ser, no una una democracia popular, lo importante es que se garantice la igualdad ante la ley, y que cada uno se esfuerce lo que pueda sin apelar al árbitro igualitario que nos llevará definitivamente a la ruina.

    • Fran Saurí
      Fran Saurí Dice:

      La igualdad de oportunidades no tiene nada de democracia popular. Es un principio muy liberal y muy moderno. ¿Seguiremos atribuyendo los cargos y privilegios mediante el criterio de la nobleza de sangre?

    • viernes
      viernes Dice:

      Creo que la mayoría no quiere un Estado igualitario pero tampoco elitista, ¿por qué exigir al becado más compromiso académico que al resto? Para mí cuentan solo sus capacidades para aprovechar las oportunidades de una sociedad del conocimiento. Es lo que pasa al abrir el melón, que todos pueden catarlo y dar su opinión.

      Tan simple como eso, el derecho a estudiar un grado superior no constituye un regalo del Estado magnánimo a quien no pueda permitírselo, sino pura solidaridad “Do ut des” o lealtad a la especie, como prefiera llamarlo.
      En teoría, significa que más tarde todos ellos podrán devolver (literalmente) las ayudas trabajando, para que otras generaciones posteriores puedan beneficiarse del mismo modo responsable de esa libertad.

      Con tanta palabra rimbombante parece un razonamiento angélico, pero creo que es de justicia hacerlo.

      Saludos

  9. Luis Villameriel
    Luis Villameriel Dice:

    Sospecho que la palabra “beca” está muy contaminada por su propia historia y más que ayudar en este debate, lo oscurece. En vez de “otorgamiento de becas” digamos mejor “exención del pago de tasas académicas por insuficiencia de recursos”.
    Así dicho, no estamos muy lejos del litigante pobre al que se exime de pagar las tasas judiciales e incluso le ponemos abogado y procurador a cargo del bolsillo del contribuyente. Observemos que a este litigante no le exigimos que gane el pleito, y es sabido que disfrutan de asistencia jurídica gratuita muchos demandantes sin recursos económicos pero que tienen muy pocos fundamentos jurídicos para demandar o para recurrir.
    Al estudiante sin recursos económicos parece razonable eximirle del pago de las tasas académicas, siempre lógicamente que desee disfrutar del servicio, es decir, ir por clase, tomar notas, estudiar, pasar los exámenes, lo propio de un estudiante.
    Así planteado, al estudiante exento del pago de tasas hay que exigirle lo mismo que a su compañero de banco no exento, que apruebe sus exámenes y pase de curso. Ni más, ni menos. Y si el aprobado está en cinco sobre diez, pues eso, que saque un cinco y le den el título que sea.

  10. Alcides Bergamota
    Alcides Bergamota Dice:

    ¿Una persona diligente, emprendedora (como se dice hoy) y trabajadora debe tener las mismas oportunidades que otra que sea vaga, irresponsable y perezosa? Lo lógico es que nos las tenga porque el vado probablemente las deje pasar de largo sin aprovecharlas y el estado no debería intervenir para beneficar a uno en detrimento de otro. Lo que de verdad debe preocuparnos es que el diligente y el vago sean iguales ante la ley, es decir, que no se les aplique la ley de forma distinta por ser trabajador o perezoso. El igualitarismo es un aniquilador de sociedades libres. Lo mismo sucedes con las sociedades hiperintervenidas por todo poderosos estados, como la nuestra. Pero si no tenemos claro que la libertad es la condición del progreso en el mejor de los sentidos, pues no hay nada que hacer. Pero bueno, aqui lo dejamos.

    • viernes
      viernes Dice:

      En mi indocta opinión no se trata de gozar de las mismas oportunidades materiales sino de oportunidades equivalentes, que no es lo mismo. Lógicamente también hay una correlación entre igualdad y libertad estrepitosamente clara:

      “En el capitalismo neoliberal se contempla la propiedad privada como una de las mayores
      libertades, y por eso se presenta como absoluta. Pero la igualdad —en el sentido de derechos
      equivalentes para todos los hombres en lo que concierne a la vida, las oportunidades y la libertad
      — es un valor superior a la libertad, porque una libertad demasiado grande puede poner en riesgo
      la libertad de otro. Si corro [en coche] muy de prisa («libertad de movimiento»), ofendo a los demás
      («libertad de opinión»), daño («libertad para enfadarme»), abuso de una mujer («libertad del
      instinto») o reclamo mucho espacio y bienes («libertad de posesión»), entonces estoy limitando la
      libertad de los demás, e incluso amenazando sus vidas. La igualdad es por lo tanto un principio
      absoluto; la libertad, uno relativo. Existe un principio de limitación para la libertad, pero no para la
      igualdad. Respecto a la propiedad, esto significa que todas las personas deberían tener el mismo
      derecho a una propiedad limitada (en lo necesario para vivir bien), pero nadie debería tener
      derecho a una propiedad ilimitada. Todos estarían de acuerdo con este razonamiento como muy
      tarde una vez alcanzada una desigualdad extrema: cuando una única persona sea dueña del mundo
      entero y no quede nada para los demás. La libertad es importante, pero más importante es que el
      derecho de todos a la libertad sea el mismo. Por esto, el derecho a la propiedad tiene que estar
      relativamente limitado.” La economía del bien común – C. Felber

      http://ubuntuone.com/4jjoBIIOTWd5FqZpKk2Sy8

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